lunes, septiembre 07, 2026

«Lejos de mí decirles compañeros», de Mario Montalbetti

[55 versos]


Mario Montalbetti / Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2026

 
compañeros nuestros versos están demasiado pesados demasiado cargados de castellano

demasiado escritos en una lengua muerta el castellano es una lengua muerta

la unidad del idioma la unidad del idioma no tiene la menor importancia compañeros les propongo el idioma no tiene unidad

compañeros de generación nuestros versos podrían estar escritos en una lengua más conjetural están demasiado cargados de castellano de unidad como si fuéramos uno no somos uno está muerto

somos tres cinco con el mundo ¿por qué no seis nueve con la lengua?

compañeros esto no es una ribera del ebrio

esto es una ladera o un arenal o un robo a mano armada esto es un robo a mano armada

¿por qué queremos aparecer como ciudadanos presentables? con nuestros papeles libros bajo el brazo con nuestras sonrisas maletines

algo como un biombo parte en dos nuestras vidas una parte continúa hasta el final del muelle la otra se vuelve naturaleza muerta con papayas mangos tilapia y reloj

vamos a las playas …y así fue como entré a la burguesía

¿por qué es que justo antes de llegar vemos huertas de hortalizas flotando en la niebla?

puestos de chicharrones a ambos lados de la vía anuncios de una fiesta de hace dos semanas

compañeros de generación seamos menos comprensibles menos tolerantes seamos menos

los habitantes salen al camino los peces se ocultan

yo personalmente no me importa la tolerancia porque hace que todo se parezca a todo se vuelva indistinto sacamos una navaja de bolsillo

sacamos una navaja de bolsillo extraemos los clips que unen los cuadernillos extendemos las hojas en blanco para ampliar la superficie hacemos marcas hacemos marcas ¿y?

compañeros lejos de mí decirles qué hacer pero he visto a banqueros hacer lo mismo

nos enfrentamos a una historia elaborada asociando formas visibles susceptibles al sentido una a otra

¿no se nos ocurre algo mejor que contribuir con más imágenes? es posible que hayamos sido seducidos a masturbar al fantasma

¿para qué queremos ser plásticos? mejor la línea recta

¿dónde están las trochas? escribimos sobre vías asfaltadas no me hagan citar

hablar no es solo hablar compañeros hablar es hablar siguiendo ciertos protocolos de inteligibilidad los protocolos no son nuestros nos gusta someternos ¿queremos seguir haciéndolo?

compañeros de generación abandonemos todo eso el que tiene oreja que escriba

el que tiene huachafería que es criba

si no hablamos la misma lengua busquemos otras complicidades no hablamos la misma lengua busquemos otras complicidades

eso fue un modus ponens compañeros pero lejos de mí decirles compañeros

cuerpos cuyas partes recubiertos de grasas duras bronces estirados marcan el no paso del tiempo alrededor de sus ombligos amamos sin querer un hallazgo lejos de mí decirles

compañeros de generación amamos sin querer

¿no es sugerente el enorme esfuerzo que ponen en despedirnos? cada vez que nos invitan a algo algo se convierte en nuestra despedida

un crustáceo recorre dasso en menos tiempo y es menos estúpido pero nos siguen invitando despidiendo

compañeros una palabra a la que no le brote xantomas así creen que quisimos decir fantomas pero decimos xantomas

un objeto neutral que no se combe que no se venza

transparente si visto denso si oído incapaz si palpado inestable si frecuente

hese aquí la oscuridad es una reserva privada rasgada por un cuerno de rex vocabularius rex

o sintaxis rex

no hablamos su lengua no hablemos su lengua describamos los pasteles de crema y fruta con severidad y pesimismo

compañeros de generación primero las malas noticias seguimos en algunas listas

sarcasmos aparte esto es lo que hallo enteramente posible des engancharnos de la unidad de la lengua para hacer nuestro trabajo

economía política estética no lengua no castellano aquí no se habla español no unidad

compañeros es enteramente posible pero dejemos de imaginar cosas el que dijo la imaginación al poder es un fino

el que dijo el trabajo dignifica al hombre es un fino

ya no me siento espiado por el tiempo

que no sea decir así son las cosas resultado el capitalismo es tolerancia infinita

ahora las buenas noticias son dos las buenas noticias la primera hay un cortocircuito que está a nuestra disposición pero supone manchar las páginas de tinta y eso es difícil en nuestro mundo electrónico y la segunda es que estamos en las listas pero no están grabando no nos escuchan no nos oyen no llegamos a casi nada

deje su mensaje después de la señal todavía hablan como si los mensajes todavía fueran todavía señales

compañeros si me pasan la a la b la c la ch y así hasta la x y z y luego les pregunto qué dice más fuerte no se oye qué dice bueno por lo pronto eso nos permitiría tomar la academia peruana de la lengua

una sola lengua que no entendemos que no practicamos que no queremos ¿por qué?

castellano total lengua total en el centro de una pira espero que digan de nosotros se fueron de lengua

eso quiero en mi lápida «se fue de lengua» se liberó se escapó del tesoro

del rey al buey todo el mundo hace lo que le dicen

otro frente impopular un frente frío entendido con una frente fría eso hace que no sepamos si un verso está ahí por necesidad estética o conceptual

ese es el dilema del sastre queremos justificar lo que hacemos hay dos formas le contamos una historia a la lengua o le contamos una historia a nuestros amigos

pero en cualquier caso nos sometemos y no veo por qué debemos hacerlo

compañeros ya no sé qué más decirles

bueno tal vez si agrupamos todo en grupos de a cinco




en 8 Cuartetas en Contra del Caballo de Paso Peruano
Descontexto Editores, 2026










Nota de lectura de JCV:

Lejos de mí decirles Compañeros

demasiado cargados de castellano: castellano y no español al inicio de un discurso político sobre la lengua, el habla, contra las normas a las que les gustaría a los compañeros poetas someterse.

es posible que hayamos sido seducidos a masturbar al fantasma: un fantasma que ahora no sólo recorre Europa, citando el inicio del Manifiesto del Partido Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels, publicado en 1848.

tener huachafería: comportarse de manera cursi o afectada para aparentar pertenecer a una clase social o cultural más alta de la que en realidad se tiene.

dasso: la calle Miguel Dasso en San Isidro, Lima, es famosa por ser un lugar de cafés, bancos y moda.

fantomas: reitero lo escrito en mi ensayo sobre Juan Luis Martínez: «personaje literario, Fantomas nace en 1911 por encargo, a manos del dueto Allain-Souvestre. Es un personaje maligno, un asesino que no vacila y que no siente culpa. Sin que los autores lo hayan descrito, Gino Starace lo dibujó en lo que sería su imagen definitiva: un hombre de sombrero de copa y vestido de frac, cubierta la cara con un antifaz, sostiene un puñal ensangrentado en su mano derecha».

hese: vendría del latín ecce, «¡Mira!», luego «He aquí».

rex vocabularius rex o sintaxis rex: el lenguaje como rey, tanto en su contenido como en su forma.



















domingo, septiembre 06, 2026

«Interludio», de Cecília Meireles

Traducción de Juan Carlos Villavicencio


 

Las palabras se han dicho demasiado 
y el mundo se ha pensado demasiado.
Me quedo a tu lado.

No me digas que no hay pasado
ni futuro.
Deja el presente — un muro claro
sin nada escrito.

Deja el presente. No hables,
no me expliques el presente,
porque todo es demasiado.

En aguas de la eternidad,
se hunde el cometa 
de mis males, a la deriva.

Me quedo a tu lado.



en Viagem, 1939













Interlúdio

As palavras estão muito ditas / e o mundo muito pensado. / Fico ao teu lado. // Não me digas que há futuro / nem passado. / Deixa o presente — claro muro / sem coisas escritas. // Deixa o presente. Não fales, / Não me expliques o presente, / pois é tudo demasiado. // Em águas de eternamente, / o cometa dos meus males / afunda, desarvorado. // Fico ao teu lado.














sábado, septiembre 05, 2026

«Todo lo que cae no es otra cosa…», de Shei-an Liao Yen

Versión de Juan Carlos Villavicencio



 
Todo lo que cae no es otra cosa que
todo lo que es, no tierra…
En montañas, ríos, en la gran y extensa tierra… 
en el rocío, se manifiesta:
el Cuerpo de Buda.


















viernes, septiembre 04, 2026

«El perro», de Eduardo Lizalde




 
Este es un perro.
Una criatura que se ignora.
No sabe
que pertenece a una clase
-de cosa o bestia-, ignora
que la palabra perro
no lo designa a él en especial:
           cree que se llama perro,
           cree que se llama hombre,
           cree que se llama 'ven',
           cree que se llama 'muerde'.















jueves, septiembre 03, 2026

«Clase de dibujo», de Saleem Al Naffar

Versión de Juan Carlos Villavicencio




¿Si nos detuviéramos
se detendría también lo interminable?
Vociferando desde el fuego,
grito en la oscuridad.
¿Me escucharon?
¿Respondiste?

Los niños mojaron su pan en mis lágrimas
mientras luchábamos contra las cadenas del tiempo
dibujadas para arrastrar la guerra a la belleza.
Un niño me dijo
«Se llevaron a mi padre… ¿puedes verlos?».
Miré, pero no pude ver nada.

Pero estoy cansado
de ver
de viajar
de días ansiosos.
Madre, estoy cansado.
Delirantes nuestras alegrías: delirantes nuestra pena
y el viaje que muerde y muerde y muerde …

Cuando nos detenemos
la vida se convierte en memoria;
cuando dormimos,
con tiempo para hablar 
con nosotros mismos.

En la clase de dibujo
el tiempo está trazado en los contornos de nuestra patria
y en los cuentos de caballeros que marcan el tiempo con sus almas.
Nuestro profesor nos cuenta la historia
y colorea nuestras mentes.
Puso la pregunta en un lugar del corazón:
¿Qué pasó con nuestros profesores?
Hicieron que mi profesor faltara a clases.
Ni dibujos, ni historias, ni sueños bonitos.
Cansado del viaje y las preguntas
y de una vida de dolor,
deambulo apenas.
¿Quién verá mis huellas?
Rechazados por el amor, agotados por la ira,
se pararon sobre las nubes y tomaron
las estrellas del cielo y cambiaron
el ritmo del tiempo.

Si nos detenemos,
¿el tiempo seguirá caminando?
Nunca pensé que llevaríamos a los jóvenes a las olas


¿Qué nos pasa?
¿Debemos aprender de los ausentes?
¿Acaso la naturaleza no protege a la vida?

















miércoles, septiembre 02, 2026

«Reminiscencias», de Alejandra Pizarnik




 
y el tiempo estranguló mi estrella
cuatro números giran insidiosos
ennegreciendo las confituras
y el tiempo estranguló mi estrella
caminaba trillada sobre pozo oscuro
los brillos lloraban a mis verdores
y yo miraba y yo miraba
y el tiempo estranguló mi estrella
recordar tres rugidos de
tiernas montañas y radios oscuras
dos copas amarillas
dos gargantas raspadas
dos besos comunicantes de la visión de
       una existencia a otra existencia
dos promesas gimientes de
       tremendas locuacidades ajenas
dos promesas de no ser de sí ser de no ser
dos sueños jugando la ronda del sino en
       derredor de un cosmos de
       champagne amarillo blanquecino
dos miradas cerciorando la avidez de una
       estrella chiquita
y el tiempo estranguló mi estrella
cuatro números ríen en volteretas desabridas
muere uno
nace uno
y el tiempo estranguló mi estrella
sones de nenúfares ardientes
desconectan mis futuras sombras
un vaho desconcertante rellena
     mi soleado rincón
la sombra del sol tritura la
     esfinge de mi estrella
las promesas se coagulan
frente al signo de estrellas estranguladas
y el tiempo estranguló mi estrella
pero su esencia existirá
en mi intemporal interior
brilla esencia de mi estrella!




en La tierra más ajena, 1955
















martes, septiembre 01, 2026

«Tú serás la estrella que mira», de Bruno Montané Krebs




 
Tú serás la voz o la joya
que en la arena aparece,
serás la calma de la pierna
muerta en el bosque.
Y en el centro del acto y del sonido
parecerás una vida de raras hazañas,
con cuerpos y cerebros
que quieren a otros cuerpos,
y desiertos y playas y gargantas
que nada hará desaparecer.



en El maletín de Stevenson, 1985


















lunes, agosto 31, 2026

«En un barquito de papel», de Fayad Jamis




 
En un barquito de papel va a naufragar el cielo gris de la tarde
barquito cargado de caramelos de mutilados y bandidos
Eso ocurrirá en el estanque del Jardín de Luxemburgo
cuando un anciano se siente a leer su periódico
Lástima que los avaros los cuarteles permanezcan en la tierra
las estatuas de Grandes Generales las estatuas de Reyes
los fabricantes de ataúdes
Sobre la tierra donde las cañas y el trigo relampaguean.

Tú no vendrás a decirme vámonos ya es hora
o he ahí la espuma negra y rosada del naufragio
Nuestros huesos deben esperar
que las crisálidas los cubran
aquí en este mundo de ventanas rotas
Las corbatas fueron inventadas para ahorcar
los perros no han venido sólo para ladrar
sino para ver en las tinieblas
 
De cada naufragio salta una roca
para el mundo por venir



21 de mayo de 1952
















domingo, agosto 30, 2026

«Detenidos desaparecidos», de Pablo Delgado




 

No confundan.
Nosotros fuimos naturaleza muerta 
en el territorio de Chile.
Allegados permanentes 
y cruzados de amor bajo las espigas.
Nos hacíamos el injerto para sabernos, 
pero la piel nos acusaba.

Rozadas las muñecas al fervor del gentío, 
nada nos era candoroso, ni siquiera nuestras sombras
que de ti y de mí nos buscaban.

Fuimos proclives en la hora nuestra, 
hasta silabarios de tantas preguntas nos prodigaron 
para seguir de poste en poste, 
de muro en muro, como suponiendo 
que tanta fábula era necesaria.

Lo fortuito era devastado y las consignas 
resignadas al diluvio en la cavidad del estadio, circo, 
manusterio o fogón en el recinto donde fuimos 
coludidos a marchar al son de las fisgas 
que basaron nuestros cuerpos.

Se supo al fin, nos llamaron por nuestros nombres.
M254, H247.
Libres por falta de méritos.




en Revista La Mancha 15/UNO, julio 2010















sábado, agosto 29, 2026

«En el monasterio de la montaña dorada», de Su Tung P’o

Versión de Carlos Manzano de la traducción de Kenneth Rexroth




Mi tierra natal está allá arriba, 
Lejos, junto a la cabecera 
Del río. Como burócrata itinerante 
Que soy, me han enviado al punto 
En que el río entra en el mar. He oído 
Decir que aquí, a diez metros de 
Profundidad en la marisma de sal, se 
Pueden encontrar vestigios de la 
Arena, aún fría, que salía borboteando
En la fuente de Chong Ling en 
Lo alto de la meseta rocosa, junto al 
Sendero Meridional. He llegado
Aquí siguiendo las corrientes y las 
Olas. Ahora, en lo alto de la 
Torre, diviso todo el paisaje. Al sur 
Del río y al norte del río, hay 
Innumerables montañas azules. La 
Belleza del atardecer no puede
Disipar mi pena. Vuelvo a montar en 
Mi barca para el regreso. Los 
Monjes, en su solitario monasterio, 
Contemplan, sentados, la puesta 
Del sol. La suave brisa, sobre cuatro
Mil hectáreas, forma un elegante 
Brocado con las aguas. Con los últimos
Rayos del ocaso los bancos 
De peces titilan en el agua. En este
Momento el alma material 
De la luna nace del río. Luego, tras 
La segunda ronda, después 
De que se haya puesto la luna, los 
Cielos quedan sumidos en una 
Profunda tiniebla. Después brillan 
Por entre la corriente las
Antorchas de los pescadores. Sus
Luces van y vienen reluciendo
Recortadas en el cielo y espantando 
Las aves dormidas sobre el 
Agua. Intento dormir, pero tengo 
El corazón agitado y la cabeza 
Distraída. Ni hombres ni espectros
Acuden aquí. ¿Qué es entonces?
¿Me habrá mostrado el espíritu del
Río una visión para avisarme?
Como la desembocadura del río y las 
Islas me afectan así, no volveré 
A este monasterio. Se lo agradezco al
Espíritu del río, pero, ¿de qué 
Ha servido? Así como las aguas no 
Pueden regresar a su fuente,
Nunca podré yo volver a mi tierra.



en Cien poemas chinos, 1966


















viernes, agosto 28, 2026

«Clara y confusa», de Cynthia Rimsky

Fragmento


Premio Nacional de Literatura 2026


        El silencio en la sala me reveló que estaba haciendo el ridículo. Escapé de la conferencia y del edificio. No me perdía nada. Las actividades del centro cultural estaban destinadas a analfabetos, personas a las que les sobra criterio y les falta sensibilidad. Una vez le pregunté a la directora –más difícil de encontrar que una filtración fantasma–: «¿Por qué no hacen actividades para los que sí estamos interesados en la cultura? Todo al revés. Convierten la cultura en un show liviano, infantil, destinado a un público masivo indiferente al arte. Al final, los que sí estamos interesados tenemos que tragarnos la entretención destinada a los que no para que esas pocas actividades sin interés no desaparezcan de la celdilla del Excel con el que la directora administra el no-centro cultural». 

        A ella le da lo mismo mientras le proporcionemos asistentes que le permitan cobrar el subsidio que entrega la Secretaría de Turismo de la Intendencia por el programa Desarrollando la Cultura Criolla. Todo eso se me vino a la cabeza mientras huía de la conferencia. No vi para adelante y adelante estaba la directora del centro cultural; sin detenerme a pensar le solté una encendida filípica sobre los supuestos expertos que traía de capital para maleducarnos. Reconozco que me fui de mambo. A mi decisión de no volver más al centro cultural se sumó la inconveniencia de entrar. 

        No lo van a creer: la casa del hombre que oía agua correr por la medianera quedaba a dos cuadras del centro cultural. El taxista pasaba por la fachada cuando lo llamaron por una emergencia y me dejó con exageradas disculpas en el mismísimo centro cultural. Vacío como siempre. Ya que estaba ahí me acerqué. La cartelera promocionaba un concurso literario sobre la enfermedad destinado a los adultos mayores (y sí, un funcionario pensó un tema novedoso hasta que se le partió la cabeza), una charla sobre inteligencia artificial, una obra de títeres (bajo el supuesto de que los niños traen a sus padres), una invitación para asistir al cierre de una exposición ese mismo viernes. Miré el reloj: partía dentro de cinco minutos. La invitación estaba escrita con letra manuscrita, supuse que por la misma artista, y para asegurarse de que no desapareciera, la había atravesado al corcho con alfileres de cabeza naranja. Lo más extraño era la mancha rosa de lápiz labial. Parecía un trozo de piel que hubiese quedado enganchado al papel. Busqué en el fichero la invitación a la apertura de la exposición. No estaba, o la habían sacado. 

        La casona en la que funcionaba el centro cultural tenía el clásico frente de las instituciones de las pequeñas ciudades del interior, de un color claro con una guarda más oscura, doble puerta de madera, una ventana a cada lado, un hall con una secretaría de atención al público. Al asumir el cargo, la nueva directora consideró imprescindible construir una fachada que invitara a las personas a superar la barrera de la cultura. ¡La barrera! Echaron abajo el adobe y levantaron un muro de vidrio para que los y las peatonas pudieran mirar las actividades desde la vereda, sin necesidad de entrar. Faltando tres minutos para las siete de la tarde, en la galería de arte solo había una mujer. En realidad, también estaba el encargado que la seguía sin saber dónde poner las manos. Supuse que estaba acostumbrado a descolgar los cuadros de las exposiciones por sí mismo y no en compañía de la artista. Ella, la artista, llevaba ropa sencilla negra y zoquetes rojos, era delgada y seria, con los labios rosa claro. A las siete en punto, siempre desde la vereda, la observé acercarse a una de sus pinturas colgadas en la pared. Distinguí unas manchas naranjas, no parecía una pintura realista o figurativa. La artista comenzó a hablar, y no era al encargado que tenía a su espalda. Lo único que había adelante era el cuadro. La artista le hablaba a su cuadro. Me pregunté si su idea original fue hacerlo delante del público, que no se presentó. En un intento por escuchar lo que decía, el encargado acercó la cabeza y quedó equilibrándose. No supe si tenía dificultades para oír o no entendía lo que ella decía. De cualquier manera prefirió retroceder. La artista descolgó el cuadro y lo bajó al piso. Creí que iba a apoyarlo contra la pared; con extrema delicadeza lo puso boca abajo como si quisiera evitarle la visión de lo que iba a ocurrir. Se acercó a la pared donde estuvo colgada la pintura los días que duró la exposición y se la quedó observando. Había algo tan desolador en su espera. La artista desplazó sus dedos por la pared y palpó lenta, cuidadosamente la superficie... Imaginé que buscaba una sombra, un rastro de polvo, un rasguño, algo que indicara que la pintura estuvo a la vista de un público que no se presentó, y solo se encontró con la pared blanca, vacía, hostil. 

        Por Dios, no tiene una amiga, un familiar, alguien que la acompañe, me pregunté. 

        Los dedos de la artista subieron hasta el tornillo del que estuvo colgada la pintura y lo envolvieron. La vi tirar con fuerza de él, como si quisiera comprobar su firmeza. Satisfecha, se alejó a buscar una escalerita de tres peldaños que había en la sala y la puso bajo el tornillo. Subió al peldaño de más arriba, se dio vuelta para mirar al público que no vino y, por medio de un gancho que debió de coser a su chaqueta, se colgó del tornillo. Soy un sentimental. Mis lágrimas quedaron colgando junto con ella. El encargado me instó con un gesto a entrar a la exposición; supongo que lo hacía a escondidas para no ilusionar a la artista por si yo seguía de largo, que es lo que hice.




Publicado por Anagrama, 2024


















jueves, agosto 27, 2026

«En la Cúpula de la Roca», de Deema Shehabi

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




Por la tarde Jerusalén es la amargura de doscientos
olivos caídos desnudos en pleno invierno a la distancia. Jerusalén
en la suave tarde es una mujer sentada al borde de la mezquita
con las rodillas secas dobladas debajo de ella, oyendo los naufragios
de palabras santas. Si te sientas a su lado bajo el arco de piedra 
          frente a la Ciudad
Vieja, bajo el aire lacado que se engancha en cada grieta de la piel,
tu sangre se desatará con sus sueños, la Cúpula
ondulará oro, y exhaustas sus cicatrices 
brillarán a través de su frente besada en exceso.
Te pedirá que te acerques y, cuando lo hagas,
ella alzará el mar de sus brazos desde los pliegues de su pecho
y dirá: este es el cielo oscuro que he amado desde niña.



















martes, agosto 25, 2026

«Miserere», de Mario Pera



(1981-2026)
 


Y será su nombre el que me guíe 
por la fe que amortaja la esperanza.

Recito parábolas segadas por el aire 
una infancia enhebrada con milagros
bajo el cielo desértico 
de los suburbios de esta Judea.

Un poema como el oro más puro
de la desesperanza
porque siempre estuvo muerto
y aun muerto
se quebrarán sus huesos
uno a uno
en la pira donde se alza el rostro
para santificarlo
como un castillo de carbón 
que ha de arder bajo el sol.

Lleno de gloria recibo la muerte 
troquelado por una corona de espinas y
envuelto mi cuerpo con las negras velas de su barco.

Un último cuervo blanco se eleva.

El canto de otro goce 
separa el viento del mensaje 
ya nada me va a defender 
ni la fama de mi dios
ni la tarde que se agosta apacible 
entregando mi nombre al hastío.




en Ruido Blanco, 2011










2 monedas para tu barquero, hermano mío

















domingo, agosto 23, 2026

«Variaciones Victoria», de Carlos López Degregori

Tres poemas 




I

Llegó envuelta en periódicos dentro de una caja de cartón. Antonio Ciudad, un amigo médico, me la trajo de la Facultad de San Fernando porque yo le había comentado mis inquietudes y recuerdos. Mi primera vocación fue la medicina y sabía que muchos estudiantes tienen cráneos para sus estudios de Anatomía. El visitante era así la sombra de una antigua inclinación. Señalaba una línea con el pasado y una perplejidad. Además yo albergaba entonces un pathos romántico que ya no poseo. Supongo que por eso permití que entrara en mi casa hace casi treinta años.

Un cráneo en nuestro espacio privado supone una descolocación. Es el nudo de una existencia clausurada que accede a nuestra cercanía. Al principio todo es asedio. ¿Quién fue? ¿Se trató de un hombre o de una mujer? ¿Cómo vivió su infancia, si acaso la tuvo? ¿Por qué la realidad lo condujo a los márgenes? ¿A quién recordaba con insistencia? ¿Por qué extravió su identidad y acabó en los gabinetes anatómicos? Cargué la caja con cuidado y ubiqué el cráneo en un espacio superior de mi biblioteca. Durante meses imantaba mis ojos cada vez que entraba en la habitación, hasta que se volvió invisible como sucede con las realidades y cosas que se tornan familiares. Es una traslación paulatina: el sujeto desaparece y se convierte en objeto. Cesa su existencia. Pasaron varios meses y un día me convencí de que necesitaba un nombre. Será Victoria, me dije. Victoria: tres sílabas como campanadas de advertencia.



II

Nombres comunes y nombres propios. Así aprendimos en los pupitres de madera del colegio. Pupitre es un nombre común. Con la aguja del compás dejábamos nuestras marcas en la superficie de la madera: una línea, una inicial, algún dibujo incomprensible. No importaba que nos castigaran, porque era más importante contrarrestar la pluralidad del mundo. El nombre común es un universal. Designa una clase de seres: todos los pupitres que han existido y existen, también los que aún no han sido fabricados. El nombre propio señala un ser único que transcurre en una porción de tiempo singular con principio y fin. El nombre propio es identidad y diferencia: el uno enfrentado a los otros vertiginosos que nos rodean. Al poner un nombre somos pequeños dioses. Así ocurre cuando bautizamos a nuestros hijos y adquieren un contorno en el instante de nuestro soplo. Cráneo es un nombre común. Victoria es solo Victoria. En sus huesos empieza un río que cesará cuando se desvanezca su nombre y vuelva a ser un cráneo.

Ahora es Victoria. No puede haber un error al deletrear su nombre, tampoco una omisión. Victoria es la diferencia que se opone a la indiferencia.



III

Dos cuerdas en mis manos. Una para atarme a mí. La otra, a Victoria. Todos necesitamos atarnos al tiempo, al amor que es un caracol, a los espejismos. Atamos nuestro exterior para que no huya el interior. Atamos el interior para que el exterior se abisme y pueda consolarnos. Trenzas, cintas, guedejas, cadenas de piel o luz: así inmovilizamos frisos o elefantes, fijamos los ojos ciegos de las estatuas, anudamos las llaves de nuestra casa, el tímpano de los días perdidos.

Dos cuerdas en mis manos. Con ellas tejo una enorme red y me convenzo de que Victoria es mi araña de amor. Temo a las arañas y al amor, a las mariposas lanudas que trazan caminos en la noche, a las escolopendras. Victoria es una escolopendra, una princesa montada en una mariposa lanuda que me ata para carnar. Yo la desato. La duermo en mis pensamientos, la descarno. Soplo con una flauta china su martillo-yunque-estribo que ya no están. Algún día no estaré y seré un nombre común. También se perderán mis huesecillos auditivos y no reconoceré mi nombre propio cuando me llames.



Publicado por Máquina Purísima, 2022

















sábado, agosto 22, 2026

«Estimo por sobre todo los poemas de la vejez», de Wang Yin

Traducción de Miguel Ángel Petrecca




Estimo por sobre todo los poemas de la vejez
adoro la fuerza de la oscuridad
amo los espíritus que se lleva el viento 
y la respiración criminal de los héroes

La piel a la espera de la puñalada palidece
No hay nada capaz de detener la memoria 
como no hay nada capaz de detener 
la lucidez final del espejo

Cada día me despido de algún contenido
vuelan las estaciones, los nervios emprenden la vuelta 
hacen del anciano un niño manso 
planeando a solas con dios en el cielo

La vejez, los últimos días
en el otoño encarecido, un pedazo de seda
un viento rabioso cambia un perfume inodoro 
cambia la dirección de la tragedia.




en Un país mental. 150 poemas chinos contemporáneos
Gog y Magog, 2023