lunes, marzo 09, 2026

«George Harrison: Concierto por Bangladesh», de Philip Norman

Traducción de Cillero & de Motta




El caótico final de la dominación colonial británica en 1947 supuso la división del subcontinente en la nación de Pakistán, de población mayoritariamente musulmana, y la India, de mayoría hindú. Pakistán estaba, además, dividido en dos territorios en lados opuestos del subcontinente, y Pakistán Oriental se situaba en parte del antiguo estado de Bengala, ferozmente individualista. 

Pakistán Occidental, el centro administrativo y económico de este país dividido, discriminaba a la parte oriental del país, mucho más empobrecida; no le aportaba fondos para su desarrollo, despreciaba sus procesos políticos y jurídicos e intentaba acabar con las vibrantes lengua y literatura bengalíes. En marzo de 1971 el territorio declaró unilateralmente su independencia y adoptó el nombre de Bangladesh.

A esto siguió una guerra civil entre los insurgentes bengalíes y el Ejército de Pakistán Occidental, que no dudó en recurrir al genocidio. Esta fue solo una de las múltiples desgracias que asolaron Bangladesh. Habiendo sido duramente golpeada por el ciclón Bhola unos meses atrás, estaba ahora siendo azotada por lluvias torrenciales e inundaciones apocalípticas. Había millones de refugiados aterrorizados atrapados en el fuego cruzado de las armas y los elementos, y el hambre y las enfermedades, incluido el cólera, eran omnipresentes.

Por aquel entonces George estaba en Los Ángeles con Ravi Shankar, ultimando la banda sonora de Raga, la varias veces interrumpida película sobre la vida y la música de Shankar. Esto lo acercó a los horrores que se estaban produciendo en Bangladesh, pues Shankar procedía de una familia de brahmanes bengalí y había perdido a varios de sus parientes.

Shankar había pensado en organizar un concierto benéfico con su propio conjunto indio y su antiguo alumno de sitar, pero no quería que George sintiera que se aprovechaba de su amistad al sugerirlo. Él, sin embargo, se mostró encantado ante la oportunidad de devolver algo al subcontinente y apoyar al hombre que más estimaba en el mundo. 

También podría ejercer su nueva libertad para adoptar una postura pública sobre una cuestión moral, algo que nunca había podido hacer como Beatle. 

Le propuso hacer un concierto en el que se combinara la música oriental de Shankar con la suya occidental, algo que rara vez se había hecho antes.

Convencería, además, a algunos de sus amigos superestrellas para que tocaran con fines benéficos. Era obvio que el lugar ideal para un acontecimiento de tal envergadura era el Madison Square Garden de Nueva York, con capacidad para 20.000 espectadores. Pero la única fecha disponible era el domingo 1 de agosto, y solo quedaban cinco semanas.

A pesar de este plazo tan desesperadamente ajustado, el proyecto se fue ampliando mucho más allá de un solo concierto. Para complementar la venta de entradas, con la que George esperaba recaudar unos 25.000 dólares, se produciría un triple álbum en directo y una película. También compondría y coproduciría (con Phil Spector) un single destinado tanto a publicitar el concierto como a sensibilizar a la opinión pública internacional sobre la situación de Bangladesh.

Su antigua asistente personal, Chris O’Dell, que había vuelto a Estados Unidos, trabajó en el concierto, mientras que su viejo aliado Neil Aspinall, que había sobrevivido a las purgas de Allen Klein en Apple, se ocupó de preparar el disco y la película. George fue quien se encargó personalmente de reclutar a famosos, pasando horas y horas al teléfono. «Nunca había montado un espectáculo así —recuerda Aspinall— . A mi modo de ver, le hizo falta armarse de humildad para llamar, pues estaba el riesgo evidente de rechazo.»

El single promocional, «Bangla Desh», una grafía alternativa común en la época, compartía el estilo de himno de «My Sweet Lord» y «All Things Must Pass». La letra apenas hacía justicia al tema: «Now won’t you give some bread? To get the starving fed?» (¿No darás un poco de pan para alimentar a los hambrientos?). Pero es probable que ninguna canción pudiera haberlo hecho. La cara B contenía «Deep Blue», tema que exploraba la muerte de su madre y la angustia que le producía verla desvanecerse, que añadía así un mayor peso emocional.

De algún modo, también encontró tiempo para producir una selección de temas de Ravi Shankar titulada Joi Bangla que incluía algunas de las canciones en bengalí que se habían censurado durante el régimen de Pakistán Occidental. Shankar, encantado, lo consideró «un milagro».

«Bangla Desh» alcanzó el número 10 en Gran Bretaña y el 13 en Estados Unidos. En el Village Voice, Don Heckman comparó favorablemente los actos de George con lo que estaban haciendo otros ex-Beatles en ese momento: «No tengo nada en contra del interminable viaje de John Lennon por su psique, ni contra la búsqueda de dulzura y luz de Paul McCartney, pero creo que me deben despertar sentimientos más fuertes los esfuerzos activos de George Harrison por hacer algo contra la miseria del mundo que le rodea».




A finales de julio, en las últimas páginas del The New York Times aparecía un modesto anuncio de una actuación de «George Harrison y amigos» en el Madison Square Garden la noche del 1 de agosto. No había mención de su propósito. Las entradas se agotaron tan rápido que se añadió un pase de tarde.

En una multitudinaria rueda de prensa, George puso nombre a esos «amigos»: Ringo Starr, Leon Russell, Billy Preston, Eric Clapton y Bob Dylan. A su lado se sentaba Allen Klein, que se había unido al proyecto para vivir por primera vez la experiencia de estar del lado de los buenos. Solo habían pasado cuatro meses desde la ruptura de los Beatles y el nombre de Ringo desató rumores de una posible reunión (sin Paul) sobre el escenario que ningún esfuerzo de George por desmentirlo logró disipar. Es cierto que John había accedido inicialmente, pero se había echado atrás al descubrir que la invitación no incluía a Yoko.

Uno de los reporteros preguntó a George, con cierta condescendencia, qué se sentía al ser «el número uno, la estrella». «Prefiero formar parte de una banda —contestó— . Pero tuvimos que hacerlo así para conseguir el dinero [para Bangladesh]. Me tuve que arriesgar y confiar en que mis amigos acudieran a mi ayuda».

En realidad, los dos primeros de estos amigos hicieron más bien lo contrario a ayudarle antes de finalmente subirse al escenario del Garden.

Eric Clapton se había cansado de Derek and the Dominos, como le pasaba con todas sus bandas, y había buscado refugio en su casa de Surrey con Alice Ormsby-Gore y su adicción a la heroína. La joven de diecinueve años ponía en peligro el buen nombre de su noble padre saliendo en busca de su dosis, que luego daba entera a Clapton mientras que ella buscaba su propioalivio bebiéndose dos botellas de vodka al día. 

A pesar de lo que había sucedido con Pattie, George no concebía dejar a Clapton fuera del concierto. Durante toda una semana, le reservó billetes en sucesivos vuelos a Nueva York y tuvo limusinas esperándolo en el aeropuerto Kennedy. Pero fue en vano. 

Muchos otros guitarristas solistas de primera fila esperaban para participar en el concierto y, finalmente, George invitó a Jesse Ed Davis, acompañante del músico de blues Taj Mahal. Pero cuando Terry Doran fue a casa de Clapton para anunciarle que sus servicios ya no eran necesarios, este insistió en que iría.

Como intentar pasar sus dosis diarias por la aduana estadounidense era demasiado arriesgado, George le tuvo que prometer que tendría lo que necesitaba en el hotel. Por desgracia, la heroína que le consiguió estaba mezclada con polvos de talco o leche en polvo y solo tenía un 10 por ciento de la potencia de a lo que su organismo estaba acostumbrado. Clapton pasó los tres días siguientes encerrado en su habitación con las palpitaciones y sudores propios de la abstinencia, mientras secuaces de Alice y George buscaban a un traficante cuya mercancía fuera lo suficientemente pura. Su estado era tal que apenas se dio cuenta de que Pattie había llegado a Nueva York para estar con George en su gran momento. Ella se mantuvo, sabiamente, alejada.

La participación de Bob Dylan en el concierto también parecía peligrar. La última vez que Dylan había tocado en directo en Nueva York fue en 1966, cuando los puristas del folk lo abuchearon por «pasarse a lo eléctrico», un recuerdo que todavía lo perseguía.

Una vuelta de reconocimiento al Madison Square Garden la noche anterior a los conciertos con George no hizo sino aumentar su inquietud. «[Dylan] miró todas las cámaras y las luces y el tamaño del lugar y dijo: 'No, viejo, esto no es lo mío' —recuerda George— . Le dije que tampoco lo mío: 'Es la primera vez que hago algo así yo solo. Tú al menos llevas años siendo solista'».

Cada uno de los dos espectáculos tuvo un público de 20.000 personas y lo recaudado con la venta de entradas ascendió a 250.000 dólares, diez veces más de lo que George esperaba. En los conciertos no se escucharon los gritos que tanto odiaba de su época de Beatle. El público de los dos conciertos los observó en un silencio apropiado a la gravedad de la causa que apoyaban y sus aplausos tenían un tono reverente; el público del primero de ellos incluso aplaudió cuando Ravi Shankar y sus músicos terminaron de afinar los instrumentos.

El propio George había sido presa del pánico escénico, sufrido vómitos y  diarrea, y estuvo tentado de huir siguiendo los pasos de Dylan hasta justo antes del comienzo del concierto. Sin embargo, salió, con una Stratocaster blanca sobre su traje igualmente blanco. Su presencia adquirió algo casi de santo mientras actuaba con aplomo e interpretaba sus primeras versiones en directo de «Here Comes the Sun», «Something» y «Wah-Wah». Y, aunque el público nunca lo supo, en ese escenario se produjeron dos pequeños milagros.

Clapton había sido incapaz de asistir a un solo ensayo y, con una buena dosis de metadona en el cuerpo, el sustituto de la heroína, nadie esperaba que fuera a producir un solo acorde coherente. Pero cuando llegó el momento de «While My Guitar Gently Weeps», salió al frente del escenario y tocó un dúo con George tan mutuamente cálido como lo había sido su duelo de púas por Pattie en Friar Park.

En el orden de actuaciones pegado a la Strat de George había un «¿Bob?» para el que, hasta casi el último minuto, la respuesta parecía ser «no». De hecho, George se quedó tan sorprendido al ver a Dylan aparecer entre bastidores, con su guitarra y armónica preparados, que apenas pudo balbucear una presentación de «vuestro amigo y el mío».

Tal como se esperaba de él, Dylan hizo una interpretación soberbia de cinco canciones, entre ellas «A Hard Rain’s Gonna Fall» (ninguna sorpresa para cualquier bangladesí) y «Just Like A Woman», con George y Leon Russell a los coros y ninguna voz feminista que se alzase contra la frase «She breaks just like a little girl» (se rompe como una niña pequeña).

Rolling Stone describió los conciertos como un «breve y brillante resurgir de todo lo mejor de los años sesenta». Bob Woffinden, del New Musical Express, dijo que fueron «una declaración de fe» y que George había «vuelto a encarrilar el rock».

Ravi Shankar y sus músicos también recibieron el reconocimiento que se merecían. El Village Voice calificó a Shankar y a su distinguido intérprete de sarod, Ali Akbar Khan, como «una dupla tan especial como Dylan y Harrison».

«Y al día siguiente —declararía Shankar—, el mundo entero conocía el nombre de Bangladesh».




Los beneficios del Ravi Shankar/George Harrison Emergency Relief Fund derivados de los conciertos, el álbum en directo y la película, fueron gestionados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), un organismo neutral que no heriría sensibilidades políticas en la zona del desastre y era capaz de prestar ayuda donde más se necesitaba con la máxima eficacia.

Sin saberlo, George había hecho mucho más que aliviar una crisi humanitaria; había transformado la idea de que las estrellas del rock solo estaban motivadas por la codicia y el egoísmo y demostrado que una industria también podía ser una comunidad y tener la capacidad, si así lo decidía, de hacer el bien. En las décadas siguientes, Concert For Bangladesh serviría de modelo para eventos similares como Live Aid, No Nukes o Rock Against Racism, muchos de ellos más grandes, con más estrellas y de mayor recaudación, pero ninguno comparable.

[…]

George tenía pensado empezar a trabajar en la continuación de All Things Must Pass a principios de 1972. Pero no había contado con las prolongadas secuelas de Concert For Bangladesh, ni las formas en que demostraría que, incluso con las mejores intenciones, se pueden dar consecuencias negativas.

La primera y más grave se debió a la falta de experiencia de Allen Klein en este nuevo y extraño mundo de hacer cosas gratis. Klein no había registrado en Estados Unidos el proyecto de Bangladesh como organización benéfica exenta de impuestos antes de que echara a andar, como exigía la ley. En consecuencia, las autoridades fiscales estadounidenses se negaron a considerarla como tal y decretaron que entre 8 y 10 millones de dólares de los ingresos de la película y el triple álbum en directo se debían retener en depósito hasta que se resolviera el asunto (lo que no ocurriría hasta pasados unos diez años).

En Gran Bretaña, los corazones de las autoridades se mostraron igual de duros. George esperaba que el Gobierno renunciara a su elevado impuesto sobre el valor añadido para que el álbum fuera asequible para el público más amplio posible y así maximizar la ayuda a Bangladesh. Llevó su petición en persona al Ministerio del Tesoro, donde le trataron con divertida condescendencia. «Lo siento —le dijeron—, me parece estupendo que tenga tan elevado sentido moral, pero el país necesita dinero».

También hubo una disputa sobre en qué discográfica publicar el disco: Capitol/EMI, que distribuía los productos de Apple en Estados Unidos, o la discográfica de Bob Dylan, CBS, que alegaba su derecho por ser Dylan el cabeza de cartel. Capitol ganó, aunque tuvo que ceder a CBS los derechos de distribución nacional de cintas y la distribución de discos y cintas en el resto del mundo.

El álbum no se andaba con rodeos: en la portada mostraba a un niño bangladesí desnutrido sentado junto a un plato vacío. El departamento de Marketing de Capitol pensaba que la imagen era «demasiado deprimente», pero George les dijo que así tenía que ser, y se negó a que la suavizaran.

Los tres discos venían acompañados de un folleto de sesenta y cuatro páginas en el que se acusaba al ejército de Pakistán Occidental de haber creado «un reino de terror deliberado» contra la población bengalí de Pakistán Oriental, que calificaban como «la mayor atrocidad desde el exterminio de los judíos llevado a cabo por Hitler». La diferencia en el tono de aquel Beatle al que habían obligado a guardar silencio durante los peores años de la guerra de Vietnam era evidente.

La mayoría de las discográficas de los participantes se sumaron al espíritu caritativo y no cobraron honorarios ni porcentajes de los beneficios por las actuaciones de sus artistas. La única excepción fue la propia Capitol, tanto más sorprendente en cuanto a que su nuevo director ejecutivo, Bhaskar Menon, era la primera persona del subcontinente indio en alcanzar tales cotas en la industria y habría cabido esperar que sintiera una empatía especial por la causa de George.

Pero la empresa, que antes flotaba feliz en los mares de beneficios de los Beatles, estaba ahora inmersa en problemas financieros y Menon debía cambiar la situación por todos los medios necesarios. Es por eso que insistió en que debía obtener 25 céntimos por cada copia del álbum benéfico de George e incluso exigió a Apple que pagara a Capitol alrededor de medio millón de dólares en concepto de los elevados costes de embalaje.

George había hecho todo lo posible para que tanto el álbum como el documental salieran a la venta poco tiempo después de los conciertos. La música se había grabado a la perfección, pero las imágenes eran un desastre; una de las cámaras a un lado del escenario había estado desenfocada durante todo el espectáculo y la visión de otra la bloqueaban cables que colgaban. Esto obligó a George a pasar la mayor parte de septiembre en Nueva York con el director, Saul Swimmer, editando el metraje para disimular al máximo sus problemas. En las últimas fases contó también con la ayuda de Bob Dylan.

Las exigencias de Bhaskar Menon por minucias contractuales impidieron que el álbum se publicara a tiempo para el mercado navideño y empezaron a proliferar copias piratas. Capitol envió a las tiendas de discos carteles de auténtico mal gusto en los que se leía: «Salva a un niño hambriento: no compres una copia pirata». 

George se vio finalmente obligado a desafiar públicamente a su propia discográfica desde el plató del Dick Cavett Show, donde se suponía que estaba promocionando el documental sobre Ravi Shankar, Raga, que por fin se había estrenado. Solo medio en broma, amenazó con dar el álbum a la CBS y retó a Menon a que lo demandara.

Esto aceleró su publicación a vísperas de 1972, con críticas que hicieron irrelevante su retraso de tres meses y su inoportuna fecha de llegada al mercado. La revista Circus no encontraba elogios suficientes para «una música que prácticamente salta y entra en tu vida». Rolling Stone lo describió como «el rock en busca de su madurez» y The Guardian como «el mayor acto de magnanimidad del rock». En cada crítica, parecía que la canonización de George era inminente. «Su propio comportamiento es una verdadera inspiración —escribió el crítico Jon Landau— . Concert For Bangladesh fue el momento de George. Fue él quien lo organizó y fue todo un éxito.» Incluso con el impuesto sobre el valor añadido británico, se vendió en enormes cantidades y en 1973 se hizo con el premio Grammy al mejor disco del año.




Más allá de la industria musical, el único reconocimiento público que recibió, junto con Ravi Shankar y Allen Klein, el coorganizador titular, fue el premio Child Is The Father Of The Man de UNICEF por su método «pionero de recaudación de fondos».

Esta poco común buena prensa para Klein pronto llegaría a su fin. La revista New York Magazine lo acusó de haberse embolsado 1,44 dólares por cada disco vendido y de formar parte de una lista de beneficiarios encubiertos en la que supuestamente también figuraban Dylan (25 céntimos por copia) y las discográficas y compositores (50 céntimos).

Klein negó tal apropiación indebida e incluso alegó que el disco le estaba costando dinero. Presentó una demanda contra la revista por 150 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios. Pero, tras el estallido inicial de publicidad, retiró la demanda. Lo que no desapareció con tanta facilidad fue el chiste de la industria musical, que parafraseaba el jingle del dentífrico Pepsodent «You’ll wonder where the yellow went» (Te preguntarás qué ha pasado con el amarillo): «You’ll wonder where the money went/When Klein runs a charity event» (Te preguntarás qué ha pasado con el dinero/Cuando Klein organice un acto benéfico).




en George Harrison: Beatle a su pesar, 2024





 
















domingo, marzo 08, 2026

«Extraños», de Jihad Hudaib

Versión de Juan Carlos Villavicencio




a la joven flor de su desesperanza

a Edward Said
 
Descendieron cerca
y luego vinieron con un cuenco vacío
quienes pasaron por nuestras puertas
mientras caían recuerdos de sus carretas.
 
Nos leyeron las manos
y nos hablaron de mojar la cama
y del muerto que anoche vagó en nuestro sueño
sobre su única pierna.
 
Nos hablaron de guerras
y de una canción nuestra
que guarda mucho silencio.
Nos hablaron de nuestros pasos
que permiten una migración insuficiente
de la nostalgia al olvido
y del olvido a la nostalgia.
Nos hablaron de una mujer que nos saca 
de su costado y permanece distante,
y de nuestras manos ciegas
que sienten el deseo todavía ambiguo





Fotografía original: Laghoo Anas Alaili











sábado, marzo 07, 2026

«Despedida allende la garganta del Jing Men», de Li Bai

Traducción de Ricardo Silva-Santisteban




Cruzamos distantes del Jing Men
para llegar a la comarca de Chu.
Las montañas se extinguen en hoscas planicies,
el río penetra entre vastas estepas.
Cae la luna: espejo que navega por el cielo;
se alzan las nubes: torres nadando por el mar.
Hondo sentimiento el de las aguas del terruño natal,
a través de diez mil leguas, despiden a mi barca.




en Vallejo & Co., 16 de marzo de 2015













viernes, marzo 06, 2026

«Ars Magna», de Leopoldo María Panero




 
Qué es la magia, preguntas
en una habitación a oscuras.
Qué es la nada, preguntas,
saliendo de la habitación.
Y qué es un hombre saliendo de la nada,
y volviendo solo a la habitación.



en Poesía 1970-1985,Visor, 1986















jueves, marzo 05, 2026

«Escribir», de Antonio Lobo Antunes

Fragmento de una entrevista

(1942-2026)

 
Escribir es como drogarse, se empieza por puro placer, y acabas organizando tu vida como los drogados, en torno a tu vicio. Y esa es mi vida. Hasta cuando sufro lo vivo como un desdoblamiento: el hombre está sufriendo y el escritor está pensando en cómo aprovechar este sufrimiento para su trabajo.

(…)

Las historias son importantes para las abuelas. Yo no quiero contarle historias a nadie. Es el libro quien manda. Intentas ahondar, bajar al fondo del alma, decir lo que no se ha dicho antes. Escribo porque si no me siento muy culpable. Nunca escribes lo que quieres, el libro es tu dueño. Tienes que estar vigilando para que sea más o menos lo que quieres decir. Yo no sé lo que voy a escribir y, una vez que acabo los libros, nunca los vuelvo a leer. (…) Una parte de mí se cierra y se abre otra que comienza a dictarme; siempre he tenido la sensación de que me dictan. Lo que sí hago antes de escribir un libro es elegir una fecha para comenzar, porque si no siempre tengo miedo a no hacerlo. Siempre tengo miedo de desilusionar a la gente que ha tenido en mí una fe no compartida. Desde el comienzo he tenido por todas partes lectores entusiastas que todavía me dejan conmovido y confundido. Un libro para mí es una sorpresa, un milagro que no entiendo. Sólo cuando empiezas a corregir entiendes algo. Sin embargo, si no piensas que eres el mejor, mejor no escribir. Tienes que vencer a Chéjov, tienes que vencer a Tolstói, tienes que ganarles, ser mejor que ellos. Aunque esto no es una competición deportiva. Y, al final, siempre llegas a la conclusión de que la única cosa importante son los libros, no el autor. Tienes la impresión de que eres apenas un transmisor. Yo no sé cómo nace un libro: son filamentos, fragmentos, sonidos; es muy variable. Y después… mucho miedo. Lo que tienes que decir lo dices en los libros, son ellos los importantes, no los autores…




En una entrevista dada a Quimera
rescatada por el blog Crimentales, 4 de junio, 2018











miércoles, marzo 04, 2026

«El Kakasbal (La Cosa Mala)», de Roldán Peniche Barrera





Acaso sea el más horripilante de los monstruos. Nadie ha podido abarcar su estatura prodigiosa con una mirada; hirsutos pelos le nacen por todo su cuerpo deforme y repugnante. Tiene muchos pies y muchos brazos, y garras de cuervo y testículos de mono arracimados por todo el cuerpo. Posee órganos de distintos animales y sus llameantes ojos nadie ha podido mirarlos sin desplomarse muerto. Pero hay quien dice que es una sombra y que nadie puede verdaderamente verlo. No camina, más bien se desliza por la tierra dejando un rastro de árboles destrozados y animales muertos a su paso. Su voz (que la tiene) es un grave sonido gutural y monocorde que deja sordos o paralizados a los hombres. En realidad, su aterradora cercanía la perciben todos los sentidos a la vez y lo más prudente será alejarse cuanto antes del lugar para no respirar el vaho mortífero de su aliento ponzoñoso.

Sale por las noches, ciertas noches que le parecen apropiadas para descuartizar a los hombres, cuya carne devora, y para beberse la sangre de los niños. Su presencia inficiona las plantas, convierte en polvo las cosechas y provoca las pestes y la desolación. Leonardo da Vinci casi dirá lo mismo del Basilisco: «Echa a perder los trigos y los sembrados, pero no solamente a los que toca: en todo lo que alcance su aliento seca las hierbas y parte las piedras».

Cuando ya ha perpetrado su carnicería, el Kakasbal se reintegra a lo oscuro y a la nada antes de que salga el sol. Se cuenta que desde los tiempos viejos transmitió al hombre la parte mala que todo ser humano posee en su naturaleza.

Tiene el Kakasbal ilimitado poder de transfiguración y así se convertirá en un pájaro de mal agüero como en un insecto diminuto o en un ser humano perfectamente dotado. Pudiera ser, en cierto momento, todos los monstruos que aterrorizan al hombre maya, a la vez.

¿Existe algún elemento de inteligente sarcasmo en la desquiciada personalidad del Kakasbal, cuanto que, devoradas ya las carnes de sus víctimas, acude a la casa de estas, sólo para dejar a las puertas y para horror de los familiares, la constancia de su carnicería, es decir los huesos sobrantes del banquete?

Los poetas y los storytellers de Yucatán aprovecharon libremente el tema truculento del Kakasbal en sus narraciones durante el siglo pasado y a los comienzos del presente, lo mismo que las madres y las nanas mayas de esa época que hallaron muy práctica la amenaza de hacer venir al Kakasbal para escarmentar a los niños rebeldes. Rosado Vega, que a veces confunde al Kakasbal con el Uay poop, dice, que a veces canción de cuna:

              Duérmete, mi niño, duérmete, 
              si no vendrá el Kakasbal 
              y en sus alas de petate 
              consigo te llevará...

Los niños de Yucatán le tenían más miedo al Kakasbal local que al ya entonces desgastado coco español.




en Fantasmas mayas, Prelasa, 1982











martes, marzo 03, 2026

«Arvo Pärt», de Miguel Ángel Zapata

(segunda)





Así salta la palabra como una liebre entre 
la hierba buscando el eco.

Austeridad /
Austeridad en la carrera me grita la liebre.

El piano se acomoda a mi corazón minimalista.
El florero vuelve a decir su lenguaje recortado.

Salgo corriendo a la calle para que me caiga toda
el agua de mañana.

Así fluye la lluvia del poema.
Así fluye el poema con la lluvia. 

















lunes, marzo 02, 2026

«El hombre no es apto para el amor», de Musa Beidag

Traducción de Abdul Hadi Sadoun
 



Soy un hombre que no es apto para el amor,
mi barco se hundió
y murió mi caballo
y se enredaron las plantas espinosas en mis paredes.
 
No hay luna en mi noche
no hay sal en mi pan
no hay nada en mi bolsillo excepto direcciones perdidas
no hay nada en mi camino
excepto vendedores, intermediarios, mendigos y predicadores experimentados
 
Perdí a mi  padre en muchas guerras
y murió mi madre de un luto largo,
nadie tengo que me ayude a pedir tu mano
para acercarme a tu tierna sonrisa
a tus pálidas lágrimas
a tu tristeza azul
también a tus padres estrictos
y tu  ciudad sin luz.
 
Soy un hombre que no tiene más
palabras que la madera de los árboles
para fabricar;
Poemas y sillas de minusválidos
alacenas de ropa para los desnudos
bicicletas para los pobres
palos para los ciegos
ruedas para carros de cosas usadas
para fabricar;
Pájaros de madera batiendo sus alas pero no vuelan
Y marcos decorados para las fotos de los asesinados
en guerras, mercados, carreteras, periódicos y en los juegos.
 
Entonces, ¿a qué esperas?
El que no viene, vino, vio, lloró y volvió
cierro la ventana con ternura
ya que a mi poema no le gusta
que los extraños vean sus lágrimas.

















domingo, marzo 01, 2026

«¿Los chinos son tan comunistas? ¡Me desayuno!», de Daniel Matamala




 
Estos días, buena parte de la élite chilena ha hecho un hallazgo deslumbrante: China es una dictadura comunista.

¡Sí, comunista! Impacto en los pasillos del Congreso. Horror en Manhattan. Escalofríos en sedes de partidos y oficinas de lobby.

A partir de este increíble hallazgo, la UDI anuncia la actividad de una comisión investigadora para develar todos los detalles sobre el proyecto para que los pérfidos comunistas construyeran un cable submarino por el Pacífico. También exige una investigación a fondo sobre la visita (comunista) del subsecretario de las Fuerzas Armadas (comunista) a China.

Se revela que el Ministerio de Transportes había dado una autorización que revocó la Contraloría después, antes de que el mismo Ministerio de Defensa había recibido el mismo proyecto.

Trámites, reuniones de lobby, viajes a un país comunista. ¡Inaceptable!

Afortunadamente, nuestro protector padre del norte nos abrió los ojos, al castigar a nuestro ministro de Transportes.

Lo más impresionante es cómo los comunistas-maestros del engaño nos embauca-ron por tres décadas.

El Senado tiene su Comité de Diálogo Político Chile-China, creado en 2005 y que lleva ya 16 reuniones, en que honorables legisladores viajan con las cortesías de la Asamblea Popular Nacional de China.

El senador UDI Iván Moreira es además presidente del Comité de Amistad Parlamentaria «Chileno-Chino». Según destaca la Embajada (China) ocurrió el 20 de enero de 2026, liderada por el senador RN Francisco Chahuán (presidente del comité), junto a la diputada PC Karol Cariola y la diputada del Grupo Interparlamentario (y la diputada republicana Catalina del Real).

Entre 2018 y 2025, 52 diputados viajaron un total de 70 veces a China, la mitad de ellas por invitaciones del gobierno chino.

Entre las visitas se incluyen al Foro de Partidos Políticos China-América Latina, organizado por el Comité Central del Partido Comunista de China, al que viajaron dos de UDI, un RN, un DC y un PC.

El lobby chino, como todo lobby, es transversal. En 2024 empresas chinas registraron 120 audiencias con parlamentarios, 62 de ellas directas. La empresa del cable chino se constituyó y fijó domicilio legal en Chile.

El senador UDI Iván Moreira es además presidente del Comité de Amistad Parlamentaria «Chileno-Chino». El senador RN Francisco Chahuán, su sobrino, es el subsecretario de Defensa, y su hermano el ministro de Hacienda y Telecomunicaciones de Piñera, gobierno bajo el cual se tramitó por primera vez un proyecto de cable chino, que fue archivado por las presiones, esta vez de Estados Unidos.

¿También vamos a investigar todo eso?

Un proyecto chino, hipocresía: si tramitan invitaciones del gobierno chino o reunirse con lobistas chinos es sospechoso, entonces toda la élite chilena es sospechosa de comunistas o republicanos.

¿Qué está bajo la súbita indignación moral por la «dictadura comunista»? Lo hemos discutido acá más de una vez: el único problema es con las dictaduras comunistas pobres.

Cuando hay plata de por medio y el partido único son «particularidades», de las que es poco educado hablar en voz alta. Como zanjó el expresidente Piñera en China, mientras llevaba a sus hijos a reuniones en China.

También este súbito pánico por el peligro de la inversión china en áreas estratégicas es irrisorio. En una columna de 2020 («Patriotas»), advertíamos cómo empresas estatales chinas dominaban el suministro eléctrico (57% de los hogares chilenos) y tenían fuerte participación en la principal distribuidora, además de relevante presencia en otras áreas estratégicas como el litio.


Decíamos entonces que Chile debía definir «en qué áreas hay que mirar con cuidado» la inversión foránea, ya que «el imperio dominante del siglo XXI (China) comienza a ser desafiado en su área de influencia en América Latina».

No tuvimos estrategia. Ahora el futuro chino se niega a decir ni pío ante la intervención del presidente Trump, y el futuro de las Américas en comparación al «Shield of the Americas» en Miami. El presidente electo de un país soberano no tiene nada que hacer acá.

Otra mala señal. No es una visita de Estado sino una junta proselitista de la internacional MAGA en Miami. El presidente electo de un país soberano no tiene nada que hacer acá.

Estados Unidos ya apunta a nuestras telecomunicaciones y a nuestros centros astronómicos. Mañana puede ser el litio, el agua de la Patagonia, la Antártica o Rapa Nui. ¿Qué haremos entonces? ¿Tendremos una estrategia de Estado o simplemente nos inclinaremos, una y otra vez, frente a las exigencias de un régimen que no conoce límites alguno?

¿Y volveremos a hacernos los lesos la próxima vez que nos castiguen por hacer lo que hemos hecho durante las últimas tres décadas: hablar de comercio, de negocios, con nuestro principal socio comercial, la comunista República Popular China?



en La Tercera, 1 de marzo, 2026
































sábado, febrero 28, 2026

«Exhortando a los otros», de Liao Xingzhi

Versión de Juan Carlos Villavicencio



un par de pájaros blancos se elevan hacia el cielo
nunca descuidan los momentos para cambiar
por todas partes verdes colinas rodean las aguas azules
y recto es el Camino, más allá de este orbe.














miércoles, febrero 25, 2026

«Killer Childhood», de Esther M. García

Fragmentos



 

I. 

Recuerdo el olor que despedía el pecho de mi abuela 
como si ésta fuera la vez primera que ella me cargó en brazos 

Olía como la lluvia cuando toca la tierra 
como el mar viejo y sucio en Acapulco 
como el vientre de mi madre que al igual que ella 
se deshizo de mí al nacer



II.

Recuerdo los brazos de mi padre 
tan fríos y oscuros 
entregándome al abandono       a la miseria 
a la tripa que rumba de hambre 
a un destino en espiral hacia la única luz visible
la chingada 

Mi padre 
el fatal verdugo depositándome en los brazos de mi abuela 
Mi monstruo preferido     grande y limpio 
siempre velando por mí



III. 

Mi granny 
mi grandmah 
mi grandpah 
mi padre y madre 
Toda ella fue el mundo que conocí 
y aprendí sus mañas 
su lenguaje 
su forma de reír 

Ella era un gran árbol y yo era el pequeño pájaro que masticaba
hambriento 
las largas raíces de su nombre



IV. 

Cuando miraba el mundo sólo existían tres formas 
—mi abuela y mis dos hermanas— 

Cuando yo miraba el mundo 
ese mundo no reflejaba nada de mí



en Sicarii, 2014
















martes, febrero 24, 2026

«Raíces», de Sharif Elmusa

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Hogar es donde la gente puede leer de forma 
correcta tu nombre en una lápida
ATILA JÓZSEF

Al nacer mis padres me llamaron
Sharif Said Hussein Elmusa
y así sucesivamente – una caravana de nombres
rezagados quedaron atrás
como si evitaran que me extravié
por rutas que sabemos más tortuosas.

Pero una noche, en un balcón alto
bajo una citadina luna llena,
una mujer
de las Rocallosas me abrazó
en el claro estanque de sus ojos,
como si yo fuera el primer Adán.
Y sólo seguí al amor.

El Tío Sam,
así como casual y eficiente,
inventor de la camiseta 
que simplifica la raza, 
encontró mi nombre demasiado barroco,
demasiado rebosante de importancia para mí,
por lo que arrancó al abuelo 
y al reducido padre 
incluso antes de su vejez
a una inicial: S.
Luego los editores terminaron el trabajo,
extirparon la atávica S.
y me dejaron soñar 
–como alguien que perdió su paraíso–
que camino con sigilo
por las calles de la ciudad, descalzo,
apenas en ropa interior.

Mira, mis incurables ganas
de seguir yendo y viniendo
de Damasco y Rabat
Cairo y Ammán
no es sólo poner la otra mejilla.
Ahí las fuerzas de seguridad en la frontera
mantienen sus toscos nombres y mostachos,
examinan mi pasaporte de izquierda-a-derecha
y se burlan de mí por volver a casa
a Washington. Nunca dejan
de preguntarme sobre el nombre de mi padre;
y disfruto enunciarlo:
Said Hussein.

Más gratificantes, todavía,
son los porteros de Israel.
Cómo se deleitan con la información.
No me dejan ir
hasta que han desenterrado,
entre otras cosas,
los nombres de mi lugar de nacimiento
el pueblo que sus padres
y abuelos han tomado
re-configurando sus viviendas y nombres;
hasta que desentierran mi conocido linaje 
hasta llegar a mi clan.

        Ustedes llámenme    
                                  Sharif.


















lunes, febrero 23, 2026

«Tristeza privada», de Bob Kaufman

Traducción de Ramón Hondal



 
Sentado aquí solo, en paz
con mi tristeza privada
desnudo de las adquisiciones
del ojo de la mente
visión invertida, al revés,
viendo solo las pertenencias
dentro de las paredes de mí,
sintiendo las raíces que me atan,
a este mero árbol humano
golpeando para liberarme,
conociendo que el éxito
de estos estallidos
se medirá
por la furia
de la caída
a la paz eterna
del fin de Todo.




en The Ancient Rain: Poems 1956-1978, 1981












Contribución a DscnTxt de Bruno Montané













domingo, febrero 22, 2026

«El control del universo», de Jean-Luc Godard

Traducido por Tola Pizarro

 


a media voz
con una voz suave
y débil
diciendo grandes cosas

importantes
asombrosas
profundas
y justas cosas

con una voz
suave y débil
la amenaza del trueno
la presencia de absolutos
con el canto de un petirrojo
en el fino detalle
de una flauta
y la delicadeza del sonido puro
todo el sol sugerido
en el esbozo
de una sonrisa
oh media voz
y una suerte de murmullo
en un francés infinitamente puro

quien no hubiese captado las palabras
quien lo hubiese oído a cierta distancia
habría creído que decía naderías
y eran banalidades
para el oído
reconfortado
pero ese contraste y esa música
esa voz
que apenas riza el aire
esa potencia susurrada
esas perspectivas, esos descubrimientos
esos abismos
y esas maniobras adivinadas
esa sonrisa prescindiendo del universo

evoco también para terminar
el susurro sedoso
solo y discreto
de un fuego que se consume
dibujando todo el cuarto
y que se habla
o que me habla
casi para sí

el espíritu sólo es verdadero
cuando manifiesta su presencia
y en la palabra manifestar
se insinúa «mano»[1]

el amor es la cumbre
del espíritu
y el amor por el prójimo
es un acto

es decir una mano tendida

y no
un sentimiento velado
un ideal
que pasa por el camino de Jericó
delante del hombre
despojado por los bandidos
policía, propaganda
estado
esa es la mano
ese es el nombre del dios tirano
que la orgullosa razón de los hombres
supo crear a su imagen

cuando la palabra
se destruye
cuando ya no es
el don
que uno hace al otro
y que compromete algo
de su ser
es la humana amistad
la que se destruye

tal es la inquietud de los pueblos
no es material
ante todo
es ante todo esa inquietud
del corazón y del espíritu
que nace de la muerte de las amistades
no creo
en las voces misteriosas
pero creo en el llamado de los hechos
consideremos los tiempos
los lugares en los que vivimos
la situación precisa
que nos es dada
y el llamado de ellos
y después
juzguemos

en la Europa de hoy
en esta Europa
dos clases
de naciones

las que se consideran
viejas
y las que se consideran
rejuvenecidas

las que conservaron
cierto número de posibilidades
pero que no saben bien qué hacer
con esa libertad de la que se jactan
y las que
hicieron o padecieron desde las guerras
una revolución de masas
y que
tienen libertad de opinión
es decir
libertad de quejarse
pero sin profunda pasión
y donde la miseria está por llegar
pero se diría que ya no hay nada
que hacer más que esperarla

la miseria
último argumento
último fundamento de la comunidad moderna
es el telón de fondo
de todos nuestros dramas
de nuestros pensamientos
de nuestras acciones
e incluso de nuestras utopías
está bien claro
que lo esencial no es
lo que piensa un dictador
no es la urgencia material
sino una verdad más alta
que es la verdad
a la altura del hombre
y yo agregaría
al alcance de la mano

ya es hora de que el pensamiento
vuelva a ser lo que es
en realidad
peligroso para el pensador
y transformador de lo real
allí donde creo
soy verdadero
escribía Rilke

unos piensan, se dice
otros actúan
pero la verdadera condición del hombre
es pensar con sus manos

yo no hablaría mal
de nuestras herramientas
pero las querría utilizables
si bien es cierto, en general
que el peligro no está en nuestras herramientas
sino en la debilidad
de nuestras manos
no por eso es menos urgente
precisar
que un pensamiento que se abandona
al ritmo de sus mecanismos
en verdad
se proletariza

quiero decir
que un pensamiento semejante
ya no se nutre de su creación
los otros forman al hombre
yo lo recito
quiénes son esos otros
ahora lo sabemos
son esas leyes
nacidas
del abandono del pensamiento
dónde están los responsables
no son partidos
no son clases
ni gobiernos

son hombres
uno por uno
sí, soy uno de ellos
hasta en la ira
desgarrado
por la insuperable ironía

y si no, yo no gritaría
pero el silencio
no es dado al hombre
por su esfuerzo
el silencio y la inteligencia miserable
sólo son obra del perdón

es asunto vuestro
y no mío
reinar sobre la ausencia
dice un poeta

la verdadera violencia
es la acción del espíritu
todo acto creador contiene una amenaza
real
para el hombre que se atreve
es por eso que una obra
sensibiliza al espectador o al lector
si el pensamiento se rehúsa a ponderar
a violentar
se expone a padecer infructuosamente
todas las brutalidades
que su ausencia liberó

a veces uno estaría tentado
de desear que en Francia
la actividad del espíritu
volviera a ser

pasible de cárcel
eso devolvería
un poco de seriedad
a los espíritus libres

en cualquier decisión
creadora
está la persona
de lo que se deduce
que toda la agitación del mundo
no es nada más
que una pregunta
que me es dirigida
pero que sólo
se precisa en mí
en el instante
en que me obliga a actuar

los partidarios del nosotros
se equivocaron
acerca de la persona
las contradicciones del mundo
figuran en la ecuación
fundamental
de cualquier existencia
x es una persona
un elemento creador
una libertad incalculable

el hombre
en tanto que hombre
es realmente un creador
pero un creador creado
es en la esperanza
en la que estamos salvados
pero esta esperanza es verdadera
porque el tiempo destruye el acto
pero
el acto es juez del tiempo

mientras que el acróbata
es presa

del equilibrio más inestable
pedimos un deseo

y ese deseo es
extrañamente doble
y nulo
anhelamos

que se caiga
y anhelamos
que resista
pero ese deseo es necesario

no podemos
no formularlo
con toda contradicción
y sinceridad
porque pinta ingenuamente
nuestra alma
en el instante mismo
ella siente que el hombre caerá
debe caer, va a caer
y en sí
consuma la caída
y se defiende de su emoción
deseando lo que presagia
él ya cayó
para ella
que no da crédito a sus ojos
su mirada no lo seguiría
sobre la cuerda
no lo empujaría más abajo
a cada instante
si ya no hubiera caído

pero el alma ve
que él resiste aún
y ella debe consentir
que hay razones
que hacen que resista
e invoca esas razones

les suplica que perduren
a veces, la existencia
de todas las cosas
y de nosotros mismos
se nos aparece
de esta forma

en primer lugar imágenes
pero de las
que habla San Pablo
que son una muerte
y una resurrección
olvidamos
por qué Joan Fontaine
se inclina
en el borde del acantilado

y qué iba
a hacer
Joel Me Crea
en Holanda

olvidamos
por qué razón
Montgomery Clift guarda
un silencio eterno
y por qué Janet Leigh
se aloja en el Bates Motel
y por qué Teresa Wright
todavía sigue enamorada
del tío Charlie
olvidamos
de qué Henry Fonda
no es
del todo culpable
y por qué
el gobierno estadounidense
contrató exactamente a Ingrid Bergman[2]


pero
nos acordamos
de un bolso de mano
pero
nos acordamos de un autocar
en el desierto
pero, nos acordamos
de un vaso de leche
de las aspas de un molino
de un cepillo para cabello
pero
nos acordamos
de una hilera de botellas
de un par de anteojos
de una partitura de música
de un manojo de llaves

porque con ellos
y a través de ellos
Alfred Hitchcock logró
allí donde fracasaron
Alejandro, Julio Cesar
Napoleón
tomar el control
del universo

quizás
diez mil personas
no olvidaron
la manzana de Cézanne
pero serán miles y miles
de espectadores
que se acordarán
del encendedor
del desconocido del Expreso del Norte

y si Alfred Hitchcock
fue el único
poeta maldito
que conoció el éxito
es porque fue
el más grande
creador de formas
del siglo veinte
y porque son las formas
las que nos dicen
finalmente
qué hay en el fondo
de las cosas
ahora bien, qué es el arte
sino aquello por lo cual
las formas devienen estilo
y qué es el estilo
sino el hombre

entonces es una rubia
sin sostén
seguida por un detective
que tiene pánico al vacío[3]
los que nos aportarán
la prueba
de que todo eso
no es más que cine
dicho de otra manera
la infancia del arte

en sus comienzos
sólo sentía
poca cosa
y creía
saberlo todo
más tarde
habitado únicamente
por la duda, el dolor
el espanto
ante el misterio
de la vida
todo comenzó a flotar
y ahora
que lo sentía todo
creía
no saber nada

y sin embargo
del descuido
a la inquietud
del registro amoroso
de los comienzos
a la forma vacilante
pero esencial
del final
es
la misma fuerza central
que gobernó
al cine

la seguimos desde adentro
de forma en forma
con la sombra
y el rayo de luz
que merodean
iluminando esto
ocultando aquello
haciendo surgir un hombro
un rostro
un dedo levantado
una ventana abierta
una frente
un pequeño niño
en un pesebre[4]

lo que se hunde
en la luz
es la resonancia
de lo que sumerge la noche
lo que sumerge
la noche
prolonga en lo invisible
lo que se hunde
en la luz
el pensamiento, la mirada
la palabra
la acción
enlazan esa frente
ese ojo, esa boca
esa mano
con los volúmenes
apenas percibidos
en la sombra
de las cabezas y de los cuerpos
inclinados en torno
a un nacimiento
a una agonía
o a una muerte

también
y quizás sobre todo
cuando sólo tiene
como instrumento
de trabajo
el blanco y el negro
incluso
él maneja el mundo
como un drama constante
que el día
y la oscuridad
modelan
cavan, convulsionan
calman
y hacen nacer
y morir
al capricho de su pasión
de su tristeza
las ganas desesperadas
de eternidad
y de absoluto
que conmueven
a su corazón

el farol de un auto
un rostro dormido
tinieblas que se animan
seres inclinados
sobre una cuna
donde cae toda la luz
un fusilado
contra un sucio muro
un camino fangoso
bordeando el mar
la esquina de una calle
un cielo oscuro
un rayo de luz sobre una pradera
el imperio del viento
descubierto en una nube
que vuela
hay sólo trazos negros
cruzados
sobre una tela rubia[5]
y la tragedia del espacio
y la tragedia de la vida
deforman la pantalla
con su fuego

sólo el cine
vio
que si cada uno
hace su tarea
las masas se organizan
solas
siguiendo un irreprochable
equilibrio
que la luz cae
donde debe
y soslaya
lo necesario
porque es útil
que ilumine un punto
de la escena
y porque la sombra
puede reinar en el resto
es el único
que siempre estuvo
presente
en todo
lo que miraba
el único que pudo
permitirse mezclar
el lodo
con el fulgor de los ojos
introducir fuego
en la ceniza
hacer brillar
en una mortaja
una rosa
o un azul pálido
tan lozano
como una rosa
su humanidad
es realmente formidable
es fatal
como la queja
devastadora
como el amor
dramático
como el intercambio
indiferente y continuo
entre todo lo que nace
y todo
lo que muere

mientras seguimos
nuestra marcha hacia la muerte
por los rastros de sangre
que la marcan
el cine no llora
sobre nosotros
no nos reconforta
ya que está
con nosotros
ya que él es
nosotros mismos
está allí
cuando la cuna se ilumina
está allí
cuando la joven se nos aparece
asomada a la ventana
con sus ojos
que no saben
y una perla
entre los senos
está allí
cuando la hemos desvestido
cuando su torso firme
tiembla
al latido
de nuestro ardor

está allí más tarde
cuando envejeció
cuando su rostro
se agrietó
y cuando sus manos resecas
nos dicen
que ella nada tiene en contra
de la vida
por haberla
lastimado
está ahí
cuando la mujer
nos abre sus piernas
con
la misma emoción maternal
que siente
al abrir sus brazos
al niño
está allí
cuando el fruto
cae de ella
una, dos, tres
oh cuántas veces
en su vida

está aún ahí
cuando somos viejos
cuando miramos fijamente
hacia la noche
que llega
y está allí
cuando morimos

y cuando nuestro cadáver
tiende el sudario
a los brazos de nuestros hijos
así es
soy de ustedes
soy
soy[5]

quien quiere
recordar
debe confiarse
al olvido
a ese riesgo que es

el olvido absoluto
y a
ese bello azar
que deviene
el recuerdo



en Historia(s) del cine, Caja Negra Editora, 2007








[1] Manifestér contiene en francés el término main. Godard dice en el texto «il y a mairi»: está (la palabra) mano. En español se optó por el empleo de «se insinúa» mano.

[2] Godard sostiene una novena serie en el nombre del «poeta maldito» Alfred Hitchcock. En nuestro recuerdo sólo queda el vaso de leche que Cary Grant le lleva a Joan Fontaine en La sospecha (Suspicion, 1941), y no los problemas económicos que piensa solucionar el personaje cobrando el seguro de vida de su esposa; el cepillo esgrimido por Vera Miles, quien interpreta en El hombre equivocado (The Wrong Man, 1956) a la esposa víctima de la locura, y no la confesión que motiva el arresto de su marido, interpretado por Henry Fonda; la caída en primer plano de las botellas de Pommard en Notorius (1946) o las aspas del molino girando a contraviento en Corresponsal extranjero (Foreign Correspondent, 1940) y no las historias de espionaje antialemán en las que se ven implicados los personajes interpretados por Cary Grant e Ingrid Bergman o Joel McCrea. Godard juega con la pregnancia de las imágenes en nuestra memoria más allá de las historias en las que estarían insertas. Montgomery Clift interpreta en M i secreto me condena (J Confess, 1953) el pape! de un sacerdote acusado de un crimen cuyo verdadero culpable conoce pero no puede revelar a causa del secreto de confesión. El bolso de mano es el que, en Psicosis (Psycho, 1960), contiene el dinero robado por Marian (Janet Leight), quien para su desgracia se detendrá en el Motel Bates, donde será asesinada por Norman Bates (Anthony Perkins). En La sombra de una duda (The Shadow of a Doubt, 1942), Teresa Wright interpreta el papel de la joven Charlie, enamorada de su tío y homónimo, el asesino de damas encarnado por Joseph Cotten. El autobús en el desierto es el que espera a Roger Thornhill (Cary Grant), a quien sus enemigos conducen a una trampa en Intriga internacional (North by Northwest, 1959). En Extraños en un tren (Strangers on a Train, 1951), el asesinato de Miriam Haines, perpetrado por Bruno (Robert Walker), aparece reflejado en los cristales de sus gafas. Por último, la partitura pertenece al suspense de El hombre que sabía demasiado / En manos del destino (The Man Who Knew Too Much, 1956), donde se ha planeado asesinar a un diplomático durante un concierto en el Albert Hall.

[3] Godard hace referencia a Vértigo (Vértigo, 1958) en la que la rubia (Kim Novak) es seguida por el detective (James Stewart). Sabemos que el detective tiene pánico al vacío después de haber visto morir en un accidente a un colega. A pedido de su marido el detective la sigue porque esta hermosa rubia tiene tendencias suicidas.

[4] Creche: en sentido familiar la palabra remite a habitación, pero en sentido religioso se trata, en la tradición navideña, del pesebre en el que el niño Jesús fue ubicado en el establo de Belén.

[5] Godard alude con el término toile blonde a un juego entre el adjetivo «blonde», que indica rubio, y el sustantivo «blonde» que indica puntilla. Alude, entonces, a un rubio o rubia o a una puntilla de seda cruda. O mejor aún, tal vez Godard esté pensando en la pantalla como una filigrana o tejido ligero. El fragmento citado corresponde a la imagen intervenida de una rubia en el filme Historia(s) del cine.





























sábado, febrero 21, 2026

«Un regalo de la nueva concubina del Emperador», de Lady P'an

Versión de Juan Carlos Villavicencio de la traducción de Kenneth Rexroth




Tomé un trozo de la excepcional tela de Ch'i,
de blanca seda pura y radiante como la escarcha sobre la nieve,
y te hice un abanico de júbilo y armonía,
tan impecablemente redondo como la luna llena.
Llévalo contigo siempre, guárdalo en tu manga.
Agítalo y creará una brisa refrescante.
Espero que, cuando vuelva el otoño
y el viento del norte aleje el calor,
no lo guardes entre los regalos viejos
ni lo olvides mucho antes de que se haya cansado.





en One hundred more poems from the Chinese:
Love and the turning year, 1970