domingo, junio 23, 2024

«Antes de ser gazatí», de Naomi Shihab Nye

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




Yo era un niño
y perdí mi tarea,
ese papel con números
apilados en renglones,
estaba buscando mi hoja,
orgulloso de que esto más eso, luego multiplicado,
sin recordar si había dejado aquel papel
sobre la mesa después de mostrárselo a mi tío
o en el librero luego de peinarme
pero todavía tenía que estar en algún lugar
y yo lo iba a encontrar y entregar,
haría feliz a mi profesora,
ella les haría decir mi nombre a todo el curso
antes de que fuera todo restado
en un minuto
incluso mi tío
incluso mi profesora
incluso el mejor alumno de matemáticas y su hermanita
que aún no podía hablar.
Y haría cualquier cosa ahora
para enfrentar un problema que pudiera resolver.











Before I was Gazan

I was a boy / and my homework was missing, / paper with numbers on it, / stacked and lined, / I was looking for my piece of paper, / proud of this plus that, then multiplied, / not remembering if I had left it / on the table after showing to my uncle / or the shelf after combing my hair / but it was still somewhere / and I was going to find it and turn it in, / make my teacher happy, / make her say my name to the whole class, / before everything got subtracted / in a minute / even my uncle / even my teacher / even the best math student and his baby sister / who couldn’t talk yet. / And now I would do anything / for a problem I could solve.












sábado, junio 22, 2024

«Compartiendo un trago con Li He», de Luo Fu

Traducción de Miguel Ángel Petrecca




Las piedras se rajan
Tiembla el cielo
La lluvia del otoño asustada se congela en el aire
En ese momento, veo de golpe por la ventana
a un viajero montado en un asno
que viene desde Chang'an
con su bolso repleto de imágenes horripilantes
Antes de su llegada
versos como granizo cayeron
en medio de la lluvia fría
Detrás de la ventana escucho otra vez
el ruido metálico del sol golpeado por Yihe
Ah! Un estudiante flaco flaco
tan flaco
como un pincel de fino pelo
tu ancha camisa azul
flameando al viento en miles de olas

Mascando cuartetas
igual que habas. Cuartetas. Cuartetas.
En tus ojos ardientes
hay una copa de vino nuevo
de la dinastía Tang a la dinastía Song a la dinastía Yuan y Ming y Qing

por último vertido
dentro de este pequeñísimo vaso mío
Coloco en un cántaro
el poema que más te gusta
Lo sacudo y veo subir una niebla
Las palabras bailan borrachas, los acentos chocan entre sí
el cántaro se rompe y tu carne estalla
Llanto y chillido de fantasmas en la estepa
Aullidos de lobos por todas partes

Sentate, brindá conmigo
en esta la noche más oscura de la historia
Nosotros no somos dos personajes del montón
¿Qué nos importa no figurar
en la Antología de los 300 poemas Tang?
¿Y qué sentido tiene el escalafón oficial?
Todo eso no tiene ninguna importancia
Aquel día aún no habías vomitado tus versos
borracho sobre las escalera de jade de los ricos.
Vamos, tomá
La luna esta noche no va a brillar
para este nuestro encuentro único en la eternidad
Quiero aprovechar la oscuridad para escribirte un poema oscuro
Y si ellos no entienden que no entiendan.
Que no entiendan
por qué después de leerlo
nos miramos y estallamos de risa.



en Un país mental. 150 poemas chinos contemporáneos
Gog y Magog, 2023













viernes, junio 21, 2024

«A modo de crítica al dolor», de Mohammad Hamzah Ghanaiem

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Buenos días, dolor,
voz y tinta para escribir
algunos fragmentos del sueño
que dejó la almohada;
pero olvidé abrazarlos y el collar de los sueños 
se deshizo a la deriva de la realidad.

Una tierra salvaje
abre sus grandes fauces
y maravilla huir hacia la lucidez
a la hora de enfrentar el dolor.

El brazo de aquel río se hunde sigilosamente
y se asoma la ansiedad 
al separarme de él.

La orilla de la mañana
nos parecía del color de la sangre;
una nube
duerme adolorida encima de nosotros.













jueves, junio 20, 2024

«Santa Clara», de Rafael Toriz





Por causas ajenas a mi voluntad, durante la mayor parte de mi vida he sido un conspicuo bebedor; acaso por ello mi primer recuerdo del alcohol va ligado con la muerte. 

Tenía siete años cuando murió mi abuela Esperanza (¡Abuelita, la chingada! ¡Yo soy tu abuela, maricón!). Dominante y desdeñosa, sus allegados y consentidos la llamaban Mamá Quechita; en mi caso, dado que siempre he sido periférico en los asuntos del corazón y sobre todo un polizonte en relación con mi lugar en el mundo, estaba cierto de no ser de sus predilectos. Aún era pronto para darme cuenta de que mi abuela encarnaba el arquetipo del matriarcado mexicano: su palabra marcaba la ley, los horarios y la vida de la casa. No había más voluntad que la suya, y si gritaba dando órdenes, hasta los gallos de pelea se le cuadraban. La jornada empezaba con ella y con ella llegaba la noche, mandando a apagar las lámparas.

Cuando visitábamos su casa que entonces era giganteca y con una amplia azotea desde donde podían verse los silos de las fábricas de Orizaba y los árboles como copos de lana verde del Cerro del Borrego tenía la sensación de viajar en el tiempo. Nos despertaban muy temprano los gallos de pelea de don Guilebaldo y el rumuroso tun tun de las manos de mujeres en la cocina haciendo memelas para el desayuno. Ahora que escribo esto me doy cuenta de que de las manos que me alimentaron entonces –Lucrecia, Siria, Mago, Chayo y Esperanza– sólo queda un nombre en un tumba. O ni eso.

Cuando mi abuela murió nos dejaron a mí y a mi hermano con el más pendejo de mis sobrinos y nos dieron también una pelota: yo intuía que algo estaba mal y no tenía ganas de estar jugando. Todo era triste e inapropiado y nos pusieron en las manos sendas Chaparritas de uva. Entonces, por fortuna, encontré una botella de rompope en un ropero que bebí hasta desmayarme (mi hermano, tres años más chico, pero más rápido, liquidaría sin que nadie se diera cuenta una botella de Benadril que lo noqueó por un día entero). No podía saberlo entonces, pero yo heredaba el recuerdo de la muerte de su padre en el caballo junto con la certeza de que los niños valen poco al momento de velar a los muertos. Infans, dice el latín: el que no tiene derecho al habla.

Al otro día, sin que me percatara, fuimos trasladados a Xalapa, lo que me inundó de un profundo resentimiento. Nadie me preguntó si quería quedarme y de lejos me afligía el hecho de haber dejado a mi padre, por primera vez, llorando su suerte. Por esa razón, y dado que nadie reparaba en mí, salí de la casa, pero tampoco fui a la escuela: mi primera pinta me llevó adentro de un roble calcinado, una vieja carcasa arbórea de la que contaban que los 24 de junio funcionaba como portal al mundo de los muertos. Aunque era un 7 de mayo, entré con fe en el árbol, al menos para decirle a mi abuela que volviera, aunque nomás fuera para seguir chingando.

Sé que fue mucha la gente que la quiso; supe también que sus artes y maneras impactaron la vida de quienes la rodeaban: luego de su muerte, junto con la ruina de la casa, vi cómo de apoco se llenó de herrumbre, hasta desaparecer por completo, la imagen que me tocó de la Gran Familia Mexicana: nunca volví a vivir en ningún lado esas fiestas ecuménicas de fin de año en las que siempre aparecía gente nueva, parientes y amigos entre comidas y bebidas que daban una sensación de irrealidad.

De aquellas noches y días luminosos no queda sino el polvo, una casa en ruinas donde asustan, algunas fotos y dos o tres historias mal oídas y peor contadas. A poco qué uno mire hacia el pasado, si es que algo queda claro, es que hemos vivido queriéndonos y desqueriéndonos entre íntimos extraños.

La herencia que me dejó Esperanza Sandoval, en cuyas pocas fotos, muy regia, aparece siempre con una expresión adusta –«ojos doloridos más hechos para odiar que para llorar», como dice el bolero–, fueron un puñado de refranes a los que entonces no les cazaba el sentido pero va me gustaban por el sonido. Ahora que ya soy hombre los valoro como a las piedras redondas del río, lavadas y desgastadas por el cauce del lenguaje: «la que es fea por fuera, es más fea por dentro»; «cada quien hace de su culo un papalote y lo empina como quiere»; «mira a este cabrón, qué chiquito lo sentaron»; «mejor no jodas al toro si no lo vas torear»; «el que la mete, no cumple lo que promete»; «el que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe»; «al que obra mal, se le pudre el animal»; «¿no que no te las tronabas, pistolita?»; «este todavía está muy escuincle para tronarle el empacho»; «los amigos se cuentan con los dedos de una mano, y no llegan a cinco, y si por azares juntan, es para darte un chingadazo»; «melindroso, ni con las verduras: aquí se come lo que hay»; «si eres pendejo, sé discreto y no presumas». Supongo que tendría también sus oraciones, pero esas no se me quedaron (a decir verdad, yo nunca la vi rezando). 

¡Mira nada más a esta creatura tan tomada! ¡Menos mal que se murió mamá Quechita! Yo creo que se vuelve a morir de encabronada si se entera de que el primogénito de Juan Toriz anda diciendo que es borracho porque en su velorio se bajó sin que lo meran una tella de rompope.






en La distorsión, Penguin Random House, Ciudad de México, 2019
































 

miércoles, junio 19, 2024

«Estrangulé a mi hermano», de René Char

Versión de Raúl Gustavo Aguirre




Estrangulé
A mi hermano
Porque no le gustaba dormir
Con la ventana abierta
Hermana mía
Dijo antes de morir
Noches enteras he pasado
Mirándote dormir
Inclinado sobre tu resplandor en el vidrio.



en Placard pour un chemin des écoliers, 1937














J’ai étranglé / Mon frère / Parce qu’il n’aimait pas dormir. / La fenêtre ouverte. / Ma soeur / A-t-il dit avant de mourir. / J’ai passé des nuits pleines, / A te regarder dormir / Penché sur ton éclat dans la vitre.














martes, junio 18, 2024

«Telesio asume su ignorancia», de Lucas Margarit

Parte I / Telesio, Bernardino Telesio (1509-1588)




 
I

ahora
no voy a hablar
de las flores
que colgaban quietas
en los jardines
perdidos de la segunda babilonia
ni de las piedras que sujetaban
el otro sol con que alumbrabas las tinieblas

sólo apoyaré mis manos sobre
tus manos
para darnos cuenta de nuestro sacrificio




II

no voy a hablar de la estrella
que observo caer en otro precipicio

cuando la tierra roza el agua y el invierno
se adormece entre los hongos

no voy a hablar de la materia que reduce todo argumento
sobre el índice, dios o la palabra
ni de la arena que reduce todo a un solo recorrido




III

ahora
no escribo sobre dios ni sobre la muerte de dios
sino sobre el movimiento y la materia
en el posible vacío que habita en el espacio
y descubro que soy el tiempo
y el recorrido cerrado de un planeta
que me dejará ciego antes de llegar al bosque que nos oscurece

ahora tu cuerpo es el alma de mi cuerpo




En Telesio / Brevissimo tratado sobre el asombro, Leteo Edito, 2021



Fotografía original de Soledad Gómez Novaro























lunes, junio 17, 2024

«Recado sobre el trabajo de la mujer», de Gabriela Mistral

Fragmento





Me parece más un mal que un bien tratar del trabajo de la mujer como de un tema feminista. Es preferible enfrentarlo lisa y llanamente como un problema del trabajo a secas.

En Chile, país pobre, la mujer se ha incorporado a casi todas las profesiones y oficios; la necesidad no le dejó el lujo de escoger y la legislación del trabajo por sexos no madura todavía en el mundo para evitarle aquellas labores tremendas que estropean en la niña a la moza y en esta a la madre. Así, aunque nuestras mujeres no bajen aún a las minas, ni rompan piedras en las canteras, el hecho es que ya se han dado a labores viriles y a más de una brutal. Tengo delante de los ojos todavía a un grupo de mujeres que limpiaban la vía férrea en Combarbalá después de un derrumbe y bajo un sol de fuego.

Nuestra famosa civilización no ha sabido vigilar sobre la preservación de la madre. Se habría necesitado liberar de la miseria a toda mujer que cría o que educa cuando el padre falta o ha abandonado a los suyos, siguiendo vicios, cosa esta más común en Chile que en cualquier tierra que yo conozca.

La situación actual de Chile y en buena parte del Pacífico, es la de que la mujer se ha incorporado ya, y en masa, a todas las formas de trabajo donde se la tolera o se la busca. Ya no es cuestión de que nos hablen de un "mejoramiento en los salarios femeninos", sino lisa y llanamente de pedir la nivelación de los jornales para los dos sexos. A igual horario y a igual género de labor, paga común. Sieguen muchachos y muchachas en el campo argentino, hagan de mandaderos los niños o las niñas, vendimien hombres o viejas, en el Valle de Aconcagua, el oficio no tiene cara y no para mientes entre barbar y bucles, es el Trabajo en concreto y en abstracto con mayúscula. ¿Quién puede tartamudear siquiera una razón contraria a este derecho recto y claro como la espada?

En mi viaje último por la América del Sur, pedí a varias dirigentes feministas que me averiguasen los salarios de nuestras mujeres en las fábricas y en el campo, porque bien me sé la vieja inequidad y conozco esta vergüenza desde que tenía siete años y veía las pagas dobles en el fondo. Mis amigas de Chile no me ayudaron, pero otras del Pacifico han contestado. Mis gracias por esas respuestas que queman las manos y que redundan más o menos en lo que sigue. Las obreras industriales han visto subir sus salarios en las ciudades pero la nivelación está muy lejos todavía.

Las trabajadoras del campo viven todavía del absurdo que bueno es llamar delito: su jornal, en algunos países es la mitad del masculino sin que haya diferencia alguna en la faena la cual deje margen a una excusa o mixtificación en los puntos más celados por la austeridad o donde los patrones no son señores del siglo XI, el desequilibrio de las pagas es de un tercio. Esto es el tope de la justicia social en las zonas favorecidas.

El campo representa, yo me lo sé bien, el lugar donde la América del Sur tiene a su gente más digna y pura, y en donde la abandona del más raso desamparo. El campo criollo resulta por eso a la vez nuestra honra y nuestra vergüenza.

Pero no se vaya a creer que la plana peor del problema es la de solo el trabajo agrícola. En ciudades del Pacífico y del Caribe que se tienen por modernas, el comercio ha adoptado la tábula africana del medio salario para sus empleadas, sin dar más razón que la del sexo y la abundancia de la oferta. «Son muchas las mujeres que quieren trabajar, dicen los jefes de empresa, y un hombre "luce' más en un escritorio: le da más tono al negocio…».

Con lo cual tenemos otra vez delante, galvanizando, el esperpento medieval, con lo cual el sexo femenino sigue siendo en cierta manera, una jettatura para el trabajo y una condición más propicia para la vida galante...

Va más lejos todavía la vieja lepra oriental. En muchos colegios privados de la América criolla se mantiene la calificación sin apelativo de maestros y maestras y de este modo, la hora de clases se gobierna por ley en vez del trabajo; el sexo es una categoría en sí.

Pero la lonja más fea de la historia negra que voy contando la da el servicio doméstico. No hay hotel europeo o americano donde yo me aloje en el que no indague clara o mañosamente cómo anda este asunto de las pagas maniqueas, es decir, contrastadas. A menos de que se trate de país nórdico o sajón, el hábito hace siempre su zancadilla a la ley, y la deja entera e inútil como una nuez vana. La camarera puede ser excelente, hacer camas y barridos irreprochablemente, dar óptimo trato a los clientes, que de todas maneras el camarero la aventajará en soldada, y en una proporción muchas veces escandalosa. Y me tengo de contar con dolor que nuestras viajeras criollas, al pagar las propinas de sus sirvientes de barco y otro hotel se portan en esto como hombres, nada menos que eso. Las he visto rematar la eterna injusticia con la mayor naturalidad, como que siguen una costumbre y no hay opio igual al de la costumbre para adormilar la consciencia. También ellas, mujeres, viven la superstición del sexo: temen degradar al mozo con una magra paga y para la camarera que les sirvió con paciencia y hasta con cierta ternura, llegarán al filo del mínimum, seguras de que esa mujer, no les pondrá cara ácida ni les va a dar un bochorno en el hall lleno de gente. Aquí lo de la soga propia apretando más que la ajena.

Cuando las veo dosear[*] las propinas, ¡ay cuántas cosas veo detrás de esa mano ladina. Miro la masa de nuestras sirvientas criollas que ganan de veinte a cincuenta pesos, veo la muchedumbre indecible de nuestras «chinas» que yo me tengo por las mejores que produce nuestra injusta América y a las que he contado y puesto en lugar donde queden para un archivo de la costumbre criolla.

Nosotros, gente del Pacífico, no podemos hablar de feminismo mientras tratemos a lo paganas a esas criaturas cuya estampa suele valer para un santoral; mientras vivamos junto con nuestras chinas en romanas del Imperio o en gamas negreras de Virginia o en reyezuelas hindúes.




[*] Neologismo que equivale a «dosificar». Nota de Luis Vargas Saavedra en la publicación original.




en Recados completos, La Pollera Ediciones, 2023
























domingo, junio 16, 2024

«Genocidio», de Pablo Fante




 

Deuteronomio 23: «El hombre que tenga los testículos aplastados o el pene mutilado no será admitido en la asamblea de Yahvé. El bastardo no será admitido en la asamblea de Yahvé. Ni siquiera en su décima generación será admitido en la asamblea de Yahvé».

Zacarías 14: «Reuniré a todas las naciones para que ataquen a Jerusalén. La ciudad será tomada, las casas saqueadas y las mujeres violadas. La mitad de la ciudad partirá al cautiverio».

Jeremías 19: «Van a venir días —oráculo de Yahvé— en que no se hablará más de Tófet ni del valle de Ben Hinón, sino del Valle de la Matanza. […] Daré sus cadáveres por comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, y convertiré esta ciudad en desolación […]. Les haré comer la carne de sus hijos y comerán cada uno la carne de su prójimo en el asedio».

Sofonías 3. «He exterminado a las naciones, / sus almenas han sido derruidas, / he dejado desiertas sus calles, / sin nadie que transite; / han sido arrasadas sus ciudades, / no quedan hombres ni habitantes».


Cohetes tanques drones cazas
Bombardeo artillería
Defensa aérea
Armamento estadounidense
Munición de fósforo blanco
Concreto bañado de rojo
«Castigo colectivo»
Espadas de hierro
Genocidio

Ocupación
Colonización
Colonos europeos
Colonos norteamericanos
Colonos nativos
Pueblos de sangre
Genocidio

Barrios
Casas
Hospitales
Ambulancias
Escuelas
Civiles
Niños
Genocidio

La guerra más mortal
de la historia moderna
para periodistas
trabajadores sanitarios
humanitarios
y los niños
Genocidio

Hambruna
Desesperación
Ataques suicidas
Inmolación
Desplazamiento forzado
Corte de electricidad
Incomunicación
Prisión a cielo abierto
Martirio
Trampa en sangre
Genocidio

Tasa de mortalidad civil
de más del 90%
Ataques indiscriminados
45 muertos por bombardeo
en un campo de refugiados
La cuenta de muertos perdió sentido
Un «trágico error»
Genocidio

Crimen de guerra
y lesa humanidad
Destrucción de pruebas
Uso del hambre
como arma
Exterminio
Genocidio

La Corte Penal Internacional
La ONU
La Unión Europea
Alemania China Rusia
Los derechos del niño
Genocidio

Indiferencia
Cobardía
Venta de armas
Enriquecimiento
Cálculos políticos
Genocidio

Año tras año
1948-49 Guerra israelí árabe
1956-57 Guerra de Suez
1967 Guerra de los seis días
1967-70 Guerra de desgaste
1973 Guerra Yom Kipur
1976 Raid de Entebbe en Uganda
1982 Intervención israelí en el Líbano
1987-1993 Primera Intifada
2000-2005 Segunda Intifada
2006 Conflicto israelí-libanés
2008-2009 Guerra de Gaza
2012 Guerra de Gaza
2014 Guerra de Gaza
2021 Conflicto contra el Hamas y el Jihad
2023 y sin pausa Guerra contra el Hamas y el pueblo palestino

Una historia nacional de guerras y habitantes militarizados
Una historia colonial en marcha sobre ríos de sangre
Una historia de campos de concentración
Genocidio
Fratricidio

Pero los pueblos no se borran sin más
Palestina existe
desde el grito
por sobre el
genocidio





Mayo 2024
















sábado, junio 15, 2024

«Escrito sobre la pintura que hizo el señor Chang del monje borracho», de Huai Su

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Todo el mundo le manda vino…
No necesita ni hacer trueques ni mendigar.

Se iba apagando
bajo los árboles
apoyado en una jarra de vino

El maestro del pincel
cuando busca la verdadera realización
bebe hasta volverse loco
para comenzar,

y amenaza con pintarse a sí mismo
en el cuadro.







Pintura original: Autorretrato (c. 1633) de Chen Hongshou (1599-1652)













viernes, junio 14, 2024

«Sensación», de Arthur Rimbaud

Traducción de la Fundación Editorial El perro y la rana, 2018 






En las tardes azules de verano, iré por los senderos, 
picado por el trigo, pisaré la hierba menuda; 
soñador, sentiré su frescor en mis pies,
y dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda.

No hablaré, no pensaré en nada:
pero el amor infinito me subirá al alma, 
me iré lejos, muy lejos, como un bohemio, 
por la Naturaleza —feliz como una mujer.



Marzo de 1870
 













jueves, junio 13, 2024

«Piedra del molino», de Ahmad Dahbour

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Mi madre muele el aire,
lo vierte a puñados en un viejo tazón 
–Pon una mano en un cuenco–
y hace girar la piedra del molino…
–Voy a moler lo último del trigo y a guardar en casa mis deseos
Las mandíbulas de piedra del molino muelen sus lágrimas …
–Me quedaré despierta toda la noche contigo y no indagaré
Las mandíbulas de piedra del molino trituran su corazón…
–Y si me quemo, resistiré al fuego
En este campo de refugiados
las mandíbulas de piedra del molino trituran
nuestras vidas.













miércoles, junio 12, 2024

«Reja del lenguaje», de Paul Celan

Traducción de Juan Carlos Villavicencio





Redondez de los ojos entre los barrotes.

Animal centelleante el párpado
rema hacia arriba,
libera una mirada.

Iris, nadadora, nublada y sin sueños:
el cielo, de un gris corazón, debe estar cerca.

Inclinada, en la boca de hierro,
la astilla echa humo.
Por el sentido de la luz
adivinas el alma.

(Fuera yo como tú. Fueras tú como yo.
¿No estábamos parados
bajo un viento alisio?
Nosotros somos extraños).

Los azulejos. Sobre ellos,
demasiado próximos, ambos
charcos de un gris corazón:
dos
bocanadas de silencio.












Sprachgitter

Augenrund zwischen den Stäben. // Flimmertier Lid / rudert nach oben, / gibt einen Blick frei. // Iris, Schwimmerin, traumlos und trüb: / der Himmel, herzgrau, muß nah sein. // Schräg, in der eisernen Tülle, / der blakende Span. / Am Lichtsinn / errätst du die Seele. // (Wär ich wie du. Wärst du wie ich. / Standen wir nicht  / Unter einem Passat?  / Wir sind Fremde.) // Die Fliesen. Darauf, / dicht beieinander, die beiden  / herzgrauen Lachen: / zwei / Mundvoll Schweigen.









martes, junio 11, 2024

«Safo. Ahora, mientras danzamos», de Soledad Fariña

Cuatro versiones de poemas de Safo por Soledad Fariña



 

Haré una confesión:
            amo lo que me acaricia

creo que el amor forma parte
            del brillo
            y la virtud del sol.







Aunque sean
sólo aliento

            las palabras que comando
            son inmortales.







En el atardecer primaveral
            la luna llena brilla

            las jóvenes toman sus lugares
            como si estuvieran alrededor

de un altar

            sus pies se mueven rítmicos
            como esa vez danzaron alrededor
            de un altar de amor

            hollando un círculo

en la suave hierba florecida.







La estrella de la tarde

            es la más hermosa
            de todas las estrellas

Ya es tiempo
para ti que eres tan bella y seductora

            de compartir los juegos de las Gracias
            de tobillera rosada y dorada Afrodita

¡Ah!
Jamás seré virgen para siempre.







Ediciones Universidad Diego Portales, 2024














lunes, junio 10, 2024

«Donde la tierra se oscurece», de Sharif Elmusa

Versión de Juan Carlos Villavicencio





Queriendo hablar con él, hago una pausa
pero caigo cautivado por nuestro entorno.
Todo lo que recuerdo es una vieja roca iluminada por el sol,
y una anémona roja colgando valientemente de su borde.
Me siento a la luz, cuando de repente 
la palma de mi mano se siente pesada,
sosteniendo un libro con una portada llena de colores.
Hojeo las páginas — son poemas de amor
que traduje para mi hermano.
Tonteras, me avergüenzo,
porque debe leer los originales en árabe
para entenderlos.

¿Adónde se fue?
Él se asoma a lo lejos, y yo
corro tras él. Él corre más rápido. Y más rápido,
como un ciervo, para quien correr es un método.
Se levanta polvo del camino.

Parpadea, hasta que desaparece de mi vista.
Me quedo sin aliento. Me encuentro con un amigo suyo
que se levanta desde abajo de una higuera.
Le pregunto si se cruzó con mi hermano.
Se apoya en el baúl,
mira fijamente mi cara de preocupación,
y dice, con voz pausada,
Sí, vi a Ibrahim corriendo,
luego doblar al Oeste,
donde la tierra se oscurece.














domingo, junio 09, 2024

«La fuerza hidráulica de las plantas & flores del diccionario», de Alan Vargas

Tres poemas




Fernanda baila con las plantas el verano


una especie de feng shui
donde el sol es la casa
y las precipitaciones el movimiento

la sombra es cálida en la cocina

el sedum morganianum o burrito, por ejemplo
crece para abajo y no disfruta el sol en la cabeza
sus problemas de gravedad son solo comparables
con su prolífica gravidez

Fernanda lo ha colgado en el balcón
como un eterno suicida que indeciso
mira una y
otra vez
el alba
y
cre-
ce





La zarzamora adorna sus presentes


con un moño verde:
ensillamos al perro y salimos al vivero

agaves: cupriata, azul, pichumel

quiero una planta agradecida
dice Fernanda

cuando le pregunto a qué se refiere
responde a secas:
una que sea feliz todos los días





he trabado enemistad


con un perro café
que pasa todas las tardes

Vicente
respetuoso del deber
lo observa desde el momento en que se asoma
en la esquina
y le ladra todo el camino de la calle

el perro café se pasea orgulloso
incluso
algunos dirían que se ríe

atraviesa de una acera a la otra
y orina la buganvilia frente a nuestra casa

en ese momento
Vicente pierde la cabeza
se deshace la garganta

he tomado una decisión:
desde hace un par de días
espero al perro café
pacientemente en el balcón
para hacerle saber

–sirviéndome de insultos y ademanes–
que debe cambiar de ruta

Fernanda, al observar la extraña escena
me ha preguntado por qué lo hago

aún cuando me parece una pregunta obvia
tengo la cortesía de responder:
porque es enemigo de Vicente

Fernanda ríe:

sin ese perro
Vicente sería un bonsái





Cuatro triángulos, Oaxaca, 2020