sábado, junio 15, 2019

“Balada del joven”, de Lin Tchang





¿Ves a este hermoso joven de Chang’an?
Canta a voz en cuello en las tabernas,
duerme en los albergues floridos,
gasta miles de monedas de oro
            en las carreras de caballos,
            en las peleas de gallos.
¿No llegaría a distraer los fondos
            de la oficina del gobierno?
Pero, de pronto, una mañana se oye
            la alarma en las fronteras
            que dan las torres de vigía.
Sale con los ejércitos sin decir adiós
            ni a su mujer ni a los niños.
Únicamente se le oye hablar de alianzas,
            tratados e invasiones.
No le asusta la muerte en el combate,
            solo le teme a la muerte sin gloria.


Siglo XVI

en Poesía china, 1960

Rafael Alberti y María Teresa León, antologadores












viernes, junio 14, 2019

«Congreso Internacional del Miedo», de Carlos Drummond de Andrade

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




Provisoriamente no cantaremos al amor,
que se refugió más abajo de los subterráneos.
Cantaremos al miedo, que esteriliza los abrazos,
no cantaremos al odio, porque éste no existe,
sólo existe el miedo, nuestro padre y nuestro compañero,
el miedo inmenso de los campos, de los mares, de los desiertos,
el miedo de los soldados, el miedo de las madres, el miedo de las iglesias,
cantaremos al miedo de los dictadores, al miedo de los demócratas,
cantaremos al miedo de la muerte y al miedo a después de la muerte.
Después moriremos de miedo
y sobre nuestras tumbas nacerán flores amarillas y cobardes.





en Sentimento do mundo, 1940











jueves, junio 13, 2019

“A merced del sueño”, de Braulio Arenas





El mar quemante:
todas sus playas son de hielo.

En él se apaga
el fuego con delirio
y el hombre con memoria.

El mar quemante
en un parecido mismo
de sí mismo.

Su amor está en la playa,
como el tigre en la selva
con sus ojos de grisú.

Todas las playas son ardientes,
su cabeza misma es de hielo
su amor es lúcido,
es fascinante,
una ola más y el amor se cambia
en memoria terrible,
aun en gaviota, en olvido.

Todas las playas son de hielo,
su corazón mismo es una ola,
su gaviota misma es de fuego:
esta gaviota es la memoria
para el océano del olvido.



en El mundo y su doble, 1940












miércoles, junio 12, 2019

"Leseras", de Catulo

Dos fragmentos / Versiones de Leonardo Sanhueza






V

Vivamos la vida, Lesbia, y amemos.
No les demos boleto a los beatos
que siempre andan hablando por hablar.
El sol puede volver después de muerto
pero cuando se muere nuestra luz
nos toca dormir en la noche eterna.
Dame mil besos y enseguida cien
y luego otros mil y luego cien más
y mil de nuevo y encima otros cien
y cuando se nos dispare la cuenta
revolvámosla, que ni la sepamos
ni venga un desgraciado a maldecirnos
al saber cuántos fueron nuestros besos.





VII

Me preguntas, Lesbia, de cuántos besos
estaríamos hablando. ¿Tú sabes
cuántos granos de arena hay en Cirene,
entre el oráculo ardiente de Júpiter
y el santo sepulcro del viejo Bato?
¿Y cuántas estrellas salen de noche
a mirar las parejas clandestinas?
De tantos besos estamos hablando:
que le basten a Catulo, el demente,
y los curiosos no puedan contarlos
ni las lenguas malignas malherirlos.




Siglo I, a.C.





Publicado por Ediciones Tácitas, 2019







V

Vivamus mea Lesbia, atque amemus, / rumoresque senum seueriorum / omnes unius aestimemus assis! / soles occidere et redire possunt: / nobis cum semel occidit breuis lux, / nox est perpetua una dormienda. / da mi basia mille, deinde centum, / dein mille altera, dein secunda centum, / deinde usque altera mille, deinde centum. / dein, cum milia multa fecerimus, / conturbabimus illa, ne sciamus, / aut ne quis malus inuidere possit, / cum tantum sciat esse basiorum.



VII

Qvaeris, quot mihi basiationes / tuae, Lesbia, sint satis superque. / quam magnus numerus Libyssae harenae / lasarpiciferis iacet Cyrenis / oraclum Iouis inter aestuosi / et Batti ueteris sacrum sepulcrum; / aut quam sidera multa, cum tacet nox, / furtiuos hominum uident amores: / tam te basia multa basiare / uesano satis et super Catullo est, / quae nec pernumerare curiosi / possint nec mala fascinare lingua.










martes, junio 11, 2019

“El final de las acciones. Sobre el capítulo inicial de «Viento blanco», de Carlos Almonte”, de Ariel Rioseco





¿Qué tan decididos estamos por llegar al final cuando conocemos el precio que tiene recorrer este camino? “¿No hemos coincidido en el pasado?”, podría respondernos el autor, y tendría razón, en tanto la vida que hagamos no sea hecha con los pedazos de aquello que no hicimos. Así, desprovista de arrepentimiento, es como vemos a María Guadalupe encender un cigarrillo y observar la avenida que, entre edificios y un río de luces, la conducen al kilómetro cero, lugar en el que su tierra lejana se cubre de nieblas, y tinieblas, y cordilleras que terminarán hundiendo su adicción, su soledad, al extremo sur del mundo.

Aun así, y a pesar de la incertidumbre, da el primer paso y atraviesa la primera calle y las que vendrán después (un inicio en propiedad: algunos cruzan un río, en Viento blanco se cruza una calle; y para terminar, una tormenta). La inocente muchacha intenta no pensar, mientras la urbe con aroma a desasosiego la invita al encender sus faroles saboreando las horas y dejando en evidencia que el pasado no regresa, o al menos no como existe fijo en el recuerdo.

La ciudad es un lugar en permanente estado de desolación y Almonte, que es a la ciudad como la magia a la sorpresa, agita los hilos de estas criaturas que vienen y desesperan, sueñan y prometen, porque la noche es un carrusel de personajes que se amalgaman, odian y separan. El autor conoce las calles y a estos personajes (se podría decir que es uno de ellos, o todos, desde el arquetipo) y, por esto, expone la nostalgia de la protagonista dibujando la  silueta de lo incomprendido, ya que ella extraña, compara, al tiempo que no perdona ni abandona; acaso por una cuestión de principios, ya que la tradición lo es todo en ella, y, para mentiras, mejor inventarse un interlocutor extraño junto a dos copas y un tequila.

El tedio lleva al diálogo, y este a la memoria, sin hacer caso de lo obvio, pues ve el final sin presentir el cambio. Guadalupe visualiza el juego, sin embargo, desea tiempo para disfrutar de la melancolía de los recuerdos que partieron, porque entiende sin pretender hacerlo. Y es esta relación creada, artificiosa, la que da vida, la que nos introduce al verdadero viento blanco: una tormenta extrema que nos deja sin visión, sin rumbo ni destino. La misma tormenta que nos trasporta al (mítico) bar Barómetro, a sus breves esquinas, a sus recovecos menos conocidos, a los parroquianos žižekianos, a los grafitis en el baño: “¡Cómete a tu hámster!”.

Es este marasmo, esta profundidad, lo que nos lleva a entender a estos personajes. Es esa mirada al alma la que nos introduce al olor del pavimento y sinsabores de la ciudad en una tierra extraña, en un espacio movedizo, en el umbral de lo que podríamos llamar “la poesía”. Porque ahí es justamente donde nos vemos reflejados, abrazados o extraviados, en el lugar del ocultamiento y, por lo tanto, de la libertad.

Lo que esperamos encontrar se nos muestra en este inicio, de forma velada. Tal como sucede en el final, bajo un vendaval de viento blanco que nos invisibiliza por completo. Nada es tan simple como aparece o como se ha mencionado en este breve comentario, y esto queda en evidencia en la primera esquina; la misma que habita Guadalupe, solitaria, inicial, nuevamente, en medio de esa gran tormenta… secreta, casi inexistente.



San Clemente, 2016
Fotografía: Graciela Iturbide











lunes, junio 10, 2019

«Poema # 1022», de Daniel Borzutzky

Traducción de Juan Carlos Villavicencio





No hay demasiado exceso
y lo que hay es apenas perceptible
aquellos en blanco desaparecen de nuestra visión
nadie lo nota hasta cuando
se ve una dramática disminución en la plusvalía

la guerra nace
y los que están en blanco desaparecen de otra vez
pero en realidad su desaparición es subjetiva
algunos no ven a nadie
mientras otros los ven a todos

para algunos el exterminio del cáncer
no es separable de la devastación de la ciudad
otros asocian la devastación
con un imparable flujo de derrames
mientras otros asocian la devastación
con caídas en las tasas de utilidades
y la apenas perceptible
           apariencia del cuerpo humano

fuera del brote de refugiados muertos
                                     un poema que respira

fuera del brote de soldados muertos
                                     un poema que respira

fuera del brote de la ciudad muerta
                                     un poema que respira

pero cuando desaparece la ciudad
                                     así también los poemas

y cuando desaparecen los poemas
                                     los muertos son asesinados

imagina un corazón cubierto de polvo
e imagina un poema que brota de él

imagina un corazón cubierto de polvo
e imagina a un niño que lo persigue

imagina una bala que mata a un niño
e imagina al soldado que lanza al niño al mar

el soldado besa la tierra y dice
no es mi culpa que la gente nazca y muera

el pastor grita los nombres de los niños a los feligreses

a cada nombre responden
muerto





en bigother.com, 4 de junio 2019











Poem #1022



There is not much excess / and what there is is barely perceptible / the blank ones disappear from our vision / no one notices until / there is a dramatic decrease in surplus value // the war is born / and the blank ones disappear again / but really their disappearance is subjective / some see no one / while others see everyone // for some the extermination of the cancer / is inseparable from the decreation of the city / others associate the decreation / with an unstoppable flow of leakage / while others associate the decreation / with falling rates of profit / and the barely perceptible / appearance of the human body // out of the dead refugee sprouts / a breathing poem // out of the dead soldier sprouts / a breathing poem // out of the dead city sprouts / a breathing poem // but when the city disappears / so do the poems // and when the poems disappear / the dead are assassinated // picture a heart covered in dust / and picture a poem sprouting out of it // picture a heart covered in dust / and picture a child chasing it // picture a bullet that kills a child / and picture the soldier who tosses the child into the sea // the soldier kisses the earth and says / it’s not my fault the people are being born and dying // the pastor calls out the names of the children to the congregants // to each name they respond / dead











domingo, junio 09, 2019

“Sin tabaco, abril es el mes más cruel en la Comarca”, de Bernardo Colipán





No me sostiene mano alguna.
Alguien en la noche nos ve sin ninguna sombra.
Nunca estuve lejos de ti.
Solo dormimos en la puerta sin piedad.
Hoja a hoja nos abríamos, nos revolvíamos libres.
Al final crecíamos como al principio.
No cambiábamos de lugar
            y la planta de los pies se adhería a los espejos.
Solo en la piel de una noche
encontramos
lo amargo que se siente, cuando uno
se cae hacia adentro.



en Comarcas, 2013











sábado, junio 08, 2019

«Otro pueblo junto a la rivera», de Su Shi

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Soñando con mi esposa fallecida 
la noche del día veinte del primer mes


Por diez largos años no supe nada de la vida de los muertos,
pero eso no hizo preguntarme
si los muertos podrían ser olvidados.
Su tumba solitaria está lejos, a mil millas de distancia.
¿A quién podría yo contarle mi dolor?
¿Podría reconocerme si acaso fuera revivida?
Mi rostro se ha visto roído con esmero
y cubierto de escarcha puede verse mi cabello ahora.

Anoche soñé con volver al lugar donde nací,
adonde ella está pintando su rostro
con elegancia ante el espejo.
A través del silencio nos miramos
mientras brotaban lágrimas de nuestros ojos.
Cuando estoy despierto y con el corazón roto,
fantaseo con ella cada noche cuando brilla la luna
sobre su tumba cubierta de pinos.




1075













viernes, junio 07, 2019

“Silencio”, de Sara Teasdale





a Eleonora Duse


Nos quedamos sin hambre luego de la soledad,
profunda y pura quietud de toda habla o sonido,
suave tranquilidad cernida sobre estanques profundos,
los silencios que en el desierto incuban
por encima de la quietud sin viento de mares vacíos,
las amplias pancartas desplegables del amanecer,
un bosque de hadas donde duerme un Fauno;
nuestras almas están deseosas de soledades como estas.
Oh, mujer que adivinó nuestra fatiga,
y puso una corona de silencio en tu arte,
¿desde cuál profundidad jamás soñada en tu corazón
has enviado lejos la quietud que nos hace libres
para oír un instante, muy por encima del estrés de la tierra,
la silenciosa música del infinito?



Silence
(To Eleonora Duse)
We are anhungered after solitude, / Deep stillness pure of any speech or sound, /Soft quiet hovering over pools profound, /The silences that on the desert brood, /Above a windless hush of empty seas, /The broad unfurling banners of the dawn, /A faery forest where there sleeps a Faun; /Our souls are fain of solitudes like these. /O woman who divined our weariness, /And set the crown of silence on your art, /From what undreamed-of depth within your heart / Have you sent forth the hush that makes us free / To hear an instant, high above earth’s stress, /The silent music of infinity?



en Llegarán suaves lluvias (Antología), 2018

Descontexto Editores

Edición y traducción de Juan Carlos Villavicencio












jueves, junio 06, 2019

«Cómo nace y se hace un texto de Borges». Entrevista a Jorge Luis Borges de Osvaldo Ferrari







Tengo la impresión, Borges, de que empezamos a habituarnos a la compañía silenciosa de los oyentes y que estamos menos nerviosos ahora que cuando grabamos la primera audición. ¿Qué opina?
Hace tanto tiempo ya, pero es verdad.

Sí, hace unas semanas. Ahora, es curioso, la timidez —si bien vencida muchas veces a lo largo del tiempo— parece ser una constante, algo ineludible en la vida de quienes escriben.
Cada conferencia que doy es la primera: cuando estoy en público, siento el mismo temor que la primera vez, hace ya tantos años. Soy un veterano del pánico, digamos, perfeccionando el sentido, pero me doy cuenta de que eso no importa: ya sé que soy tímido, ya sé que estoy aterrado, pero no importa.

Hoy me gustaría que habláramos de algo que muchos quieren saber. Esto es, de cómo se produce en usted el proceso de la escritura, es decir, cómo comienza en su interior un poema, un cuento. Y a partir del momento en que se inician, cómo sigue el proceso, la confección, digamos, de ese poema o ese cuento.
Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder (ríe). En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver, por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí —eso es una solución personal mía—, creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo —si se trata de un cuento porteño—, elijo lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque, ¿quién puede saber exactamente cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: «No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión».

El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y ese me da libertad, y ya puedo... fantasear... o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula —por fantástica que sea— crea, por el momento, en la realidad de la fábula.

Cierto. Ahora quiero decirle que siempre he sentido predilección. y a la vez curiosidad, frente a un cuento suyo: «Everything and Nothing», que se refiere...
Yo no sé si es realmente un cuento, ¿eh? Pero, sí, desde luego, tiene carácter narrativo. Vendría a ser... sí, es un relato fantástico.

Usted lo ha elegido para su Antología personal.
Sí, pero no sé si lo he elegido como cuento o como poema en prosa. Es decir, qué importan las clasificaciones.

Se parece a un poema en prosa.
Sí, bueno, Croce decía que las clasificaciones son... bueno que no son esenciales. Por ejemplo, decir que un libro es una novela, o decir que un libro es una epopeya, es exactamente como decir que es un libro encuadernado de rojo, que está en el anaquel más alto, a la izquierda. Simplemente eso, es decir: que cada libro es único, y su clasificación, bueno, está a cargo de la crítica, o es una mera comodidad de la crítica, pero nada más.

Se refiere el texto de su cuento «Everything and Nothing» a la vida de un actor. Si a usted le parece bien, yo querría leer fragmentos del cuento para que los comentáramos.
Sí, ya los recuerdo, sí.

Empieza de esta manera: «Nadie hubo en él; detrás de su costra (que aun a través de las malas pinturas de la época no se parece a ningún otro) y de sus palabras, que eran copiosas, fantásticas y agitadas, no había más que un poco de frío, un sueño no soñado por alguien».
Claro, me refiero a Shakespeare, evidentemente, sí.

Esto, al principio le cuesta al lector advertirlo, pero poco a poco se torna más claro.
Yo creo que al final es evidente.

Al final se hace evidente.
Además, está el nombre de él.

Sí, hacia el final.
Pero, mucho antes se adivina por tantos detalles, sí.

Después dice: «Al principio creyó que todas las personas eran como él, pero la extrañeza de un compañero con el que había empezado a comentar esa vacuidad, le reveló su error y le dejó sentir, para siempre, que un individuo no debe diferir de especie».
Sí, «de la especie», yo creo, ¿no?

Sin embargo, en el cuento aparece —en este texto, en esta edición— «de especie», pero, claro...
Bueno, será una errata, habrá otras. Quizá todo el cuento sea una errata (ríen ambos), o un error, lo cual es más grave, en fin. Si sólo hubiera una palabra errónea ya sería mucho; debería agradecerle al tipógrafo, sí.

Es particular este temor o este horror que puede llegar a sentir un individuo: el diferir de la especie. Quisiera preguntarle de dónde proviene esta idea, porque es la primera que me parece del todo excepcional dentro del cuento.
No, pero la idea de que lo normal es lo meritorio creo que es una idea común, ¿no? Sobre todo, bueno, Andrew Lang decía que todos somos geniales hasta los siete u ocho años. Es decir que todos los niños son geniales. Pero después que el niño trata de parecerse a los otros, busca la mediocridad, y la logra en casi todos los casos. Yo creo que es cierto eso.

Sí. Más tarde dice: «Las tareas histriónicas le enseñaron una felicidad singular, acaso la primera que conoció; pero aclamado el último verso y retirado de la escena el último muerto»...
Bueno, «retirado de la escena» porque no había cortinas, tenían que sacarlo de la escena al muerto. El teatro isabelino, sí.

«... el odiado sabor de la irrealidad recaía sobre él. Dejaba de ser Ferrex o Tamerlan y volvía a ser nadie».
Ahí «nadie» es Shakespeare, evidentemente. Ferrex y Porrex en el drama inglés, bueno, y Tamerlan el de Marlowe, desde luego, sí.

«Nadie fue tantos hombres como aquel hombre, que a semejanza del egipcio Proteo pudo agotar todas las apariencias del ser».
Y yo creo que está bien esta evocación de Proteo; ya que es un cuento fantástico, por qué no ser fantástico al cambiar de forma, ¿no?: el egipcio Proteo, sí.

Cierto. Pero me parece, de alguna manera, la historia de todos los actores y de todos los autores de teatro.
Ah, bueno, yo no había pensado en eso. Yo pensaba en Shakespeare, y en el hecho de que para nosotros —y quizá para él—, desde luego, Macbeth o Hamlet, o las tres parcas son más vívidas que él.

Claro. «Veinte años persistió en esa alucinación dirigida, pero una mañana lo sobrecogieron el hastío y el horror de ser tantos reyes que mueren por la espada y tantos desdichados amantes que convergen, divergen y melodiosamente agonizan».
Bueno, me refiero a los argumentos de la tragedia en aquella época, claro.

Me parece uno de los párrafos más logrados. Continúa diciendo: «Aquel mismo día resolvió la venta de su teatro». Es decir, dejó de ser actor y se comenta después que hacia el final de su vida, solían visitar su retiro amigos de Londres, y él retomaba para ellos el papel de poeta.
Sí, mientras tanto, él era un señor dedicado al litigio, a prestar dinero, a cobrar fuertes intereses; que era lo más cotidiano que se puede ser, sí.

Cierto. Pero hacia el final, dice: «La voz de Dios le contestó desde un torbellino...».
Bueno, claro: ese torbellino es el torbellino de los últimos capítulos del libro de Job, en que Dios habla desde un torbellino.

Desde un torbellino: «Yo tampoco soy; yo soñé el mundo como tú soñaste tu obra, mi Shakespeare, y entre las formas de mi sueño estabas tú, que como yo eres muchos y nadie».
Es terrible esa idea de que Dios tampoco sabe quién es, pero creo que literariamente puede aceptarse.

Es terrible, pero el cuento se cierra circularmente con esa idea.
Sí, es un lindo cuento realmente, aunque yo lo haya escrito.

Además, usted lo ha elegido antes para su antología y me parece que es de las cosas hechas para acompañarlo siempre.
Sí, digamos que es la última página que yo he escrito ¿no?, pero quizá haya una o dos más, por ejemplo «Borges y yo», que se parece a estas páginas de algún modo.

Es cierto.
No, pero ésta me parece mejor.

No mejor, pero diría equivalente.
Bueno, pero me parece que cuando Dios dice: «Mi Shakespeare», se siente la emoción, ¿no?

Sí. Además, está escrito en algo más de una página el cuento: es de una extrema síntesis. Bueno, usted ha cultivado, diría yo, esta síntesis en la narración.
No, lo que pasa es que soy muy haragán, no podría escribir más, ¿eh? Me canso muy pronto y eso se llama concisión (ríen ambos); pero, realmente me fatiga.

Bueno, ojalá se produzca siempre ese tipo de «concisión».
Bueno, seguiré fatigándome entonces, para ustedes. Muchísimas gracias, Ferrari.






En diálogo I, 1998
















miércoles, junio 05, 2019

“Las fases de la lluvia”, de Andrés Neuman





Hay algo fugitivo en toda anécdota.
Entra y sale la lluvia de la tarde,
se mezcla con el sol, hilo y aguja.
El tiempo en su pasar
alumbra y oscurece.
Inútil la cautela del paraguas.
Inútil la cautela.

Advierto que ha estallado un temporal
en las palpitaciones del impermeable rojo,
como zumo de mora, de una veloz muchacha.
«El cielo se conmueve por rutina»,
pensaba antiguamente bajo techo,
«no hay fuerza que merezca la intemperie».

Hoy sin ganas de tanta certidumbre,
dichoso cuanto menos resguardado
admiro esta tormenta
que limpia la visión, riega el camino.



en Década (Poesía 1997-2007), 2008












martes, junio 04, 2019

«Música», de Michel Serres

Fragmentos / Traducción de Luis Alfonso Paláu


(1930-2019)



La madre memoria pone orden en esos ruidos

Con oído abierto, pero aún sin voz, siempre errante por las orillas del Mediterráneo, Orfeo encontró una noche en los flancos del monte Parnaso a una vieja bruja, mala y genial, llena de saber y de resentimiento, la Memoria, que conservaba, en poder suyo, los recuerdos del Mundo, estrellas y cristales; los del cuerpo y de los vivos, ondas y fósiles; Y los de las sociedades, mentiras y archivos.

Tenía nueve hijas.

Antes de presentárselas, dijo:

«Una de estas Sibilas que tú dejas –dispersas en torno al Mar Interior– obtuvo del Sol (que estaba enamorado de ella en tiempos inmemoriales) que viviera tantos años como gramos de arena pudiera tener en la palma de su mano. No; no dijo granos de arena, sino ¡átomos de materia! De esa manera dura tanto como el Universo, desde el comienzo, bajo el fuego de los primeros astros.

Por el hermetismo de sus gritos se ha puesto pues, desde la aurora del Mundo, a reproducir su ruido de fondo, que captaba su cuerpo abierto a los vapores de la tierra, a las turbulencias del aire, a los murmullos del mar, a las erupciones de los volcanes. Y en libros sibilinos, trató de volver a copiar una especie de relato, a su manera loca; imitando esos ruidos, antes de que nazca todo lenguaje. Estos lamentos, antaño ilegibles, comienzo a comprenderlos gracias a las ciencias actuales.

Porque, más vieja aún que ella, he aprendido –leyendo y escribiendo– la pequeña memoria de los humanos, ampliada recientemente a la dimensión del Mundo, la mía».

Y haciendo cara de abrir esos libros, retomó:

«En medio del caos de esos rumores, existe un orden sutil; apréndelo. Como el de las Sibilas, tu cuerpo resuena sin cesar a tres ruidos de fondo distintos, pero conectados, aunque inextricablemente mezclados. Esta es su serie: el primero y permanente, el del Mundo; el intenso y más raro de los Vivos; y finalmente el de la Sociedades que, por todas partes y a ciegas, buscar el sentido.

Los humanos tratan siempre, por sus rumores, sensatos o no, de ensordecer a los otros dos. Esta triple sucesión asegura una primera armonía grande en ese desorden suntuoso».



Orfeo iniciado

Orfeo verificó esta disposición y comenzó por el cuerpo propio de los humanos, por el pisoteo de su marcha, sus percusiones sobre la piedra, la cólera de sus odios y sus llantos, por la cacofonía incomprensible invitar de historia…

…pero antes, escucho piadosamente los tejidos cosidos y desgarrados del embrión zumbador como papel frotado, los latidos precoces del corazón en el paraíso del claustro uterino, el pulso del puño, el tono del mantenerse, el barullo de la carne, la tensión de los músculos y de los nervios, la explosión del entusiasmo con el calor vital, la sacudida trepidante del coito y el címbalo final del orgasmo, el tintineo de diez relojes orgánicos que vibran en los pliegues de la cronobiología, y, finalmente, el ADN que, en hélice, tiembla como una cuerda vibrante.

Menor, mayor, oboe, gaita gallega, cambios de formas y de especies, voluvelo, evodevo, evolución y desarrollo… comprende entonces esto: puesto que, en memoria de una rosa, nadie ha escuchado que ha muerto un jardinero, puesto que en memoria de mujer o de varón nadie ha visto desvanecerse un género, nuestro cuerpo se desliza tan rápido bajo la muerte silenciosa que casi nunca escucha el ritmo de las transformaciones vitales. Aprende la otra razón por la cual estaba sordo.

«Y esto es para los vivos», dijo.

Y ahora veamos para el Mundo.

Acordes raros en medio de la música de un atomismo en profusión, la vida se extiende como un milagro en la gigantesca lotería de las cosas; luego de su información y sus transformaciones, luego de ella, pero, en realidad, antes de ella, se puso a escuchar la tormenta baja y el temblor de los sismos, los penachos en volutas de las erupciones volcánicas, los torbellinos de los ríos a la salida del arco de los puentes, las turbulencias de las nubes y las trombas de los ciclones, las galaxias tan espiraladas como las cintas genéticas de los vivos.

Más allá de las repeticiones estacionarias de las órbitas elípticas, escuchaba también la polifonía dispersa de la radioastronomía, el ruido aleatorio de los saltos cuánticos, la difusión granular de los tiempos, el rumor profuso del Universo, entre Big Bang y Big Crunch, la formidable expansión de una onda inaudita por universal. Escucha el caos desbordar el comienzo de las cosas y del pensamiento, su barullo estriado de signos.


2011





Fotografía original de Joel Saget


















lunes, junio 03, 2019

“Violeta y su guitarra”, de Pablo de Rokha





La gran placenta de la tierra la está pariendo cotidianamente, como a un niño de material sangriento e irreparable, y el hambre milenaria y polvorosa de todos los pueblos calibra su vocabulario y su idioma folclórico, es decir, su estilo, como su destino estético y no a la manera de las categorías.

Por eso es pueblo y dolor popular, complejo y ecuménico en su sencillez de subterráneo, porque el pueblo es complejo, sencillo, tremendo e inmortal, como sus héroes, criado con leche de sangre.

Tiene su arte aquella virtud de salud, que es vital y mortal simultáneamente, de las honestas, recias, tremendas yerbas medicinales de Chile, que aroman las colinas o las montañas y las arañan con su olor a sudor del mundo del futuro, o de lo remoto antiquísimo, y son como látigos de miel dialéctica, con hierro adentro, en rebelión contra el yugo.

Yo no defino así ni el volumen ni el tamaño social de su estilo; no; me refiero a la cualidad que la orienta a ella y su guitarra y aun la pintura en proverbio o la tonada revolucionaria, a su guitarra y a ella, porque ella no es una guitarra con mujer, sino una mujer con guitarra.

Por debajo, en el total denominador común humano, su folclore, no esnob, se entronca a la picaresca española, construida con la entraña popular, en la entraña popular, interfiriéndolo; un catolicismo, más pagano que cristiano, llora, sonríe, brama en el subsuelo; aquel humor feliz de sentirse desventurado de coraje dramatiza la guitarra y de tan ingenuo es macabro, como la gárgola de la Catedral Gótica, como Rabelais o como el Aduanero Henri Julien Rousseau, o Bosch, el fraile terrible.

Saludo a Violeta, como a una "cantora" americana de todo lo chileno, chilenísimo y popular, entrañablemente popular, sudado y ensangrado y su gran enigma, y como a una heroica mujer chilena.

París, 1 de junio 1964



en Violeta Parra. Poesía, 2016

Ediciones Universidad de Valparaíso











domingo, junio 02, 2019

"Cuando empezó el viento", de Thomas Harris







Venía de vuelta de comprar
otra botella de vino rojo,
entonces empezó una suave,
cuando descorchaba la botella,
brisa que creció y las hojas de los jacarandá
comenzaron a caer sobre la terraza, rojas,
y desde el oriente un nube oscura
como una ola de aire
se posó en el horizonte;
comenzaron a tintinear los maceteros
y los cazadores de sueños:
mira, me dijo mi mujer, el viento,
ven a ver el viento:
arreciaba ya el viento,
y yo le dije, el viento no se ve,
y ella me dijo, sí, el viento solo se siente, es invisible
el viento, y nos abrazamos a ver la invisibilidad del viento,
las hojas de los jacarandá nos pegaron en la frente,
bailamos frente al viento,
pero la lluvia no llegaba,
como un orgasmo retenido, las gotas de lluvia no llegaban,
y nos conformamos bailando al viento,
esperando las gotas de lluvia,
que quizá, en un rato más, lleguen,
y llueva sobre el departamento, el condominio,
la ciudad toda.
Cotidiano milagro ese orgasmo de las nubes,
o quizá nos llegue ya en sueños,
y amanezcamos entre las sábanas empapados
por la lluvia que afuera se descuelga de las lianas
densas de la noche.






Fotografía original de Carolina Vargas














sábado, junio 01, 2019

“Peinado en forma de nube”, de Chao Luan-Luan





Mis desordenadas nubes perfumadas
Siguen húmedas, iridiscentes
Como plumas de cuello de mirlo
Y lustrosas como alas de cigarra.
Me prendo un fénix dorado
Junto a la oreja, y, tras haberme
arreglado así, mi amante me sonríe.



en El barco de las orquídeas (Antología), 2007