miércoles, septiembre 08, 2010

"Respondiendo al Magistrado Chang", de Wang Wei

Versión de Juan Carlos Villavicencio



Ahora en la vejez amo sólo la quietud,
a mi corazón no le conciernen las cosas del mundo:
miro dentro de mí y no encuentro plan mayor,
sólo sé retornar al antiguo bosque de pinos
donde el viento agita mi deshecha faja.
La luna del monte brilla sobre el laúd.
¿Usted me pregunta la razón del principio y del final?
La canción del pescador se hunde en la orilla del río.














martes, septiembre 07, 2010

"Van Gogh", de Rafael Alberti






P
incelada
quemada.
Fuente
de aparente
corriente
desordenada.
Matutina,
golondrina
fuente.

Se arremolina,
campesina,
ondula.
Noche en círculo rueda,
azula
la arboleda.

Crepita,
carrasca infinita,
tizo,
el paisaje:
rescoldo movedizo,
mar,
oleaje.

Nuclear
demencia en amarillo,
pincel cuchillo,
girasol,
cruento
amarillo sol,
violento
anillo.

Gualda trigal,
verde alucinación,
naranja, bermellón,
metal,,
chilla,
pesadilla
mortal,
humilde silla.
Flor,
candela
amarilla.

Se corta,
se recorta
tu color,
se exalta,
vuela,
pintor.

Mas permanece lo que importa:
alta,
la estela.




en A la pintura, 1948













lunes, septiembre 06, 2010

"Chile, ese país con vista al mar", de Luis Sepúlveda

A propósito de loa 32 mapuche en huelga de hambre




Los méritos literarios de Isabel Allende están fuera de cualquier discusión, pero es necesario hacer algunas consideraciones respecto del premio nacional de literatura. En todos los países en los que se da este tipo de premios se supone que se trata de un reconocimiento a toda una vida dedicada a la escritura, en ningún caso se asimila el posible éxito de ventas de una escritora o escritor al potencial general de las exportaciones, sean estas de cobre o de papas fritas, porque esto es confundir el culo con las témporas. Tampoco se suele hacer del premio la polémica del año, pero en Chile, como el presente es -terremoto incluido- bastante sucio, se remplaza entonces con la actualidad burda y banal que llena las televisiones y casi todos los espacios permitidos.

De cara al mundo hay que tapar un hecho, ocultarlo, negar su existencia, porque los 32 mapuche que sostienen una prolongada huelga de hambre, con más que evidente peligro de sus vidas, es algo que ensucia la actualidad protagonizada por una especie de debate intelectual burdo y banal. Para la mayoría de los chilenos, sean estos escritores, escritoras, o gente dedicada al deporte de la chilenidad, los mapuche no existen, y si por casualidad se acepta que están ahí desde antes de la llegada de los europeos, es para considerarlos, o bien molestos en tanto no asumen su rol de decoración “étnica”, o gente del campo cuyo único futuro es proporcionar mano de obra barata. Mapuchitas para el servicio doméstico, aunque las peruanas son más baratas, o mapuchitos para servir de “hombrecitos” que saben de jardinería, gasfitería, capan gatos y entienden de yerbas silvestres.

Durante doscientos años se ha ocultado, ignorado, negado, un hecho que forma parte de nuestra historia más sucia, y ese hecho es el expolio, el robo, la usurpación de la tierras pertenecientes a ese gran conglomerado humano llamado pueblo mapuche.

Desde la declaración de una independencia dudosa y amañada por los primeros hijos y nietos de encomenderos -¿se puede celebrar esto?- hasta la recuperación de una democracia diseñada por el corset de la dictadura de Pinochet, los reclamos a toda luz justos de los mapuche han sido ignorados o relegados al carpetón de los problemas que se solucionan con el tiempo, es decir hasta cuando desaparezcan como pueblo, como nación, como etnia, como parte del todo cultural americano.

Incluso durante los mil días del gobierno de Allende apenas se rasguñó el problema aplicando los beneficios de una reforma agraria que ignoró el sentir cultural de los mapuche, que omitió su especial relación con la tierra, con el habitat imprescindible para la Gente de la Tierra.

A veces siento asco cuando, luego de unas rondas de pisco sour, rubiecitas y rubiecitos de todas las edades y pelajes sociales, manifiestan su orgullo de llevar algunas gotas de sangre mapuche en las venas. Entonces, “hay que llevar a este escritor, oye”, me invitan a su parcela o fundo en la región de la Araucanía, para que vea a los mapuche y esas cosas tan lindas que hacen en los telares. Si hay suerte -agregan- es posible que haya alguno tocando la trutruca.

Una huelga de hambre sostenida por más de una semana ocasiona alteraciones peligrosas en el organismo. Resulta evidente que una huelga de hambre mantenida por más de un mes lesiona de manera irrecuperable. Las alteraciones de ritmo cardíaco, de presión, aceleran la cercanía de la muerte, pero de la muerte de unos mapuche, de unos hombres y mujeres sobrevivientes de la Pacificación de la Araucanía –son muy porfiados estos mapuche -agregan- que se niegan a aceptar pasivos el final de su vida como pueblo despojado de una tierra sin la cual no saben, no pueden ni quieren vivir.

En el desierto de Atacama hay 33 mineros atrapados bajo una montaña. Son hombres valerosos que no deberían estar bajo toneladas de rocas si la empresa minera hubiera cumplido con las normas internacionales de seguridad laboral, que estarían con sus familias si en Chile la exigencia de cumplir con las normas no fuera considerada un atentado a la libertad de mercado. Esos mineros y la posibilidad legal -porque las leyes las hacen los patrones para beneficio de ellos mismos- de que la empresa no les pague los días que llevan sepultados, los días que permanecerán sepultados hasta que los rescaten, es parte del presente sucio de Chile, un presente inalterable desde el día en que la dictadura entregó al país a los caprichos del mercado, de ese mercado generador de fortunas dudosas como la del actual presidente. Y ese presente también ha sido ocultado, negado, o ignorado por todos los que han gobernado para mayor poder y gloria del mercado.

Da asco la epidemia de patrioterío burdo y banal que ha generado la tragedia minera. Da asco ver a sujetos como Leonardo Farkas, ese millonario de bronceado eterno made in Miami, de ricitos y porvenir político al estilo de Berlusconi o Piñera, regalando cinco millones de pesos a cada familia de los mineros atrapados, “sin intenciones políticas”, evidentemente. Cuando esos mineros sean rescatados -y deben ser rescatados cueste lo que cueste- , si a alguno de ellos se le ocurre insistir en un compromiso estatal que vele por la seguridad del trabajo, ¿le aplicarán la legislación anti terrorista?

Los mineros de Atacama, tal como el premio nacional de literatura, son parte de esa actualidad que tapa, oculta, niega, el presente más sucio, y ése es el largo presente de los mapuche.

Treinta y dos hombres del sur están en peligro de muerte porque piden la libertad de los prisioneros políticos de una democracia vigilada por los intereses de mercado. Piden el beneficio legal consagrado en un Estado de Derecho, piden que se les deje de aplicar la odiosa legislación anti terrorista que elimina la presunción de inocencia, y permite acusaciones de testigos encapuchados, juicios a puerta cerrada, tinieblas pseudo legales que los condenan a una toma de posturas radicales –y eso es lo que busca el Estado chileno- que justifique el exterminio, la “solución final” del problema mapuche.

En Chile, ese extraño país con vista al mar y atendido por su dueño, la actualidad inventada se come al presente cargado de suciedad e ignominia. Ahora, la actualidad serán los fastos del bicentenario, se babeará chilenidad en las fondas, hasta la mierda olerá a patriotismo, el bárbaro lema nacional “por la razón o la fuerza” será el himno aglutinador de millones de analfabetos sociales, y el en sur, en el profundo sur, los mapuche, la Gente de la Tierra, continuará su justa lucha negada, ignorada, oculta, reprimida, falseada por los paladines de la chilenidad que, según ellos, “llevan con orgullo gotas de sangre mapuche en las venas“.

Esos 32 mapuche que se juegan la vida en cárceles del sur, son la gente a la que cantó Ercilla cuando escribió sobre la tierra austral: “la gente que la habita es tan altiva/ tan soberbia, gallarda y belicosa/ que no ha sido por rey jamás vencida/ ni a extranjero dominio sometida”.













3 de septiembre, 2010















domingo, septiembre 05, 2010

“El corazón a contraluz”, de Patricio Manns

Fragmento






Cosmogonía de los olvidados y agonía de los redescubiertos. Según Drimys Winteri, la historia entera de la raza selk´nam podía dividirse en nueve largos períodos. Eventualmente, alguno de tales períodos concernía también a la raza qáwaskar o a la raza yámana, cuando no a ambas. Cada uno de ellos fue designado desde antiguo con la definición genérica de Época del mito, salvo el último. Así, los selk´nam reconocen al primer período como Época del mito de las montañas reencarnadas, el que engloba un lapso de tiempo durante el cual los montes, las montañas, las sierras y las cordilleras dejaron de ser accidentes geográficos para convertirse en los primeros miembros de la raza selk´nam. Esto parece querer explicar el gigantismo de su pueblo, porque en el origen eran mucho más grandes: el tiempo los fue desgastando hasta reducirlos a proporciones normales, aun cuando un selk´nam fuera siempre más alto, más fuerte y más sabio que el resto de los hombres que ya pasaban entonces por allí. Sin embargo, todos están de acuerdo para reconocer que la raza no nació en Tierra del Fuego, sino en la Patagonia.

Como los hombres, los animales eran de gran tamaño, y existieron especies a las que cataclismos milenarios extinguieron poco a poco. Una vez, media docena de selk´nam de ambos sexos persiguió una manada de guanacos gigantes que escapaba hacia el sur, huyendo del furor ígneo de ciertos volcanes. El llamado "estrecho de Magallanes" no existía y los dos océanos sólo se unían mucho más abajo, tras el peñón que ahora los navegantes de todo el mundo conocen con el nombre de Cap d´Horn. Hallándose los seis selk´nam en Tierra del Fuego se desencadenó una nueva catástrofe telúrica, por causa de la cual nació un abismo que dio su forma al límite norte de la gran isla fueguina. El mar ocupó el hueco así abierto, y los selk´nam que perseguían a los guanacos quedaron atrapados para siempre al sur del estrecho, pues no fueron un pueblo marino y se confesaron incapaces de reatravesar hacia el norte el grande y correntoso brazo de mar.

Los selk´nam aislados al sur eran cuatro mujeres y dos hombres. Esta mayoría femenina dio origen al segundo período, denominado Época del mito del gobierno de las mujeres. Winteri sostenía que los mayores secretos de la raza había quedado en manos -o en la memoria- de las hembras, y que, manejándolos con muchas precauciones, lograron dominar a os hombres por algunos milenios. En aquel entonces existían sólo las chamanas. Una chamana, en tiempos de hambruna, podía varar mediante un grito especial dos o más ballenas y alimentar así, durante la etapa crítica, a todos los selk´nam. Poseía también el poder -como castigo permanente o pasajero- de cancelar la sexualidad de cualquiera de los maridos, pues a la sazón, las hembras eran mayoritarias, y todas disponían de varios cónyuges que cazaban para ellas y sus hijos, turnándose en el lecho mediante un sencillo procedimiento llamado "la capa caliente": la capa de piel con que se cubría una pareja estaba siempre tibia, porque cuando un hombre abandonaba su cobija para salir de caza, era reemplazado por otro, que volvía con un guanaco muerto, un trozo de carne de ballena o una brazada de pescados. Este período terminó con el "Mná-Maten", el episodio sangriento y decisivo de la rebelión de los hombres, durante el cual los machos dieron cuenta de por lo menos tres cuartas partes de las hembras y transformaron, invirtiéndolas, las relaciones de poder.

Cronológicamente, sigue la llamada Época del mito de los héroes fornicadores, caracterizada por la supremacía de los hombres, el surgimiento de los primeros chamanes masculinos y la educación de los hijos varones a cargo del padre, que transmitía los grandes secretos a la progenie de su sexo. Los hombres estaban sedientos de venganza a causa de la dilatada crueldad ejercida contra ellos por las hembras, antes del "Mná-Maten". Así, cuando una de ellas faltaba a su pueblo o a su marido, era ejecutada mediante el castigo conocido como "Isse-Ohone", que consistía en que toda la comunidad masculina se turnaba ininterrumpidamente, día y noche, sobre el cuerpo de la culpable hasta darle muerte. En estos casos se trataba de un ajusticiamiento por sobredosis de esperma. Winteri sostenía que los selk´nam aborrecen desde siempre la visión de la sangre humana.

Durante la Época del mito de la subida al cielo del Sol, éste abandonó el hemisferio sur, limitándose a brillar sólo en la parte norte de la Tierra, probablemente debido a un cambio transitorio en el eje de rotación del planeta. Pero en los hechos, cuando el Sol regresó ya no volvió a trepar al cenit, sino que cumplió su periplo diurno girando en torno de los hombres sin abandonar la línea del horizonte. Así, había días y noches de veinticuatro horas. En aquel tiempo reculado se formó el continente antártico, sobre una tierra que hasta entonces estaba siempre llena de flores, y encima de la cual retozaban miles de especies animales. Ciertas canciones selk´nam del período dan cuenta de ese fenómeno. Las razas que habitaban allá regresaron a Tierra del Fuego a bordo de gigantescos iceberg, que se formaban durante los inviernos y se desprendían de la masa de hielo polar, abandonando las costas antárticas y navegando hacia el norte a la deriva. Encima de la lisa superficie del iceberg, a veces de dos o tres kilómetros de largo por uno o dos de ancho, construían sus toldos, practicaban deportes, cazaban aves y capturaban animales marinos que subían a cubierta.

A continuación, llega la Época del mito de los que trepaban hasta Kuanip, durante la cual el Sol se esconde y surge con mayor frecuencia, dando origen a noches y días más cortos. Aparecen diversas y numerosas especies de pájaros y animales y el guanaco se vuelve salvaje. Por el contrario, otra raza que probablemente constituía un injerto de zorro (vulpeja) y lobo acepta la domesticación y se convierte, de día, en compañero de caza del selk´nam, y de noche, en su almohada. Los chamanes viajan al final de la tierra, el Cabo de Hornos, para ellos "El Falso Ushcuf", donde, trepando hasta la cima de una montaña muy elevada, pueden consultar a Kuanip, el que les proporciona gradualmente algunas leyes de organización tribal, escritas en tabletas de escarcha. El chamán tenía justo el tiempo de memorizarlas antes que la temperatura más elevada de las tierras bajas derritiera la tableta, con ella el secreto que guardaba.

La Época del mito de la cotorra que predijo un mal milenio corresponde al tiempo en que enrojecieron las hojas durante el otoño, se endureció el pasto, algunos ríos se negaron a descender hasta las llanuras, formando lagos cerca de la cumbre de las montañas, dejaron de crecer la papa y el ajo, y la tierra selk´nam se cubrió de hielo.

A este período sigue la llamada Época del mito de los coleccionistas de prepucios, en la cual el clima mejoró ostensiblemente, surgieron espacios tropicales o microclimas, y llegaron desde el poniente miles de canoas trayendo a bordo cierta raza que huía de un archipiélago al que los volcanes rindieron inhabitable. Esta raza negociaba en prepucios, estos es, trocaba arcos y flechas de una extraordinaria factura por prepucios fueguinos y patagónicos. Un prepucio correspondía al valor del arco y la flecha. Es así que durante un milenio, selk´nam, qáwaskars y yámanas se convirtieron en pueblos circuncisos. Para los extranjeros venidos en las canoas, era considerado en seguridad aquel de entre ellos que conservaba una respetable cantidad de prepucios a buen recaudo. Quien reunía un centenar gozaba de no desdeñable prestigio. Normalmente el jefe era quien poseía más, y sobre todo, si en su colección figuraban prepucios de tamaños y colores diferentes. Los selk´nam creen recordar entre las historias explicativas narradas por ese pueblo acerca de su inhabitual afición, que antaño, en el curso de las guerras, los vencedores cortaban el prepucio al enemigo vencido, porque aquél ocupa en el cuerpo del hombre -pensaban- el lugar privilegiado donde se origina la vida, y además, es capaz de realizar un viaje repetido al interior de la mujer, viaje pleno de misterio y de goce que puede multiplicar a voluntad. El final de este período está marcado por el retorno de ese pueblo a su archipiélago originario y la desaparición de las costumbres circuncidantes entre los pueblos del austro. Por lo demás, ya habían aprendido a fabricar sus propios arcos y flechas, sus boleadoras, sus lanzas y sus cuchillos de sílice.

El esplendor de los selk´nam alcanzó su apogeo en aquel período conocido como Época del mito de la cabeza ambulante, durante el cual aparecieron en el seno de la comunidad los grandes doctores, o "kones", que desarrollaron y perfeccionaron muchas leyes tácitas y enseñaron a los selk´nam a recordar cada pasaje de su historia recitándolos noche a noche al calor de las fogatas, más que nada para que las generaciones jóvenes se impregnaran de aquel pasado pleno de inocencia y de paz, pasado que, salvo algunos episodios aislados y la célebre rebelión del "Mná-Maten", en que muchas mujeres murieron, no conoció jamás la guerra. Hasta que el tiempo les trajo el último período, la Época de los ríos de sangre y de los racimos de orejas, que obligó a los selk´nam a combatir por sus vidas y por sus tierras. Antes de conocer aquella forma de muerte violenta, un selk´nam vivía largo tiempo. Cuando sentía próximo su fin, se despedía de la familia y de los amigos cercanos y emprendía un viaje solitario y lento, internándose en los bosques. Una vez seguro de haber alcanzado el lugar de su reposo, se acostaba a dormir en posición fetal. Así emprendía el ascenso hasta las altas cordilleras del cielo. No cumplía ninguna ceremonia más.

La primera sangre nacida de la violencia llegó con la ya mencionada expedición de Hernando de Magallanes, y desde entonces, el rojo río no volvió cambiar el color de su curso. Pero aquella expedición, que había sido organizada con el propósito de volver a descubrirlos -pues a lo largo del tiempo los selk´nam fueron descubiertos y olvidados varias veces-, les enseñó rápida y certeramente muchas cosas acerca de la bestialidad de los visitantes, a quienes jamás confundieron con demonios ni con dioses. Los antiguos selk´nam tuvieron el triste privilegio de asistir al ajusticiamiento y descuartizamiento, por orden de Magallanes, de los capitanes Gaspar de Quezada y Luis de Mendoza. El bárbaro acto tenía como propósito reintroducir la disciplina entre las tripulaciones de las cuatro naves expedicionarias. El Capitán General abandonó poco después, en una isla del Estrecho, probablemente Dawson, al capitán Juan de Cartagena y al capellán de la nave San Antonio, Bernardo Calmeta.

Según Winteri, ningún selk´nam atentó contra la vida de los dos españoles abandonados, porque, como acostumbraba insistir, su raza no atacó jamás a un enemigo enfermo, dormido, desamparado, desarmado, herido o fornicando.





1996














sábado, septiembre 04, 2010

"Plegaria a un labrador", de Víctor Jara






Levántate y mira la montaña,
de donde viene el viento, el sol y el agua.
Tú, que manejas el curso de los ríos,
tú, que sembraste el vuelo de tu alma.

Levántate y mírate las manos.
Para crecer estréchala a tu hermano,
juntos iremos unidos en la sangre.
Hoy es el tiempo que puede ser mañana.

Líbranos de aquél que nos domina en la miseria.
Tráenos tu reino de justicia e igualdad.
Sopla como el viento la flor de la quebrada.
Limpia como el fuego el cañón de mi fusil.

Hágase por fin tu voluntad aquí en la tierra.
Danos tu fuerza y tu valor al combatir.
Sopla como el viento la flor de la quebrada.
Limpia como el fuego el cañón de mi fusil.

Levántate y mírate las manos.
Para crecer estréchala a tu hermano,
juntos iremos unidos en la sangre,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén. Amén. Amén.








1969

















viernes, septiembre 03, 2010

“Las escenas son sencillas”, de Yanko González Cangas






(A)

La primera es donde él la toma por sorpresa/ besando el pliegue que
sostiene las compras del hipermercado/ y ella bala como un bebé
de cientoveinteaños/ y comentan la segunda escena donde irán a encadenarse
con anillos calados/ él insiste en pararse justo al medio/ donde una rejilla
los sostiene de una vereda perforada hasta el abismo/ y olvidar hasta
más tarde que sobre sus techos explotará napalm con hijos/ ella dice
camina cariño de una vez por todas/ y pasan más de setenta-y-siete-meses-setenta-días-setenta-y-siete-horas/ él repite oculto por tercera vez la primera escena/
mientras ella
lo espera
con pescado.




(B)

La otra escena es más sencilla: ella baja las escaleras a topetones/ él la busca
cegado por el té hirviendo/ rociado antes por ella en la cara/ el lugar
donde se ha encajado la puerta/ para apresarla/los gritos se inclinan
hacia el oído feroz del vecindario/ él confunde la de salida por la del baño/ ella
queda inmóvil esperando un brazo/ él se golpea la frente con la loza/
se desparrama/ un auto frena y ennegrece parte de su acera/ ella
recibe un aire mecido por dos tepas/ él se ahoga en su sangre que busca un hueco/
ella se abriga calle abajo.




(C)

La última escena es donde ella le toma por sorpresa/ besando el pliegue
de las compras del hipermercado/ y él no escribe absolutamente nada
y cocina y sacude y riega todo el año/ y ella ordena cosas fritas/
que a él
le dan alergias.





en Metales pesados, 1998

Foto: Giselle Marino













jueves, septiembre 02, 2010

"Brando", de Diego Maquieira





Queríamos a Brando acá en el bote
queríamos recuperar a Brando
que llevaba siete años de prenda de guerra
encarcelado en la Capilla Sextina
convertida en celda de la conciencia
por los disciplinantes milenaristas
Pero los milenaristas no lo querían soltar
Estaban embelesados con la captura de Brando
y lo hacían pasearse mirando el techo
y con la primera bajada de cuello
amenazaban con agregarlo al Juicio Final
mientras afuera rodeábamos cómo sacarlo
cómo irrumpíamos sin rozar la capilla
Ma seguido de arduas comidas privadas
de bajas recíprocas y de graves daños
y con atentados colosales durante los postres
donde las llamas ensanchaban las sacristías
canjeamos a Brando por un Tiziano
guardado en el mar bajo armamento
para cubrir expensas de gustos caros
Así que así subimos a Brando al Harrier
y le abrazamos la papada en la nave
pero Brando venía difícil y contrariado
venía con la boca mordida de ayunos
y al posarnos suave sobre la cubierta del Cittá Felice
mandó a escobillar su abrigo de sacos
y soltó el racimo que traía en la lengua:
Prescindiré de recepciones ni cancillerías
Prescindiré del alcohol, de las pastas
de los helados de asiento de alcachofa
de los propensos excesos el desengaño
y de mis mujeres que me han crucificado
Pero no cruzaré el desierto
para hacerme perdonar
el oro del dolor que he inflingido
No fornicaré, no me deleitaré
ni me pondrán de rodillas
No quiero ni demostrar, ni sorprender
ni divertir, ni persuadir
Aspiro al fin de mí mismo en vida
y sin la constatación de mi muerte
Nadie me volverá a ver en mil milenios
El tiempo se está acabando. Es serio
Los dura sangre y las orugas de la miseria
no cejarán hasta devastarme. Lo sé
A un mimo como yo no puede permitírsele vivo.













en Los Sea Harrier, 1993











miércoles, septiembre 01, 2010

“La biblioteca neoconceptual”, de Carlos Almonte






Un río de fuego procedía y salía delante de él;
millares de millares le servían,
y miríadas de miríadas asistían delante de él;
el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos.

Daniel 7.10




De la palabra a la biblioteca

Las palabras más antiguas fueron escritas sobre sustancias resistentes, tales como piedra, mármol, tierra cocida, metal o madera. Pronto harían su aparición las superficies reductibles (que pueden ser dobladas o plegadas), como el papiro, la piel o los tejidos. Con el afán de usar elementos más manejables (aunque menos resistentes), se llegó a las tabletas de cera. Otros elementos como los cilindros de terracota o las tablillas de arcilla o de madera, servían para soportar la inscripción, pero no eran propiamente libros. Sólo con la llegada del papiro egipcio, el escriba comenzó a tomar relieve social. Del papiro se llegó al pergamino, del pergamino al papel, del papel al libro, y del libro, lógicamente, se llegó a la biblioteca (que otros llaman El universo).


Discriminación neoconceptual

La discriminación neoconceptual es una selección realizada con fines específicos; son estos fines los que determinan el tipo de selección que se llevará a cabo. Es decir, lo primero a tener en cuenta, incluso antes de la selección, es conocer el fin específico para el que será utilizado el corpus seleccionado.

Una buena selección no está conformada por los "mejores" libros existentes en la biblioteca, sino que por aquellos textos (suficientes en número y diversidad), que vayan en ayuda de conseguir el objetivo planteado en un comienzo.

Una buena selección dependerá, en buena medida, de tres factores. En primer lugar, del “conocimiento específico” del sujeto que selecciona. Por ello es aconsejable poseer una buena cantidad de horas de lectura, también de escritura creativa, al momento de abordar un ejercicio neoconceptual cualquiera. Asuntos subsidiarios, como son la teoría literaria o la crítica, no son del todo desaconsejables. En definitiva, mientras mayor sea el número de enfoques utilizados por el neoconceptualizador, las probabilidades de un resultado ineficaz disminuirán.

Por otra parte, el corpus a seleccionar (a discriminar) debe ser pertinente. Aun cuando la pertinencia de un corpus elegido no es comprobable, ni siquiera después de obtenidos los resultados (siempre quedará la duda de haber obtenido un resultado mejor con una selección diferente), nuevamente, el “conocimiento” del autor neoconceptual, determinará una mayor cercanía al ideal en la pertinencia del corpus elegido.

Además, hay que tener en consideración que el material disponible para realizar una selección es restringido (en espera de la existencia probable de un corpus ideal, absoluto y digitalizado), y que la pertinencia del corpus se verá inevitablemente delimitada por este hecho. Si la biblioteca se compone de tres revistas de moda y dos diccionarios, difícilmente se podrá generar, neoconceptualmente, un texto policial de aceptable coherencia.

Umberto Eco, en El nombre de la rosa, lo dice del siguiente modo: “No me asombré de que el misterio de los crímenes girase en torno a la biblioteca. Para aquellos hombres consagrados a la escritura, la biblioteca era al mismo tiempo la Jerusalén celestial y un mundo subterráneo situado en la frontera de la tierra desconocida y el infierno. Estaban dominados por la biblioteca, por sus promesas y sus interdicciones”. El Neoconceptualismo se relaciona con la biblioteca de manera directa. Niega la posibilidad del escondrijo, adecuando sus propios saberes al contexto escrito frente al que se expone. De ahí la importancia fundamental de la biblioteca en el ejercicio de la técnica neoconceptual.

Para el neoconceptualizador, la biblioteca es el corpus del que puede-debe extraer información que sirva para la producción de nuevos textos neoconceptuales (que a su vez extenderán el volumen de la biblioteca). El neoconceptualizador está, desde su origen, condenado (y/o restringido) al uso de la biblioteca, así como ésta tiene en aquél, a su más fiel albacea.

Es en la biblioteca donde el neoconceptualizador perpetra su asalto. Allí, rodeado de libros que facilitan su labor recopilatoria y re-combinatoria, se completa el círculo (¿vicioso?). En base a préstamos, citas, plagios, hurtos o robos, según se prefiera. De seguro, el ejercicio neoconceptual cae en, al menos, una de estas figuras, si es que no en todas.

En definitiva, si el Neoconceptualismo es un asalto en descampado a la biblioteca y a los autores que la componen, nadie podrá negar que se trata de un robo bien planificado, altamente especializado y con años de dedicación casi exclusiva. Un acto deleznable o distinguido, prepotente o laudatorio, basado desde siempre en el estudio y producción de un texto. El Neoconceptualismo sin la biblioteca no podría existir. Al revés, se podría suponer, sucede igual.





2001













martes, agosto 31, 2010

"A la sombra de Mammon", de Antonio Gil, y "Carta abierta a Antonio Gil y a diario La Nación Domingo", de Andrea Jeftanovic






NOTA DESCONTEXTO

Ante la vergüenza y consiguiente ira que nos ha dejado la aberrante medida tomada por el diario La Nación al haber despedido injustificadamente al escritor Antonio Gil, al dibujante José Gai y a la editora Ana Verónica Peña por la publicación de una columna del escritor intitulada "A la sombra de Mammon", además de la cobarde difamación que se ha hecho en contra de la escritora Andrea Jeftanovic, hemos considerado como deber ineludible dar cuenta de la columna en cuestión que escribiera Antonio Gil y de la reciente carta abierta enviada por Andrea Jeftanovic. Nos parece que las cobardes calumnias de las que ha sido víctima la escritora tras disentir levemente de la columna de Antonio Gil son sólo una distracción, probablemente iniciada por el o los responsables de las –también- cobardes represalias en contra de los ahora exprofesionales de La Nación.



A la sombra de Mammon
de Antonio Gil

A veces creemos entrever, como en sueños, erguida contra nuestro óseo roquedal andino y en el “puro cielo azulado”, la figura bella y feroz de Melpómene. Ella, la musa griega inspiradora de la tragedia se nos presenta siempre tal y como es descrita en los libros: “ricamente vestida, grave el continente y severa la mirada, generalmente lleva en la mano una máscara trágica como su principal atributo, en otras ocasiones empuña un cetro, una corona o un puñal ensangrentado”.

Otras veces, entre los silbos del viento sentimos allegarse la presencia sigilosa de Wekufu, el dios mapuche de la muerte y la destrucción, batiendo a Ngenechen, el dios de la vida. Y los números terribles se repiten en este ineludible triunfo de la fatalidad. El 27 de noviembre de 2005, 33 personas abordaron una embarcación de sólo 6 metros de largo, con capacidad para 16 ocupantes. Además la lancha llevaba carga. Las siempre peligrosas aguas del lago Maihue, que en mapudungun significa copa de madera, y el sobrepeso de la adicional, hicieron naufragar el pequeño lanchón.

Hay ocasiones en que el desastre (que como sabemos quiere decir “lejos de la estrella”) exige un poco más para su morral, como ocurrió el 18 de mayo de ese mismo año cuando en la zona cordillerana de Antuco, al interior de Los Ángeles, murieron congelados 44 soldados conscriptos y un sargento. La mayoría de las veces se trata de gente pobre, de miembros de los sectores más frágiles y abandonados de nuestra sociedad. Y entonces la bella e inexorable Melpómene y el fiero Wekufu se desvanecen para dejar su lugar a Mammon, el demonio judío de la avaricia y la codicia.

Desaparecen pues de nuestro imaginario de golpe las presencias idealizadas, sublimadas, de lo inevitable, y emerge, con un retintín de oro, el verdadero culpable de la totalidad de nuestros males. Un demonio cebado en el lucro y en la más extrema cicatería. Ese es el verdadero demonio que gobierna, desde hace ya demasiado tiempo, el alma de Chile, arrasando a la bella Melpómene y al guerrero Wekufu, quienes no hacen otra cosa que cumplir sus deberes cerrando los ojos. Si vemos caso a caso las grandes desgracias que ha sufrido el país, descubriremos tras cada una de ellas la sombra de Mammon y sus explicaciones y comisiones y mentiras. Balseraphs son nombrados en las antiguas tradiciones los “abogados infernales”.

“Los Balseraphs que sirven a Mammon pueden convencer a sus víctimas de que hasta el hecho más atroz será en extremo beneficioso”. Son los demonios que ofrecen indemnizaciones y compensaciones. Antes de la caída, Mammon era un serafín al servicio de Dios. Pero su corazón se llenó con el deseo del oro y se unió a Satanás en la rebelión contra el Creador. Cuando la guerra en el cielo terminó, según la tradición rabínica, “los pecados de Mammon eran peores que los de cualquier otro de los caídos”.

Y él hoy, por desdicha, ha penetrado incluso en las iglesias, en los ministerios, por no hablar de entidades financieras, que es donde pernocta diariamente. Wekufu y Melpómene retroceden con horror cuando ven el recorte de presupuesto para una nueva lancha en un lago remoto. Cuando se asoman sobre el hombro del contador, que con su lápiz rojo elimina defensas en los socavones mineros u “optimiza” los gastos en material de invierno para los soldados que sirven a la patria. Chile está en guerra. Tenemos que aniquilar a ese demonio antes que todos seamos avasallados por la bestia. //LND

en La Nación, 22 Agosto 2010




Carta abierta a Antonio Gil y a diario La Nación Domingo
de Andrea Jeftanovic

Estimados Señores:

Me dirijo a ustedes para plantear algunas reflexiones en relación a la polémica generada por la columna "A la sombra de Mammon", publicada el domingo 22 de agosto en el diario La Nación Domingo y, sobre todo, para expresar mi rechazo al curso de los hechos y aclarar mi postura con lo sucedido.

La mencionada columna me llegó a través de la red facebook, a propósito de ésta siete personas mantuvimos en ese espacio un debate sobre las interpretaciones y variantes contenidas en ella. Entiendo que el texto es principalmente una crítica a la avaricia, a la codicia, al excesivo afán de lucro, a la extrema cicatería. Repudio el hecho de que estos valores se hayan instalado en nuestra sociedad y que estén detrás de tres recientes desgracias humanas ocurridas en nuestro país (balsa en lago Maihue, ejercicio militar en Antuco y Mina San José); doblemente graves pues fueron provocadas por la negligencia y la avaricia de sus dueños o responsables al no haber proporcionado las condiciones mínimas de seguridad a pasajeros, soldados y mineros, respectivamente. Hasta aquí mi acuerdo con el texto es total. Sin embargo, para el desarrollo de esta idea medular, se ocupan tres figuras procedentes de distintas mitologías (griega, mapuche y judía). En mi opinión y en la de otras personas, como demuestran otras reacciones, resultó desafortunado tomar precisamente de la tradición judía la figura que habría de representar la avaricia y el control subrepticio del poder. ¿Por qué? Porque aunque sea una referencia mitológica, esos atributos son justamente los motivos que articulan los más extendidos y dañinos estereotipos que retratan al judío. Porque las metáforas también construyen realidades y significan por sugerencia, y es por lo tanto importante reflexionar sobre sus consecuencias. El caso se hacía especialmente problemático y delicado por los recientes episodios de ataques y amenazas de muerte que han recibido miembros e instituciones de la comunidad judía en Chile. No estoy diciendo que el texto debía producir ese único efecto, pero podía resultar ofensivo para algunos. Tampoco quiero decir que el sufrimiento y la discriminación sean patrimonio del pueblo judío. Muchos pueblos, religiones y etnias han sufrido y sufren ahora de todos esos males, incluso más cerca de lo que creemos. Igualmente pernicioso hubiera sido recurrir al imaginario de la cultura armenia, mapuche, musulmana o protestante si contribuyera a reproducir estereotipos que profundizan prejuicios y exclusiones que nos recuerdan lamentables persecuciones y muertes ocurridas a través de la historia.

En una sociedad democrática es absolutamente normal y deseable que las columnas de opinión despierten discusiones y distintas visiones. A veces esos debates o reclamos legítimos, ya sea en cartas institucionales o en foros colectivos son “diálogo de sordos”, pero incluso en los casos más obtusos (en un marco respetuoso, se entiende) estos contribuyen a la reflexión y a la empatía. En mi caso, como cualquier lectora, dejé mis críticas y disenso en la red social y para mí hasta ahí llegaba el asunto más allá que internamente le daba vueltas a los discutido. Pero lamentablemente el debate tomó los peores rumbos imaginados. Primero, porque incentivó una “caza de brujas” para con los y las participantes de ese foro privado (que se divulgó editado), publicándose injurias, mentiras, difamaciones, burlas sin importar mentir, ofender o amenazar en diarios digitales, sitios web, redes sociales. Y luego, porque se asoció absurdamente a otro hecho grave: el despido del autor de la columna, la editora del suplemento y el dibujante de la ilustración que acompañaba el texto. Y distingamos los acontecimientos. Puedo discrepar con la columna, pero creo en la democracia y en la libertad de expresión y la destitución de los tres profesionales es un acto represivo que vulnera derechos políticos básicos y daña la calidad de nuestra democracia. La censura es una práctica que condeno con toda energía. Prefiero el disenso aunque nos incomode. Y por eso no creo que los lectores debamos ser perseguidos y difamados por tener otras visiones. Así como rechazo categóricamente los despidos, también rechazo con la misma fuerza el abuso de ciertas personas en las redes virtuales y en algunos medios periodísticos que inventan y divulgan injurias (también pueden ser una fuerza opresiva), como otros espacios que fomentan el odio racial.

En términos de convivencia ciudadana este caso tuvo un lamentable final, cerró una posibilidad de discusión de conflictos más amplios como lo es el sistema económico, las desigualdades sociales, la tolerancia multicultural. El despido de los señores Antonio Gil, Ana Verónica Peña y José Gai, es un acto injustificado para con ellos, y todo lo que surgió alrededor de este caso no hizo más que exacerbar prejuicios y fanatismos. En suma, pierde toda la sociedad chilena, al menos la sociedad pluralista y democrática en las que muchos queremos habitar.

Les saluda muy atentamente,

Andrea Jeftanovic



31 de agosto, 2010











lunes, agosto 30, 2010

“Visión de São Paulo por la noche”, de Roberto Piva

Poema antropófago bajo el efecto de narcóticos






En la esquina de la calle São Luís una procesión de mil personas
enciende velas en mi cráneo
hay místicos hablando tonterías al corazón de las viudas
y un silencio de estrella partiendo en un vagón de lujo
fuego azul de gin y un tapete colorean la noche, los amantes
se chupan como raíces

Maldoror en copas de marea alta
en la calle São Luís mi corazón mastica un trecho de mi vida
la ciudad con chimeneas creciendo, ángeles lustrabotas con su jerga
feroz en plena alegría de las plazas, muchachas desarrapadas
definitivamente fantásticas
hay una floresta de cobras verdes en los ojos de mi amigo
la luna no se apoya en nada
yo no me apoyo en nada

soy puente de granito sobre ruedas de garajes subterráneos
teorías simples hierven mi mente enloquecida
hay bancos verdes aplicados al cuerpo de las plazas
hay una campana que no toca
hay ángeles de Rilke dando el culo en los urinarios
reino-vértigo glorificado
espectros vibrando espasmos

besos resonando en una bóveda de reflejos
caños tosiendo, locomotoras aullando, adolescentes roncos
enloquecidos en la primera infancia
los malandrines juegan yo-yo en la puerta del Abismo
veo a Brahma sentado en flor de loto
Cristo robando la caja de los milagros
Chet Baker gimiendo en la vitrola

siento el choque de todos los hilos saliendo por las puertas
partidas de mi cerebro
veo putos putas patanes torres balas chapas chops
vitrinas hombres mujeres pederastas y niños se cruzan y
se abren en mí como luna gas calle árboles luna medrosos impulsos
colisión en el puente ciego que duerme en la vitrina del horror
me disparo como una tómbola
mi cabeza se hunde en la garganta

llueve sobre mí y mi vida entera, me sofoco ardo floto
en las tripas, mi amor, cargo tu grito como un tesoro enterrado
quisiera derramar sobre ti todo mi epiciclo de ciempiés libertos
ansia furia de ventanas ojos bocas abiertas, torbellinos de vergüenza,
correrías de marihuana en picnics flotantes
avispas paseando envueltas de mis ansias
muchachos abandonados desnudos en las esquinas
angélicos vagabundos gritando entre las tiendas y los templos
entre la soledad y la sangre, entre las colisiones, el parto
y el Estruendo





traducción de Edgar Saavedra

en Paranóia, 1963













domingo, agosto 29, 2010

Entrevista a Karlheinz Stockhausen, de Björk

Introduce la entrevista Björk



Fui a una escuela de música desde los cinco años. Cuando cumplí doce o trece, empecé a estudiar musicología y un profesor y compositor islandés de la escuela me introdujo en Stockhausen. Recuerdo que era casi contestataria en la escuela, un bicho raro con verdadera pasión por la música, pero en contra de las píldoras retro de Beethoven y Bach. Mucho de ello se debía a la frustración obsesiva de la escuela con respecto al pasado. Cuando me inicié en Stockhausen fue un ¡Aaahh!. Al final alguien hablaba mi idioma. Stockhausen había dicho cosas como: “deberíamos escuchar música ‘vieja’ una vez al año y los otros 364 días escuchar música ‘de ahora’. Y deberíamos hacerlo de la misma manera en que miramos un viejo álbum de fotos de cuando éramos niños. Si miras muy a menudo fotos viejas, perderán todo su encanto. Empezarás a entregarte a algo que ya no interesa y dejarás de preocuparte por el presente.” Y así es como él miraba a toda esa gente obsesionada con la música vieja.

Por entonces tenía doce años y para alguien de mi generación aquello era brillante ya que al mismo tiempo me introducía también en bandas de música electrónica como Kraftwerk y DAF. Creo que en lo que se refiere a música electrónica y atonal, Stockhausen es el mejor. Fue la primera persona que hizo música electrónica, incluso antes de que se inventaran los sintetizadores. Me gusta compararlo con Picasso en este siglo ya que, al igual que él, tiene muchísimos períodos. Hay demasiados músicos que han hecho carrera dentro de un solo período. Él va un paso más allá, descubre algo que nunca ha sido hecho antes musicalmente y para cuando la gente llega a entenderlo, pasa a otra cosa.

Como todo genio científico, Stockhausen parece obsesionado con la idea de un matrimonio entre el misterio y la ciencia, pese a que son opuestos. Los científicos convencionales están obsesionados con los hechos; los científicos de genio con el misterio. Cuanto más se adentra Stockhausen en el sonido, más se da cuenta de que no se reconoce en tonterías, más se da cuenta de que se pierde. Me contó sobre la casa que construyó en el bosque, en la que vivió diez años. Está hecha de piezas hexagonales de vidrio y ninguna habitación es igual a la otra, todas son irregulares. Está formada tan solo por ángulos enfrentados y llena de reflectores. El bosque se refleja en toda la casa. Me explicó cómo, inclusive después de diez años, aún hay momentos en los que no se da cuenta de dónde está, y me lo dijo con los ojos maravillados. Yo le dije, “es brillante, puedes ser inocente aún en tu propia casa.” Él replicó, “no sólo inocente, sino curioso también.” Es todo un cómico.

Björk: Me parece que tu música electrónica se asemeja más a ti y que tus otras piezas son menos personales. ¿Sientes lo mismo?
Stockhausen: Sí, ya que muchas cosas que hago suenan a un mundo muy ajeno a este mundo. Pero la noción de “personal” es irrelevante. No es importante ya que es algo de lo que nada sabemos, pero me gusta y lo saco adelante.

Es como si pusieras una antena allí afuera y que eso fuese tu voz, tu punto de vista, venido desde otro lado. O bien algo… algo que no puedo explicar.
Tampoco puedo explicarlo yo. Lo que más importa no es lo personal, sino aquello que no conocemos. Tenemos que estudiarlo y experimentarlo. Tenemos suerte si podemos conseguir algo así.

¿Pero estás seguro de que no se trata de ti?
Bueno, muy a menudo me sorprendo a mí mismo. Y cuanto más descubro cosas que nunca he experimentado antes, más excitante se vuelve todo. Eso creo que es lo que importa.

Tengo un problema, tu música me emociona mucho. Pero siento pánico porque sé que no tengo tiempo para oírla toda. ¿Te preocupa que suceda algo así?
Sí y no, ya que ahora me he dado cuenta de que incluso mis trabajos más tempranos, los que hice hace unos cuarenta y seis años, no fueron comprendidos por la mayoría de la gente. De modo que forma parte de un proceso natural que encuentres algo que te sorprenda, más allá de que para los demás sea muy difícil incorporarlo a su propio ser. Así que pasaran 200 años antes de que un buen número de personas, o incluso unos pocos, lleguen al lugar al que yo he llegado, digamos, pasándome ocho horas en un estudio durante tres años. Para oírlo necesitas el mismo tiempo que yo pasé componiéndolo. Sin hablar además de llegar a entender lo que significa. Ciertos músicos crean algo que precisa que debas escucharlo muchas, muchas veces; eso es lo bueno. Y también ha de ser un proceso natural.

Sí, pero hablo además de la relación entre tú y tu propio ser, el tiempo que va desde que naces hasta que mueres. Si es suficiente para hacer todo lo que quieres hacer…
No, sólo puedes hacer una pequeña porción de lo que quieres. Naturalmente.

Sí, quizás yo sea muy impaciente. Es difícil para mí…
Ochenta o noventa años no es nada. Hay muchísimas piezas maravillosas del pasado que la mayoría de la gente jamás llegará a oír. Piezas extraordinariamente preciosas, llenas de misterio, inteligencia e inventiva. Pienso en este momento en ciertos trabajos de Johan Sebastian Bach, o de compositores más antiguos. Hay tantas composiciones fantásticas que tienen quinientos o seiscientos años que buena parte de la humanidad no conoce. Eso tomaría mucho tiempo. Hay billones de cosas preciosas en el universo para las que no hay tiempo de estudiarlas.

Pareces tan paciente, como si tuvieras una cierta disciplina del uso del tiempo. Me vuelve loca, yo aún no aprendí a sentarme bien en una silla, me resulta muy difícil. ¿Siempre trabajas ocho horas al día?
Y más.

¿Crees que lo central de tu deseo se dirige más a exponer o a grabar? ¿Lo haces para probar su existencia, como un científico, o es algo más emocional, crear un motivo para unir a la gente? ¿Tu música se dirige a eso?
Se dirige a ambas cosas.

¿A ambas?
Claro. Soy como un cazador que intenta encontrar algo y al mismo tiempo, en el aspecto científico, trata de descubrir algo. Por un lado, siempre siento una fuerte tensión emocional cuando llega el momento en que tengo que poner mis dedos en movimiento, mis manos y mis oídos, para cambiar de sonido, para darle forma. Es entonces que no puedo separar el pensamiento de la acción de los sentidos: ambas cosas tienen para mí la misma importancia. Pero mi compromiso es total y acapara los dos aspectos: tanto si soy un pensador como si soy un actor, me involucro completamente.

Solía viajar con mi pequeño radiocassette portátil y llevaba un bolsillo lleno de cintas. Siempre trataba de encontrar la canción adecuada. No me importaba cuál, en tanto y en cuanto pudiera unir a la gente. Pero a veces eso puede ser un truco bastante barato, sabes. Recuerdo haber leído una vez que una de las razones por las que no te gustan los ritmos regulares se debe a la guerra.
Oh, no, eso no…

¿Fue un malentendido?
Mmm, sí. Cuando bailo, me gusta la música convencional. Con cierta síncopa, naturalmente. Nunca debe sonar como una máquina. Pero cuando compongo, muy rara vez uso períodos rítmicos, y sólo lo hago en las estructuras intermedias, ya que creo que hay una evolución en el lenguaje musical en Europa que va desde ritmos periódicos muy simples a ritmos cada vez más irregulares. Así que me preocupo por la música que enfatiza este tipo de periodicidad minimalista, ya que de allí salen los impulsos y los sentimientos más básicos de las personas. Cuando digo “básico,” quiero decir “físico.” No somos sólo un cuerpo que camina, que corre, que se mueve sensualmente, que late –en caso de tener buena salud- 71 veces por minuto, o que tiene una cierta pulsión cerebral, sino además un sistema de ritmos periódicos. Aún dentro del cuerpo hay periodicidades superpuestas, algunas muy lentas y otras muy rápidas. Cuando estás tranquilo, respiras cada 6 o 7 segundos. Eso es periodicidad. Y todo esto en su conjunto forma una cierta música polimérica del cuerpo. Pero cuando compongo música, soy parte de su evolución y siempre estoy buscando más y más diferencias. Igualmente en cuanto a la forma.

¿Porque es más honesto, más real?
Sí, pero lo que la mayoría de la gente prefiere es un ritmo regular, incluso hoy en día que la música pop puede hacerse con una máquina. Creo que uno debería intentar hacer música que sea más… flexible, por así decirlo, un poco más irregular. La irregularidad es un desafío, sabes. ¿Qué tan lejos podemos ir haciendo música irregular? Podemos ir hasta cuando un pequeño instante caiga en la periodicidad y luego se pierda en diferentes compases y ritmos. Pero es así como ha ido evolucionando la historia después de todo.

Creo que hoy en día, en la música popular, la gente intenta afrontar el hecho de que vive entre todas estas máquinas y trata de combinarlas con lo humano, llegar a un matrimonio feliz entre las dos cosas. Quiero ser optimista al respecto. Fui criada por una madre que creía vivamente en la naturaleza y que me quería descalza las 24 horas del día, así que crecí con una gran complejo de culpa por los coches y los rascacielos, y me enseñaron a odiarlos, así que me siento como atascada en medio de todo esto. Puedo entender a esta generación diez años menor que yo que hace música, que trata de vivir con ello. Pero todo lo que tiene que ver con que estos ritmos regulares, pese a que son humanos, también parecen forzados.
Pero los ritmos regulares estuvieron siempre, en todas las culturas: son la base de lo estructural. No es si no poco después que empezaron a complicarse, así que creo que no fueron las máquinas las que dieron a luz a la irregularidad.

Sí, creo que lo que más me hace feliz es tu optimismo, en especial con respecto al futuro. Y creo también que estoy hablando de mi generación. Nos enseñaron que el mundo se iba a ir por los caños y que todos íbamos a morir pronto, y encontrar alguien tan abierto como tú, con tu optimismo, es algo especial. Mucha gente joven está fascinada por lo que haces. ¿Crees que se debe a tu optimismo?
Entiendo que los trabajos que he compuesto fueron fruto de mucho estudio, de aprendizaje y de experimentación. En particular experimentación con respecto a uno mismo. Eso da mucha confianza a la gente, aún hay mucho por hacer.

Y también quizás se deba a que has hecho tantas cosas que mucha gente joven puede encontrar un 1% que cree valioso y que puede identificar con lo que hacen.
Tal vez se deba a lo diverso de mis trabajos, aunque no puedan conocerlos todos. Al día de hoy tengo 253 trabajos, lo que serían unos 70 u 80 cds con diferentes tipos de cosas, todos diferentes, así que hay mucho que descubrir. Es como un mundo dentro de otro, hay muchos aspectos diferentes. Probablemente eso sea lo que me guste: que todas las piezas sean diferentes. No me gusta repetirme a mí mismo.

¿Crees que nuestro deber es llevar todo hasta su límite, usar todo lo que tenemos, toda nuestra inteligencia y todo nuestro tiempo, e intentar encontrar algo, especialmente si es dificultoso, o crees que sea más una cuestión de seguir tus propios instintos, dejar atrás todo lo que no nos emocione?
Pienso en mis hijos en este momento. Tengo seis y todos son bastante diferentes. Hay dos en particular, los más jóvenes, que aún están dirimiéndose ante muchas direcciones en lo que respecta al gusto o a la emoción, y otro de mis hijos, que es trompetista, intentó hace unos años volverse un maestro espiritual. Quería ser instructor de yoga y ayudar a la gente que estaba desesperada, animarla y hacerle creer en un mundo mejor, pero le dije que hay suficientes predicadores, que se apegara a la trompeta. Tardó algunos años en volver a la trompeta y ahora parece estar más concentrado y deja atrás la mayoría de las cosas que se le aparecen como posibles. Yo podría haber sido maestro, arquitecto, filósofo o profesor vaya Dios a saber de qué. Podría haber sido jardinero o granjero fácilmente: durante un año medio trabajé en una granja, estuve en una fábrica de coches por un tiempo y me gustaba aquel trabajo también, pero entendí al finalizar mis estudios, cuando aún estaba trabajando en mi doctorado y como pianista, que debía practicar piano cuatro o cinco horas al día, como instrumento solista. Tocaba todas las noches en un bar para ganarme la vida. Pero desde que compuse la primera pieza a la que sentí sonar diferente de todo lo que conocía, me concentré en la composición y perdí casi todo lo que el mundo me ofrecía, muchas otras facultades, modos de vida como los que acabo de contarte, todo tipo de emociones y de entretenimientos. Me concentré verdaderamente día y noche en este aspecto tan reducido: componer, interpretar, corregir y publicar mis partituras. Y para mí fue una elección acertada. No puedo dar consejos generales, ya que si no sigues lo que tienes dentro, no harás nada. De modo que hay que seguir lo que sientes dentro de ti y nada más.

Sí, como si siempre pudiese ir más lejos.
No lo sé. Sólo sé que no podría acabar nada que tiene sentido para mí si no me concentro enteramente en ello. Así es que me pierdo mucho de lo que la vida puede ofrecerme.

Pero aprendes a sentarte bien en una silla.
Sabes que también dirijo, no se trata sólo de sentarse en una silla. Dirijo orquestas, coros, ensayo muchísimo, doy muchas vueltas, dejo listos los altavoces a los técnicos, hago los arreglos de todos los ensayos. Así que no me lo paso sentado en una silla. Pero sé a qué te refieres. Sí. Es la concentración la vocación de uno.














Traducción de Martín Abadía














sábado, agosto 28, 2010

"Te diré quién eres", de Manuel Parra Aguilar







Desde mi balcón oigo cómo se dispersa el día.
La amenaza comienza cuando señalas con el
índice la sombra
de un árbol que trepa por las paredes.
es preciso que la rama se curve llena de pájaros.
Mas nada sigue a la única ave que vuela desde la
rama
             a este poema





para Nereyda Ávila Sandoval




en Revista Trifulca, nº 4, julio 2009













viernes, agosto 27, 2010

«Folleto presentando a Ubú Rey», de Alfred Jarry

Traducción de José Benito Alique




Tras el preludio de una música de demasiados metales para ser menos que fanfarria, y que es exactamente lo que los alemanes llaman una «banda militar», el telón descubre una decoración que quisiera representar Ninguna Parte, con árboles al pie de las camas y nieve blanca bajo un cielo muy azul, dado que la acción discurre en Polonia, país suficientemente legendario y desmembrado como para ser esa Ninguna Parte o, al menos, según una verosímil etimología franco-griega, ni con mucho alguna parte interrogativa.

Mucho más tarde de escrita la pieza hemos sabido que en otros tiempos existió, en el país del que fue primer rey Pyast, rústico hombre, un tal Rogatka o Enrique ventrudo, que sucedió a un rey Venceslao y a los tres hijos del mismo, Boleslao y Ladislao. no siendo el tercero Bugrelao; y, asimismo, que este Venceslao, u otros, fue llamado El Ebrio. No consideramos honorable escribir piezas históricas.

Ninguna Parte está en todas y, en primer lugar. en el país donde nos encontramos. Motivo por el cual Ubú habla francés. Pero sus numerosas faltas no son en absoluto vicios franceses, exclusivamente, puesto que los favorecen el capitán Bordura, que habla inglés, la reina Rosamunda, que algarea auvernés, y la muchedumbre polaca, que ganguea maulas y va vestida de gris. Aunque se transparenten determinadas sátiras, el lugar de la acción hace que los intérpretes no sean responsables.

El señor Ubú es un ser innoble, por lo que se asemeja –de cintura para abajo– a todos y cada uno. Asesina al rey de Polonia –es decir, hace trizas al tirano. lo que parece justo a algunos, pues tiene apariencia de acto justiciero– y, una vez rey, acaba con los nobles, luego con los burócratas y después con los campesinos. Así, desaparecido todo el mundo, asegura haber acabado con los culpables y se presenta como hombre de principios y medio. Por último, a la manera de un anarquista, pone en ejecución por sí mismo sus fallos, despedaza a la gente porque le apetece, y exhorta a los soldados rusos a que no disparen contra él, porque eso no le gusta. Es un poco fierabrás, y nadie le contradice hasta que se atreve con el Zar, a quien todos respetamos. El Zar hace justicia, le separa del trono, del que abusó, restaura a Bugrelao –¿merecía la pena?– y expulsa al señor Ubú de Polonia, con las tres partes integrantes de su potencia, integradas en el siguiente vocablo: «Cuernoempanza» (por el poderío de sus apetitos inferiores).

Ubú habla con frecuencia de tres cosas, siempre paralelas en su mente: de la física, que es la naturaleza comparada con el arte, el mínimo de comprensión frente al máximo de cerebralidad, la realidad de la aquiescencia universal frente a la elucubración de lo inteligente, Don Juan frente a Platón, la existencia frente al pensamiento, la medicina frente a la crisopeya, la milicia frente al combate singular, paralelamente, de la phinanza, o sea los honores en comparación con la satisfacción de sí por uno mismo, lo que es tanto como decir los universales engendradores de la literatura basada en el prejuicio de la cantidad, en comparación con la manera de ver de los clarividentes; y, paralelamente, de la Mierdra.

Quizás resulta inútil la expulsión del señor Ubú de Polonia, es decir, como ya hemos dicho, de Ninguna Parte. Y ello porque, si en un principio sabe recrearse con alguna artística ociosidad como «encender fuego mientras espera que le consigan leña» o patronear tripulaciones yateando por el Báltico, acaba por hacerse nombrar Gran Maestre de Hacienda en París. Pero menos indiferente resultará en ese lugar de la lejana Cualquier Parte donde, frente a los semblantes de cartón de unos actores que han tenido talento bastante para exhibirse de modo impersonal, un escaso público de inteligentes ha consentido ser polaco durante algunas horas.





Publicado luego en La Critique, 1896










jueves, agosto 26, 2010

“El fin de la ausencia”, de Jorge Morales






En un amanecer sediento de sol y luz,
desde el corazón del invierno,
el bello día tempranero
ha venido a conquistarme el alma,
con una música excelsa que huele
a flor renacentista.

La tibieza del sol es una caricia silenciosa
que se desliza, sobre una tierra y sobre un cielo
que recién han parado de gemir, hoy
que he vuelto a saber de ti.

Y pienso, quién habita lo infinito
y amarra los recuerdos con mirada de azor.
Quién trabaja en los fuelles de la Historia
hasta hacer surgir,
puro desde el fondo del fuego,
el oro de lo improbable.

El amor es la promesa incorruptible.
Es el mensaje escindido del último verano:
Se escucha aún la risa de su boca,
manchada de cerezas, tirados en la hierba,
sudados de calor, mientras aquí se despereza la memoria,
removiendo las cenizas dormidas
en tu ausencia.






en La casa de las arañas, 2010














miércoles, agosto 25, 2010

"Arauco tiene una pena", de Violeta Parra





Arauco tiene una pena
que no la puedo callar,
son injusticias de siglos
que todos ven aplicar,
nadie le ha puesto remedio
pudiéndolo remediar.
Levántate, Huenchullán.

Un día llega de lejos
Huescufe conquistador,
buscando montañas de oro,
que el indio nunca buscó,
al indio le basta el oro
que le relumbra del sol.
Levántate, Curimón. .

Entonces corre la sangre,
no sabe el indio qué hacer,
le van a quitar su tierra,
la tiene que defender,
el indio se cae muerto,
y el afuerino de pie.
Levántate, Manquilef

Adónde se fue Lautaro
perdido en el cielo azul,
y el alma de Galvarino
se la llevó el viento Sur,
por eso pasan llorando
los cueros de su kultrún.
Levántate, pues, Callfull.

Del año mil cuatrocientos
que el indio afligido está,
a la sombra de su ruca
lo pueden ver lloriquear,
totora de cinco siglos
nunca se habrá de secar.
Levántate, Callupán.

Arauco tiene una pena
más negra que su chamal,
ya no son los españoles
los que les hacen llorar,
hoy son los propios chilenos
los que les quitan su pan.
Levántate, Pailahuán.

Ya rugen las votaciones,
se escuchan por no dejar,
pero el quejido del indio
¿por qué no se escuchará?
Aunque resuene en la tumba
la voz de Caupolicán,
levántate, Huenchullán.




















martes, agosto 24, 2010

“A la mina no voy”, Canción popular colombiana

Letra según versión del Instituto Pedagógico Femenino del Chocó





A
unque mi amo me mate
a la mina no voy.
Yo no quiero morirme
en un socavón.

Coro: Don Pedro es tu amo
y él nos compró;
Don Pedro es tu amo
y él nos compró.
Se compran las cosas,
¡los hombres no!
Se compran las cosas,
¡los hombres no!
Y aunque mi amo me mate
a la mina no voy.

Coro: Tú eres su esclavo.

Solista: ¡No, mi señor!

Coro: Tú eres su esclavo.

Solista: ¡No mi señor!
Y aunque me aten cadenas
esclavo no soy.
En la mina brilla el oro
al fondo del socavón,
el blanco se lleva todo
y al negro deja el dolor.
El blanco vive en su casa
de madera con balcón,
y al negro en rancho de paja
con un solo paredón.
Cuando vengo de la mina
cansado del barretón,
encuentro a mi negra triste,
abandonada de Dios.
Y a mis negritos con hambre,
¿por qué?
Esto pregunto yo
y aunque mi amo me mate
a la mina no voy.
Yo no quiero morirme
en un socavón.
Y aunque me aten cadenas
esclavo no soy.












lunes, agosto 23, 2010

"La voz del homo sacer en 'Children of men' ", de Candelaria Cortés-Monroy




Si tomo la palabra, no es para defenderme de los actos
de los que se me acusa,
ya que sólo la sociedad,
que por su organización pone a los hombres en lucha

continua los unos contra los otros, es la responsable.
Ravachol



La figura del homo sacer, extraída del derecho romano, apunta al sujeto cuya vida no puede ser sacrificada (en términos de ritual) pero sí puede ser eliminada si dicha eliminación no constituye un delito, ya que está fuera de la ley.

El homo sacer moderno es el hombre sacrificable, matable, despojado de sus derechos de ciudadano (trabajo, salud, educación, entre otros) y se plasma en los “detenidos” de los campos de concentración del siglo XX. Para Agamben, el paradigma de la sociedad moderna es el campo (campos de concentración o de exterminio) más que la ciudad. Refugiados, clandestinos, inmigrantes, la cuestión nominal no interesa, la nuda vida es la existencia despojada de todo valor y derecho político, por lo tanto, si un homo sacer muere debido a la necesidad (hambre, miseria, falta de oportunidades), nadie es responsable.

Asimismo, para Agamben (siguiendo a Aristóteles) existe un paralelo entre nuda vida/vida política y voz/lenguaje en el sentido de que son estos segundos términos (vida política y lenguaje) los que diferencian al ser humano de otros tipos de existencia. Éste es precisamente el punto que pretendo abordar en Children of men [de Alfonso Cuarón, 2006, aka Hijos de los hombres, nota Dscntxt].

Lo que ocurre en la película es que la sociedad ha llegado a un punto en que el homo sacer se ha convertido en un sujeto masivo pero, al mismo tiempo, carece de voz (el lenguaje de Aristóteles). Por lo tanto la sociedad se va acallando, y como el hombre es lenguaje, la humanidad sucumbe ante esta falta de identidad.

Agamben dice que hay que plantearse o replantearse los conceptos de ciudadanía y nacionalidad y si bien esto se hace evidente en la película, la pregunta que debiera hacerse apunta más a la identidad en cuanto a ser humano, ya que es debido a esta pérdida de identidad que se produce esta “enfermedad” relacionada con la fertilidad. El hombre pierde su voz, pierde su identidad y por lo tanto es incapaz de generar vida, ya que ésta pierde su sentido básico, que es el manifestarse, relacionarse y posicionarse a través de una “voz” propia.

Pareciera que los distintos actores sociales tienen una voz, al manifestarse de diferente manera frente a la situación mundial (terrorismo, despotismo de estado, movimientos pro vida, la simple indiferencia), sin embargo, no hay un cuestionamiento introspectivo con respecto a los verdaderos motivos de la crisis general: todos la adjudican a elementos externos. Paralelamente, los refugiados representan a la masa oprimida, no tienen voz porque no tienen la posibilidad de posicionarse de ninguna manera que no sea como una escoria, un bulto, una entidad viviente que no aporta (nuda vida). Quizás el único personaje que se muestra de una manera distinta es el hombre que vive aisladamente con su mujer autista (se entiende que por algún trauma relacionado con esta nueva –o no tanto- sociedad), pero éste tampoco tiene la posibilidad de expandir su “voz”, quedando confinado a la derrota.

Entonces, la lucha por la vida pierde sentido en la medida que se anulan las voces; la sociedad completa se transforma en el homo sacer que se elimina a sí mismo porque no logra tomar conciencia de la importancia de su propia voz.












en La máquina de follar, 2007








domingo, agosto 22, 2010

"La virgen de los sicarios", de Fernando Vallejo

Fragmento






Algo insólito noté en la carretera: que entre los nuevos barrios de casas uniformes seguían en pie, idén­ticas, algunas de las viejas casitas campesinas de mi infancia, y el sitio más mágico del Universo, la cantina Bombay, que tenía a un lado una bomba de gasolina o sea una gasolinera. La bomba ya no estaba, pero la can­tina sí, con los mismos techos de vigas y las mismas pa­redes de tapias encaladas. Los muebles eran de ahora pero qué importa, su alma seguía encerrada allí y la comparé con mi recuerdo y era la misma, Bombay era la misma como yo siempre he sido yo: niño, joven, hombre, viejo, el mismo rencor cansado que olvida to­dos los agravios: por pereza de recordar.






1994














sábado, agosto 21, 2010

"Alba", de Ezra Pound

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




Tan fresca como las pálidas hojas húmedas
                               del lirio-del–valle.
Ella yace junto a mí al amanecer.












Alba


As cool as the pale wet leaves/ of lily-of-the-valley/ She lay beside me in the dawn.







viernes, agosto 20, 2010

“Dudas”, de Tristan Tzara







-He sacado el antiguo sueño de la caja como sacas tú el sombrero
cuando te pones el traje de muchos botones
cuando agarras el conejo por las orejas
cuando regresas de cacería
como eliges la flor de la maleza
y al amigo de entre los cortesanos.

Mira lo que me pasó
cuando llegó la noche lentamente como una cucaracha
buena para muchos como remedio, cuando enciendo
en el alma el fuego de los versos
me acosté. El sueño es el jardín preparado para las dudas
no sabes lo que es verdad, lo que no lo es
te parece que es un ladrón y lo fusilas
y después te comunican que ha sido un soldado
así ocurrió conmigo exactamente
por esto te llamé para decirme -sin error
lo que es verdad- lo que no lo es.





1914-1915

versión de Darie Novácenau