domingo, junio 21, 2026

«Glosa a un epitafio (Carta al padre)», de Leopoldo María Panero




 
And fish to catch regeneration
SAMUEL BUTLER

Solos tú y yo, e irremediablemente
unidos por la muerte: torturados aún por
fantasmas que dejamos con torpeza
arañarnos el cuerpo y luchar por los despojos
del sudario, pero ambos muertos, y seguros
de nuestra muerte; dejando al espectro proseguir en vano
con el turbio negocio de los datos: mudo,
el cuerpo, ese impostor en el retrato, y los dos siguiendo
ese otro juego del alma que ya a nada responde,
que lucha con su sombra en el espejo-solos,
caídos frente a él y viendo
detrás del cristal la vida como lluvia, tras del cristal asombrados
por los demás, por aquellos Vous etes combien? que nos sobreviven
y dicen conocernos, y nos llaman
por nuestro nombre grotesco, ¡ah el sórdido, el
viscoso templo de lo humano! 
                                                Y sin embargo
solos los dos, y unidos por el frío
que apenas roza brillante envoltura
solos los dos en esta pausa
eterna del tiempo que nada sabe ni quiere, pero dura
como la piedra, solos los dos, y amándonos
sobre el lecho de la pausa, como se aman 
                                                                 los muertos
«amó», dijiste, autorizado por la muerte
porque sabías de ti como de una tercera persona
bebió dijiste, porque Dios estaba (Pound dixit)
en tu vaso de whiski
amo bebió, dijiste, pero ahora espera
¿espera? y en efecto la resurrección
desde un cristal inválido te avisa
que con armas nuestra muerte florece
                                                           para ti que sólo
sabías de la muerte. Aquí
¿debajo o por encima?
                                    de esta piedra
tú que doraste la sobrenatural dureza y el
dolor sobrenatural de los edificios desnudos
                                                                      ¿en qué perspectiva
–dime– acoger la muerte?
                                       en la mesa de disección
tú que danzaste
                           enloquecido en la plaza desierta
                                                                               tropezando
hiriéndote las manos en el trapecio del silencio
en pie contra las hojas muertas que
se adherían a tu cuerpo, y contra la hiedra que tapaba
obsesivamente tu boca hinchada de borracho,
                                                                         danzas, danzaste
sin espacio, caído, pero
no quiero errar en la mitología
de ese nombre del padre que a todos nos falta,
porque somos tan sólo hermanos de una invasión de lo imposible
y tus pasos repiten el eco de los míos en un largo
corredor donde
                        retrocedo infatigable, sin
jamás moverme
                         ¡ah los hermanos, los hermanos invisibles que florecen,
en el Terror! ¡Ah los hermanos, los hermanos que se defienden
inútilmente de la luz del mundo con las manos,
que se guardan del mundo por el Miedo, y cultivan en la sombra
de su huerto nefasto la amenaza de lo eterno, en
el ruin mundo de los vivos! ¡Ah los hermanos,
                                                                           y el ave,
el ave que vuela sobre el mundo en llamas, diciendo sólo
a los mortales que se agitan debajo, diciendo
sólo: ABISMO, ABISMO!
                                           Abismo, sí, tibia guarida
de nuestro amor de hermanos, padre.
                                                          ¡Pero tan solos!
¡Tan solos! Fantasmas que hace visible la hiedra
–como hiedramerlín como niñadecabezacortada como
mujermurciélago la niña que ya es árbol–
                                                                 crecen hojas
en la foto, y un florecer te arranca
de los labios caníbales de nuestra madre Muerte, madre
de nuestro rezo
florecen los muertos florecen
unidos acaso por el sudor helado
muerto de muchas cabezas hambrientas de los vivos
te esperamos ave, ave nacida
de la cabeza que explotó al crepúsculo
ave dibujada en la piedra y llena
de lo posible de la dulzura, de su sabor
ajeno que es más que la vida, de su crueldad
que es más que la vida
                                    ¡ira
de la piedra, ira que a la realidad insulta,
                                                              que apalea
a la cabaña torpe de la mentira con verbos
que no son, resplandecen, ira
suprema de lo mudo!
                                 (te esperamos
en la delgada orilla de lo que cae, en el prado
nocturno que atraviesan lentos
los elefantes
                     percibís el frío
                                             la
                                             conspiración de las algas,
                                             gelatina, escamas, mano
que sobresale de la tumba
manos que surgen de la tierra como tallos
surcos arados por la muerte,
cabezas de ahorcados que echan flor:
                                                      decapitados que dialogan
a la luz decreciente de las velas,
                                                 ¡oh quién nos traerá la rima
la música, el sonido que rompa la campana
de la asfixia, y el cristal borroso
de lo posible, la música del beso!
                               De ese beso, final, padre, en que desaparezcan
de un soplo nuestras sombras, para
asidos de ese metro imposible y feroz, quedarnos
a salvo de los hombres para siempre,
solos yo y tú mi amada
aquí, bajo esta piedra.




Fotografía original de Cèsar Malet



















sábado, junio 20, 2026

«La pequeña cabaña», de Cān Liáo Zǐ

Versión de Juan Carlos Villavicencio





Una cabaña lo contiene todo
Entonces ¿qué sentido tiene lo grande y lo pequeño?
¡Es preciosa, ermitaño!
Una bóveda vacía sin una partícula de polvo.





Pintura original: La cabaña techada de paja del sueño de un inmortal, de Yin Tang











viernes, junio 19, 2026

«Las campanas», de Rosalía de Castro





Yo las amo, yo las oigo,
cual oigo el rumor del viento,
el murmurar de la fuente
o el balido del cordero.
Como los pájaros, ellas,
tan pronto asoma en los cielos .
el primer rayo del alba,
le saludan con sus ecos.
Y en sus notas, que van prolongándose
por los llanos y los cerros,
hay algo de candoroso,
de apacible y de halagüeño.
Si por siempre enmudecieran,
jqué tristeza en el aire y en el cielo!
¡Qué silencio en las iglesias!
¡Qué extrañeza entre los muertos!



en Antología de poetas románticos, 1942


















jueves, junio 18, 2026

«La bacante», de Cristina Peri Rossi




Allí, escondida en las habitaciones.
Ah, conozco sus gestos antiguos
la belleza de los muebles
el perfume que flota en su sofá
y su ira
que despedaza algunas porcelanas.
Husmea las flores encamadas
las estruja nerviosamente
—esa belleza la provoca—
las rasga las lanza lejos
caen los doseles sobre el lecho
se pasea febril por las habitaciones
está desnuda y nada la sacia
abre cajones sin sentido
enciende el fuego en la chimenea
regaña a las criadas
y al fin, temible, con el hocico temblando,
se echa desnuda en el sofá,
abre las piernas
se palpa los senos de lengua húmeda
mece las caderas
golpea con las nalgas en el asiento
ruge, en el espasmo.





en Amores iguales, 2002









 







miércoles, junio 17, 2026

«La tarde es un amigo», de Armando Uribe Arce




 

La tarde es un amigo
que no existe, una novia.
A qué seguir diciendo «que no existe»:
La moza está desnuda en la ventana,
soy yo quien no la mira.
Y todo está llorando por verla o por asirla.




en Transeúnte pálido, Ediciones del joven laurel, 1954





Fotografía original de Hans Ehrmann















Contribución indirecta a DscnTxt de Héctor Monsalve



















martes, junio 16, 2026

«Alguien me contó tu muerte, Heráclito…», de Calímaco





 
Alguien me contó tu muerte, Heráclito, y me brotaron lágrimas. Recordé cuántas veces vimos juntos la caída del sol charlando. Y ahora tú, huésped de Halicarnaso, ya no eres sino vieja ceniza. Pero vivirán los ruiseñores de tus cantos y nunca su mano pondrá en ellos Hades, que todo lo arrebata.



en Antología palatina (Epigramas helenísticos), Editorial Gredos, 1978




















lunes, junio 15, 2026

«Te llamo», de Tawfiq Zayyad

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Te llamo 
tomo tus manos y las sostengo con firmeza
beso la tierra bajo tus pies
sé que daría mi vida por ti.

Te ofrezco la luz de mis ojos,
el fuego de mi corazón:
porque esta tragedia que sufro
es sólo una mínima parte de tu dolor.

No me he guardado nada por mi patria
ni subestimado el poder de mis manos 
para enfrentar con coraje al invasor. 
Un huérfano dispuesto a morir.

Llevo sobre mis hombros la sangre de mi pueblo
me verás levantar mi bandera en alto
y proteger una montaña vestida con el verde de los olivos
que guarda las tumbas de mis antepasados.
Te llamo. No dejaré de llamarte.

















domingo, junio 14, 2026

«Andando el tiempo», de Emilio Adolfo Wetphalen





Andando el tiempo
Los pies crecen y maduran
Andando el tiempo
Los hombres se miran en los espejos
Y no se ven
Andando el tiempo
Zapatos de cabritilla
Corriendo el tiempo
Zapatos de atleta
Cojeando el tiempo
Con errar de cada instante y no regresar
Alzando el dedo
Señalando
Apresurando
Es el tiempo y no tiene tiempo
No tengo tiempo
Mostrar la libreta
Todo en orden
Por aquí a la aventura silencio cerrado
Por allá a la descompuesta inmóvil móvil
Ya llega y tarda
Y se olvida
Por acá con boca falsa y palabras de otra hora
El pañuelo nuevo y pronto
Para el adiós
Adiós y no ha llegado
Ésta es la señal
El tiempo
Casi no es niño
Pero flor no es
Casi
Cuando está sobre un árbol
Se divisa el paisaje la estrella
Los zapatos
Osamentas de pescado
Y el ojo llena el horizonte
El tiempo
Aunque cojee y se hiera y se lamente
Prohibido
No te hagas tan silencio
La nube sabe de otro lugar
Son las escaleras que bajan
Porque nadie sube
Porque nadie muerde la nuca
Sino las flores
O los pies llagados
Andando y sangre de tiempo
Gotas la lluvia el torrente
La mano llega
Este es su destino
Llegar el tiempo
Se devuelve y usted sabe más
Estaba junto al silencio
Estaba con ojos pequeños
La mano a lo desierto
El pie a lo ignorado
Indudable
Los huesos prestados podían ser míos
Si un leve signo no dijera
Y no decía
Alzada levantada
Me doy a tu más leve giro
Al amor de las pestañas
A lo no dicho
Vértigo
Te temía sin noche y sin día
Aunque no regreses
Por la marcha de mis huesos a una otra noche
Por el silencio que se cae
O tu sexo


en Las ínsulas extrañas, 1986

















sábado, junio 13, 2026

«Al lado», de Mei Yaochen

Versión de Carlos Manzano de la traducción de Kenneth Rexroth




Mis vecinos de la derecha tienen 
Un hijo joven que acaba de 
Empezar a salir por su cuenta. Mis 
Vecinos de la izquierda tienen 
Una hija que aún es virgen. En la densa
Sombra bajo la puerta está 
Muy oscuro, después de la puesta de 
Sol. ¿De quién es esa cabeza 
Que mira por encima de la pared?



en Cien poemas chinos, 1966

















viernes, junio 12, 2026

«De su especie», de Anne Sexton

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




He salido, bruja poseída, 
a rondar por el aire negro, más valiente por la noche; 
soñando con el mal, cumplí con mi labor
sobre las casas corrientes, de luz en luz: 
una cosa solitaria, de doce dedos, fuera de juicio. 
Una mujer así no es una mujer, no del todo. 
He sido de su especie.

He encontrado las cálidas cuevas en el bosque, 
las llené de sartenes, tallados, estantes, 
armarios, sedas, innumerables bienes; 
preparé la cena para los gusanos y los elfos: 
quejándome, reordenando lo torcido. 
Una mujer así es incomprendida. 
He sido de su especie.

He viajado en tu carreta, cochero, 
agitando mis brazos desnudos a los pueblos que pasaban, 
aprendiendo las últimas rutas luminosas, sobreviviente 
donde tus llamas todavía muerden mi muslo
y mis costillas se parten donde tus ruedas giran. 
Una mujer así no se avergüenza de morir. 
He sido de su especie.



en To Bedlam and Part Way Back, 1960








Her Kind

I have gone out, a possessed witch, / haunting the black air, braver at night; / dreaming evil, I have done my hitch / over the plain houses, light by light: / lonely thing, twelve-fingered, out of mind. / A woman like that is not a woman, quite. / I have been her kind. // I have found the warm caves in the woods, / filled them with skillets, carvings, shelves, / closets, silks, innumerable goods; / fixed the suppers for the worms and the elves: / whining, rearranging the disaligned. / A woman like that is misunderstood. / I have been her kind. // I have ridden in your cart, driver, / waved my nude arms at villages going by, / learning the last bright routes, survivor / where your flames still bite my thigh / and my ribs crack where your wheels wind. / A woman like that is not ashamed to die. / I have been her kind.










jueves, junio 11, 2026

«Segunda cuarentena con abdel hamil hafez», de Safia Elhillo

Traducción de Helena Mariño





la letra no puede                      traducirse
el árabe      es todo verbos      para lo que
permanece quieto          en otros idiomas
تصبح             amanecerse             lo que la
traducción        despertarse        no puede
honrar     no puede contener    es la rima
con la que           تسبح nadar            hacer
de la noche                 un cuerpo de agua

estoy aquí ahora          y no estoy pletórica
tengo veinticuatro años      y estoy siempre
enferma    pequeña para mi edad y siempre
traduciendo                     no puedo dormir
a través de la noche

ningún idioma                        me ha dado
la rima                  entre               océano y
herida                  que sé             que existe
a veces                         cuando los médicos
me sacan sangre                                siento
la palabra en el borde               de la lengua

halim canta             أغرق                aghraq
me estoy ahogando          me estoy ahogando
la única palabra              para toda el agua
en su garganta                  no es traducible

halim canta                    enséñame a matar
la lágrima antes de que caiga    halim canta
no tengo experiencia                   en el amor
ni tengo una barca                 y yo sé que él
no puede descansar            no puede nadar
a través de la noche

estoy buscando           una voz            con
una herida en ella      un hombre que solo
podría haber muerto     por algún tipo de
ahogamiento   deja que la canción se tome
su tiempo       deja que el océano se vuelva
a cerrar



en Los hijos de enero, Visor, 2022





Fotografía original de Ahmed Aladdin Abushakeema


















miércoles, junio 10, 2026

«Lección», de Noémia de Sousa

Sin datos del traductor




Le enseñaron en la misión, 
cuando era pequeñito:
«Somos todos hijos de Dios; cada hombre 
es hermano de otro hombre».

Le dijeron esto en la misión, 
cuando era pequeñito.
Naturalmente, 
no se quedó siempre niño:
creció, aprendió a contar y a leer 
y comenzó a conocer 
mejor a esta mujer vendida 
que es la vida 
de todos los desgraciados.

Y entonces, una vez, inocentemente, 
vio y a un hombre y le dijo: «Hermano»,
pero el hombre pálido le fulminó duramente 
con sus ojos llenos de odio 
y le respondió: «Negro».



en Sangre negro, 2001










martes, junio 09, 2026

«El cazador de cabezas», de Michel Leiris

Traducción de Aldo Pellegrini


Fetiche de la sombra
el sol vestido con pieles de bestias y plumas de colores
se detiene medroso en el borde de tu oscuridad
respetuoso del tabú de las noches a las que sólo atraviesa
la hermosa cierva lunar en busca de sus cervatos

Largos tubos rígidos conducen el soplo de las gravitaciones
con disparos de cerbatanas doradas
lanza él sus varas sus puntas venenosas
a través de la selva virgen de la tierra
cuyas apretadas espinas dejan apenas traslucir
el esplendor de carbunclo del venado
ojo de la joya que los rayos solares querrían desarraigar



en Antología de la poesía surrealista, 1981





Fotografía original de Martina Franck













lunes, junio 08, 2026

«El niño», de Marie Howe

Traducción de Juan Carlos Villavicencio



 
Mi hermano mayor camina por la vereda bajo la suburbana noche 
de verano: de polera blanca, blue jeans – camina hasta la cancha 
          al final de la calle.

Los chicos lo llamaban la Guarida de las Perchas, un terreno 
sin urbanizar, un hoyo cubierto por la maleza, con algunos muebles 
          viejos ahí tirados,

y unas perchas de metal tintineando en los árboles como campanillas 
al viento. Huye de casa porque nuestro padre quiere cortarle el pelo.

Y dentro de dos días, nuestro padre me va a convencer para ir a verlo 
—tú sabes dónde está— para decirle: Sin represalias. Lo prometió. 
          Un pequeño desfile de niños

en pijama me acompañará, con sus voces como las primeras ranas 
en primavera. Y mi hermano caminará a casa delante de nosotros, 
          y mi padre

le afeitará la cabeza pelada, y mi hermano no hablará con nadie 
por un mes, ni una palabra, ni nos pasará la leche, nada.

Lo que pasó en casa les hizo ver a mis hermanos cómo irse, cómo caminar 
por la vereda sin mirar atrás.

Yo era la niña. Lo que pasó me enseñó a seguirlo, quienquiera que fuese, 
llamándolo por su nombre una y otra vez.




en What the Living Do, Norton, 1998




Fotografía original de Brad Fowler








The Boy

My older brother is walking down the sidewalk into the suburban summer night: / white T-shirt, blue jeans—to the field at the end of the street. // Hangers Hideout the boys called it, an undeveloped plot, a pit overgrown / with weeds, some old furniture thrown down there, // and some metal hangers clinking in the trees like wind chimes. / He’s running away from home because our father wants to cut his hair. // And in two more days our father will convince me to go to him—you know / where he is—and talk to him: No reprisals. He promised. A small parade of kids // in feet pajamas will accompany me, their voices like the first peepers in spring. / And my brother will walk ahead of us home, and my father // will shave his head bald, and my brother will not speak to anyone the next / month, not a word, not pass the milk, nothing. // What happened in our house taught my brothers how to leave, how to walk / down a sidewalk without looking back. // I was the girl. What happened taught me to follow him, whoever he was, / calling and calling his name.
 












domingo, junio 07, 2026

«Bala perdida», de Mazen Maarouf

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Luego de cruzar el living,
la biblioteca,
el pasillo
y la foto que nos une
en un viaje a Nahr al-Kalb
y luego de pasar frente a la lavadora
y a mi madre (exhausta
a pesar de la lavadora),
una bala perdida 
se desvió levemente de su rumbo 
—por la fuerza 
de gravedad— 
para instalarse finalmente
en mi cabeza 
hasta matarte.






Fotografía original de Raphael Lucas