martes, abril 20, 2021

“El vudú”, de Fredric Brown





La esposa del señor Decker volvió de Haití. Había ido sola. Habían decidido pasar un tiempo separados para arreglar luego amistosamente el divorcio. Pero eso nada había cambiado. Se detestaban todavía un poco más que antes.
 
-Divide en dos partes –exigió firmemente la señora Decker-. La mitad de tu dinero y de tus bienes.
-Es ridículo –replicó con aspereza el señor Decker.
-¿Ridículo, eh? Si quisiera lo tendría todo. En Haití, amigo mío, he estudiado el vudú.
-¿Y qué?
-Que si no fuera una mujer honrada morirías por paralización del corazón. El vudú no deja huellas.
-¡Tonterías! –exclamó con superioridad el señor Decker.
-Pues bien, permíteme hacer la prueba. ¡Un trozo de uña o de cabello y verás!
-¡Patrañas! –afirmó el buen señor Decker.
-Te hago una proposición. Probamos. Si no da buen resultado, nos divorciamos y no pido nada. Si sale bien, heredo y me voy muy agradecida.
-De acuerdo –dijo el excelente señor Decker-. Trae cera y un alfiler.
 
Se miró las uñas.
 
-Demasiado cortas. Te daré un cabello.
 
Fue al cuarto de baño y volvió con un cabello en un tubo de aspirina. La señora Decker había ablandado ya la cera. Hundió en ella el cabello y luego la modeló groseramente en forma de ser humano.
 
-Lo lamentarás –aseguró, mientras hundía la aguja en el pecho de la estatuita.
 
El señor Becker se sorprendió, pero de maner agradable. No creía en el vudú, pero era prudente. Además, siempre le había irritado que su mujer no limpiase nunca el peine.



en revista Planeta, Nº 3, 1965












lunes, abril 19, 2021

«Ardió», de Rodrigo Zuñiga

Fragmento




1


Por todo Santiago la humareda.
Esto parece un vaticinio.
Te lo advierto, 
hijo,
nadie quiere saber:
ardió, 
lo que haya sido
ardió
por horas
y horas.
En las afueras.
Con ojos musgos
y el pecho quebrado.
Nada dice el extra
de último minuto.
Ahora el olor rehúsa
pero ya recordarás
de qué estabas hecho,
por qué.


Nadie quiere saber,
nadie quiere
realmente
saber
(bastaría con mirar el cielo).
Los niños siguen en el agua.
Las toallas están tendidas.
Los vecinos, en sus 
balcones.
Los objetos, absortos.


A lo lejos,
camino a Peñalolén,
los autos van despidiéndose
como atraídos por el
fuego.
Fuera de cámara
una prolongada 
nubosidad
exige su parte: 
algo huele
por aquí,
sigue cuesta
arriba.
A cerrar ventanas.
Estamos rodeados.


Te lo advierto,
hijo,
algo sigue quemando,
ahora mismo
ventea la pudrición.
¿Vamos a la playa? La bomba estalló.*
La nube está pastando
cerca.
Ahora escribo dándole la espalda.



2


Los gnomos hacen nevar,
asegura la publicidad
navideña
de la multitienda.
En Santiago,
en cambio,
volverán
hoy mismo
los treinta y siete 
grados Celsius
de hace unos días.
Es el ardor,
hijo.
El pavimento
soporta a
duras penas
los
estupores de las tardes
y esas bocanadas de ramas secas
con sus legajos anónimos
de tantos incendios forestales
oliendo a 
fiebre alta
interminable.


Te lo advierto, 
hijo,
nadie quiere saber:
los gnomos,
sonrientes especies foráneas
vinieron a dar 
inexplicablemente
entre los estertores
matutinos
de Avenida Grecia.
Por lo menos 
abren sus brazos para los vecinos
con la mejor de las voluntades
desde lo alto de su aviso
publicitario
de diez por doce:
buenos días,
me dicen al
entrar
al supermercado,
la nieve promete una 
extraña apariencia
para hoy.


En la lengua de los gnomos
custodios de tesoros 
subterráneos
(sabios alquimistas
de los bosques)
la navidad será apenas
una palabra misteriosa
con acento chileno
y al igual que el milagro económico
del país de Nunca Jamás


los copos de calor
caerán hacia arriba
por encima de los pinos
más altos
del vecindario.



en Mazinger y otros poemas, Filacteria, 2020








* Righeira, 1983.














domingo, abril 18, 2021

“Un toque de Nerón”, de Sonia Manzano





No hay que mentar la soga en la casa del ahorcado,
yo lo lamento,
pero yo, la mento,
la pongo a dar vueltas
por sobre las cabezas de todos los presentes
como una culebra cascabel
llena de tarros.
 
Yo lo lamento,
pero yo, la mento,
señalo de qué viga está colgando el muerto
y quienes lo empujaron al vacío.
 
Llame a este número telefónico:
hay una sola línea represiva
que conecta a la uña del poetastro
con su cítara incendiaria.



en Carcoma con forma de paloma, 1988












sábado, abril 17, 2021

«No dejo de buscar lo que extraño…», de Li Qingzhao

Versión de Juan Carlos Villavicencio




No dejo de buscar lo que extraño,
pero no sé lo que es.
Me siento tan triste, deprimida,
tan sola, sin felicidad.
¡Qué difícil es
mantenerme cuerda
en este frío interminable!
Apenas entro en calor
copa a copa
con un vino tan insípido.
¿Cómo podría aguantar 
más en el polvo la deriva
de este viento tan ligero?
Me rompe el corazón
ver cómo pasan los gansos salvajes
porque son mis conocidos de días de antaño.

El suelo está cubierto de flores amarillas,
desvanecidas y caídas por la lluvia.
¿Quién las recogerá ahora?
Sentada sola en la ventana, ¿cómo
podría acelerar más
el ritmo de la oscuridad que no se espesa?
Sobre las sombrillas una fina lluvia cae
como el crepúsculo no deja de llorar.
¿Qué puedo hacer con un dolor
más allá de lo creíble?















viernes, abril 16, 2021

“Jugueteando”, de Mariela Dreyfus





No importa la sangre si deslizas tu mano en mi humedad
y luego la secas en el pasto y en ese pasto
            yo seco los restos de tu semen
en mi mano larga y sin uñas.
Y la respiración se nos acaba, no te ahogues
tengo miedo de tus costillas y de lo que viene después
alguien se destrozará, alguien se destrozará
esta es la danza de los muertos en noviembre
lames mis senos / beso tu pene / ya no soportas
alguien se parará sobre el otro y lo aplastará
seguirá su olor como un ciego entre los basurales
gritará en las noches cuando no pueda dormir
            de puro arrecho
después de la destreza para jugar con cierres y botones
alguien se quedará extrañando un poco de piel
            entre los dedos
un poco de vellos, de mordiscos, de sudor
no quiero ser quien se tire a llorar sobre la pista
no quiero ser quien se entregue a tu sombra
            como una puta sin suerte.
 
Amante, amante, este juego nos quema.
 
 
 
en De este lado del cielo (Antología), 2018
Edición de Mario Pera