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lunes, enero 12, 2026

«Manifestación», de Hanan Ashrawi

Traducción de Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte





El neumático arde en una cuadra vacía.
Un niño, con los bolsillos llenos de
piedras cuidadosamente recogidas,
mira fijamente a la patrulla del ejército.

En su funeral cantamos
«Madre del mártir, alégrate,
todos los jóvenes son tus hijos».



Ramallah, 1976







en Antología de Poesía de la Resistencia Palestina
Descontexto Editores, 2024





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domingo, noviembre 16, 2025

«La historia», de Kamal Nasser

Traducción de Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte




Te contaré una historia...
Una historia que vivió en los sueños de la gente...
Una historia que vino del mundo de las tiendas...
Fue forjada por el hambre y decorada por las oscuras noches 
de mi país, mi país que es un puñado de refugiados...
Uno de cada veinte de ellos tiene un kilo de harina...
y promesas de alivio... regalos y encomiendas.
Es la historia del grupo que sufre
que estuvo diez años pasando hambre
entre lágrimas y agonía...
En la adversidad y la nostalgia...

              *   *   *

Esta es la historia de un pueblo que fue engañado 
que fue arrojado al laberinto de los años
pero ellos se opusieron y se mantuvieron firmes 
sin atuendos, unidos,
salieron a la luz desde las tiendas
a la revolución del retorno en el mundo de la oscuridad.



en Antología de Poesía de la Resistencia Palestina
Descontexto Editores, 2024





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martes, septiembre 30, 2025

«La boca del pozo», de Jabra Ibrahim Jabra

Traducción de Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte





[Durante la masacre de Dayr Yasin, 
el enemigo arrojó los cuerpos
de sus víctimas en el pozo del pueblo]

La boca del pozo
donde las manos de jovencitas juguetonas
disfrutan su amistad, vertiendo
agua de la fuente en las tinajas,
en medio del canto y la alegría.
¿Se convertiría de repente en una entrada hacia la nada
esa entrada a una tumba, llena de jovencitas
y de mujeres embarazadas sangrando,
mezclada ahora la sangre con pólvora?
¿Se secaron y arrugaron los racimos de uvas que la rodeaban? 
¿Se quemó el trigo y derramaron
los odres su contenido sobre las piedras esparcidas,
y fue Jesús crucificado ahí otra vez?

La boca del pozo será nuestro segundo Gólgota.
De su entrada ensangrentada brotará
lava negra, ardiente y humeante,
mezclada con la carne de jovencitas y mujeres embarazadas 
para destruir
a aquellos que sembraron la muerte
y alimentaron a las águilas en nuestra tierra. 
Entonces, desde su sagrada y abundante fertilidad, 
fluirá la vida, con seguridad fluirá
en todos nuestros pueblos otra vez.



en Antología de Poesía de la Resistencia Palestina
Descontexto Editores, 2024





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jueves, septiembre 25, 2025

«Heredia no va a morir». Entrevista a Ramón Díaz Eterovic, de Carlos Almonte


Celebrando a Ramón Díaz Eterovic,
Premio Nacional de Literatura 2025

 
¿Cómo nace tu interés por el género policial?
En primer lugar hay una curiosidad lectora, en la época de mi adolescencia provinciana, que me llevó a conocer algunos textos de Poe, Conan Doyle, Ellery Queen, Dorothy Sayers, hasta llegar a otros autores que me interesaron más, como Chandler, Ross MacDonald, Simenon. Lecturas orientadas por el azar –combinadas con acercamientos a la poesía y a un sinfín de novelas no policíacas–  en las que fui conociendo las potencialidades del género, la rigurosidad de su estructura, el magnetismo de sus tramas y protagonistas. 

Después vino el abordaje del género como escritor, y más que un asunto largamente meditado, tengo la impresión de que en algún momento apareció Heredia a mi lado y comenzó a hablarme de su vida y aventuras. Así nace La ciudad está triste, escrita en 1985, en una semana; y publicada en 1987 después de varias revisiones de la versión original y de muchos fracasos por encontrar un editor interesado en publicar una novela policial, que además era un texto contestatario a la dictadura que se  vivía. La buena acogida que tuvo esta novela entre sus pocos lectores me motivo a escribir Nunca enamores a un forastero y de ahí no he parado hasta terminar, recientemente, la décima novela de Heredia:  A la sombra del dinero. Siento por lo tanto –a la manera de Paul Auster– que Heredia, más que un alter ego, es una especie de «hermano interior» con el que de tarde en tarde dialogo sobre las cosas que nos pasan. 

Por otra parte, también diría que mi afición al género policial nace por el deseo de testimoniar ciertas situaciones delictivas y marginales existentes en Chile, a través del discurso de un antihéroe descreído, pero con los cojones suficientes como para mirar la realidad sin concesiones. En algún momento –en 1984 o 1985– pensé que mis inquietudes temáticas eran abordables desde la novela policial, en su vertiente de novela negra, donde encontré los códigos para explorar la relación crimen–política–violencia, tan habitual en los países latinoamericanos. Quería abordar una literatura con acento realista, a través de un género muy marginal en Chile, y desde ahí proyectar mis historias y obsesiones. Cuando publiqué La ciudad está triste no era mucho lo que se hablaba en Chile de «novela negra», y por lo tanto gran parte de mi trabajo literario lo he tenido que hacer luchando contra los prejuicios e ignorancias del medio. Prejuicios hacia la novela policial, y en su momento, prejuicios en contra de los textos con contenidos políticos, textos de resistencia. 

¿Por qué la profesión de investigador es, necesaria y recurrentemente, tan solitaria como el oficio de las putas y los escritores? 
La profesión del investigador (en la literatura), como la del escritor, es necesaria porque apunta a reconocer las cicatrices más ocultas en el corazón de la sociedad. Generalmente, como los escritores, los detectives de ficción son seres solos, hasta cierto punto desarraigados, inconformistas, que viven en la marginalidad y desde ella observan pasar la vida. La soledad es tal vez la condición que lo hace más sensible a los problemas de quienes recurren a su ayuda. Los detectives, como las putas y los escritores, son exploradores del alma, de la desolación que muchas veces rodea a las personas. 

El género policial está hecho sobre la base de claves recurrentes, estructuras y personajes tipo, frases hechas, clichés, etc. En este sentido Heredia no hace más que seguir la tradición, adaptándose «latinoamericanamente» al género. ¿Consideras una limitante el hecho de que el relato policial se arme siempre de la misma forma? ¿En dónde radica la mayor creatividad del género?
El género policial es tan limitante como lo puede ser cualquier otro género literario; y escribir una novela policial es tanto o más difícil que escribir una novela común y corriente. Lo importante en la narrativa policial que se hace en Latinoamérica –sobre todo en las últimas dos o tres décadas– es que es asumida por un grupo de escritores interesados en dar al género estatura y trascendencia literaria. Escritores que asumen el género sin prejuicios ni lo consideran algo menor; que siguen sus claves, las parodian, o las discuten (al modo de Piglia o Bolaño) pero que se acercan a él con respeto y amor. La creatividad de este esfuerzo está en la recodificación del género para hacerlo apropiado a la realidad de los países latinoamericanos que se busca reflejar. 

La narrativa policial latinoamericana – a partir de los clichés o códigos tradicionales del género– ha aportada una mirada aguda, crítica, que le ha permitido convertirse en una narrativa de corte social, vinculada a la criminalidad del Estado o los poderosos, al crecimiento de las grandes urbes latinoamericanas y al desamparo en que dentro de ellas se mueve el hombre común y corriente. 

En lo personal, creo que mi aporte ha estado en hacer de mis novelas una suerte de crónica del Chile de los últimos años. Haber creado un personaje que tiene una matriz en el género policial y en la novela social chilena (Manuel Rojas, Nicomedes Guzmán, Gonzalo Drago, Diego Muñoz, Francisco Coloane), pero que también tiene una personalidad propia que lo hace atractivo y con el cual muchos lectores pueden identificarse. Y al fin de cuenta, lo que va quedando en la literatura son los personajes y las buenas historias. 

En Nadie sabe más que los muertos, Heredia le dice con pudor su nombre a Fernanda, pero ambos concuerdan en usar sólo «Heredia». ¿Cuál es el nombre de pila de Heredia? 
La verdad es que no lo sé. He pensado que tiene un nombre algo ridículo o poco común, pero nunca he llegado a dar con uno preciso. Heredia a secas me parece bien, y me gusta jugar con la imaginación del lector para que piensen en su nombre de pila. Heredia es un nombre con personalidad y además, el uso de ese único nombre remarca de alguna manera su soledad, y recoge algo que es muy típico entre los chilenos (sobre todo en los liceos y oficinas) de llamarse sólo por los apellidos. 

Heredia se caracteriza por tener amoríos pasajeros, mujeres que van y vienen, etc. En este mismo sentido, ¿es una relación duradera, el matrimonio por ejemplo, opuesto por esencia a la profesión de detective? ¿En qué sentido la soledad alimenta y en cuál destruye a Heredia?
Supongo que un Heredia casado y con hijos no tendría la misma libertad para desplazarse por la ciudad e investigar sus casos. La soledad de Heredia nace de su apego a esa libertad, y a la posibilidad de ir tomando lo que la vida le ofrece, sin grandes compromisos domésticos ni cotidianos, sin grandes necesidades materiales, y sin otra cortapisa que su entusiasmo para enganchar con un caso y seguirlo a fondo. En su soledad, Heredia reafirma su compromiso con el oficio que ejerce y la verdad que busca. Y aunque suene contradictorio, la soledad de Heredia también forma parte de sus debilidades, porque llega un momento en su jornada diaria en el que sus únicas compañías son sus dudas y el gato Simenon. En esos instantes reflexiona y recarga sus energías para seguir en sus empeños. 

Alguna vez dijiste que Heredia aumentaba de edad en cada novela. ¿Esto significa que morirá algún día? ¿Tienes preparada su muerte? ¿La has visualizado alguna vez? 
No, Heredia no va a morir. En la última novela que publiqué –El hombre que pregunta– Heredia, refiriéndose a Alejandro Dumas y a la muerte de sus tres mosqueteros, dice que «no hay perdón para los que dejan morir a sus héroes», y pretendo ser fiel a esa sentencia de Heredia . Tengo escritas diez novelas con Heredia y en la cabeza me dan vueltas ideas para escribir unas cinco o seis más. He pensado escribir, más adelante, una novela en que aparezca un Heredia viejo, achacoso, investigando su último caso, y aferrado a su oficio con la misma convicción que muestra en sus primeras novelas. No sé si algún día la escriba, si sea capaz de reconocer, al igual que Heredia, que estoy quemando mis últimos cartuchos, pero la idea está.  

Hay una especie de nobleza o de fin moral en los investigadores más conocidos, y en Heredia en particular (acepta casos sin dinero, casos de justicia política, de equidad social, etc.). ¿Por qué es tan estrecha esta relación entre Heredia y la sociedad oprimida o los que sufren injusticias?
Eso responde a la opción de vida asumida por Heredia: actuar desde la esquina en que están los jodidos del mundo, los que no tienen a nadie que los defienda, los que –como dice Jorge Teillier en unos de sus poemas– no son «santos, profetas ni poderosos». En la medida que el motor que mueve a Heredia es la verdad, es casi de simple lógica que esté del lado de los que sufren injusticias. La novela policial es en esencia un discurso moral, ético, que tiene que ver con la verdad y la justicia para quienes son violentados en su condición humana. 

¿Por qué el tema político, no sólo dentro del marco chileno, es tan importante en tu narrativa? (Además de la constante presencia de la dictadura chilena, hay referencias a conflictos entre ingleses y alemanes, nazis y judíos, etc.) 
Supongo que es por la historia que me ha tocado vivir. Tenía 17 años al momento del golpe militar de 1973, y tuve que vivir otros 17 años en un medio sin libertad, orientado por los atropellos de Pinochet y sus cómplices (militares y civiles convertidos en mentirosos, cobardes y asesinos). En esa situación «lo político» siempre ha estado en el centro de mis intereses, no tanto como un quehacer partidario (que hoy no me interesa mayormente, porque la política chilena, de izquierda a derecha, está llena de apernados, ambiciosos y mediocres, que están en la actividad política por obtener una cuota de poder personal, y no por luchar por un proyecto o utopía) sino como una reflexión acerca del poder en la sociedad, y de cómo el hombre se ha organizado o debería organizarse para sobrevivir como especie supuestamente racional.  Sobre este tema, el año pasado, los profesores Guillermo García–Corales y Miriam Pino, publicaron un ensayo – «Poder y crimen en la narrativa chilena»– donde analizan las novelas de Heredia. Y bueno, la relación de la realidad chilena con la de otros países es más o menos obvia. Pasa agua bajo el puente de la historia, y el hombre, de aquí o de allá, sigue cometiendo las mismas aberraciones, los mismos atentados a su libertad; sigue siendo el Caín bíblico que mata a su hermano por la razón que tenga más a mano. 

El género policial, me parece, es un género que no admite muchas exigencias de precisión. Hay ciertos vacíos que se dejan pasar en pos de una lectura coherente. Asuntos como que un moribundo con las tripas afuera alcance a hablar frases largas, o que aparezca la persona precisa en el momento preciso, etc. ¿Tienes la misma opinión? ¿Cómo procedes para lograr la coherencia?
La novela policial exige más precisión y rigor que cualquier otro tipo de novela. Hay que preocuparse de la estructura del relato, de la coherencia de los personajes y del curso de la trama. La novela policial cuenta con muchos lectores preocupados de los detalles y que anda buscando «las caídas» del autor. Ahora bien, a mí no me interesa tanto la novela policial como un mecanismo de relojería, y en tal sentido apuesto más al interés global de la historia que cuento, al ambiente en que se desarrolla y a las características de mis personajes. 

Preocuparse principalmente del enigma perjudicó en alguna etapa el desarrollo del relato policial, pero hoy en día las aguas corren por otros lados, con más preocupación por la calidad del texto y sus componentes, no sólo por el acertijo. En cuanto a la coherencia; todo texto literario, del género que sea, demanda coherencia, de otro modo se cae a pedazos. 

Es sabido que has recibido varias ofertas por llevar tu obra al cine. ¿Qué ha impedido ver las aventuras de Heredia en la pantalla grande? Si de ti dependiera, ¿qué actor –chileno y/o extranjero– debiera encarnar a Heredia?
Han existido acercamientos para llevar al cine alguna historia de Heredia y todos han quedado en el camino por falta de dinero. Hacer cine en Chile es difícil. Afortunadamente, el último mes, un proyecto para hacer una serie televisiva de Heredia ganó el premio del Consejo Nacional de Televisión y obtuvo el financiamiento adecuado. El proyecto fue presentado por la productora Valcine. Las historias de Heredia serán dirigidas por los cineastas Ignacio Agüero y Arnaldo Valsecchi, y para interpretar a Heredia se ha pensado en Boris Quercia. Esperamos que la serie esté en pantalla durante el segundo semestre del 2004. 

En cuanto a la segunda parte de la pregunta, dos actores extranjeros que harían un buen Heredia son Robert de Niro o Andy García. Y de los chilenos, me parece bien Quercia, aunque también vería bien en el personaje a Néstor Cantillana o Rodolfo Pulgar, a quienes, a parte de ser buenos actores, los veo más cerca de la imagen física que tengo de Heredia. 

¿Cuál es, en tu opinión, el escritor más importante del género policial? ¿Tienes algún investigador favorito?
En asuntos literarios no me gustan las clasificaciones de «el mejor», «el más grande», etc. Creo que son todas injustas y arbitrarias. Como en poesía, cuento, o lo que sea, hay muchos autores que han creado personajes maravillosos y buenas historias. Y entre ellos: Chandler, Highsmith, Simenon, Jim Thompson, y un largo etcétera que me obligaría a llenar varias páginas. Y en cuanto a investigadores privados, sucede lo mismo. Entre otros muchos, me gusta el Marlowe de Chandler; Lew Archer de MacDonald, el inspector Maigret de Simenon, Tony Romano de Juan Madrid, Gordiano el Sabueso de Steven Taylor, el padre Cadfael de Ellis Peters. De los chilenos, menciono al Inspector Cortés de René Vergara, y Julien Morris de Alfonso Reyes Messa. 

¿Podrías elegir una novela del género policial, tu favorita? ¿Cuáles son las novelas que consideras imprescindibles? 
Es imposible escoger «la novela» en un universo de tantas novelas notables. Mencionar una, sería dejar fuera a muchas que llenan mi gusto y son de mis afectos. Hay, desde luego, muchas que son imprescindibles para todo lector que quiera abordar el género, y al decir esto, pienso, al azar de la memoria, en obras como: El largo adiós de Chandler, Carta a mi juez de George Simenon, Pasado negro de Rubem Fonseca, Triste, solitario y final de Osvaldo Soriano, 1280 almas de Jim Thompson, Disparen sobre el pianista de David Goodis, ¿Acaso no matan a los caballos? de Horace McCoy, La dalia negra de James Ellroy, Las apariencias engañan de Juan Madrid, Brillo de Elmore Leonard, La Rosa de Alejandría de Vásquez Montalbán, Los milaneses matan en sábado de Georgio Scerbanenco, El cartero llama dos veces de J. M. Cain. En general, diría que mis autores favoritos son Simenon, Osvaldo Soriano y Chandler. De Chandler aprendí el sentido ético de la novela policial; de Soriano la posibilidad de transgredir los códigos del género para hacer literatura policíaca con acento y sabor latinoamericano; y de Simenon aprendí que la esencia de la novela policial no está en el enigma sino en crear personajes convincentes y en evocar ambientes que den color local y verosimilitud a las historias.

Y luego, imprescindibles para conocer las expresiones del género en Latinoamérica, mencionaría: Manual de perdedores de Juan Sasturaín, Luna caliente de Mempo Giardinelli, Perder es cuestión de método de Santiago Gamboa, Nombre de torero de Luis Sepúlveda, Sangre en la sangre de Paco Ignacio Taibo II, Pasado perfecto de Leonardo Padura, Joy de Daniel Chavarría, El mejor enemigo de Fernando López, Variaciones en rojo de Walsh, y los cuentos de Borges y Bioy Casares, y los de algunos autores chilenos, como Alberto Edwards, René Vergara, Alfonso Reyes Messa,  L.A. Isla.  

Por último, ¿hasta qué punto un escritor policial es un investigador frustrado?
No creo que el escritor sea un investigador frustrado, al menos no en mi caso, que nunca he tenido aspiraciones policíacas más allá del papel. Sí creo que todo escritor es un investigador, en el sentido de que, al crear sus ficciones realiza algo así como una doble investigación: en primer lugar hacía el interior de sí mismo para descubrir las ideas, sentimientos, obsesiones, que desea expresar; y luego, en segundo lugar, para ir construyendo su historia, por cuanto, al menos en mi caso, no comienzo una novela con su desarrollo totalmente definido, sino que voy descubriendo sus claves o pistas al correr de las palabras. Escribir e investigar un crimen se parecen en que se parte de un hilo suelto y no se sabe con absoluta certeza a dónde se va a llegar. 



en Revista Descontexto, nº 5, 2004
















domingo, septiembre 21, 2025

«El grito de mis camaradas desde las profundidades de la batalla», de Hanan Awwad

Traducción de Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte




La niebla en el aire
las lágrimas en el cielo
y los mártires en el centro del escenario.

El hambre, la derrota a la intemperie 
y la tierra que se despide de sí misma 
los niños depositan sus propios restos 
las mujeres levantan la mano
las culatas provocan a su contraparte 
y hay tristeza al decir adiós.

Nunca ha sucedido en la historia de un pueblo 
ante la muerte de su gente
que permanezca en silencio
persiguiendo crímenes
al dormirse en un viaje que han perdido.

Nunca ha sucedido en la historia de un pueblo 
que el enemigo esté dentro de las fronteras
el pueblo está llamado a la yihad [1]
porque es una obligación que asume cada uno 
porque es un compromiso de defensa colectiva.

Esto nunca ha pasado en la historia de los pueblos libres
los análisis inundan las pantallas
se celebran conferencias para estudiar lo que sucede
vistiendo trajes de despedida como si fuera un funeral.
Los premios literarios y culturales se reparten en mares de sangre, 
y es como ver una épica de otro planeta y que esta no nos importe. 
El silencio pesó más que las voces
y la muerte logró su cometido 
cuando el grito fue ahogado.

La imagen de la revolución se perdió entre nosotros 
señala el poder judicial
    que nos cuestiona y se compadece de nosotros.

Empezamos a crear la imagen de un estado o alguna alternativa 
mientras el enemigo perpetraba horrores
somos los que atendíamos al lenguaje de las balas.

Cualquier texto escrito por nosotros 
nos lo muestra Waystar [2]
¿Qué excusa tendríamos que dar? 
¡Qué manera de evadirnos!

¿No nos duelen los sonidos del llamado 
no nos duelen nuestros ríos de sangre? 
¡Ni el gesto de un niño nos emociona
    mientras busca un poco de comida!

¿Cómo podemos recuperar nuestros espíritus? 
Trayendo de vuelta olas de emoción para nuestro pueblo 
¿Cómo se expresan nuestros rifles?
Dejemos de preguntarnos

cómo proteger a nuestra gente 
¡Con un cuchillo de carnicero
y hasta hacer arder el día
antes de que sea demasiado tarde!

La herida de toda patria es esta:
¿Cómo se consigue olvidar?
Sabemos que esa apuesta ya la perdimos.




[1] Yihad se traduce como «esfuerzo» y aparece repetidamente en el Corán bajo la sentencia «esfuerzo en el camino de Dios». Yihad es un concepto del islam que implica una obligación religiosa de los musulmanes comprometidos con la yihad, con ese esfuerzo. Ellos son llamados muyahidines.

[2] «Waystar Royco» es una corporación ficticia multinacional, de medios y entretenimiento, que aparece en la serie de televisión Succession, de HBO.



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Descontexto Editores, 2024





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domingo, marzo 16, 2025

«Venganza», de Taha Muhammad Ali

Traducción de Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte



A veces desearía
poder enfrentarme a duelo
con el hombre que mató a mi padre 
y arrasó nuestra casa, 
confinándome
a
un país estrecho.
Y si él me matara,
por fin descansaría,
y si yo estuviera preparado —
¡Me vengaría!

*       *       *

Pero si cuando apareciera mi enemigo 
y se revelara
que tenía una madre
esperándolo,
o un padre que pondría
su mano derecha sobre
el corazón en su pecho
cada vez que su hijo llegaba tarde, 
aunque fuera sólo por un cuarto de hora 
para reunirse como habían fijado… 
entonces no lo mataría,
incluso si pudiera.

*       *       *

De la misma manera… yo
no lo asesinaría
si pronto se aclarara
que tenía un hermano o hermanas 
que lo aman y anhelan verlo siempre.
O si tuviera una esposa que lo recibiera 
e hijos que
no pudieran soportar su ausencia
y a quienes emocionaran sus regalos.
O si tuviera
amigos o compañeros,
vecinos que conocía
o amigos de la cárcel
o de una habitación de hospital, 
o compañeros de escuela… 
preguntando por él
y mandándole saludos.

*       *       *

Pero si resulta
que está solo
—cortado como la rama de un árbol— 
sin madre ni padre,
sin hermano ni hermanas,
sin esposa, sin hijos,
y sin parientes ni vecinos ni amigos, 
colegas o compañeros,
entonces no añadiría nada al dolor
de esa soledad —
ni al tormento de la muerte,
ni al dolor de fallecer.
En lugar de eso, me alegraría
ignorarlo cuando pasara junto a él
en la calle — mientras
me convencería
de que no prestarle atención
es en sí misma una especie de venganza.



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Descontexto Editores, 2024








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domingo, febrero 09, 2025

«A Jerusalén», de Yūsuf ḨaMdān

Versión de Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte




Viniste a mí, encadenada,
conducida a la fuerza.
Viniste
fluyendo, como las lágrimas de un corazón herido. 
Y, sin embargo, no voy a verte.
Perdóname,
porque hoy vives invadida.

¿De verdad has venido a mí?
En mi pasión, oraba a menudo
sin una «Roca»,
y cuando no encontraba agua, 
simulaba el rito de ablución;
y cuando finalmente viniste a mí, juré: 
¡No te aceptaré invadida!

Quiero que seas una Kaaba para los pueblos de la Tierra,* 
una casa espaciosa,
sin guardias;
te amo... eres la voz de un minarete,
el sonido de los cornos
mezclados con campanas de la iglesia. 
Te amo, eres un jazmín al aire libre, 
pero lo he jurado, sí lo he hecho:
No te aceptaré invadida.


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Descontexto Editores, 2024






* La Kaaba es el lugar sagrado y de peregrinación más importante del islam; una construcción en forma de prisma rectangular, que está ubicada en La Meca, Arabia Saudita. Hacia este lugar orientan su rezo los musulmanes de todo el mundo.







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viernes, enero 10, 2025

«En esta tierra», de Mahmoud Darwish

Versión de Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte





Esta tierra nos da
todo lo que hace que la vida valga la pena:
las sonrojadas vacilaciones de abril,
el aroma del pan al amanecer,
la arenga de una mujer a los hombres,
las obras de Esquilo,
el tembloroso comienzo del amor,
el musgo sobre la piedra
las madres bailando sobre el hilo de una flauta 
y el miedo del invasor a los recuerdos.

Esta tierra nos da
todo lo que hace que la vida valga la pena:
el susurro final de septiembre,
una mujer por sobre los cuarenta con sus damascos,
una hora de sol en la cárcel,
las nubes reflejando los enjambres de insectos,
el aplauso de un pueblo para los que enfrentan la muerte, 
y el miedo del tirano a las canciones.

Esta tierra nos da
todo lo que hace que la vida valga la pena:
la Señora Tierra, madre de todos los principios y finales, 
solía llamarse Palestina.
Y todavía se llama Palestina.
Señora mía, gracias a usted yo también merezco vivir..



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domingo, diciembre 29, 2024

«May y otras cosas primitivas», de Walid al-Halis

Versión de Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte




«Dios es la belleza en tus ojos: tómame», 
le dije a ella.
Las próximas lluvias saben que los árboles 
me tientan a cruzar ante sus ojos;
él dijo, «Tómame».
Las lluvias de la noche quedaron tras de mí, 
enfrentándome con nieve y derrotas;
el mundo purificó mi alma con un amor primitivo, 
mi cuerpo con una rebelión,
sin embargo ella siguió buscando a un ser humano.

A May la veo
en forma de árbol,
dejando al descubierto sus pechos, llamándome 
ansiosa.

Verde como el mar,
cargada de olas y caprichos,
de relámpagos, orgullo y hielo;
«No hay tiempo para esto», dijo y siguió adelante.
Me convertí en la tempestad, en el volcán, en el exilio,
me convertí en los caballos que relinchan tras de ella,
me convertí en los pájaros, en el lago,
me convertí en el manantial gritando mis saludos a quienes vienen 
          a beber, 
y a los caídos en tierra extraña.

«Dios es la belleza en tus ojos: tómame».

¡Este es tu tiempo y tuyos los muros de Jerusalén!
Tuyas las florestas de los árboles que han partido hacia el exilio, 
tuyo es el verano,
tuya es la espada,
el acero de la palabra es tuyo,
y te llegan rostros preñados de deseo. 
Nuestra es la injusticia,
nuestra es el hambre de la mirada en tus ojos, 
«Tómame», dijo él: «Tómame».
Lluvias, esta noche,
relámpago, esta noche,
la luna tiene hambre esta noche,
los pájaros en el exilio
entran todos bajo mis costillas, esta noche.

Te envié las huellas de mi mano,
una dote y cartas de amor,
moraste lejos.
No te reclinaste sobre el pecho,
ni buscaste la sombra de los árboles soltando mis manos para protegerte.

May,
estuviste a mi lado esta noche.

Los días se convierten en pájaros hambrientos que picotean mis ojos, 
mi carne cae y migra;
«Comulgaremos juntos»,
dijo ella.
Galopábamos tras las cabras de montaña; 
cacé muchas,
pero ninguna de sus ojos.
La noche se reclinó ante mí,
mirándome fijamente; 
ardieron los bosques.



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miércoles, noviembre 20, 2024

«Emigración», de Zakaria Mohammed

Traducción de Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte





Todos se han ido
hacia ese lugar del norte
donde la hierba crece
a la altura de sus pechos
dejaron atrás
la andrajosa ropa de sus hijos
y las estacas de sus tiendas
se fueron
sus hijos a lomo de mulas
sus jóvenes cargando cestas
y los cencerros de sus ovejas
eran como una nube
subiendo al cielo
cuanto más penetraban en esa tierra 
cuanto más se expandían sus sombras 
y regresaban a los campamentos

Sus perros eran mudos
superarían a la multitud migrante, luego se sentarían 
sus ojos habrían de mirar
las sombras en movimiento
mientras corrían hacia atrás
al igual que un río oscuro.




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jueves, noviembre 14, 2024

«Lamentación», de Sameeh Muhsen

Traducción de Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte




 
En la Plaza del Pesebre, al mediodía,
las sillas frente a los cafés
son ocupadas por turistas occidentales que, en septiembre, 
saborean su anhelo de Dios
las calles están llenas de transeúntes
y de lenguas extranjeras
pisamos la sombra
de un anciano tendido en la acera
con su brazo y un roído zapato como almohada
su colchón tenía historia...
Pasamos ante sus heridas sin verlo
la cerveza nos hace reír
y contamos anécdotas vanas
tratamos de liberar al niño que llevamos dentro.
Estamos en la Plaza del Pesebre
e imitamos el baile de Zorba el griego.
Damos un paso
reímos
entramos en el círculo de los lamentos.




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lunes, octubre 07, 2024

«Palestina», de Ibtisam Barakat

Traducción de Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte




 

En la caja registradora
de una tienda de artículos de oficina, 
estoy a punto de comprar
un globo terráqueo.

Cincuenta dólares, dice el hombre, 
ciento noventa y cinco países 
¡todo por cincuenta dólares!

Pienso:
¡Eso significa veinticinco centavos por país!

¿Puedo darte todo mi dinero 
para que añadas a Palestina?

¿Dónde la quieres?, pregunta. 

Dondequiera que haya palestinos.



en Antología de poesía de la resistencia palestina, 2024








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martes, agosto 06, 2024

«Mi lista de amigos se va reduciendo…», de Heba Abu Nada

Versión de Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte




Mi lista de amigos se va reduciendo a pequeños ataúdes esparcidos por aquí y allá. No puedo atrapar en el aire a mis amigos que vuelan por los misiles. No puedo traerlos de vuelta. No puedo consolarlos y no puedo llorar. Ya no sé qué hacer.

Cada día ustedes son menos. Estos no son sólo nombres: somos todos nosotros sólo con caras y nombres distintos.

Oh Señor, ¿qué debemos hacer ante este gran festín de muerte?

Nada ni nadie los traerá de vuelta…





en Antología de Poesía de la Resistencia Palestina, 2024










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domingo, julio 28, 2024

«El barco se hunde», de Salma Khadra Jayyusi

Versión de Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte




Mi barco se hunde en el mar, se hunde y no lo llamo
El frío de la noche, ay de mí, recoge en él su nieve.

Así que no te acerques más
Soy la muerte que cubre los átomos de las profundidades, no te acerques
Soy la muerte que temes
Soy la vieja herida, soy el temblor del miedo y la vergüenza
¿No has oído hablar de mí?
El frío de la noche ha echado raíces dentro mío
y hace su nido en lo más profundo de mi corazón. ¿Quién te salvará
          de toda mi frialdad?
¿Será que te amo? Ayer nos amamos
compartiendo la locura del calor, que nos sumergía y fecundaba 
pero cuando los cielos se desataron yo quedé sola ante ellos.

          *   *   *

Mi barco se hunde en el mar naufraga no lo voy a salvar
El frío del mar abraza a los átomos y los somete
Con cuántas llamas luché para enterrarles mi estaca ardiendo.

¿Tienes un tizón ya apagado? ¿No has oído hablar de mí?
Morí por esas llamas, en las profundidades lavo la bofetada del deshonor 
soy la muerte que me apasiona
Y en la plaza de los fantasmas
y en la calle de los fantasmas y en el café
soy la única superviviente
Me han sacado de este mundo febril de vientos
y la pureza de la nieve me destrozó, ¿no has oído hablar de mí?
Soy la única superviviente
Es que morí ayer
La niebla de la noche envolvió mi cabeza en su silencio
El abismo del olvido me ha cubierto curando el golpe silencioso 
          dentro de mí.

Desbordo pureza en la muerte, ¿no has oído hablar de mí? 
Soy una madre, una hembra sin amor
y ayer fui humillada
Sin corazón, sin patria, sin hogar.

Lejos, sin honor
¿te enfrentas al exilio de las profundidades? Cuidado con divulgar 
          mis secretos 
Contempla el terror enterrado en mi corazón.


















 

martes, mayo 21, 2024

“Cecyl Taylor toma un vaso de agua en Alcohuaz”, de Carlos Almonte





Sin alimento disponible,

lee en el cartel de entrada, su frondosa

larga escasa barba escama el gong,

de breve la espesura de un magro bosquecito

de sutil enredadera.

La expresión del piano flota sobre diminutas olas

el agua fría deja ir la reflexión meditación

con golpes cortos, secos, malparidos

en ritmo desprolijo asaz perfecto.

Voy al barco, grita y sube a una pasarela imaginaria.

Son los hongos, nos decimos,

hay decenas bajo el árbol.

 

Cecyl duerme aquella siesta y se levanta,

flota sobre el aire

hasta alcanzar su propia voz, sonido cristalino

entre la escarcha.

Nos tomamos de las manos, pienso en ovnis

machis, sacrificios, caminatas sobre el agua.

Nos volvemos hacia el cerro, hacia la cima.

Busco a Cecyl para despedirme

pero ya no está, se ha ido con el viento o

entreverado en el silencio

de las ramas

de aquel sauce

allá a lo lejos,

casi imperceptible,

diáfano,

diminuto,

cubierto por la niebla.

 

 

 

en 51 poetas en el Reyno de Chile, 2014

Pareidolia Records, México

 















lunes, mayo 13, 2024

“La vida es”, de Carl Solomon





La vida es Gary Cooper combatiendo contra los árabes 

en su uniforme de la Legión Extranjera.

La vida es leer a Kierkegaard en 1948 

en la biblioteca de la calle Cuarenta y Dos.

La vida es la madre y las tías y tíos y los primos 

y el recuerdo del padre.

La vida es enumerar los suicidios y psicosis de este y aquel.

La vida es cólera, cólera contra aquellos, reales o imaginados,

que se hicieron ricos y exitosos y se fueron 

y te dejaron arrastrándote en la desesperación.

La vida es analizar verbos y cepillarse los dientes.

La vida es jugar Monopoly, Scrabble, tenis y pimpón, 

y moverse al siguiente destino.

Sobre todo, la vida es engañosa... 

cuando esos olvidados vuelven,

cuando te encuentras viejos amores y nuevos odios 

y se mezclan extrañamente entretejidos en una tela 

de la cual uno jamás puede percibir

el completo diseño maestro que predomina.

 

 

 

en More Mishaps, 1968

Traducción de Aciro Luménics

 

 

 

Life is

Life is Gary Cooper fighting the Arabs in his Foreign Legion uniform. / Life is reading Kierkegaard in 1948 in the Forty Second Street Library. / Life is mother and aunts and uncles and cousins and memory of father. / Life is enumerating the suicides and psychoses of this one and that one. / Life is anger, anger at those real or imagined who have become rich and / successful and gone away and left you grovelling in despair. / Life is parsing of verbs and brushing of teeth. / Life is playing Monopoly and Scrabble and Tennis and Pingpong and moving on to a new destination. / Above all, life is deceptive – when those forgotten return, when you meet old / loves and new hates and they mingle inextricably interwoven into a fabric / of which one can never perceive the whole overriding master design.