jueves, octubre 21, 2021

«no hay palabras siquiera una música», de Julieta Marchant





no hay palabras siquiera una música
recorriendo los pasillos el intento de una voz
diciendo un nombre a la distancia la humedad de los muros
disolviéndolo todo hace olas en lo gris
 
el lenguaje en este lastre que llevo atado a los tobillos
un vestido estrechándome las palabras como los puños que cayeron
desatados del cuerpo forman círculos en la arena
el silencio pulcro de una boca abierta la imagen
de alguien gritando más allá la nada curva y plena
 
el origen de mi nombre es pura tierra revuelta con las manos
pequeñas piedras que lanzamos remolinos tenues
costra la lengua orillándose para que el viento pase
todo es límite
la ficción de que alguien te contuvo
cuando llamó desde allá y volteaste una pregunta
uniendo sus puntas su materia que rompe las veredas
la voz que te da vueltas huellándote los bordes
el ritual de siempre
ecos girando el centro en los costados disperso
 
 
 

en Urdimbre, 2009

















miércoles, octubre 20, 2021

«Carta I», de Idea Vilariño





Como ando por la casa
diciéndote querido
con fervorosa voz
con desesperación
de que pobre palabra
no alcance a acariciarte
a sacrificar algo
a dar por ti la vida
querido
a convocarte
a hacer algo por esto
por este amor inválido.
Y eso es todo
querido.
Digo querido y veo
tus ojos todavía pegados a mis ojos
como atados de amor
mirándonos mirándonos
mientras nos amábamos
mirándome tus ojos
tu cara toda
y era de vida o muerte
estar así
mirarnos.
Y cierro la ventanas diciéndote
querido
querido y no me importa
que estés en otra cosa
y que ya no te acuerdes.
Yo me estoy detenida
en tu mirar aquel
en tu mirada aquella
en nuestro amor mirándonos
y voy enajenada por la casa
apagando las luces
guardando los vestidos
pensando en ti
mirándote
sin dejarte caer
anhelándote
amándote
diciéndote querido.



en Poemas de amor, 1962




















martes, octubre 19, 2021

“Agua, pan i vino”, de Joaquín Cifuentes Sepúlveda





Vámonos para siempre, sin llevar más escudo
que las aspiraciones a un futuro vivir;
elevemos los ojos hacia un deseo rudo
i porfiemos, porfiemos hasta llegar al fin.
 
Abandonemos esta empolvillada ruta
de superficie quieta como la de un remanso
i marchemos a lo alto de una pendiente abrupta
i en todos los recodos hagamos un descanso.
 
Llevemos las alforjas con agua, pan i vino
para nuestros cansancios en las largas jornadas
i subamos, subamos sin mirar el camino
i dejemos atrás estas piedras gastadas.
 
I cuando ya cansados del andar trabajoso
nuestros pies fatigados no nos quieran seguir
en un recodo plano, bajo un árbol añoso,
démonos un abrazo i dejémonos dormir.



en Esta es mi sangre, 1918














 

lunes, octubre 18, 2021

«(18-O) Psicoanálisis de un malestar: la dignidad del sujeto. / La revolución en psicoanálisis o la mutación de la economía subjetiva», de Mario Uribe






He comentado, latamente, en capítulos previos la orientación de la revuelta del 18-O en Chile. De la misma manera que lo señalara Badiou, a propósito del Mayo francés, tampoco se ha observado en nuestro país, que se tenga como objetivo apropiarse del poder, o de los medios de producción, a través de acciones serias de logística paramilitar pertinentes. Al contrario, el clamor popular en Chile no apunta hoy a apoderarse de los medios de producción y –a través de ese acto– a obtener una redistribución de la plusvalía, como sí lo fue en la época de la Unidad Popular, sino más bien a denunciar la injusticia social, la desigualdad, el abuso, la corrupción, la humillación de los ciudadanos rehenes del sistema financiero, y la risa indignante del capitalista, amparada en el Estado de Chile que sostiene el modelo, dañando la dignidad del sujeto. Se clama, en otros términos, por una escucha pertinente a estas demandas legítimas. El despertar chileno, sobre el cual hemos insistido, implica la irrupción de lo real,[1] en términos de haber puesto en evidencia el engaño o la ilusión de la promesa de satisfacción en el consumo, la insatisfacción o falta-de-gozar estructural del sujeto, la relativización de los plus-de-gozar, prêts-à-porter de la sociedad capitalista avanzada. Se denuncia, evidentemente, la corrupción del poder económico sobre el poder político y judicial, y como telón de fondo la permanencia del contrato social constitucional de la dictadura, hecho a la medida de la acumulación de la «mala riqueza». Se da esta lucha dentro del sistema y contra él, es decir, contra un modelo violento que segrega a la larga exclusión y malestar. 

Tal parece, entonces, que una salida posible del Discurso Capitalista a través del Discurso Analítico, implica una lucha no desde el exterior, sino desde el interior mismo del sistema. La introducción de la castración y la barrera del goce, por el Discurso Analítico, implica una delimitación del campo del goce, la recuperación de la experiencia de la falta, del inconsciente y su deseo, en fin, una regulación de los regímenes de goce, donde no se promueva una acumulación ilimitada, relativizándose la relación del sujeto con los objetos letosas,[2] con los que el mercado pretende saturar el deseo remplazando al objeto perdido. A propósito de la plusvalía, en Radiofonía, Lacan aconsejaba justamente a los proletarios pedir cuentas de la explotación, no al amo capitalista, sino más bien a los objetos plus-de-gozar. La alternativa viable de una salida desde el psicoanálisis es –me perdonarán el cliché– el de una revolución interior. Revolución desde el interior del sistema y hacia el interior de nosotros mismos. Lo que se busca aquí es una mutación de la economía subjetiva, partiendo por un desmontaje del fantasma, que permita al sujeto liberarse del tiránico imperativo superyoico «¡Goza!». Se trata, en última instancia, de una mutación de la relación del sujeto con el goce. Pierre Bruno señala bien que, menos que salir del capitalismo, la tarea analítica es hacer salir el capitalismo de sí. Si el psicoanálisis no puede participar de una «solución» que comprenda las finanzas públicas, el comercio, la economía objetiva, la distribución de la riqueza, entre otras variables, sí le compete ocuparse en prioridad de la economía subjetiva. Es por eso que Lacan sostenía, que el psicoanálisis es una corrección que podría compensar el síntoma social del capitalismo; léase, una especie de antídoto. 




2020






[1] Lacan concibe tres registros en la realidad humana (experiencia subjetiva) que se encuentran anudados, constituyendo una estructura, es decir una topología: el real, el simbólico y el imaginario. Simplificando al máximo, tomaré dos vertientes comprensivas opuestas de la relación entre lo real y lo simbólico, evocadas por comentadores de Lacan. Primero, la idea recibida, según la cual, en el momento del nacimiento biológico del futuro ser humano, lo que adviene al mundo no es aún un sujeto, sino un trozo de carne, el cual al ser atravesado por el significante se humaniza, o lo que es lo mismo, se mortifica. Sin embargo, esa operación humanizadora del significante no recubre la totalidad de ese trozo de carne, permaneciendo una parte fuera de la simbolización. Esa parte sería lo real, o lo inefable, y es de ahí de donde surgiría el goce. La segunda vertiente comprensiva, más ajustada a mi juicio a la letra de Lacan, es la idea de que no hay ninguna realidad prediscursiva y lo real solo surge a partir de la marca del significante. Como fuere, esa relación diacrónica, lo real no es la realidad, sino esa dimensión expulsada de la realidad por lo simbólico, aquella que está fuera del orden del significante y de su articulación en el lenguaje, y que lo agujerea. Su existencia es evocada por el testimonio de la experiencia singular del sujeto, en relación con esa dimensión fuera del sentido, pero no se puede decir nada más de ella, porque no es representable, no es reabsorbible por el significante. Lo real se nos escapa, está fuera de nuestra aprehensión y de nuestro alcance en tanto seres hablantes. Lo real opera como la escritura, como la letra, mientras lo simbólico obedece al significante. Sus más conocidas definiciones son: «lo que vuelve siempre al mismo lugar».

Verdaderamente, como lo acabo de señalar, el despertar a lo real es siempre un momento fugaz, un destello de lucidez. ¿Qué sería en efecto un despertar para siempre sino la muerte, según Lacan? Digo riesgo o tentación, toda vez que –así como se despliega la dinámica del movimiento– todo marcha bien, que el despertar prendió, no hay entonces ningún tipo de rectificación a esperar, ni ninguna ilegitimidad que reprochar. Muy por el contrario, más allá de esas (el goce de la repetición, el núcleo inasimilable del trauma) y «lo imposible» (imposible de simbolizar, lo siniestro o lo real de la muerte, por ejemplo)». La escritura ex-sistencia marca, entonces, su particular estatuto existencial y topológico en relación con la cadena simbólica. Lo simbólico, por su parte, incluye al Otro, a la cultura, al lenguaje y la cadena significante (sentido), que enmarca el imaginario y recubre parcialmente lo real. El sujeto surge recién cuando hay inscripción en el orden simbólico, cuando el lenguaje, a través del significante, lo define y representa. Antes solo hay imagen corporal. Lo simbólico introduce la falta, la presencia sobre fondo de ausencia, la duración, la conservación en el tiempo, la posibilidad de la sustitución o la metáfora, todo aquello que humaniza a través del símbolo, incluyendo los límites y regulaciones del goce inherentes a las relaciones de parentesco: un vocablo, la palabra, un nombre, un túmulo. Sin embargo, redoblando esos tres registros de la estructura del sujeto, hay también, en el interior mismo de la estructura del lenguaje, lo simbólico, lo imaginario y lo real. Lo simbólico de lo simbólico es el lugar del código, el Otro como tesoro de los significantes. Lo imaginario de lo simbólico incluye al sentido y la significación que aparecen en la combinación de los significantes. Lo real de lo simbólico está por fuera del sentido y tiene que ver con la letra, la cual no simboliza nada y está fuera del código. En fin, el registro imaginario considera la constitución del yo, a partir de la imagen alienante del otro (estadio del espejo, relación del yo (a) con el alter ego (a’)) y todos los fenómenos de orden especular o narcisista que ocurren en ese eje, incluyendo el fantasma, en tanto construcción defensiva. Los fenómenos de identificación, particularmente la alienación a la imagen del otro, así como los mecanismos de hostilidad y agresividad inherentes a este tipo de relaciones especulares, son propios del imaginario

[2]  Lacan usa el neologismo letosas en el marco de su particular forma de pensar el mundo de los objetos en nuestra sociedad contemporánea, dominada por el Discurso Capitalista y las tecnociencias. Se trata de esos equivalentes del objeto a llamados a ocupar el lugar de un vacío y que circulan, naturalmente, en manos de adultos, adolescentes y niños. Estos incluyen a los artefactos tecnológicos o gadgets, pero también al analista. La letosa permite al sujeto no querer saber nada de la castración. Esa es su función. La cuestión es saber cómo el sujeto se relaciona singularmente con la letosa elegida, desde la impotencia a la imposibilidad.







Pueden comprar el libro escribiendo 
a descontextoeditores@gmail.com
o «en las mejores librerías del país»















domingo, octubre 17, 2021

"Trompe l’oeil (o silabario de la mancha)", de Marcela Parra





A
La mancha está en el ojo
su nombre anterior es mixtura.
 
 
E
Protesta por la sobra de intención
la escasez de analfabetos en el mundo.
 
 
I
Su nombre real es constantemente
traicionado por la búsqueda.
 
 
O
Viene a quejarse de ser señalada
por un dedo que apunta a sí mismo.
 
 
U
Viene a quejarse de ser separada
como quien le saca dos Haches al agua.



en Silabario, Mancha, 2008















sábado, octubre 16, 2021

«Lago Dongting, lago de pasto verde…», de Zhang Xiaoxiang

Versión de Juan Carlos Villavicencio





Lago Dongting, lago de pasto verde,
cerca de la Noche de mediados de Otoño,
sin inmutarse cuando lo cruzan los vientos,
como treinta mil acres de jade brillante
salpicados con mi bote con forma de hoja.
Los cielos desbordan rayos puros de luna;
la superficie del agua asfaltada por el brillo de la noche:
resplandece arriba, resplandece abajo.
Mi corazón se vuelve uno con la luna,
felicidad que no puede compartir con nadie.

Pensando en el Suroeste donde pasé un año,
bajo la solitaria y pura luz similar a la luna, 
siento claros mi corazón y mi alma como la nieve y el hielo.
Aunque mi cabello es corto y escaso, y mi traje muy delgado,
sigo flotando sobre esta inmensa extensión.
Bebiendo vino del río del Oeste
y usando un cucharón como copa de vino,
invito a la naturaleza a ser mi huésped.
A bordo marcando el ritmo y cantando solo,
me hundo en un tiempo y un lugar desconocidos.


















viernes, octubre 15, 2021

“[Finge Escribir un Poema Sobre El Ego que lo Habita]”, de Yanko González Cangas





Finge escribir un poema sobre El Ego que lo habita.
Acuerda cruzar dos líneas sobre un diario formando Algo
que por motivo alguno -piensa- sea cruz.
Decide doblar junto a la línea el índice
y calcar el contorno
sobre Eso que se cruza y que alejado está de ser su cruz.
Finge escribir un poema a la orilla del contorno
colocando en el aire dos palabras: dos palabras
Deposita todo en una caja y marca con la uña diciembre cinco.

Le ha crecido otro par de brazos.
Finge escribir a partir de eso otro poema.

Todavía no tiene la atención de nadie.



en Metales Pesados, 1998