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jueves, abril 30, 2026

«violación», de Patti Smith

Traducción de Juan Carlos Villavicencio


Premio Princesa de Asturias 2026


mmm mmm las estrellas están afuera. no voy a olvidar nunca cómo 
olías esa noche. como queso cheddar derritiéndose 
bajo la luz fluorescente. como un pescado arcoíris de un día. 
qué pedazo. tengo que lamerme los labios. tengo que soñar sueño 
despierto. nube cerebral de torazina. lluvia lluvia cae sin
cesar.
cae sobre ella. allá está en el cerro. pálida como un ramillete. 
empapándose. espero que se le encojan las enaguas. 
bueno pequeña pastora vas a llegar al reino de los cielos. 
te ves tan limpia. la guardiana de cada pequeño cordero. 
bueno bip bip oveja me voy acercando. 
voy a espiar dentro del corsé de bo. acuéstate querida no 
seas pudorosa déjame meter la mano. ohhh es suave
está linda no ha sido usada. ohhh no llores. mojada 
¿qué está mojada? ah eso. je je. esa es sólo la lluvia 
corderita mía. no te retuerzas. déjame ponerme el 
condón. soy un lobo con piel de cordero troyano. ohhh sí está 
duro eso es bueno. no te pongas tensa. ábrete be-
bop. levanta ese culito tuyo. ummm ábrete más be-bop. 
vamos. ahora. nada. puede. detenerme. ohhh ahhh.
¿no es rico? mi melancólica be-bop.

Oh no llores. vamos levántate. bailemos sobre el prado. 
menéemos el esqueleto bailemos rock and roll. baja esas pequeñas
medias blancas. esos calcetincitos dejémonos llevar. vamos este 
es un concurso de baile. bajo las estrellas, seamos alicia sobre
el prado. 
vamos a bailar betty boop hoop 
vamos a birdland vamos a pasear 
vamos a rockear vamos a rolear 
vamos a bailar apretados vamos 
vamos a tirarle desodorante a la noche.




en Witt, Gotham Book Mart, 1973


















domingo, marzo 15, 2026

«Pasé muchas semanas en Chile». Entrevista a Country Joe McDonald



(1942-2026)


Tuvimos el tremendo honor de hablar con un músico legendario: Country Joe McDonald. Fue el cantante y guitarrista principal del grupo de rock psicodélico Country Joe and the Fish. Tocó con ellos en el Festival de Monterey Pop (1967) y en Woodstock (1969). También ha tenido una exitosa carrera solista y su último trabajo es el doble álbum Time Flies By (2012). Lee a continuación las cosas muy interesantes que nos contó:

¿Estás satisfecho con la recepción que tuvo tu doble álbum solista Time Flies By?  
No recibí ningún feedback sobre ese álbum.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?  
No estoy metido en muchos proyectos ahora. Estoy más bien retirado. Me gustaría hacer algunos shows y tocar los dos primeros discos de Country Joe and the Fish yo solo, pero lamentablemente no se ha dado.

¿Terminaste tu autobiografía?  
Todavía no la he terminado. No hay presión para acabarla. Estaba trabajando en ella con mi agente, pero él tiene problemas de salud ahora. Además, el borrador que tenía escrito en la computadora se perdió y estoy intentando recuperarlo. Así que no tengo prisa.

¿Estás orgulloso del estatus de álbum clásico que tiene Electric Music for the Mind and Body (1967)?  
Sí, estoy orgulloso de ese álbum. Creo que es un clásico del rock psicodélico y la gente todavía lo disfruta después de tantos años.

¿Cómo ayudó el Festival de Monterey Pop a la carrera de Country Joe and the Fish?  
No creo que Monterey Pop haya sido muy importante para nosotros. Sí fue importante como festival para los que vinieron después. La película no tuvo mucho éxito. No nos volvimos estrellas por Monterey Pop. Pero algunos, como Jimi Hendrix y Janis Joplin con su banda, sí se convirtieron en estrellas gracias a él. Yo disfruté estar ahí. La pasamos genial.

¿Por qué Country Joe and the Fish cobraron para no tocar en The Ed Sullivan Show?  
Dos meses antes de la fecha programada, gente del programa nos vio en un concierto donde hicimos el «F-U-C-K cheer». Luego nos dijeron que no querían tener nada que ver con nosotros. Así que nos dijeron: quédense con la plata y no se acerquen a The Ed Sullivan Show.

¿Tienes recuerdos claros del Festival de Woodstock?  
Sí, tengo recuerdos muy claros porque me quedé todo el tiempo que duró el festival. Hubo muchos momentos geniales. Creo que el momento más grande fue ver a Jimi Hendrix tocando «The Star Spangled Banner».

¿Te sorprendió la respuesta del público en Woodstock durante «The Fish Cheer / I-Feel-Like-I’m-Fixin’-To-Die Rag»?  
Sí. Toqué sólo porque otras bandas no llegaron a tiempo y no había nadie más para tocar. Ni siquiera tenía guitarra. Así que toqué acústico en el escenario y nadie me prestaba atención hasta que hice el «Cheer». Me quedé impactado con la respuesta de la gente durante el «Cheer». Todos empezaron a gritar y aplaudir. Fue un momento fantástico.

¿Fue una experiencia interesante producir la música para la película de izquierda chilena ¡Qué hacer! sobre la elección presidencial de 1970 que ganó Salvador Allende?  
Fue una experiencia muy interesante producir la música para ¡Qué hacer!* Conocía a los productores y mi esposa también estaba involucrada. Pasé muchas semanas en Chile. Conocí a personas muy interesantes. Viví momentos increíbles. No creo que mucha gente haya vivido lo que yo viví allá. Sí, fue cuando ocurrió el cambio político. Tengo recuerdos muy queridos de Chile.

¿Es Woody Guthrie tu mayor influencia musical?  
Es una de mis influencias. Crecí con sus canciones. Escuchaba sus discos cuando era niño. También había otro tipo de música que escuchaba: música popular, rhythm & blues y cosas así. Mis padres tenían discos de 78 rpm. No fue el único artista que me gustaba, pero sí me permitió hacer el álbum Thinking of Woody Guthrie (1969) sobre él.

¿Por qué decidiste escribir una canción sobre Grace Slick de Jefferson Airplane («Grace» del álbum Electric Music for the Mind and Body)?  
Porque la vi tocar en el Fillmore. Por alguna razón estaba en el mismo cartel que su grupo anterior a Jefferson Airplane, The Great Society. Escuché su voz y pensé que tenía una voz muy complicada y maravillosa. Me pareció que el show era aburrido y decidí irme a casa esa noche. Decidí escribir una canción para que ella la cantara porque me gustaba su voz.

¿Crees que el colapso de las grandes discográficas es una especie de justicia por su avaricia corporativa todos estos años?  
Bueno, no lo interpretaría así. Es sólo la progresión del capitalismo y ha pasado desde que existen las discográficas. Las etiquetas desaparecen o son compradas por otras. La mayoría de las discográficas sólo ganan plata con ciertos tipos de música: pop, música popular. Estoy seguro de que pasa en todos los países. Por eso la música popular y exitosa trata de amor.

En una entrevista de 2001 en High Times dijiste que Steve Miller y Stephen Stills no quieren trabajar contigo. ¿Puedes explicarnos por qué?  
(Risas) No sé por qué dije eso, pero estoy seguro de que lo dije. Tal vez estaba colocado.

¿Te consideras un músico de rock psicodélico o un cantante/compositor?  
Mayormente me considero un cantante/compositor. Pero creo que los discos de Country Joe and the Fish fueron clásicos del rock psicodélico. El problema es que soy ecléctico y abierto a otras cosas. Pero principalmente soy cantante/compositor. A veces con banda, a veces sin banda.

¿Te sientes afortunado de haber vivido una vida tan emocionante?  
¡Oh, sí! Parece muy emocionante y también me considero afortunado de haber ganado algo de dinero. No sé qué otro trabajo habría hecho si no.

¿Conociste a Jimi Hendrix?  
No. Lo vi una vez pero no pudimos hablar. Sólo nos dijimos «Hola». No, nunca hablé con él.

¿Estás feliz con el regreso triunfal del vinilo?  
No, no me afecta. No tengo opinión al respecto. Es interesante. Es algo de nicho. No creo que se vaya a masificar. Personalmente me gusta el sonido digital y no noto la diferencia. No puedo distinguir entre vinilo y CD. Pero algunas personas sí pueden. Sabes, puedes hacer todo con sonido digital que no puedes con vinilo. Pero en apariencia el CD es más pequeño. Es como un hobby para algunos que coleccionan vinilo de alta calidad. Pero para la mayoría no es práctico porque el vinilo de alta calidad cuesta 35 dólares y no contiene tanto sonido. El límite es de unos 45-50 minutos.

¿Puedes decirnos unas palabras sobre viejos amigos como Jerry Garcia (Grateful Dead) y John Cipollina (Quicksilver Messenger Service)?  
No conocí realmente a John Cipollina. Solía ver a Jerry Garcia tocar y me gustaba. Tuve unas pocas conversaciones con él. Pensé que era buena persona. Pensé que era un guitarrista de clase mundial y que era un tipo agradable.



en Hit Channel, enero de 2015










* Nota DscnTxt: Película dirigida por Saul Landau, Raúl Ruiz y Nina Serrano el año 1972.












Contribución indirecta a DscnTxt de Armando Roa Vial





























 

lunes, marzo 09, 2026

«George Harrison: Concierto por Bangladesh», de Philip Norman

Traducción de Cillero & de Motta




El caótico final de la dominación colonial británica en 1947 supuso la división del subcontinente en la nación de Pakistán, de población mayoritariamente musulmana, y la India, de mayoría hindú. Pakistán estaba, además, dividido en dos territorios en lados opuestos del subcontinente, y Pakistán Oriental se situaba en parte del antiguo estado de Bengala, ferozmente individualista. 

Pakistán Occidental, el centro administrativo y económico de este país dividido, discriminaba a la parte oriental del país, mucho más empobrecida; no le aportaba fondos para su desarrollo, despreciaba sus procesos políticos y jurídicos e intentaba acabar con las vibrantes lengua y literatura bengalíes. En marzo de 1971 el territorio declaró unilateralmente su independencia y adoptó el nombre de Bangladesh.

A esto siguió una guerra civil entre los insurgentes bengalíes y el Ejército de Pakistán Occidental, que no dudó en recurrir al genocidio. Esta fue solo una de las múltiples desgracias que asolaron Bangladesh. Habiendo sido duramente golpeada por el ciclón Bhola unos meses atrás, estaba ahora siendo azotada por lluvias torrenciales e inundaciones apocalípticas. Había millones de refugiados aterrorizados atrapados en el fuego cruzado de las armas y los elementos, y el hambre y las enfermedades, incluido el cólera, eran omnipresentes.

Por aquel entonces George estaba en Los Ángeles con Ravi Shankar, ultimando la banda sonora de Raga, la varias veces interrumpida película sobre la vida y la música de Shankar. Esto lo acercó a los horrores que se estaban produciendo en Bangladesh, pues Shankar procedía de una familia de brahmanes bengalí y había perdido a varios de sus parientes.

Shankar había pensado en organizar un concierto benéfico con su propio conjunto indio y su antiguo alumno de sitar, pero no quería que George sintiera que se aprovechaba de su amistad al sugerirlo. Él, sin embargo, se mostró encantado ante la oportunidad de devolver algo al subcontinente y apoyar al hombre que más estimaba en el mundo. 

También podría ejercer su nueva libertad para adoptar una postura pública sobre una cuestión moral, algo que nunca había podido hacer como Beatle. 

Le propuso hacer un concierto en el que se combinara la música oriental de Shankar con la suya occidental, algo que rara vez se había hecho antes.

Convencería, además, a algunos de sus amigos superestrellas para que tocaran con fines benéficos. Era obvio que el lugar ideal para un acontecimiento de tal envergadura era el Madison Square Garden de Nueva York, con capacidad para 20.000 espectadores. Pero la única fecha disponible era el domingo 1 de agosto, y solo quedaban cinco semanas.

A pesar de este plazo tan desesperadamente ajustado, el proyecto se fue ampliando mucho más allá de un solo concierto. Para complementar la venta de entradas, con la que George esperaba recaudar unos 25.000 dólares, se produciría un triple álbum en directo y una película. También compondría y coproduciría (con Phil Spector) un single destinado tanto a publicitar el concierto como a sensibilizar a la opinión pública internacional sobre la situación de Bangladesh.

Su antigua asistente personal, Chris O’Dell, que había vuelto a Estados Unidos, trabajó en el concierto, mientras que su viejo aliado Neil Aspinall, que había sobrevivido a las purgas de Allen Klein en Apple, se ocupó de preparar el disco y la película. George fue quien se encargó personalmente de reclutar a famosos, pasando horas y horas al teléfono. «Nunca había montado un espectáculo así —recuerda Aspinall— . A mi modo de ver, le hizo falta armarse de humildad para llamar, pues estaba el riesgo evidente de rechazo.»

El single promocional, «Bangla Desh», una grafía alternativa común en la época, compartía el estilo de himno de «My Sweet Lord» y «All Things Must Pass». La letra apenas hacía justicia al tema: «Now won’t you give some bread? To get the starving fed?» (¿No darás un poco de pan para alimentar a los hambrientos?). Pero es probable que ninguna canción pudiera haberlo hecho. La cara B contenía «Deep Blue», tema que exploraba la muerte de su madre y la angustia que le producía verla desvanecerse, que añadía así un mayor peso emocional.

De algún modo, también encontró tiempo para producir una selección de temas de Ravi Shankar titulada Joi Bangla que incluía algunas de las canciones en bengalí que se habían censurado durante el régimen de Pakistán Occidental. Shankar, encantado, lo consideró «un milagro».

«Bangla Desh» alcanzó el número 10 en Gran Bretaña y el 13 en Estados Unidos. En el Village Voice, Don Heckman comparó favorablemente los actos de George con lo que estaban haciendo otros ex-Beatles en ese momento: «No tengo nada en contra del interminable viaje de John Lennon por su psique, ni contra la búsqueda de dulzura y luz de Paul McCartney, pero creo que me deben despertar sentimientos más fuertes los esfuerzos activos de George Harrison por hacer algo contra la miseria del mundo que le rodea».




A finales de julio, en las últimas páginas del The New York Times aparecía un modesto anuncio de una actuación de «George Harrison y amigos» en el Madison Square Garden la noche del 1 de agosto. No había mención de su propósito. Las entradas se agotaron tan rápido que se añadió un pase de tarde.

En una multitudinaria rueda de prensa, George puso nombre a esos «amigos»: Ringo Starr, Leon Russell, Billy Preston, Eric Clapton y Bob Dylan. A su lado se sentaba Allen Klein, que se había unido al proyecto para vivir por primera vez la experiencia de estar del lado de los buenos. Solo habían pasado cuatro meses desde la ruptura de los Beatles y el nombre de Ringo desató rumores de una posible reunión (sin Paul) sobre el escenario que ningún esfuerzo de George por desmentirlo logró disipar. Es cierto que John había accedido inicialmente, pero se había echado atrás al descubrir que la invitación no incluía a Yoko.

Uno de los reporteros preguntó a George, con cierta condescendencia, qué se sentía al ser «el número uno, la estrella». «Prefiero formar parte de una banda —contestó— . Pero tuvimos que hacerlo así para conseguir el dinero [para Bangladesh]. Me tuve que arriesgar y confiar en que mis amigos acudieran a mi ayuda».

En realidad, los dos primeros de estos amigos hicieron más bien lo contrario a ayudarle antes de finalmente subirse al escenario del Garden.

Eric Clapton se había cansado de Derek and the Dominos, como le pasaba con todas sus bandas, y había buscado refugio en su casa de Surrey con Alice Ormsby-Gore y su adicción a la heroína. La joven de diecinueve años ponía en peligro el buen nombre de su noble padre saliendo en busca de su dosis, que luego daba entera a Clapton mientras que ella buscaba su propioalivio bebiéndose dos botellas de vodka al día. 

A pesar de lo que había sucedido con Pattie, George no concebía dejar a Clapton fuera del concierto. Durante toda una semana, le reservó billetes en sucesivos vuelos a Nueva York y tuvo limusinas esperándolo en el aeropuerto Kennedy. Pero fue en vano. 

Muchos otros guitarristas solistas de primera fila esperaban para participar en el concierto y, finalmente, George invitó a Jesse Ed Davis, acompañante del músico de blues Taj Mahal. Pero cuando Terry Doran fue a casa de Clapton para anunciarle que sus servicios ya no eran necesarios, este insistió en que iría.

Como intentar pasar sus dosis diarias por la aduana estadounidense era demasiado arriesgado, George le tuvo que prometer que tendría lo que necesitaba en el hotel. Por desgracia, la heroína que le consiguió estaba mezclada con polvos de talco o leche en polvo y solo tenía un 10 por ciento de la potencia de a lo que su organismo estaba acostumbrado. Clapton pasó los tres días siguientes encerrado en su habitación con las palpitaciones y sudores propios de la abstinencia, mientras secuaces de Alice y George buscaban a un traficante cuya mercancía fuera lo suficientemente pura. Su estado era tal que apenas se dio cuenta de que Pattie había llegado a Nueva York para estar con George en su gran momento. Ella se mantuvo, sabiamente, alejada.

La participación de Bob Dylan en el concierto también parecía peligrar. La última vez que Dylan había tocado en directo en Nueva York fue en 1966, cuando los puristas del folk lo abuchearon por «pasarse a lo eléctrico», un recuerdo que todavía lo perseguía.

Una vuelta de reconocimiento al Madison Square Garden la noche anterior a los conciertos con George no hizo sino aumentar su inquietud. «[Dylan] miró todas las cámaras y las luces y el tamaño del lugar y dijo: 'No, viejo, esto no es lo mío' —recuerda George— . Le dije que tampoco lo mío: 'Es la primera vez que hago algo así yo solo. Tú al menos llevas años siendo solista'».

Cada uno de los dos espectáculos tuvo un público de 20.000 personas y lo recaudado con la venta de entradas ascendió a 250.000 dólares, diez veces más de lo que George esperaba. En los conciertos no se escucharon los gritos que tanto odiaba de su época de Beatle. El público de los dos conciertos los observó en un silencio apropiado a la gravedad de la causa que apoyaban y sus aplausos tenían un tono reverente; el público del primero de ellos incluso aplaudió cuando Ravi Shankar y sus músicos terminaron de afinar los instrumentos.

El propio George había sido presa del pánico escénico, sufrido vómitos y  diarrea, y estuvo tentado de huir siguiendo los pasos de Dylan hasta justo antes del comienzo del concierto. Sin embargo, salió, con una Stratocaster blanca sobre su traje igualmente blanco. Su presencia adquirió algo casi de santo mientras actuaba con aplomo e interpretaba sus primeras versiones en directo de «Here Comes the Sun», «Something» y «Wah-Wah». Y, aunque el público nunca lo supo, en ese escenario se produjeron dos pequeños milagros.

Clapton había sido incapaz de asistir a un solo ensayo y, con una buena dosis de metadona en el cuerpo, el sustituto de la heroína, nadie esperaba que fuera a producir un solo acorde coherente. Pero cuando llegó el momento de «While My Guitar Gently Weeps», salió al frente del escenario y tocó un dúo con George tan mutuamente cálido como lo había sido su duelo de púas por Pattie en Friar Park.

En el orden de actuaciones pegado a la Strat de George había un «¿Bob?» para el que, hasta casi el último minuto, la respuesta parecía ser «no». De hecho, George se quedó tan sorprendido al ver a Dylan aparecer entre bastidores, con su guitarra y armónica preparados, que apenas pudo balbucear una presentación de «vuestro amigo y el mío».

Tal como se esperaba de él, Dylan hizo una interpretación soberbia de cinco canciones, entre ellas «A Hard Rain’s Gonna Fall» (ninguna sorpresa para cualquier bangladesí) y «Just Like A Woman», con George y Leon Russell a los coros y ninguna voz feminista que se alzase contra la frase «She breaks just like a little girl» (se rompe como una niña pequeña).

Rolling Stone describió los conciertos como un «breve y brillante resurgir de todo lo mejor de los años sesenta». Bob Woffinden, del New Musical Express, dijo que fueron «una declaración de fe» y que George había «vuelto a encarrilar el rock».

Ravi Shankar y sus músicos también recibieron el reconocimiento que se merecían. El Village Voice calificó a Shankar y a su distinguido intérprete de sarod, Ali Akbar Khan, como «una dupla tan especial como Dylan y Harrison».

«Y al día siguiente —declararía Shankar—, el mundo entero conocía el nombre de Bangladesh».




Los beneficios del Ravi Shankar/George Harrison Emergency Relief Fund derivados de los conciertos, el álbum en directo y la película, fueron gestionados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), un organismo neutral que no heriría sensibilidades políticas en la zona del desastre y era capaz de prestar ayuda donde más se necesitaba con la máxima eficacia.

Sin saberlo, George había hecho mucho más que aliviar una crisi humanitaria; había transformado la idea de que las estrellas del rock solo estaban motivadas por la codicia y el egoísmo y demostrado que una industria también podía ser una comunidad y tener la capacidad, si así lo decidía, de hacer el bien. En las décadas siguientes, Concert For Bangladesh serviría de modelo para eventos similares como Live Aid, No Nukes o Rock Against Racism, muchos de ellos más grandes, con más estrellas y de mayor recaudación, pero ninguno comparable.

[…]

George tenía pensado empezar a trabajar en la continuación de All Things Must Pass a principios de 1972. Pero no había contado con las prolongadas secuelas de Concert For Bangladesh, ni las formas en que demostraría que, incluso con las mejores intenciones, se pueden dar consecuencias negativas.

La primera y más grave se debió a la falta de experiencia de Allen Klein en este nuevo y extraño mundo de hacer cosas gratis. Klein no había registrado en Estados Unidos el proyecto de Bangladesh como organización benéfica exenta de impuestos antes de que echara a andar, como exigía la ley. En consecuencia, las autoridades fiscales estadounidenses se negaron a considerarla como tal y decretaron que entre 8 y 10 millones de dólares de los ingresos de la película y el triple álbum en directo se debían retener en depósito hasta que se resolviera el asunto (lo que no ocurriría hasta pasados unos diez años).

En Gran Bretaña, los corazones de las autoridades se mostraron igual de duros. George esperaba que el Gobierno renunciara a su elevado impuesto sobre el valor añadido para que el álbum fuera asequible para el público más amplio posible y así maximizar la ayuda a Bangladesh. Llevó su petición en persona al Ministerio del Tesoro, donde le trataron con divertida condescendencia. «Lo siento —le dijeron—, me parece estupendo que tenga tan elevado sentido moral, pero el país necesita dinero».

También hubo una disputa sobre en qué discográfica publicar el disco: Capitol/EMI, que distribuía los productos de Apple en Estados Unidos, o la discográfica de Bob Dylan, CBS, que alegaba su derecho por ser Dylan el cabeza de cartel. Capitol ganó, aunque tuvo que ceder a CBS los derechos de distribución nacional de cintas y la distribución de discos y cintas en el resto del mundo.

El álbum no se andaba con rodeos: en la portada mostraba a un niño bangladesí desnutrido sentado junto a un plato vacío. El departamento de Marketing de Capitol pensaba que la imagen era «demasiado deprimente», pero George les dijo que así tenía que ser, y se negó a que la suavizaran.

Los tres discos venían acompañados de un folleto de sesenta y cuatro páginas en el que se acusaba al ejército de Pakistán Occidental de haber creado «un reino de terror deliberado» contra la población bengalí de Pakistán Oriental, que calificaban como «la mayor atrocidad desde el exterminio de los judíos llevado a cabo por Hitler». La diferencia en el tono de aquel Beatle al que habían obligado a guardar silencio durante los peores años de la guerra de Vietnam era evidente.

La mayoría de las discográficas de los participantes se sumaron al espíritu caritativo y no cobraron honorarios ni porcentajes de los beneficios por las actuaciones de sus artistas. La única excepción fue la propia Capitol, tanto más sorprendente en cuanto a que su nuevo director ejecutivo, Bhaskar Menon, era la primera persona del subcontinente indio en alcanzar tales cotas en la industria y habría cabido esperar que sintiera una empatía especial por la causa de George.

Pero la empresa, que antes flotaba feliz en los mares de beneficios de los Beatles, estaba ahora inmersa en problemas financieros y Menon debía cambiar la situación por todos los medios necesarios. Es por eso que insistió en que debía obtener 25 céntimos por cada copia del álbum benéfico de George e incluso exigió a Apple que pagara a Capitol alrededor de medio millón de dólares en concepto de los elevados costes de embalaje.

George había hecho todo lo posible para que tanto el álbum como el documental salieran a la venta poco tiempo después de los conciertos. La música se había grabado a la perfección, pero las imágenes eran un desastre; una de las cámaras a un lado del escenario había estado desenfocada durante todo el espectáculo y la visión de otra la bloqueaban cables que colgaban. Esto obligó a George a pasar la mayor parte de septiembre en Nueva York con el director, Saul Swimmer, editando el metraje para disimular al máximo sus problemas. En las últimas fases contó también con la ayuda de Bob Dylan.

Las exigencias de Bhaskar Menon por minucias contractuales impidieron que el álbum se publicara a tiempo para el mercado navideño y empezaron a proliferar copias piratas. Capitol envió a las tiendas de discos carteles de auténtico mal gusto en los que se leía: «Salva a un niño hambriento: no compres una copia pirata». 

George se vio finalmente obligado a desafiar públicamente a su propia discográfica desde el plató del Dick Cavett Show, donde se suponía que estaba promocionando el documental sobre Ravi Shankar, Raga, que por fin se había estrenado. Solo medio en broma, amenazó con dar el álbum a la CBS y retó a Menon a que lo demandara.

Esto aceleró su publicación a vísperas de 1972, con críticas que hicieron irrelevante su retraso de tres meses y su inoportuna fecha de llegada al mercado. La revista Circus no encontraba elogios suficientes para «una música que prácticamente salta y entra en tu vida». Rolling Stone lo describió como «el rock en busca de su madurez» y The Guardian como «el mayor acto de magnanimidad del rock». En cada crítica, parecía que la canonización de George era inminente. «Su propio comportamiento es una verdadera inspiración —escribió el crítico Jon Landau— . Concert For Bangladesh fue el momento de George. Fue él quien lo organizó y fue todo un éxito.» Incluso con el impuesto sobre el valor añadido británico, se vendió en enormes cantidades y en 1973 se hizo con el premio Grammy al mejor disco del año.




Más allá de la industria musical, el único reconocimiento público que recibió, junto con Ravi Shankar y Allen Klein, el coorganizador titular, fue el premio Child Is The Father Of The Man de UNICEF por su método «pionero de recaudación de fondos».

Esta poco común buena prensa para Klein pronto llegaría a su fin. La revista New York Magazine lo acusó de haberse embolsado 1,44 dólares por cada disco vendido y de formar parte de una lista de beneficiarios encubiertos en la que supuestamente también figuraban Dylan (25 céntimos por copia) y las discográficas y compositores (50 céntimos).

Klein negó tal apropiación indebida e incluso alegó que el disco le estaba costando dinero. Presentó una demanda contra la revista por 150 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios. Pero, tras el estallido inicial de publicidad, retiró la demanda. Lo que no desapareció con tanta facilidad fue el chiste de la industria musical, que parafraseaba el jingle del dentífrico Pepsodent «You’ll wonder where the yellow went» (Te preguntarás qué ha pasado con el amarillo): «You’ll wonder where the money went/When Klein runs a charity event» (Te preguntarás qué ha pasado con el dinero/Cuando Klein organice un acto benéfico).




en George Harrison: Beatle a su pesar, 2024





 
















martes, marzo 03, 2026

«Arvo Pärt», de Miguel Ángel Zapata

(segunda)





Así salta la palabra como una liebre entre 
la hierba buscando el eco.

Austeridad /
Austeridad en la carrera me grita la liebre.

El piano se acomoda a mi corazón minimalista.
El florero vuelve a decir su lenguaje recortado.

Salgo corriendo a la calle para que me caiga toda
el agua de mañana.

Así fluye la lluvia del poema.
Así fluye el poema con la lluvia. 

















domingo, febrero 15, 2026

«Cantares», de Antonio Machado y Joan Manuel Serrat





«Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse…»
«Nunca perseguí la gloria…»

«Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…»

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar:
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…»

Golpe a golpe, verso a verso…

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…»

Golpe a golpe, verso a verso…

Cuando el jilguero no puede cantar,
cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…»

Golpe a golpe, verso a verso.



en Dedicado a Antonio Machado, poeta, 1969













Canción dedicada a mi hermano Marcel Young, «a quien tanto quería…»























 

miércoles, febrero 11, 2026

«Carta Revolucionaria #95», de Diane di Prima

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




para kurt cobain


lo que tenemos aquí, EEUU 1994 —
es la libertad para autodestruirse

no la libertad para arder
para realizarse de una forma compleja




en Cartas Revolucionarias, Descontexto Editores, 2026



















domingo, noviembre 02, 2025

«La estaca», de Lluís Llach

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




El abuelo Siset me hablaba 
temprano en la mañana en el portal, 
mientras esperábamos al sol 
y veíamos pasar los carruajes.

Siset, ¿no ves la estaca 
a la que todos estamos atados? 
Si no podemos librarnos de ella 
¡nunca podremos caminar!

Ella va a caer, si tiramos todos,
ya no puede durar demasiado,
seguro que cae, cae, cae,
pues debe estar bien podrida ya.

Si yo tiro fuerte por aquí
y tú tiras fuerte por allá,
seguro que cae, cae, cae
y nos vamos a poder liberar.

Pero Siset, hace mucho tiempo 
que las manos se me están deshollando 
y cuando la fuerza un instante se me va 
ella se hace más fuerte y más grande todavía.

Ella va a caer, si tiramos todos,
ya no puede durar demasiado,
seguro que cae, cae, cae,
pues debe estar bien podrida ya.

Si yo tiro fuerte por aquí
y tú tiras fuerte por allá,
seguro que cae, cae, cae
y nos vamos a poder liberar.

El abuelo Siset ya no dice nada, 
fue un mal viento el que se lo llevó,
quién sabe hacia dónde
mientras sigo bajo el portal.

Y cuando pasan los nuevos muchachos
estiro el cuello para cantar 
el último canto de Siset, 
el último canto que me enseñó.

Ella va a caer, si tiramos todos,
ya no puede durar demasiado,
seguro que cae, cae, cae,
pues debe estar bien podrida ya.

Si yo tiro fuerte por aquí
y tú tiras fuerte por allá,
seguro que cae, cae, cae
y nos vamos a poder liberar.


1968















jueves, septiembre 18, 2025

«Corazón maldito», de Violeta Parra

Versión de Inti-Illimani




Corazón contesta:
¿por qué palpita?, sí,
¿por qué palpita?
Como una campana
que se encabrita, sí,
que se encabrita,
¿por qué palpita?

No ves que la noche
la paso en vela, sí,
la paso en vela
como en mar violento
la carabela, sí,
la carabela,
tú me desvelas.

¿Cuál es mi pecado
pa' maltratarme, sí,
pa' maltratarme?
Como al prisionero
por los gendarmes, sí,
por los gendarmes,
quieres matarme.

Pero a ti te ocultan
duras paredes, sí,
duras paredes.
Y mi sangre oprimes
entre tus redes, sí,
entre tus redes,
¿por qué no cedes?

Corazón maldito
sin miramiento, sí,
sin miramiento,
ciego, sordo y mudo
de nacimiento, sí,
de nacimiento,
me das tormento
sin miramiento,
me das tormento
sin miramiento



1966





















martes, julio 08, 2025

Carta de Ástor Piazzolla a Carlos Gardel



Ástor Piazzolla, un otro y Carlos Gardel en El día que me quieras (1935)
                   
Querido Charlie: Quizás llamándote Charlie te acordarás del pibe de 15 años que vivía en Nueva York, que era argentino y que tocaba el bandoneón. además, trabajó de canillita contigo en El Día que me quieras. Te puse Charlie cuando me preguntaste en tu casa, cómo se decía Carlitos en inglés. ¿Te acordás cuando te llevé el muñeco de madera que había tallado mi viejo? Esa mañana me dedicaste dos fotos, una para Vicente Piazzolla y la otra «para el simpático pibe y futuro gran bandoneonista». De 1934 a hoy, 1978, pasaron 44 años, y realmente no te fallé.

¿Te acordás cuando me llevabas a tus filmaciones en los estudios Paramount de Long Island? Febrero de 1934, la peor nevada del año, 2 metros de alto y 10 bajo cero, y yo tu traductor de piropos a las pibas que te querían conocer. Nunca olvidaré las dos bicicletas que agarramos con Tito Lusiardo y rompimos tratando de entrar en calor. Por las tardes solía acompañarte a que te compraras ropa en las grandes tiendas de Neva York. Recorrimos Saks, Macy's, Florsheim, y al fin te compraste tus dichosas camisas con rayas verticales y horizontales. Docenas de ellas, zapatos de charol, borsalinos, etcétera, como si te sobrara la guita. Te mostré toda mi ciudad (estaba orgulloso de saber tanto; también... hacía ya 11 años que vivía allí), sobre todo mi barrio, Greenwich Village, adonde te llevaba a conocer las mejores cantinas italianas, y vos, con problemas de busarda, te cuidabas; sin contar la vez que viniste a casa donde probaste los ravioles de la nonina Asunta, además de un final de buñuelos de membrillo. ¡Cómo te gustaba comer bien!

Jamás olvidaré la noche que ofreciste un asado al terminar la filmación de El día que me quieras. fue en honor de los argentinos y uruguayos que vivían en Nueva York. recuerdo que Alberto Castellano debía tocar el piano y yo el bandoneón, por supuesto para acompañarte a vos cantando. Tuve la loca suerte de que el piano era tan malo que tuve  que tocar yo solo y vos cantaste los temas del film. ¡Qué noche Charlie! Allí fue mi bautismo con el tango. Primer tango de mi vida y ¡acompañando a Gardel! Jamás lo olvidaré!

Al poco tiempo fuiste con Le Pera y tus guitarristas a Hollywood. ¿Te acordás que mandaste dos telegramas para que me uniera a ustedes con mi bandoneón? Era la primavera del '35 y yo cumplía 14 años. Los viejos no me dieron permiso y el sindicato tampoco. Charlie, ¡me salvé!!!. En vez de tocar el bandoneón estaría tocando el arpa.

Comienza una nueva época de mi vida. Volvemos a Mar del Plata en el '36. Me agarra el flechazo de la música y estudio locamente el fuelle. Mi bandoneón y yo nos vamos a Buenos Aires y debuto con Aníbal Troilo. ¿Sabés quién era Troilo? Él era vos tocando el bandoneón. Es como decir: tu continuador. 

Estábamos en 1939 y hacía 4 años que eras Dios. Tus films y discos subieron desesperadamente. Ahora los giles descubren que cantabas bien. Se acuerdan de aquel momento en que preferían escuchar a otros cantores. Tu teatro estaba vacío. Tu ida a Europa fue premonitoria y tus presentaciones son cada  vez más importantes. Después USA, tus films, Hollywood, Centroamérica y Medellín, el fin de la ruta. Sabés una cosa... a mí tampoco me gusta el avión. y menos esa catramina que tomaste vos. Pero… después de tu ausencia comienzan a aparecer los nuevos personajes de Bs. As. 

Charlie... le arruinaste la vida a los cantores, esos que solían decir «menos mal, se fue Gardel y hay más laburo para nosotros». Y otros contestaban: «Guarda muchachos, que quedan los discos». Aprovechando este momento aparece una nueva clase social, «Las viudas de Gardel», personajes que compraban o tenían tus discos. Automáticamente se hacían locutores de radio y «críticos»… además, todos decían que eran amigos tuyos y nunca te habían visto en la vida. 

Esta gente, que tienen su clan formado en toda la Argentina,  Uruguay, Colombia, Venezuela y muchos países más, hace casi 45 años que viven gracias a vos. Pero allí no termina la cosa. Después de 1936 nacen los Gardelianos, Gardelones, Gardelitos o Gardeluchos. Son bichos raros que usan tu sonrisa, tus mismas pilchas, tu misma manera de andar y hablar, pero lo que no pueden hacer es cantar como vos. Charlie, sé que la mayoría de los cantores quisieron ser Gardel, y Gardel fue todos. Aquí, se ha corrido la bola de que tus discos ensayan de noche, por eso cada día cantás mejor. 

Te cuento una linda, Charlie. Ciertos profesores de canto del teatro Colón hacen escuchar tus discos como modelo de canto, y estoy seguro que siempre estarás mirándonos de allá arriba y pensarás que te hubiera gustado cantar los grandes tangos del '40; además yo hubiera escrito  para vos y te hubiera hecho los arreglos y tocaría el bandoneón. Matamos, Charlie. Lo único que no quisiera emplear en la orquesta es el arpa.  Allá tendrás una colección de todos los colores. Vos que conocés a los ángeles, ¿por qué nos les pedís que cambien el sistema y metan algún bandoneón en la orquesta? Mirá que está el gordo Pichuco. Maffia, Laurenz. Me estoy entusiasmando demasiado y prefiero esperar un poco para ser yo quien organice esa orquesta.

Me voy a trabajar, o sea, como hoy se dice: «Tengo un recital». Voy a pensar en el pibe Piazzolla cuando vos le dijiste: «Ahora poné la música de Arrabal amargo y dale con todo». Era la primavera del '35 y había nacido el dúo Gardel-Piazzolla. Soy un tipo de suerte.

Algún día nos encontraremos en el último piso. Esperame, pero... NO TE MUERAS NUNCA.



Buenos Aires, año 1978












viernes, enero 03, 2025

«Víctor Jara: La vida es eterna», de Mario Amorós

Fragmento




En 1942, Ernst Uthoff, miembro del afamado Ballet Joos desde 1927, regresó a Chile contratado por el Instituto de Extensión Musical como bailarín, coreógrafo y director de la Escuela de Danza y el Ballet Nacional. Dos años antes, el Ballet Joos había estrenado en Santiago su premiada coreografía La mesa verde, una creación que combinaba la danza y el teatro para lanzar un mensaje contundente sobre el horror de la guerra.[1] 

La versión de Carmina Burana en la que Víctor Jara participó, vestido con un hábito marrón y situado junto a los otros miembros del Coro de la Universidad de Chile en la platea del auditorio más importante del país, fue una creación de Uthoff (su obra maestra) basada en la partitura de Carl Orff.[2] Este ballet oratorio, que marcó un hito en la historia de la danza en Chile, contó también con la participación de intérpretes de ópera y de la Orquesta Sinfónica. 

Poco tiempo después, en aquel mismo anfiteatro, vio bailar a una joven británica llamada Joan Alison Turner. «Joan era una belleza sin el menor vestigio de coquetería», evocó José Miguel Varas. «Miraba de frente y tenía una sonrisa luminosa. Sus ojos eran… indescriptibles. Eran verdes… no, creo que no. ¿Dorados? ¿Violetas? Tal vez todo eso. Cambiaban con la luz y con sus estados de ánimo. Hablaba muy poco, tal vez porque todavía estaba insegura de su castellano, tal vez porque era tímida y no terminaba de incorporarse al medio chileno. O porque su modo de expresión fundamental era la danza». 

En su extraordinario perfil de Joan Turner, recordó una fiesta en Santiago en aquellos años cincuenta, en el momento en que los invitados se pusieron a bailar un bolero, una rumba o tal vez una guaracha. Varas bailaba con una mujer, pero no podía apartar sus ojos de la inglesa: «Es que no bailaba de manera 'normal', según el aburrido un-dos-tres de los bailes chilenos de salón. Ella bailaba con todo el cuerpo. No había en sus movimientos nada exagerado, pero su manera de mecerse, palpitar y expresar desde las entrañas, de manera total, el contenido sensual de aquella música y el goce del baile, paraba los pelos, producía escalofríos y un deseo casi incontenible de acercarse a ella y sumarse a la danza».[3] 

Nacida en Londres el 20 de julio de 1927, hija de un obrero que se definía como marxista y de una activista del movimiento sufragista, su vida cambió cuando en julio de 1944, en los estertores de la Segunda Guerra Mundial, su madre la llevó al Haymarket Teatre para contemplar la representación de La mesa verde del Ballet Joos. Tres años después inició su formación como bailarina y desde 1951 trabajó en la compañía Joos, a la que también pertenecían dos chilenos, Alfonso Unanue y Patricio Bunster, quien fue su pareja en varias coreografías y era militante comunista. Tras compartir una larguísima gira de dos años por Europa, en octubre de 1953 Bunster y ella contrajeron matrimonio y en 1954 llegaron a Chile. Entre los primeros recuerdos de su inmersión en este país, Joan Turner evocó el viaje a un fundo del sur, con extensos viñedos, propiedad de una amiga: «Un día, durante el almuerzo, su marido comentó que mataría en el acto a todo campesino que se declarara en huelga o diera muestras de rebelarse. Hay que matar a los comunistas, dijo».[4] 

En 1954, también en el Teatro Municipal, Víctor Jara presenció, completamente maravillado, una representación de la compañía de mimos de Enrique Noisvander, que funcionaba desde el año anterior. Durante el servicio militar en la Escuela de Infantería había organizado un espectáculo de fonomímica que tuvo una gran aceptación[5] y, después de asistir a varias sesiones de ensayos, logró que le hicieran una prueba y fue admitido. En 1955, la compañía presentó dos obras en el teatro Talía: una pantomima creada a partir de los Valses nobles y sentimentales de Ravel y Los vecinos, en la que interpretó a un burócrata. Posteriormente, partieron de gira a las provincias meridionales y en aquel largo recorrido en tren les sorprendió cuando tomó una guitarra para interpretar algunas canciones folclóricas…[6] 

Aquel mismo año, uno de sus compañeros en esta compañía, Fernando Bordeu, logró ingresar en la Escuela del Teatro Experimental de la Universidad de Chile (fundada en 1949) y lo persuadió de que se presentara a las pruebas del curso siguiente. Su talento natural y las aptitudes de expresión corporal aprendidas junto a Noisvander fueron determinantes para superar el difícil proceso de admisión. Así, el 11 de abril de 1956 formalizó su matrícula como alumno del primero de los cuatro cursos de actuación de la Escuela de Teatro, cuyas dependencias estaban en el corazón de la ciudad, en el cuarto piso del número 1117 de la calle Huérfanos.[7] Y desde 1954 el Teatro Experimental disponía de un espacio propio, la sala Antonio Varas, situada en la calle Morandé (frente al Palacio de La Moneda), donde ofrecían funciones diarias de martes a domingo, con programa doble los sábados, y en cuyo subterráneo se encontraba la sala de ensayos.[8] 

Su fundación marcó un hito en la historia cultural de Chile en el siglo XX y contribuyó de manera decisiva a la renovación de la escena nacional. Si entre 1910 y 1930 se crearon las primeras compañías nacionales y surgieron destacados dramaturgos como Antonio Acevedo Hernández, Germán Luco Cruchaga y Armando Moock, en los años treinta el teatro cayó en una crisis profunda debido al estreno de obras mediocres y el descenso de la asistencia de público, perjudicada también por la proliferación de inmensas salas de cine. 

Al mismo tiempo, influidos por los ecos que llegaban del Teatro de Arte de Moscú y de la compañía española La Barraca, impulsada por Federico García Lorca, se formaron en algunos centros y facultades de la Universidad de Chile (las escuelas de Derecho y Bellas Artes, el Instituto Pedagógico) varios grupos comprometidos con la búsqueda de un teatro moderno. Las visitas de Margarita Xirgú, del Ballet Joos y del gran actor francés Louis Jouvet fueron otros estímulos en esta dirección. 

De este modo, en febrero de 1941 se creó el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, que, con sendas obras de Miguel de Cervantes y Ramón María del Valle-Inclán, debutó ante el público el domingo 22 de junio de aquel año, el mismo día en que la Alemania nazi invadió la Unión Soviética. Entre sus promotores sobresalieron su primer director, Pedro de la Barra, Roberto Parada, Héctor y Santiago del Campo, Rubén Sotoconil, Inés Navarrete, María Maluenda, Bélgica Castro, Pedro Orthous y Domingo Piga. «Todos ellos provenían de la misma universidad, habían sido formados en disciplinas artísticas o literarias y poseían método y solidez en su trabajo, lo que los distinguía de la vieja escuela de cómicos chilenos», escribe Juan Andrés Piña.[9] El dramaturgo español José Ricardo Morales, refugiado llegado en el Winnipeg en 1939, también hizo una aportación muy relevante. 

Nacía así una institución apoyada y financiada por la universidad estatal, integrada por un cuerpo estable de directores, actores, actrices y técnicos que originariamente se plantearon cuatro objetivos. En primer lugar, la difusión del repertorio clásico y moderno, es decir, preparar el montaje de obras de Lope de Vega, Shakespeare o Goethe, pero también de Brecht, Miller o Ionesco. En segundo lugar, la creación de una escuela que permitiera la especialización de funciones como maquinista, luminógrafo, sastre, maquillador, escenógrafo, músico, actor o director y, al mismo tiempo, valorara e inculcara el trabajo en equipo; por supuesto, asumieron como un desafío la enseñanza de las teorías más recientes referidas a la interpretación y la expresión teatral. En tercer lugar, la formación del público en un teatro de mayor calidad y la atracción de nuevos sectores sociales, y, en cuarto lugar, el impulso de la dramaturgia nacional, concediendo a autores noveles la oportunidad de estrenar sus obras. 

En esta institución ingresó como alumno en abril de 1956 el hijo de Amanda y de Manuel. Y en ella dejaría una huella imborrable. 

Entre 1956 y 1962, Víctor Jara se formó como actor y como director en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. Fueron unos años marcados inicialmente por la penuria en la vida material, pues sus ingresos se reducían a una beca estudiantil y a otras escasas entradas que lograba con trabajos ocasionales, pero también por una dedicación concienzuda al estudio y el aprendizaje de las artes escénicas, junto a compañeros como Nelson Villagra o Lucho Barahona. En 1958, ingresó en el conjunto folclórico Cuncumén, con el que en 1961 realizó una gira de casi cinco meses por Europa y la Unión Soviética, conoció el profesionalismo en el mundo de la música, grabó sus primeras canciones e incluso debutó como solista ante un público masivo en Moscú. Fue entonces, también por su amistad con Violeta Parra y Margot Loyola, cuando empezó a comprender la importancia del legado musical que su madre le había transmitido, al mismo tiempo que iniciaba su militancia en las Juventudes Comunistas. En septiembre de 1959, el éxito de la primera obra que dirigió, Parecido a la felicidad, le impulsó a formarse como director. Un año después, empezó su relación de pareja con Joan Turner, quien había sido su profesora en la Escuela de Teatro. 



2023






[1] Jara, Joan, Víctor. Un canto inconcluso, Santiago de Chile, Fundación Víctor Jara, 2020, p. 27.

[2] Carmina Burana nace a partir de un valioso códice de canciones medieval hallado en 1803 en un convento de Baviera. La partitura de Orff se asienta en veinticinco composiciones agrupadas en los temas de la primavera, el vino y el amor. La coreografía de Uthoffofreció una puesta en escena novedosa, cargada de símbolos y de variadas formas dramáticas. Cifuentes, María José, Historia social de la danza en Chile. Visiones, escuelas y discursos 1940-1990, Santiago de Chile, Lom Ediciones, 2007, pp. 63-65 y 74. 

[3] Varas, José Miguel y González, Juan Pablo, En busca de la música chilena. Crónica y antología de una historia sonora, Santiago de Chile, Catalonia, 2013, pp. 103-104. 

[4] Jara, p. 36. 

[5] Onda, Santiago de Chile, 13 de octubre de 1972, pp. 40-42. 

[6] Jara, p. 66. 

[7] Hoja de matrícula en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. Archivo Víctor Jara – Fundación Víctor Jara. 

[8] En 1959, el Teatro Experimental absorbió otro departamento universitario, el de Teatro Nacional, y se convirtió en el Instituto de Teatro de la Universidad de Chile (ITUCh). En 1968, pasó a llamarse Departamento de Teatro de la Universidad de Chile y en la actualidad, Teatro Nacional Chileno. 

[9] Piña, Juan Andrés, «Teatro: fundación, renovación y compromiso en la escena nacional», en Cristián Gazmuri et al., 100 años de cultura chilena. 1905-2005, Santiago de Chile, Zig-Zag, 2006, pp. 139-200. 













martes, noviembre 19, 2024

«Supersonic, o cómo nace una canción». Entrevista a Oasis, de Simon Halfon





Noel: Cuando alguien de Creation dijo que iban a lanzar «Columbia» como vinilo promocional de doce pulgadas de una sola cara me pareció genial. Luego Radio 1 lo puso en su lista de reproducción y recuerdo que estaba un poco horrorizado pensando: «Oh, no, esto es lo primero con lo que nos van a asociar». Sonaba un poco metálico, no había bajo, y claramente se había grabado con una grabadora de ocho pistas. Al mismo tiempo, pensaba: «Wow, estamos en la radio, han dicho que somos Oasis, de Manchester». 

Entonces llegamos al punto en que habíamos firmado el contrato, «Columbia» había sonado ya, así que era hora de grabar un sencillo. Era lo mejor de Creation Records: simplemente nos dieron algo de dinero, no nos ofrecieron a un productor ni nada, sólo nos reservaron un estudio. Pensamos en grabar en Liverpool porque si lo hacíamos en Manchester sería un auténtico caos. Así que lo haríamos en Liverpool, en un lugar llamado The Pink Museum. McGee sugirió que «Bring It Down» debería ser nuestro primer sencillo y yo dije: «Genial, me encanta ese tema, es como si fuera de los Pistols o de los Stooges, me parece bien». 

McGee: Para mí «Bring It On Down» es sencillamente punk: «Eres un paria, eres de clase baja, pero no te importa porque estás viviendo a full». Me encantaba. 

Liam: Esa es una canción, eso era Oasis antes de quedar atrapados en la telaraña de los Beatles. Hacíamos rock, estábamos en llamas, éramos como los Pistols con melodías. 

Coyley: Todos éramos muy inexpertos y creo que reservamos el estudio por dos días. El primer día fue horrible, todo iba cada vez peor en la sesión. 

Noel: No nos salía nada: nada de lo que teníamos en la sala de ensayo y sobre el escenario se estaba traduciendo en el estudio. 

Liam: No recuerdo que no me gustase… Desde luego no fue por mi voz, que era lo máximo. 

Noel: Era evidente que la sesión no funcionaba, porque nuestra batería no era muy coherente de un compás al siguiente; imagínate de un día para otro. 

Tony: «Bring It On Down» simplemente no encajaba: el tempo, la velocidad...; no sé qué demonios pasaba con ella. No puedo decir que entendiese por qué se escogió este tema, realmente se me escapaba. 

Noel: Recuerdo que pensé que no podíamos estar tres días en un estudio y volver sin nada. ¿Y si nos mandaban a la mierda? No sé si fue Tony o Chris Griffiths, que estaban con nosotros en el estudio, el que dijo: «Bueno, si no funciona, hagan algo distinto». 

Coyley: Noel tenía un riff, pero eso era todo, así que empezaron a jugar con eso, como hacen todas las bandas. 

Noel: Por qué decidí escribir un tema nuevo en lugar de grabar cualquiera de los otros de Definitely Maybe, sigue siendo un misterio. 

Hacer eso es un poco loco. Recuerdo que alguien pidió comida china o fish and chips, o fish and chips chinos, y fui al cuarto trasero y, aunque suene raro, escribí «Supersonic» en lo que tardan seis tipos en comerse su comida china. Fue un momento brillante, porque sé que nunca podría volver a hacer algo así. 

Bonehead: Noel se sentó ahí con la guitarra y compuso la música, esto servirá, dijo, y luego escribió la letra, unas viejas palabras cualesquiera, y regresó a la sala donde estábamos con su guitarra y dijo: «Miren, acabo de escribir otra canción». Empezó a cantarla y la clavamos y se mezcló aquella misma noche, porque eso era lo que habíamos estado haciendo todas las noches en el Boardwalk, ¿sabes? Sonaba brutal, absolutamente tremenda. 

Noel: Estábamos todos de pie en la misma sala en el plan de: «Bueno, así es esto». Es un proceso muy lento porque estamos todos en la misma habitación mirándonos, asintiendo cada cambio. Nunca conseguimos tocarla tan lenta en vivo. La grabamos y la mezclamos aquella noche y tengo que decir que mientras la escuchaba en la radio del Renault de Mark Coyle cuando volvía a casa pensé que era absolutamente brillante. Tan buena como «Bring It On Down» y «Columbia». Me pareció increíble. 

Tony: Simplemente sucedió, tal vez en minutos, y ya estaba terminada. Algunas de las mejores cosas que se han grabado suceden así, de golpe, aquí está. Chúpenla. 

Noel: Lo que realmente marcó la diferencia fue que Tony Griffiths ideó unos coros —los «aah» en el puente— y fue un momento totalmente brillante. Fue un escaparate para el talento de todo el mundo: la forma de cantar de Liam es increíble, la batería es genial, las partes de Bonehead son maravillosas, los fragmentos de Guigsy son estupendos, el solo de guitarra era genial —aunque todo el mundo crea que está sacado de algo parecido— y todo salió bien. La letra es una locura…

Liam: El productor tenía una rottweiler enorme llamada Elsa y estaba siempre ahí olfateando cosas y molestando. Creo que Noel simplemente escribió una letra sobre ella. 

Noel: Generalmente escribo de modo que las primeras líneas crean una historia y luego se vuelve confusa y te descoloca un poco. Luego hay una línea que podría ser cierta, en el sentido de que puede que haya sucedido, pero que no funciona en la canción. Así que tienes que rellenar los huecos... Pero lo que importa es la perspectiva general. Por este motivo, cuando me preguntan por mi forma de componer, me resulta difícil hablar de ello, porque el noventa por ciento de las líneas que he escrito tienen algún tipo de significado para mí, pero luego de algún modo tienes que rellenar huecos con frases que son bastante vagas pero que te llevan al siguiente lugar. Al final soy compositor, no estoy escribiendo novelas ni reportajes; son canciones pop, y una gran mayoría de las letras del pop son tonterías. Lo importante es la melodía, pero de vez en cuando sí aparecen temas de éxito que realmente consiguen resumir una experiencia que tuviste. 

Liam: No me importaba lo que significaban, ni me importa ahora. Significan algo distinto para cada persona, ¿no?, así que… 

Noel: Una noche se me acercó una chica y me preguntó si «Supersonic» trataba sobre la prostitución… No creo que me haya quedado sin palabras muchas veces en mi vida, pero esa fue una de ellas. «Todo eso de Elsa haciéndolo con el doctor en un helicóptero…». Elsa es una puta rottweiler, una perra gorda y apestosa. Estaba convencida de que trataba sobre la prostitución y también le dije que tenía razón. Nunca se la estropearía a nadie. Por lo general, son los letristas los que te dirán que las palabras lo son todo. No lo son, las letras no significan una mierda para nadie. Es la melodía lo que recuerdas. Todos silbamos melodías; lo importante es siempre la melodía, y eso es lo que yo hago. Roger Waters, por ejemplo, está dispuestísimo a explicarte lo que significa cada verso de sus canciones. Cuando escuché The Wall por primera vez me encantó…, y luego te enteras de que habla de su padre. No me digas eso, no me interesa. Pensaba que era sobre mí. Me gusta pensar que todas mis canciones favoritas tratan sobre mí de algún modo. Es por ello por lo que me gustan. Yo dejo que la gente interprete las canciones. Cuando los periodistas me preguntan sobre el significado siempre los despacho y digo que no significan nada. No quiero que nadie sepa nada sobre mí y sobre mi vida por medio de mis canciones. 



en Supersonic. Oasis. 
Entrevistas autorizadas completas y sin cortes, 2023















martes, mayo 21, 2024

“Cecyl Taylor toma un vaso de agua en Alcohuaz”, de Carlos Almonte





Sin alimento disponible,

lee en el cartel de entrada, su frondosa

larga escasa barba escama el gong,

de breve la espesura de un magro bosquecito

de sutil enredadera.

La expresión del piano flota sobre diminutas olas

el agua fría deja ir la reflexión meditación

con golpes cortos, secos, malparidos

en ritmo desprolijo asaz perfecto.

Voy al barco, grita y sube a una pasarela imaginaria.

Son los hongos, nos decimos,

hay decenas bajo el árbol.

 

Cecyl duerme aquella siesta y se levanta,

flota sobre el aire

hasta alcanzar su propia voz, sonido cristalino

entre la escarcha.

Nos tomamos de las manos, pienso en ovnis

machis, sacrificios, caminatas sobre el agua.

Nos volvemos hacia el cerro, hacia la cima.

Busco a Cecyl para despedirme

pero ya no está, se ha ido con el viento o

entreverado en el silencio

de las ramas

de aquel sauce

allá a lo lejos,

casi imperceptible,

diáfano,

diminuto,

cubierto por la niebla.

 

 

 

en 51 poetas en el Reyno de Chile, 2014

Pareidolia Records, México