viernes, julio 10, 2026

«Y estás: en el vacío…», de Ernestina de Champourcín


 


Y estás: en el vacío
y en la ausencia presente,
en la que es y vive
sin dejar de ser única
oquedad invisible
con raíces eternas.
No hay mundo que la llene
pero sí algo vivo
que la besa y la calma.



en Primer exilio, 1978
















jueves, julio 09, 2026

«La copa», de Gabriela Mistral




 
Yo he llevado una copa
de una isla a otra isla sin despertar el agua.
Si la vertía, una sed traicionaba;
por una gota, el don era caduco;
perdida toda, el dueño lloraría.

No saludé las ciudades;
no dije elogio a su vuelo de torres,
no abrí los brazos en la gran Pirámide
ni fundé casa con corro de hijos.

Pero entregando la copa, yo dije
con el sol nuevo sobre mi garganta:
«Mis brazos ya son libres como nubes sin dueño
y mi cuello se mece en la colina,
de la invitación de los valles».

Mentira fue mi aleluya: miradme.
Yo tengo la vista caída a mis palmas;
camino lenta, sin diamante de agua;
callada voy, y no llevo tesoro,
¡y me tumba en el pecho y los pulsos
la sangre batida de angustia y de miedo! 



en Tala, 1938  











Contribución indirecta a DscnTxt de Héctor Monsalve















martes, julio 07, 2026

«Salmo 9», de Mahmoud Darwish

Versión de Juan Carlos Villavicencio



 
Rosa más allá del tiempo y los sentidos,
eres un beso traído por las bufandas del viento,
mi locura me aparta de ti,
sáname con un sueño.

Me alejé de ti
para acercarme
− y encontré al tiempo.

Me acerqué a ti
para estar más lejos
− y me encontré con los sentidos.

Entre lo lejano y la cercanía
hay una piedra del tamaño de un sueño,
que no se acerca,
ni se aleja. 
Tú eres mi país.

No soy una piedra,
no puedo alcanzar el cielo,
no alcanzo a abrazar la tierra.
Sigo siendo un extraño, siempre un extraño.
















lunes, julio 06, 2026

«Elogio al comunismo», de Bertolt Brecht

Traducción de Juan Carlos Villavicencio



 
Es sensato, todos lo entiendes. Es fácil.
No eres ningún explotador, puedes entenderlo.
Es bueno para ti, pregunta cómo es.
Los tontos lo llaman tonto y los sucios lo llaman sucio.
Está contra la suciedad y la tontería.
Los explotadores lo llaman crimen.
Pero nosotros sabemos:
es el fin de todo crimen.
No es una locura, sino 
el fin de la locura.
No es el caos, 
sino el orden.
Es lo sencillo, 
que es lo difícil de lograr.



en Die Mutter, 1932














Lob des Kommunismus

Er ist vernünftig, jeder versteht ihn. Er ist leicht. / Du bist doch kein Ausbeuter, du kannst ihn begreifen. / Er ist gut für dich, erkundige dich nach ihm. / Die Dummköpfe nennen ihn dumm, und die Schmutzigen nennen ihn schmutzig. / Er ist gegen den Schmutz und gegen die Dummheit. / Die Ausbeuter nennen ihn ein Verbrechen. / Aber wir wissen: / Er ist das Ende der Verbrechen. / Er ist keine Tollheit, sondern / Das Ende der Tollheit. / Er ist nicht das Chaos / Sondern die Ordnung. / Er ist das Einfache / Das schwer zu machen ist.








domingo, julio 05, 2026

«Canción de amor», de Jaroslav Seifert

Traducción de Clara Janés





Oigo lo que no oyen los demás,
pies descalzos pisando terciopelo.

Suspiros bajo el sello de una carta,
el estremecimiento de las cuerdas, cuando no vibran.

A veces, huyendo de la gente,
veo lo que no ven los demás.

El amor, vestido con la risa
que se oculta en las pestañas, cubriendo los ojos.

Cuando aún tiene copos de nieve en los bucles,
veo florecer la rosa en el rosal.

Oí al amor partir
cuando unos labios por primera vez rozaron los míos.

Quién, sin embargo, detendrá mi esperanza:
ni siquiera el miedo al desengaño,

para que a tus rodillas no se ponga.
La más hermosa suele estar loca.



en Primavera, adiós, 1937
















sábado, julio 04, 2026

«Frente al mar, las flores se abren al calor de la primavera», de Hǎi Zǐ

Traducción de Sebastián Vargas



 
A partir de mañana, haré de una persona feliz:
alimentaré a un caballo, cortaré leña, viajaré por el mundo.
A partir de mañana, me preocuparé por cereales y vegetales;
tendré una casita frente al mar y las flores se abrirán al calor 
            de la primavera.
A partir de mañana, me pondré en contacto con cada uno de mis familiares
para contarles mi felicidad,
ese relámpago de felicidad será informado por mí,
lo contaré a cada persona.
A cada río, a cada montaña le elegiré un nombre amable.
Si no te conozco, igual te deseo el bien,
deseo que te espere un futuro brillante,
deseo que tengas pareja y el amor se abra camino,
deseo que obtengas la felicidad en este mundo.
Para mí, solo quiero que frente al mar las flores se abran al calor 
            de la primavera.














22 abr 2023

viernes, julio 03, 2026

«Cuadro», de Mario Quintana





Escribo junto a la ventana abierta.
Mi pluma es del color de las persianas,
verde… Y qué leves, lindas filigranas
deja el sol en la página desierta.
No sé qué paisajista tarambana
mezcla tonos…, y acierta…, y desacierta…,
y busca así una novedad que vierta
colores en las horas cotidianas…
¡Juegos de luz danzando en el follaje!
De lo que iba a escribir voy y me olvido…
¿Por qué pensar? También yo soy paisaje…
Y, soluble en el aire, estoy soñando,
transformado, irisado, estremecido,
entre los dedos que me van pintando.



en La calle de las veletas, 1940


en Intenta olvidarme, Ediciones Rialp, 2018




Fotografía original de Dulce Helfer











I

Escrevo diante da janela aberta.  / Minha caneta é cor das venezianas: / Verde!… E que leves, lindas filigranas / Desenha o sol na página deserta! / Não sei que paisagista doidivanas / Mistura os tons… acerta… desacerta… / Sempre em busca de nova descoberta, / Vai colorindo as horas quotidianas… / Jogos da luz dançando na folhagem! / Do que eu ia escrever até me esqueço… / Pra que pensar? Também sou da paisagem… / Vago, solúvel no ar, fico sonhando… / E me transmuto… iriso-me… estremeço… / Nos leves dedos que me vão pintando!












jueves, julio 02, 2026

«exilio adentro», de Tania Favela

Fragmento / Traducción de Silke Kleemann




sonó tan ireal que casi pensé que lo inventé: grafitis de peces de pájaros de manos 
letras  palabras — sin espacios — como dibujos de niños — (pensó) (muy adentro)
siglas que no dicen nada     (al fondo) paredes blancas
un muro blanco un mundo blanco después un túnel negro y después árboles (pensó)
                                   árboles sin espacio un bosque entero caminando
        rompiendo el hechizo reanudando el hechizo —ilusorio— dijiste bajo las nubes
                                   ¿quién murmura? pensó
—pensé— tan irreal tan suave tan ala: retrato de su madre (pensaste en tu madre)
                                                      lo mismo —tan rápido— que no alcanzó a decirse



en franja de luz lejana, Hochroth Heidelberg, 2023
























miércoles, julio 01, 2026

«El pueblo de los monos», de Antonio Gramsci

Traducción de Ana María Palos




El fascismo ha sido la última «representación» ofrecida por la pequeña burguesía urbana en el teatro de la vida política nacional. El miserable fin de la aventura fiumiana[1] es la última escena de la representación. Puede considerarse como el episodio más importante del proceso de disolución interna de esta clase de la población italiana.

El proceso de descomposición de la pequeña burguesía se inicia en la última década del siglo pasado. La pequeña burguesía pierde toda importancia y decaen todas sus funciones vitales en el campo de la producción, con el desarrollo de la gran industria y del capital financiero: se convierte en pura clase política y se especializa en el «cretinismo parlamentario». Este fenómeno, que ocupa gran parte de la historia contemporánea italiana, toma diversos nombres en sus distintas fases: se llama originalmente «advenimiento de la izquierda al poder», se vuelve giolittismo, lucha contra los intentos kaiserísticos de Umberto I, se extiende en el reformismo socialista. La pequeña burguesía se incrusta en la institución parlamentaria: de organismo de control de la burguesía capitalista sobre la Corona y sobre la administración pública, el Parlamento se convierte en nido de charlatanería y de escándalos, se vuelve en un medio para el parasitismo. Corrompido hasta la médula, sometido completamente al poder gubernamental, el Parlamento pierde todo prestigio ante las masas populares. Las masas populares se convencen de que el único instrumento de control y de oposición a los arbitrios del poder administrativo es la acción directa, es la presión desde el exterior. La semana roja[2] de junio de 1914, contra la destrucción, es la primera y grandiosa intervención de las masas populares en la escena política, para oponerse directamente a los arbitrios del poder, para ejercer realmente la soberanía popular, que ya no encuentra ninguna expresión en la cámara representativa: puede decirse que en junio de 1914 el parlamentarismo entró, en Italia, en la vía de su disolución orgánica y, con el parlamentarismo, la función política de la pequeña burguesía.

La pequeña burguesía, que definitivamente ha perdido toda esperanza de recobrar una función productiva (sólo hoy vuelve a vislumbrarse una esperanza de este tipo, con los intentos del partido popular por volver a dar importancia a la pequeña propiedad agrícola y con los intentos de los funcionarios de la Confederación General del Trabajo por galvanizar el mortecino control sindical), trata en todas las formas de conservar una posición de iniciativa histórica: imita a la clase obrera, sale a las calles. Esta nueva táctica se lleva a cabo de los modos y formas permitidos a una clase de charlatanes, de escépticos, de corruptos: el desarrollo de los hechos que han tomado el nombre de «radiantes jornadas de mayo», con todos sus reflejos periodísticos, oradores, teatrales, callejeros durante la guerra, es como la proyección en la realidad de un relato de la jungla de Kipling: el relato de Bandar-Log, del pueblo de los monos, el cual cree ser superior a todos los demás pueblos de la jungla, poseer toda la inteligencia, toda la intuición histórica, todo el espíritu revolucionario, toda la sabiduría de gobierno, etcétera, etcétera. Esto fue lo que sucedió: la pequeña burguesía, que se sometió al poder gubernamental a través de la corrupción parlamentaria, cambia la forma de su prestación de servicios, se vuelve antiparlamentaria y trata de corromper la calle.

En el período de la guerra el Parlamento decae completamente: la pequeña burguesía intenta consolidar su nueva posición y piensa equivocadamente que ya ha alcanzado este objetivo, cree erróneamente que ha acabado con la lucha de clases, que ha tomado la dirección de la clase obrera y campesina, que ha sustituido la idea socialista, inmanente en las masas, con una extraña y fantástica mezcolanza ideológica de imperialismo nacionalista, de «verdadero revolucionarismo», de «sindicalismo nacional». La acción directa de las masas en los días 2 y 3 de diciembre, después de las violencias ejercidas en Roma por parte de los oficiales contra los diputados socialistas, pone un freno a la actividad política de la pequeña burguesía, que desde aquel momento trata de organizarse y agruparse en torno a patronos más ricos y más seguros que el poder estatal oficial, debilitado y exhausto por la guerra.

La aventura fiumiana es el motivo sentimental y el mecanismo práctico de esta organización sistemática, pero resulta inmediatamente evidente que la base sólida de la organización es la defensa directa de la propiedad industrial y agrícola de los asaltos de la clase revolucionaria de los obreros y los campesinos pobres. Esta actividad de la pequeña burguesía, convertida oficialmente en «el fascismo», no deja de tener consecuencias para la estabilidad del Estado. Después de corromper y arruinar la institución parlamentaria, la pequeña burguesía corrompe y arruina también las otras instituciones, los sostenes fundamentales del Estado: el ejército, la policía, la magistratura. Corrupción y ruina que tienen como resultado pura pérdida, que no tienen ningún fin preciso (el único fin preciso habría debido ser la creación de un nuevo Estado: pero el «pueblo de los monos» se caracteriza precisamente por la incapacidad orgánica para darse una ley y fundar un Estado): el propietario, para defenderse, financia y sostiene una organización privada, la cual, para enmascarar su naturaleza real, debe asumir actitudes políticas «revolucionarias» y disgregar la defensa más poderosa de la propiedad, el Estado. La clase propietaria repite, con respecto al poder ejecutivo, el mismo error que cometió con respecto al Parlamento: cree poderse defender mejor de los asaltos de la clase revolucionaria, abandonando las instituciones de su Estado a los caprichos histéricos del «pueblo de los monos» de la pequeña burguesía.

Desarrollándose, el fascismo se endurece en torno a su núcleo primordial, no logra ya disimular su verdadera naturaleza. Conduce una campaña feroz contra el presidente del consejo contra el presidente del consejo Nitti, campaña que llega hasta una invitación abierta a asesinar al primer ministro; deja en paz a Giolitti y le permite llevar «felizmente» a término la liquidación de la aventura fiumiana; la posición del fascismo con respecto a Giolitti marcó el destino de D'Annunzio y puso de relieve el verdadero fin histórico de la organización de la pequeña burguesía italiana. Cuando más fuertes se han vuelto los «fasci», cuanto mejor encuadrados están sus efectivos, cuanto más audaces y agresivos se muestran contra las cámaras del trabajo y los ayuntamientos socialistas, tanto más característicamente expresiva resulta su actitud con respecto a D'Annunzio, el cual invoca la insurrección y las barricadas. ¡Las pomposas declaraciones de «verdadero revolucionarismo» se han concretado en un petardo inofensivo hecho explotar bajo un pasillo de la Stampa!

La pequeña burguesía, incluso en ésta su última encarnación política del «fascismo», se ha mostrado definitivamente en su verdadera naturaleza de esclava del capitalismo y de la propiedad latifundista, de agente de la contrarrevolución. Pero también ha demostrado ser fundamentalmente incapaz de desempeñar una misión histórica cualquiera: el pueblo de los monos ocupa las páginas de sucesos, no crea historia, deja rastros en los periódicos, no ofrece material para escribir libros. La pequeña burguesía, después de arruinar el Parlamento, está arruinando al Estado burgués: sustituye, cada vez en mayor escala, la «autoridad» de la ley con la violencia privada, ejerce (¡y no puede hacer otra cosa!) esta violencia caóticamente, brutalmente, y subleva contra el Estado, contra el capitalismo, estratos cada vez mayores de la población.



en L'Ordine Nuovo, 2 de enero de 1921








[1] Después del tratado de Rapallo de noviembre de 1920, que hizo de Fiume un Estado independiente, el bloqueo naval obligó a D'Annunzio a capitular. A principios de enero comenzó el éxodo de los «legionarios» de la ciudad.

[2] En junio de 1914 estalló la última huelga general de protesta, antes de la guerra, contra los asesinatos de trabajadores, conocida con el nombre de «semana roja» por la violencia y duración de la lucha.













 

martes, junio 30, 2026

«En la marea de los días», de Margarita Bustos Castillo




 
Entro al Blue Mind 
a sus cantos azules
en hipnótica respuesta
la voz que habita antes de la palabra 
para enfrentarnos a lo que en nosotros 
no tiene nombre
                             
                              el agua en movimiento 
crea geométricos patrones
que se repiten a diferentes escalas 
hacia el silencio de lo abierto.

Sentirnos al fin como pez en el agua, 
agua viva porque el mar responde 
con una fuerza vertical
                                          que iguala el peso 
                                          de tu propia historia

Porque el tiempo es un cauce sabio
y el lenguaje del mar en su vaivén 
retornándonos al útero del mundo

revela cómo todo vuelve a su cauce.




en Hay un mar en mí, Orbytal Editores, 2026



















lunes, junio 29, 2026

«Un humano colgado / 1964», de Salem Jubran

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Uno de los juguetes que apareció en el mercado israelí
fue el de un «árabe ahorcado».

¡Un cuerpo humano colgado
es el juguete más llamativo
la más dulce diversión expuesta 
para los niños en el mercado!
No, ya no quedan
se agotó hace días
no lo busquen, ¡dile a tu hijo
que hace días se agotó! 

Oh, espíritus de aquellos
muertos en los campos de concentración nazi –
el ahorcado
no es un judío en Berlín.
El ahorcado es un árabe
como yo, uno de mi pueblo
ahorcado ahora por tus hermanos,
¡ahorcado por los nazis camuflados
de Sión!

Espíritus de las víctimas
de los campos nazis –
¡Si sólo supieran!
¡Si sólo supieran!
















domingo, junio 28, 2026

«El culto de la verdad», de August Strindberg

Traducción de Augusto Bunge



 
  En casa de Johan se profesaba el culto de la verdad.

  —Digan siempre la verdad, suceda lo que suceda, —repetía con frecuencia el padre, y contaba una historia que le había sucedido.

  En cierta ocasión, había prometido a uno de sus clientes enviarle, el mismo día, un objeto que había comprado. Lo olvidó y habría podido invocar una razón cualquiera; pero cuando el cliente, furioso, acudió a la tienda y le dirigió reproches groseros, el padre respondió reconociendo humildemente su olvido, pidió perdón y declaró querer compensar los perjuicios.

  Sentido moral: el cliente asombrado, le tiende la mano y demuestra su estimación. (Nos parece, sin embargo, que los mercaderes no deberían mostrarse tan meticulosos entre sí).

  El padre era inteligente y, como todos los viejos, estaba seguro de sus afirmaciones.

  Johan, que jamás estaba inactivo, había hecho un descubrimiento: se podía emplear el tiempo en ir a la escuela y a la vez enriquecerse… Un día encontró sobre la acera de la Puerta de los Holandeses una tuerca y se regocijó, porque con un cordel hizo una honda. Desde entonces marchaba siempre por en medio de la calle, recogiendo todos los pedazos de hierro que encontraba. Como las puertas ajustaban mal y los pesados carros no estaban defendidos, los hierros eran cruelmente maltratados. Por esto un peatón atento estaba seguro de hallar cada día un par de clavos, un perno, al menos una tuerca, y aun a veces una herradura. Johan pensaba sobre todo en las tuercas e hizo de ellas su especialidad. En un mes había llenado casi una cuarta parte de un tonel.

  Estaba un día divirtiéndose en su cuarto, cuando entró su padre interrogándole duramente:

  —¿Qué es eso que tienes aquí? —dijo el padre abriendo mucho los ojos.

  —Son tuercas —respondió Johan tranquilamente

—¿Quién te las ha dado?

  —Las he recogido.

  —¿Recogido? ¿Dónde?

  —Bajo la Puerta.

  —¿En un solo sitio?

  —No, en varios sitios; por la calle a menudo se encuentran.

  —No… ¡A mí no me engañas! Tú mientes… Ven acá que he de hablarte…

  Y, efectivamente, le habló con un bastón.

  —¿Lo declararás, ahora?

  —Las he recogido en la calle.

  Y fue torturado hasta que declaró.

  ¿Qué iba a declarar? El dolor y el miedo de que no acabase aquella escena fue causa de que mintiese.

  —Las he robado —se apresuró a decir Johan.

  —¿Dónde?

  Claro está que no sabía en qué parte de los carros había tuercas, pero supuso que las habría.

  —Debajo de los carros —añadió con seguridad.

  —¿Dónde?

  Su imaginación evocó un lugar donde había muchos carros.

  —Cerca de una construcción que está frente a la calle Smedgaard.

  Haber especificado la calle hacía la cosa verosímil. El viejo estaba ya seguro de haberle arrancado la verdad. Entonces siguieron estas reflexiones:

  ¿Cómo has podido tomarlas con los dedos?

  El chico no había pensado en esto; pero, viendo el armario donde guardaba su padre las herramientas, de repente contestó.

  —Con un destornillador.

  Sabido es que las tuercas no se pueden sacar con un destornillador; pero la imaginación del padre estaba en acción y se dejó engañar.

  —Pero ¡esto es horrible! ¡Tú eres un ladrón! —Y súbitamente se le ocurrió llamar a la policía.

  Johan pensó en tranquilizar a su padre, haciéndole ver que todo lo que había dicho era mentira, pero ante la perspectiva de continuar siendo maltratado, renunció a su intento.

  Vino la noche, y al acostarse y cuando su madre se le acercó para hacerle rezar, Johan, en actitud patética, exclamó:

  —Yo no he robado las tuercas; ¡el diablo lo sabe!”

La madre le miró un rato y, reconviniéndole, le dijo:

  —No se ha de jurar de este modo.

  El castigo corporal le había humillado, deshonrado; estaba furioso contra Dios, contra sus padres y sobre todo contra sus hermanos, que no habían atestiguado en su favor, por más que ya sabían de qué se trataba.

  Johan no rezó aquella noche; pero deseó que hubiese un incendio sin tener necesidad de aplicar un fósforo.




en Dinamita Cerebral, 1913
















sábado, junio 27, 2026

«A un año de la muerte de la Dama Keai», de Zhidao Shei

Versión de Juan Carlos Villavicencio


Camino los senderos bajo la noche sin estrellas
y recuerdo el rescate de la Dama Keai
secuestrada por las sombras 
más allá del bosque y los jardines del palacio.

Afuera el sonido de la lluvia 
mientas el fuego acariciaba su piel
muy profundo en aquella noche un año atrás 
antes de saber que había partido sola
a buscar un árbol en el acantilado junto al mar.
Algunas velas rodean el espejo roto ante su tumba.

















jueves, junio 25, 2026

«Pasa el tiempo, despacio…», de Leonardo Gustavo Ruiz





 
Pasa el tiempo, despacio,
su azaroso revés, su contrafuerte.
Vuelve el espacio a tiempo,
pero se queda cada vez.
El cambio de la muerte o de la vida
le son indiferentes, en verdad.
El sol despacio en la ventana abierta.




en Despacio el sol en la ventana abierta, 2013














miércoles, junio 24, 2026

HOY presentación de El Árbol de la Memoria, de Jorge Teillier en el Liguria de Merced a las 19 hrs.






Bar Liguria
& Descontexto Editores
los invitan a la presentación 
de 
El Árbol de la Memoria
del poeta lautarino
Jorge Teillier
a 91 años de su nacimiento

Edición de Juan Carlos Villavicencio

con la participación de los poetas
Carlos Cociña
&
Diego Alfaro 

Tangos por 
Marcelo Nicolás Carrasco


Miércoles 24 de junio · Bar-Restaurant Liguria 
Merced #298 · Barrio Lastarria · 19:00 (Chile)