miércoles, junio 24, 2026

HOY presentación de El Árbol de la Memoria, de Jorge Teillier en el Liguria de Merced a las 19 hrs.






Bar Liguria
& Descontexto Editores
los invitan a la presentación 
de 
El Árbol de la Memoria
del poeta lautarino
Jorge Teillier
a 91 años de su nacimiento

Edición de Juan Carlos Villavicencio

con la participación de los poetas
Carlos Cociña
&
Diego Alfaro 

Tangos por 
Marcelo Nicolás Carrasco


Miércoles 24 de junio · Bar-Restaurant Liguria 
Merced #298 · Barrio Lastarria · 19:00 (Chile)

           











martes, junio 23, 2026

«Madera de poeta. Prólogo de El árbol de la memoria», de Diego Alfaro Palma

Inicio



En el ajetreo de la calle Huérfanos, en pleno centro de Santiago, existía un reducto para dedicarse al arte de la tertulia. Los sábados llegaba hasta allí Jorge Teillier, además de una tropa bastante variopinta de intelectuales, ajedrecistas y femme fatales. Era el café Sao Paulo, donde es posible que, entre los años 1959 y 1960, haya puesto sobre la mesa, entre servilletas y cucharas, los borradores de El árbol de la memoria

Esto no lo sabemos a ciencia cierta, pero no perdemos nada con imaginarlo, ponernos en situación, porque ese reducto resultaba ser «una verdadera catedral moderna», en palabras de Teófilo Cid, ese dandy santiaguino, que bien sabía de «ver pasar la vida estrafalaria y bulliciosa».

En ese momento, Jorge no era el Jorge Teillier que hoy conocemos. Tenía a su haber dos volúmenes publicados, Para ángeles y gorriones (1956) y El cielo cae con las hojas (1958), que le valió el Premio de la Sociedad de Escritores de Chile. En otras palabras, había ganado cierta fama, pero aún estaba trazando su sendero en las letras. Siguiendo una certeza y un impulso, reunió un nuevo grupo de poemas bajo el título de Los conjuros, título original de este libro. Con ese encabezado lo envió al concurso Gabriela Mistral de 1960, donde el jurado determinó otorgarle la presea a esos escritos notablemente maduros.

Un amigo de esas épocas, Enrique Lihn, quien también tomaba posición en el Sao Paulo, junto al dramaturgo Enrique Moletto y a la poeta Stella Díaz Varín, escribió un elogioso texto en la revista Alerce:

          «Este poeta ha llegado al punto de madurez en que su desarrollo debe pasar, hasta cierto punto inadvertido bajo una trama de excelencias formales, continuar, al favor de la obscuridad, en una zona de la experiencia y de la expresión sobre las cuales sólo a él le cabe recapacitar».

Decimos «elogioso», porque es difícil encontrar la pompa sencilla y directa en la prosa de Lihn, sin embargo, se nota en ese artículo el ánimo de poner en su lugar a un escritor que comenzaba a esplender a punta de disciplina, en «una combinación de talento natural y esfuerzo».

También deberíamos imaginarnos la fiesta que se armó en el café cuando Teillier, con sólo 25 años, logró tamaña proeza. Más de algún amigo debe haber tirado la casa por la ventana, haciendo que las celebraciones se sucedieran en una especie de jubileo interminable. Los conjuros obtenía el primer lugar, no obstante, los que lo acompañaban y, sin ir más lejos, el público general no habían tenido acceso a esos poemas. Fue así que, no dándole demasiadas vueltas, asistió a una de las instituciones más importantes y —por ello mismo— más desconocidas de la literatura chilena de los años cincuenta y sesenta: la imprenta Arancibia Hermanos merecería una placa, al menos una nombradía en la historia, pero los avatares del tercermundismo han complotado contra ello. Probablemente no es el árbol más vistoso, sino una ranita de Darwin en medio del bosque húmedo de la literatura nacional, un detalle pequeño, pero esencial dentro del ecosistema. Teillier conocía bien a uno de los Arancibia, dos hermanos españoles exiliados tras la Guerra Civil:

          «Era editor de todos los poetas de la época y, curiosamente, se hizo rico gracias a los poetas, no rico pero ganó bastante dinero con las autoediciones; seguramente ganaba muy poco con cada uno pero llegaban cien poetas o novelistas, y de una pequeña imprenta de mano llegó a tener una imprenta grande».

Esto lo cuenta en el libro de entrevistas con Hernán Ortega. Los hermanos tenían un sistema muy poco común, el del crédito. Para explicarlo, tendremos que recurrir a otra voz autorizada, a la del narrador Luis Sepúlveda:

          «Jamás dijeron que no a un poeta o escritor que llegó con un manuscrito. La edición de modestos trescientos ejemplares costaba por ejemplo diez mil pesos, el autor no tenía un centavo, pero dejaba el manuscrito y se lo publicaban; luego, le avisaban que estaba listo y, cuando el autor emocionado contemplaba su ‘obra’ impresa, los hermanos Arancibia le preguntaban cómo pensaba pagar. Cuando a mí me tocó responder, como a tantos otros colegas, dije que en ese momento tenía doscientos pesos. Como a tantos otros, me respondieron que muy bien, que podía llevarme un paquete con diez ejemplares. Eso obligaba a vender los libros, a metérselos a amigos, o a ser más audaz».

Ese sistema de créditos le permitió a Teillier imprimir El árbol de la memoria. Algunos podrán argumentar que este relato posiblemente no tiene nada que ver con el libro en sí, pero es una entrada importante para entender las complejidades que en ese momento significaban difundir una obra. De esa forma, los Arancibia iban a lograr, entre otros ejemplos, tener entre sus ilustradoras de tapa a Roser Bru, otra exiliada llegada en el Winnipeg gracias a Pablo Neruda, o imprimir el primer libro de Gonzalo Millán, Relación personal (1968) y, no menos importante, sacar cada uno de los números de la revista Orfeo, que Teillier dirigió entre los años 1963 y 1968, junto al escritor colombiano Jorge Vélez.

Los ejemplares de esa autoedición de El árbol fueron enviados hasta una oficina en pleno centro de la capital, para competir en el prestigioso Premio Municipal de Literatura de Santiago. En las ocasiones anteriores, en el género poesía, los condecorados habían sido escritores de fuste: Luis Oyarzún por Mediodía, Braulio Arenas por Poemas y Juvencio Valle por Del monte a la ladera. Sin embargo, nada hacía presagiar que él se convertiría en uno de los autores más jóvenes en ser laureado en la historia del premio.

Habría que pensar ese diciembre de 1961 como otra fiesta inmensa, apoteósica. Mientras Cuba se declaraba libre de analfabetismo, un poeta del sur de Chile recibía el merecido espaldarazo. Sobre este conjunto de poemas terminarían escribiendo notas el crítico Filebo, Edmundo Concha, Teófilo Cid, Ruperto Salcedo, Hernán Lavín Cerda, Guillermo Atías, Enrique Bello, además del ya mencionado Lihn. Los hermanos Arancibia también deben haberse sumado a esa juerga; el futuro les depararía la impresión de otros dos libros del vate, Poemas del país de nunca jamás (1963) y Crónica del forastero (1968).




en El árbol de la memoria (edición definitiva), Descontexto Editores, 2026


















lunes, junio 22, 2026

Entrevista a Rufino, de Catalina May + Nota de Revista Hoy



(1949-2026)


Sus dibujos de personajes negros que representaban a los agentes de la CNI, en plena dictadura, son ya un clásico y hoy se les puede encontrar en las librerías bajo el título de Civiles No Identificados. Aquí, el dibujante detrás de los «monos» comenta las campañas presidenciales y explica por qué el humor político, que en dictadura fue fundamental, hoy se ha vuelto elitista.

Es de Los Andes y se vino a Santiago a estudiar Publicidad en la Universidad Técnica del Estado. Comenzó trabajando como diseñador e ilustrador en la revista Ercilla, a principio de los años 70. El 76, Montenegro era el diagramador e ilustrador de la revista Hoy, cuando el director de la revista, Emilio Filippi, viajó por América en busca de fondos y volvió contando que todas las revistas que valían la pena tenían dibujantes y lamentándose por no tener la plata para hacerlo. Entonces, Montenegro le dijo que él podía ser el dibujante. «Pero yo a usted no le he visto nada», le dijo Filippi. Al día siguiente Montenegro le llevó tres de sus «monos», que al director le parecieron más o menos. Al día siguiente le llevó tres más, los que fueron publicados. Desde entonces, dice Montenegro, no ha parado. Hoy publica en la revista Ercilla.

¿Por qué firma como Rufino?
En esos tiempos estaba de moda hacer acrósticos con el nombre. Hervi es Hernán Vidal, Vicar es Víctor Arriagada y así. A mí eso no me gustaba y me puse el nombre de mi abuelo.

¿Por qué decidió publicar ahora este libro con sus trabajos durante la dictadura?
Un día me llamó Gilberto Villarroel –el editor– y me lo propuso. Yo les dije que si les parecía interesante probáramos. Ellos tuvieron un trabajo horroroso, porque hicieron la selección y yo nunca guardo originales, así que tuvieron que buscar recortes. Un trabajo de egipcios. El resultado me parece bien, pero tengo una distancia. Creo que esos monos, en su contexto, tenían un sentido, pero ahora sólo algunos se salvan: otros parecen medio inocentones.

Aunque es humor, no son precisamente chistes, es otro el tono.
Bueno, era una dictadura, entonces es humor, pero no tan directo. Fueron los primeros monos que aparecieron agarrando pa'l hueveo a la CNI, al gobierno, pero además es mi modo de enfrentar el humor.

¿Tuvo algún problema es esos años por sus «monos»?
Hubo comentarios de algunos ministros. La Mónica Madariaga dijo: «Bien simpático el jovencito Rufino». Era como para tomarse unas vacaciones eso (risas).

¿Quiénes son sus personajes hoy?
Todos, le hacen re fácil la vida a uno: hacen ellos mismos el chiste, uno sólo tiene que parar la oreja y dibujarlo. ¿O no te hai fijado en la campaña?

¿Le parece chistosa la campaña?
Yo la encuentro aburrida, pero creo que para la gente debe ser entretenida, porque por primera vez la Concertación está cercana a perder, nadie sabe quién va a ganar, pelea la DC contra la DC, RN contra la UDI. Es cosa de parar la oreja.

Ya, pero las campañas propiamente tales…
Siempre son lateras. Invadir las calles con las palometas y poner cuatro mil porquerías de esas en la plaza de Maipú, o sea… Creo que las elecciones ya no tienen la carga de otra época, no tienen la épica del plebiscito del SÍ y el NO, o de los primeros gobiernos de la Concerta.

¿Pero le parece que en las campañas se aprovecha el humor?
Lo manejan muy mal, no creo que haya muchos especialistas. Es como parejito.

La teleserie de Arrate se ha llevado hartos aplausos. ¿Qué le parece a usted?
Es inteligente, pero no encuentro que sea divertida.

¿Y los sketchs de MEO con el «científico» que le hace experimentos?
Son simpáticas las cuestiones, pero no encuentro algo que sobresalga de los demás y que sea realmente bueno. Encuentro parejo fome todo.

No se me ocurre qué es lo chistoso en la campaña de Frei, para preguntarle, o de Piñera.
(Risas) Es que ellos no son chistosos, a mí tampoco se me ocurre nada.

¿Qué rasgos característicos de cada candidato utiliza usted para dibujarlos?
Yo no hago caricatura en el sentido clásico, me baso más en los textos que en lo físico. Ocupo la complicidad del lector, en el sentido que ellos saben de quién y qué estoy hablando. Eso me ha servido desde los monos de la CNI hasta ahora. Por eso la gente que lee mis monos es gente que está enterada de lo que pasa.

¿Cómo ve el humor gráfico hoy?
Mal, porque hay muy pocos medios que acojan a los humoristas gráficos. Además, ideológicamente son todos muy parecidos, excepto La Nación. Pero si gana Piñera van a quedar todos parejitos.

¿Le interesa algún dibujante?
Hay muchos y muy buenos, pero están más bien en la publicidad, el cómic o internet. Me gusta Rodrigo Salinas, el Topo. La gente joven es buena técnicamente, pero en los textos los noto flojillos. Van más al chiste fácil.

¿Por qué será?
Porque ya a nadie le importa nada lo que pase en política, nadie se gasta mucho en pelear por nada, falta épica. En dictadura estábamos peleando contra alguien potente y uno se esforzaba. Pero ahora lo que importa es tener pega, comprarse el plasma, pagar la tarjeta de crédito. La realidad repercute en nuestro trabajo, entonces hoy al común de la gente le importa un pucho la política y así, nuestro trabajo se hace más elitista.

¿Qué temas le interesa plantear hoy?
Los líos de los profes, de los pingüinos, de la salud, las farmacias, los problemas de Andha Chile.*




en The Clinic, 20 de diciembre, 2009






* Nota DscnTxt: Asociación Nacional de Deudores Habitacionales.







HUMOR
Lo mejor de Rufino

Una de las más gratas noticias recibidas por HOY en estos diez años ocurrió recientemente: la nominación del jefe de su Departamento de Arte, Alejandro Montenegro, Rufino, como ganador del Premio 1987 de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, en mención caricaturas. Efectivamente, Rufino es pionero en el renacimiento del humorismo político en Chile. Lo atestiguan esos seres vestidos de negro y lentes oscuros que pueblan la página 1 de cada edición.

Esto es, según él, lo mejor suyo en diez años.

Edición extraordinaria, mayo de 1987








Hermano querido, el club de cacho te saluda.












domingo, junio 21, 2026

«Glosa a un epitafio (Carta al padre)», de Leopoldo María Panero




 
And fish to catch regeneration
SAMUEL BUTLER

Solos tú y yo, e irremediablemente
unidos por la muerte: torturados aún por
fantasmas que dejamos con torpeza
arañarnos el cuerpo y luchar por los despojos
del sudario, pero ambos muertos, y seguros
de nuestra muerte; dejando al espectro proseguir en vano
con el turbio negocio de los datos: mudo,
el cuerpo, ese impostor en el retrato, y los dos siguiendo
ese otro juego del alma que ya a nada responde,
que lucha con su sombra en el espejo-solos,
caídos frente a él y viendo
detrás del cristal la vida como lluvia, tras del cristal asombrados
por los demás, por aquellos Vous etes combien? que nos sobreviven
y dicen conocernos, y nos llaman
por nuestro nombre grotesco, ¡ah el sórdido, el
viscoso templo de lo humano! 
                                                Y sin embargo
solos los dos, y unidos por el frío
que apenas roza brillante envoltura
solos los dos en esta pausa
eterna del tiempo que nada sabe ni quiere, pero dura
como la piedra, solos los dos, y amándonos
sobre el lecho de la pausa, como se aman 
                                                                 los muertos
«amó», dijiste, autorizado por la muerte
porque sabías de ti como de una tercera persona
bebió dijiste, porque Dios estaba (Pound dixit)
en tu vaso de whiski
amo bebió, dijiste, pero ahora espera
¿espera? y en efecto la resurrección
desde un cristal inválido te avisa
que con armas nuestra muerte florece
                                                           para ti que sólo
sabías de la muerte. Aquí
¿debajo o por encima?
                                    de esta piedra
tú que doraste la sobrenatural dureza y el
dolor sobrenatural de los edificios desnudos
                                                                      ¿en qué perspectiva
–dime– acoger la muerte?
                                       en la mesa de disección
tú que danzaste
                           enloquecido en la plaza desierta
                                                                               tropezando
hiriéndote las manos en el trapecio del silencio
en pie contra las hojas muertas que
se adherían a tu cuerpo, y contra la hiedra que tapaba
obsesivamente tu boca hinchada de borracho,
                                                                         danzas, danzaste
sin espacio, caído, pero
no quiero errar en la mitología
de ese nombre del padre que a todos nos falta,
porque somos tan sólo hermanos de una invasión de lo imposible
y tus pasos repiten el eco de los míos en un largo
corredor donde
                        retrocedo infatigable, sin
jamás moverme
                         ¡ah los hermanos, los hermanos invisibles que florecen,
en el Terror! ¡Ah los hermanos, los hermanos que se defienden
inútilmente de la luz del mundo con las manos,
que se guardan del mundo por el Miedo, y cultivan en la sombra
de su huerto nefasto la amenaza de lo eterno, en
el ruin mundo de los vivos! ¡Ah los hermanos,
                                                                           y el ave,
el ave que vuela sobre el mundo en llamas, diciendo sólo
a los mortales que se agitan debajo, diciendo
sólo: ABISMO, ABISMO!
                                           Abismo, sí, tibia guarida
de nuestro amor de hermanos, padre.
                                                          ¡Pero tan solos!
¡Tan solos! Fantasmas que hace visible la hiedra
–como hiedramerlín como niñadecabezacortada como
mujermurciélago la niña que ya es árbol–
                                                                 crecen hojas
en la foto, y un florecer te arranca
de los labios caníbales de nuestra madre Muerte, madre
de nuestro rezo
florecen los muertos florecen
unidos acaso por el sudor helado
muerto de muchas cabezas hambrientas de los vivos
te esperamos ave, ave nacida
de la cabeza que explotó al crepúsculo
ave dibujada en la piedra y llena
de lo posible de la dulzura, de su sabor
ajeno que es más que la vida, de su crueldad
que es más que la vida
                                    ¡ira
de la piedra, ira que a la realidad insulta,
                                                              que apalea
a la cabaña torpe de la mentira con verbos
que no son, resplandecen, ira
suprema de lo mudo!
                                 (te esperamos
en la delgada orilla de lo que cae, en el prado
nocturno que atraviesan lentos
los elefantes
                     percibís el frío
                                             la
                                             conspiración de las algas,
                                             gelatina, escamas, mano
que sobresale de la tumba
manos que surgen de la tierra como tallos
surcos arados por la muerte,
cabezas de ahorcados que echan flor:
                                                      decapitados que dialogan
a la luz decreciente de las velas,
                                                 ¡oh quién nos traerá la rima
la música, el sonido que rompa la campana
de la asfixia, y el cristal borroso
de lo posible, la música del beso!
                               De ese beso, final, padre, en que desaparezcan
de un soplo nuestras sombras, para
asidos de ese metro imposible y feroz, quedarnos
a salvo de los hombres para siempre,
solos yo y tú mi amada
aquí, bajo esta piedra.




Fotografía original de Cèsar Malet



















sábado, junio 20, 2026

«La pequeña cabaña», de Cān Liáo Zǐ

Versión de Juan Carlos Villavicencio





Una cabaña lo contiene todo
Entonces ¿qué sentido tiene lo grande y lo pequeño?
¡Es preciosa, ermitaño!
Una bóveda vacía sin una partícula de polvo.





Pintura original: La cabaña techada de paja del sueño de un inmortal, de Yin Tang











viernes, junio 19, 2026

«Las campanas», de Rosalía de Castro





Yo las amo, yo las oigo,
cual oigo el rumor del viento,
el murmurar de la fuente
o el balido del cordero.
Como los pájaros, ellas,
tan pronto asoma en los cielos .
el primer rayo del alba,
le saludan con sus ecos.
Y en sus notas, que van prolongándose
por los llanos y los cerros,
hay algo de candoroso,
de apacible y de halagüeño.
Si por siempre enmudecieran,
jqué tristeza en el aire y en el cielo!
¡Qué silencio en las iglesias!
¡Qué extrañeza entre los muertos!



en Antología de poetas románticos, 1942


















jueves, junio 18, 2026

«La bacante», de Cristina Peri Rossi




Allí, escondida en las habitaciones.
Ah, conozco sus gestos antiguos
la belleza de los muebles
el perfume que flota en su sofá
y su ira
que despedaza algunas porcelanas.
Husmea las flores encamadas
las estruja nerviosamente
—esa belleza la provoca—
las rasga las lanza lejos
caen los doseles sobre el lecho
se pasea febril por las habitaciones
está desnuda y nada la sacia
abre cajones sin sentido
enciende el fuego en la chimenea
regaña a las criadas
y al fin, temible, con el hocico temblando,
se echa desnuda en el sofá,
abre las piernas
se palpa los senos de lengua húmeda
mece las caderas
golpea con las nalgas en el asiento
ruge, en el espasmo.





en Amores iguales, 2002









 







miércoles, junio 17, 2026

«La tarde es un amigo», de Armando Uribe Arce




 

La tarde es un amigo
que no existe, una novia.
A qué seguir diciendo «que no existe»:
La moza está desnuda en la ventana,
soy yo quien no la mira.
Y todo está llorando por verla o por asirla.




en Transeúnte pálido, Ediciones del joven laurel, 1954





Fotografía original de Hans Ehrmann















Contribución indirecta a DscnTxt de Héctor Monsalve



















martes, junio 16, 2026

«Alguien me contó tu muerte, Heráclito…», de Calímaco





 
Alguien me contó tu muerte, Heráclito, y me brotaron lágrimas. Recordé cuántas veces vimos juntos la caída del sol charlando. Y ahora tú, huésped de Halicarnaso, ya no eres sino vieja ceniza. Pero vivirán los ruiseñores de tus cantos y nunca su mano pondrá en ellos Hades, que todo lo arrebata.



en Antología palatina (Epigramas helenísticos), Editorial Gredos, 1978




















lunes, junio 15, 2026

«Te llamo», de Tawfiq Zayyad

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Te llamo 
tomo tus manos y las sostengo con firmeza
beso la tierra bajo tus pies
sé que daría mi vida por ti.

Te ofrezco la luz de mis ojos,
el fuego de mi corazón:
porque esta tragedia que sufro
es sólo una mínima parte de tu dolor.

No me he guardado nada por mi patria
ni subestimado el poder de mis manos 
para enfrentar con coraje al invasor. 
Un huérfano dispuesto a morir.

Llevo sobre mis hombros la sangre de mi pueblo
me verás levantar mi bandera en alto
y proteger una montaña vestida con el verde de los olivos
que guarda las tumbas de mis antepasados.
Te llamo. No dejaré de llamarte.

















domingo, junio 14, 2026

«Andando el tiempo», de Emilio Adolfo Wetphalen





Andando el tiempo
Los pies crecen y maduran
Andando el tiempo
Los hombres se miran en los espejos
Y no se ven
Andando el tiempo
Zapatos de cabritilla
Corriendo el tiempo
Zapatos de atleta
Cojeando el tiempo
Con errar de cada instante y no regresar
Alzando el dedo
Señalando
Apresurando
Es el tiempo y no tiene tiempo
No tengo tiempo
Mostrar la libreta
Todo en orden
Por aquí a la aventura silencio cerrado
Por allá a la descompuesta inmóvil móvil
Ya llega y tarda
Y se olvida
Por acá con boca falsa y palabras de otra hora
El pañuelo nuevo y pronto
Para el adiós
Adiós y no ha llegado
Ésta es la señal
El tiempo
Casi no es niño
Pero flor no es
Casi
Cuando está sobre un árbol
Se divisa el paisaje la estrella
Los zapatos
Osamentas de pescado
Y el ojo llena el horizonte
El tiempo
Aunque cojee y se hiera y se lamente
Prohibido
No te hagas tan silencio
La nube sabe de otro lugar
Son las escaleras que bajan
Porque nadie sube
Porque nadie muerde la nuca
Sino las flores
O los pies llagados
Andando y sangre de tiempo
Gotas la lluvia el torrente
La mano llega
Este es su destino
Llegar el tiempo
Se devuelve y usted sabe más
Estaba junto al silencio
Estaba con ojos pequeños
La mano a lo desierto
El pie a lo ignorado
Indudable
Los huesos prestados podían ser míos
Si un leve signo no dijera
Y no decía
Alzada levantada
Me doy a tu más leve giro
Al amor de las pestañas
A lo no dicho
Vértigo
Te temía sin noche y sin día
Aunque no regreses
Por la marcha de mis huesos a una otra noche
Por el silencio que se cae
O tu sexo


en Las ínsulas extrañas, 1986

















sábado, junio 13, 2026

«Al lado», de Mei Yaochen

Versión de Carlos Manzano de la traducción de Kenneth Rexroth




Mis vecinos de la derecha tienen 
Un hijo joven que acaba de 
Empezar a salir por su cuenta. Mis 
Vecinos de la izquierda tienen 
Una hija que aún es virgen. En la densa
Sombra bajo la puerta está 
Muy oscuro, después de la puesta de 
Sol. ¿De quién es esa cabeza 
Que mira por encima de la pared?



en Cien poemas chinos, 1966

















viernes, junio 12, 2026

«De su especie», de Anne Sexton

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




He salido, bruja poseída, 
a rondar por el aire negro, más valiente por la noche; 
soñando con el mal, cumplí con mi labor
sobre las casas corrientes, de luz en luz: 
una cosa solitaria, de doce dedos, fuera de juicio. 
Una mujer así no es una mujer, no del todo. 
He sido de su especie.

He encontrado las cálidas cuevas en el bosque, 
las llené de sartenes, tallados, estantes, 
armarios, sedas, innumerables bienes; 
preparé la cena para los gusanos y los elfos: 
quejándome, reordenando lo torcido. 
Una mujer así es incomprendida. 
He sido de su especie.

He viajado en tu carreta, cochero, 
agitando mis brazos desnudos a los pueblos que pasaban, 
aprendiendo las últimas rutas luminosas, sobreviviente 
donde tus llamas todavía muerden mi muslo
y mis costillas se parten donde tus ruedas giran. 
Una mujer así no se avergüenza de morir. 
He sido de su especie.



en To Bedlam and Part Way Back, 1960








Her Kind

I have gone out, a possessed witch, / haunting the black air, braver at night; / dreaming evil, I have done my hitch / over the plain houses, light by light: / lonely thing, twelve-fingered, out of mind. / A woman like that is not a woman, quite. / I have been her kind. // I have found the warm caves in the woods, / filled them with skillets, carvings, shelves, / closets, silks, innumerable goods; / fixed the suppers for the worms and the elves: / whining, rearranging the disaligned. / A woman like that is misunderstood. / I have been her kind. // I have ridden in your cart, driver, / waved my nude arms at villages going by, / learning the last bright routes, survivor / where your flames still bite my thigh / and my ribs crack where your wheels wind. / A woman like that is not ashamed to die. / I have been her kind.










jueves, junio 11, 2026

«Segunda cuarentena con abdel hamil hafez», de Safia Elhillo

Traducción de Helena Mariño





la letra no puede                      traducirse
el árabe      es todo verbos      para lo que
permanece quieto          en otros idiomas
تصبح             amanecerse             lo que la
traducción        despertarse        no puede
honrar     no puede contener    es la rima
con la que           تسبح nadar            hacer
de la noche                 un cuerpo de agua

estoy aquí ahora          y no estoy pletórica
tengo veinticuatro años      y estoy siempre
enferma    pequeña para mi edad y siempre
traduciendo                     no puedo dormir
a través de la noche

ningún idioma                        me ha dado
la rima                  entre               océano y
herida                  que sé             que existe
a veces                         cuando los médicos
me sacan sangre                                siento
la palabra en el borde               de la lengua

halim canta             أغرق                aghraq
me estoy ahogando          me estoy ahogando
la única palabra              para toda el agua
en su garganta                  no es traducible

halim canta                    enséñame a matar
la lágrima antes de que caiga    halim canta
no tengo experiencia                   en el amor
ni tengo una barca                 y yo sé que él
no puede descansar            no puede nadar
a través de la noche

estoy buscando           una voz            con
una herida en ella      un hombre que solo
podría haber muerto     por algún tipo de
ahogamiento   deja que la canción se tome
su tiempo       deja que el océano se vuelva
a cerrar



en Los hijos de enero, Visor, 2022





Fotografía original de Ahmed Aladdin Abushakeema


















miércoles, junio 10, 2026

«Lección», de Noémia de Sousa

Sin datos del traductor




Le enseñaron en la misión, 
cuando era pequeñito:
«Somos todos hijos de Dios; cada hombre 
es hermano de otro hombre».

Le dijeron esto en la misión, 
cuando era pequeñito.
Naturalmente, 
no se quedó siempre niño:
creció, aprendió a contar y a leer 
y comenzó a conocer 
mejor a esta mujer vendida 
que es la vida 
de todos los desgraciados.

Y entonces, una vez, inocentemente, 
vio y a un hombre y le dijo: «Hermano»,
pero el hombre pálido le fulminó duramente 
con sus ojos llenos de odio 
y le respondió: «Negro».



en Sangre negro, 2001