lunes, octubre 19, 2026

«La manada de Sanhattan», de Daniel Matamala




 
Por favor, ponga atención a este párrafo de Bloomberg, el medio económico especializado que destapó la olla de lo que llamó «el fiasco de los derivados» de las AFP.

Cuenta Bloomberg que hubo por meses «un llamamiento desesperado a los reguladores: se les instó a intervenir y a poner fin a este comportamiento imprudente».

¿Quiénes pedían intervenir? ¿Algunos estatistas escépticos de que «el mercado se regula solo»? No. Eran «los mismos ejecutivos de los fondos de pensiones que, en conversaciones privadas con los reguladores, suplicaban que se establecieran normas que les impidieran hacer precisamente lo que estaban haciendo: acumular derivados volátiles».

Así estaban los ejecutivos a cargo de los ahorros de toda la vida de millones de trabajadores chilenos. Como un grupo de adictos que, en un intervalo de lucidez, suplican que alejen de ellos la droga que no pueden dejar de consumir por su propia fuerza de voluntad.

Al menos desde 2024, todas las AFP estaban haciendo enormes apuestas sobre las tasas de interés estadounidenses, que al principio les permitieron ganar unos 1.400 millones de dólares.

Pero los ejecutivos sabían que ese subidón arriesgaba una resaca terrible si el mercado cambiaba y las tasas subían. Según Citigroup, los fondos estaban expuestos a oscilaciones de 131 millones de dólares por cada movimiento de un punto básico en los rendimientos, frente a 10,6 millones a principios de 2024.

O sea, el riesgo se había multiplicado por doce.

¿Por qué los ejecutivos no salían de una situación tan peligrosa? Los gerentes que hablaron con Bloomberg se escudan en lo que llaman «efecto manada»: «las operaciones de riesgo habían sido tan lucrativas que no podían actuar de forma unilateral sin renunciar a unos rendimientos que sus competidores seguirían obteniendo».

Nadie quería ser el loser que jugara sobre seguro mientras los demás seguían gozando el éxtasis de las ganancias.

No solo esta manada de Sanhattan sabía lo que ocurría. También lo sabían el Banco Central, el Consejo de Estabilidad Financiera, y la Superintendencia de AFP, todos los cuales alertaron múltiples veces a las AFP sobre la ruleta rusa que estaban jugando con la plata de los chilenos.

Nadie hizo nada.

Fue como una gran reunión en el puesto de mando del Titanic, en que por cerca de dos años todos vieron cómo se acercaban a máxima velocidad a un iceberg, todos le dijeron a otro que hiciera algo (el vigía al timonel, el timonel al capitán, el capitán al encargado de máquinas).

Y nadie hizo nada.

Porque, claro, estábamos a punto de chocar y hundirnos, pero, hasta justo antes del choque, ¡estamos batiendo el récord de velocidad del cruce del Atlántico!

Por cierto, las AFP invierten el dinero. Algunas inversiones resultan, otras no; lo importante es que en el largo plazo el balance de éxitos y fracasos entregue una rentabilidad razonable. Esa es la lógica de fondos como el A y el B.

Pero en el D y el E, no. El fondo D es aquel al que se destinan por defecto las personas a punto de jubilarse. El E es aún más conservador, para quienes eligen tener a total resguardo ese dinero.

Pues bien, perdieron 7.700 millones de dólares, y los más perjudicados fueron precisamente el Fondo E, que ha perdido 10,4% este año, incluida una caída del 4,9% solo en septiembre; y el D, que ha perdido 4,2%.

Lo mismo pasa con los jubilados en retiro programado cuyo saldo está en el fondo D o E, porque su pensión se recalcula cada año según lo que les queda en la cuenta, de modo que sus pensiones bajarán (los demás pensionados están bajo resguardo).

Y ese es el punto clave, el que no hay que perder de vista en medio de esta danza de miles de millones de dólares esfumados, explicaciones ultratécnicas sobre el mercado de los swap y la grosera utilización política de ambos lados, para echarle la culpa a uno u otro gobierno.

El punto es que, por años, se nos mintió a millones de chilenos sobre el manejo de nuestra plata (¿porque es nuestra plata, no, en eso habíamos quedado?). Se nos dijo que los fondos D y E eran santuarios, que no tendrían alta rentabilidad pero no correrían riesgo. Que, si se acercaba nuestra jubilación, en ese lugar nuestro dinero estaba a salvo de cualquier contratiempo.

Mientras, los ludópatas de la manada de Sanhattan sacaban subrepticiamente ese dinero para jugarlo en el casino.

Osvaldo Macías, superintendente bajo los gobiernos de Bachelet, Piñera y Boric, dice ahora que «los fondos de pensiones están para proteger a los afiliados y no para especular», pero eso es precisamente lo que hicieron, bajo su supervisión, por años. «Las AFP persistieron» pese a las advertencias, dice, como si él fuera un impotente observador, y no el regulador del sistema durante una década.

La Asociación de AFP señaló que «se trata de una estrategia a largo plazo. Si se pensiona hoy, le afecta. Pero es recuperable a largo plazo».

Es un insulto a los chilenos que no pueden esperar «el largo plazo», porque se están jubilando hoy. Digamos las cosas como son: a esos chilenos se les engañó. Se les birló parte de sus ahorros que ellos suponían seguros, y ahora enfrentan el dilema de jubilar con menos, o seguir trabajando, no para mejorar su pensión, sino apenas para compensar la irresponsabilidad de la manada de Sanhattan, y la indolencia de los reguladores que no hicieron su pega.

Y ahí surgen preguntas. ¿Los ejecutivos de la manada de Sanhattan, ganaron bonos por las altas rentabilidades? ¿Tienen incentivos económicos para apostar, incluso en los fondos en que no deben hacerlo? ¿Por qué la Superintendencia de AFP no paró en seco esas apuestas? ¿Por qué se limitó a hacer múltiples advertencias, y finalmente actuar con una norma que recién entrará en vigor en noviembre, demasiado tarde? ¿Los directores de las AFP, que desoyeron las alertas, van a seguir recibiendo sus millonarios honorarios?

Creo que, tristemente, todos sabemos las respuestas. Las comisiones de las AFP se seguirán cobrando puntualmente, descontándose de los sueldos de cada trabajador. Los ejecutivos y los directores seguirán ganando sus sueldos, bonos y honorarios, como si nada hubiera pasado. Los políticos se echarán la culpa, de uno a otro lado, buscando una ganancia electoral.

Como si miles de trabajadores y jubilados chilenos no hubieran visto evaporarse de pronto el 10% de sus ahorros de toda una vida. Uno de cada diez pesos que habían juntado en 20, 30 o 40 años de trabajo.

Son ellos, los trabajadores y jubilados chilenos, los únicos que no tienen ninguna responsabilidad en esta farra de la manada de Sanhattan.

Y son los únicos que van a pagar la cuenta por ella.




en La Tercera, 18 de octubre, 2026




















domingo, octubre 18, 2026

«La monja cocinera Eddie Mae soñó que sor Mary huía con Allen Ginsburg», de Mary Norbert Körte

Traducción de José Vicente Anaya



 
Los largos pasillos oscuros están bien fuertes 
para haber permanecido después del
terremoto de 1906 cuando la sobrevivencia fue 
calculada por el sonido que hacían las cuentas 
del rosario de la madre superiora
ella soñó eso
la cocinera soñaba a las demás monjas
soñaba imposibles sueños de visiones plateadas 
y sonidos océanicos en la 
noche quejumbrosa
Soñar fue su misión a la que ella no podía 
renunciar. La noche era un lugar para ver 
todas las libertades amontonadas en lontananza, 
como ver a un dulce dragón que parecía 
una cruz moviendo su cola en círculo

Ella huía en los sueños de las demás 
haciendo llamados como lumbre explosiva 
corriendo corriendo por la escritura de 
los bardos y leones amantes y pájaros 
corriendo con sus brazos muy metidos en 
la brillantez       aleteando         lo oscuro



en Hymn to the Gentle Sun, 1967














Nota del traductor: La monja cocinera del convento de Santa Rosa, realmente soñó que sor Mary Norbert Körte abandonaba el convento para irse con unos poetas, antes de que esto sucediera, cuando ella formó parte de la Conferencia Poética de Berkeley.



















sábado, octubre 17, 2026

«Fin del camino», de Shiwu Qinggong

Versión de Juan Carlos Villavicencio




las colinas verdes no piden cuerpos ni huesos
y, una vez estás muerto, ¿a quién le hace falta una tumba?
nada de «llamas del Nirvana» para mí.
mi único problema son unos cuantos palitos de leña sin encender.














viernes, octubre 16, 2026

«Refugiados», de Rashid Hussein

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Las estrellas brillan como campos de refugiados bajo la noche
como una lúgubre entidad humanitaria, una miserable luna arroja
un montón de queso o algo de harina.
La luna le ha donado esto a mi pueblo triste.
 














jueves, octubre 15, 2026

«Insolación», de Manuel Pereira

Fragmento del capítulo 28


(1948-2026)


La Wong y Joaquín iban al cine Campoamor para matearse, enroscaban sus lenguas hasta casi asfixiarse en la última fila de butacas, que era la más oscura. Mientras tanto, en la pantalla, los enemigos del pueblo masacraban a balazos a un bolchevique. Ya le habían metido unos treinta tiros en el cuerpo, pero el tipo seguía caminando hacia sus enemigos de clase, gritándoles consignas edificantes. Era la versión proletaria de Supermán. La película era soviética y se titulaba El Comunista. Hacía como un año que permanecía en cartelera. Joaquín se la sabía de memoria.

Cuando él estudiaba ruso en el Capitolio, iba a verla solamente para recibir un baño lingüístico. Aprendió más ruso con esa película que con Nina Potapova. Pero ahora ya no veía ni oía la película, estaba demasiado entretenido mateándose con la China. Los cines ya no eran ni la sombra de lo que eran tres años atrás. Ya no había vendedores de maní garapiñado, tampoco se podía fumar… ya casi nadie gritaba aquello de «¡Cojoooooo, suelta la botella!» cuando alguna escena se interrumpía bruscamente por culpa del proyeccionista. Joaquín recordaba con nostalgia la atmósfera delirante de los cines antes de la revolución. «¡Vayaaaaa, traigo caramelos, galleticas, peters, bombones, maní garapiñaoooooo… coooooca-cola, cooocaína, mariguanaaaaaaaa!», exclamaba el vendedor de golosinas del Majestic cuando recorría la platea haciendo bocina con la mano, con una linterna bajo el brazo y un quepis verde de medio lado. La gente estallaba en carcajadas con lo de «mariguanaaaaa». Ese risoteo se había acabado.

Desde la puerta del cine Campoamor, mientras esperaba a la China, contemplaba los jardines del Capitolio abandonados, enyerbados. En el frontispicio de mármol empezaban a crecer las hierbas y en algunos capiteles dóricos se advertían raíces aéreas. De seguir así, dentro de poco allí estarían pastando las vacas. Los cristales de los altos ventanales estaban polvorientos, o rotos a pedradas. Por dentro, las telarañas tapizaban las banquetas de los hemiciclos. Primero convirtieron el Capitolio en Escuela de Idiomas y, más recientemente, en Academia de Ciencias, a pesar de lo cual, el Capitolio –más grande que el de Washington– estaba cada vez más descuidado. Incluso las placas de oro de su cúpula habían desaparecido misteriosamente. Pareciera como si los guerrilleros –orientales en su mayoría– que habían tomado el poder cinco años atrás estuvieran castigando a la ciudad, humillando sus símbolos, privándola de sus encantos.

Joaquín nunca había dado un beso en la boca, pero entre Salutaris y el Cawy le habían llenado la cabeza de fantasías bucales donde pululaban las lenguas enroscadas como serpientes. Salutaris le había regalado una cajita de chicles «Adams», producto de sus andanzas con los marineros griegos por los muelles. Antes de hacerle el obsequio, le habló de la técnica del «chicle permutable».

La «permuta» era la última invención de los Reyes Magos en materia de gestión inmobiliaria. Ya no se alquilaban, ni se vendían, ni se compraban, casas ni apartamentos ni cuartos. Ahora, si alguien quería mudarse, tenía que permutar a través de un organismo estatal. La gente cambiaba un apartamento por dos cuartos, o tres cuartos por un apartamento… las variantes eran infinitas tomando en cuenta ubicación, cantidad de metros habitables, acceso a medios de transporte, condiciones de la vivienda, etcétera.

Así que la técnica del «chicle permutable» también consistía en un intercambio. Había que masticarlo un poco nada más entrar en el cine. Cuando empezara a matearse con la China tenía que meterle por sorpresa el chicle en la boca empujándolo con la lengua. Lo ideal era que luego lo intercambiaran, como en una permuta bucal.

Tener un chicle era por entonces casi como poseer un crédito bancario, porque las pepillas adoraban el aliento perfumado de un beso «Adams», pero también era un arma de doble filo, porque si la policía te cogía masticándolo podías ir a parar a una granja donde había que trabajar de sol a sol.

Joaquín introdujo el chicle en la boca de la China y ella reaccionó como si conociera esa técnica de toda la vida. A veces ella escondía el chicle y Joaquín tenía que buscarlo con la punta de la lengua entre las muelas y en las encías. Antes él iba a ese cine a practicar idioma con el Manual de Lengua Rusa bajo el brazo, ahora iba a ejercitarse en lecciones de lenguas nada muertas.

Mientras al bolchevique seguían metiéndole tiros en la pantalla, el «chewing gum» –como decía Salutaris dándose aires de políglota– iba de una boca a la otra, ya sin sabor, pero creando una extraña sensación de unión entre los dos, como en el ritual de ciertos reyes africanos que suelen demostrarse afecto escupiendo uno dentro de la boca del otro.

Una tarde la China no asistió a la cita. Joaquín se fumó una cajetilla de «Dorados» esperándola en la puerta del Campoamor. Tampoco contestaba al teléfono, o bien salía una prima mentirosa que siempre inventaba alguna excusa: «no está», «salió a ver a su abuela»…

La China lo había dejado. Tal vez se había buscado otro novio. Joaquín lloró un poco. «No sufras por ninguna mujer, mi almita. No paga la pena», volvió a decirle Numancia cuando lo vio tristón.



2006












miércoles, octubre 14, 2026

«Veneno de escorpión azul», de Gonzalo Millán

Dos días iniciales



Diario morir / diario vivir
Diario de vida / diario de muerte
Hechos consumados / deshechos consumados
El día a día. Células grandes
En el umbral de la muerte / cerca del fin
Poemas a la muerte / poemas de despedida de la vida
«Jisei»
Adiós al pasado
Testamento. Preparación para el viaje





SÁBADO 20 DE MAYO, 2006. SANTIAGO. (EN PERAGALLO)

19:00 Despierto de una siesta después de haber almorzado una cazuela en la cama. Algo febril y apaleado después de la volada de ayer viernes. No tengo que salir tan temprano a los exámenes. Cita a las 11.30 en la Fundación oncológica Pérez López para hacerme una cintigrafía. Me inyectan un trepador electrónico y después disponemos de tres horas libres.

Vamos al Patio a comer algo. Tengo que tomar mucho líquido y orinar. Irascible. La cintigrafía me aprieta y me aplasta en la camilla. Cierro lo ojos porque tengo una cubierta a menos de un centímetro de la nariz. Claustrofóbico. El examen no duele, pero angustia. Me siento encerrado en un féretro.

Días nublados y fríos. Las últimas dos semanas haciéndome exámenes sin parar casi todos los días. Algunas mañanas en ayunas. Primero exámenes de la Dra. Castillo de Megasalud que me encuentran un tumor canceroso en el pulmón izquierdo. Después derivación al Hospital del Tórax, más exámenes que todavía no terminan. La noticia del cáncer lo cambia todo, antes y después de mayo 06. El lunes 22 examen de broncoscopía en el H. Del Tórax.

Fin de los exámenes y con la biopsia por fin el diagnóstico y el tratamiento. Hoy no resulta visita a vidente de Puente Alto. En cambio duermo una reparadora siesta.




DOMINGO 21 DE MAYO, 2006. SANTIAGO

14:00 Después de una conversa con Manuel Novoa en el patio, y de tomar una ducha, anoche duermo bien, fumo poco y me duermo temprano. 

Sábado de tregua; sin exámenes médicos. Alergia a la piel, una picazón en todo el cuerpo que atribuyo a la inyección del elemento radioactivo para hacer la cintigrafía.

Te has desprendido de la masa de hielo y en adelante (serás un flotante / flotarás como) témpano solitario y errabundo. El cambio que introduce el peligro / amenaza de muerte. El fin.

Despierto tipo 8 a.m. Me preparo café y me fumo un par de Kent (Silver 4) leyendo El Mercurio dominical. El par de puchos fumados me afectan sin duda los pulmones, toses y voz carrasposa.

17:15 El cuerpo reacciona sin incredulidad, responde en forma natural. La mente pone el grito en el cielo. El contraste me produjo alergia. Estoy cubierto de un sarpullido y me pica todo el cuerpo. El cuerpo molestado como un avispero, hierve de ira. El pellejo febril irritado; irritante, ardo, me quema la radioactividad inyectada. Noto que el tema de la muerte y la enfermedad me causan un enorme pudor (que quizá sea puro temor, a raíz de la impertinencia periodística).




Publicado por la esporádica editorial, 2025
















 












martes, octubre 13, 2026

«Oración», de Piedad Bonnett




 
Para mis días pido,
Señor de los naufragios,
no agua para la sed, sino la sed,
no sueños
sino ganas de soñar.
Para las noches,
toda la oscuridad que sea necesaria
para ahogar mi propia oscuridad.




en Lo terrible es el borde, Visor, 2021













lunes, octubre 12, 2026

«Elección», de Emily Dickinson

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




De todas las almas que permanecen creadas,
he elegido una.
Cuando el sentido se aparta del espíritu
y toda artimaña llega a su fin;

Cuando lo que es y lo que fue
se yerguen apartados, intrínsecos,
y esta breve tragedia de la carne
se desplaza como arena;

Cuando las figuras muestran su frente regia
y la niebla ha sido despojada,
¡contemplen el átomo que preferí
a todos los catálogos de barro!



c. 1862















Choice

Of all the souls that stand create / I have elected one. / When sense from spirit files away, / and subterfuge is done; // When that which is and that which was / apart, intrinsic, stand, / and this brief tragedy of flesh / is shifted like a sand; // When figures show their royal front / and mists are carved away, — / behold the atom I preferred / to all the lists of clay!









viernes, octubre 09, 2026

«Esperanza», de Gerardo Diego




 
¿Quién dijo que se agotan la curva el oro el deseo
el legítimo sonido de la luna sobre el mármol
y el perfecto plisado de los élitros
del cine cuando ejerce su tierno protectorado?

Registrad mi bolsillo
Encontraréis en él plumas en virtud de pájaro
migas en busca de pan dioses apolillados
palabras de amor eterno sin
carta de aterrizaje
y la escondida senda de las olas




1931



















jueves, octubre 08, 2026

«Entre nosotros y…», de Anne Carson

Traducción de Juan Carlos Villavicencio


Premio Nobel de Literatura 2026


ENTRE NOSOTROS Y
los animales lo innominable.
Nosotros revolvemos a tientas 
y de forma genérica           —
camelopardalis   es   lo que
se les ocurrió a los romanos
o «jirafa» (les parecía a un 
cruce entre camello y leopar-
do) o bien nos equivocamos 
de categoría — un buey almiz-
clero no es un buey en absoluto
sino que está más emparentado 
con la cabra — y al
decidir poner nombres a cada
animal en particular 
fingimos que son objetos
(Mancha) o virtudes (Belleza)
o simplemente otros yo (Bob).



en Red Doc>, 2014

















Between Us And

BETWEEN US AND / animals is a namelessness. / We flail around / generically — / camelopardalis is what / the Romans came up with / or "giraffe" ( it looked to / them  like a camel crossed / with a leopard ) or get the / category wrong — a musk / Ox  isn't  an  ox at  all but / more closely  cognate with / the goat — and when / choosing to name / individual animals we / pretend  they  are   objects / (Spot) or  virtues  (Beauty) / or  just  other selves  (Bob).
















miércoles, octubre 07, 2026

«Más allá del muro», de Refaat Alareer

Versión de Juan Carlos Villavicencio



 
«Ahí», indica la abuela.
Ella tenía una tienda que fue un hogar.
Ella tenía una cabra y un camello.
Ella tenía un rastrillo y un trinche y una pala de jardín.
Ella tenía un machete y algo para regar.
Ella tenía un huerto y doscientas plantas.
Ella tenía un hijo y otro y otro más. 

          ·   ·   ·

«Ahí», insiste.
No podía ver
por culpa del muro.
No podía oír
por culpa del ruido.
No podía oler
por culpa de la pólvora. 

          ·   ·   ·

Pero siempre lo sé,
estoy seguro de que la abuela
siempre fue
y sigue siendo
y siempre será.
Ella huele a tierra.
Y sonríe como la tierra.
Y parpadea como la tierra
cuando la lluvia la toca. 

          ·   ·   ·

Ella tiene una casa que es una tienda.
Ella tiene una llave
y un recuerdo.
Ella tiene una esperanza
y doscientos descendientes. 

          ·   ·   ·

La abuela está aquí
pero vive allá.
«¡Sí, allá mismo!»



15 de mayo de 2012



















martes, octubre 06, 2026

«Declaración de impuestos», de Álvaro Inostroza Bidart



no quiero conquistar ninguna ninfa
             (yo sólo quiero que me quieran)
no quiero superar a gritos la barrera del sonido
             hacer carrera como funcionario del estado
no quiero crédito en la Caja Chica
             AFP FONASA SERVIU ni sigla que se le parezca
no quiero dentadura postiza
             calzoncillos Playboy
             preservativos Paradise
no quiero llegar a la hora al trabajo
             aserrucharle el piso a ningún conciudadano
             jornadas de nueve horas ni de ocho
no quiero rutina para nadie
no quiero soplones sapos vigilantes o reptiles afines
no quiero estado de sitio toque de queda
             tortura sistemática silencio obligatorio
no quiero que los huemules sigan pagando los platos rotos





en Tendido (en) Público, 1996



















lunes, octubre 05, 2026

HOY Presentación de la antología de Roque Dalton en el Liguria de Lastarria






HOY LUNES 5 de octubre, 

a las 19:30 hrs. al Bar Liguria del Barrio Lastarria 

(Merced #298, Santiago Centro), 

para que nos acompañen a la presentación de 

la antología No sólo hecha de palabras, 

del poeta salvadoreño Roque Dalton  (1935-1975), 

editada por el poeta y músico Mauricio Redolés, 

que nos hizo el tremendo honor de volcar sus años de lecturas 

y enseñanza de la obra del poeta, 

del que incluso ha musicalizado algunos poemas.

Tendremos el honor de que la presentación esté a cargo de 
la notable académica y profesora Paula Miranda 
junto al poeta Mauricio Redolés.



De Dalton escribió Julio Cortazar: «Tenía algo de niño, conductas de niño, era travieso, juguetón. Era difícil saber y darse cuenta de la fuerza, la seriedad y la eficacia que se escondían detrás de ese muchacho». 

Y Cintio Vitier vio con nitidez que la risa era en Roque «su tercer lenguaje, en el que mejor decía su ira y su tristeza».

La vida del poeta Roque Dalton fue un torbellino, mezcla de activismo político y de una creatividad literaria inagotable. La poesía de Dalton es el reflejo de esa intensidad: una poesía que, sin perder calidad estética, se convirtió en un arma como visión de mundo. Su obra funde el compromiso político, la ironía y el habla cotidiana en una poética que no separa la vida de la escritura ni la escritura de la lucha.

¡Acompañadnos y difundid la palabra, por favor! 
















domingo, octubre 04, 2026

«Conversación con Roque Dalton entre sueños». Entrevista ficción, de Milson Salgado



Heberto Padilla y Roque Dalton


Estaba en mi camastro de madera de pino después de un día agotador. Estuve pensando todo el día en el poeta perfecto. Barajaba varios nombres, pero no terminaba decantándome por nadie, aunque Roque llevaba siempre para mí la ventaja. La coherencia de su obra y su vida siempre me habían atraído, pero sobre todo su alto y exquisito sentido del humor. Cuando me preguntaba qué personas que hayan muerto me hubiera gustado conocer, siempre aparecía el ubicuo Roque y sus geniales ocurrencias. Creo que mi generación siempre carga con este deseo. No tengo idea de que a qué horas me dormí. Solo recuerdo el croar de algunas ranas toros o las grandes manazas con que el aire azotaba la endeble ventana de mi cuarto. Mi sueño fue una entrevista con el ser que me ha salvado la vida por tanto tiempo.


Roque, ¿qué tal te ha ido en la eternidad?
La eternidad me ha condenado. No logro pasar la puerta. deseo dormir, descansar en pez, pero no hay descanso para los poetas que son despertados en los libros una y otra vez por un lector neófito o un especialista que le espulga las influencias al espíritu. Que Jacques Prevert, que Vallejo, que John Saint Perse. Que Renato Leduc. Que Efraín Huerta. Que el huevo o el culo de la gallina de oro. Trato siempre de llegar a mi sueño eterno, pero siempre hay una ventana en mi rostro que me muestra que este mierda de mundo sigue peor de lo que lo dejé.

Roque, ya pasaste la línea, es decir, te fuiste al otro barrio. ¿Qué? ¿Hay Dios, lo has visto o qué?
El problema de Dios en la eternidad se sigue resolviendo con puntos suspensivos. Este ser barbado y de desbordada ira bíblica es una incógnita en líneas asíntotas. La eternidad no es la gran cosa. Aquí tengo un sofá y un canapé levemente odioso donde me siento para mirar la película de mi vida una y otra vez, y saber que no puedo añadir ni tan solo una línea a mi destino.

¿Qué mensaje le darías a los del FMLN?
Ahí están algunos que me mandaron para el otro barrio. no les guardo ningún rencor. En la vida y en la muerte nunca perdí mi tiempo. Una de las grandes verdades que he aprendido aquí es que los idiotas viven más años y solamente les permiten morir hasta que se enteran que siempre lo fueron, porque Dios a nadie se trae engañado.

¿Te acuerdas de alguno de tus amigos?
Sí, siempre me acuerdo de Manlio Argueta, que a sus años sigue bailando el rap, nieto del movimiento beatnik. Siempre recuerdo las piernas de Clementina Suarez que ya está acá armando jaleo entre el cielo y el infierno, que es el mejor paraíso para los bohemios. Mi pensamiento me lleva a los aburridos marxistas hondureños que aquí le hablan como una terapia a los muertos que no pueden dormir en paz. Tengo que soportarlos, pero son las pastillas Valium en la eternidad.

Háblanos de tu familia.
Declino en estas líneas abordar a mis eternos amores.

Roque, ¿dónde podemos encontrar tus huesos?
Mis huesos volvieron al polvo enamorado afortunadamente. El tamaño de El Salvador es la tumba del guerrillero. Me hallarán donde florecen las siemprevivas. Mi sangre está en la punta de sus cogollos.

¿Y la flor de izote?
El hambre es la mejor belleza por decreto.

¿Y Joaquín Villalobos?
Fue el que me sentó en el banquillo de los acusados, y él siempre estuvo sentado en la CIA Made in USA. Cuando me asesinó le disparó a la envidia, a la poesía y a la revolución cubana.

Siempre decías que en Cien años de soledad había una mierda escondida ¿Ya la descubriste?
Claro, lo supe siempre, pero no podía comprometer al compañero que después se pegó a las faldas de Fidel. Las dentaduras postizas son del Lengua que nos metió a huevos el Imperio Medieval Español, dizque para mejorar nuestra apariencia de dientes podridos. La lupa es el espejo para vernos grandes, igual a los creadores del artefacto, y el hielo el anhelo por los aires de la alta cultura occidental. Pero, sobre todo el ¡oh! de exclamación de esta gente del siglo XX sumida en el paleolítico: es la admiración y la aceptación de que estábamos en pañales frente a la edad de la alta cultura. Fue una gran tomadura de pelos. Sólo el coronel Aureliano Buendía salva al escritor. Un milico salvándole las castañas del fuego a la sapiencia, y Chávez, harina del mismo costal.

Roque, ¿y el Che?
No hay amor más grande que dar la vida por los De-Marx.

Y Jesús, ¿la cagó?
Claro que no, por él se vendieron más biblias que novelitas de Marcial la Fuente. Constantino fue el mejor editor.

Y los ricos, ¿se salvarán del infierno?
Preguntas como si fuera San Pedro que es el que da las visas. Pero para el caso, el beato del general Franco, el cura José María Escriba de Balaguer con el Opus Dei logró el milagro de que un camello pasara por el ojo de una aguja. Ahora te diré que los ricos que dan poco en obras de caridad creen que el cielo lo obtendrán en cuotas-pagas, pero los ricos dadores alegres también creen que aquí hallarán jacuzzis, spa y baños turcos para soplarse los huevos por la eternidad.

¿Y los pobres?
Son los eternos pecados de dios.

¿Y el socialismo del siglo XXI?
Para Marx sería un queso roquefort, aunque desde la derecha hasta la social democracia les da mala leche.

¿Te has encontrado con Ernesto Cardenal?
Aquí le han comprado los derechos de autor de sus salmos.

¿El FMLN en El Salvador?
Unas son de cal y todas son de arena.

¿Y Fidel?
Poco lo veo. Parece que está dedicado a darle clases a un viejito misterioso que padece de Alzheimer.

Y el Comunismo, ¿existe o existió?
¿Existe el horizonte?

Una mujer de izquierda ha ganado las elecciones en Honduras.
Tanto que han dicho que las mujeres son el sexo débil. Ahora, en ese paisito dejado la mano de Dios, nadie tendrá la valentía de ponerse una falda.

¿Y los poetas?
Siguen hartándose de ángeles en mal estado. Siguen cantándole a los ojos de los bueyes y a los cañaverales en flor. Ahora hacen festivales para que la poesía quede entre buenos amigos.

¿Messi, Pelé o Maradona?
El pie y la mano de Dios.

¿Messi o Ronaldo?
Ronaldo no es Cristiano de mi devoción.

¿Silvio o Pablo?
Yo no cambio de bando. Yo me muero como viví.

¿Qué te enorgullece de tu país?
Una poeta como Claudia Lars, un narrador como Salarrué, un jugador como el Mágico Gonzales y un culito chic como Consuelito Suncín Sandoval.

¿El mejor narrador centroamericano?
En este momento el mejor narrador vivo en el mundo no solo de Centroamérica es Sergio Ramírez, aunque Tongolele sí sabe bailar al ritmo que le toquen.

Roque, ¿crees que los gringos sean los modernos hunos?
Claro, los hunos son iguales a los otros.

¿Qué le dirías a los chinos?
Los chinos tienen que abrir sus ojos al mundo.

Un mensaje al mundo.
Al mundo no se le dice ni se le aconseja. Cada individuo y cada país encuentra la forma de escribir su propia historia. Nadie te da guiones y sólo la bizarría echa andar tus pasos para abrir la maleza y las sendas inhóspitas por la greda. Hay millones de muertos entre los vivos, pero hay muertos que están más vivos que los vivos. Eso te lo puedo asegurar.

Te quiero dar las gracias Roque a nombre de todos los que creemos que la poesía no está hecha sólo de palabras, porque ningún lameculos podrá superar tu grandeza.



5 de febrero, 2022



















 

sábado, octubre 03, 2026

«Cielo como plumaje de codorniz», de Li Ch’ing Chao

Versión de Carlos Manzano de la traducción de Kenneth Rexroth



El sol helado se alza en silencio a
Través de la ventana cerrada.
Las hojas de otoño van cayendo veloces
Después de la negra escarcha de 
Anoche. Un poco de vino hace que el 
Regreso al té resulte más gozoso.
Dejo de lado mi amargo ensimismamiento
Y disfruto con el perfume que se
Alza hasta mi cabeza. Se está acabando 
El otoño, las noches se alargan.
Si cediera a los impulsos de mi apenado
Corazón, los días serían aún 
Más gélidos y tristes. Mejor será alentar
Mi frivolidad y embriagarme con 
El aroma de mi copa de vino. Me niego a 
Dejarme abrumar por el amarillecido
Corazón de los crisantemos junto al muro.




en Cien poemas chinos, 1966





Pintura original: Plantas e insectos, de Qi Baishi'