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lunes, agosto 10, 2026

«En caso de emergencia», de Lena Khalaf Tuffaha

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




para Musa Khalaf, nacido en 1938, en Jerusalén, Palestina

De esta manera abres la caja
cuando ya no estoy aquí.

La combinación podría ser una de estas:

1975
El año en que naciste

1967
El año en que perdimos el resto de nuestro país

1936
El año en que tu abuela se tragó sus monedas de oro
para esconderlas de los soldados

Así es como te mantienes
a salvo, guardando partes

de ti misma en cajas distintas.
Nunca le confíes
todo a nadie.

1949
El año en que murió mi padre

1977
El año en que los puestos de control te enseñaron
la diferencia entre tu nombre y tu pasaporte

1999
El año en que arrancaron el último de nuestros olivos
y el año en que el muro oscureció a Jerusalén

Así es como sabes que terminará:

Por la noche, las ventanas de la ciudad se convertirán en espejos,
una llave va recordar la forma de su puerta,

mientas las piedras de esta tierra
serán acurrucadas por manos más jóvenes que las nuestras. 


















miércoles, agosto 05, 2026

«Nadie te advirtió…», de Ijeoma Umebinyuo

Sin datos del traductor




Nadie te advirtió
que a aquellas mujeres cuyos pies 
cortas para evitar que corran
darían a luz 
hijas con alas.



en Questions for Ada, 2015











Nobody warned you / that the women whose feet / you cut from running / would give birth to / daughters with wings.








martes, agosto 04, 2026

«Me dicen que tengo un claro sentido de propósito», de Sara Abou Rashed

Versión de Juan Carlos Villavicencio




En mi casa no hay lugar 
para la incompetencia. He perdido.
Hace años, en la clase de cerámica,

mis amigos moldeaban estatuas
asimétricas con barro;
las llamaban arte puro, decoración abstracta.

Hice platos, un vaso para los cepillos,
un joyero con su tapa.
No me reten, incluso los tornillos

en mis paredes cargan más peso
que lo previsto. En internet
encontré videos de mi casa

convertida en un museo de la ausencia.
Mi antigua cocina ahora es un esqueleto,
con sus huesos desnudos

de cemento y alambres de cobre. Aún así,
no maldigo a la revolución, ni a la guerra,
ni a los ladrones ni al régimen; sólo me maldigo

a mí misma – todos estos azulejos rotos
y el probable riesgo de morir
electrocutada por el pan nuestro
de un solo día.
















jueves, julio 30, 2026

«Panorama», de Friedrich Hölderlin

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




Resplandece el día despejado para el hombre con sus pinturas, 
cuando se muestra todo lo verde desde la llana lejanía, 
aún antes de que la luz del atardecer se incline a la penumbra
y un tenue resplandor mitigue el sonido de los días.
A menudo la esencia íntima del mundo luce nublada, impenetrable. 
El sentido del hombre, lleno de dudas, hastiado,
mientras magnífica la naturaleza alegra sus días 
y lejana se encuentra la oscura pregunta de la duda.
Con sumisión, Scardanelli.

24 de marzo de 1671



c. 1841-1842












Aussicht

Der off’ne Tag ist Menschen hell mit Bildern, / Wenn sich das Grün aus ebner Ferne zeiget, / Noch eh’ des Abends Licht zur Dämmerung sich neiget, / Und Schimmer sanft den Klang des Tages mildern. / Oft schein die Innerheit der Welt umwölkt, verschlossen. / Des menschen Sinn von Zweifeln voll, verdrossen, / Die prächtige Natur erheitert seine Tage / Und ferne steht des Zweifels dunkle Frage. / Mit Unterthänigkeit Scardanelli. // Den 24. März 1671.







martes, julio 28, 2026

«Nuestras fotos familiares…», de Heba Abu Nada

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Nuestras fotos familiares, una bolsa con partes de cadáveres, un montón de cenizas, cinco sudarios de distintos tamaños envueltos el uno al lado del otro.

Las fotos familiares en Gaza son distintas, pero estuvieron juntos y juntos se fueron.




en Antología de Poesía de la Resistencia Palestina, 2024










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o gracias a BigSur en las mejores librerías de Chile y Argentina












lunes, julio 27, 2026

«La verdadera razón», de Yannis Ritsos

Traducción de Heleni Perdikidi




No, no es que Apolo haya retirado su promesa
y, escupiendo en la boca de Casandra, haya quitado
a sus palabras todo don de persuasión, haciendo
          inútiles sus profecías para sí
y para los demás, no. Es simplemente que
nadie quiere creer en la verdad. Y cuando ves
la red dentro de la bañera, crees que te la han preparado
para tu pesca de la mañana y no escuchas nada dentro de ti
mientras fuera, por los peldaños de mármol del palacio,
          va subiendo
el tenebroso mensaje con las voces de la desdichada Casandra.


7-VI-69





en Grecidad y otros poemas, Visor, 1979





















domingo, julio 26, 2026

«La Odisea. Canto XII: Las Sirenas, Escila, Caribdis, las Vacas del Sol», de Homero

Fragmento / Traducción de Luis Segalá y Estalella



«Tan luego como la nave, dejando la corriente del río Océano, llegó a las olas del vasto mar y a la isla Eea —donde están la mansión y las danzas de la Aurora, hija de la mañana, y el orto del Sol—, la sacamos a la arena, después de saltar a la playa, nos entregamos al sueño y aguardamos la aparición de la divinal Aurora. 

»Cuando se descubrió la hija de la mañana, la Aurora de rosáceos dedos, envié algunos compañeros a la morada de Circe para que trajesen el cadáver del difunto Elpénor278. Luego cortamos troncos y, afligidos y vertiendo abundantes lágrimas, celebramos las exequias en el lugar más eminente de la orilla. Y no bien hubimos quemado el cadáver y las armas del difunto, le erigimos un túmulo, con su correspondiente cipo, y clavamos en la parte más alta el manejable remo. 

»Mientras en tales cosas nos ocupábamos, no se le encubrió a Circe nuestra llegada del Hades, y se atavió y vino muy presto con criadas que traían pan, mucha carne y vino rojo, de color de fuego. Y puesta en medio de nosotros, dijo así la divina entre las diosas: 

»CIRCE. —¡Oh desdichados, que viviendo aún, bajasteis a la morada de Hades, y habréis muerto dos veces cuando los demás hombres mueren una sola! ¡Ea!, quedaos aquí y comed manjares y bebed vino todo el día de hoy, pues así que despunte la aurora volveréis a navegar, y yo os mostraré el camino y os indicaré cuanto sea preciso para que no padezcáis, a causa de una maquinación funesta, ningún infortunio ni en el mar ni en la tierra firme». 

«Así dijo, y nuestro ánimo generoso se dejó persuadir. Y ya todo el día, hasta la puesta del sol, estuvimos sentados, comiendo carne en abundancia y bebiendo dulce vino. Apenas el sol se puso y sobrevino la oscuridad, los demás se acostaron junto a las amarras del buque. Pero a mí Circe me cogió de la mano, me hizo sentar separadamente de los compañeros y, acomodándose cerca de mí, me preguntó cuanto me había ocurrido, y yo se lo conté por su orden. Entonces me dijo estas palabras la veneranda Circe: 

»CIRCE. —Así pues, se han llevado a cumplimiento todas estas cosas. Oye ahora lo que voy a decir y un dios en persona te lo recordará más tarde. Llegarás primero a las sirenas, que encantan a cuantos hombres van a su encuentro. Aquel que imprudentemente se acerca a ellas y oye su voz, ya no vuelve a ver a su esposa ni a sus hijos pequeñuelos rodeándole, llenos de júbilo, cuando torna a su hogar, sino que le hechizan las sirenas con el sonoro canto sentadas en una pradera y teniendo a su alrededor enorme montón de huesos de hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo. Pasa de largo y tapa las orejas de tus compañeros con cera blanda, previamente adelgazada, a fin de que ninguno las oiga; mas si tú desearas oírlas, haz que te aten en la velera embarcación de pies y manos, derecho y arrimado a la parte inferior del mástil, y que las sogas se liguen al mismo, y así podrás deleitarte escuchando a las sirenas. Y acaso de que supliques o mandes a los compañeros que te suelten, átente con más lazos todavía. Después que tus compañeros hayan conseguido llevaros más allá de las sirenas, no te indicaré con precisión cuál de los dos caminos te cumple recorrer; considéralo en tu ánimo, pues voy a decir lo que hay a entrambas partes. A un lado se alzan peñas prominentes, contra las cuales rugen las inmensas olas de la ojizarca Anfitrite: llámanlas Erráticas los bienaventurados dioses. Por allí no pasan las aves sin peligro, ni aun las tímidas palomas que llevan la ambrosía al padre Zeus,* pues cada vez la lisa peña arrebata alguna y el padre manda otra para completar el número. Ninguna embarcación de hombres, en llegando allá, pudo escapar salva, pues las olas del mar y las tempestades, cargadas de pernicioso fuego, se llevan juntamente las tablas del barco y los cuerpos de los hombres. Tan sólo logró doblar aquellas rocas una nave surcadora del ponto: Argo, por todos tan celebrada, al volver del país de Eetes; y también a ésta habríala estrellado el oleaje contra las grandes peñas, si Hera no la hubiese hecho pasar junto a ellas por su afecto a Jasón. Al lado opuesto hay dos escollos. El uno alcanza el anchuroso cielo con su pico agudo, coronado por el pardo nubarrón que jamás le suelta, en términos que la cima no aparece despejada nunca, ni siquiera en verano ni en otoño. Ningún hombre mortal, aunque tuviese veinte manos e igual número de pies, podría subir al tal escollo ni bajar de él, pues la roca es tan lisa que parece pulimentada. En medio del escollo hay un antro sombrío que mira al ocaso, hacia el Érebo, y a él enderezaréis el rumbo de la cóncava nave, preclaro Odiseo. Ni un hombre joven que disparara el arco desde la cóncava nave podría llegar con sus tiros a la profunda cueva. Allí mora Escila,* que aúlla* terriblemente, con voz semejante a la de una perra recién nacida, y es un monstruo perverso a quien nadie se alegrará de ver, aunque fuese un dios el que con ella se encontrase. Tiene doce pies, todos deformes, y seis cuellos larguísimos, cada cual con una horrible cabeza en cuya boca hay tres hileras de abundantes y apretados dientes, llenos de negra muerte. Está sumida hasta la mitad del cuerpo en la honda gruta, saca las cabezas fuera de aquel horrendo báratro y, registrando alrededor del escollo, pesca delfines, perros de mar y también, si puede cogerlo, alguno de los monstruos mayores que cría en cantidad inmensa la ruidosa Anfitrite. Por allí jamás pasó embarcación cuyos marineros pudieran gloriarse de haber escapado indemnes, pues Escila les arrebata con sus cabezas sendos hombres de la nave de azulada proa. El otro escollo es más bajo y lo verás, Odiseo, cerca del primero, pues hállase a tiro de flecha. Hay allí un cabrahigo grande y frondoso, y a su pie la divinal Caribdis sorbe la turbia agua. Tres veces al día la echa afuera y otras tantas vuelve a sorberla de un modo horrible. No te encuentres allí cuando la sorbe, pues ni el que sacude la tierra podría librarle de la perdición. Debes, por el contrario, acercarte mucho al escollo de Escila y hacer que tu nave pase rápidamente, pues mejor es que eches de menos a seis compañeros que no a todos juntos». 

«Así se expresó, y le contesté diciendo: 

»ODISEO. —¡Ea, oh diosa!, háblame sinceramente: si por algún medio lograse escapar de la funesta Caribdis, ¿podré rechazar a Escila cuando quiera dañar a mis compañeros? 

»Así le dije, y al punto me respondió la divina entre las diosas: 

»CIRCE. —¡Oh infeliz! ¿Aún piensas en obras y trabajos bélicos, y no has de ceder ni ante los inmortales dioses? Escila no es mortal, sino una plaga imperecedera, grave, terrible, cruel e ineluctable. Contra ella no hay que defenderse; huir de su lado es lo mejor. Si, armándote, demorares junto al peñasco, temo que se lanzará otra vez y te arrebatará con sus cabezas sendos varones. Debes hacer, por tanto, que tu navío pase ligero e invocar, dando gritos, a Crateis, madre de Escila, que les parió tal plaga a los mortales, y ésta la contendrá para que no os acometa nuevamente. Llegarás más tarde a la isla de Trinacria, donde pacen las muchas vacas y pingües ovejas del Sol. Siete son las vacadas, otras tantas las hermosas greyes de ovejas, y cada una está formada por cincuenta cabezas. Dicho ganado no se reproduce ni muere, y son sus pastores dos deidades, dos ninfas de hermosas trenzas: Faetusa y Lampetia,* las cuales concibió del Sol Hiperión la divina Neera. La veneranda madre, después que las dio a luz y las hubo criado, llevolas a la isla de Trinacria, allá muy lejos, para que guardaran las ovejas de su padre y las vacas de retorcidos cuernos. Si a éstas las dejaras indemnes, ocupándote tan sólo en preparar tu regreso, aún llegarías a Ítaca, después de pasar muchos trabajos; pero si les causares daño, desde ahora te anuncio la perdición de la nave y la de tus amigos. Y aunque tú escapes, llegarás tarde y mal a la patria, después de perder todos los compañeros». 

«Así dijo, y al punto apareció la Aurora, de áureo solio. La divina entre las diosas se internó en la isla, y yo, encaminándome al bajel, ordené a mis compañeros que subieran a la nave y desataran las amarras. Embarcáronse acto continuo y, sentándose por orden en los bancos, comenzaron a batir con los remos el espumoso mar. Por detrás de la nave de azulada proa soplaba próspero viento que henchía las velas, buen compañero que nos mandó Circe, la de lindas trenzas, deidad poderosa, dotada de voz. Colocados los aparejos cada uno en su sitio, nos sentamos en la nave, que era conducida por el viento y el piloto. Entonces alcé la voz a mis compañeros, con el corazón triste, y les hablé de este modo: 

»ODISEO. —¡Oh amigos! No conviene que sean únicamente uno o dos quienes conozcan los vaticinios que me reveló Circe, la divina entre las diosas, y os los voy a referir para que, sabedores de ellos, o muramos o nos salvemos, librándonos de la muerte y de la Parca. Nos ordena lo primero rehuir la voz de las divinales sirenas y el florido prado en que éstas moran. Manifestome que tan sólo yo debo oírlas, pero atadme con fuertes lazos, de pie y arrimado a la parte inferior del mástil —para que  me  esté  allí  sin  moverme—,  y  las  sogas  líguense  al mismo. Y en el caso de que os ruegue o mande que me soltéis atadme con más lazos todavía.




Pintura original: Circe tentando a Ulises (1786), de Angelica Kauffmann















viernes, julio 24, 2026

«Si se bloquean hasta los rápidos del río», de Mibu no Tadamine

Traducción de Torquil Duthie






Si se bloquean
hasta los rápidos del río
se tornan estanques,
pero no hay presa alguna
que detenga a la muerte.



en Poesía clásica japonesa, 2005













martes, julio 21, 2026

«Dejen que se sepa», de Harun Hashim al Rashid

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Dejen que se sepa:
no habrá paz.
porque los huéspedes en la carpa
se hartaron de la humillación de vivir ahí,
se han cansado del sufrimiento, de la miseria, la enfermedad,
aburridos de la muerte que se arrastra por sus huesos,
padeciendo la vida misma,
porque les robaron su hogar
y siguen caminando en las tinieblas.


 













martes, julio 07, 2026

«Salmo 9», de Mahmoud Darwish

Versión de Juan Carlos Villavicencio



 
Rosa más allá del tiempo y los sentidos,
eres un beso traído por las bufandas del viento,
mi locura me aparta de ti,
sáname con un sueño.

Me alejé de ti
para acercarme
− y encontré al tiempo.

Me acerqué a ti
para estar más lejos
− y me encontré con los sentidos.

Entre lo lejano y la cercanía
hay una piedra del tamaño de un sueño,
que no se acerca,
ni se aleja. 
Tú eres mi país.

No soy una piedra,
no puedo alcanzar el cielo,
no alcanzo a abrazar la tierra.
Sigo siendo un extraño, siempre un extraño.
















lunes, julio 06, 2026

«Elogio al comunismo», de Bertolt Brecht

Traducción de Juan Carlos Villavicencio



 
Es sensato, todos lo entiendes. Es fácil.
No eres ningún explotador, puedes entenderlo.
Es bueno para ti, pregunta cómo es.
Los tontos lo llaman tonto y los sucios lo llaman sucio.
Está contra la suciedad y la tontería.
Los explotadores lo llaman crimen.
Pero nosotros sabemos:
es el fin de todo crimen.
No es una locura, sino 
el fin de la locura.
No es el caos, 
sino el orden.
Es lo sencillo, 
que es lo difícil de lograr.



en Die Mutter, 1932














Lob des Kommunismus

Er ist vernünftig, jeder versteht ihn. Er ist leicht. / Du bist doch kein Ausbeuter, du kannst ihn begreifen. / Er ist gut für dich, erkundige dich nach ihm. / Die Dummköpfe nennen ihn dumm, und die Schmutzigen nennen ihn schmutzig. / Er ist gegen den Schmutz und gegen die Dummheit. / Die Ausbeuter nennen ihn ein Verbrechen. / Aber wir wissen: / Er ist das Ende der Verbrechen. / Er ist keine Tollheit, sondern / Das Ende der Tollheit. / Er ist nicht das Chaos / Sondern die Ordnung. / Er ist das Einfache / Das schwer zu machen ist.








domingo, julio 05, 2026

«Canción de amor», de Jaroslav Seifert

Traducción de Clara Janés





Oigo lo que no oyen los demás,
pies descalzos pisando terciopelo.

Suspiros bajo el sello de una carta,
el estremecimiento de las cuerdas, cuando no vibran.

A veces, huyendo de la gente,
veo lo que no ven los demás.

El amor, vestido con la risa
que se oculta en las pestañas, cubriendo los ojos.

Cuando aún tiene copos de nieve en los bucles,
veo florecer la rosa en el rosal.

Oí al amor partir
cuando unos labios por primera vez rozaron los míos.

Quién, sin embargo, detendrá mi esperanza:
ni siquiera el miedo al desengaño,

para que a tus rodillas no se ponga.
La más hermosa suele estar loca.



en Primavera, adiós, 1937
















viernes, julio 03, 2026

«Cuadro», de Mario Quintana





Escribo junto a la ventana abierta.
Mi pluma es del color de las persianas,
verde… Y qué leves, lindas filigranas
deja el sol en la página desierta.
No sé qué paisajista tarambana
mezcla tonos…, y acierta…, y desacierta…,
y busca así una novedad que vierta
colores en las horas cotidianas…
¡Juegos de luz danzando en el follaje!
De lo que iba a escribir voy y me olvido…
¿Por qué pensar? También yo soy paisaje…
Y, soluble en el aire, estoy soñando,
transformado, irisado, estremecido,
entre los dedos que me van pintando.



en La calle de las veletas, 1940


en Intenta olvidarme, Ediciones Rialp, 2018




Fotografía original de Dulce Helfer











I

Escrevo diante da janela aberta.  / Minha caneta é cor das venezianas: / Verde!… E que leves, lindas filigranas / Desenha o sol na página deserta! / Não sei que paisagista doidivanas / Mistura os tons… acerta… desacerta… / Sempre em busca de nova descoberta, / Vai colorindo as horas quotidianas… / Jogos da luz dançando na folhagem! / Do que eu ia escrever até me esqueço… / Pra que pensar? Também sou da paisagem… / Vago, solúvel no ar, fico sonhando… / E me transmuto… iriso-me… estremeço… / Nos leves dedos que me vão pintando!












lunes, junio 29, 2026

«Un humano colgado / 1964», de Salem Jubran

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Uno de los juguetes que apareció en el mercado israelí
fue el de un «árabe ahorcado».

¡Un cuerpo humano colgado
es el juguete más llamativo
la más dulce diversión expuesta 
para los niños en el mercado!
No, ya no quedan
se agotó hace días
no lo busquen, ¡dile a tu hijo
que hace días se agotó! 

Oh, espíritus de aquellos
muertos en los campos de concentración nazi –
el ahorcado
no es un judío en Berlín.
El ahorcado es un árabe
como yo, uno de mi pueblo
ahorcado ahora por tus hermanos,
¡ahorcado por los nazis camuflados
de Sión!

Espíritus de las víctimas
de los campos nazis –
¡Si sólo supieran!
¡Si sólo supieran!
















martes, junio 16, 2026

«Alguien me contó tu muerte, Heráclito…», de Calímaco




 
Alguien me contó tu muerte, Heráclito, y me brotaron lágrimas. Recordé cuántas veces vimos juntos la caída del sol charlando. Y ahora tú, huésped de Halicarnaso, ya no eres sino vieja ceniza. Pero vivirán los ruiseñores de tus cantos y nunca su mano pondrá en ellos Hades, que todo lo arrebata.



en Antología palatina (Epigramas helenísticos), Editorial Gredos, 1978




















lunes, junio 15, 2026

«Te llamo», de Tawfiq Zayyad

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Te llamo 
tomo tus manos y las sostengo con firmeza
beso la tierra bajo tus pies
sé que daría mi vida por ti.

Te ofrezco la luz de mis ojos,
el fuego de mi corazón:
porque esta tragedia que sufro
es sólo una mínima parte de tu dolor.

No me he guardado nada por mi patria
ni subestimado el poder de mis manos 
para enfrentar con coraje al invasor. 
Un huérfano dispuesto a morir.

Llevo sobre mis hombros la sangre de mi pueblo
me verás levantar mi bandera en alto
y proteger una montaña vestida con el verde de los olivos
que guarda las tumbas de mis antepasados.
Te llamo. No dejaré de llamarte.

















miércoles, junio 10, 2026

«Lección», de Noémia de Sousa

Sin datos del traductor




Le enseñaron en la misión, 
cuando era pequeñito:
«Somos todos hijos de Dios; cada hombre 
es hermano de otro hombre».

Le dijeron esto en la misión, 
cuando era pequeñito.
Naturalmente, 
no se quedó siempre niño:
creció, aprendió a contar y a leer 
y comenzó a conocer 
mejor a esta mujer vendida 
que es la vida 
de todos los desgraciados.

Y entonces, una vez, inocentemente, 
vio y a un hombre y le dijo: «Hermano»,
pero el hombre pálido le fulminó duramente 
con sus ojos llenos de odio 
y le respondió: «Negro».



en Sangre negro, 2001










martes, junio 09, 2026

«El cazador de cabezas», de Michel Leiris

Traducción de Aldo Pellegrini


Fetiche de la sombra
el sol vestido con pieles de bestias y plumas de colores
se detiene medroso en el borde de tu oscuridad
respetuoso del tabú de las noches a las que sólo atraviesa
la hermosa cierva lunar en busca de sus cervatos

Largos tubos rígidos conducen el soplo de las gravitaciones
con disparos de cerbatanas doradas
lanza él sus varas sus puntas venenosas
a través de la selva virgen de la tierra
cuyas apretadas espinas dejan apenas traslucir
el esplendor de carbunclo del venado
ojo de la joya que los rayos solares querrían desarraigar



en Antología de la poesía surrealista, 1981





Fotografía original de Martina Franck













domingo, junio 07, 2026

«Bala perdida», de Mazen Maarouf

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Luego de cruzar el living,
la biblioteca,
el pasillo
y la foto que nos une
en un viaje a Nahr al-Kalb
y luego de pasar frente a la lavadora
y a mi madre (exhausta
a pesar de la lavadora),
una bala perdida 
se desvió levemente de su rumbo 
—por la fuerza 
de gravedad— 
para instalarse finalmente
en mi cabeza 
hasta matarte.






Fotografía original de Raphael Lucas
























viernes, junio 05, 2026

«El títere de las manos», de Endre Ady

Traducción de Román Antopolsky




Por todas partes veo manos,
en un enjambre negro – manos.
Que arden, frías, manos
lentas, piadosas, que roban,
llagadas, contentas, tiesas.
 
Soy sólo un triste títere de sueño
sacudido por manos que juegan.
Ellas danzando su danza conmigo,
lanzándome hacia las estrellas
o hundiéndome en la espuma.
 
Es de ellas mi sueño, mi vino,
mi mujer, mi ímpetu.
De ellas mi infortunada fortuna,
que satisfaga solamente
haciendo cuanto hagan ellas.
 
Yo soy el gran inmolador,
el híbrido hijo que incinera.
Yo recibo los tormentos.
En mi mano, un cigarro no más
y su humo que asciende.
 
Mi cigarro humo salpicando
en la olorosa pólvora – el cenizo fogón.
Aguarda un poco, apenas, otras manos
aguarda: mi cigarro arde,
pronto se disipa, en seguida.



en Nyugat, 1913