miércoles, diciembre 31, 2025

«Una isla», de Juan Carlos Villavicencio





 
No renuncies a tu oscuro corazón
no lo hagas tampoco a la ternura
no dejes que el sol se termine de apagar
no encuentres el camino
busca en la ceguera cada rasgo de su rostro
no lo olvides ni despiertes otra vez
sea el espanto el que te pierda a cada instante
sea el miedo ajeno a tu miseria
no crezca vida rodeando tu dolor
no cubra el musgo ninguno de tus huesos
no respires otra vez entre las flores
abandónate a ti mismo en esta isla
con cada culpa que guardas en silencio 
así la tierra se salve de descubrir tu soledad




Diciembre 2025
















martes, diciembre 30, 2025

«El espíritu de las leyes: Las leyes de la educación…», de Montesquieu

Fragmentos / Traducción de Mercedes Blázquez y Pedro Vega




Libro IV
Las leyes de la educación deben estar en relación 
con el principio de gobierno



1. De las leyes de la educación

Las leyes de la educación son las primeras que recibimos, y como nos preparan para ser ciudadanos, cada familia particular debe gobernarse conforme al plan de la gran familia que comprende a todas.

Si el pueblo en general tiene un principio, las partes que lo componen, o sea las familias, lo tendrán igualmente. Las leyes de la educación serán pues distintas en cada tipo de gobierno: en las monarquías tendrán por objeto el honor; en las repúblicas, la virtud, y en el despotismo, el temor.



3. De la educación en el gobierno despótico

La obediencia extremada supone ignorancia en el que obedece, pero también en el que gobierna, pues no tiene que deliberar, dudar ni razonar; le basta querer.

En los Estados despóticos, cada casa es un imperio aislado. La educación, que consiste principalmente en vivir con los demás, es pues muy limitada, reduciéndose a llenar de temor el corazón y a dar algunos conocimientos muy sencillos de religión. El saber es peligroso, la emulación funesta, y en lo que respecta a las virtudes, simplifica la educación en semejantes gobiernos.

Así pues, la educación es aquí prácticamente nula. Hay que quitarlo todo para dar algo, y empezar por hacer un mal súbdito para hacer un buen esclavo.



5. De la educación en el gobierno republicano

En el gobierno republicano se necesita de todo el poder de la educación. En los gobiernos despóticos, el temor nace por sí mismo de las amenazas y los castigos; en la monarquía el honor se ve favorecido por las pasiones que a su vez favorece; pero la virtud política es la renuncia de uno mismo, cosa que siempre resulta penosa.

Se puede definir esta virtud como el amor a las leyes y a la patria.

Dicho amor requiere una preferencia continua del interés público sobre el interés de cada cual; todas las virtudes particulares que no son más que dicha preferencia vienen por añadidura.

Este amor afecta principalmente a las democracias. Sólo en ellas se  confía el gobierno a cada ciudadano. Ahora bien el gobierno es como todo el mundo: para conservarlo hay que amarlo.

Nunca se oyó decir que los reyes no amasen la monarquía o que los déspotas odiasen el despotismo.




en Antología política de Montesquieu (ed. de Óscar Godoy Arcaya), 
Estudios públicos 62, otoño 1996


















lunes, diciembre 29, 2025

«Nada dos veces», de Wisława Szymborska

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Nada sucede dos veces 
ni sucederá. Por eso 
nacimos sin experiencia, 
y moriremos sin rutina alguna. 

Aunque fuéramos los alumnos
más torpes en la escuela del mundo,
no repetiremos 
ningún invierno ni verano. 

Ningún día se repetirá,
no hay dos noches iguales,
ni dos besos iguales,
ni dos miradas iguales a los ojos.
 
Ayer, cuando alguien pronunció 
en voz alta tu nombre junto a mí, 
sentí como si una rosa 
hubiera entrado por mi ventana. 

Ahora que estamos juntos, 
vuelvo la cara hacia la pared. 
¿Una rosa? ¿Cómo es una rosa? 
¿Es una flor? ¿O acaso una piedra?
 
Dime ¿por qué, malvada hora, 
te mezclas con un miedo innecesario? 
Aquí eres, así es que tienes que pasar. 
Pasarás — y por eso es hermoso todo esto.
 
Sonrientes, abrazados,
intentaremos estar de acuerdo
aunque seamos tan distintos 
como dos gotas de agua pura. 



en Llamando al Yeti, 1957

















Nic dwa razy

Nic dwa razy się nie zdarza / i nie zdarzy. Z tej przyczyny / zrodziliśmy się bez wprawy / i pomrzemy bez rutyny. // Choćbyśmy uczniami byli / najtępszymi w szkole świata, / nie będziemy repetować / żadnej zimy ani lata. // Żaden dzień się nie powtórzy, / nie ma dwóch podobnych nocy, / dwóch tych samych pocałunków, / dwóch jednakich spojrzeń w oczy. // Wczoraj, kiedy twoje imię / ktoś wymówił przy mnie głośno, / tak mi było, jakby róża / przez otwarte wpadła okno. // Dziś, kiedy jesteśmy razem, / odwróciłam twarz ku ścianie. / Róża? Jak wygląda róża? / Czy to kwiat? A może kamień? // Czemu ty się, zła godzino, / z niepotrzebnym mieszasz lękiem? / Jesteś - a więc musisz minąć. / Miniesz - a więc to jest piękne. // Uśmiechnięci, współobjęci / spróbujemy szukać zgody, / choć różnimy się od siebie / jak dwie krople czystej wody. źródło: 











domingo, diciembre 28, 2025

«Trópico de Capricornio», de Henry Miller

Fragmento / Traducción de Carlos Manzano



Anaïs Nin y Henry Miller


 
En la tumba que es ahora mi memoria la veo a ella, a la que amé más que a nadie, más que al mundo, más que a Dios, más que a mis propias carne y sangre. La veo pudrirse en ella, en esa sanguinolenta herida de amor, tan próxima a mí que no podría distinguirla de la propia tumba. La veo luchar para liberarse, para limpiarse del dolor del amor, y sumergirse más con cada forcejeo en la herida, atascada, ahogada, retorciéndose en la sangre. 

Veo la horrible expresión de sus ojos, la lastimosa agonía muda, la mirada del animal atrapado. La veo abrir las piernas para liberarse y cada orgasmo es un gemido de angustia. Oigo las paredes caer, derrumbarse sobre nosotros y la casa deshacerse en llamas. Oigo que nos llaman desde la calle, las órdenes de trabajar, las llamadas a las armas, pero estamos clavados al suelo y las ratas nos están devorando. La tumba y la matriz del amor nos sepultan, la noche nos llena las entrañas y las estrellas brillan sobre el negro lado sin fondo. 

Pierdo el recuerdo de las palabras, incluso de su nombre que pronuncié como un monomaníaco. Olvidé qué aspecto tenía, qué sensación producía, cómo olía, mientras penetraba cada vez más profundamente en la noche de la caverna insondable. La seguía hasta el agujero más profundo de su ser, hasta el osario de su alma, hasta el aliento que todavía no había expirado de sus labios. Busqué incansablemente a aquella cuyo nombre no estaba escrito en ninguna parte, penetré hasta el altar mismo y no encontré… nada. 

Me enrosqué en torno a esa concha de nada como una serpiente de anillos flameantes, me quedé inmóvil durante seis siglos sin respirar, mientras los acontecimientos del mundo se colaban y formaban en el fondo un viscoso lecho lleno de moco. Vi el Dragón agitarse y liberarse del dharma y del karma, vi a la nueva raza del hombre cociéndose en la yema del porvenir. Vi hasta el último signo y el último símbolo, pero no pude interpretar las expresiones de su rostro. Sólo pude ver sus ojos brillantes, enormes, luminosos, como senos carnosos, como si yo estuviera nadando por detrás de ellos con los efluvios eléctricos de su visión incandescente. 




1939















sábado, diciembre 27, 2025

«Monje solitario», de Ta Kuei

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Bajo los pinos habita una esencia 
oscura.
Un monje se sienta o
se acuesta, solo.
Cuando tiene hambre, encuentra 
fruta ya caída; cuando tiene sed,
bebe del mate.













viernes, diciembre 26, 2025

«Ovni 78», de Wu Ming

Fragmento / Traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona 





8. ROMA, MIÉRCOLES 15 DE MARZO 


Esa noche, Martin Zanka escribía de verdad, tecleando en su Olivetti Lettera 35. 

En lo alto de la hoja ponía: «Ovni 78. Discurso inaugural». En esta introducción, debía presentar al invitado de honor, nada menos que Allen J. Rynek. El ufólogo americano estaba de gira por Europa: llegaba en el último vuelo de París y partía el sábado para Estados Unidos. Después de él intervendría el indómito Casella y Zanka suponía que habría polémica. 

El trotskista brasileño Romulo Casella (1913-1983), exiliado en Roma desde 1964, tenía una teoría política del fenómeno de los ovnis, según la cual una civilización tan evolucionada que pudiera recorrer distancias siderales para llegar a nuestro plantea no podía ser sino comunista. Por ello, el contacto con los extraterrestres había que buscarlo en clave de «interplanetarismo revolucionario» y en contra de los amos de la Tierra. De hecho, Casella deseaba la invasión alienígena. Según él, el proletariado saldría beneficiado y debía prepararse para recibirla. 

La cercanía de Zanka al Partido Comunista, aunque hacía tiempo menos estrecha, ya había sido blanco de los ataques del sudamericano en algunos artículos publicados en la revista Cosmos Rojo. Zanka no hacía caso. Lo que sí le preocupaba eran las posibles escaramuzas que tuviera con el liberal yanqui Rynek, al que Casella lanzaba críticas muchos más aceradas. Una en particular podía hacerla en el congreso. Casella acusaba al estadounidense de estudiar el contacto con formas de vida alienígenas desde un punto de vista clasista y wasp. En su ensayo La realidad de los ovnis, Rynek consideraba más fiable el testimonio de «encuentros del tercer tipo» cuando los protagonistas eran ciudadanos normales y corrientes, no sospechosos de ningún tipo de desviación. Entre los testigos que para él eran dignos de crédito, no figuraban hispanos, italianos ni asiáticos, y Casella se apostaba lo que fuera a que tampoco había afroamericanos. 

Zanka podía estar de acuerdo con él, pero temía que el debate descarrilase. Al mismo tiempo, la presencia de estudiosos tan diferentes enriquecería el congreso y su cometido era hacer que fuera un intercambio fructífero. 

Ya había llenado dos páginas de apuntes cuando sonó el timbre. 

Esa noche no esperaba visitas. El timbrazo lo dejó desconcertado. Quizá era un vecino que venía a pedir sal o azúcar. Se levantó y fue a abrir. 

–¿Qué hacéis aquí? –preguntó sin dar crédito a lo que veía. 

–¿Podemos entrar? –preguntó a su vez Vincenzo. 

–Hola –dijo simplemente Rossella. 

Zanka les dejó pasar y los condujo al salón. Vio que llevaban una maleta. Vincenzo se adelantó. 

–¿Podemos quedarnos un par de días? 

Zanka miró primero a su hijo y luego a Rossella, que tenía una cara angelical. 

–Claro. Pero ¿por qué no me has llamado? 

–Lo he hecho. Pero no daba línea. 

Era verdad. Para que no lo molestaran, Zanka había desenchufado el aparato por la mañana. 

No preguntó qué hacían ahí. No se atrevía. Intuía que pasaba algo grave. Había dejado a su hijo cantando las excelencias de Tanur y ahora se presentaban allí, él y su novia, aunque no era exactamente su novia, como dos refugiados, sin dar explicaciones. 

Cenaron en silencio una pasta con salsa que Zanka preparó y solo entonces se decidió Vincenzo a desahogarse. Aprovechó un momento en que Rossella fue al baño a vomitar. 

–Viene a abortar. 

–Veo que os habéis decidido –comentó Zanka. 

–Lo decide ella. Aún está pensándoselo. Mañana vamos a un consultorio de unas feministas que hay en San Lorenzo. 

–Haces bien en acompañarla –comentó Zanka, pero enseguida le pareció una frase de circunstancias. 

En aquellos meses, todo el país debatía sobre la interrupción voluntaria del embarazo. En el Parlamento se discutía la ley que despenalizaría y regularía esta práctica. Los últimos años, las activistas del Partido Radical y del CISA, el Centro de Información sobre la Esterilización y el Aborto, ayudaban a quienes querían abortar facilitando su viaje a países donde la práctica era legal o recurriendo a clínicas «amigas», tras lo cual solían denunciarse a sí mismas para hacer pública su desobediencia. Había muchas posibilidades de que la ley se aprobase, porque los únicos que se oponían eran los democristianos y los neofascistas. Estaban a favor de ella, además de los radicales, los comunistas, los socialistas, los socialdemócratas, los republicanos y los liberales. Había un clima de desafío ciudadano que amenazaba con provocar una crisis de gobierno. 

–Hemos venido corriendo. Podíamos haber ido al CISA de Florencia, pero Rossella leyó lo del consultorio en una revista... Además, le dije que aquí –hizo un vago gesto con las manos– teníamos donde alojarnos.

Zanka tomó un cigarrillo y ofreció otro a Vincenzo. Los encendieron y fumaron mirándose a través de las volutas de humo, pero los apagaron cuando Rossella volvió del baño, pálida y desencajada. Vincenzo le hizo sitio en el sofá. 

–¿Te encuentras bien? 

–Ahora mejor, sí –contestó la joven. 

Rossella Hilzer era muy guapa de joven. Sigue siéndolo hoy día, aunque tiene algo glacial en la expresión y en los rasgos de la cara que entonces era casi imperceptible, al menos en las fotografías. 

–Voy a llamar a Tanur –dijo Vincenzo levantándose– para decirles que hemos llegado. 

Zanka se quedó a solas con Rossella. No tenía ninguna familiaridad con chicas de la edad de su hijo y se limitó a preguntarle, cohibido, si deseaba algo. 

–No, gracias –dijo ella–. Es que estoy muy cansada. 

Le dijo que le enseñaría el dormitorio de Vincenzo. No era muy grande, pero la cama era bastante cómoda. Si no cabían, su hijo podía dormir en el sofá. 

–Tienes una casa curiosa –dijo ella–. Llena de cosas. Vincenzo me lo había dicho. 

–Demasiadas cosas –dijo Zanka–. Tendría que empezar a deshacerme de algunas. 

–Todas esas estatuillas... –continuó Rossella paseando la mirada por los estantes–. Parece un belén, un belén, un belén de ciencia ficción. 




 2022





























jueves, diciembre 25, 2025

«Por qué la experiencia no es maestra de nadie», de Leonard Cohen

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




No es mío — el cuerpo que te fue prometido
está enterrado en el corazón 
de una máquina inservible
que nadie puede detener ni hacer partir.

¿Te acostarás con él? Podrías cavar muy hondo
—escapar de una o dos leyes— ver un rayo
de luz. Nunca 
lograrás acercarte al corazón.

Lo intenté —soy el mismo— vengo igual.
Quería que mis sentidos deliraran.
El rayo sólo fue una luz cualquiera.
¿No hay nada que te retenga aquí, mi amor, mi amor?




en Flores para Hitler, 1964

















miércoles, diciembre 24, 2025

«Belén», de Ana María Oviedo Palomares





 
Mi madre
dice que hace más de dos mil años
una estrella
iluminó durante días el cielo
después de un nacimiento.

Aquí siguen naciendo niños cada día.
Yo me pregunto si todos no merecen
la claridad,
su común lucero.

Me responde
un resplandor de cohetes y misiles,
no traen mirra,
incienso ni oro.

Hace tiempo ya
no conocen más ofrenda que la guerra.



































martes, diciembre 23, 2025

«La puerta», de Simone Weil

Traducción de María Tabuyo y Agustín López



 
Ábrenos ya la puerta y veremos los vergeles,
Beberemos de sus aguas frías que aún conservan la huella de la luna.
El largo camino arde hostil a los extraños.
A ciegas erramos sin encontrar el lugar.

Agobiados por la sed, queremos ver las flores.
Esperando y sufriendo, henos por fin aquí delante de la puerta.
A golpes la abatiremos, si es preciso.
Golpeamos y empujamos, pero es demasiado firme.

Sólo nos queda languidecer, esperar y mirar en vano.
Contemplamos la puerta, cerrada, inconmovible.
Fijamos en ella nuestros ojos, llorando bajo el tormento;
Sin dejar de mirar la puerta, el peso del tiempo nos abruma.

La puerta está ante nosotros; ¿de qué nos sirve querer?
Mejor marcharse y abandonar toda esperanza.
No entraremos jamás. Cansados estamos de verla…
La puerta, al abrirse, dejó pasar tanto silencio…

Ni flores ni jardines suntuosos;
Tan sólo el espacio inmenso donde están el vacío y la luz,
Se hizo de súbito presente y colmó el corazón,
Lavando los ojos casi ciegos por el polvo.




en Pensées sans ordre concernant l'amour de Dieu, 1962
















lunes, diciembre 22, 2025

«versare», de Diego Alegría

fragmento de «estancias»



y si acaso



las palabras fueran



palabras y no cosas



tras el silencio



sobre la colina



como campanas de aire



en una habitación



sin muros



ni puertas



cuando el cuerpo deja



de sentir el cuerpo



y la piel comienza a ser



la superficie de la sábana



y el ojo deja



de distinguir la noche



entonces



una a una



decantaron las voces



un temblor vacío



una fuerza interior



abriéndose



recreándose



nacidos otra vez



otra vez muertos



cuando no hay sonido



pero algo se observa en el silencio



cuando no hay mirada



pero algo se escucha en lo informe



y sin embargo



los umbrales



como si tras



un velo negro



se escondiera



siempre otro



más profundo



el susurro lluvioso de un poema



el llamado de una boca enmudecida






Publicado por Ediciones Tácitas, 2024




















domingo, diciembre 21, 2025

HOY domingo último día de Descontexto Editores en La Furia del Libro en el GAM




 
HOY domingo
nuestro último día en el stand 30
de La Furia del Libro
en el GAM
(Metro Universidad Católica – Barrio Lastarria)
hasta las 21 hrs.







sábado, diciembre 20, 2025

«Cantico del sole», de Ezra Pound

Traducción de Armando Roa Vial





El pensamiento de lo que este país llegaría a ser
si los clásicos contaran con una amplia circulación
                           inquieta mi sueño.
El pensamiento de lo que este país
El pensamiento de lo que este país
El pensamiento de lo que este país llegaría a ser
si los clásicos contaran con una amplia circulación
                           inquieta mi sueño.
Nunc dimittis, ahora permite a tu servidor,
ahora permite a tu servidor
                           irse en paz.
El pensamiento de lo que este país
El pensamiento de lo que este país
El pensamiento de lo que este país llegaría a ser
si los clásicos contaran con una amplia circulación…
                           ¡oh, sí!,
                           inquieta mi sueño.



Publicado por Descontexto Editores, 2025










Cantico del sole

The thought of what America would be like / If the Classics had a wide circulation / Troubles my sleep, / The thought of what America, / The thought of what America, / The thought of what America would be like / If the Classics had a wide circulation / Troubles my sleep. / Nunc dimittis, now lettest thou thy servant, / Now lettest thou thy servant / Depart in peace. / The thought of what America, / The thought of what America, / The thought of what America would be like / If the Classics had a wide circulation / Oh well! / It troubles my sleep.








viernes, diciembre 19, 2025

«Monteverdi: Venecia / 29 —XI— 1643», de Lucas Margarit





 

V E N E C I A
2 9          — X I —       1 6 4 3




en el lecho inanimado
del canal
un cangrejo se desplaza 
entre arena y huesos,
entre la basura y las imágenes:

lo oscuro se vuelve oscuridad
y lo claro, sangre

flota un ataúd entre dos barcas
el cajón va hacia la otra orilla
de un canal aislado del aire y del dolor

la lengua del viento que no habla
cubre el cuerpo del río que no habita

vas Claudio sin ropaje ni velos
sin mortaja y sin tinta en tus manos ahora quietas

¿será la fábula del mar y de la peste?

flota el cajón 
y también papeles guardados en tus bolsillos,
se derrumba el invierno frente a la iglesia de los alucinados

Claudio, yaces detrás de un espejo
para cerrar los ojos ante un atardecer velado




Publicado por Descontexto Editores, 2025


















jueves, diciembre 18, 2025

«Usted sabe muy bien…», de Jaime Huenún





Usted sabe muy bien
que un mundo viejo
desaparecerá conmigo.
Una oblicua manera de fumar
sin que el humo ofrezca sombra a las paredes;
una lenta manera de chocar con el sol
sin que sangren las fuentes de la plaza.
Usted sabe muy bien
que conmigo en la rodada
perderán intensidad y altura
las palabras y canciones de mi madre,
los bárbaros insultos de los cantineros,
los chismes de putas y beatas
unidas por el fuego y el invierno
en los cenicientos conventillos del sur.
Ciertos sueños tormentosos
se esfumarán para siempre
en la faz cambiante de la noche.
Ciertos vagos animales nocturnos
-horrendos y felices-
se fugarán transparentes
de mis secretas guaridas personales.
Los impuestos pagados a los árboles
consumidos serán por la sevicia.
Caerán los gobiernos de mi vida
–sin disparos ni bandos ni proclamas–
en un hoyo sin fondo ni virtud.




en Crónicas de la Nueva Esperanza, LOM, 2024















 

miércoles, diciembre 17, 2025

«Improbable», de Bibiana Bernal




 
Nadie es el otro,
ahora que un cerrojo
es certeza del regreso.

Al cerrar la puerta
que abre el universo habitual,
del otro lado quedan los gestos
que trazaron su mundo en otra realidad.

Al abrir la valija,
el viento que entra por la ventana
agita la ropa y propaga un olor
a encuentro imposible
a calle desierta en la madrugada
a sudor de un día que terminó al día siguiente.

De quién es el equipaje que trajo,
si todo huele a alguien que no retornó,
se pregunta la recién llegada.




en Pájaro de piedra, 2017


















lunes, diciembre 15, 2025

«Hacia un textil», de Rafael Espinosa




 

Si a la multitud se le introduce
en un poema donde se reproduce apenas
sus consignas, desde luego
será pisoteada por los equipos
de la policía, sabrá demasiado de caballos.
Se le condena al lugar de sus lemas,
insistir con un supremacismo de la papa.
Alguien tendría que revelar la mentira
y mostrarla libre, como subcutáneamente
es, para ser y vociferar siempre.
Quién dijera que lo haría yo, el segundo
más amargo de los plantígrados, ahora
que acabo de venir del mar
de donde traje vastedad y una piedra.
Lo lejano ensambla lo inverosímil de mi cuerpo.
Con azúcar en polvo ocupando
el lugar del pensamiento, mis ojos ven,
mi lengua es la vocal de la escucha
y mi piedad, además de los malos
poetas, perdona a los verdugos.
Marcho bajo las nubes.
La multitud, de modo patente,
conforma un ser primero; existe
antes que los impulsos individuales
y desea pernoctar. Alcanza
la cima de su voluntad cuando
el pescador le lanza el problema
de su sueño. Producto
del despertar son clamor en los postigos
y luz de playa. Hasta que se hace de noche
y debe sacarse la lupa para leer. Leemos
que un día real no conoce término.
Comienza en el momento justo
que el vapor de otro ser lacera
el olfato, como una bomba lacrimógena,
y termina donde las palabras por fin se articulan.
Descansa en desiertos que sufren el peso
de fósiles. Sarmientos de la historia.
Sigue donde las futuras bellotas hibernan.





en Dodecaedro, Librería Inestable, 2024



















domingo, diciembre 14, 2025

«Patria mía», de Ibrahim Tuqan

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Patria mía
Patria mía
Gloria y belleza
Excelencia y hermosura
En tus colinas
La vida y la salvación
Bajo tu cielo
El placer y la esperanza
¿Te volveré a ver?
A salvo y cómoda
Honrada y profunda
¿Te volveré a ver?
En tu honor
Alcanzarñe las estrellas
Patria mía
Patria mía


              *   *   *


Los jóvenes no se cansarán
Su objetivo es tu independencia
O morirán por ella
Beberemos de la muerte
Pero no seremos esclavos de nuestros enemigos
No queremos
Ser humillados por siempre
Ni queremos
Una vida miserable 
Pues volveremos
A revivir nuestra gloria
Patria mía
Patria mía


              *   *   *


La espada y la pluma
Son nuestros símbolos
No hablar ni discutir
De nuestra gloria y pacto
Y es que el deber de cumplirlos
Nos sacude
Nuestro honor
Es una causa honorable
Una bandera alzada
Oh, tu belleza
En tu honor
Venceremos a tus enemigos
Patria mía
Patria mía


















sábado, diciembre 13, 2025

«Fin del camino», de Tao K'ai

Versión de Juan Carlos Villavicencio





Aquí estoy, de setenta y seis años,
con el karma de una vida a punto de partir,
vivo, no tengo sed de Cielo;
muerto, no me voy a preocupar por el Infierno.
Me dejaré ir y me acostaré más allá del mundo,
entregado al destino, libremente, ya sin restricciones.







Pintura original: Árbol marchito y roca extraña, de Su Shi






















viernes, diciembre 12, 2025

«Zapping», de Carlos Aguilar Islas

Dos poemas



 
04

Es fácil muy fácil
sentir la mirada cansada
frente a tierra y cerro mar y aire

Es fácil más fácil
pensar un poco en vigas y columnas
en hormigón y pistas de baile

Pensar en veredas y bloques como escenario




15

En el reyno que no es reyno
cae un palo sobre el pájaro que vuela
y sigue ausente la cuadra
/ la esquina
/ la tierra completa
de organilleros morenos y de niños

Pienso inevitablemente
en los relatos olvidados
y en que evangelizar es un teatro
/ vacío

(RUIDO DE ZAPPING)




2025
















jueves, diciembre 11, 2025

«Ensayo del agua», de Catalina Porzio

Fragmento




El agua, la leche y el vino son sustancias que gobiernan el reino de la sed, líquidos virtuosos que triangulan un balance perfecto de color y consistencia. La huella del agua, la más efímera de todas, activa un cambio cromático en las superficies donde se derrama por un tiempo fugaz, casi inaprensible, como vemos a menudo en la cara de una piedra humedecida que se deja tocar por el sol: el halo se recoge hacia el centro hasta desaparecer sin dejar rastro. 

La leche, blanca por excelencia, parecida al alabastro pero cada vez más pálida ante los caprichos de la industria alimentaria, que la somete a un exceso de pasteurizaciones para volver a envasarla, despojada de su crema y su lactosa, nos devuelve un atisbo de aquella densidad que apaga el fuego del hambre en las entrañas y se infiltra en nuestros huesos, en la marca provisoria de un bigote sobre las bocas de sus bebedores más frenéticos. Es por ello que la leche negra a la que alude Paul Celan, que se bebe a toda hora sin cesar, nos inquieta de manera tan brutal: invertir el color de la sustancia que nos nutre es un hecho sombrío, opuesto a su naturaleza benéfica; oscuro como las aguas que se agitan al compás de la noche, en cuyas fauces aguarda silenciosa la posibilidad de una tumba. Un salto al vacío. En cierta medida, esa negrura que recorre el interior de un cuerpo nos recuerda la bilis, uno de los cuatro humores predominantes en la medicina hipocrática, atribuido a la causa irrestricta del abatimiento melancólico. Tampoco las lágrimas del desamor derramadas por la inmensa pena de un extravío, como dice el bolero, se ajustan a la opacidad funesta de ese color que lo enluta todo, pues, aunque miradas a través de un microscopio su estructura varíe según la causa que las motiva, son tan cristalinas como las de la risa. Así y todo, la combinación de elementos fundidos en la figura de unas lágrimas negras me resulta familiar: las he visto abrazar la curvatura de una mejilla, dejando tras de sí el dibujo de su estela triste.

Si bien el agua y la leche, además de saciar necesidades básicas, cuentan con atributos reales y fabulosos asociados a la idea de pureza, el vino, bebida inmemorial cuyo color amoratado se disipa en los albores de su propia existencia, es imposible de rastrear. Sabemos que proviene de la vid, y aunque se hayan redoblado los matices de sus cepas no hay grandes misterios en su proceso de producción; por el contrario, se ofrece en calidad de panorama bajo el concepto de «ruta», aludiendo a las extensas y fatigosas redes que en otros siglos llevaron hacia Oriente en busca de mercancías exóticas, a un público aburrido que se entrega a estos circuitos de copa en mano y atiborra sus paladares con vocablos fatuos, pasados a fruta y a madera, pura superchería. Pero más allá de su fisiología no hay certeza de cuándo ni dónde apareció por primera vez; por así decirlo, pertenece a la humanidad. 

El vino es materia oscura que enciende las confidencias, realza el brillo de las cosas que aprendieron a resplandecer bajo ondas de luz artificial, y en torno a una fogata despierta ese raro gusto por llenar el aire con historias de fantasmas y demonios que azuzan las noches en el campo. Sus bebedores, melancólicos o alegres, en medio de ardientes sorbos solitarios, buscan en el vino el recuerdo o el olvido, a riesgo de precipitarse sobre el vértigo que instiga los vómitos, sumirse en una ciénaga irrevocable de sudor y temblores y tal vez perderlo todo: la casa, la familia, el perro, la ropa, los dientes, como pregonaron Los Parkinson en su canción maníaca: «¡Por el vino me quedé así!» (sosteniendo la i del final hasta agotar el aliento). 

Se ha trazado una relación estrecha entre el escritor alcohólico y el agua, cualidad que se repite con alevosía en la camada de autores norteamericanos proclives al uso de frases cortas y diálogos inconclusos (Carver, Cheever, Fitzgerald y otros tantos bebedores de destilados, no de vino), conjugando con estas marcas un estilo determinante en la literatura que, en su tesis, Olivia Laing achaca a los efectos colaterales del metanol, solvente anodino que al ser consumido de manera prolongada puede desencadenar serios daños cognitivos, por ejemplo, la afasia. Por otro lado, Federico Galende, siempre atento a los pormenores jabonosos de la historia, con los que suele idear teorías sorprendentes, en nuestras primeras conversaciones me aseguró que estos escritores apuraban la sintaxis nada más que por la urgencia de volver a la copa y domesticar el pulso. 

Como sea –aunque me inclino por la segunda explicación–, dentro de los gustos particulares que cada uno de ellos declaró hacia el mar o los ríos, prevalece una acentuada debilidad por el nado. Puede que el verde en el culo de una botella vacía, por donde Baudelaire aseguraba que los bebedores miran el cielo sin hallar una respuesta, invoque la gama de colores marinos y la experiencia de dejarse llevar por el vaivén de las olas o bien naufragar. 



Publicado por Mundana Ediciones, 2025
























miércoles, diciembre 10, 2025

Carta a Salvador Allende, de Gabriela Mistral



Celebrando los 80 años del Premio Nobel a Gabriela Mistral

 

Al Dr. D. Salvador Allende:

Excuse Ud. a su compatriota que debe usar lápiz y no tinta, porque aquel me irrita los ojos. Añada a eso los 60 años, Doctor...

Acabo de recibir un montón de 40 y tantas cartas devueltas de mi sede anterior. Yo viví en Santa Bárbara, California, y allá han sido mandadas esas cartas. Hallo entre ellas la circular suya sobre la Paz.

Podrían Uds. haber puesto mi firma allí. Yo publiqué 2 ó 3 artículos sobre este gran asunto. Ya ahora parece que el tema está ya estrujado y por excelentes plumas.

Espero que el mundo guarde sus sesos intactos y que el mero sentido común acalle los gritos histéricos. Si es posible, Dr., hágame la gracia de una paginita con alguna noticia sobre el momento chileno en relación con la paz mundial.

Guardo viva simpatía hacia su noble, valeroso y valioso espíritu de paz. 

Mande a su servidora adicta.


Gabriela Mistral















martes, diciembre 09, 2025

«La ciudad va a estallar, Flora…», de Carlos Alberto Orellana Quintanilla





La ciudad va a estallar, Flora,
en medio de este tráfico infernal: ángeles
incendiando los edificios, bromeando
con los semáforos, convirtiendo a los autobuses
en paquidermos holgazanes.
Alguien ha colocado bombas de tiempo
en los grandes almacenes.
Han asesinado al Cardenal.
Se ha sublevado la tropa.
La temperatura ha alcanzado los 35 grados.
Han cerrado el Parlamento.
Descubierto al hombre más viejo del mundo.
Los ángeles hacen sonar sus trompetas espantosamente
en la Vía Expresa.
Separaron a los siameses, Flora.
La inflación es otra bomba.
De tiempo.
Ha renunciado el Primer Ministro.
El tigre de Bengala está prácticamente extinguido.
La ciudad va a estallar, Flora,
cierra los ojos, abrázame, no voltees
la cara por nada del mundo. 




en La ciudad va a estallar, 1979














Contribución indirecta a DscnTxt de Roger Santiváñez
















lunes, diciembre 08, 2025

«Callejón sin salida», de Carmen Martín Gaite




 
Ya sé que no hay salida,
pero dejad que siga por aquí.
No me pidáis que vuelva.
Se han clavado mis ojos y mi carne,
y no puedo volver.
Y no quiero volver.
Ya no me gritéis más que no hay salida
creyendo que no oigo,
que no entiendo.
Vuestras voces tropiezan en mi costra
y se caen como cáscaras
y las piso al andar.
Avanzo alegre y sola
en la exacta mañana
por el camino mío que he encontrado
aunque no haya salida.



1947
















domingo, diciembre 07, 2025

«Carta abierta a 'La Púa'», de Oliverio Girondo

Fragmento


Oliverio Girondo y Norah Lange en El Tigre, década de 1940



Lo cotidiano, sin embargo, ¿no es una manifestación admirable y modesta de lo absurdo? Y cortar las amarras lógicas, ¿no implica la única y verdadera posibilidad de aventura? ¿Por qué no ser pueriles, ya que sentimos el cansancio de repetir los gestos de los que hace 70 siglos están bajo la tierra? Y ¿cuál sería la razón de no admitir cualquier probabilidad de rejuvenecimiento? ¿No podríamos atribuirle, por ejemplo, todas las responsabilidades a un fetiche perfecto y omnisciente, y tener fe en la plegaria o en la blasfemia, en el albur de un aburrimiento paradisíaco o en la voluptuosidad de condenarnos? ¿Qué nos impediría usar de las virtudes y de los vicios como si fueran ropa limpia, convenir en que el amor no es un narcótico para el uso exclusivo de los imbéciles y ser capaces de pasar junto a la felicidad haciéndonos los distraídos?




París, diciembre, 1922




en Irreductible. Una antología, Descontexto Editores, 2023
(Originalmente en Veinte poemas para ser leídos en un tranvía, 1922)








 

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sábado, diciembre 06, 2025

«Cavilaciones nocturnas», de Lu You

Versión de Carlos Manzano de la traducción de Kenneth Rexroth




No puedo dormir. La larguísima noche
Está colmada de amargura.
Me siento a solas en mi cuarto junto
A una lámpara humeante. Me
Restriego los pesados párpados y
Paso, indolente, las páginas
De un libro. Una y otra vez recorto
El pincel y remuevo la tinta.
Pasan las horas. La luna aparece
En la ventana abierta, pálida
Y brillante como dinero recién salido
De la fábrica. Por fin me quedo
Dormido y sueño con los días pasados
Junto al río, en Tsa-feng, y
Los amigos de mi juventud en Yen
Chao. Jóvenes y felices,
Corríamos por las hermosas colinas.
Y ahora han pasado los años
Y nunca más he vuelto a visitarlos.





en Cien poemas chinos, 1966






















viernes, diciembre 05, 2025

«No será mejor no hacer nada?…», de Álvaro de Campos

Traducción de Carlos Ciro


¿No será mejor
no hacer nada?
¿Dejar que todo vaya a las carreras, vida abajo,
hacia un naufragio sin agua?

¿No será mejor
cosechar ninguna cosa
en los rosales soñados,
y yacer inmóvil, pensando en el exilio de los demás,
en las primaveras por venir?

¿No será mejor
renunciar, como el estallido de un globo común
en la atmósfera de las ferias,
a todo,
sí, a todo,
absolutamente a todo?



12-4-1934





en En la víspera de nunca partir, Cuadernos Negros Editorial, 2021