jueves, mayo 26, 2022

Fragmento de una entrevista a Ray Liotta, de María José Arias



(1954-2022)


Alguna de las mejores series tiene a antihéroes como protagonistas. Casos como Los Soprano, The Wire, Breaking Bad… ¿qué nos pasa que nos gustan tanto los antihéroes?
Creo que representan la vida, así es como somos. Los hombres buenos hacen cosas malas y los malos, cosas buenas. Y es simplemente la naturaleza humana. Es muy interesante adentrarte en el mundo de otra persona. Afortunadamente no todo el mundo es malo, la mayoría de las personas son buenas. Creo que a la gente le resulta interesante ver el otro lado, porque hay gente haciendo ese tipo de cosas.

¿Cómo actor es más gratificante ser el malo de la historia?
Desde luego que sí, a mí me gusta mucho. Yo nunca me metería en una pelea. Todos los personajes que he interpretado son muy intensos. Para mí es muy divertido meterme en la piel de una persona totalmente diferente a como soy yo.

Usted comenzó su carrera en televisión y tras décadas de ausencia ha vuelto. La temporada pasada fue Texas Rising y esta, Shades of Blue, ¿ya no existe esa diferencia tan marcada entre actores de cine y televisión?
Totalmente. Es más como en Inglaterra, donde interpretar es interpretar. Da igual que sea en el teatro, en la televisión o en el cine. La clave está en dar vida a un personaje. Mientras que en Estados Unidos, cuando yo empecé, si estabas haciendo una serie de televisión era el final de tu carrera. Ahora las productoras de cine miran hacia la televisión para ver a quién fichar en sus películas porque traen con ellos a un público. Ha cambiado muchísimo. Lo mismo pasa con los anuncios. Ahora hay muchos actores que hacen publicidad. Yo he hecho, Kevin Spacey… Parece ser que ha cambiado. Hay que cambiar con el mundo sino estás perdido.

¿Se hacen mejores series que películas?
Creo que lo que pasa también, además del éxito de la televisión, es que ahora mismo en casa de la gente los televisores son mejores, puedes tener uno de gran formato en HD y estar viendo una película tan a gusto en casa. Steven Spielberg está haciendo un proyecto para que la película que estrenen el viernes puedas verla también desde casa pagando. Y el tipo de películas que están haciendo ahora son todas como de historietas y eso no llega a todo el mundo. Algunas son buenas, pero no son para todo el público.

¿No le gustan las películas de superhéroes?
Sí, voy a verlas. Algunas son muy transgresoras, pero ya no se ven tanto como antes.

¿Cómo se lleva, 25 años después, haber participado en Buenos muchachos (Goodfellas, 1990), una de las mejores películas de la historia?
Es genial. Uno siempre hace una película pensando en eso. Más allá de todo lo que aprendes y lo que te gusta actuar, uno hace una película para que la gente la vea. Haber participado en una que acaba de cumplir 25 años –hubo un homenaje en Tribeca por el aniversario– es maravilloso. Hoy en día vienen chicos de trece o catorce años y me dicen que han visto Buenos muchachos. Tengo una hija de 17 años y a muchos de sus amigos o novios les doy miedo porque han visto Buenos muchachos y les doy miedo (risas).

Usted que ha trabajado con Martin Scorsese, ¿qué le pasa a los Oscars con él?
Es una buena pregunta y cuando ves quién ganó el Oscar los años que estaba nominado… El año de Toro Salvaje ganó Robert Redford con un telefilm [Gente corriente] y con Buenos muchachos perdió contra Kevin Costner por Bailando con lobos. Compara Buenos muchachos con Bailando con lobos… es una locura. Pero bueno, así es la industria. Por lo menos le dieron uno. Aunque no sé si fue un premio más por toda su carrera porque creo que la película no era tan buena como las anteriores.

Buenos muchachos es y será una de las mejores películas de su carrera, pero a mucha gente, cuando escucha Ray Liotta, le viene a la mente la escena de Hannibal en la que se comía su propio cerebro. ¿Es la escena más perturbadora que ha rodado?
Desde luego, era tan realista... Montaron una especie de animatronic de mí en el que podías quitar la parte de arriba del cráneo y ver el cerebro. Entonces parece muy realista cuando [Anthony Hopkins] me quita la parte de arriba, me corta algo y me obliga a comer mi propio cerebro. Fue asqueroso, no he podido verlo después. Es realmente perturbador.





en Público, 6 de abril, 2016
























miércoles, mayo 25, 2022

“El arte de narrar”, de Juan José Saer





Ahora escucho una voz que no es más que recuerdo. 

En la hoja blanca, el ojo roza la red negra que brilla, 

por momentos, como cabellos inmóviles 

contra la luz que resplandece, tensa,

al anochecer. Escucho el eco de una palabra que resonó

antes que la palpitación del oído golpeara, y se estremece

la caja roja del corazón simple como un cuchillo. 

¿No hay otra cosa que días atravesados de violencia sutil, 

detención abierta hacia momentos más blancos que el fuego? 

Está el rumor del recuerdo de todos que crece 

—el resonar de pasos sobre caminos duros como planetas 

que se entrecruzan en regiones reales—

con el mismo rumor inaudible de los cuerpos que se abren

y de la lluvia verde que se abre imposible hacia un árbol

glorioso. Nado en un río incierto 

que dicen que me lleva del recuerdo a la voz.




en El arte de narrar. Poemas (1960-1987), 2000

























martes, mayo 24, 2022

“Conspiradores”, de Raymond Carver





Sin dormir. 

En un punto de los bosques cercanos, 

el miedo envuelve las manos del centinela.

El techo blanco de nuestro cuarto

ha bajado alarmantemente

debido a la oscuridad.

Las arañas salen y se meten

en todas las tazas de café.

¿Asustado? 

Sé que si saco la mano

tocaré un viejo zapato

de unos ocho centímetros de largo,

que enseña los dientes.

Querida mía, es la hora.

Sé que estás escondida ahí, 

detrás de ese inocente manojo de flores.

Sal.

No te preocupes. 

Te lo prometo.

Escucha…

Hay un golpe a la puerta.

Pero el hombre que iba a entregar esto

en lugar de hacerlo 

te apunta con un arma a la cabeza.




en Un sendero nuevo a la cascada, 1989

























lunes, mayo 23, 2022

«Escrito sobre el agua», de Macarena Urzúa

Dos poemas





Notas a Sophie Calle

   I

Cerrar la puerta 
dejar atrás 
dolores cansancios 
preguntar

De qué color se escribe el pasado 
con qué tintas se corre para llegar a ver 
con pies hediondos a noche
colores nuevos 
no témperas
Uno que se quede 
sin rellenar
el fuego que vendrá



   II 

No llueve
no te asoleas con un paraguas comprado en la esquina solo 
te arropas
con los sentidos
que se aguan y se aclaran 
con el paso de los días





Escultura en agua, aguas mansas o calmas, país de agua


                                     Cómo fijar la foto desde un río 

                                     no enfocar los bordes
                                     ni nombre ni hebra ni nada 
                                     tejer una ola con el agua 
                                     hacerse una
                                     en movimiento

                                     Narrar un mapa mutable 
                                     una historia del agua




Dibujar un mapa

cintas de cumpleaños se enroscan
en cada hoja se escriben los días
ríos lagos dibujados se secan
como agua de un pincel
apoyado
en una pared blanca


Una escritura sobre el agua dibuja otro mapa
donde contar las horas desperdiciadas



Para Simone Weil hay una virtud simbólica del agua
su tendencia natural al equilibrio




Publicado por Cástor y Pólux, 2018










Libro agotado por ahora






domingo, mayo 22, 2022

“Tu ausencia solloza en mi corazón”, de Matías Rafide





Tu ausencia solloza en mi corazón

como una muerte inesperada y sola.

 

Habita en mí -oscuro árbol herido-,

como una dolorosa raíz, honda y amarga.

 

Vive en mis ojos de horizontes desnudos

una ciudad simétrica de resignados ángeles.

 

Una música apenas perceptible 

como una flauta enamorada

o el volantín triste de un adolescente solitario.

 

El viento ensimismado 

como una lagartija pensativa

varía inútilmente su itinerario trémulo.

 

Tu ausencia como una fuga cósmica

            y un abanico introspectivo

fija la soledad, como una sombra suspendida

por una mano irreductible, como un ancla.




en Antología de la poesía chilena, 1961

























sábado, mayo 21, 2022

«La alegría de los peces», de Chuang Tsé (Zhuangzi)

 





ChuangTzu y Hui Tzu
estaban cruzando el río Hao
junto a la presa.

Chuang dijo:

«Fíjate qué libremente
saltan y corren los peces.
Ésa es su felicidad.»

Hui replicó:

«Ya que tú no eres un pez,
¿cómo sabes
qué es lo que hace felices a los peces?»

Chuang dijo:

«Dado que tú no eres yo,
¿cómo es posible que puedas saber
que yo no sé
qué es lo que hace felices a los peces?»

Hui argumentó:

«Si yo, no siendo tú,
no puedo saber lo que tú sabes,
es evidente que tú,
no siendo pez,
no puedes saber lo que ellos saben.»

Chuang dijo:

«¡Espera un momento!
Volvamos
a la pregunta original.
Lo que tú me preguntaste fue
‘¿Cómo puedes tú saber
lo que hace felices a los peces?’
Por la forma en que planteaste la cuestión,
evidentemente sabes que sé
lo que hace felices a los peces.
Yo conozco la alegría de los peces
en el río
a través de mi propia alegría, mientras
camino
a lo largo del mismo río.




Sin datos editoriales












viernes, mayo 20, 2022

“Nadie”, de Gonzalo Millán





Las calles están silenciosas

y desiertas. Solamente cruzan

las sombras de los árboles.

 

No se oyen pájaros, bocinas,

ni siquiera el motor inminente

de un auto siempre aproximándose.

 

Los ascensores, las escaleras

y pasillos de los edificios, vacíos.

 

En una cocina un charco

en torno al refrigerador

que se deshiela

con sus bandejas desnudas

y la puerta abierta.

 

Conservada en el hielo

no hay más que una arveja

muy pequeña, redonda y verde.




en Trece lunas (Antología), 1997

























jueves, mayo 19, 2022

«Vangelis y el misterio Blade Runner», de Julián Ruiz




(1943-2022)


Esta es la verdadera historia de la banda sonora de la película de Ridley Scott, posiblemente una de la más influyentes y decisivas de la historia del cine.

En noviembre del año 1979, Ridley Scott está impactado por una serie de jingles para anuncios de todo tipo, que siempre llevaban la firma de Producciones Nemo. Ridley descubre que el músico que estás detrás de esos extractos de temas no es otro que un tal Vangelis, que en los años sesenta había tenido cierto éxito con un grupo griego llamado Aphrodite´s Child, creado con su primo carnal Demis Roussos.

Scott localizó a Vangelis y le pidió música para un spot, un anuncio que rodaba en aquellos días para Channel Nº5, el famoso «Share the fantasy» y que es tan recordado en estos días, porque al final del anuncio se oye la voz de Leonard Nimoy, que dice la famosa frase «Share the fantasy». Así fue como Ridley Scott y Vangelis se conocieron para crear más tarde el fenómeno indescifrable llamado Blade Runner.

Cuatro años antes, Vangelis había podido reunir el suficiente dinero para crear un estudio ultramoderno en el último piso, en el tejado de los Hampden Gurney Studios, muy cerca de Marble Arch, en Londres. Vangelis había invertido más de millón de libras esterlinas en el estudio, gracias a su nuevo contrato con la discográfica RCA.

Vangelis hubiera preferido comprar los Command Studios, donde Roxy Music habían grabado su primer disco, pero los dueños no le dieron opción para el local, pero sí que compró muy barato mucha tecnología que estaba en el estudio desaparecido.

Vangelis tuvo la suerte de que compró el estudio justo cuando aparecieron los primeros sintetizadores polifónicos. El músico griego, poco a poco, pudo hacerse con el sintetizador Oberheim de cuatro voces, el Roland SH3A y su favorito, el Yamaha CS80. Todos ellos aparecen en sus muy interesantes álbumes de los años setenta, como Heaven and Hell (1975), Albedo o.39 (1976), Spiral (1977), Beaubourg (1978) y China (1979), Todos ellos grabados en Nemo Studios (Marble Arch) y antes de empezar con Blade Runner .



El maravilloso cielo e infierno

Escucho ahora, sobre todo, Heaven and Hell (1975). Es una obra maestra de música clásica con sintetizadores. Todo está en ese álbum fantástico de hace cuarenta años. Allí se sugiere, se escucha, casi el tema central de Carros de Fuego y, desde luego, el preludio del tema de amor de Blade Runner, que en Heaven and Hell es una canción maravillosa, cantada por Jon Anderson, el cantante de Yes y que marcó su colaboraciones posteriores.

Esa canción trascendental es solemne y mágica. Se llama «So long ago, so clear», un tema futurista. Recordar también que otro de los temas de «Heaven and Hells», el etéreo «Movement 3» fue utilizado como la sintonía del programa de televisión Cosmos de Carl Sagan.

Vangelis vivía sin duda sus mejores días creativos. Poseía toda la fuerza imaginativa por crear algo diferente, como una manera de volar y recuperar la fortuna que se había gastado en su recién inaugurado estudio llamado Nemo.

Cuando Ridley Scott volvió a llamar a Vangelis en el mes de noviembre de 1979, el músico griego acababa de terminar una de sus obras tan queridas, Opera Sauvage, un documental de Frederick Rossif. Una banda sonora importantísima, porque por primera vez Vangelis se había atrevido a ponerle música  a un film con las imágenes puestas en el monitor. Su primera experiencia con la horrorosa película Sex Power de Henry Chapier, con Jane Birkin de protagonista, siempre le había noqueado con el cine. Y no un simple anuncio.

Vangelis era muy quisquilloso. Pertenecía al club de los que creían que la imagen «sin un buen ruido» no era nada, como decía Hitchcock. Y esa misma técnica la desarrolló hasta grados superlativos, inspirándose en tiempo real y acostumbrándose a un time code en el monitor que tenía enfrente de su teclado master.

Así pudo hacer la banda sonora de Carros de Fuego. Casi artesanal, casi compás por compás, Con mucho sacrificio, porque en aquellos días no había sincronía, un midi entre el video de la película que veía en el monitor de su estudio y su modesto magnetófono de 24 pistas Lyrec, más barato que el Studer. Así que para inspirarse en el famoso tema central de Carros de fuego quizá no se sepa demasiado que Vangelis grabó a tiempo real, al piano, mientras veía el maravilloso tema «L'Enfant» de la Opera Sauvage. En aquellos días, el talento de Vangelis era incontenible. Todo ello con una técnica instintiva. Vangelis nunca estudió música ni sabía leerla ni escribirla.



El primer Oscar de sintetizadores

Chariots of Fire fue la primera banda sonora en ganar un Oscar con música realizada exclusivamente por sintetizadores. Ridley Scott, animado por el éxito de Vangelis y porque sabía que las máquinas eran las perfectas para hacer música para su siguiente película de ciencia-ficción, tras haber acabado Alien, decidió reunirse con Vangelis. Él tenía que ser el creador del sonido Blade Runner.

El editor Terry Rawlings ya había montado Carros de Fuego y cuando se le nombró editor también de Blade Runner, Vangelis pasó a ser el número uno en la lista de candidatos elegibles por la Warner. Aunque lo cierto es que el estudio, tras el éxito de Jerry Goldsmith con Alien para la Fox, se había pensado en el veterano músico como el compositor ideal de Blade Runner.

Cuando Ridley Scott le contó la película a Vangelis no le costó ningún trabajo convencerle de que hiciera la música de su nuevo gran proyecto. Era octubre del año 1981. Vangelis tuvo que pasar por algunas pruebas adicionales. Por ejemplo, certificar que en Nemo podía grabar o ser aceptado para Dolby Stereo para el cine. Otros ingenieros de Warner viajaron a Londres para ponerle Dolby, reducción de ruido, a su magnetófono de 4 pistas para las mezclas que se hacían en aquella época para el cine. Luego, más tarde, firmaría un contrato infame con la Warner, del que se arrepentiría toda su vida.



El «copión» de Pinewood

Un crudo día de frío del mes de diciembre londinense del año 1981, en la pomposa sala de proyección de los estudios Pinewood, Vangelis vió un «copión» más o menos recurrente de Blade Runner. Vangelis se impresionó de la imágenes que vio. Al mismo tiempo se asustó de la responsabilidad. Quedó cautivo de la violencia, de la desesperación por sobrevivir de los «replicantes». La cinta que vio Vangelis se proyectaba sin diálogos ni sonido. Pero Vangelis quedó atrapado emocionalmente por las imágenes. Justo desde el primitivo inicio de ese Los Angeles de lluvia ácida hasta el final del vuelo de la paloma, cuando muere el jefe replicante Roy Batty.

Vangelis sonrió de alguna manera a Scott y le dijo que empezaría a trabajar con un loco. A cambio de la sonrisa, Ridley le dio una cinta de VHS, la vieja cinta de video de aquellos días, con parte del copión de lo que habían visto. Vangelis aún conserva la cinta en su casa no muy lejana del Parlamento Helénico.

Y Vangelis empezó a trabajar en su pequeña sala de los estudios Nemo. Sin horarios. Normalmente, prefería la soledad nocturna, el silencio sepulcral de las ánimas de la oscuridad, sólo alterado por las imágenes del videocasete que le entregaban poco a poco, a medida que Scott editaba Blade Runner.

Musicalmente, Vangelis no tardó mucho en buscar la tonalidades menores y el estilo de una belleza triste que inunda la música de la película. La belleza intangible de los nuevos sintetizadores.

Vangelis tomó varios referentes de música en películas de ciencia ficción. Quizá la más empírica fue la música de Clockwork Orange, el maravilloso trabajo de Walter Carlos en la pre-historia de los sintetizadores. Aquellos increíbles sintetizadores analógicos, los de síntesis de tanto aprecio y técnica de Walter Carlos. La banda sonora de Cloclkwork Orange con Stanley Kubrick era del año 1971 y había tenido un éxito descomunal. Walter era un genio con la atomización y maravillosos prodigios de los sintetizadores iniciales de Robert Moog, o después con los increíbles Synergy. Walter Carlos, con el éxito del disco como banda sonora, utilizó parte del dinero para una operación de cambio de sexo. Fue en mayo de 1972. Desde ese momento pasó a llamarse Wendy Carlos.



Crear la música del futuro próximo

Clockwork Orange fue una enorme referencia para Blade Runner, aunque no tan decisiva. Desde luego, Vangelis también se fijó del trabajo de Wendy Carlos en El resplandor, que no hacía mucho había visto con absoluta envidia por el trabajo de Wendy Carlos, aunque sólo habían sido dos temas de la banda sonora.

De vez en cuando, Ridley Scott aparecía por el estudio de Marble Arch. Vangelis se desesperaba. Todas las visitas estaban casi siempre relacionadas con los cambios de la edición y por tanto, de la música de la película. Vangelis en el mes de febrero de 1982 estuvo a punto de dimitir. Le hizo entrar en razón su ingeniero Raine Shine, advirtiéndole de que iban a perder mucho dinero y quizá una demanda por parte de la Warner.

Como en el caso de Carros de Fuego, Vangelis compuso la música y «sus ruidos» escena a escena. Un trabajo meticuloso que en estos días apenas se hace. Porque para una banda sonora «nunca hay tiempo», como decía Vangelis.

Para los que somos profundos amantes de los «sintetizadores analógicos» y toda clase de aparatos musicales con tecnología de sintetizador de síntesis, especificaremos sin que sea muy aburrido, los aparatos y sintetizadores que mayoritariamente utilizó Vangelis en su trabajo en Blade Runner.

El famoso Yamaha CS-80 fue siempre la señal de identidad de Vangelis. Sobre todo, por ese sonido imponente de brass, un sonido apabullante de algo que se parecía a los metales en una orquesta sinfónica. El otro instrumento mágico en la película fue el Roland VP-330 Vocoder Plus. Vangelis, normalmente, sólo lo utilizaba para cuando tenía que insertar una sección cuerda. La cuerda del Vocoder de Roland era mágica, diferente. Luego, para esa profundidad, utilizaba el Prophet 10, el de los dos teclados. Esos eran fundamentales. Como por aquella época Vangelis era un loco de la percusión también trabajaba con la Linn 1, como batería electrónica y con el Emulator para toda clase de samplings de efectos o percusión, al igual que el Yamaha Gs-1 para los sorprendentes golpes de percusión, aquellos tan impresionantes del inicio de la película.



Los colaboradores humanos

Como colaboradores humanos utilizó a su primo Demis Roussos para cantar en «Tales of the Future», al impresionante Dick Morrisey para el saxo en el «Love Theme» y a su amigo Don Percival para la canción «One more kiss, Dear», al estilo de los años veinte. Y se me olvidaba la English Chamber Choir en «La muerte del Dr. Tyrell».

Nunca sabremos si fue decisión de Vangelis o de Ridley Scott incluir al tema japonés «Ogi No Mato» del grupo nipón Ensemble Nipponia. Pero creo que la idea fue Ridley, como se demostró años después, cuando filmó la película policíaca, Black Rain con Michael Douglas, en Osaka. Ridley también había incluido «Quran» de Brian Eno & David Byrne, pero en los sucesivos problemas de edición, ese tema desapareció de la película.

A Vangelis le volvieron loco con tantos cambios, tantas dudas de Ridley Scott, pero necesito remarcar un detalle de su excepcional sentido musical en la banda sonora. Cuando la replicante Rachel toca el piano el «Nocturno 13» de Chopin, en el apartamento de Rick Deckard (Harrison Ford) y, a continuación, se oye a través de la radio del apartamento, esa versión de «One more Kiss, Dear». Los dos temas está en la mismísima tonalidad.

Vangelis terminó su trabajo en abril de 1982. Incluía las mezclas en Dolby 4 pistas como exigía Hollywood en aquella época. Ahora, normalmente, se realizan en un diez punto dos. Es decir, una mezcla para doces altavoces diferentes. El músico griego incluso supervisó las mezclas de sus cuatro pistas al formato de sonido-cine en los estudios CTS de Wembley, donde normalmente trabajaba John Barry. Hasta fue muchas veces a los estudios Pinewood donde montaban el sonido definitivo en la película. Pero ni Vangelis ni Scott estuvieron contentos de lo que se hacía en Pinewood. Acabaron el trabajo en los más baratos, pero más eficaces estudios para sonido: los estudios Twickenham.

La guerra por la banda sonora sólo acababa de empezar. Warner Records se puso en contacto con Vangelis para que él mismo eligiera los temas que aparecerían en el famoso soundtrack del film, que sólo es una simplificación del trabajo de un músico. Vangelis se negó rotundamente. Se agarró al hecho de que no hacía mucho había firmado un nuevo contrato discográfico que le obligaba a publicar todos sus trabajos en el sello Polydor. Pero es que además, Vangelis quería darle un escarmiento a Ridley Scott, que le había torturado durante cuatro meses.



Copia pirata

Los derechos discográficos los tenía Warner, pero si Vangelis o, en su particular guerra contractual, Polydor, no querían o se negaban en ceder al artista, entonces no había nada que hacer.

A comienzos del mes de junio de 1982, unas pocas semanas antes del estreno del film, circulaba por Hollywood una copia pirata de los temas que Warner tenía preparados para una hipotética aparición discográfica. El rumor era que un ingeniero del estudio de la Warner, había hecho una copia y como Vangelis estaba de moda por su Oscar con Carros de Fuego, el disco pirata pasó de mano en mano. En realidad, era una cassette de aquellos tiempos, para ser más exactos. El CD todavía no había desarrollado la técnica para poder crearse en privado. Aquella copia primitiva es difícil de encontrar, aunque algunos fanáticos de Vangelis la tienen. En la actualidad, sí circulan copias en CD de aquel primitivo asalto pirata.

Como había que sacar una banda sonora, el estudio de la Warner decidió que se hiciera una versión lo más exacta posible de los temas de Vangelis y así apareció Blade Runner: The New American Orchestra. El disco era un timo para los grandes hoolligans del film, pero si se escucha en la actualidad, no estaba tan mal hecho.

Siete años después, Vangelis le dio a su discográfica Polydor tres temas, los que considera Vangelis como los mejores de Blade Runner para una recopilación de sus mejores obras que llevaba el título de Themes. Es decir, «Love Theme», «End Titles» del final de la versión de la Warner, y «Memories of Green».

Más adelante, en el año 1994, Vangelis, que ya no estaba preso por su contrato con Polydor, accede a que Warner, a través de su sello East/West publique una especie de «banda sonora», con muchos temas de la película y con algunos otros inéditos, como venganza a Ridley Scott. Justos eran los que el cineasta se había cargado en la película.

En el año 2000, circulaba un nuevo disco pirata de la banda sonora de Blade Runner, en el que se incluía el tema inicial de John Williams para el logo de la Ladd Company, que había producido el film.

Finalmente, en el año 2007, coincidiendo con el 25 aniversario de Blade Runner cuando la música de Vangelis ya se había convertido en objeto de culto, se publica la versión definitiva de Blade Runner, con 3 CDs. Por fin Warner había doblegado a Vangelis. En su rendición entrega todos los masters originales, todo lo que grabó para la película. Warner Records también contó con el apoyo de Ridley Scott, que se atrevió incluso a escribir y recordar sus funestas visitas a los estudios Nemo, en Marble Arch, en las notas del disco. Del triple álbum, el primero es impecable. Pero el segundo y el tercer disco son un poco pesados. Es lo que tienen estas ediciones tan estrictas.



El disco rumano

Para decir la verdad, a mí la versión con la que más disfruto es una joya de las catacumbas de la piratería discográfica. Un ingeniero rumano, probablemente un loco de Blade Runner, tuvo la paciencia de separar del celuloide la música que va por su parte en las cuatro pistas del film. Directamente. Así que nada más que se trata de una versión completa de toda la música que estrictamente suena en la película. Son setenta y dos minutos de música para decirlo con precisión. Como se trata de un disco pirata rumano, tenía los sugestivos títulos de «Titlurile și Prologurile Principale», «Fiul Multiubit Aduce Moartea», etc. Un documento impagable.

Blade Runner, en definitiva, es una fascinante historia de principio a fin. Todavía posee el misterio de cómo se equilibró esa intrigante magia entre la imagen y el sonido, en una sincronización perfecta. Imposible de repetir. Todo encaja con las imágenes, la música, los replicantes, etc.. Vangelis, que no da ni un puñetera entrevista, salvo de vez en cuando, asegura que siempre escribió la música de Blade Runner pensando en que Deckard (Harrison Ford) era también un pobre replicante más.

Aunque Carros de Fuego ganara el Oscar, el trabajo más exquisito y espectacular de Vangelis es la banda sonora de la película de Scott. ¿Por qué? Porque nadie ha sentido tanto con ruidos y música el futuro más cercano. Y sin aspavientos, con simples sintetizadores analógicos. La imágenes son una pura invitación a la música de Vangelis. Encajan como si una cosa hubiera estado pensado para la otra.

Vangelis recibió la noticia de la muerte de su primo Demis Roussos en Londres. El propio Vangelis se declara un viajero en la vida. Normalmente, desde que cumplió 60 años –en la actualidad tiene 71 años– pasa más tiempo en Atenas y no es difícil verlo pasear por su calle favorita, la que es ahora peatonal, Dionisio Areopagita. Para Vangelis la «calle más bella del universo». Aunque jamás se queda quieto en Atenas. Siempre se escapa a su casa de París o Londres.

Hace poco le pusieron el nombre de una calle en Volos, donde nació, pero no quiere vivir allí. Últimamente se ha atrevido con la pintura, como en el caso de Bob Dylan. Incluso expuso sus cuadros en Valencia, hace ya diez años, gracias a la amistad de Consuelo Ciscar con el genio griego. Su último trabajo es la banda sonora del film argelino Crescule des Ombres del cineasta Mohamed Lakhdar-Hamina, estrenada hace un par de meses. Pero todavía no ha aparecido discográficamente.

Es muy posible que su tema favorito de Blade Runner sea «Memories of Green». Vangelis dice que, con las destrucción de este planeta, algún día sólo nos quedarán memorias de nuestra vegetación, recuerdos de un mundo verde con aquella maravillosa vida de plantas y árboles. Serán «nuestras memorias sobre lo verde».

Pero como decía Roy Batty, el líder de los replicantes:

«No haré nada por lo que el dios de la biomecánica no te deje entrar en su cielo».





en Plást
icos y decibelios, marzo 2015















miércoles, mayo 18, 2022

“La tormenta”, de Mary Oliver





Ahora, a través del blanco huerto,

mi pequeño perro brinca, rompiendo la nieve fresca

con sus alocados pies.

 

Corriendo aquí, corriendo allá, agitado,

casi sin detenerse, salta, gira,

hasta escribir sobre la blanca nieve

en extensas, exuberantes letras,

una larga oración, 

expresando los placeres del cuerpo en este mundo

 

Oh, yo no podría haberlo dicho mejor.




en Poetry, 1997

Traducción de Carlos Almonte




The Storm

Now through the white orchard my little dog / romps, breaking the new snow / with wild feet. // Running here running there, excited, / hardly able to stop, he leaps, he spins / until the white snow is written upon / in large, exuberant letters, / a long sentence, expressing / the pleasures of the body in this world. // Oh, I could not have said it better / myself.































martes, mayo 17, 2022

«El lenguaje es el revólver para uno», de Mario Montalbetti

Tres poemas





Magnificat


Después del trabajo remunerado, inmune, 
casi municipal, y de cuidar al hijo 
que no caiga, y de hacer nocturno el amor, 

apago los megavatios 
y bebo alcohol hasta las puntas
(alcohol munerado, mune, casi nupcial)

y luego veo entre las costillas de las persianas 

el alba naranja como una papaya madura 
que cae del cielo 
y se hace añicos contra el pavimento.





8 versos de homenaje al temblor de su cuerpo


Las magníficas puertas del templo de Bedo están cerradas 

sus fuertes maderos recogen el rocío en sus venas 

en sus ornados espirales feroces animales de bronce se aferran 
a sus quicios

los cerrojos están ocultos y se guardan solos

una súbita bandada de aves cruza el cielo

placeres y noches tras estas puertas se adivinan de fuera

aguardo sentado bajo durazneros maduros aguardo 

sentado como un perro que no mueve la cola





Tarma 


en la hoguera 
en la que ardes 

arden también 
las imágenes 
que guardo 

de nuestra noche 
en Tarma 

el huerto 
de alhelíes 

el dulce aroma 
nocturno 
de los eucaliptos 

el ladrido lejano 
todo en llamas






Publicado por Álbum del universo bakterial, 2022


 




















lunes, mayo 16, 2022

“Una mujer”, de Carlos Amador Marchant





Una muchacha se me acercó un día.

Tan súbita, rebelde, risueña.

Aprendí a beber el café junto a ella.

Y hasta pude reír frente al frío de la costa.

Yo no la creí capaz de ceñirse a mi vida,

porque éramos tan distintos como la ciudad 

                        y el océano.

Pero, sin embargo, vino y escudriñó

y fue entrando a mí, pausada, como cuando entra

una anciana a la puerta de su casa.

Nunca he podido conocer mejor a una mujer

que a aquella que se me acercó un día.

A veces rompía en llantos

y, cuando me abrazaba,

todas sus lágrimas rodaban por sobre mi camisa

                        engrasada.

Me pregunto cómo pudo unirse a mi vida,

tan súbita y risueña como una mañana de primavera.

Porque aquí no hubo nada, ni un llamado,

ni una seña desde lejos, nada

que nos hiciera sentir avergonzados.

Sólo sé que desde ese día

ya no pude beber el café solo y triste como antes,

en medio de aquellos fierros y cajones y redes

húmedas.




en Antología Poética del Norte, 1998

Juvenal J. Ayala, antologador






























domingo, mayo 15, 2022

“Salmo III”, de Hernán Valdés





El hombre herido echa espinas, como el rosal.

Cúbrese de misterio,

se cierra cual ciertas flores, llegada la noche,

pero él por siempre.

El corazón se le vuela hacia dentro,

entre las sombras permanece oculto

y sólo el calor del vino y del alma cordial

vuelve a darse.

 

Pero si no derribas

ese refugio que el hombre encuentra en las tinieblas

alguna vez esa será su eterna prisión

y, entonces, su muerte irreparable.




en Salmos, 1956

























sábado, mayo 14, 2022

«El trabajo del poeta», de Lan Lan

Traducción de Radina Dimitrova





Toda la noche, el fuego ruge
en la fragua.

La sombra dibuja un remolino con sus brazos
y – pulgada tras pulgada – a golpes incrusta
al herrero en el silencio del yunque.


















viernes, mayo 13, 2022

«Recordando a Burundi», de Ketty Nivyabandi

Traducción de Marisol Bohórquez Godoy





Te recuerdo.
Una chispa rasgando el cielo azul. Semillas coqueteando con nubes. Hombres 
            confiando en las estrellas.
Una canción se sostiene cálida y ceñida, en espaldas de ensueño. Mujeres con olor 
            a mantequilla.
Un seno hinchado. La vía láctea. Rocío apagando los pies astillados.

Te recuerdo.
Un sueño. Amasado con laterita y acero.
Hombres orgullosos, con el pecho rebosante. Lanzas, azadas que yacían inmóviles 
            en el suelo húmedo. Caminando, desnudos, hacia el sol.

Chicas mariposa. Dispersándose, volando. Inundando los cielos de colores.

Risas ahogadas. Risas desordenadas. Risas gratis. Risas por miles.

Te recuerdo.
Gente-equilibrada. Gente-real. Gente magistral. Gente- rota-pero entera.
Jade, belleza fugitiva. Una belleza celosa, salvaje y hechizante.
Del tipo para quemar los ojos de un profeta…
                         Un terrón de tierra que una vez se atrevió a desafiar al Reich

Te recuerdo.
Antes de tus palabras-pluma. Antes de tus hijos-papel.
Antes de tu terreno abierto, tus hijos errantes.
Antes de tu dignidad en migajas.
En venta. En las aceras de los famélicos bulevares.

Te recuerdo.
En el furor de mi pelo de panal.
En la tinta que serpentea por estas manos temblorosas.
En mis preciosos sueños, cubiertos de polvo.
En mis sudores. En mis gritos. En mis fiebres. En mis ojos.
Colgando abierta de par en par, de la luna creciente.

Te recuerdo.
Aún ayer.
Mañana (por supuesto).
Esta mañana. No sé.





Tomado de la revista Vuela palabra