jueves, agosto 06, 2026

«Proveniencia», de Rossella Di Paolo





1.

No vengo de tu boca sino de tus dientes
los ojos para ver lo que se dice ver no me vieron 
dos puños más bien 
y tus pies que se limpian el polvo 
con tanto cuidado
en mi espalda


2.

sobre esta piedra el viento 
es toda mi casa
inmóvil en los pies, la cabeza en otra parte 
sombra para las arañas 
sol para las espinas 
vengo creciendo desde todo esto


3.

me caí de tu mano como cosa muerta
pero no estaba muerta 
más fácil morirse y ya 
y no este parecer que hay alguien 
cuando tocan mi nombre 
y salgo


4.

no se puede hablar desde este hueco
los pies se van para abajo 
las palabras se van para abajo 
el hueco tiene pies y habla como los muertos 
de noche camina 
y de noche camina


5.

huesos en la arena
blanco sobre lo blanco 
un fémur que fue pierna 
un grano que fue piedra
huesos en la arena / arena en los huesos 
el viento piadoso los confunde 
pierna o piedra han sido



en hueso húmero, n. 53, abril 2009














miércoles, agosto 05, 2026

«Nadie te advirtió…», de Ijeoma Umebinyuo

Sin datos del traductor




Nadie te advirtió
que a aquellas mujeres cuyos pies 
cortas para evitar que corran
darían a luz 
hijas con alas.



en Questions for Ada, 2015











Nobody warned you / that the women whose feet / you cut from running / would give birth to / daughters with wings.








martes, agosto 04, 2026

«Me dicen que tengo un claro sentido de propósito», de Sara Abou Rashed

Versión de Juan Carlos Villavicencio




En mi casa no hay lugar 
para la incompetencia. He perdido.
Hace años, en la clase de cerámica,

mis amigos moldeaban estatuas
asimétricas con barro;
las llamaban arte puro, decoración abstracta.

Hice platos, un vaso para los cepillos,
un joyero con su tapa.
No me reten, incluso los tornillos

en mis paredes cargan más peso
que lo previsto. En internet
encontré videos de mi casa

convertida en un museo de la ausencia.
Mi antigua cocina ahora es un esqueleto,
con sus huesos desnudos

de cemento y alambres de cobre. Aún así,
no maldigo a la revolución, ni a la guerra,
ni a los ladrones ni al régimen; sólo me maldigo

a mí misma – todos estos azulejos rotos
y el probable riesgo de morir
electrocutada por el pan nuestro
de un solo día.
















lunes, agosto 03, 2026

«Israel, la banalidad del mal y el mal radical», de Paulo Slachevsky




 
La idea de la banalidad del mal fue acuñada por Hannah Arendt tras los juicios al criminal nazi Adolf Eichmann en Jerusalén a inicios de los años 60. No es necesario ser un psicópata o un «pozo de maldad» para llevar adelante los más horrorosos crímenes y un genocidio. Un simple burócrata o militar, obedeciendo las órdenes y las lógicas del sistema, es capaz de transformarse en un genocida. 

Una década antes, en su libro Los orígenes del totalitarismo, Arendt usaba más bien el término «mal radical»: «Y si es verdad que en las fases finales de totalitarismo aparece este como un mal absoluto (absoluto porque ya no puede ser deducido de motivos humanamente comprensibles), también es cierto que sin el totalitarismo podríamos no haber conocido nunca la naturaleza verdaderamente radical del mal».

Si bien los conceptos de «mal absoluto», «mal radical» y «la banalidad del mal», responden a comprensiones diferentes y en tensión en torno a las experiencias límites del horror, su práctica se instala, como señala Hannah Arendt, cuando un sistema hace superfluos a los seres humanos, inútiles, prescindibles, reinando la inhumanidad. Fue el caso bajo el nazismo donde los judíos y gitanos eran considerados infrahumanos, peligrosos, antisociales, y podían ser tratados como animales. No tuvo límites la crueldad entonces, desde la humillación primera a través de las caricaturas e insultos en la prensa, las golpizas y la tortura, hasta el exterminio a través de las ejecuciones masivas, los campos de concentración y las cámaras de gas. Ese «otro», judío, gitano, comunista, había perdido toda dignidad y humanidad ante los ojos del opresor, y era posible hacer cualquier cosa de él.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, tras salir de la pesadilla de los campos de exterminio y los millones de muertos de la guerra, se buscó instalar un sistema jurídico internacional de derechos humanos que ayudara a prevenir que tales crímenes se repitieran, pero lamentablemente, bajo diversos métodos y expresiones, durante toda la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI, hemos sido testigos de cómo los genocidios y/o crímenes de lesa humanidad se reiteran. Lamentablemente, las prácticas de dominación que se construyen sobre la creación del enemigo interno o externo que justifica el odio, la deshumanización y el exterminio, se perpetúan; basta ver nuestra propia historia y los crímenes de las dictaduras latinoamericanas.

Sin embargo, pese a esa presencia constante del mal como sistema político en la historia contemporánea, de la cual el colonialismo es una de las más brutales expresiones, una y otra trágica realidad no son igualables, dominando la percepción de la experiencia nazi como expresión del último círculo del infierno por su nivel de planificación y sistematización del terror y exterminio, extremando las prácticas de horror implementadas en el mundo colonial. Auschwitz constituye una ruptura civilizatoria del Siglo XX: hay un antes y un después. Es en tal sentido devastador que hoy en día, ocho décadas después de que cayera derrotada la Alemania Nazi, Israel, el Estado que se reclama ser el representante de una de sus principales víctimas –los judíos–, repita el modelo deshumanizador y de exterminio de los nazis con el pueblo palestino. 

A diferencia del genocidio de entonces, que se llevó adelante en secreto y bajo un régimen totalitario, hoy el exterminio se ha convertido en un espectáculo, y lo conducen autoridades de un país que se dice democrático. Las evidencias están a la vista de todos, aunque muchos se nieguen a reconocerlo, y que día tras día el ejército israelí asesine a periodistas y comunicadores que registran los hechos. Desde la total deshumanización de la población palestina, con los recurrentes insultos y caricaturas en gran parte de la prensa y política israelí, la tortura y opresión cotidiana, hasta el planificado y sistemático exterminio y la limpieza étnica con apoyo de todos los adelantos tecnológicos, incluida la Inteligencia Artificial, que se lleva adelante en Gaza y Cisjordania, la matanza prosigue.

La gran Alemania, sueño de Hitler, se refleja hoy en toda la prepotencia del «Gran Israel», abiertamente defendido por Natanyahu y el sionismo. Estamos frente a un estado «Terminator» en Medio Oriente, buscando destrozar todo a su alrededor, incluido el Líbano e Irán.  La tragedia de Gaza se constituye así en una nueva ruptura civilizatoria con la complicidad e inacción de Occidente, donde en vez de castigar a los criminales, se les entrega armamento mientras se reprime la solidaridad con los oprimidos. De este modo, se está enterrando el sueño de un orden jurídico internacional, fundado en el respeto de los derechos humanos, que haga el mundo más humano y vivible. La fuerza bruta, la tecnología y las armas son los dioses que se adoran, exigiendo al resto someterse.

La obstinación y manipulación sionista que busca igualar Israel y todos sus crímenes con «lo judío», y a las resistencias a ese estado criminal con el antisemitismo, fomenta en los hechos el antisemitismo, pues favorece la confusión entre la legítima ira contra esa crueldad criminal que expresa Israel –una sociedad supremacista y desquiciada en su inhumanidad–, con las y los judíos en general. Los artífices de esa falsa equivalencia entre lo judío e Israel, no solo son ejecutores y/o cómplices del crimen contra el pueblo palestino y del caos y destrucción de Medio Oriente, sino también de la de ruina de la cultura e historia judía.  

Como ciudadanos del mundo, no podemos quedar indiferentes ante ello: es imprescindible sumarse a la solidaridad internacional con Palestina. Para quienes tenemos origen judío, es imperativo recuperar las banderas del antisionismo que fueron tan fuertes y significativas entre la población judía antes de la Segunda Guerra Mundial, y manifestarse como lo hacen numerosas/os jóvenes a través del mundo, movilizándose a la vez por una Palestina libre. Ejemplos no faltan para pensar en modos de organización judía articuladas en torno a la lucha contra la opresión, basta recordar el BUND, el partido socialista judío más grande del Yiddishland, zona de Europa del Este donde se concentraba una gran población judía, organización que logró la mayor votación judía en las elecciones del año 1938 en Polonia, justo antes de la Guerra, aunando la lucha antinazi, antifascista y antisionista. Luchas que vuelven a cobrar plena vigencia.
Ante este panorama desolador, las resistencias y las batallas por la memoria y la justicia han sido claramente una luz de esperanza. La lucha de las y los palestinos, «Los indios de Israel» como titula su libro Juan Fujita, o «las víctimas de las víctimas» como expresara Edward Said, igualan el heroísmo y entereza de los insurrectos del Gueto de Varsovia. Al otro lado, el «sistema sionista» es hoy expresión del «mal radical», como de la «banalidad del mal», en la peor de sus manifestaciones, equiparándose al nazismo en pleno siglo XXI.




en CIPER, 10 de mayo, 2026












domingo, agosto 02, 2026

«En busca de la felicidad», de Leoncio Bueno



(1920-2026)
 


Un día arrojé a los vientos todas mis vestiduras
mi persona postiza
mi dentadura postiza
me quedé igual que cuando vine al mundo
bailando al son de la zampoña tocada al pie del lago
por un colla
y vinieron a mí los peces y las aguas y las
golondrinas arrechas de la comarca
juntos realizamos las más increíbles orgías
fui tomando mi auténtica figura
mi inconfundible olor
comprendí que la felicidad
consiste en andar completamente desnudo
invadiendo la tierra.

















sábado, agosto 01, 2026

«Noche de mediados de otoño», de K’o Chen

Versión de Juan Carlos Villavicencio



 
Aguas rápidas; suaves, silenciosas
como el suave susurro de las cigarras
Me siento en un pabellón vacío
solo, salvo por las cumbres escarpadas
las cordilleras entrelazadas cubiertas de nieve
la luz de la luna capturó la noche negra













viernes, julio 31, 2026

«Expuesta», de Rosabetty Muñoz




 
Prontos a herir se amontonan
en las afueras de mí.
Un ojo sobre otro.
Me voy a ellos con los brazos abiertos
no vaya a ser que no me alcancen.
no vaya a ser que el dolor de sus colmillos
me sea negado para siempre.



en Antología poética de la generación del ochenta
edición de Andrés Morales, Mago editores, 2010 

















jueves, julio 30, 2026

«Panorama», de Friedrich Hölderlin

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




Resplandece el día despejado para el hombre con sus pinturas, 
cuando se muestra todo lo verde desde la llana lejanía, 
aún antes de que la luz del atardecer se incline a la penumbra
y un tenue resplandor mitigue el sonido de los días.
A menudo la esencia íntima del mundo luce nublada, impenetrable. 
El sentido del hombre, lleno de dudas, hastiado,
mientras magnífica la naturaleza alegra sus días 
y lejana se encuentra la oscura pregunta de la duda.
Con sumisión, Scardanelli.

24 de marzo de 1671



c. 1841-1842












Aussicht

Der off’ne Tag ist Menschen hell mit Bildern, / Wenn sich das Grün aus ebner Ferne zeiget, / Noch eh’ des Abends Licht zur Dämmerung sich neiget, / Und Schimmer sanft den Klang des Tages mildern. / Oft schein die Innerheit der Welt umwölkt, verschlossen. / Des menschen Sinn von Zweifeln voll, verdrossen, / Die prächtige Natur erheitert seine Tage / Und ferne steht des Zweifels dunkle Frage. / Mit Unterthänigkeit Scardanelli. // Den 24. März 1671.







miércoles, julio 29, 2026

«Desaparecida», de Lía Podestá

Tres días



Día 25

Mis pies reciben ahora el peso de mi culo como el peso de una carne cualquiera. Es el peso de la plegaria, el peso y la rabia de creer que el dios que llevaba en el pecho sobre un medallón de plata y que marcaba las palmas de mis manos en la infancia puede silenciar ahora cada grito que sale de mi boca raspando mi garganta y haciéndose un dolor punzante, desesperado, como si cada sonido pudiera tocar las paredes y rebotar como otro pedazo de carne.

¿Qué dios será el que calle los gritos de mi cuerpo, los gritos de mi boca cuando viene el hombre que son todos los hombres de este infierno, cuando viene sobre mí, me somete como a un animal suyo, traga de mí como pescado y me dice que soy una gran sirena muerta, esclavizada a mi cabello largo entre sus manos, a mi cola quebrada sobre el suelo y desangrada y otra vez esclavizada a la boca torturadora del hombre que intenta un beso vulgar sobre la misma cara en la que otro vació el puño y el esperma?

Mi rostro deja poco a poco sus facciones bajo las botas que lo pisan. Ya no hay tacto que no nos regrese a lo que nos han hecho y en lo que nos han convertido.





Día 34

Dios, halla esta plegaria entre tanta voz. Halla este cuerpo condenado y bésalo para que encuentre la muerte y con él sus heridas. Halla también el cuerpo del hombre que se hizo mi marido en tu palacio cuando yo llevaba un vestido blanco. Acribíllalo en la noche con el arma de otro, dale la muerte por la que rogamos todos y entiérranos juntos para que pueda ir nuestra familia a dejarnos una gran flor y llorar nuestro encierro, tortura, humillación y cada pálpito desesperado de cuando se acercan. Oh, Dios, cuán sagrado es ahora el pasado, la sonrisa de mi esposo, la de mi madre y mis hermanos. Son luz cuando cierro los ojos, son una mañana soleada antes de que ellos y sus risas caigan sobre mi cuerpo con su propia oscuridad.





Día 44

Han hecho de mí la fotografía de la que ruega juntando las manos y cerrando los ojos. Han hecho de mí la torpeza fría de la que ofrece el cuello. Sueño que es arrancado, rueda e intenta una oración, acaso la última. Sueño que el corazón sigue latiendo con fuerza y porque pronto dejará de hacerlo para terminar con el cuerpo: hervido para arrancar de él todo olor a infancia, para arrancar de él toda pureza, enterrarlo y rodearlo de flores insanas, hierbas y espinas. Mi cuerpo terminará así, siendo un objeto curioso cuya cabeza pueda mostrar una sonrisa rodante, de ojos abiertos, viendo por última vez el patio donde creció entre hormigas negras y huertos fértiles sin darse cuenta de que es la misma celda marchita y hecha charco de orín de los últimos días. Despierto y la cabeza humana sigue en su lugar con las heridas y el caminito de sangre que termina entre mis pechos porque han roto mis labios cuando intentaban una maldición que parece haber alcanzado mi cuerpo antes que sus almas.



2025









Pueden comprar el libro escribiendo a 















martes, julio 28, 2026

«Nuestras fotos familiares…», de Heba Abu Nada

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Nuestras fotos familiares, una bolsa con partes de cadáveres, un montón de cenizas, cinco sudarios de distintos tamaños envueltos el uno al lado del otro.

Las fotos familiares en Gaza son distintas, pero estuvieron juntos y juntos se fueron.




en Antología de Poesía de la Resistencia Palestina, 2024










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lunes, julio 27, 2026

«La verdadera razón», de Yannis Ritsos

Traducción de Heleni Perdikidi




No, no es que Apolo haya retirado su promesa
y, escupiendo en la boca de Casandra, haya quitado
a sus palabras todo don de persuasión, haciendo
          inútiles sus profecías para sí
y para los demás, no. Es simplemente que
nadie quiere creer en la verdad. Y cuando ves
la red dentro de la bañera, crees que te la han preparado
para tu pesca de la mañana y no escuchas nada dentro de ti
mientras fuera, por los peldaños de mármol del palacio,
          va subiendo
el tenebroso mensaje con las voces de la desdichada Casandra.


7-VI-69





en Grecidad y otros poemas, Visor, 1979





















domingo, julio 26, 2026

«La Odisea. Canto XII: Las Sirenas, Escila, Caribdis, las Vacas del Sol», de Homero

Fragmento / Traducción de Luis Segalá y Estalella



«Tan luego como la nave, dejando la corriente del río Océano, llegó a las olas del vasto mar y a la isla Eea —donde están la mansión y las danzas de la Aurora, hija de la mañana, y el orto del Sol—, la sacamos a la arena, después de saltar a la playa, nos entregamos al sueño y aguardamos la aparición de la divinal Aurora. 

»Cuando se descubrió la hija de la mañana, la Aurora de rosáceos dedos, envié algunos compañeros a la morada de Circe para que trajesen el cadáver del difunto Elpénor278. Luego cortamos troncos y, afligidos y vertiendo abundantes lágrimas, celebramos las exequias en el lugar más eminente de la orilla. Y no bien hubimos quemado el cadáver y las armas del difunto, le erigimos un túmulo, con su correspondiente cipo, y clavamos en la parte más alta el manejable remo. 

»Mientras en tales cosas nos ocupábamos, no se le encubrió a Circe nuestra llegada del Hades, y se atavió y vino muy presto con criadas que traían pan, mucha carne y vino rojo, de color de fuego. Y puesta en medio de nosotros, dijo así la divina entre las diosas: 

»CIRCE. —¡Oh desdichados, que viviendo aún, bajasteis a la morada de Hades, y habréis muerto dos veces cuando los demás hombres mueren una sola! ¡Ea!, quedaos aquí y comed manjares y bebed vino todo el día de hoy, pues así que despunte la aurora volveréis a navegar, y yo os mostraré el camino y os indicaré cuanto sea preciso para que no padezcáis, a causa de una maquinación funesta, ningún infortunio ni en el mar ni en la tierra firme». 

«Así dijo, y nuestro ánimo generoso se dejó persuadir. Y ya todo el día, hasta la puesta del sol, estuvimos sentados, comiendo carne en abundancia y bebiendo dulce vino. Apenas el sol se puso y sobrevino la oscuridad, los demás se acostaron junto a las amarras del buque. Pero a mí Circe me cogió de la mano, me hizo sentar separadamente de los compañeros y, acomodándose cerca de mí, me preguntó cuanto me había ocurrido, y yo se lo conté por su orden. Entonces me dijo estas palabras la veneranda Circe: 

»CIRCE. —Así pues, se han llevado a cumplimiento todas estas cosas. Oye ahora lo que voy a decir y un dios en persona te lo recordará más tarde. Llegarás primero a las sirenas, que encantan a cuantos hombres van a su encuentro. Aquel que imprudentemente se acerca a ellas y oye su voz, ya no vuelve a ver a su esposa ni a sus hijos pequeñuelos rodeándole, llenos de júbilo, cuando torna a su hogar, sino que le hechizan las sirenas con el sonoro canto sentadas en una pradera y teniendo a su alrededor enorme montón de huesos de hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo. Pasa de largo y tapa las orejas de tus compañeros con cera blanda, previamente adelgazada, a fin de que ninguno las oiga; mas si tú desearas oírlas, haz que te aten en la velera embarcación de pies y manos, derecho y arrimado a la parte inferior del mástil, y que las sogas se liguen al mismo, y así podrás deleitarte escuchando a las sirenas. Y acaso de que supliques o mandes a los compañeros que te suelten, átente con más lazos todavía. Después que tus compañeros hayan conseguido llevaros más allá de las sirenas, no te indicaré con precisión cuál de los dos caminos te cumple recorrer; considéralo en tu ánimo, pues voy a decir lo que hay a entrambas partes. A un lado se alzan peñas prominentes, contra las cuales rugen las inmensas olas de la ojizarca Anfitrite: llámanlas Erráticas los bienaventurados dioses. Por allí no pasan las aves sin peligro, ni aun las tímidas palomas que llevan la ambrosía al padre Zeus,* pues cada vez la lisa peña arrebata alguna y el padre manda otra para completar el número. Ninguna embarcación de hombres, en llegando allá, pudo escapar salva, pues las olas del mar y las tempestades, cargadas de pernicioso fuego, se llevan juntamente las tablas del barco y los cuerpos de los hombres. Tan sólo logró doblar aquellas rocas una nave surcadora del ponto: Argo, por todos tan celebrada, al volver del país de Eetes; y también a ésta habríala estrellado el oleaje contra las grandes peñas, si Hera no la hubiese hecho pasar junto a ellas por su afecto a Jasón. Al lado opuesto hay dos escollos. El uno alcanza el anchuroso cielo con su pico agudo, coronado por el pardo nubarrón que jamás le suelta, en términos que la cima no aparece despejada nunca, ni siquiera en verano ni en otoño. Ningún hombre mortal, aunque tuviese veinte manos e igual número de pies, podría subir al tal escollo ni bajar de él, pues la roca es tan lisa que parece pulimentada. En medio del escollo hay un antro sombrío que mira al ocaso, hacia el Érebo, y a él enderezaréis el rumbo de la cóncava nave, preclaro Odiseo. Ni un hombre joven que disparara el arco desde la cóncava nave podría llegar con sus tiros a la profunda cueva. Allí mora Escila,* que aúlla* terriblemente, con voz semejante a la de una perra recién nacida, y es un monstruo perverso a quien nadie se alegrará de ver, aunque fuese un dios el que con ella se encontrase. Tiene doce pies, todos deformes, y seis cuellos larguísimos, cada cual con una horrible cabeza en cuya boca hay tres hileras de abundantes y apretados dientes, llenos de negra muerte. Está sumida hasta la mitad del cuerpo en la honda gruta, saca las cabezas fuera de aquel horrendo báratro y, registrando alrededor del escollo, pesca delfines, perros de mar y también, si puede cogerlo, alguno de los monstruos mayores que cría en cantidad inmensa la ruidosa Anfitrite. Por allí jamás pasó embarcación cuyos marineros pudieran gloriarse de haber escapado indemnes, pues Escila les arrebata con sus cabezas sendos hombres de la nave de azulada proa. El otro escollo es más bajo y lo verás, Odiseo, cerca del primero, pues hállase a tiro de flecha. Hay allí un cabrahigo grande y frondoso, y a su pie la divinal Caribdis sorbe la turbia agua. Tres veces al día la echa afuera y otras tantas vuelve a sorberla de un modo horrible. No te encuentres allí cuando la sorbe, pues ni el que sacude la tierra podría librarle de la perdición. Debes, por el contrario, acercarte mucho al escollo de Escila y hacer que tu nave pase rápidamente, pues mejor es que eches de menos a seis compañeros que no a todos juntos». 

«Así se expresó, y le contesté diciendo: 

»ODISEO. —¡Ea, oh diosa!, háblame sinceramente: si por algún medio lograse escapar de la funesta Caribdis, ¿podré rechazar a Escila cuando quiera dañar a mis compañeros? 

»Así le dije, y al punto me respondió la divina entre las diosas: 

»CIRCE. —¡Oh infeliz! ¿Aún piensas en obras y trabajos bélicos, y no has de ceder ni ante los inmortales dioses? Escila no es mortal, sino una plaga imperecedera, grave, terrible, cruel e ineluctable. Contra ella no hay que defenderse; huir de su lado es lo mejor. Si, armándote, demorares junto al peñasco, temo que se lanzará otra vez y te arrebatará con sus cabezas sendos varones. Debes hacer, por tanto, que tu navío pase ligero e invocar, dando gritos, a Crateis, madre de Escila, que les parió tal plaga a los mortales, y ésta la contendrá para que no os acometa nuevamente. Llegarás más tarde a la isla de Trinacria, donde pacen las muchas vacas y pingües ovejas del Sol. Siete son las vacadas, otras tantas las hermosas greyes de ovejas, y cada una está formada por cincuenta cabezas. Dicho ganado no se reproduce ni muere, y son sus pastores dos deidades, dos ninfas de hermosas trenzas: Faetusa y Lampetia,* las cuales concibió del Sol Hiperión la divina Neera. La veneranda madre, después que las dio a luz y las hubo criado, llevolas a la isla de Trinacria, allá muy lejos, para que guardaran las ovejas de su padre y las vacas de retorcidos cuernos. Si a éstas las dejaras indemnes, ocupándote tan sólo en preparar tu regreso, aún llegarías a Ítaca, después de pasar muchos trabajos; pero si les causares daño, desde ahora te anuncio la perdición de la nave y la de tus amigos. Y aunque tú escapes, llegarás tarde y mal a la patria, después de perder todos los compañeros». 

«Así dijo, y al punto apareció la Aurora, de áureo solio. La divina entre las diosas se internó en la isla, y yo, encaminándome al bajel, ordené a mis compañeros que subieran a la nave y desataran las amarras. Embarcáronse acto continuo y, sentándose por orden en los bancos, comenzaron a batir con los remos el espumoso mar. Por detrás de la nave de azulada proa soplaba próspero viento que henchía las velas, buen compañero que nos mandó Circe, la de lindas trenzas, deidad poderosa, dotada de voz. Colocados los aparejos cada uno en su sitio, nos sentamos en la nave, que era conducida por el viento y el piloto. Entonces alcé la voz a mis compañeros, con el corazón triste, y les hablé de este modo: 

»ODISEO. —¡Oh amigos! No conviene que sean únicamente uno o dos quienes conozcan los vaticinios que me reveló Circe, la divina entre las diosas, y os los voy a referir para que, sabedores de ellos, o muramos o nos salvemos, librándonos de la muerte y de la Parca. Nos ordena lo primero rehuir la voz de las divinales sirenas y el florido prado en que éstas moran. Manifestome que tan sólo yo debo oírlas, pero atadme con fuertes lazos, de pie y arrimado a la parte inferior del mástil —para que  me  esté  allí  sin  moverme—,  y  las  sogas  líguense  al mismo. Y en el caso de que os ruegue o mande que me soltéis atadme con más lazos todavía.




Pintura original: Circe tentando a Ulises (1786), de Angelica Kauffmann















sábado, julio 25, 2026

«Respuesta a Ting,Yuan Ch’en», de Ou Yang Hsiu

Versión de Carlos Manzano de la traducción de Kenneth Rexroth




La primavera nunca llegará hasta mí 
En esta frontera remota, es 
El segundo mes y no hay flores en la 
Ciudad ni en las colinas. Una 
Nieve destructiva rompe las ramas de 
Las que deberían colgar naranjas. 
El viento gélido y el trueno devuelven 
A la tierra a los brotes de bambú. 
Durante toda la noche, se oyen los 
tristes graznidos de los gansos 
Salvajes, que me recuerdan a mi antiguo 
Hogar. Desde Año Nuevo he estado 
Enfermo. El espectáculo de las flores 
Nuevas podría animarme. Ya no 
Soy tu huésped, entre las flores en Lo Yang. 
Pero incluso las flores silvestres, 
Si aparecieran, bastarían para alegrarme.




en Cien poemas chinos, 1966















viernes, julio 24, 2026

«Si se bloquean hasta los rápidos del río», de Mibu no Tadamine

Traducción de Torquil Duthie






Si se bloquean
hasta los rápidos del río
se tornan estanques,
pero no hay presa alguna
que detenga a la muerte.



en Poesía clásica japonesa, 2005













jueves, julio 23, 2026

«Jaime Sáenz y el camino del conocimiento», de Edmundo Paz Soldán




 
La vida de Jaime Sáenz es un inventario de gestos provocativos contra la clase media de la que provenía, contra un tiempo que se le antojaba dominado por la razón, en el que las fuerzas desatadas de la modernidad capitalista intentaban destruir el espíritu de las ciudades, «cifra de muchos misterios». Nacido en La Paz en 1921, Sáenz fue un ser torturado; comenzó a beber a los quince años y a los veinte ya era alcohólico. Dos experiencias con el delirium tremens a principios de la década de 1950 lo llevaron al borde de la muerte y lo obligaron a dejar el alcohol y dedicarse plenamente a la escritura. Para Sáenz, el alcohol era un camino de conocimiento que permitía acceder a un grado de conciencia superior, a un estado de revelaciones y una visión más profunda de la realidad. En La noche (1984), escribe:

       La experiencia más dolorosa, la más triste y aterradora
       que imaginarse pueda,
       es sin duda la experiencia del alcohol.
       […] 
       Y tan atroz y temible se muestra, en un recorrido de 
       espanto y miseria, que uno quisiera quedarse muerto allá. 

Una de sus facetas más extrañas es su relación con el nazismo, que descubrió durante un viaje a Alemania en 1939. Lo fascinaba su lado místico, su conexión con el irracionalismo alemán. En una pared de su escritorio tenía la foto de Hitler y en una pizarra había dibujado una esvástica; creía que el nazismo era la última esperanza para detener el avance del capitalismo (que veía como una conspiración judía). Esa fascinación estaba plagada de contradicciones: Sáenz utilizaba ideas nacionalsocialistas sobre la importancia de lo telúrico para aplicarlas a Bolivia y creía que en la potencia de la raza aymara se encontraba el futuro del país (en su escritorio también guardaba la foto de un indio aymara gigante).

Le gustaba visitar la morgue, pero su interés era más metafísico que morboso: ver qué sensaciones físicas experimentaba, enterarse a qué olían los cadáveres, estaba ligado a su obsesión por comprender qué pasaba con el alma después de la muerte. Paradójicamente le horrorizaba ser enterrado vivo a la vez que vivía con un profundo deseo de morir. Llegó a dar instrucciones a un amigo doctor para que cuando lo enterraran se cerciorara de que estuviera muerto.

Sáenz vivía de noche y dormía de día: ponía cartulinas negras en las ventanas de sus cuartos para que no entrara la luz, gesto que lo emparenta con escritores «malditos» latinoamericanos como Rodrigo Lira y Jorge Barón Biza: la búsqueda de oscuridad, la entrega a la vida nocturna, es un gesto cargado de simbolismo. Cerrar las ventanas no es solamente apagar la luz sino también clausurar el paso a las convenciones que triunfan durante el día: las buenas costumbres, la razón.




en Atlas de la literatura latinoamericana (ed. de Claudia Obligado), 2022