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jueves, septiembre 03, 2026

«Clase de dibujo», de Saleem Al Naffar

Versión de Juan Carlos Villavicencio




¿Si nos detuviéramos
se detendría también lo interminable?
Vociferando desde el fuego,
grito en la oscuridad.
¿Me escucharon?
¿Respondiste?

Los niños mojaron su pan en mis lágrimas
mientras luchábamos contra las cadenas del tiempo
dibujadas para arrastrar la guerra a la belleza.
Un niño me dijo
«Se llevaron a mi padre… ¿puedes verlos?».
Miré, pero no pude ver nada.

Pero estoy cansado
de ver
de viajar
de días ansiosos.
Madre, estoy cansado.
Delirantes nuestras alegrías: delirantes nuestra pena
y el viaje que muerde y muerde y muerde …

Cuando nos detenemos
la vida se convierte en memoria;
cuando dormimos,
con tiempo para hablar 
con nosotros mismos.

En la clase de dibujo
el tiempo está trazado en los contornos de nuestra patria
y en los cuentos de caballeros que marcan el tiempo con sus almas.
Nuestro profesor nos cuenta la historia
y colorea nuestras mentes.
Puso la pregunta en un lugar del corazón:
¿Qué pasó con nuestros profesores?
Hicieron que mi profesor faltara a clases.
Ni dibujos, ni historias, ni sueños bonitos.
Cansado del viaje y las preguntas
y de una vida de dolor,
deambulo apenas.
¿Quién verá mis huellas?
Rechazados por el amor, agotados por la ira,
se pararon sobre las nubes y tomaron
las estrellas del cielo y cambiaron
el ritmo del tiempo.

Si nos detenemos,
¿el tiempo seguirá caminando?
Nunca pensé que llevaríamos a los jóvenes a las olas


¿Qué nos pasa?
¿Debemos aprender de los ausentes?
¿Acaso la naturaleza no protege a la vida?

















domingo, agosto 30, 2026

«Detenidos desaparecidos», de Pablo Delgado




 

No confundan.
Nosotros fuimos naturaleza muerta 
en el territorio de Chile.
Allegados permanentes 
y cruzados de amor bajo las espigas.
Nos hacíamos el injerto para sabernos, 
pero la piel nos acusaba.

Rozadas las muñecas al fervor del gentío, 
nada nos era candoroso, ni siquiera nuestras sombras
que de ti y de mí nos buscaban.

Fuimos proclives en la hora nuestra, 
hasta silabarios de tantas preguntas nos prodigaron 
para seguir de poste en poste, 
de muro en muro, como suponiendo 
que tanta fábula era necesaria.

Lo fortuito era devastado y las consignas 
resignadas al diluvio en la cavidad del estadio, circo, 
manusterio o fogón en el recinto donde fuimos 
coludidos a marchar al son de las fisgas 
que basaron nuestros cuerpos.

Se supo al fin, nos llamaron por nuestros nombres.
M254, H247.
Libres por falta de méritos.




en Revista La Mancha 15/UNO, julio 2010















jueves, agosto 27, 2026

«En la Cúpula de la Roca», de Deema Shehabi

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




Por la tarde Jerusalén es la amargura de doscientos
olivos caídos desnudos en pleno invierno a la distancia. Jerusalén
en la suave tarde es una mujer sentada al borde de la mezquita
con las rodillas secas dobladas debajo de ella, oyendo los naufragios
de palabras santas. Si te sientas a su lado bajo el arco de piedra 
          frente a la Ciudad
Vieja, bajo el aire lacado que se engancha en cada grieta de la piel,
tu sangre se desatará con sus sueños, la Cúpula
ondulará oro, y exhaustas sus cicatrices 
brillarán a través de su frente besada en exceso.
Te pedirá que te acerques y, cuando lo hagas,
ella alzará el mar de sus brazos desde los pliegues de su pecho
y dirá: este es el cielo oscuro que he amado desde niña.



















viernes, agosto 21, 2026

Carta al Director (a propósito de los dichos de la ministra de Ciencia del gobierno de Kast), de Felipe Cussen





Sr. Director:

Quienes estudiamos carreras como literatura, música, artes o filosofía, no lo hicimos para fomentar el extractivismo de las empresas de Inteligencia Artificial, ni empeorar aún más el pésimo servicio al cliente de las compañías telefónicas ni convertirnos en «Customer Success Manager». Lo hicimos para ejercer lo que aprendimos: leer, escribir, pensar, relacionar y crear, porque creemos que el conocimiento, la sensibilidad y la reflexión crítica que desde allí generamos es nuestro mayor aporte a la sociedad. Más respeto.

Felipe Cussen
Director Doctorado en Artes y Humanidades USACH




en La Segunda, 21 de agosto, 2026








Nota DscnTxt: La ministra de Ciencia del gobierno de Kast, Ximena Linconao, señaló: «Hay trabajo específicamente para personas que tienen mucho dominio del lenguaje, aunque hayan estudiado otra cosa, o que tengan mucho dominio de cómo comprender hasta dónde puede llegar una herramienta (…) Los profesores también tienen mucha oportunidad de convertirse en vendedores o servicio al cliente».










lunes, agosto 17, 2026

«Letanía para mi padre», de Jessica Abughattas

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




Porque los toques de queda de
Porque el registro al desnudo en el puesto de control
Porque la ropa interior de la abuela estaba esparcida
Porque dos hombres armados van camino a
Porque la abuela guarda litros de Coca-Cola de plástico para
Porque sin previo aviso el agua podría ser 
Porque mi padre aprendió a conducir un tractor a la edad
Porque cuatro familias viven en una piedra
Porque los ladrillos de cuarzo de mi abuelo
Porque después de que entierren al abuelo, papá
Porque papá no lloró, enterró su rostro entre sus manos &
Porque el cáncer no puede ser
Porque el hogar está demasiado lejos para el aroma de
Porque las cuentas del rosario cuelgan de
Porque mi abuelo se ganaba la vida tallando cruces en
Porque me duelen las manos al hacer algo de
Porque tengo las manos en carne viva por sujetar las de mi abuela
Porque quité la tapa con mi
Porque revisar el horno catorce veces cada
Porque lo siento papá lo siento yo
Porque la penitencia es para
& los zapatos al revés significan que estás pasando por encima de Dios






en Antología de Poesía de la Resistencia Palestina, Descontexto Editores, 2024












Litany for My Father

Because curfews of / Because strip search at the checkpoint into / Because grandmother’s undergarments splayed on / Because two men with guns on the way to / Because grandmother saves plastic Coke liters to / Because the water could without notice be / Because my father learned to drive a tractor at age / Because four families live in one stone / Because quartz bricks from my grandfather’s / Because after grandfather is buried, dad / Because dad didn’t cry, he buried his face in his hands & / Because the cancer couldn’t be / Because home is too far for the scent of / Because rosary beads hang from / Because my grandfather made a living carving crosses out of / Because my hands ache to make something of / Because my hands are raw from grasping my grandmother’s / Because I pried the lid off with my / Because checking the oven fourteen times every / Because sorry dad I’m sorry I / Because penance is for / & upturned shoes means you’re stepping on God 







lunes, agosto 10, 2026

«En caso de emergencia», de Lena Khalaf Tuffaha

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




para Musa Khalaf, nacido en 1938, en Jerusalén, Palestina

De esta manera abres la caja
cuando ya no estoy aquí.

La combinación podría ser una de estas:

1975
El año en que naciste

1967
El año en que perdimos el resto de nuestro país

1936
El año en que tu abuela se tragó sus monedas de oro
para esconderlas de los soldados

Así es como te mantienes
a salvo, guardando partes

de ti misma en cajas distintas.
Nunca le confíes
todo a nadie.

1949
El año en que murió mi padre

1977
El año en que los puestos de control te enseñaron
la diferencia entre tu nombre y tu pasaporte

1999
El año en que arrancaron el último de nuestros olivos
y el año en que el muro oscureció a Jerusalén

Así es como sabes que terminará:

Por la noche, las ventanas de la ciudad se convertirán en espejos,
una llave va recordar la forma de su puerta,

mientas las piedras de esta tierra
serán acurrucadas por manos más jóvenes que las nuestras. 


















martes, agosto 04, 2026

«Me dicen que tengo un claro sentido de propósito», de Sara Abou Rashed

Versión de Juan Carlos Villavicencio




En mi casa no hay lugar 
para la incompetencia. He perdido.
Hace años, en la clase de cerámica,

mis amigos moldeaban estatuas
asimétricas con barro;
las llamaban arte puro, decoración abstracta.

Hice platos, un vaso para los cepillos,
un joyero con su tapa.
No me reten, incluso los tornillos

en mis paredes cargan más peso
que lo previsto. En internet
encontré videos de mi casa

convertida en un museo de la ausencia.
Mi antigua cocina ahora es un esqueleto,
con sus huesos desnudos

de cemento y alambres de cobre. Aún así,
no maldigo a la revolución, ni a la guerra,
ni a los ladrones ni al régimen; sólo me maldigo

a mí misma – todos estos azulejos rotos
y el probable riesgo de morir
electrocutada por el pan nuestro
de un solo día.
















lunes, agosto 03, 2026

«Israel, la banalidad del mal y el mal radical», de Paulo Slachevsky




 
La idea de la banalidad del mal fue acuñada por Hannah Arendt tras los juicios al criminal nazi Adolf Eichmann en Jerusalén a inicios de los años 60. No es necesario ser un psicópata o un «pozo de maldad» para llevar adelante los más horrorosos crímenes y un genocidio. Un simple burócrata o militar, obedeciendo las órdenes y las lógicas del sistema, es capaz de transformarse en un genocida. 

Una década antes, en su libro Los orígenes del totalitarismo, Arendt usaba más bien el término «mal radical»: «Y si es verdad que en las fases finales de totalitarismo aparece este como un mal absoluto (absoluto porque ya no puede ser deducido de motivos humanamente comprensibles), también es cierto que sin el totalitarismo podríamos no haber conocido nunca la naturaleza verdaderamente radical del mal».

Si bien los conceptos de «mal absoluto», «mal radical» y «la banalidad del mal», responden a comprensiones diferentes y en tensión en torno a las experiencias límites del horror, su práctica se instala, como señala Hannah Arendt, cuando un sistema hace superfluos a los seres humanos, inútiles, prescindibles, reinando la inhumanidad. Fue el caso bajo el nazismo donde los judíos y gitanos eran considerados infrahumanos, peligrosos, antisociales, y podían ser tratados como animales. No tuvo límites la crueldad entonces, desde la humillación primera a través de las caricaturas e insultos en la prensa, las golpizas y la tortura, hasta el exterminio a través de las ejecuciones masivas, los campos de concentración y las cámaras de gas. Ese «otro», judío, gitano, comunista, había perdido toda dignidad y humanidad ante los ojos del opresor, y era posible hacer cualquier cosa de él.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, tras salir de la pesadilla de los campos de exterminio y los millones de muertos de la guerra, se buscó instalar un sistema jurídico internacional de derechos humanos que ayudara a prevenir que tales crímenes se repitieran, pero lamentablemente, bajo diversos métodos y expresiones, durante toda la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI, hemos sido testigos de cómo los genocidios y/o crímenes de lesa humanidad se reiteran. Lamentablemente, las prácticas de dominación que se construyen sobre la creación del enemigo interno o externo que justifica el odio, la deshumanización y el exterminio, se perpetúan; basta ver nuestra propia historia y los crímenes de las dictaduras latinoamericanas.

Sin embargo, pese a esa presencia constante del mal como sistema político en la historia contemporánea, de la cual el colonialismo es una de las más brutales expresiones, una y otra trágica realidad no son igualables, dominando la percepción de la experiencia nazi como expresión del último círculo del infierno por su nivel de planificación y sistematización del terror y exterminio, extremando las prácticas de horror implementadas en el mundo colonial. Auschwitz constituye una ruptura civilizatoria del Siglo XX: hay un antes y un después. Es en tal sentido devastador que hoy en día, ocho décadas después de que cayera derrotada la Alemania Nazi, Israel, el Estado que se reclama ser el representante de una de sus principales víctimas –los judíos–, repita el modelo deshumanizador y de exterminio de los nazis con el pueblo palestino. 

A diferencia del genocidio de entonces, que se llevó adelante en secreto y bajo un régimen totalitario, hoy el exterminio se ha convertido en un espectáculo, y lo conducen autoridades de un país que se dice democrático. Las evidencias están a la vista de todos, aunque muchos se nieguen a reconocerlo, y que día tras día el ejército israelí asesine a periodistas y comunicadores que registran los hechos. Desde la total deshumanización de la población palestina, con los recurrentes insultos y caricaturas en gran parte de la prensa y política israelí, la tortura y opresión cotidiana, hasta el planificado y sistemático exterminio y la limpieza étnica con apoyo de todos los adelantos tecnológicos, incluida la Inteligencia Artificial, que se lleva adelante en Gaza y Cisjordania, la matanza prosigue.

La gran Alemania, sueño de Hitler, se refleja hoy en toda la prepotencia del «Gran Israel», abiertamente defendido por Natanyahu y el sionismo. Estamos frente a un estado «Terminator» en Medio Oriente, buscando destrozar todo a su alrededor, incluido el Líbano e Irán.  La tragedia de Gaza se constituye así en una nueva ruptura civilizatoria con la complicidad e inacción de Occidente, donde en vez de castigar a los criminales, se les entrega armamento mientras se reprime la solidaridad con los oprimidos. De este modo, se está enterrando el sueño de un orden jurídico internacional, fundado en el respeto de los derechos humanos, que haga el mundo más humano y vivible. La fuerza bruta, la tecnología y las armas son los dioses que se adoran, exigiendo al resto someterse.

La obstinación y manipulación sionista que busca igualar Israel y todos sus crímenes con «lo judío», y a las resistencias a ese estado criminal con el antisemitismo, fomenta en los hechos el antisemitismo, pues favorece la confusión entre la legítima ira contra esa crueldad criminal que expresa Israel –una sociedad supremacista y desquiciada en su inhumanidad–, con las y los judíos en general. Los artífices de esa falsa equivalencia entre lo judío e Israel, no solo son ejecutores y/o cómplices del crimen contra el pueblo palestino y del caos y destrucción de Medio Oriente, sino también de la de ruina de la cultura e historia judía.  

Como ciudadanos del mundo, no podemos quedar indiferentes ante ello: es imprescindible sumarse a la solidaridad internacional con Palestina. Para quienes tenemos origen judío, es imperativo recuperar las banderas del antisionismo que fueron tan fuertes y significativas entre la población judía antes de la Segunda Guerra Mundial, y manifestarse como lo hacen numerosas/os jóvenes a través del mundo, movilizándose a la vez por una Palestina libre. Ejemplos no faltan para pensar en modos de organización judía articuladas en torno a la lucha contra la opresión, basta recordar el BUND, el partido socialista judío más grande del Yiddishland, zona de Europa del Este donde se concentraba una gran población judía, organización que logró la mayor votación judía en las elecciones del año 1938 en Polonia, justo antes de la Guerra, aunando la lucha antinazi, antifascista y antisionista. Luchas que vuelven a cobrar plena vigencia.
Ante este panorama desolador, las resistencias y las batallas por la memoria y la justicia han sido claramente una luz de esperanza. La lucha de las y los palestinos, «Los indios de Israel» como titula su libro Juan Fujita, o «las víctimas de las víctimas» como expresara Edward Said, igualan el heroísmo y entereza de los insurrectos del Gueto de Varsovia. Al otro lado, el «sistema sionista» es hoy expresión del «mal radical», como de la «banalidad del mal», en la peor de sus manifestaciones, equiparándose al nazismo en pleno siglo XXI.




en CIPER, 10 de mayo, 2026












miércoles, julio 29, 2026

«Desaparecida», de Lía Podestá

Tres días



Día 25

Mis pies reciben ahora el peso de mi culo como el peso de una carne cualquiera. Es el peso de la plegaria, el peso y la rabia de creer que el dios que llevaba en el pecho sobre un medallón de plata y que marcaba las palmas de mis manos en la infancia puede silenciar ahora cada grito que sale de mi boca raspando mi garganta y haciéndose un dolor punzante, desesperado, como si cada sonido pudiera tocar las paredes y rebotar como otro pedazo de carne.

¿Qué dios será el que calle los gritos de mi cuerpo, los gritos de mi boca cuando viene el hombre que son todos los hombres de este infierno, cuando viene sobre mí, me somete como a un animal suyo, traga de mí como pescado y me dice que soy una gran sirena muerta, esclavizada a mi cabello largo entre sus manos, a mi cola quebrada sobre el suelo y desangrada y otra vez esclavizada a la boca torturadora del hombre que intenta un beso vulgar sobre la misma cara en la que otro vació el puño y el esperma?

Mi rostro deja poco a poco sus facciones bajo las botas que lo pisan. Ya no hay tacto que no nos regrese a lo que nos han hecho y en lo que nos han convertido.





Día 34

Dios, halla esta plegaria entre tanta voz. Halla este cuerpo condenado y bésalo para que encuentre la muerte y con él sus heridas. Halla también el cuerpo del hombre que se hizo mi marido en tu palacio cuando yo llevaba un vestido blanco. Acribíllalo en la noche con el arma de otro, dale la muerte por la que rogamos todos y entiérranos juntos para que pueda ir nuestra familia a dejarnos una gran flor y llorar nuestro encierro, tortura, humillación y cada pálpito desesperado de cuando se acercan. Oh, Dios, cuán sagrado es ahora el pasado, la sonrisa de mi esposo, la de mi madre y mis hermanos. Son luz cuando cierro los ojos, son una mañana soleada antes de que ellos y sus risas caigan sobre mi cuerpo con su propia oscuridad.





Día 44

Han hecho de mí la fotografía de la que ruega juntando las manos y cerrando los ojos. Han hecho de mí la torpeza fría de la que ofrece el cuello. Sueño que es arrancado, rueda e intenta una oración, acaso la última. Sueño que el corazón sigue latiendo con fuerza y porque pronto dejará de hacerlo para terminar con el cuerpo: hervido para arrancar de él todo olor a infancia, para arrancar de él toda pureza, enterrarlo y rodearlo de flores insanas, hierbas y espinas. Mi cuerpo terminará así, siendo un objeto curioso cuya cabeza pueda mostrar una sonrisa rodante, de ojos abiertos, viendo por última vez el patio donde creció entre hormigas negras y huertos fértiles sin darse cuenta de que es la misma celda marchita y hecha charco de orín de los últimos días. Despierto y la cabeza humana sigue en su lugar con las heridas y el caminito de sangre que termina entre mis pechos porque han roto mis labios cuando intentaban una maldición que parece haber alcanzado mi cuerpo antes que sus almas.



2025









Pueden comprar el libro escribiendo a 















martes, julio 28, 2026

«Nuestras fotos familiares…», de Heba Abu Nada

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Nuestras fotos familiares, una bolsa con partes de cadáveres, un montón de cenizas, cinco sudarios de distintos tamaños envueltos el uno al lado del otro.

Las fotos familiares en Gaza son distintas, pero estuvieron juntos y juntos se fueron.




en Antología de Poesía de la Resistencia Palestina, 2024










Pueden comprar el libro escribiendo a descontextoeditores@gmail.com
o gracias a BigSur en las mejores librerías de Chile y Argentina












martes, julio 21, 2026

«Dejen que se sepa», de Harun Hashim al Rashid

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Dejen que se sepa:
no habrá paz.
porque los huéspedes en la carpa
se hartaron de la humillación de vivir ahí,
se han cansado del sufrimiento, de la miseria, la enfermedad,
aburridos de la muerte que se arrastra por sus huesos,
padeciendo la vida misma,
porque les robaron su hogar
y siguen caminando en las tinieblas.


 













lunes, julio 13, 2026

«Rodolfo Walsh, no hay un final», de Leila Guerriero




 
Hay un principio —nació en Lamarque, provincia de Río Negro, Argentina, el 9 de enero de 1917—, pero no hay un final: el 25 de marzo de 1977, con el país bajo la dictadura militar que había tomado el poder el año anterior, Rodolfo Walsh despachó por correo a diarios y revistas un texto en el que había trabajado durante meses —«Carta abierta a la Junta Militar»—, en el que decía, entre otras cosas: «Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror. Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración». Después, se dirigió a una cita clandestina con un compañero del grupo Montoneros, una organización armada de izquierda a la que pertenecía con el cargo de oficial rimero, pero fue emboscado por un grupo de tareas de la Armada y todas las versiones señalan que lo mataron ahí mismo. Su cuerpo nunca apareció. 

Hay un principio, no hay un final, y lo que hubo entre una cosa otra fue una mutación extraordinaria: un hombre que en 1955, a los veintiocho, era escritor de cuentos policiales, traductor del inglés, exmilitante de la fianza Libertadora Nacionalista (una agrupación de derecha), partidario de la Revolución Libertadora (una coalición cívico-militar que había derrocado a Perón), y que un año después era exactamente lo contrario. Esa mutación fue causada por la misma materia de la cual estaba hecho: palabras. 

El 9 de junio de 1956, militares partidarios de Perón intentaron un levantamiento contra el Gobierno, que fue desbaratado. El Estado fusiló a muchos de los insurrectos, entre ellos a un grupo de civiles reunidos en un departamento, la mayoría de ellos con el único fin de ver una pelea de boxeo. El fusilamiento se llevó a cabo en un basural de la localidad de José León Suárez. Cinco murieron, siete lograron escapar. A seis meses de esos hechos, Rodolfo Walsh estaba en un bar con un amigo que murmuró la frase que lo cambió todo: «Hay un fusilado que vive». Tres días más tarde, Walsh se encontró con el sobreviviente, Juan Carlos Livraga, y ya no se detuvo: dejó su casa, consiguió cédula falsa y un revólver y, ayudado por una periodista joven llamada Enriqueta Muñiz, encontró a los siete. Con el resultado de su investigación edificó una pieza narrativa llamada Operación Masacre, que primero se publicó en fragmentos y luego, en 1957, como libro. Reconstruyó los hechos comenzando por el momento previo a la masacre («Nicolás Carranza no era un hombre feliz esa noche del 9 de junio de 1956. Al amparo de las sombras acababa de entrar en su casa, y es posible que algo lo mordiera por dentro»), presentó a los protagonistas ignorantes del mecanismo exterminador que ya se ha puesto en marcha y, sobre esa falsa placidez, narró la masacre. Ocho años antes de que se publicara A sangre fría, de Truman Capote, el libro en el que suele colocarse el kilómetro cero de una nueva narrativa de no ficción, Walsh, sin experiencia, sin referentes, de manera clandestina, enfrentando riesgos inverosímiles para un hombre como él (un traductor, un escritor de cuentos policiales), escribió una obra magna. Si sólo hubiera escrito eso, y nada antes, y nada después, ya hubiera sido grande: tenía treinta años, era un investigador astuto, su caja de herramientas rebosaba de técnicas maduras y perfidia narrativa, y dominaba un estilo que tenía, en su parquedad, toda su potencia. Pero hubo, todavía, veinte años más de vida de escritura (eran lo mismo). Después de aquel viraje descomunal originado por una partícula literaria —una frase—, ya no hubo más virajes sino, al contrario, el perfeccionamiento de una línea acerada, sin desvíos. Como un guerrero que afila su hacha, escribió otros libros periodísticos (El caso Satanowsky, en 1958; ¿Quién mató a Rosendo?, en 1969), y artículos extraordinarios en la revista Panorama; publicó dos volúmenes de cuentos —Los oficios terrestres (1965) y Un kilo de oro (1967)—, con algunos de los relatos que se consideran los mejores de la literatura argentina («Esa mujer», «Cartas», «Nota al pie»). Dirigió el diario La CGT de los argentinos, fue uno de los fundadores de la agencia de noticias Prensa Latina, empezó a militar en las Fuerzas Armadas Peronistas, y en 1973 entró en la organización Montoneros, donde fundó el diario Noticias y organizó la Agencia Clandestina de Noticias. Pulió hasta los goznes cada partícula de su escritura, incluso de sus diarios y sus textos políticos. En sus papeles personales escribió: «Durante cinco meses he vivido para mantener lo que se podía mantener de la CGT; no he escrito casi una línea para mí; no he ganado un peso para mí; he ambulado de un lado a otro; no he cuidado mi salud; no me he tomado un fin de semana (...). Ahora hay que vivir de una forma más racional, pensando que todo esto va a durar diez años, veinte años, hasta que uno se muera; y que yo no soy el héroe de la historieta, sino uno más, alguien que pone un poco el hombro todos los días, y cuando es necesario pone algo más que el hombro». Puso algo más que el hombro. Llevaba la escritura en el cuerpo, y puso el cuerpo. El 29 de septiembre de 1976 su hija Vicky, oficial segunda de Montoneros, murió en un enfrentamiento con el ejército. Después de esa muerte, Walsh decidió salir de Buenos Aires y se fue con su compañera de entonces a una casa en la localidad de San Vicente. Allí empezó a trabajar en aquella carta que envió a los medios. Terminaba así: «Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles». Hay un comienzo, pero no hay n final: si su vida cambió por el impacto que produjo una frase, todo lo que vino después —los libros y los artículos y las cartas y los diarios— aún irradia su potencia brutal sobre la literatura. No sólo sobre la del país que lo mató.



en Atlas de la literatura latinoamericana (ed. de Claudia Obligado), 2022


















martes, julio 07, 2026

«Salmo 9», de Mahmoud Darwish

Versión de Juan Carlos Villavicencio



 
Rosa más allá del tiempo y los sentidos,
eres un beso traído por las bufandas del viento,
mi locura me aparta de ti,
sáname con un sueño.

Me alejé de ti
para acercarme
− y encontré al tiempo.

Me acerqué a ti
para estar más lejos
− y me encontré con los sentidos.

Entre lo lejano y la cercanía
hay una piedra del tamaño de un sueño,
que no se acerca,
ni se aleja. 
Tú eres mi país.

No soy una piedra,
no puedo alcanzar el cielo,
no alcanzo a abrazar la tierra.
Sigo siendo un extraño, siempre un extraño.
















lunes, julio 06, 2026

«Elogio al comunismo», de Bertolt Brecht

Traducción de Juan Carlos Villavicencio



 
Es sensato, todos lo entiendes. Es fácil.
No eres ningún explotador, puedes entenderlo.
Es bueno para ti, pregunta cómo es.
Los tontos lo llaman tonto y los sucios lo llaman sucio.
Está contra la suciedad y la tontería.
Los explotadores lo llaman crimen.
Pero nosotros sabemos:
es el fin de todo crimen.
No es una locura, sino 
el fin de la locura.
No es el caos, 
sino el orden.
Es lo sencillo, 
que es lo difícil de lograr.



en Die Mutter, 1932














Lob des Kommunismus

Er ist vernünftig, jeder versteht ihn. Er ist leicht. / Du bist doch kein Ausbeuter, du kannst ihn begreifen. / Er ist gut für dich, erkundige dich nach ihm. / Die Dummköpfe nennen ihn dumm, und die Schmutzigen nennen ihn schmutzig. / Er ist gegen den Schmutz und gegen die Dummheit. / Die Ausbeuter nennen ihn ein Verbrechen. / Aber wir wissen: / Er ist das Ende der Verbrechen. / Er ist keine Tollheit, sondern / Das Ende der Tollheit. / Er ist nicht das Chaos / Sondern die Ordnung. / Er ist das Einfache / Das schwer zu machen ist.








miércoles, julio 01, 2026

«El pueblo de los monos», de Antonio Gramsci

Traducción de Ana María Palos




El fascismo ha sido la última «representación» ofrecida por la pequeña burguesía urbana en el teatro de la vida política nacional. El miserable fin de la aventura fiumiana[1] es la última escena de la representación. Puede considerarse como el episodio más importante del proceso de disolución interna de esta clase de la población italiana.

El proceso de descomposición de la pequeña burguesía se inicia en la última década del siglo pasado. La pequeña burguesía pierde toda importancia y decaen todas sus funciones vitales en el campo de la producción, con el desarrollo de la gran industria y del capital financiero: se convierte en pura clase política y se especializa en el «cretinismo parlamentario». Este fenómeno, que ocupa gran parte de la historia contemporánea italiana, toma diversos nombres en sus distintas fases: se llama originalmente «advenimiento de la izquierda al poder», se vuelve giolittismo, lucha contra los intentos kaiserísticos de Umberto I, se extiende en el reformismo socialista. La pequeña burguesía se incrusta en la institución parlamentaria: de organismo de control de la burguesía capitalista sobre la Corona y sobre la administración pública, el Parlamento se convierte en nido de charlatanería y de escándalos, se vuelve en un medio para el parasitismo. Corrompido hasta la médula, sometido completamente al poder gubernamental, el Parlamento pierde todo prestigio ante las masas populares. Las masas populares se convencen de que el único instrumento de control y de oposición a los arbitrios del poder administrativo es la acción directa, es la presión desde el exterior. La semana roja[2] de junio de 1914, contra la destrucción, es la primera y grandiosa intervención de las masas populares en la escena política, para oponerse directamente a los arbitrios del poder, para ejercer realmente la soberanía popular, que ya no encuentra ninguna expresión en la cámara representativa: puede decirse que en junio de 1914 el parlamentarismo entró, en Italia, en la vía de su disolución orgánica y, con el parlamentarismo, la función política de la pequeña burguesía.

La pequeña burguesía, que definitivamente ha perdido toda esperanza de recobrar una función productiva (sólo hoy vuelve a vislumbrarse una esperanza de este tipo, con los intentos del partido popular por volver a dar importancia a la pequeña propiedad agrícola y con los intentos de los funcionarios de la Confederación General del Trabajo por galvanizar el mortecino control sindical), trata en todas las formas de conservar una posición de iniciativa histórica: imita a la clase obrera, sale a las calles. Esta nueva táctica se lleva a cabo de los modos y formas permitidos a una clase de charlatanes, de escépticos, de corruptos: el desarrollo de los hechos que han tomado el nombre de «radiantes jornadas de mayo», con todos sus reflejos periodísticos, oradores, teatrales, callejeros durante la guerra, es como la proyección en la realidad de un relato de la jungla de Kipling: el relato de Bandar-Log, del pueblo de los monos, el cual cree ser superior a todos los demás pueblos de la jungla, poseer toda la inteligencia, toda la intuición histórica, todo el espíritu revolucionario, toda la sabiduría de gobierno, etcétera, etcétera. Esto fue lo que sucedió: la pequeña burguesía, que se sometió al poder gubernamental a través de la corrupción parlamentaria, cambia la forma de su prestación de servicios, se vuelve antiparlamentaria y trata de corromper la calle.

En el período de la guerra el Parlamento decae completamente: la pequeña burguesía intenta consolidar su nueva posición y piensa equivocadamente que ya ha alcanzado este objetivo, cree erróneamente que ha acabado con la lucha de clases, que ha tomado la dirección de la clase obrera y campesina, que ha sustituido la idea socialista, inmanente en las masas, con una extraña y fantástica mezcolanza ideológica de imperialismo nacionalista, de «verdadero revolucionarismo», de «sindicalismo nacional». La acción directa de las masas en los días 2 y 3 de diciembre, después de las violencias ejercidas en Roma por parte de los oficiales contra los diputados socialistas, pone un freno a la actividad política de la pequeña burguesía, que desde aquel momento trata de organizarse y agruparse en torno a patronos más ricos y más seguros que el poder estatal oficial, debilitado y exhausto por la guerra.

La aventura fiumiana es el motivo sentimental y el mecanismo práctico de esta organización sistemática, pero resulta inmediatamente evidente que la base sólida de la organización es la defensa directa de la propiedad industrial y agrícola de los asaltos de la clase revolucionaria de los obreros y los campesinos pobres. Esta actividad de la pequeña burguesía, convertida oficialmente en «el fascismo», no deja de tener consecuencias para la estabilidad del Estado. Después de corromper y arruinar la institución parlamentaria, la pequeña burguesía corrompe y arruina también las otras instituciones, los sostenes fundamentales del Estado: el ejército, la policía, la magistratura. Corrupción y ruina que tienen como resultado pura pérdida, que no tienen ningún fin preciso (el único fin preciso habría debido ser la creación de un nuevo Estado: pero el «pueblo de los monos» se caracteriza precisamente por la incapacidad orgánica para darse una ley y fundar un Estado): el propietario, para defenderse, financia y sostiene una organización privada, la cual, para enmascarar su naturaleza real, debe asumir actitudes políticas «revolucionarias» y disgregar la defensa más poderosa de la propiedad, el Estado. La clase propietaria repite, con respecto al poder ejecutivo, el mismo error que cometió con respecto al Parlamento: cree poderse defender mejor de los asaltos de la clase revolucionaria, abandonando las instituciones de su Estado a los caprichos histéricos del «pueblo de los monos» de la pequeña burguesía.

Desarrollándose, el fascismo se endurece en torno a su núcleo primordial, no logra ya disimular su verdadera naturaleza. Conduce una campaña feroz contra el presidente del consejo contra el presidente del consejo Nitti, campaña que llega hasta una invitación abierta a asesinar al primer ministro; deja en paz a Giolitti y le permite llevar «felizmente» a término la liquidación de la aventura fiumiana; la posición del fascismo con respecto a Giolitti marcó el destino de D'Annunzio y puso de relieve el verdadero fin histórico de la organización de la pequeña burguesía italiana. Cuando más fuertes se han vuelto los «fasci», cuanto mejor encuadrados están sus efectivos, cuanto más audaces y agresivos se muestran contra las cámaras del trabajo y los ayuntamientos socialistas, tanto más característicamente expresiva resulta su actitud con respecto a D'Annunzio, el cual invoca la insurrección y las barricadas. ¡Las pomposas declaraciones de «verdadero revolucionarismo» se han concretado en un petardo inofensivo hecho explotar bajo un pasillo de la Stampa!

La pequeña burguesía, incluso en ésta su última encarnación política del «fascismo», se ha mostrado definitivamente en su verdadera naturaleza de esclava del capitalismo y de la propiedad latifundista, de agente de la contrarrevolución. Pero también ha demostrado ser fundamentalmente incapaz de desempeñar una misión histórica cualquiera: el pueblo de los monos ocupa las páginas de sucesos, no crea historia, deja rastros en los periódicos, no ofrece material para escribir libros. La pequeña burguesía, después de arruinar el Parlamento, está arruinando al Estado burgués: sustituye, cada vez en mayor escala, la «autoridad» de la ley con la violencia privada, ejerce (¡y no puede hacer otra cosa!) esta violencia caóticamente, brutalmente, y subleva contra el Estado, contra el capitalismo, estratos cada vez mayores de la población.



en L'Ordine Nuovo, 2 de enero de 1921








[1] Después del tratado de Rapallo de noviembre de 1920, que hizo de Fiume un Estado independiente, el bloqueo naval obligó a D'Annunzio a capitular. A principios de enero comenzó el éxodo de los «legionarios» de la ciudad.

[2] En junio de 1914 estalló la última huelga general de protesta, antes de la guerra, contra los asesinatos de trabajadores, conocida con el nombre de «semana roja» por la violencia y duración de la lucha.













 

lunes, junio 29, 2026

«Un humano colgado / 1964», de Salem Jubran

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Uno de los juguetes que apareció en el mercado israelí
fue el de un «árabe ahorcado».

¡Un cuerpo humano colgado
es el juguete más llamativo
la más dulce diversión expuesta 
para los niños en el mercado!
No, ya no quedan
se agotó hace días
no lo busquen, ¡dile a tu hijo
que hace días se agotó! 

Oh, espíritus de aquellos
muertos en los campos de concentración nazi –
el ahorcado
no es un judío en Berlín.
El ahorcado es un árabe
como yo, uno de mi pueblo
ahorcado ahora por tus hermanos,
¡ahorcado por los nazis camuflados
de Sión!

Espíritus de las víctimas
de los campos nazis –
¡Si sólo supieran!
¡Si sólo supieran!
















lunes, junio 22, 2026

Entrevista a Rufino, de Catalina May + Nota de Revista Hoy



(1949-2026)


Sus dibujos de personajes negros que representaban a los agentes de la CNI, en plena dictadura, son ya un clásico y hoy se les puede encontrar en las librerías bajo el título de Civiles No Identificados. Aquí, el dibujante detrás de los «monos» comenta las campañas presidenciales y explica por qué el humor político, que en dictadura fue fundamental, hoy se ha vuelto elitista.

Es de Los Andes y se vino a Santiago a estudiar Publicidad en la Universidad Técnica del Estado. Comenzó trabajando como diseñador e ilustrador en la revista Ercilla, a principio de los años 70. El 76, Montenegro era el diagramador e ilustrador de la revista Hoy, cuando el director de la revista, Emilio Filippi, viajó por América en busca de fondos y volvió contando que todas las revistas que valían la pena tenían dibujantes y lamentándose por no tener la plata para hacerlo. Entonces, Montenegro le dijo que él podía ser el dibujante. «Pero yo a usted no le he visto nada», le dijo Filippi. Al día siguiente Montenegro le llevó tres de sus «monos», que al director le parecieron más o menos. Al día siguiente le llevó tres más, los que fueron publicados. Desde entonces, dice Montenegro, no ha parado. Hoy publica en la revista Ercilla.

¿Por qué firma como Rufino?
En esos tiempos estaba de moda hacer acrósticos con el nombre. Hervi es Hernán Vidal, Vicar es Víctor Arriagada y así. A mí eso no me gustaba y me puse el nombre de mi abuelo.

¿Por qué decidió publicar ahora este libro con sus trabajos durante la dictadura?
Un día me llamó Gilberto Villarroel –el editor– y me lo propuso. Yo les dije que si les parecía interesante probáramos. Ellos tuvieron un trabajo horroroso, porque hicieron la selección y yo nunca guardo originales, así que tuvieron que buscar recortes. Un trabajo de egipcios. El resultado me parece bien, pero tengo una distancia. Creo que esos monos, en su contexto, tenían un sentido, pero ahora sólo algunos se salvan: otros parecen medio inocentones.

Aunque es humor, no son precisamente chistes, es otro el tono.
Bueno, era una dictadura, entonces es humor, pero no tan directo. Fueron los primeros monos que aparecieron agarrando pa'l hueveo a la CNI, al gobierno, pero además es mi modo de enfrentar el humor.

¿Tuvo algún problema es esos años por sus «monos»?
Hubo comentarios de algunos ministros. La Mónica Madariaga dijo: «Bien simpático el jovencito Rufino». Era como para tomarse unas vacaciones eso (risas).

¿Quiénes son sus personajes hoy?
Todos, le hacen re fácil la vida a uno: hacen ellos mismos el chiste, uno sólo tiene que parar la oreja y dibujarlo. ¿O no te hai fijado en la campaña?

¿Le parece chistosa la campaña?
Yo la encuentro aburrida, pero creo que para la gente debe ser entretenida, porque por primera vez la Concertación está cercana a perder, nadie sabe quién va a ganar, pelea la DC contra la DC, RN contra la UDI. Es cosa de parar la oreja.

Ya, pero las campañas propiamente tales…
Siempre son lateras. Invadir las calles con las palometas y poner cuatro mil porquerías de esas en la plaza de Maipú, o sea… Creo que las elecciones ya no tienen la carga de otra época, no tienen la épica del plebiscito del SÍ y el NO, o de los primeros gobiernos de la Concerta.

¿Pero le parece que en las campañas se aprovecha el humor?
Lo manejan muy mal, no creo que haya muchos especialistas. Es como parejito.

La teleserie de Arrate se ha llevado hartos aplausos. ¿Qué le parece a usted?
Es inteligente, pero no encuentro que sea divertida.

¿Y los sketchs de MEO con el «científico» que le hace experimentos?
Son simpáticas las cuestiones, pero no encuentro algo que sobresalga de los demás y que sea realmente bueno. Encuentro parejo fome todo.

No se me ocurre qué es lo chistoso en la campaña de Frei, para preguntarle, o de Piñera.
(Risas) Es que ellos no son chistosos, a mí tampoco se me ocurre nada.

¿Qué rasgos característicos de cada candidato utiliza usted para dibujarlos?
Yo no hago caricatura en el sentido clásico, me baso más en los textos que en lo físico. Ocupo la complicidad del lector, en el sentido que ellos saben de quién y qué estoy hablando. Eso me ha servido desde los monos de la CNI hasta ahora. Por eso la gente que lee mis monos es gente que está enterada de lo que pasa.

¿Cómo ve el humor gráfico hoy?
Mal, porque hay muy pocos medios que acojan a los humoristas gráficos. Además, ideológicamente son todos muy parecidos, excepto La Nación. Pero si gana Piñera van a quedar todos parejitos.

¿Le interesa algún dibujante?
Hay muchos y muy buenos, pero están más bien en la publicidad, el cómic o internet. Me gusta Rodrigo Salinas, el Topo. La gente joven es buena técnicamente, pero en los textos los noto flojillos. Van más al chiste fácil.

¿Por qué será?
Porque ya a nadie le importa nada lo que pase en política, nadie se gasta mucho en pelear por nada, falta épica. En dictadura estábamos peleando contra alguien potente y uno se esforzaba. Pero ahora lo que importa es tener pega, comprarse el plasma, pagar la tarjeta de crédito. La realidad repercute en nuestro trabajo, entonces hoy al común de la gente le importa un pucho la política y así, nuestro trabajo se hace más elitista.

¿Qué temas le interesa plantear hoy?
Los líos de los profes, de los pingüinos, de la salud, las farmacias, los problemas de Andha Chile.*




en The Clinic, 20 de diciembre, 2009






* Nota DscnTxt: Asociación Nacional de Deudores Habitacionales.







HUMOR
Lo mejor de Rufino

Una de las más gratas noticias recibidas por HOY en estos diez años ocurrió recientemente: la nominación del jefe de su Departamento de Arte, Alejandro Montenegro, Rufino, como ganador del Premio 1987 de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, en mención caricaturas. Efectivamente, Rufino es pionero en el renacimiento del humorismo político en Chile. Lo atestiguan esos seres vestidos de negro y lentes oscuros que pueblan la página 1 de cada edición.

Esto es, según él, lo mejor suyo en diez años.

Edición extraordinaria, mayo de 1987








Hermano querido, el club de cacho te saluda.












lunes, junio 15, 2026

«Te llamo», de Tawfiq Zayyad

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Te llamo 
tomo tus manos y las sostengo con firmeza
beso la tierra bajo tus pies
sé que daría mi vida por ti.

Te ofrezco la luz de mis ojos,
el fuego de mi corazón:
porque esta tragedia que sufro
es sólo una mínima parte de tu dolor.

No me he guardado nada por mi patria
ni subestimado el poder de mis manos 
para enfrentar con coraje al invasor. 
Un huérfano dispuesto a morir.

Llevo sobre mis hombros la sangre de mi pueblo
me verás levantar mi bandera en alto
y proteger una montaña vestida con el verde de los olivos
que guarda las tumbas de mis antepasados.
Te llamo. No dejaré de llamarte.

















domingo, junio 07, 2026

«Bala perdida», de Mazen Maarouf

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Luego de cruzar el living,
la biblioteca,
el pasillo
y la foto que nos une
en un viaje a Nahr al-Kalb
y luego de pasar frente a la lavadora
y a mi madre (exhausta
a pesar de la lavadora),
una bala perdida 
se desvió levemente de su rumbo 
—por la fuerza 
de gravedad— 
para instalarse finalmente
en mi cabeza 
hasta matarte.






Fotografía original de Raphael Lucas
























jueves, mayo 28, 2026

«El sendero en la oscuridad», de Ghassan Zaqtan

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Están gritando —
pero la noche es demasiado oscura para mirar
una mano apuntando al Sur

una tierra que se ha hundido en las sombras,
una procesión de mortajas blancas,
un sendero de alfombras azules para orar.

Padre, padre, ¡despierta a tus hijos!
¡Deja de asomarte a la ventana!
¡Líbrate de esa tristeza!

Mira —
por fin puedes caminar a través de
una tierra colmada de verano.

¡Despierta a tus hijos!
Déjalos volar a través de este sueño
mientras una pandereta marca las diez en punto

Luego observa
cómo nos escabullimos de nuestras cuevas en las colinas —
una manada de lobos hambrientos