martes, febrero 03, 2026

«A quien corresponda», de Martín Caparrós

Fragmento inicial




La muerte salió por todos los canales. La muerte irrumpió como irrumpen esas cosas, en el noticiero de las ocho de la noche, sin el menor aviso, con la confianza de los que saben sus derechos; es cierto que no fue el título principal porque esa tarde el presidente había firmado un convenio para subir un cuatro coma siete los haberes de los jubilados, pero aun así la muerte apareció antes que dos asaltos a mano armada con heridos, la venta de un marcador de punta del equipo campeón, una bomba con docenas de víctimas en algún rincón de Medio Oriente, el fracaso de otra vacuna contra el sida.

  El padre Augusto Fiorello nunca habría esperado tanta difusión: si alguna vez hubiese discutido con alguien los detalles de su muerte —y si ese alguien no hubiera sido su confesor, el obispo Mallea, ante quien sus relatos, codificados por siglos de fórmulas cristianas, incluían los detalles más intestinos de su vida narrados sin pasión, como si le hubiesen sucedido a otra persona—, seguramente se habría contentado con exponer sus esperanzas de una agonía serena que le permitiera confesarse por última vez, recibir los óleos finales y morirse en la paz del Señor. Si acaso, si el padre Augusto hubiera tenido con quién mantener una charla de ese tenor, si la charla hubiese sido inusualmente franca o demasiado regada por uno de esos vinos pateros de la Colonia que el padre festejaba, habría hablado de su miedo a no morir con la dignidad cristiana que tantos años de sacerdocio le imponían: su miedo de que todos esos años de preparación no le sirvieran para morir como debía; en cuyo caso —callaría— algo radical habría fallado. O quizás, incluso, en el extremo del vino o de la intimidad, el padre Augusto habría hablado de todas esas muertes que su práctica le obligó a presenciar. Habría dicho que muchas veces se sintió inútil frente a moribundos a los que no pudo confortar con sus rezos, sus manos, sus promesas; no habría dado detalles, pero habría hablado de un hombre que gritaba que no lo dejara solo, que lo dejaran solo de una vez, que tenía miedo de quedarse solo, y de cómo él le dijo varias veces que el Señor nunca lo dejaría solo, que al contrario lo estaba esperando, que junto a Él jamás estaría solo, pero que el hombre gritaba más y más y que en sus gritos había cada vez menos palabras, más espanto. Y se habría asustado ante la aparición de esa escenografía que, incluso en su mente, mientras contaba aquellos hechos —obviando su escenario—, habría modificado para hacer tolerable: otro recuerdo que prefería no recordar. O, para cambiar rápidamente de lugar, habría hablado de aquella mujer que lo miraba en silencio, llena de odio, como si fuera él quien la estaba matando y le estrujaba la mano y al final le preguntó si realmente Dios tenía que hacerle esto. O de ese chico de quince o dieciséis que se moría sin entender qué le pasaba y cómo él, el padre Augusto, tuvo un momento de duda y de zozobra que le hizo volver a esa mujer: si realmente tenía que hacerle esto. No era una conversación fácil: si el padre Augusto la hubiera mantenido se habría dicho que hablaba de más. Y, aun así, seguro que se habría guardado tantas cosas.

  En cualquier caso, el padre Augusto jamás habría podido imaginar que esa muerte que tal vez discutió —que tal vez no— pudiera llegar a ser tan pública.




Publicado por Anagrama, 2008





Fotografía original de Claudio Álvarez






















lunes, febrero 02, 2026

«Ojos no tan bien cerrados», de Juan Carlos Villavicencio

Fragmentos



 
       VI

J. Edgar Hoover es un gran ejemplo para determinar cómo ha funcionado EEUU a lo largo de su historia. Director del FBI durante ocho presidencias, Hoover fue muy cercano al presidente Nixon. Fue gracias a que un grupo de pacifistas irrumpieron, en marzo de 1971, en una oficina del FBI de la que robaron archivos ultrasecretos, que luego fueron difundidos por la prensa, que se supo que Hoover «había diseñado una campaña clandestina destinada a 'desestabilizar' y 'neutralizar' a las organizaciones de izquierda y de derechos civiles mediante el uso de informantes, campañas de desprestigio, complots crueles y astutos para romper matrimonios, hacer que despidan a la gente y exacerbar las divisiones políticas». El nombre del proyecto era COINTELPRO («Programa de contrainteligencia»). Entre algunos de los delitos que se produjeron gracias a COINTELPRO, el FBI espió a Martin Luther King, Jr. y lo grabó teniendo encuentros sexuales; también el FBI participó en una redada en la que fue asesinado en su cama Fred Hampton, de 21 años, líder de las Panteras Negras. Este racismo inicial viene desde sus tiempos estudiantiles donde formó parte de Kappa Alpha –su fraternidad de la Universidad George Washington–, que fue fundada en honor al General Robert E. Lee, famoso general del Sur esclavista. Su fraternidad se consolidó como modelo de la perspectiva racial conservadora con la que encaminó su vida, y fue gracias a ella que logró ser parte de la élite política de Washington al  ingresar, específicamente, a los círculos dominados por los nostálgicos congresistas del Sur. Dada la acumulación brutal de información y su necesidad de mantenerse en el poder, es que es innegable la capacidad que tuvo Hoover para intimidar e incluso chantajear a presidentes. Su biógrafa, Beverly Gage, deja en claro lo anterior en su libro G-Man: J. Edgar Hoover and the Making of the American Century. Fue tanto, que el presidente Nixon llegaría a decirle a sus asesores, que querían deshacerse de Hoover: «Podríamos tener entre manos a un hombre que derribará el templo con él, incluyéndome a mí». Gage habla del baúl de los secretos que acumulaba Hoover, lo que determinó la cantidad de deudas y temores acumulados que los presidentes sentían por él. A no imaginar eso mismo en todas las esferas pensables del poder.

Está más que claro, que este tipo de métodos de inteligencia, para mí artes oscuras, ciertamente, no sólo opera en EEUU, sino que en todo el mundo. Muy conocido es el concepto de kompromat creado por la Unión Soviética, que sigue la línea del chantaje, mecanismo obvio en cualquier servicio de inteligencia. El kompromat refiere a la práctica de recolectar información comprometedora sobre cualquier persona, para usarla en su contra como herramienta de presión, chantaje o para dañar su reputación.

El parlamentario Jürgen Möllemann, ex vicecanciller de Alemania durante el gobierno de Helmut Kohl, pertenecía al Partido Democrático Libre (FDP) de Alemania. Acusó de manera pública al gobierno de Ariel Sharon de practicar una política de aniquilación contra los palestinos durante la Segunda Intifada (2000-2005). Fue tildado de «antisemita» y afirmó que el Mossad estaba detrás de una campaña de difamación en su contra, mientras era acusado de estar vinculado a tráfico de armas y evasión de impuestos. Todo indica que se suicidó al lanzarse en paracaídas. También, todos los cargos que se le imputaban fueron luego desestimados.

El recientemente asesinado político trumpista Charlie Kirk, si bien fue un defensor acérrimo de Israel, estuvo cuestionando, por ejemplo, la influencia judía en EEUU (dijo que los judíos controlan «no sólo las universidades; también las organizaciones sin fines de lucro, el cine, Hollywood, todo»), se opuso al proyecto de ley para penalizar cualquier boicot a Israel («En EEUU tienes el derecho a distintos puntos de vista. Tienes el derecho a estar en desacuerdo y protestar (…) el derecho a hablar con libertad es el derecho de nacimiento de todo estadounidense») y al apoyo incondicional a las guerras de Israel que pudieran arrastrar a EEUU (más nacionalista que Trump, el movimiento «America First» tocó su fibra al cuestionar los reales beneficios de la devoción de Washington por Israel), lo que generó acusaciones de antisemitismo: «Algunas personas me dijeron que si critico al AIPAC, soy antisemita». Cercanos señalaron hace semanas que Kirk temía que de Israel lo matarían si se iba en contra de ellos. 

Es bastante ingenuo pensar que servicios de inteligencia como el Mossad no operan en EEUU, empleando todo su poder en contra de detractores y políticos extranjeros para garantizar la agenda de sus propios países (no vamos a olvidar la cantidad de intervenciones militares de EEUU vía golpes de estado, ocupación o despliegue de tropas, destitución de gobiernos y asistencia militar, que en Chile conocemos), utilizando métodos de control que incluyen no sólo espionaje, sino también encubrimientos de crímenes graves y chantajes.




       VII


No deja de ser altamente compleja la trama en la que está involucrado el presidente Donald Trump. Me refiero puntualmente al caso de Jeffrey Epstein, brutal escándalo estadounidense que involucra abuso sexual, tráfico de menores y el encubrimiento a figuras poderosas. Sin ningún título universitario, Epstein logra un puesto en el exclusivo Colegio Dalton gracias a su director, Donald Barr (padre de William Barr, exfiscal general de EEUU), con el que no se sabe exactamente cómo se conocieron. Tampoco por qué lo contrató. Décadas después, Epstein es multimillonario y por primera vez acusado de abuso a decenas de menores, de lo que zafa con la ridícula condena (el 2008) de 13 meses de cárcel, con permisos de 12 horas al día para ir a su trabajo, durante 6 días de la semana. En ese momento el fiscal federal del Distrito Sur de Florida era Alexander Acosta, quien negoció y aprobó el pacto secreto con los abogados de Epstein, que evitó cargos federales graves y protegió a Epstein y sus co-conspiradores de una investigación más profunda. El 2017 Trump nominaría a Acosta como su Secretario de Trabajo, renunciando cuando el Miami Herald publicó una investigación detallada en 2018 de lo que había pasado con el juicio a Epstein. Finalmente, en julio del año 2019, Jeffrey Epstein fue arrestado por tráfico sexual de menores. Un mes después, aparece ahorcado en su celda, al supuestamente haberse suicidado mientras las cámaras estaban apagadas y los guardias dormían. Al menos un empleado y un par de víctimas han testificado que Epstein tenía un sistema de cámaras ocultas en sus propiedades, para grabar y chantajear a figuras poderosas. La lista total de personas involucradas, y sus prácticas, aún no ha sido develada. Resuena en todo esto la película Eyes Wide Shut (1999), de Stanley Kubrick.

Hay una manera de vivir el mundo en la que deberíamos estar todos de acuerdo. Comparto con muchos seres humanos, que lo más importante en nuestras culturas es el cuidado a nuestros niños. El sionismo israelí no ha tenido tapujos para asesinar, mutilar, secuestrar, abusar y torturar la vida de miles de infantes. Este contraste entre la retórica común de protección infantil y el desinterés por la vida de los niños palestinos expone una hipocresía estructural. En todo caso, es necesario indicar que la vulnerabilidad de la infancia queda también en evidencia al observar cómo los sionistas protegen a depredadores sexuales, particularmente en comunidades ultraortodoxas donde el encubrimiento ha sido sistemático.

Hay que considerar a la pedofilia como un delito inaceptable. ¿Hay que juzgar a un pedófilo como un criminal y también como un enfermo? Por cierta razón, no existen datos oficiales completos o públicos sobre el número exacto de pedófilos que Israel ha «recibido» (bajo la Ley del Retorno), aunque algo se sabe, ya veremos. Mientras, hay factores socio-religiosos complejos en comunidades ultraortodoxas israelíes que dificultan la aplicación uniforme de la ley para cuidar a los niños de los pedófilos. Las víctimas ultraortodoxas que reportaron abuso enfrentaron altas tasas de encubrimientos y represalias comunitarias, mientras una tasa baja de los casos derivados de abuso a tribunales rabínicos devino en sanciones significativas en contra del victimario: todo esto en el marco de que aún son muy pocos los casos de abusos pedófilos en comunidades ultraortodoxas los que se reportan a la policía. Casos así también suceden en otras comunidades en el mundo, como se ha denunciado extensamente, atendiendo a la reacción cómplice de encubrimiento a victimarios, que son reubicados en otras comunidades en las que vuelven impunemente a abusar de infantes, o al menos eluden la justicia.

Ejemplo de esta perturbadora manera de hacer las cosas es el caso de Malka Leifer, exdirectora de una escuela judía en Australia, acusada de 74 cargos de abuso sexual a alumnas, la que huyó a Israel en 2008 –facilitada por la propia comunidad judía ultraortodoxa de Melbourne– alegando motivos religiosos, y luego el sistema judicial israelí retrasó su extradición por más de 10 años, alegando problemas de salud mental. Se descubrió que simulaba enfermedades, por lo que finalmente, en 2021, fue extraditada a Australia y condenada en 2023. Yaakov Litzman, ministro de salud en varios gobiernos israelíes, y durante casi 20 años presidente del partido político Agudat Israel, usó su poder para presionar a peritos psiquiátricos, en pos de que declararan que Leifer no estaba mentalmente apta para ser extraditada. Litzman, por cierto, salió, prácticamente, libre de polvo y paja por esto, gracias a la permisividad sionista (cfr. «Litzman signs plea deal in Leifer case, avoiding jail time and paying symbolic fine», The Times of Israel, 2022). Existe también el reciente caso de Tom Artiom Alexandrovich, cabeza de la Dirección de ciberseguridad de Israel –directamente dependiente de Netanyahu–, sin inmunidad diplomática, fue detenido el pasado mes de agosto de 2025 en una redada contra pederastas en Las Vegas, EEUU, mientras intentaba concretar una cita con una menor de 15 años. Pagó una fianza de 10000 dólares y logró regresar a Israel sin ningún cargo federal. Un detalle no menor: al parecer también en EEUU han sentido complicado molestar a Israel buscando detener y luego extraditar pedófilos que atacan a sus niños, según CBS News. Así funciona el poder: a punta de redes de favores, pero también de ser demasiado permisivos y llamativamente blandos en cuanto a la pedofilia. En este caso, para encubrir pedófilos, incluso; a nazis, como ya fue señalado, en pos de acrecentar el poder de EEUU. Aparte, en 2017, en la Knéset (el parlamento israelí) se propuso enmendar la ley para negar la ciudadanía a personas con condenas graves, pero no se aprobó. 

Los casos antes señalados apenas son la punta de un iceberg de una permisividad que, a fin de cuentas, es una perversa política mayor; considerando que más de 60 pedófilos (usando la Ley del Retorno) huyeron de EEUU a Israel desde el 2014, según la Jewish Community Watch (cfr. el reportaje «How Jewish American pedophiles hide from justice in Israel», de CBS News, 2020), que además señala que suponen que el número es mucho mayor, por las pocas capacidades y recursos con los que cuentan, atendiendo a que son demasiadas las víctimas que nunca fueron cuantificadas por los encubrimientos ya señalados. Israel termina siendo un refugio para pederastas, como EEUU lo fue para tantos nazis.

El sionismo, al igual que el imperialismo estadounidense, ha protegido a sus élites a través de las redes de poder que los constituyen y les garantizan impunidad. El juicio por corrupción contra Netanyahu, iniciado en mayo de 2020, y aún sin sentencia tras más de cinco años, ejemplifica esta dinámica, con retrasos permitidos por influencia política y apoyos externos, como el de Donald Trump, quien calificó el proceso como una cacería de brujas. Todo lo anterior ha permitido a Netanyahu mantenerse en el poder mientras Gaza sufre un genocidio con más de 70000 muertos a la fecha, sin contar todo el horror que han sufrido los palestinos y todos el resto de la humanidad. 




24 de septiembre, 2025































domingo, febrero 01, 2026

«Ex Ponto (Última carta de Ovidio a Roma)», de Joseph Brodsky

Traducción de Ernesto Hernández Busto




A ti, cuyos hermosos rasgos
no deberían temer marchitarse,
a mi Roma que sigue, como tú, inmutable
desde que nos vimos por última vez,
le escribo desde el mar. En su orilla. Las naves
han recalado aquí luego de la tormenta,
confirmando que estamos en el confín del mundo.
Y no es la libertad lo que hay en sus bodegas.



1965


















sábado, enero 31, 2026

«Inscripción para una pintura», de Po-tzu T’ing

Versión de Juan Carlos Villavicencio





El árbol mustio se yergue alto, arrugado 
como un monje viejo.

azotado por el viento, embarrado por la lluvia: 
de mente simple

llega la primavera; el otoño parte, mudo, invisible; 
sus ramas se alzan solitarias, sin inclinarse ante el mundo.








Pintura original: Cuervos sobre árboles viejos, de Luo Zhichuan (s. XIV temprano)

















viernes, enero 30, 2026

«Versión (post) moderna de una pieza antigua», de Osmany Echevarría Velázquez





Yorick amaba con la furia de un loco amaestrado. Sonreía al confundir las cabezas de jóvenes amantes con las arpas que Dalí no supo configurar. El invierno arreciaba en la intemperie de un año común. La nieve no daba forma a los sueños. La muerte se escurría como la más detestable muchacha. Yorick creyó ser poseído por una aguja, una dosis de desdén o alguna eterna canción de los Beatles; y entendió el significado de ser clásico, como aquel que sueña con el sexo de la vecina y al alba su rostro es sorprendido por la duda entre ser y no ser, o quizás todo fue un pretexto para dictaminar la realidad con cierto toque de tragi-comedia; como aquella en que las cuerdas de una guitarra gorjeaban en su garganta y por primera vez, en una estación cualquiera, preguntó el origen de su nombre.





en Teorías imprecisas para el año del Pez Lunar, Ediciones Acirema, 2025























jueves, enero 29, 2026

«El autobús de la pesadilla», de Najwan Darwish

Traducción de Alí Calderón




Los vi rellenar bolsas de plástico con los cuerpos de mis tías
En las esquinas de las bolsas se anega su sangre aún caliente
(Pero no tengo ninguna tía)
Supe que asesinaron a Natasha mi hija de tres años
(Pero no tengo ninguna hija)
Me dijeron que violaron a mi esposa que arrastraron su cuerpo 
            por las ​​escaleras
que la tiraron a la calle
(Pero ni siquiera estoy casado)
De hecho esos son mis anteojos​​ 
esos que fueron aplastados por sus botas
(Pero jamás he usado anteojos)
 
Me quedé a dormir donde mis padres y tuve un sueño sobre una casa
Al despertar miré a mis hermanos
suspendidos en la horca​​ 
del techo de la Iglesia de la Resurrección
El Señor dijo inmisericorde: este es mi propio sufrimiento
Junté el orgullo que les quedaba a los ahorcados  ​​ 
respondí: en mi opinión es el nuestro
 
El dolor alumbra todo y yo lo amo más que a mis peores sueños
 
No voy a huir al norte
Señor
no me cuentes entre los refugiados
 
En breve continuaremos este informe
 
Debo dormir ahora
no sea que pierda el autobús de pesadilla​​ 
que se dirige a Sabra y a Shitila




en Cuando la nieve mata a las flores del narciso, 2008















miércoles, enero 28, 2026

«Caminando como un petirrojo», de Bernadette Mayer

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




da 3 o 4 pasos luego se detiene 
mira huele saborea toca & escucha 
¿hay algo para comer? 
oh mira, hay algo de caviar ahí
debe ser mi cumpleaños, gracias 
debo estar muy vieja, como de setenta 
supongo que me estoy desarmando, sólo 
tendré que volver a coser mis partes pero ¿durará? 
por favor lleva un trozo de mí de vuelta a casa, cada trozo 
es contrario a la guerra así es que no pagues el arriendo, de hecho 
recuerda: la propiedad es un robo, dale todo lo tuyo
a todo el mundo, otros pájaros caminan también así



en Works and Days, 2016












Walking Like a Robin

take 3 or 4 steps then stop / look smell taste touch & hear /  is there anything to eat? / oh look, there's some caviar /  it must be my birthday, thanks / i must be very old, like seventy / i guess i'm falling apart, i'll just / sew myself back together but will it last? / please take a piece of me back home, each piece / is anti-war and don't pay your rent, in fact / remember: property is robbery, give everybody / everything, other birds walk this way too











martes, enero 27, 2026

«Cóndor. Obra en cinco actos», de Raúl Ignacio Valenzuela

Cuatro fragmentos




          I

Hubo aquí un jardín. Brotaban del suelo toda clase de árboles. De aquí salió un manantial que regaba el jardín y que se repartía en cuatro brazos. Nuestros cuerpos no eran trashumantes: eran la cordillera y todavía la habitaban las palabras.

Cada animal del campo y las aves del cielo tenían un nombre y nosotras las llamábamos y guardábamos. Tenía nombre el ganado, tenían nombres los peces, tenían nombres las aves y todo animal que repta sobre la tierra.

Toda hierba y su semilla, todo árbol y su fruto de semilla.

Todo era tocado por nuestras bocas. Todo servía de alimento.




          II

A qué llama silencio.
Silencio hay en las alas del cóndor y se puede oír el paso del viento.


Seguía las caravanas que avanzan desde las altas tierras.
Pero no era silencio el que cargaban las caravanas.
No era silencio el de la puna bajo nuestro calcañar.
No era silencio el de los quebrantos.
No es silencio el lugar en el que nos perdimos.




          III

Las cabras nos han apacentado.
Nos guían por las quebradas.


Nacimos extrañas acá.


Trozos de cosas rotas. Nos subieron a sus máquinas. A nuestros hijos los subieron a sus máquinas.


Las cabras comen los pastos secos.


Nuestros rastrojos subidos con nosotras en sus máquinas sin saber distinguirnos de nuestros restos. No sabíamos dónde estábamos. Era de noche y no sabíamos. Alguna tenía que averiguar qué lugar era y caminamos en la noche. Las cabras nos apacentaron en sus entrañas. Por eso fuimos las que caminamos en la noche. Porque las cabras comen hasta los pastos secos. Porque conocemos estos precipicios como ellas nos eligieron a las tres.
Y caminamos en medio de la noche sabiendo de memoria estos vacíos.

Alguien tiene que averiguar en qué lugar estamos.


Fuimos nosotras las que caminamos en la nada.




          IV

Hubo aquí un jardín.
Ahí donde el silencio se encarna
como dicen que hace el desierto
cuando nadie ve.


Y nuestros cuerpos no eran trashumantes:
eran la cordillera y todavía la habitaban las palabras.


Hubo aquí un bosque.
Donde usted siente desierto y frío,
había leña, luz y fuego para las noches.




Publicado por LOM Ediciones, 2024





























lunes, enero 26, 2026

«Defensa de la metáfora», de Luis Rogelio Nogueras





El revés de la muerte (no la vida)
el que clama por agua (no el sediento)
el sustento vital (no el alimento)
la huella del puñal (nunca la herida)
Muchacha antidesnuda (no vestida)
el pórtico del beso (no el aliento)
el que llega después (jamás el lento)
la vuelta del adiós (no la partida)
La ausencia del recuerdo (no el olvido)
lo que puede ocurrir (jamás la suerte)
la sombra del silencio (nunca el ruido)
Donde acaba el más débil (no el más fuerte)
el que sueña que sueña (no el dormido)
el revés de la vida (no la muerte)



en Imitación de la vida, 1981
















Contribución indirecta a DscnTxt de Daniel Freidemberg




















domingo, enero 25, 2026

«Los indios juncos», de Melissa Castillo Villarroel

Tres poemas





Alcances


Cruzar las piernas
los caminos
viajo a tantos kilómetros por hora
esconderse en el patio
enfermarse hasta compadecer
ante el pulgar de una herramienta
estar con dudas
de si el amor es todo lo que los pobres tienen
navegando me daría cuenta
si es una loma de isla o de animal
rogaría hospitalidad
siendo cortés como mamá
no irascible como mamá
la compañía es intensa
solitaria el resto de sus vidas
por acá los niños dicen estar de paso
la salud intachable se la debo a las sombras de las nalcas
si pudiese ser ellas
crecería en las laderas de los ríos
al pie del volcán.







Diario


Rara vez se perciben los milagros
me abruma todo ese encanto
                                     esa gracia
recolectar algas a la orilla del río
mientras al otro lado se devoran
                                cuidadosamente
                                dan inicio al culto
anotó
arbusto
llamado Huillipeta
todos los vegetales observados
entre Carelmapu y Maullín
alcanzan el número de 145
los animales son 3
9 las aves
en tanto los bravos juncos
aún no logran ser
domesticados.







Piensa la navajuela


Hay mañanas
en que amaneces pegado
al núcleo de la Tierra
y no hay nada que te levante.




Publicado por Editorial Aparte, 2021
























sábado, enero 24, 2026

«Sol de primavera», de Chu Hsi

Versión de Carlos Manzano de la traducción de Kenneth Rexroth




El día de la Comida Fría, salgo 
A aspirar el perfume de las 
Flores, junto a la ribera del río.
Contento y relajado, dejo
Que el suave viento del Este me bañe 
La cara. Por todas partes, la 
Primavera resplandece con diez mil
Tonos de azul y diez mil de rojo.



en Cien poemas chinos, 1966




Pintura original: Antiguas flores chinas, de Yun Shou Ping

















viernes, enero 23, 2026

«Una voz desde el huerto de los olivos», de Mahmoud Darwish

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Desde el huerto de los olivos 
vino el eco –
mientras yo ardía crucificado.

No me despedacen, les digo a los cuervos, 
quizás regrese a mi hogar 
y acaso deje el cielo que llueva, 
quizás 
sofoque esta madera voraz.

Un día bajaré de mi cruz 
quién sabe… 
cómo volveré: ¿acaso descalzo y desnudo?




en The Music of Human Flesh, 1980



Fotografía original de Gil Cohen Magen-Pool



















jueves, enero 22, 2026

«Decreación», de Anne Carson

Traducción de Juan Carlos Villavicencio






Él se vació de su divinidad. Debemos nosotros vaciarnos de
la falsa divinidad con la que hemos nacido.
          Una vez que se ha entendido que no se es nada, el ob-
jetivo de todos nuestros esfuerzos es convertirse en nada.
Con este propósito se consiente el sufrimiento, con este fin
se actúa, con este fin se reza.
          Dios mío, concédeme que me convierta en nada.
          A medida que me convierto en nada, Dios se ama a
través de mí.



2005



 

en Antología de mística femenina, 2023

Edición a cargo de Jimena Castro y Sergi Sancho Fibla





Pueden comprar el libro en las mejores librerías
en Chile y Argentina, al menos, gracias a BigSur













miércoles, enero 21, 2026

«Sobre la forma del pasto en los jardines», de Víctor López Zumelzu



 


Las palabras me dijeron al oído escríbenos & yo las fui escribiendo, fueron creciendo de a poco como hierba en la hoja, sin forma, sin control. Eran delicados copos de nieve en mis manos. «Este es mi cuarto, esta es mi cama, este es mi mundo», parecían decir. Yo te extrañaba. Aun así era feliz mirándolas, observando cómo empezaban a relacionarse, a encontrar conexiones. A veces sueño cosas raras que nadie más sueña, por ejemplo con Robert Walser en una película que no existe, basada no en su vida sino en su muerte, con nieve artificial cayendo en medio de un bosque & nosotros que la miramos también nos congelamos, nos hacemos un témpano. Otras veces sueño con cuántas palabras existirán para designar el frío, la nieve, la escarcha. El aire frío pasa a través de nosotros, aun así yo describo la velocidad, los sonidos filosos que se albergan en un lugar bajo la lengua & entre los dientes, las estaciones que queman. Estamos esperando que suene el teléfono, estamos esperando, sólo esperando. El mundo ha sido destruido una & mil veces pero aun así después de que yo también muera, esta melodía va a seguir. Pero ¿qué es lo que quieren decir estas palabras? ¿Quién duerme esta mañana al lado mío? ¿Será éste el verdadero color del campo, el pasto, el cielo?



en Erosión, Alquimia Ediciones, 2014


















domingo, enero 18, 2026

«Crueldad», de Daniel Matamala





 
Después del fallo que lo absolvió, Claudio Crespo publicó un meme en sus redes sociales. En él aparece haciendo el signo de la victoria, sonriente, frente a una lápida con una foto de Gustavo Gatica, ciego tras el disparo de su escopeta. «Q.E.P.D. octubrismo» es el texto.

¿De cuánta crueldad somos capaces? ¿Cuánta podemos fomentar, aplaudir, celebrar?

El fallo que Crespo festejaba confirmó judicialmente que fue él quien disparó y dejó ciego a Gustavo Gatica. Pero ni siquiera en ese momento Gustavo Gatica fue capaz de algún gesto de empatía. De un mínimo de humanidad.

Imagine por un minuto, estimado lector, que usted, por una negligencia, por un accidente desafortunado o una mala decisión, provoca un daño así de espantoso a otra persona. ¿No sentiría un pesado remordimiento sobre sus hombros? ¿No trataría, dentro de lo posible, de hacer algún gesto de reparación? ¿De, al menos, empatizar con el dolor del otro ser humano?

Crespo, en cambio, habló de «victoria» y la celebró con un meme burlándose de su víctima. En los mismos días en que cegó a Gatica, Crespo dejó huellas de su comportamiento agresivo y poco profesional durante las protestas. Cuando las lesiones oculares se multiplicaban, Crespo amenazó a un detenido: «¡Cagaste, flaco, cagaste. Te vamos a sacar los ojos, culiao».

A otro detenido le cortó un mechón de pelo, cuya foto luego envió, como un botín de guerra, al grupo de WhatsApp «La tijera». Se le ve incitando a una violencia indiscriminada: agarra violentamente del cuello a un joven que no oponía resistencia, sentencia que «hay que matar a todos estos culiaos», instruye a un carabinero a apuntar las lacrimógenas directamente al cuerpo de personas que lanzaban piedras. Ordena a otro que cruce hacia un quiosco y «agarre a palos a los culiaos que pasen».

En otro momento, un carabinero le advierte que una persona se está quemando. La respuesta de Crespo hiela la sangre: «Que se queme el culiao, que se queme». Luego reconviene al subalterno diciendo que no debe comunicar esos hechos por radio.

«No me arrepiento de nada» y «me importa un comino», fue su respuesta al salir a la luz esos videos.

Pese a todo, Crespo fue levantado como un héroe por algunos sectores políticos. No sólo se trató de contextualizar los hechos, o de discutir los límites de la acción policial ante una persona, como Gatica, que estaba tirando piedras. Fueron mucho más allá. 

Su crueldad fue festejada como un ejemplo a imitar por una barra brava que incluye a parlamentarios y al excandidato presidencial Johannes Kaiser, quien lo homenajeó en el acto de cierre de su campaña y prometió indultarlo si era condenado.

Pero Crespo no era un buen policía. De hecho, Carabineros lo sacó de sus filas por incumplir sus normas. No es un buen policía aquel que abusa de su poder e intenta no restablecer el orden ni hacer cumplir la ley, sino hacer daño a otras personas.

Por cierto, miles de carabineros estuvieron en esos días bajo una presión enorme, soportando violentas agresiones en su contra. Hubo problemas de armamento, de suministro y de reglamentos. Pero no todos fueron Crespo. No todos dispararon a la cara, sabiendo el espantoso daño que esos disparos estaban provocando. No todos dieron instrucciones de apalear y dañar. La mejor evidencia es el contraste entre el carabinero que advierte de una persona quemándose y la reprimenda de Crespo hacia ese subordinado que estaba mostrando una falla imperdonable: un poco de humanidad hacia una persona en peligro.

El festejo de esa crueldad hoy se extiende sobre nuestras sociedades. Líderes mundiales exhiben su impiedad como una demostración de poder. Trafican salvajismo como si fuera fuerza, confunden sadismo con autoridad, reemplazan los principios con atrocidad.

Este discurso público no es inocuo. Es una mancha que envenena la sociedad, deshumanizando al que es percibido como el otro, el ajeno, el enemigo.

Hace una semana, un oficial de la guardia migratoria, convertida en una milicia paramilitar trumpista, asesinó a Renee Good. Era un crimen complejo políticamente, porque a primera vista la víctima no era una de «los otros»: no era inmigrante, latina ni negra. Era una ciudadana estadounidense, mujer blanca y madre de tres hijos.

Inmediatamente el gobierno de Trump culpó a la víctima, acusándola de ser una «terrorista doméstica». El vicepresidente JD Vance dijo que el crimen «es culpa de esta mujer y de todos los radicales».

La prensa oficialista se aseguró de encabezar cada información enfatizando que la mujer era lesbiana, y los agentes federales recibieron la orden de investigar a su pareja en busca de algún trapo sucio (varios investigadores han renunciado en protesta).

El New York Post llevó la foto de la víctima en portada con el título: «Guerrera de la izquierda». La página dedicada al tirador, en cambio, se titula «Hombre de familia». Incluye una gran foto del agente con su esposa, y lo describe como «un cristiano comprometido, partidario de Trump, veterano de guerra y un tremendo padre y marido».

Lo importante no son los hechos. Mucho menos la empatía humana con una persona. Lo urgente es establecer que la víctima, pese a ser blanca y estadounidense, es una de «los otros»: lesbiana, woke, izquierdista, por lo tanto ¡terrorista! Mientras, el victimario es «de los nuestros»: heterosexual, trumpista, cristiano, veterano: ¡hombre de familia!

Renee Good también tenía familia: una pareja y tres hijos que ahora son huérfanos. Pero no califica para un titular que la presente como «mujer de familia».

La deshumanización del otro es un arma política. La crueldad es una fortaleza para encerrarse en las propias certezas: no admite dudas, no acepta vacilaciones, no tiene resquicios.

Frente a tanta crueldad, la actitud de Gustavo Gatica da esperanza. «Yo no estoy satisfecho con el resultado, sin embargo, hay algo que tranquiliza mi corazón (...) No quería morirme en unas décadas más sin saber quién fue la persona que me disparó. Hoy eso me tranquiliza muchísimo».
Al valorar que al menos se sepa la verdad, la de Gatica es una reacción que reconforta. No hay odio ni afán de venganza. Es, simplemente, la respuesta esperanzada de un ser humano frente a tanta, tanta crueldad.




en La Tercera, 17 de enero, 2026