Mostrando las entradas con la etiqueta Autor Descontexto. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Autor Descontexto. Mostrar todas las entradas

miércoles, junio 24, 2026

HOY presentación de El Árbol de la Memoria, de Jorge Teillier en el Liguria de Merced a las 19 hrs.






Bar Liguria
& Descontexto Editores
los invitan a la presentación 
de 
El Árbol de la Memoria
del poeta lautarino
Jorge Teillier
a 91 años de su nacimiento

Edición de Juan Carlos Villavicencio

con la participación de los poetas
Carlos Cociña
&
Diego Alfaro 

Tangos por 
Marcelo Nicolás Carrasco


Miércoles 24 de junio · Bar-Restaurant Liguria 
Merced #298 · Barrio Lastarria · 19:00 (Chile)

           











martes, junio 23, 2026

«Madera de poeta. Prólogo de El árbol de la memoria», de Diego Alfaro Palma

Inicio



En el ajetreo de la calle Huérfanos, en pleno centro de Santiago, existía un reducto para dedicarse al arte de la tertulia. Los sábados llegaba hasta allí Jorge Teillier, además de una tropa bastante variopinta de intelectuales, ajedrecistas y femme fatales. Era el café Sao Paulo, donde es posible que, entre los años 1959 y 1960, haya puesto sobre la mesa, entre servilletas y cucharas, los borradores de El árbol de la memoria

Esto no lo sabemos a ciencia cierta, pero no perdemos nada con imaginarlo, ponernos en situación, porque ese reducto resultaba ser «una verdadera catedral moderna», en palabras de Teófilo Cid, ese dandy santiaguino, que bien sabía de «ver pasar la vida estrafalaria y bulliciosa».

En ese momento, Jorge no era el Jorge Teillier que hoy conocemos. Tenía a su haber dos volúmenes publicados, Para ángeles y gorriones (1956) y El cielo cae con las hojas (1958), que le valió el Premio de la Sociedad de Escritores de Chile. En otras palabras, había ganado cierta fama, pero aún estaba trazando su sendero en las letras. Siguiendo una certeza y un impulso, reunió un nuevo grupo de poemas bajo el título de Los conjuros, título original de este libro. Con ese encabezado lo envió al concurso Gabriela Mistral de 1960, donde el jurado determinó otorgarle la presea a esos escritos notablemente maduros.

Un amigo de esas épocas, Enrique Lihn, quien también tomaba posición en el Sao Paulo, junto al dramaturgo Enrique Moletto y a la poeta Stella Díaz Varín, escribió un elogioso texto en la revista Alerce:

          «Este poeta ha llegado al punto de madurez en que su desarrollo debe pasar, hasta cierto punto inadvertido bajo una trama de excelencias formales, continuar, al favor de la obscuridad, en una zona de la experiencia y de la expresión sobre las cuales sólo a él le cabe recapacitar».

Decimos «elogioso», porque es difícil encontrar la pompa sencilla y directa en la prosa de Lihn, sin embargo, se nota en ese artículo el ánimo de poner en su lugar a un escritor que comenzaba a esplender a punta de disciplina, en «una combinación de talento natural y esfuerzo».

También deberíamos imaginarnos la fiesta que se armó en el café cuando Teillier, con sólo 25 años, logró tamaña proeza. Más de algún amigo debe haber tirado la casa por la ventana, haciendo que las celebraciones se sucedieran en una especie de jubileo interminable. Los conjuros obtenía el primer lugar, no obstante, los que lo acompañaban y, sin ir más lejos, el público general no habían tenido acceso a esos poemas. Fue así que, no dándole demasiadas vueltas, asistió a una de las instituciones más importantes y —por ello mismo— más desconocidas de la literatura chilena de los años cincuenta y sesenta: la imprenta Arancibia Hermanos merecería una placa, al menos una nombradía en la historia, pero los avatares del tercermundismo han complotado contra ello. Probablemente no es el árbol más vistoso, sino una ranita de Darwin en medio del bosque húmedo de la literatura nacional, un detalle pequeño, pero esencial dentro del ecosistema. Teillier conocía bien a uno de los Arancibia, dos hermanos españoles exiliados tras la Guerra Civil:

          «Era editor de todos los poetas de la época y, curiosamente, se hizo rico gracias a los poetas, no rico pero ganó bastante dinero con las autoediciones; seguramente ganaba muy poco con cada uno pero llegaban cien poetas o novelistas, y de una pequeña imprenta de mano llegó a tener una imprenta grande».

Esto lo cuenta en el libro de entrevistas con Hernán Ortega. Los hermanos tenían un sistema muy poco común, el del crédito. Para explicarlo, tendremos que recurrir a otra voz autorizada, a la del narrador Luis Sepúlveda:

          «Jamás dijeron que no a un poeta o escritor que llegó con un manuscrito. La edición de modestos trescientos ejemplares costaba por ejemplo diez mil pesos, el autor no tenía un centavo, pero dejaba el manuscrito y se lo publicaban; luego, le avisaban que estaba listo y, cuando el autor emocionado contemplaba su ‘obra’ impresa, los hermanos Arancibia le preguntaban cómo pensaba pagar. Cuando a mí me tocó responder, como a tantos otros colegas, dije que en ese momento tenía doscientos pesos. Como a tantos otros, me respondieron que muy bien, que podía llevarme un paquete con diez ejemplares. Eso obligaba a vender los libros, a metérselos a amigos, o a ser más audaz».

Ese sistema de créditos le permitió a Teillier imprimir El árbol de la memoria. Algunos podrán argumentar que este relato posiblemente no tiene nada que ver con el libro en sí, pero es una entrada importante para entender las complejidades que en ese momento significaban difundir una obra. De esa forma, los Arancibia iban a lograr, entre otros ejemplos, tener entre sus ilustradoras de tapa a Roser Bru, otra exiliada llegada en el Winnipeg gracias a Pablo Neruda, o imprimir el primer libro de Gonzalo Millán, Relación personal (1968) y, no menos importante, sacar cada uno de los números de la revista Orfeo, que Teillier dirigió entre los años 1963 y 1968, junto al escritor colombiano Jorge Vélez.

Los ejemplares de esa autoedición de El árbol fueron enviados hasta una oficina en pleno centro de la capital, para competir en el prestigioso Premio Municipal de Literatura de Santiago. En las ocasiones anteriores, en el género poesía, los condecorados habían sido escritores de fuste: Luis Oyarzún por Mediodía, Braulio Arenas por Poemas y Juvencio Valle por Del monte a la ladera. Sin embargo, nada hacía presagiar que él se convertiría en uno de los autores más jóvenes en ser laureado en la historia del premio.

Habría que pensar ese diciembre de 1961 como otra fiesta inmensa, apoteósica. Mientras Cuba se declaraba libre de analfabetismo, un poeta del sur de Chile recibía el merecido espaldarazo. Sobre este conjunto de poemas terminarían escribiendo notas el crítico Filebo, Edmundo Concha, Teófilo Cid, Ruperto Salcedo, Hernán Lavín Cerda, Guillermo Atías, Enrique Bello, además del ya mencionado Lihn. Los hermanos Arancibia también deben haberse sumado a esa juerga; el futuro les depararía la impresión de otros dos libros del vate, Poemas del país de nunca jamás (1963) y Crónica del forastero (1968).




en El árbol de la memoria (edición definitiva), Descontexto Editores, 2026


















lunes, junio 22, 2026

Entrevista a Rufino, de Catalina May + Nota de Revista Hoy



(1949-2026)


Sus dibujos de personajes negros que representaban a los agentes de la CNI, en plena dictadura, son ya un clásico y hoy se les puede encontrar en las librerías bajo el título de Civiles No Identificados. Aquí, el dibujante detrás de los «monos» comenta las campañas presidenciales y explica por qué el humor político, que en dictadura fue fundamental, hoy se ha vuelto elitista.

Es de Los Andes y se vino a Santiago a estudiar Publicidad en la Universidad Técnica del Estado. Comenzó trabajando como diseñador e ilustrador en la revista Ercilla, a principio de los años 70. El 76, Montenegro era el diagramador e ilustrador de la revista Hoy, cuando el director de la revista, Emilio Filippi, viajó por América en busca de fondos y volvió contando que todas las revistas que valían la pena tenían dibujantes y lamentándose por no tener la plata para hacerlo. Entonces, Montenegro le dijo que él podía ser el dibujante. «Pero yo a usted no le he visto nada», le dijo Filippi. Al día siguiente Montenegro le llevó tres de sus «monos», que al director le parecieron más o menos. Al día siguiente le llevó tres más, los que fueron publicados. Desde entonces, dice Montenegro, no ha parado. Hoy publica en la revista Ercilla.

¿Por qué firma como Rufino?
En esos tiempos estaba de moda hacer acrósticos con el nombre. Hervi es Hernán Vidal, Vicar es Víctor Arriagada y así. A mí eso no me gustaba y me puse el nombre de mi abuelo.

¿Por qué decidió publicar ahora este libro con sus trabajos durante la dictadura?
Un día me llamó Gilberto Villarroel –el editor– y me lo propuso. Yo les dije que si les parecía interesante probáramos. Ellos tuvieron un trabajo horroroso, porque hicieron la selección y yo nunca guardo originales, así que tuvieron que buscar recortes. Un trabajo de egipcios. El resultado me parece bien, pero tengo una distancia. Creo que esos monos, en su contexto, tenían un sentido, pero ahora sólo algunos se salvan: otros parecen medio inocentones.

Aunque es humor, no son precisamente chistes, es otro el tono.
Bueno, era una dictadura, entonces es humor, pero no tan directo. Fueron los primeros monos que aparecieron agarrando pa'l hueveo a la CNI, al gobierno, pero además es mi modo de enfrentar el humor.

¿Tuvo algún problema es esos años por sus «monos»?
Hubo comentarios de algunos ministros. La Mónica Madariaga dijo: «Bien simpático el jovencito Rufino». Era como para tomarse unas vacaciones eso (risas).

¿Quiénes son sus personajes hoy?
Todos, le hacen re fácil la vida a uno: hacen ellos mismos el chiste, uno sólo tiene que parar la oreja y dibujarlo. ¿O no te hai fijado en la campaña?

¿Le parece chistosa la campaña?
Yo la encuentro aburrida, pero creo que para la gente debe ser entretenida, porque por primera vez la Concertación está cercana a perder, nadie sabe quién va a ganar, pelea la DC contra la DC, RN contra la UDI. Es cosa de parar la oreja.

Ya, pero las campañas propiamente tales…
Siempre son lateras. Invadir las calles con las palometas y poner cuatro mil porquerías de esas en la plaza de Maipú, o sea… Creo que las elecciones ya no tienen la carga de otra época, no tienen la épica del plebiscito del SÍ y el NO, o de los primeros gobiernos de la Concerta.

¿Pero le parece que en las campañas se aprovecha el humor?
Lo manejan muy mal, no creo que haya muchos especialistas. Es como parejito.

La teleserie de Arrate se ha llevado hartos aplausos. ¿Qué le parece a usted?
Es inteligente, pero no encuentro que sea divertida.

¿Y los sketchs de MEO con el «científico» que le hace experimentos?
Son simpáticas las cuestiones, pero no encuentro algo que sobresalga de los demás y que sea realmente bueno. Encuentro parejo fome todo.

No se me ocurre qué es lo chistoso en la campaña de Frei, para preguntarle, o de Piñera.
(Risas) Es que ellos no son chistosos, a mí tampoco se me ocurre nada.

¿Qué rasgos característicos de cada candidato utiliza usted para dibujarlos?
Yo no hago caricatura en el sentido clásico, me baso más en los textos que en lo físico. Ocupo la complicidad del lector, en el sentido que ellos saben de quién y qué estoy hablando. Eso me ha servido desde los monos de la CNI hasta ahora. Por eso la gente que lee mis monos es gente que está enterada de lo que pasa.

¿Cómo ve el humor gráfico hoy?
Mal, porque hay muy pocos medios que acojan a los humoristas gráficos. Además, ideológicamente son todos muy parecidos, excepto La Nación. Pero si gana Piñera van a quedar todos parejitos.

¿Le interesa algún dibujante?
Hay muchos y muy buenos, pero están más bien en la publicidad, el cómic o internet. Me gusta Rodrigo Salinas, el Topo. La gente joven es buena técnicamente, pero en los textos los noto flojillos. Van más al chiste fácil.

¿Por qué será?
Porque ya a nadie le importa nada lo que pase en política, nadie se gasta mucho en pelear por nada, falta épica. En dictadura estábamos peleando contra alguien potente y uno se esforzaba. Pero ahora lo que importa es tener pega, comprarse el plasma, pagar la tarjeta de crédito. La realidad repercute en nuestro trabajo, entonces hoy al común de la gente le importa un pucho la política y así, nuestro trabajo se hace más elitista.

¿Qué temas le interesa plantear hoy?
Los líos de los profes, de los pingüinos, de la salud, las farmacias, los problemas de Andha Chile.*




en The Clinic, 20 de diciembre, 2009






* Nota DscnTxt: Asociación Nacional de Deudores Habitacionales.







HUMOR
Lo mejor de Rufino

Una de las más gratas noticias recibidas por HOY en estos diez años ocurrió recientemente: la nominación del jefe de su Departamento de Arte, Alejandro Montenegro, Rufino, como ganador del Premio 1987 de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, en mención caricaturas. Efectivamente, Rufino es pionero en el renacimiento del humorismo político en Chile. Lo atestiguan esos seres vestidos de negro y lentes oscuros que pueblan la página 1 de cada edición.

Esto es, según él, lo mejor suyo en diez años.

Edición extraordinaria, mayo de 1987








Hermano querido, el club de cacho te saluda.












domingo, junio 14, 2026

«Andando el tiempo», de Emilio Adolfo Wetphalen





Andando el tiempo
Los pies crecen y maduran
Andando el tiempo
Los hombres se miran en los espejos
Y no se ven
Andando el tiempo
Zapatos de cabritilla
Corriendo el tiempo
Zapatos de atleta
Cojeando el tiempo
Con errar de cada instante y no regresar
Alzando el dedo
Señalando
Apresurando
Es el tiempo y no tiene tiempo
No tengo tiempo
Mostrar la libreta
Todo en orden
Por aquí a la aventura silencio cerrado
Por allá a la descompuesta inmóvil móvil
Ya llega y tarda
Y se olvida
Por acá con boca falsa y palabras de otra hora
El pañuelo nuevo y pronto
Para el adiós
Adiós y no ha llegado
Ésta es la señal
El tiempo
Casi no es niño
Pero flor no es
Casi
Cuando está sobre un árbol
Se divisa el paisaje la estrella
Los zapatos
Osamentas de pescado
Y el ojo llena el horizonte
El tiempo
Aunque cojee y se hiera y se lamente
Prohibido
No te hagas tan silencio
La nube sabe de otro lugar
Son las escaleras que bajan
Porque nadie sube
Porque nadie muerde la nuca
Sino las flores
O los pies llagados
Andando y sangre de tiempo
Gotas la lluvia el torrente
La mano llega
Este es su destino
Llegar el tiempo
Se devuelve y usted sabe más
Estaba junto al silencio
Estaba con ojos pequeños
La mano a lo desierto
El pie a lo ignorado
Indudable
Los huesos prestados podían ser míos
Si un leve signo no dijera
Y no decía
Alzada levantada
Me doy a tu más leve giro
Al amor de las pestañas
A lo no dicho
Vértigo
Te temía sin noche y sin día
Aunque no regreses
Por la marcha de mis huesos a una otra noche
Por el silencio que se cae
O tu sexo


en Las ínsulas extrañas, 1986

















jueves, junio 04, 2026

«La novia de Abel», de Denise Levertov

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




La mujer teme por el hombre, solitario
va a hacer su labor. Ningún espejo
anida en su bolsillo. Su rostro
se abre y cierra acorde a sus esperanzas.
Su sexo cuelga sin ocultarse
o se alza ante él
ciego y buscando.

Ella se considera
afortunada. Pero triste. Cuando sale
se mira al espejo, se recuerda
a sí misma. Piedras, carbón,
el silbido del agua sobre las ramas
ardiendo — su ser es
una cueva, hay huesos en el fuego de su hogar.



en The Sorrow Dance, 1967




Fotografía original de 1969, de autor desconocido.















Abel's Bride

Woman fears for man, he goes / out alone to his labors. No mirror / nests in his pocket. His face / opens and shuts with his hopes. / His sex hangs unhidden / or rises before him / blind and questing. / She thinks herself / lucky. But sad. When she goes out / she looks in the glass, she remembers / herself. Stones, coal, / the hiss of water upon the kindled / branches—her being / is a cave, there are bones at the hearth.















viernes, mayo 29, 2026

«No todo debe ser recordado: acerca de ‘Monteverdi (Variaciones sobre el deterioro)’ de Lucas Margarit», de Diego L. García




 
¿Cómo la composición de una ópera en el siglo XVII, con su arquitectura de actos, recitativos y arias, con su modo de hacer avanzar la acción a través de la tensión entre música y palabra, puede transferirse a la construcción de un poemario en el siglo XXI? En otras palabras, ¿de qué manera ese dispositivo que Claudio Monteverdi pensó para la escena, donde cada elemento cumple una función dramática precisa, encuentra en la escritura de Monteverdi (Variaciones sobre el deterioro) (Descontexto Editores, Santiago de Chile, 2025), de Lucas Margarit (Buenos Aires, 1966), una forma de reconfiguración, como una serie de poemas que no sólo se suceden, sino que también se responden, se superponen y construyen una progresión interna? Ensayaremos aquí, antes que una respuesta, un recorrido para seguir esas correspondencias desde el asombro.

Los recortes sobre la mesa dicen: pasiones humanas – Venecia – drama lírico – Popea – contexto – lecho – cangrejo – 1643 – otras fábulas. Se trata de elementos que trabajan como piezas de relojería en el interior de este libro, ensamblados con una precisión que no cancela, sin embargo, cierta respiración lateral, cierto margen para el desvío y la sugerencia. Hay algo de archivo y algo de escena: como si el poema organizara sus materiales entre la erudición y el gesto, entre la cita y el cuerpo.

El lector contemporáneo puede recibirlo como un producto raro, acostumbrado a la música sintética del minimalismo y a la dieta sensitiva. Pero también puede encontrar allí una invitación: la de demorarse, la de aceptar una temporalidad distinta, menos ansiosa. Entonces, la pregunta por cuánto vale hoy aquello que nos exige y nos empuja al desarrollo de las viejas habilidades humanas, entre ellas la de distinguir y crear belleza, se vuelve un punto de sentido para el arte como resistencia. Y, en esa línea, el libro no se ofrece como un objeto cerrado sino como un dispositivo: una superficie donde pasado y presente ensayan un diálogo posible.

A modo de «Un preludio», leemos: «un río de astillas / llega al centro / de una ciudad circular / una ciudad con cementerios de arena derruida / un teatro con pulgas y hollín entre la madera / la voz apunta al eje de un árbol talado / todo está indemne / el río de púrpura y el acero / ¿no es el movimiento veloz / lo que nos acerca a la muerte?».

El movimiento no sólo nos acerca a la muerte, también nos salva de esperarla. La música es movimiento. En esa oscilación perpetua, Claudio Monteverdi encontró una forma de torcer el tiempo: no detenerlo, sino hacerlo respirable. Sus madrigales y óperas no avanzan, laten; cada disonancia es un instante suspendido donde el alma se reconoce antes de seguir cayendo hacia adelante. Allí, en ese temblor entre lo sagrado y lo humano, la voz deja de ser ornamento y se vuelve carne que siente, que duda, que arde. Monteverdi no compone para la eternidad, sino contra el silencio que la anuncia: escribe para que el instante no se clausure del todo, para que el movimiento (aunque sea apenas un susurro) nos sostenga un poco más en la vida.

Un tratado sobre el laúd de 1552, un diario anónimo, El libro de los elementos, la voz de un hombre viejo, un libro de salmos, una carta de Giovanni Rovetta, el Syntagma Musicum, una cantata perdida, El libro de los ausentes, la Scientia Umbrarum, una carta desde Módena. Todos ellos intertextos de esta sinfonía. Porque la poesía de Lucas Margarit no es coral en sentido llano, sino emergente de una lectura-coral. Y decir una lectura no es casual: la lectura aparece como un continuum, como un sistema unificado, orgánico, vivo. De allí que pueda habitarse desde nuevas palabras; pueda ser fermento de desvíos y cantos únicos.

El libro presenta una estructura compleja e interesante: un umbral («Venecia 1643»), un preludio, seis partes numeradas, «Palabras dejadas en un Eclesiastés perdido», un cierre del primer umbral, un Final. El recorrido lleva al lector a pensar a Monteverdi como un portal; por momentos se ingresa y por momentos se sale de él, desde él, hacia un escenario de época que resulta cautivante. Hay un mundo con, todavía, misterio en el aire. Y el aire así puede sonar, puede procesar una voz. Es muy gratificante el resultado del encuentro de esa voz con este tiempo en que vivimos. Posiblemente en ese extrañamiento se juegue uno de los efectos del poemario: desplazarse de lo que el autor ha llamado «ego-poesía» hacia una zona donde lo poético resulta transformador.

Uno de los poemas que me gustaría destacar es «Observaciones de sus Contemporáneos», que así dice: «Monteverdi recupera / cada sonido de la hiedra y la palabra. / En el bosque no hay un camino que lleve hacia el desierto. / Hay un territorio con su orilla de musgo y su frontera / un recorrido donde los palacios se desvanecen / como los cementerios y el viento. / Cómo, querido señor, voy a imitar la lengua / del viento que no habla? // (9 de diciembre de 1616)».

La figura de Monteverdi aparece desplazada hacia una zona casi impersonal, como si su oído, más que su voluntad, fuera el verdadero protagonista. No se trata de dominar la naturaleza sonora, sino de dejarse atravesar por ella, de admitir que hay un límite infranqueable entre la música humana y ese murmullo primero que el poema identifica con el viento. La pregunta final instala una imposibilidad: imitar lo que no habla es, en rigor, fundar otra lengua, una lengua de bordes inestables.

De este modo, el poema construye un paisaje donde lo cortesano se disuelve con la misma fragilidad que los cementerios, y donde la historia pierde espesor frente a una temporalidad más difusa, casi vegetal. El musgo y la hiedra: elementos que no progresan, que no narran, pero que persisten. En ese desplazamiento, la música deja de ser artificio para volverse escucha, y el compositor deviene mediador de una materia que lo excede.

Hay, además, una ética de la renuncia en este gesto: renunciar a la imitación como mímesis perfecta para aceptar una forma de aproximación incompleta, siempre fallida. El poema parece sugerir que en ese fracaso (en no poder reproducir la lengua del viento) se abre, paradójicamente, la posibilidad de una obra. No como traducción fiel, sino como resto, como huella de algo que nunca se deja fijar del todo en la palabra ni en el sonido.

Otros recortes: cuerpo de oro – el agua del dolor – San Marco – Ulises – Ezra Pound – Amberes – mármol – Giovanni Artusi – tres santos de hierro – arena – mañana. A medida que el libro se acerca a su Final, comienza una estela de sonidos en decrescendo, una conclusión paulatina que se manifiesta también con sentencias como esta: «No todo debe ser recordado / decía Monteverdi cuando arrojó / al fuego que lo abrigaba / la melodía trunca de su requiem».

La memoria, la fama, máscaras que aparecen como opuestas al espíritu del artista. No a la obra como materia que el mundo agradecerá, su opus immortale, sino a su furor creativo. Su conciencia artística, que es lo que de algún modo Margarit recrea en su Monteverdi: «repito cada palabra de aquel viejo Demócrito, / las traduzco en ese papel manchado / como si fuese necesario no cantar / como si fuese necesario desalojar el alma».

Una idea del vacío pareciera consolidarse. Quedará para el lector contemplar ese después desde los tantos ojos de Claudio Monteverdi (Orfeo, Ariadna, Capaneo, un pájaro), como si esas figuras, más que personajes, fueran modos de percepción que atraviesan el tiempo y reingresan en la experiencia presente. Si algo de la palabra poesía puede repartirse comercialmente entre los gestores del ego posmoderno, no será este libro moneda de cambio. Pero sí, quienes busquen una experiencia en el reverso de las superficies hallarán aquí una conversación que no quedará en el olvido: no sólo entre lo antiguo y lo contemporáneo, sino entre distintas formas de sensibilidad que se rozan y se discuten, entre la escena barroca y una conciencia actual que la interroga sin domesticarla. En ese intercambio, la voz de Lucas Margarit no se impone ni se disuelve, sino que modula, traduce y a veces deja oír la distancia, como si el poema fuera menos un punto de llegada que un espacio donde esas voces, separadas por siglos, todavía pudieran escucharse.




en Rialta Magazine, 22 de mayo 2026















martes, mayo 26, 2026

«Envoi (1919)», de Ezra Pound

Traducción de Armando Roa Vial




Anda, libro que naciste mudo,
y dile a quien me cantara una vez la balada de Lawes:
de ostentar tanta música
como historias,
entonces tendrías razones para perdonar
incluso esas faltas que se agolpan pesadamente sobre mí
y construir una gloria perdurable.
A esa que siembra
semejante tesoro en el aire
dile que nada le impaciente, salvo el que su gracia brinde
vida al presente.
Me gustaría demandarle un pasar
como el que las rosas buscan, recostadas en ámbar mágico,
rojo recargado con naranja, siendo todo
una misma sustancia y un mismo color
en pugna contra el tiempo.
Dile a esa que marcha
con una canción en los labios
pero que no puede cantarla ni conoce
a su autor, que otra boca
ojalá tan deliciosa como la suya
podrá, en tiempos futuros, conseguir nuevos devotos,
cuando nuestros polvos yazgan junto a Waller
escudriñando y escudriñado en el olvido,
hasta que el cambio haya derribado
todas las cosas, salvo la belleza.





en Cántico del sol, edición y traducción de Armando Roa Vial. 
Descontexto Editores, 2025


















miércoles, mayo 06, 2026

«la ciudad y tu recuerdo», de Juan Gonzalo Rose




 

     DE SÚBITO, el duende de la noche salta sobre las azoteas de Sao Paulo. Sofía Caldaya se pinta los labios ante la ventana de luciérnagas. Pañito de Barita extiende sus bucles entre dos girasoles. Cielo de lágrima, luminoso y límpido. El llanto se evapora en sartenes de plata.
     Cidade de vísperas. Anterior al primer día. Cada crepúsculo te inventas y peinas los árboles de tu Plaza de Mar.

     Despiertas con las lunas y creces. Observas tus lisonjas desde el raudo mirador de los trenes; lanzas dados frenéticos; aúllas en las puertas de las Siete Cotorras; gritas ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!, Jesús blanco, Jesús negro, Jesús vendiendo tazas, estrellas, edificios, yerbas alegres, fechas de matrimonio que se irán con sus cortes por los ríos de seda. ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Carpintero Jesús! bendice a la ciudad más moza del planeta, cómprale sus maderas y sus varillas de metal relucientes como celos.

     Vuelan las horas sombrías sobre los puentes de nácar. La muchedumbre arrastra sus sombrillas plegadas: dormidas mariposas. Yo te amo, amor. Japoneses, en la Rúa del Clavel Azul, huelen temblorosos las cenizas de sus muertos. Vida, yo te amo.
     Esta noche no dormiré con nadie. Ha de crecer mi cuerpo entre los humos de la cidade. Se cubrirá de líquenes y polen, de ojos y de timbres infinitos. Mi dedo meñique lustra la calzada de Iparingá.
     Lejos, en el légamo azul, se atasca la rueda de la aurora. Guardavías y arcángeles sacan a relucir barajas nuevas. Yo no estaré con ellos. Suspiraré tu nombre en el Parque de Tilos, hasta que un mismo río nos conduzca, trémulos abrazados, otra vez…



en Las comarcas, 1962




Publicado también por Máquina Purísima, Lima, 2022






































viernes, abril 24, 2026

«La pasión según G. H.», de Clarice Lispector

Traducción de Alberto Villalba Rodríguez 





La hora de vivir es tan infernalmente inexpresiva que es la nada. Aquello que yo llamaba «nada» estaba, no obstante, tan pegado a mí que era… ¿yo? Y, por tanto, se volvía invisible como yo lo era para mí misma, y se convertía en la nada. Las puertas, como siempre, seguían abriéndose. Finalmente, amor mío, sucumbí. Y se convirtió en un ahora.

· · ·

Ofrecía el sollozo. Lloraba por fin dentro de mi infierno. Las alas incluso de la negrura las uso y las sudo, y las usaba y sudaba para mí; que eres Tú, tú, fulgor del silencio. Yo no soy Tú, sino que yo eres Tú. Solo por eso jamás podré sentirTe directamente: porque eres yo. (…) Y en el sollozo, el Dios vino a mí, el Dios me ocupaba ahora por entero. (…) El Dios, a quien nunca podría entender sino como Le entendí: partiéndome como una flor que al nacer soporta mal erguirse y parece quebrarse. (…) En este instante, ahora, una duda me asalta. Dios, o cualquiera que sea Tu nombre: solo pido ahora una ayuda: pero que ahora me ayudes no secretamente como me eres, sino esta vez claramente y en campo abierto. (…) Me había visto obligada a entrar en el desierto para saber con espanto que el desierto está vivo, para saber que una cucaracha es la vida. Había retrocedido hasta saber que en mí la vida más profunda está antes de lo humano. (…) Y ahora estaba como ante Él, y no entendía; estaba inútilmente de pie ante Él, y estaba nuevamente ante la nada. A mí, como a todo el mundo, se me había dado todo, pero había querido más: había querido conocer ese todo. Y había vendido mi alma para saber. Ahora entendía que no la había vendido al diablo, sino a alguien mucho más peligroso: a Dios. Que me había dejado ver. Pues Él sabía que yo no sabría ver lo que viese. (…) Yo tenía la capacidad de preguntar, pero no la de escuchar la respuesta.

· · ·

(Él no nació para nosotros, como nosotros no hemos nacido para Él, nosotros y Él somos simultáneamente).

· · ·

Hablar con Dios es lo más mudo que existe. (…) No, no tengo que elevarme a través de la plegaria: tengo que, ingurgitada, convertirme en una nada vibrante. ¡Lo que hablo con Dios no debe tener sentido! Si tiene sentido es porque me equivoco.



Publicado por Ediciones Siruela, Madrid, 2000



También en Antología de mística femenina, 2023
Edición a cargo de Jimena Castro y Sergi Sancho Fibla





























miércoles, febrero 04, 2026

«Qué átomos producen cambios», de Margaret Cavendish

Traducción de Lucas Margarit




Son varias figuras de átomos las que producen cambios,
cuando varios cuerpos se encuentran mientras se expanden.
Pues si tienen afinidad o coinciden
se conectan como si fueran un solo cuerpo.
Pero si se juntan como una turba en retirada,
sin ningún orden, corriendo por todas partes,
entonces forjarán cosas desproporcionadas
porque no toman sus lugares correctos.










What Atomes make Change

Tis severall Figur’d Atomes that make Change, / When severall Bodies meet as they do range. / For if they sympathise, and do agree, / They joyne together, as one Body bee. / But if they joyne like to a Rabble-rout, / Without all order running in and out; / Then disproportionable things they make, / Because they did not their right places take.












domingo, diciembre 21, 2025

HOY domingo último día de Descontexto Editores en La Furia del Libro en el GAM




 
HOY domingo
nuestro último día en el stand 30
de La Furia del Libro
en el GAM
(Metro Universidad Católica – Barrio Lastarria)
hasta las 21 hrs.







sábado, diciembre 20, 2025

«Cantico del sole», de Ezra Pound

Traducción de Armando Roa Vial





El pensamiento de lo que este país llegaría a ser
si los clásicos contaran con una amplia circulación
                           inquieta mi sueño.
El pensamiento de lo que este país
El pensamiento de lo que este país
El pensamiento de lo que este país llegaría a ser
si los clásicos contaran con una amplia circulación
                           inquieta mi sueño.
Nunc dimittis, ahora permite a tu servidor,
ahora permite a tu servidor
                           irse en paz.
El pensamiento de lo que este país
El pensamiento de lo que este país
El pensamiento de lo que este país llegaría a ser
si los clásicos contaran con una amplia circulación…
                           ¡oh, sí!,
                           inquieta mi sueño.



Publicado por Descontexto Editores, 2025










Cantico del sole

The thought of what America would be like / If the Classics had a wide circulation / Troubles my sleep, / The thought of what America, / The thought of what America, / The thought of what America would be like / If the Classics had a wide circulation / Troubles my sleep. / Nunc dimittis, now lettest thou thy servant, / Now lettest thou thy servant / Depart in peace. / The thought of what America, / The thought of what America, / The thought of what America would be like / If the Classics had a wide circulation / Oh well! / It troubles my sleep.








viernes, diciembre 19, 2025

«Monteverdi: Venecia / 29 —XI— 1643», de Lucas Margarit





 

V E N E C I A
2 9          — X I —       1 6 4 3




en el lecho inanimado
del canal
un cangrejo se desplaza 
entre arena y huesos,
entre la basura y las imágenes:

lo oscuro se vuelve oscuridad
y lo claro, sangre

flota un ataúd entre dos barcas
el cajón va hacia la otra orilla
de un canal aislado del aire y del dolor

la lengua del viento que no habla
cubre el cuerpo del río que no habita

vas Claudio sin ropaje ni velos
sin mortaja y sin tinta en tus manos ahora quietas

¿será la fábula del mar y de la peste?

flota el cajón 
y también papeles guardados en tus bolsillos,
se derrumba el invierno frente a la iglesia de los alucinados

Claudio, yaces detrás de un espejo
para cerrar los ojos ante un atardecer velado




Publicado por Descontexto Editores, 2025


















domingo, diciembre 07, 2025

«Carta abierta a 'La Púa'», de Oliverio Girondo

Fragmento


Oliverio Girondo y Norah Lange en El Tigre, década de 1940



Lo cotidiano, sin embargo, ¿no es una manifestación admirable y modesta de lo absurdo? Y cortar las amarras lógicas, ¿no implica la única y verdadera posibilidad de aventura? ¿Por qué no ser pueriles, ya que sentimos el cansancio de repetir los gestos de los que hace 70 siglos están bajo la tierra? Y ¿cuál sería la razón de no admitir cualquier probabilidad de rejuvenecimiento? ¿No podríamos atribuirle, por ejemplo, todas las responsabilidades a un fetiche perfecto y omnisciente, y tener fe en la plegaria o en la blasfemia, en el albur de un aburrimiento paradisíaco o en la voluptuosidad de condenarnos? ¿Qué nos impediría usar de las virtudes y de los vicios como si fueran ropa limpia, convenir en que el amor no es un narcótico para el uso exclusivo de los imbéciles y ser capaces de pasar junto a la felicidad haciéndonos los distraídos?




París, diciembre, 1922




en Irreductible. Una antología, Descontexto Editores, 2023
(Originalmente en Veinte poemas para ser leídos en un tranvía, 1922)








 

Puede comprar el libro escribiendo 
o en las mejores librerías de Chile y Argentina gracias a BigSur















viernes, octubre 03, 2025

«Escrito en un reflejo», de Hugo Mujica

Tres poemas



 
8.

de tantos desgarros
voy a coserme otro cuerpo
para dar de comer
                        a mi sombra.

también fuera de las venas hace sangre



12.

ángel de arena
internándose en la marejada,

o frente al espejo
donde la ilusión de vernos mira
la ilusión de ver

—un vidrio es transparente
                                  cuando no transparenta nada—



19.

y como los que no tienen ojos
estiramos las manos hasta leer con las yemas
sobre la piel de los mudos

o todo o nada:

como quien baja los párpados
hasta mirar a los ojos
                              el amor de los ciegos



Publicado originalmente por Editorial El imaginero, 1987





También en Umbral de la palabra, Descontexto Editores, 2025









Pueden comprar el libro escribiendo a descontextoeditores@gmail.com,
este fin de semana en La Primavera del Libro en el Estadio Nacional
o en las mejores librerías gracias a BigSur

















viernes, septiembre 26, 2025

«Desnudo en barro», de César Vallejo





Como horribles batracios a la atmósfera,
suben visajes lúgubres al labio.
Por el Sahara azul de la Sustancia
camina un verso gris, un dromedario.

Fosforece un mohín de sueños crueles.
Y el ciego que murió lleno de voces
de nieve. Y madrugar, poeta, nómada,
al crudísimo día de ser hombre.

Las Horas van febriles, y en los ángulos
abortan rubios siglos de ventura.
¡Quién tira tanto el hilo: quién descuelga
sin piedad nuestros nervios,
cordeles ya gastados, a la tumba!

¡Amor! Y tú también. Pedradas negras
se engendran en tu máscara y la rompen.
¡La tumba es todavía
un sexo de mujer que atrae al hombre!
 


en Los heraldos negros, 1919








miércoles, junio 25, 2025

«Edad de oro», de Jorge Teillier


 
Jorge Teillier junto a Sybila Arredondo y León Ocqueteaux 
en la casa de Hernán Cortés #2839, Santiago de Chile
Noviembre de 1959. Sin datos del autor.


Un día u otro
todos seremos felices.
Yo estaré libre
de mi sombra y mi nombre.
El que tuvo temor
escuchará junto a los suyos
los pasos de su madre,
el rostro de la amada será siempre joven
al reflejo de la luz antigua en la ventana,
y el padre hallará en la despensa la linterna 
para buscar en el patio
la navaja extraviada.

No sabremos
si la caja de música
suena durante horas o un minuto;
tú hallarás —sin sorpresa—
el atlas sobre el cual soñaste con extraños países, 
tendrás en tus manos
un pez venido del río de tu pueblo,
y Ella alzará sus párpados
y será de nuevo pura y grave
como las piedras lavadas por la lluvia.

Todos nos reuniremos
bajo la solemne y aburrida mirada 
de personas que nunca han existido, 
y nos saludaremos sonriendo apenas 
pues todavía creeremos estar vivos.




en El cielo cae con las hojas, 1958
Versión definitiva en Descontexto Editores, 2025












Pueden comprarlo escribiendo a descontextoeditores@gmail.com
o en las mejores librerías de Chile y Argentina gracias a BigSur


















martes, junio 24, 2025

HOY a 90 años de su nacimiento / Presentación de El Cielo cae con las Hojas de Jorge Teillier






Descontexto Editores
& Bar Liguria
los invitan a la presentación 
de 
El Cielo cae con las Hojas
del poeta lautarino
Jorge Teilier
a 90 años de su nacimiento

Edición de Juan Carlos Villavicencio


con la participación de las poetas
Elvira Hernández
Macarena Urzúa
y el poeta
Cristián Gómez Olivares

Música de Lux Violeta
(Jessica Sequeira & Carlos Mejía)


Martes 24 de junio · Bar-Restaurant Liguria 
Merced #298 · Barrio Lastarria · 19:00 (Chile)