domingo, septiembre 13, 2026

«Cortezas / Abedules / Letrero / Tienda», de Georges Didi-Huberman

Traducción de Mariel Manrique y Hernán Marturet




Coloqué tres pedacitos de corteza sobre una hoja de papel. Miré. Miré pensando que mirar me ayudaría, tal vez, a leer alguna cosa que jamás fue escrita. Miré los tres pequeños jirones de corteza como las tres letras de una escritura anterior a todo alfabeto. O, quizá, como el inicio de una carta a escribir, pero ¿a quién? Me doy cuenta de que los he dispuesto espontáneamente sobre el papel en blanco en el mismo sentido de mi lengua escrita: cada «letra» comienza a la izquierda, allí donde hundí mis uñas en el tronco del árbol para arrancarle la corteza. Luego se despliega hacia la derecha, como un flujo desdichado, un camino roto: ese despliegue estriado, ese tejido de la corteza que se desgarra demasiado pronto.

Allí están los tres jirones arrancados a un árbol, hace algunas semanas, en Polonia. Tres jirones de tiempo. Mi propio tiempo en sus jirones: un fragmento de memoria, esta cosa no escrita que intento leer; un fragmento de presente, allí, bajo mis ojos, sobre la página en blanco; un fragmento de deseo, la carta a escribir, pero ¿a quién?

Tres jirones cuya superficie es gris, casi blanca. Ya añosa. Característica del abedul. Se deshilacha en volutas, como los restos de un libro quemado. Del otro lado, es todavía —a la hora en la que escribo— rosa como una carne. Se adhería tan bien al tronco. Ha resistido el mordisco de mis uñas. También a los árboles les Importa su piel. Imagino que, cuando pase el tiempo, estos tres jirones de corteza serán grises, casi blancos, de ambos lados. ¿Los conservaré, los ordenaré, los olvidaré? Y si así fuera, ¿en qué sobre de mi correspondencia? ¿En qué estante de mi biblioteca? ¿Qué pensará mi hijo cuando tropiece, y yo ya esté muerto, con estos residuos?

·   ·   ·

Abedules de Birkenau: son los propios árboles —«abedules» se dice Birken, «bosque de abedules», Birkenwald— los que han dado su nombre al lugar que los jerarcas del campo de Auschwltz quisieron —lo sabemos— consagrar específicamente al exterminio de las poblaciones judías de Europa. En la palabra Birkenau, la terminación au designa exactamente la pradera donde crecen los abedules. Es pues una palabra para el lugar, en cuanto tal, Pero sería también, hoy, una palabra para el dolor en sí mismo, como me lo hizo notar un amigo con quien hablaba de estas cosas: la exclamación au!, en alemán, corresponde a la marca más espontánea del sufrimiento, como aïe! en francés o ¡ay! en español. Música profunda y a menudo terrible de las palabras abrumadoramente investidas de nuestras obsesiones. Se dice, en polaco, Brzezinka.

Los abedules son los árboles típicos de las tierras pobres, desoladas o de silicio. Se los denomina «plantas pioneras» porque habitualmente constituyen la primera formación arbórea mediante la que un bosque comienza a ganar terreno sobre la landa salvaje. Son árboles muy románticos, a la sombra de los cuales se desarrollan, en la literatura rusa, por ejemplo, innumerables historias de amor, innumerables elegías poéticas. A la sombra de los abedules de Birkenau —los mismos que he fotografiado, ya que el abedul, que no vive más de treinta años en los países templados, resiste aquí, en la tierra polaca, hasta cien años y más— tuvo lugar el estruendo de miles de dramas que testimonian solo algunos manuscritos borrados a medias, sepultados en la ceniza por los miembros del Sonderkommando, esos prisioneros judíos encargados de la manipulación de los cadáveres y destinados, ellos mismos, a la muerte.

Caminé entre los abedules de Birkenau durante un bello día de junio. El cielo estaba plomizo. Hacía calor, la naturaleza florecía a pleno: inocente, bulliciosa, obstinada en su trabajo de vida. Enjambres que se alborotaban en torno a los árboles. El nombre del abedul, en varias lenguas eslavas, está asociado a la renovación primaveral, evoca la savia que comienza a circular nuevamente en los árboles. En Rusia se festeja, a principios del mes de junio, la «semana verde» que celebra la fecundidad del abedul, el árbol nacional. El abedul es, también, el primer árbol del calendario celta: simboliza, se dice, la sabiduría. 

¿Qué consecuencia de esa luz para mi ojo que buscaba? ¿Qué consecuencia para mi ojo que, sin buscar más, miró fijamente el suelo o se alzó hacia la lejana copa de los árboles?

·   ·   ·

En la Antigüedad, y luego en la Edad Media, la corteza de los abedules fue utilizada como soporte de escrituras y figuras. Una plancha de madera pintada de blanco y con la estampa de una calavera recibe al visitante de este lugar donde dominan el bosque, el ladrillo, el cemento, el alambre de púas. Desde 1945 —desde que este aviso ya no significa nada en lo inmediato—, la pintura blanca y negra se ha descascarado, como la corteza de un abedul. Pero es bien legible todavía y es legible, con ella, el tiempo que la ha vencido. Algunos clavos originales desaparecieron y han debido ajustar el letrero, recientemente, con un moderno tornillo cruciforme.

Llegué al complejo de Auschwitz-Birkenau un domingo por la mañana, muy temprano, a una hora donde el ingreso es todavía libre —qué extraño adjetivo, si uno lo piensa, pero es el adjetivo que otorga sentido a nuestra vida de cada instante, un adjetivo del que habría que saber desconfiar cuando se lee en letras demasiado evidentes, por ejemplo en el hierro forjado del famoso portal Arbeit macht frei—, más precisamente a una hora donde todavía no es obligatorio hacer la visita bajo la autoridad de un guía. Los molinetes metálicos, exactamente iguales a los del metro, aún estaban abiertos. Los cientos de auriculares, todavía colgados en su exhibidor. El pasillo «discapacitados», cerrado todavía. Los letreros nacionales —Polski, Deutsch, Slovensky...— todavía guardados en su estantería. La sala de Kino, aún vacía.

Aquí y allá, otros carteles: la pequeña flecha verde sobre la pared a continuación del molinete, flecha como la conminación a no desviarse del sentido obligatorio, verde como la hoja de los abedules o como una indicación de que el camino está «libre». Carteles para administrar el tráfico humano, como hay realmente, realmente en todas partes. Leo todavía la palabra Vorsicht! («¡Atención!») tachada por un relámpago rojo y seguida de las palabras Hochspannung-Lebensgefahr, es decir, «Alta tensión» y «Peligro de vida» (con las que se quiere Indicar, por cierto, el peligro de la muerte). Pero hoy me parece que esa palabra Vorsicht resuena de un modo muy distinto: más bien como una invitación a conducir la vista (Sicht) hacia un «delante» (vor) del espacio, un «antes» (vor) del tiempo, esto es, una causa de aquello que uno ve (como en la expresión vor Hunger sterben, «morir de hambre»). Esta causa o «cosa originaria» (Ursache) cuya eficacia respecto de la «cosa» de los campos no termina de desentrañarse. 

Otros carteles aparecen aún aquí y allá: estelas funerarias, tal como se las denomina, en las que textos escritos en blanco —en las tres lenguas, polaca, inglesa y hebrea— se destacan sobre un fondo negro. O bien, más prosaicas, las señalizaciones tan familiares de las «conductas prohibidas»: guarde silencio; no circule en traje de baño; no fume; no coma, no beba (la imagen muestra, tachada por un trazo rojo, una hamburguesa junto a un gran vaso de Coca); no utilice su teléfono celular; apague su radio portátil; no ingrese con bolsos a este campo, no circule con carritos de bebé; no utilice el flash fotográfico o su cámara en el interior de los pabellones; deje su perro en la entrada.

·   ·   ·

Esta barraca del campo de Auschwitz ha sido convertida en un stand comercial: vende guías, casetes, libros de testimonios, obras pedagógicas sobre el sistema concentracionario nazi. Vende inclusive un cómic muy vulgar que parece contar los amores de una prisionera y un guardián del campo. Es, por lo tanto, un poco pronto para Ilusionarse por completo. Auschwitz como Lager, ese lugar de barbarie, ha sido transformado, sin duda, en lugar de cultura, Auschwitz como «museo de Estado», y tanto mejor así. La cuestión es saber de qué tipo de cultura devino, este lugar de barbarie, el sitio ejemplar.

Parece que no hubiera medida común alguna entre la lucha por la vida, por la supervivencia, en el contexto de un «lugar de barbarie», como lo fue Auschwitz en cuanto campo, y un debate sobre las formas culturales de la supervivencia, en el contexto de un «lugar de cultura», como Auschwitz es hoy en cuanto museo de Estado. Sin embargo, hay ciertamente una medida común. El lugar de barbarie hecho posible —porque fue pensado, organizado, sostenido por la energía psíquica y espiritual de todos aquellos que trabajaron allí para negar la vida de millones de personas— por una cierta cultura: una cultura antropológica y filosófica (la raza, por ejemplo), una cultura política (el nacionalismo, por ejemplo), e incluso una cultura estética (lo que condujo a decir, por ejemplo, que un arte podía ser «ario» y otro, «degenerado»). La cultura no es la cereza del pastel de la historia: es todavía y en todo caso un lugar de conflictos donde la historia misma cobra forma y visibilidad en el corazón mismo de las decisiones y los actos, no importa cuán «bárbaros» o «primitivos» sean.




en Cortezas, 2011



Publicado por shangril aediciones, 2014

























sábado, septiembre 12, 2026

«Ratas de los graneros imperiales», de Cáo Yè

Traducción de Sebastián Vargas




En los graneros imperiales las ratas son grandes como gatos,
ven que la gente abre la puerta y ellas no se esconden.
Los soldados no tienen comida, la gente común pasa hambre,
¿quién les permite a ellas comer como reyes cada santo día?

















3 de mayo, 2023

viernes, septiembre 11, 2026

«Alguien habla», de Soledad Fariña




 
Alguien habla
y la voz se desplaza
mira       observa la oscuridad —la luz—
de las palabras pronunciadas
en el tiempo
Y qué son las palabras ahora,
una entonación oscura       amarga       dulce
como los rostros que pasan bajo el balcón

Ellos cantan       aplauden       Yo sonrío
atesoro en mi mano       la soledad
contenida en el aire (¡ah! mantener el poder
                     como brasa en la mano y soplar las cenizas
                     a la frente del otro)
Yo       que hoy vago conversando       conmigo
y con quienes encuentro en esta tierra
de ánimas que vuelven a pagar su culpa
—a decir lo no dicho—

Nosotros       espíritus errantes
en este cuenco oscuro       en esta ánfora gris
que nos contiene a todos,       tal vez sea Comala
tal vez sólo mi oído 



en Siempre volvemos a Comala, USACH, 2023







































jueves, septiembre 10, 2026

«El poema nuevo», de Charles Wright

Traducción de Miguel Ángel Zapata





No se parecerá al mar.
No tendrá tierra en sus manos espesas.
No será parte del clima.

No revelará su nombre.
No tendrá sueños con los que puedas contar.
No será fotogénico.

No acompañará nuestra tristeza.
No consolará a nuestros hijos.
No será capaz de ayudarnos.



en Hard Freight, 1973





















miércoles, septiembre 09, 2026

«Las madres organizan sus dolores de noche», de Maya Abu Al-Hayyat

Traducción de Juan Carlos Villavicencio


Dolor en las articulaciones, niveles altos de azúcar,
enfermedades reumáticas,
un niño que faltó a la escuela por un resfrío:
las madres se sienten tristes por razones misteriosas,
como por la tristeza de otras madres
que se paran en las calles
sosteniendo fotografías de los rostros
bien cuidados de sus hijos
con patillas y bigotes,
esperando que las cámaras los plasmen
como a sus manos agrietadas también.
Madres que sostienen las vigas del hogar,
que abren las ventanas,
que ventilan las alfombras en sus tejados,
que expulsan las polillas del corazón
de los colchones abandonados
en caso de que llegue alguien de visita.
Las madres, que no estipulan
condición alguna para el regreso,
organizan sus dolores de noche
y lavan el cabello de sus hijas con aceite,
mientras que en la cama no dejan de dar vueltas.
Y cuando se quedan dormidas
roncan
y le dan un nombre y una voz a cada hogar.


















martes, septiembre 08, 2026

«Exilio», de Iván Carvajal



(1948-2026)

 
Sangres y huesos yacen
Sin túmulos funerarios

Los muertos no enterrerán a sus muertos

Al anochecer
Las agujas de los cipreses
Enfiladas lanzas contra el campo abierto

Los muertos huirán de los vivos

En casa el baúl listo para el destierro
Y pan para el camino

Los vivos huirán de los muertos

Adonde van estos caminos
Dónde se hospedan los viajeros
En noches de luna llena
En noches de tempestad
Con quién toman su vino
Por los puertos del mar dónde se van

Los vivos no tienen tiempo
Para enterrar a los muertos.



en Poemas de un mal tiempo para la lírica, 1980













lunes, septiembre 07, 2026

«Lejos de mí decirles compañeros», de Mario Montalbetti

[55 versos]


Mario Montalbetti / Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2026

 
compañeros nuestros versos están demasiado pesados demasiado cargados de castellano

demasiado escritos en una lengua muerta el castellano es una lengua muerta

la unidad del idioma la unidad del idioma no tiene la menor importancia compañeros les propongo el idioma no tiene unidad

compañeros de generación nuestros versos podrían estar escritos en una lengua más conjetural están demasiado cargados de castellano de unidad como si fuéramos uno no somos uno está muerto

somos tres cinco con el mundo ¿por qué no seis nueve con la lengua?

compañeros esto no es una ribera del ebrio

esto es una ladera o un arenal o un robo a mano armada esto es un robo a mano armada

¿por qué queremos aparecer como ciudadanos presentables? con nuestros papeles libros bajo el brazo con nuestras sonrisas maletines

algo como un biombo parte en dos nuestras vidas una parte continúa hasta el final del muelle la otra se vuelve naturaleza muerta con papayas mangos tilapia y reloj

vamos a las playas …y así fue como entré a la burguesía

¿por qué es que justo antes de llegar vemos huertas de hortalizas flotando en la niebla?

puestos de chicharrones a ambos lados de la vía anuncios de una fiesta de hace dos semanas

compañeros de generación seamos menos comprensibles menos tolerantes seamos menos

los habitantes salen al camino los peces se ocultan

yo personalmente no me importa la tolerancia porque hace que todo se parezca a todo se vuelva indistinto sacamos una navaja de bolsillo

sacamos una navaja de bolsillo extraemos los clips que unen los cuadernillos extendemos las hojas en blanco para ampliar la superficie hacemos marcas hacemos marcas ¿y?

compañeros lejos de mí decirles qué hacer pero he visto a banqueros hacer lo mismo

nos enfrentamos a una historia elaborada asociando formas visibles susceptibles al sentido una a otra

¿no se nos ocurre algo mejor que contribuir con más imágenes? es posible que hayamos sido seducidos a masturbar al fantasma

¿para qué queremos ser plásticos? mejor la línea recta

¿dónde están las trochas? escribimos sobre vías asfaltadas no me hagan citar

hablar no es solo hablar compañeros hablar es hablar siguiendo ciertos protocolos de inteligibilidad los protocolos no son nuestros nos gusta someternos ¿queremos seguir haciéndolo?

compañeros de generación abandonemos todo eso el que tiene oreja que escriba

el que tiene huachafería que es criba

si no hablamos la misma lengua busquemos otras complicidades no hablamos la misma lengua busquemos otras complicidades

eso fue un modus ponens compañeros pero lejos de mí decirles compañeros

cuerpos cuyas partes recubiertos de grasas duras bronces estirados marcan el no paso del tiempo alrededor de sus ombligos amamos sin querer un hallazgo lejos de mí decirles

compañeros de generación amamos sin querer

¿no es sugerente el enorme esfuerzo que ponen en despedirnos? cada vez que nos invitan a algo algo se convierte en nuestra despedida

un crustáceo recorre dasso en menos tiempo y es menos estúpido pero nos siguen invitando despidiendo

compañeros una palabra a la que no le brote xantomas así creen que quisimos decir fantomas pero decimos xantomas

un objeto neutral que no se combe que no se venza

transparente si visto denso si oído incapaz si palpado inestable si frecuente

hese aquí la oscuridad es una reserva privada rasgada por un cuerno de rex vocabularius rex

o sintaxis rex

no hablamos su lengua no hablemos su lengua describamos los pasteles de crema y fruta con severidad y pesimismo

compañeros de generación primero las malas noticias seguimos en algunas listas

sarcasmos aparte esto es lo que hallo enteramente posible des engancharnos de la unidad de la lengua para hacer nuestro trabajo

economía política estética no lengua no castellano aquí no se habla español no unidad

compañeros es enteramente posible pero dejemos de imaginar cosas el que dijo la imaginación al poder es un fino

el que dijo el trabajo dignifica al hombre es un fino

ya no me siento espiado por el tiempo

que no sea decir así son las cosas resultado el capitalismo es tolerancia infinita

ahora las buenas noticias son dos las buenas noticias la primera hay un cortocircuito que está a nuestra disposición pero supone manchar las páginas de tinta y eso es difícil en nuestro mundo electrónico y la segunda es que estamos en las listas pero no están grabando no nos escuchan no nos oyen no llegamos a casi nada

deje su mensaje después de la señal todavía hablan como si los mensajes todavía fueran todavía señales

compañeros si me pasan la a la b la c la ch y así hasta la x y z y luego les pregunto qué dice más fuerte no se oye qué dice bueno por lo pronto eso nos permitiría tomar la academia peruana de la lengua

una sola lengua que no entendemos que no practicamos que no queremos ¿por qué?

castellano total lengua total en el centro de una pira espero que digan de nosotros se fueron de lengua

eso quiero en mi lápida «se fue de lengua» se liberó se escapó del tesoro

del rey al buey todo el mundo hace lo que le dicen

otro frente impopular un frente frío entendido con una frente fría eso hace que no sepamos si un verso está ahí por necesidad estética o conceptual

ese es el dilema del sastre queremos justificar lo que hacemos hay dos formas le contamos una historia a la lengua o le contamos una historia a nuestros amigos

pero en cualquier caso nos sometemos y no veo por qué debemos hacerlo

compañeros ya no sé qué más decirles

bueno tal vez si agrupamos todo en grupos de a cinco




en 8 Cuartetas en Contra del Caballo de Paso Peruano
Descontexto Editores, 2026










Nota de lectura de JCV:

Lejos de mí decirles Compañeros

demasiado cargados de castellano: castellano y no español al inicio de un discurso político sobre la lengua, el habla, contra las normas a las que les gustaría a los compañeros poetas someterse.

es posible que hayamos sido seducidos a masturbar al fantasma: un fantasma que ahora no sólo recorre Europa, citando el inicio del Manifiesto del Partido Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels, publicado en 1848.

tener huachafería: comportarse de manera cursi o afectada para aparentar pertenecer a una clase social o cultural más alta de la que en realidad se tiene.

dasso: la calle Miguel Dasso en San Isidro, Lima, es famosa por ser un lugar de cafés, bancos y moda.

fantomas: reitero lo escrito en mi ensayo sobre Juan Luis Martínez: «personaje literario, Fantomas nace en 1911 por encargo, a manos del dueto Allain-Souvestre. Es un personaje maligno, un asesino que no vacila y que no siente culpa. Sin que los autores lo hayan descrito, Gino Starace lo dibujó en lo que sería su imagen definitiva: un hombre de sombrero de copa y vestido de frac, cubierta la cara con un antifaz, sostiene un puñal ensangrentado en su mano derecha».

hese: vendría del latín ecce, «¡Mira!», luego «He aquí».

rex vocabularius rex o sintaxis rex: el lenguaje como rey, tanto en su contenido como en su forma.



















domingo, septiembre 06, 2026

«Interludio», de Cecília Meireles

Traducción de Juan Carlos Villavicencio


 

Las palabras se han dicho demasiado 
y el mundo se ha pensado demasiado.
Me quedo a tu lado.

No me digas que no hay pasado
ni futuro.
Deja el presente — un muro claro
sin nada escrito.

Deja el presente. No hables,
no me expliques el presente,
porque todo es demasiado.

En aguas de la eternidad,
se hunde el cometa 
de mis males, a la deriva.

Me quedo a tu lado.



en Viagem, 1939













Interlúdio

As palavras estão muito ditas / e o mundo muito pensado. / Fico ao teu lado. // Não me digas que há futuro / nem passado. / Deixa o presente — claro muro / sem coisas escritas. // Deixa o presente. Não fales, / Não me expliques o presente, / pois é tudo demasiado. // Em águas de eternamente, / o cometa dos meus males / afunda, desarvorado. // Fico ao teu lado.














sábado, septiembre 05, 2026

«Todo lo que cae no es otra cosa…», de Shei-an Liao Yen

Versión de Juan Carlos Villavicencio



 
Todo lo que cae no es otra cosa que
todo lo que es, no tierra…
En montañas, ríos, en la gran y extensa tierra… 
en el rocío, se manifiesta:
el Cuerpo de Buda.


















viernes, septiembre 04, 2026

«El perro», de Eduardo Lizalde




 
Este es un perro.
Una criatura que se ignora.
No sabe
que pertenece a una clase
-de cosa o bestia-, ignora
que la palabra perro
no lo designa a él en especial:
           cree que se llama perro,
           cree que se llama hombre,
           cree que se llama 'ven',
           cree que se llama 'muerde'.















jueves, septiembre 03, 2026

«Clase de dibujo», de Saleem Al Naffar

Versión de Juan Carlos Villavicencio




¿Si nos detuviéramos
se detendría también lo interminable?
Vociferando desde el fuego,
grito en la oscuridad.
¿Me escucharon?
¿Respondiste?

Los niños mojaron su pan en mis lágrimas
mientras luchábamos contra las cadenas del tiempo
dibujadas para arrastrar la guerra a la belleza.
Un niño me dijo
«Se llevaron a mi padre… ¿puedes verlos?».
Miré, pero no pude ver nada.

Pero estoy cansado
de ver
de viajar
de días ansiosos.
Madre, estoy cansado.
Delirantes nuestras alegrías: delirantes nuestra pena
y el viaje que muerde y muerde y muerde …

Cuando nos detenemos
la vida se convierte en memoria;
cuando dormimos,
con tiempo para hablar 
con nosotros mismos.

En la clase de dibujo
el tiempo está trazado en los contornos de nuestra patria
y en los cuentos de caballeros que marcan el tiempo con sus almas.
Nuestro profesor nos cuenta la historia
y colorea nuestras mentes.
Puso la pregunta en un lugar del corazón:
¿Qué pasó con nuestros profesores?
Hicieron que mi profesor faltara a clases.
Ni dibujos, ni historias, ni sueños bonitos.
Cansado del viaje y las preguntas
y de una vida de dolor,
deambulo apenas.
¿Quién verá mis huellas?
Rechazados por el amor, agotados por la ira,
se pararon sobre las nubes y tomaron
las estrellas del cielo y cambiaron
el ritmo del tiempo.

Si nos detenemos,
¿el tiempo seguirá caminando?
Nunca pensé que llevaríamos a los jóvenes a las olas


¿Qué nos pasa?
¿Debemos aprender de los ausentes?
¿Acaso la naturaleza no protege a la vida?

















miércoles, septiembre 02, 2026

«Reminiscencias», de Alejandra Pizarnik




 
y el tiempo estranguló mi estrella
cuatro números giran insidiosos
ennegreciendo las confituras
y el tiempo estranguló mi estrella
caminaba trillada sobre pozo oscuro
los brillos lloraban a mis verdores
y yo miraba y yo miraba
y el tiempo estranguló mi estrella
recordar tres rugidos de
tiernas montañas y radios oscuras
dos copas amarillas
dos gargantas raspadas
dos besos comunicantes de la visión de
       una existencia a otra existencia
dos promesas gimientes de
       tremendas locuacidades ajenas
dos promesas de no ser de sí ser de no ser
dos sueños jugando la ronda del sino en
       derredor de un cosmos de
       champagne amarillo blanquecino
dos miradas cerciorando la avidez de una
       estrella chiquita
y el tiempo estranguló mi estrella
cuatro números ríen en volteretas desabridas
muere uno
nace uno
y el tiempo estranguló mi estrella
sones de nenúfares ardientes
desconectan mis futuras sombras
un vaho desconcertante rellena
     mi soleado rincón
la sombra del sol tritura la
     esfinge de mi estrella
las promesas se coagulan
frente al signo de estrellas estranguladas
y el tiempo estranguló mi estrella
pero su esencia existirá
en mi intemporal interior
brilla esencia de mi estrella!




en La tierra más ajena, 1955
















martes, septiembre 01, 2026

«Tú serás la estrella que mira», de Bruno Montané Krebs




 
Tú serás la voz o la joya
que en la arena aparece,
serás la calma de la pierna
muerta en el bosque.
Y en el centro del acto y del sonido
parecerás una vida de raras hazañas,
con cuerpos y cerebros
que quieren a otros cuerpos,
y desiertos y playas y gargantas
que nada hará desaparecer.



en El maletín de Stevenson, 1985


















lunes, agosto 31, 2026

«En un barquito de papel», de Fayad Jamís




 
En un barquito de papel va a naufragar el cielo gris de la tarde
barquito cargado de caramelos de mutilados y bandidos
Eso ocurrirá en el estanque del Jardín de Luxemburgo
cuando un anciano se siente a leer su periódico
Lástima que los avaros los cuarteles permanezcan en la tierra
las estatuas de Grandes Generales las estatuas de Reyes
los fabricantes de ataúdes
Sobre la tierra donde las cañas y el trigo relampaguean.

Tú no vendrás a decirme vámonos ya es hora
o he ahí la espuma negra y rosada del naufragio
Nuestros huesos deben esperar
que las crisálidas los cubran
aquí en este mundo de ventanas rotas
Las corbatas fueron inventadas para ahorcar
los perros no han venido sólo para ladrar
sino para ver en las tinieblas
 
De cada naufragio salta una roca
para el mundo por venir



21 de mayo de 1952
















domingo, agosto 30, 2026

«Detenidos desaparecidos», de Pablo Delgado




 

No confundan.
Nosotros fuimos naturaleza muerta 
en el territorio de Chile.
Allegados permanentes 
y cruzados de amor bajo las espigas.
Nos hacíamos el injerto para sabernos, 
pero la piel nos acusaba.

Rozadas las muñecas al fervor del gentío, 
nada nos era candoroso, ni siquiera nuestras sombras
que de ti y de mí nos buscaban.

Fuimos proclives en la hora nuestra, 
hasta silabarios de tantas preguntas nos prodigaron 
para seguir de poste en poste, 
de muro en muro, como suponiendo 
que tanta fábula era necesaria.

Lo fortuito era devastado y las consignas 
resignadas al diluvio en la cavidad del estadio, circo, 
manusterio o fogón en el recinto donde fuimos 
coludidos a marchar al son de las fisgas 
que basaron nuestros cuerpos.

Se supo al fin, nos llamaron por nuestros nombres.
M254, H247.
Libres por falta de méritos.




en Revista La Mancha 15/UNO, julio 2010