jueves, diciembre 20, 2007

Entrevista a Damon Mindelof y Carlton Cuse

Damon Lindelof y Carlton Cuse son dos de los principales guionistas de Lost, además de productores ejecutivos y cabecillas del podcast oficial de la serie. Ambos se han sometido al escrutinio de unos 40 medios de todo el mundo que han planteado, vía web, sus inquietantes preguntas sobre Lost.





¿Porque escogisteis Hawaii para filmar Lost?
CC: El ambiente, la localización de la serie nos parecía muy importante, como un personaje más. Después de ver varias opciones, Hawaii nos pareció la mejor. Es un lugar precioso y además no está tan alejado de la civilización como para que logísticamente fuera inviable.

¿Sabéis cómo acaba ya la serie? ¿Encaja con la idea que teníais al inicio?
DL: Siempre hemos sabido el final; lo que no hemos tenido claro es cuánto tiempo nos iba a costar llegar allí. De manera que sí, se mantiene la idea principal. Ahora, con 48 capítulos por filmar, estamos ilusionados con trabajar para llegar a ese punto que teníamos pensado.

¿Ya está decidido qué actor interpretará a Jacob? ¿Había aparecido ya Jacob antes del encuentro con Locke y Ben?
CC: Sí, sabemos cómo será representado Jacob. Fijaos en lo sutil de mi respuesta... [Cuse, en el original, dice 'depicted', sin confirmar si habrá un actor que haga de Jacob o será representado de otra manera; la cosa es no dar muchos indicios]. Y no, Jacob no apareció antes de ese encuentro con Locke.

¿Hay alguna explicación para los nombres de Locke, Rousseau, Hume [todos ellos conocidos filósofos]?
DL: Sí, son todos compañeros de bolos de Carlton... Oh, y también conocidos filósofos cuyas ideas hemos robado libremente para la serie.

4, 8, 15, 16, 23, 42... ¿Algún día sabremos realmente qué significan esos números?
CC: Explicaremos lo que quieren decir el 16 y el 23. Tenemos ciertas dudas acerca de revelar el significado del 4, el 8 y el 42.

Los personajes femeninos son independientes y se valen por sí mismos, no necesitan a los masculinos para ser creíbles. ¿Es algo premeditado o se ha ido construyendo al mismo ritmo que la serie?
DL: Es totalmente intencionado. Si Carlton y yo no lo hubiéramos hecho así, nuestras mujeres se hubiesen enfadado... En serio, ha sido una bendición contar con estas actrices. La independencia y la fuerza eran dos rasgos que buscábamos durante el casting. Con Elizabeth Mitchell, por ejemplo, supimos desde el primer momento que iba a ser una inyección para la serie. Si hay algún motivo para revisionar la tercera temporada, seguro que es para ver el crecimiento de su personaje.

¿Cuál es la razón para ver la tercera temporada en DVD?
DL: Una de las cosas que rompió el ritmo narrativo de la tercera temporada fue el parón. Los seis primeros capítulos fueron quizá demasiado oscuros y negativos, y centrados en Los Otros, antes de reunir al grupo y entrar en materia... Sin contar que los DVD tienen una gran cantidad de material extra, ver la tercera temporada de una vez mejora la impresión que se tiene de ésta; así que los DVD merecen la pena.

¿El secreto de la isla... implica que todos sus habitantes tienen que pagar un precio por estar ahí?
CC: Sí, unos 3.95 dólares... No, en serio: el tema de la serie es la redención. Todos los personajes sufren un proceso de confrontación con los fallos del pasado y recuerdan hechos que les llevan al corazón de sus emociones.

¿Qué crees que nos gustará más de los DVD de la tercera temporada?
CC: Nos entusiasma la idea de las 24 horas de Lost. Realmente muestra lo complejo que es el proceso de creación y realización de una serie... Y también nos motiva el lanzamiento en Blu-ray. Es la primera producción de ABC Disney TV en este formato y la calidad es impresionante. Además, la edición Blu-ray cuenta con algunas cosas en exclusiva, como por ejemplo algunas respuestas de Damon y mías...

¿Conocemos a la persona que está en el ataúd?
CC: Sí.

¿Qué fue lo más complicado de filmar en la tercera temporada?
CC: La estación subacuática, The looking glass. Requirió construir un set, un tanque de agua, efectos especiales...

¿Cuánta gente está en el proyecto de Lost? ¿Hay más gente que al principio o más o menos la misma?
CC: Hay cerca de 500 personas implicadas en el proyecto. La mayoría han ido rotando, no son los mismos; 400 de ellos están en Hawaii, donde se filma, y 100 en Los Angeles, donde se hace el resto.

Ahora que la tercera temporada nos ha resuelto algunas preguntas (y hecho otras), ¿qué podemos esperar de la cuarta?
DL: Lo mismo: responder viejas preguntas y plantear nuevas. Verdaderamente, creemos que la cuarta será novedosa en muchos sentidos y estamos muy entusiasmados con lo que estamos haciendo. Esperamos que sea tan sorprendente como creemos que fue la season-finale de la tercera.

Con tantos fans debatiendo sobre la serie... ¿alguna vez habéis cogido ideas suyas?
CC: Sí. ¿Tenéis alguna más?

¿Paolo y Nikki murieron porque no conectaron con los fans o porque quedaba bien matarlos así?
CC: Ambas.

¿Veremos muchos flashforwards en la cuarta temporada o eso sería dar demasiada información acerca de quién sobrevive?
CC: Los FF serán una parte muy importante de la nueva temporada, pero no hay que equivocarse: el FF que ya hemos visto no es el final de la serie...

Ya que Michael vuelve en esta temporada, ¿es posible que veamos a un Walt físico? ¿O sólo a uno fantasmagórico? ¿O quizá el actor ha crecido demasiado para quedar convincente?
DL: Michael vuelve, es definitivo. Y por lo que a Walt respecta... siempre supimos que Malcolm [el actor que interpreta a Walt] iba a crecer más rápido que el ritmo de rodaje. Y lo teníamos planeado. Confiad en nosotros, por favor...





La aparición de Jacob... ¿tenía intención de responder preguntas o de plantearlas?
CC: Quien crea que lo de Jacob daba respuestas... mal. En realidad, presentamos a Jacob porque queríamos que fuera algo más que un simple nombre, dada la importancia que tomará.

De la primera mitad de la tercera temporada hubo quejas acerca de la falta de respuestas. ¿Os preocupa haber ido demasiado lejos en la segunda mitad para compensar?
CC: No, creemos que al final de la temporada estaba equilibrado.

La tercera temporada ha visto cómo morían bastantes personajes principales. ¿Estaba previsto este baño de sangre?
CC: Este año íbamos a hablar de Los Otros, y así lo hemos hecho. El final de la temporada tenía que cerrar su historia, y para ello prometimos un enfrentamiento. Y ese enfrentamiento ha tenido consecuencias...

La mayoría de los personajes no son ni malos ni buenos, sino más bien ambiguos.
CC: En lugar de ambiguos, preferimos hablar de personajes complejos... Nos interesa mucho explorar esa doble faceta que comparten muchos personajes, y la lucha interna que todos tenemos con las cosas malas de nuestro pasado.

Después de tantos flashbacks, ¿habéis recurrido a los flashforwards por falta de ideas para los flashbacks? ¿Serán los flashforwards la norma o habrá equilibrio con los flashbacks?
DL: Era inevitable renunciar a parte del peso de los flashbacks, sin huir de ellos, pero había que cambiar un poco y encontrar un nuevo paradigma narrativo. Saltando al futuro tenemos más juego, porque no sólo habrá que adivinar de quién es el flashforward, sino cuándo está ambientado...

¿A qué personaje ha sido más difícil matar?
DL: Fue muy duro tener que decir adiós a Charlie. Decidimos que la temporada tenía que acabar con la muerte de un personaje principal, y lo preparamos ya desde principios de año. El sacrificio de Charlie fue complicadísimo de escribir, y la actuación de Dom lo hizo además muy duro de ver... Su muerte tiene aún reverberaciones al principio de la cuarta temporada.

¿Podemos comentar un poco las referencias al Mago de Oz que salpican la serie?
DL: El Mago de Oz, y también Alicia en el País de las Maravillas, son temas recurrentes en Lost. Ambos hablan de gente real buscándose en mundos fantásticos, y buscando al mismo tiempo una salida. Todas esas referencias (Henry Gale, los conejos blancos, globos...) están puestas como homenaje a esas historias que tanto nos han influenciado en nuestra forma de narrar.

Desde que se reveló que el secreto de la isla tenía que ver con los viajes en el espacio-tiempo muchas de las cosas inexplicables han cobrado cierto sentido. ¿Por qué lo desvelasteis?
CC: Cuando ABC/Disney nos permitió acabar la serie en 48 episodios nos pusimos a pensar una nueva manera de narrar, que incluye flashforwards. La serie es como un mosaico, y cuando todas las piezas encajen tendremos el total de Lost.

¿Cuántos días llevan los perdidos en la isla? Porque si llevamos la cuenta y la trasladamos a las seis temporadas, sale que Sun no debería morir por cuestiones del embarazo. ¿Es correcto?
DL: Ahora mismo estamos en menos de cien días en la isla, por lo que en principio esa teoría sobre Sun es correcta si las cosas siguen igual. Pero no olvides que el próximo año saltamos al futuro, así que...

¿Tiene nombre la isla? ¿Lo sabremos?
DL: La isla se llama Herbert Jablonski.

Ya que Charlie no muere a causa de la explosión... ¿por qué no intenta salir nadando?
DL: Por dos motivos; uno, porque cierra la puerta para salvar a Desmond, y el agujero generado por la granada es demasiado pequeño. Y dos, porque en cualquier caso sabe que va a morir, pase lo que pase.

¿Trabajáis con físicos para hacer más creíbles las tramas de ciencia-ficción (viajes espacio-temporales)? ¿A parte de los guionistas, quién más ayuda a escribir Lost?
DL: Por desgracia, los físicos están demasiado ocupados haciendo física como para echar una mano en Lost... La mayoría de cosas las buscamos, investigamos, procuramos darle credibilidad.

¿Hawking se llama así por Stephen Hawking? ¿Por qué no envejece?
DL: Hay una confusión: Hawking es la mujer del FB de Desmond [Fionnula Flanagan], mientras que tú te refieres a Richard Alpert. Hawking sí está bautizada por Stephen; Alpert también está bautizado por alguien famoso, pero no diremos quién...

La tercera temporada aleja a Jack y Kate. Sin embargo, al final parece que su relación es más fuerte que nunca. ¿Está hecho a propósito? ¿Por qué os empeñáis en demostrar que no tienen ninguna oportunidad de estar juntos?
CC: El triángulo Jack/Kate/Sawyer todavía tiene mucha cuerda... ¿Y quién dijo que no vayan a tener una oportunidad?

¿Ya sabéis cuál será la última imagen del último episodio de Lost?
CC: Sí, sabemos qué imagen aparecerá y no será una pantalla en negro [referencia a Los Soprano].

Vemos que el nuevo DVD contiene referencias literarias. ¿Qué referencia es la más obvia en la tercera temporada?
CC: Uno de los extras del DVD de la tercera temporada se llama The Lost Book Club (El club del libro de Lost). Allí hay respuestas... pero mi favorita es la de Aldo (miembro de Los Otros que guarda la puerta 23 en el séptimo episodio), que está leyendo A brief history of time.

Con todas las expectativas que creasteis con Walt, ¿no lo volveremos a ver nunca más?
DL: Sí, lo veremos de nuevo. Pero debéis tener paciencia, lo siento...

¿Usáis muchos efectos especiales?
CC: Grabamos la serie entera en la isla de Oahu, en Hawaii. Eso requiere grandes efectos visuales para que Honolulu parezca Irak, París o Nueva York.













miércoles, diciembre 19, 2007

"El buitre", de Franz Kafka






Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya me había destrozado los zapatos y los calcetines, y ahora ya me picoteaba los pies. Siempre daba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego continuaba su obra. Llego un señor, se quedó mirando un momento y me preguntó por qué aguantaba yo al buitre.

-Estoy desamparado -le dije-; llegó y comenzó a darme picotazos; yo trate de espantarlo y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy salvajes y quería írseme a la cara. Decidí sacrificar mis pies; ahora casi me los ha destrozado.

-No se deje sacrificar -dijo el señor-; basta un tiro y el buitre se terminó.

-¿Cree usted? -pregunté-, ¿quiere ayudarme en este trance?

-Con mucho gusto -dijo el señor-; sólo tengo ir a casa a buscar el revolver, ¿podrá usted aguantar media hora más?

-No lo sé -respondí, y por un momento quedé rígido de dolor; luego añadí-: por favor, inténtelo de todas maneras.

-Bien -respondió el señor-, voy a apurarme con mi revólver.

El buitre había escuchado con calma nuestro diálogo, mirándonos al señor y a mí. De repente me di cuenta que había entendido todo; voló un poco, retrocedió para darse el impulso necesario, y como un atleta que arroja la jabalina ensartó el pico en mi boca, hasta el fondo. Al irme de espaldas sentí cómo me liberaban; que en mi sangre, que llenaba todas las profundidades y que rebasaba todos los límites, el buitre, inexorablemente, se ahogaría.






martes, diciembre 18, 2007

“Cosmópolis”, de Don DeLillo

Fragmento




Fue paso a paso con Torval hasta el automóvil. Había dejado de llover. Buena cosa. Era claramente lo que tenía que haber sucedido. En la calle se posaba un relumbre de lámparas de sodio, un humor de suspense que fuera a desplegarse poco a poco.

- ¿Dónde está?
- Decidió quedarse –dijo Eric.
- Bien. No lo necesitamos.
- ¿Y ella?
- La he mandado a casa.
- Bien.
- Bien –dijo Torval-. Esto empieza a ponerse bien.

Alguien había acampado en la limusina. Estaba sentada en el sofá, medio arrellanada, a punto de quedarse a roque, toda de plástico y andrajos, y Torval la echó a patadas. Hizo un baile para desembarazarse de sus garras y se quedó allí como un apósito, un montón de ropa que a duras penas se tenía en pie, sus pertenencias envueltas en hatillos, bolsas de bocadillos para las limosnas, colgadas del cinto.

- Necesito una gitana. ¿Alguien sabe leer las líneas de la mano?

Una de esas voces sin uso, que suenan fuera del mundo.

- ¿Y qué tal los pies? Léeme las plantas de los pies.

Él rebuscó algo de dinero en los bolsillos y se sintió un poco idiota, un poco desilusionado, tras haber amasado y haber perdido sumas con las que se podría colonizar un planeta, pero la mujer ya se marchaba por la calle con sus zapatos de suelas levantadas, sin billetes ni monedas que encontrar en sus pantalones, sin documentos de ninguna clase.








lunes, diciembre 17, 2007

Miles Davis a través del espejo

Palabra de trompetista





FACETAS
"Sólo soy un trompetista. Sólo se hacer una cosa, tocar mi instrumento y esa es la base de toda la confusión. No soy un hombre de espectáculo y no quiero serlo. Soy un músico" (1963)

"Si no pudiera descubrir o enriquecer el arte, encontrar nuevos enfoques, me sentiría culpable de estar vivo. Preferiría la muerte a la ausencia de creación. No tendría ninguna razón para vivir si no pudiera componer, digamos, una composición que me satisfaciese. No que le guste a alguien, sino que me satisfaga, que le guste a mis amigos. Que me digan : "Sííí, Miles, qué bueno". Sin eso, no querría vivir. Sé que es egoísta. ¡Pero los genios son egoístas!" (1987)

"Estoy aquí abajo para tocar música, para interpretarla. Y es lo que hago. Es todo lo que quiero hacer. Y lo hago bien. Podría hacer un montón de cosas, pero lo fundamental, lo que me gusta, lo que está antes que todo, hasta respirar, es la música." (1987)

DEVIL MAY CARE
"El órgano me horroriza, me recuerda a la religión. Es el miedo lo que hace que la gente sea religiosa, y el sonido del órgano le recuerda ese miedo. De pequeño iba a la iglesia, pero hacia los seis años, le pregunté a mi madre por qué siempre en la iglesia me trataban de pecador aunque no hubiera hecho nada malo. Como no obtuve una respuesta satisfactoria dejé de ir a la iglesia. Hoy no creo en nada, salvo en mí mismo..." (1971)

IN A SILENT WAY
"Hay muchos buenos músicos, es evidente, pero pocos son originales. El trabajo básico hay que hacerlo con el sonido. El sonido es tu voz, tienes que buscarlo. Tocan notas originales, sin duda, pero no tienen un sonido propio. No es muy difícil tocar notas originales. El sonido, es otra cuestión. El sonido representa a uno mismo. Mira, escúchame: a la primera nota me reconoces, ¿no?, sabes que soy yo. Eso es el sonido. Cada cual tiene trabajar su originalidad, sus raíces. A veces, cuando me escucho, me parece que sueno demasiado banal, demasiado blanco, así que vuelvo a trabajarlo. Es algo muy exigente. En la actualidad, los saxofonistas no buscan un sonido propio. O no lo encuentran. Todos copian el sonido de Coltrane. Hay muy pocos sonidos originales en la música creativa. Mucho perfeccionismo, eso sí, mucha reproducción, pero muy poco sonido propio. El sonido sólo puede surgir del grupo, hay que esforzarse muchísimo. Ahora hay mucha competitividad, una especie de rivalidad deportiva. Se busca la perfección para hacer dinero, pero no hay sonido. El sonido, el dibujo, la ropa que llevo sobre el escenario, forma parte de lo mismo, es la búsqueda de un sólo color. Todo contribuye a la expresión de lo que eres." (1984)

"Para tocar un sonido, tienes que elegir... elegir la nota más importante. Aquella que fertiliza el sonido, lo que la gente llama las "notas hermosas". Se trata simplemente de notas fundamentales que tienen que ser tocadas." (1987)

"Cuando era joven, adoraba el sonido de mi profesor de trompeta. Era un negro que tocaba a menudo con Andy Kirk, y en el registro grave sonaba como Harold Baker. Busqué ese sonido de corneta. Es tan sólo un "sonido". ¡Pero funciona!… Si se leen tantas cosas sobre Beethoven, se debe a que la gente podía comprenderlo. A los demás, los que no eran comprendidos, no se les menciona. Por tanto, mi tono tiene que ser sencillamente el más fácil de entender. Como Louis Armstrong. Pero, sabes, tu sonido es... es como tu sudor. Es tu "sonido". (1987)

EZZ-THETIC
"Para tocar hay que tener a la vez imaginación y conocimientos. Si no, no vale la pena. Oigo a tíos que, si fueran boxeadores en vez de músicos, serían enviados a la lona, porque en boxeo no puedes hacer dos veces lo mismo."(1971)

"Cada nota significa algo diferente. Mira, trato de que mi saxofonista comprenda el problema de las frases. Hay que utilizar las frases del mismo modo que uno gasta el dinero por el que ha tenido que trabajar duro durante el día. Pero él las tira, las malgasta. Es igual que cuando un boxeador hace gestos inútiles y malgasta su energía." (1983)

"Debía tener unos quince años y tocaba con un batería en el Castle Ballroom de Saint Louis. Teníamos una orquesta de diez músicos, tres trompetas, cuatro saxos, etc. Me preguntó: "Pequeño Davis, ¿por qué no tocas lo que tocaste ayer? ¿ Qué? - ¿No sabes? - No. – Tocaste algo que provenía del puente de la composición... – No sé. – Si no sabes lo que tocas es como si no hicieras nada." La torta que recibí. ¡Pam! Me fui a buscar todo lo que pude, todos los libros, para aprender teoría. Ahora sé qué quería decir. Sé de qué nota hablaba."(1987)

"El boxeo es como la música: cada día se aprende algo. Boxeo porque me da fuerza. Y expulsa de mis pulmones el humo de la noche anterior. Y es bueno para tener buen soplo... Me permite quedarme pegado a la embocadura. No como esos músicos anticuados que se paran cada rato par respirar y, de este modo, hacen siempre frases de dos o cuatro compases. Son tíos que bajan la guardia. Yo no bajo la guardia cuando toco. En un grupo nunca debes dejar que el que toca detrás adivine cuándo vas a retirar el instrumento de tus labios y hacer una pausa. Es como en el boxeo, siempre hay que acorralar al adversario..." (1971)

FILLES DE KILIMANJARO
"Love, but no sex. No puedo echar un polvo y tocar luego trompeta. Es así. Desde el primer compás de un concierto soy capaz de adivinar qué hizo mi batería la noche anterior. Si no ha dormido no le queda nada. El entrenador de Joe Louis le decía a su mujer que si la veía rondar cerca de la sala, la mataba... Las chicas siempre están ahí para arrebatarle la fuerza a los músicos. Son peligrosas. Por otro lado, son ellas quienes realmente tienen un feeling por la música. Nos hacen componer canciones de amor, todas esas canciones de amor, todas diferentes, son ellas..." (1985)

SOMETHIN' ELSE
"Escucho música clásica, escucho a todos los compositores pero siempre vuelvo a Stravinsky. En mi opinión, hizo rítmicamente más que casi todos los demás. También me gusta Rachmaninov... Stravinsky compone sonidos que me dejan sin respiración, pero me gusta Rachmaninov por la forma. ¿Schoenberg? Sí, he escuchado todo eso. Me gusta Berg. Pero esa gente sólo compone una vez. Como Ibert, que hizo "Escales" y nada más de interés. Lo mismo pasó con Benjamin Britten: compuso "Peter Grimes" y ahí se quedó..." (1971)

THE MEANING OF THE BLUES
El blues no es más que un sonido, sabes, no es ni un nombre ni una palabra, no es una etiqueta, es tan sólo un sonido: el sonido bluesy. Mi música suena bluesy, cada vez más bluesy, sí, se puede decir así, pero siempre ha sonado así. Es el sonido negro de mi música. Lo que hay que decir es que el sonido del blues hoy se va extendiendo, se vuelve universal. Es el sonido de esta época." (1984)

CALL IT ANYTHIN'
"¿Jazz, rock, underground, clásico? Me niego a compartimentar los géneros. No es así como contemplo la música. Parto de una base completamente diferente. Cuando alguien que se considera un aficionado al jazz me dice que ya no toco jazz, me quedo perplejo. Nunca decido qué tipo de música voy a tocar, sencillamente porque nunca he pensado que la música se divide en diferentes categorías. Además, ¿cómo es un aficionado al jazz? Por lo general es alguien que siempre quiere oír los mismos viejos tópicos. ¿Por qué? ¿Acaso siempre lleva la misma ropa? ¿Sale siempre con la misma mujer? ¿Va siempre con la misma gente?" (1971)

"¡Mierda! El jazz está en un punto muerto. Sólo son tópicos, tópicos y más tópicos... En realidad, los americanos blancos no pueden tocar jazz. Copian, copian mucho. Copian todo lo que haces – todo." (1983)

"En Estados Unidos el jazz sigue teniendo una connotación de música inferior. Todo está hecho para que siga siéndolo, aunque los productores lo mezclan con otras salsas. Si Paul Whiteman no hizo tal cosa, entonces no vale. Lo nombran Rey del Jazz –o algo por el estilo– y se convierte en música blanca. Benny Goodman Rey del Swing. Se divirtieron mucho con el "Duque de Ellington" y el "Conde de Basie". Estoy seguro de que estos motes ni siquiera proceden de los propios músicos. Seguramente fue John Hammond quien los llamó así". (1986)

THE STRUGGLE CONTINUES
"Los blancos esperan de los músicos negros una determinada forma de comportarse – al igual que han puesto una etiqueta definitiva a la raza negra. Esto se remonta a la época de la esclavitud. El tío Tom es una creación de los Blancos. Cada niño negro crece viendo que la mejor manera de que los blancos le traten bien es haciendo muecas y el payaso. Esto ayuda a los blancos a tener menos remordimientos por sus actos contra los negros, y esto es algo que se prolonga hasta hoy. Si lo aplicas a los músicos, los blancos no sólo quieren vernos tocar un instrumento sino también hacer muecas y bailar. Odio hablar de racismo. Si digo que algunos de mis mejores amigos son blancos, no miento. Los únicos blancos a los que odio son los racistas. Si a uno le duele un zapato, pues no se lo pone. No me gustan los blancos que me hacen sentir que no pueden entender que los negros –pero también los chinos, los puertorriqueños o cualquier raza diferente a la blanca– deseen que su dignidad sea reconocida y deseen ser respetados. No digo que todos los negros sean seres maravillosos. Hay muchos negros que no puedo ni ver. Sobre todo los que actúan tal y como los blancos desean verlos actuar. Me sacan de quicio..." (1963)

"De un modo u otro, todos los negros, cualesquiera que sean, han sufrido persecuciones raciales. Un día, llamé a un electricista para arreglar algo en casa. Cuando llamó a la puerta, fui a abrirle. Me miró como si estuviera sucio. Me dijo: "Me gustaría hablar con el señor Davis." Cuando le dije: "Lo tiene delante", se puso colorado. Se imaginaba que yo era el portero. Estaba furioso y molesto. Que había hecho yo aparte de pedirle que hiciera su trabajo? Esa misma semana vi a varios reclutas de West Point. Y, en un bar me dirijo a uno y le pregunto por qué son tantos en la ciudad. Nada más hacerle las pregunta se dio la vuelta y se negó a responderme. Pero entonces, uno de ellos me reconoció y se puso colorado, exactamente como el electricista. Intento disculparse diciéndome que tenía todos mis discos. Le respondí que había pagado bastantes impuestos para que pudiera disfrutar de estudios gratuitos en West Point. Y me largué. Estoy seguro de que hoy me trata de hijo de puta. Esto me afectó hasta tal punto que no pude hace nada durante dos o tres días, fui incapaz de hacer nada. Dentro de dos o tres años, Gregory, mi hijo mayor, será llamado a filas. No puedo evitar imaginármello a las órdenes de este tipo." (1963)

"No quiero otro arreglista que no sea Gil Evans: estamos aún más unidos que si fuera mi hermano. El día que contraté a Lee Konitz, algunos músicos de color me reprocharon que contratase a un blanco mientras algunos negros estaban en el paro. Les dije que si un músico tocaba tan bien como Lee, estaba dispuesto a contratarlo, fuera verde o rojo." (1963)

"No pasa un día sin que esta discriminación me vuelva loco de rabia y como no puedo estar siempre furioso, utilizo la música para sacar mi ira." (1971)

FAT TIME
"Antes, cuando me pedían que participase en un concierto benéfico, consideraba que eran los blancos quienes tenían que ofrecerse a participar. Históricamente, han actuado de forma que el pueblo negro de Estados Unidos tenga que crear organizaciones como el CORE (Congress Of Racial Equality) y la NAACP (National Association for the Advancement of Colored People) que agrupan en su mayoría a blancos. Yo decía: "¿Por qué no hacemos un concierto benéfico en nuestro favor? Tenemos que adoptar otro método." Al final, toqué para el CORE. Pero, ¿adónde va el dinero en todo esto? Nunca dónde hace falta. ¿Qué africano quiere un tazón de arroz mierdoso? Una hora después, volverá a tener hambre. Necesitan medios reales para poder atender sus necesidades por sí mismos. Mira el ejemplo de Arizona: Scottsdale era un desierto, regado con pequeñas mangueras que no valían nada. Y la tecnología moderna la transformó en una región fértil. Esto es lo que necesita África y no compasión en plan: "Oh, mira este pobre negrito tan flaco, con el pito manchado de barro" ¡No!" (1986)

APRIL IN PARIS
"La música era toda mi vida hasta que conocí a Juliette Gréco. Me enseñó lo que significaba querer algo distinto a la música. Probablemente, Juliette fue la primera mujer a la que amé como un ser humano, en un pie de igualdad. Era hermosa. Teníamos que comunicarnos mediante expresiones, con el lenguaje corporal. Ella no hablaba inglés y yo no hablaba francés. Nos hablábamos con los ojos, los dedos. Con este tipo de comunicación, uno sabe que el otro no le cuenta mentiras. Tienes que moverte por los sentimientos. Era abril en París. Sí, y estaba enamorado." (Miles, la Autobiografía, 1989)

"En París, un día, esta rodeado por fotógrafos y periodistas. Hablábamos tranquilamente. Algunos me preguntaron: "¿Por qué decidió hablar con nosotros" Les respondí: "Porque me escucháis." (1984)

"[En Francia] el público tiene una gran nivel de escucha. Está receptividad no viene de ayer. Ya en 1949, comprobé que los franceses adoraban a Sydney Bechet. Un trompetista que se llamaba Aimé Barelli tocaba como Harry James. Era mi primer concierto en Europa. Cuando desembarqué, sentí que mis dedos me decían: "¡Estás libre!" Iba al restaurante sin preocuparme si iban a servirme o a echarme a la calle." (1986)

YOU AND I
"No tocaré allí donde van esos blancos con los bolsillos llenos de dinero y para quienes la música es una manera de excitarse y excitar a las tías que les acompañan. No van a escuchar buena música. Beben demasiado, son ruidosos. Van para que les vean y oigan. Saltan, gesticulan y bailan. No tienen ninguna compostura y no respetan a sus mujeres. Si hay un grupo negro sobre el escenario, lo que quieren en realidad es ver un espectáculo en plan "tío Tom". Luego está ese tío que vocifera "¡Hey, colega! Toca "Sweet Georgia Brown". Y entonces, haces una mueca y tocas el tema. Odio tocar en un sitio lleno de esa gentuza. Si no existiese otro tipo de público, me quedaría en casa y viviría de las rentas." (1963)

"Antes que nada, toco para mí. Si hay gente que viene a escucharme, mejor." (1971)

"Normalmente, el público te dice qué quiere oír. Si al componer música anticipas lo que quieren oír y les gusta, pues perfecto. El problema es combinar tu música con sus sentimientos." (1983)

NOW'S THE TIME
"No comprendo que la gente escuche viejas grabaciones como Birth of the Cool o Miles Ahead. Me es absolutamente imposible escuchar estos discos. Mañana, seguramente ya no podré escuchar el disco que hoy está en mi tocadiscos. Y ocurre con todos los discos. Escucho un disco durante una o dos semanas y ya está. Hace unas semanas, escuché a Rachmaninov y, posiblemente, no lo volveré a poner en el tocadiscos. Tal vez nunca." (1971)

"En el estudio, siempre existen limitaciones. En directo las cosas funcionan. Una sesión de grabación es como pan rancio: no es nada. De verdad, me considero feliz si puedo soportar escuchar un disco que acabo de grabar. Cuando tocamos en directo, no tenemos que pensar en el tiempo, en el momento en que tendremos que terminar." (1971)

"No tenemos tiempo para "Body and Soul", "I Got Rhythm", "So What" o Kind of Blue. Ahí están. Los hice en un momento determinado, en el momento oportuno, el buen día y ya está. Se acabó, está grabado. La gente me pregunta por qué no toco esto o aquello. Que vaya a comprarse el disco. Lo puede encontrar. Lo que le gusta está en el disco. No soy yo al que quiere, y no quiero que me quiera por Kind of Blue. Debe quererme por lo que hacemos ahora." (1987)

STABLE MATES
"Art Blakey toca lo mismo que hace cuarenta años, pero lo toca como si alguien acabase de enseñárselo y le hubiera gustado. Como si el mismo Jesús se le hubiese acercado y le hubiese dicho: "Es para ti, tócalo" (1985)

"Wynton Marsalis (...), es un buen chaval y un músico fantástico; ha estudiado mucho. Pero no entendí su discurso en los premios Grammy. A veces la gente habla como si les hubieran hecho una pregunta. Pero nadie le había pregunta nada. Como si a Marvin Hagler le preguntan: "¿Qué opina del combate?" Y responde: "Voy a demostrar a la gente que soy el campeón." ¡Nadie le pidió que demostrara nada! Y Wynton me pareció que se consideraba el salvador del jazz. Pero no quiero decir nada contra él. A mucha gente no le caigo bien porque no digo nada. Pues bien, hay otros que hablan demasiado." (1984)

"Por ejemplo, Wynton [Marsalis]. No tiene un sonido personal. Freddie Hubbard casi tiene uno. Woody Shaw es un trompetista de verdad, creativo. Como Dizzy. Pueden tocarlo todo, quiero decir que Dizzy todavía es capaz de tocar un buen solo." (1987)

"Dizzy [Gillespie] sigue teniendo mucho talento pero no lo explota realmente. Tiene todavía por delante unos quince o veinte años, debería aprovechar para tocar lo que quiere, en vez de hacer lo que piensa que desea la gente. A los doce años ya era independiente, ¿por qué se preocupa hoy de los demás." (1975)

"Me gusta Stan [Getz] porque tiene mucha paciencia. Ahí donde los demás no sacan nada de una canción, él todavía lo logra. Esto exige mucha imaginación, y los que la tienen son muy escasos." (1975)

"Ornette Coleman hace el ridículo cuando toca la trompeta. Pero toca cada nota con tanta seriedad que la gente se queda impresionada, sobre todo los blancos –siempre los engañamos, siempre quieren ser mas vanguardistas que nadie" (1975)

"Herbie Hancock quiere ser demasiado intelectual. Necesita unos cuantos retoques... Pero es el mejor." (1975)

"¡Nadie puede tocar tan mal! La próxima vez que me encuentre con Eric Dolphy, le pisaré los pies. Publicad esto: lo encuentro ridículo." (1975) (1)




Nota:
(1) Se habrán equivocado de fecha, ya que Eric Dolphy ya no era de este mundo.



Publicado inicialmente en Jazz Magazine.
Traducido por Juan Carlos Hernández y Diego Sánchez Cascado.






domingo, diciembre 16, 2007

"Variaciones del árbol", de José Lezama Lima

II



(Destrucción de la imagen del árbol por la noche)

La caída del árbol le distingue.
Lento, si asciende, su atracción no crece.
Sólo es el árbol, quedando empieza
a destruir su espacio; quemándose, retorna.

Ya en los ojos la imagen bien hilada,
las ramas vacilan en su incendio.
Y los ojos, las piedras, sus hojas abren
al nuevo siglo, que en mi sangre cruje.

Quedaba un árbol, su imagen y la noche.
Inmóvil fiera, pegada y voluntaria,
escarba con sus uñas, destruye con su aliento.

La noche se trenza con el árbol.
Duramente incorpora su espacio sobre el móvil
río que la destruye caminando.



sábado, diciembre 15, 2007

Tres poemas de Pedro Shimose






La Esfera y el Río


Se engaña y engañándose te engaña
sin querer. No ve más que el dolor lento
de las cosas. Ignora el movimiento
de la luz. El ve sólo la montaña.

Es su realidad una maraña
de símbolos, un puro sentimiento
o un sueño donde el sueño es pensamiento,
cristal de tiempo que la sangre empaña.

Ojo burlado y burlador, tu instante,
tu fragmento de certidumbre inerte
no ve sino diamante en el diamante.

Tú sabes lo que sabes al no verte
e ignoras lo que ignora el nigromante,
lo que ignora la vida de la muerte.



Mecánica de los Cuerpos


Acaricio tus formas
suaves
como dunas
que no hay;
beso tus pezones
                                enhiestos y rosados
como un amanecer.
Tu cuerpo, emblema
crepitante;
                        mi alma
                                        tiembla
al puro estado de belleza.
                                                Tus ojos.
Reposa en ti el impulso
de una corriente
                                azul. Desciende
a mí
tu voz.

La armonía
conquista los espacios
                                    del tiempo
                                                inasequible.



Dilución del Puñal


Desciende
soñándose
perverso,

rasga el aire,
se desliza,
corta el
agua y
cae,

contempla
su caída,
inventa
animalitos
de ternura,

recuerda
ríos de amor
bajo la noche
poblada de
leones,

brilla
en el papel
de estaño,

envuelve
lunas, se
hunde en
el espejo;

al otro
lado del
cristal

gira,
lenta,
su muer
te.

La san
gre se
diluye
en el
pai
sa
j
e










viernes, diciembre 14, 2007

“Los bebedores de sangre”, de Horacio Quiroga





C
hiquitos:

¿Han puesto ustedes el oído contra el lomo de un gato cuando runru­nea? Háganlo con Tutankamón, el gato del almacenero. Y después de ha­berlo hecho, tendrán una idea clara del ronquido de un tigre cuando anda al trote por el monte en son de caza.

Este ronquido, que no tiene nada de agradable cuando uno está solo en el bosque, me perseguía desde hacía una semana. Comenzaba al caer la no­che, y hasta la madrugada el monte entero vibraba de rugidos. ¿De dónde podía haber salido tanto tigre? La selva parecía haber per­dido todos sus bichos, como si todos hubieran ido a ahogarse en el río. No había más que tigres: no se oía otra cosa que el ronquido profundo e incan­sable del tigre hambriento, cuando trota con el hocico a ras de tierra para percibir el tufo de los animales.

Así estábamos hacía una semana, cuando de pronto los tigres de­saparecieron. No se oyó un solo bramido más. En cambio, en el monte volvieron a resonar el balido del ciervo, el chillido del agutí, el silbido del tapir, todos los ruidos y aullidos de la selva. ¿Qué había pasado otra vez? Los tigres no desaparecen porque sí, no hay fiera capaz de hacer­los huir.

¡Ah, chiquitos! Esto creía yo. Pero cuando después de un día de mar­cha llegaba yo a las márgenes del río Iguazú (veinte leguas arriba de las cataratas), me encontré con dos cazadores que me sacaron de mi ignorancia. De cómo y por qué había habido en esos días tanto tigre, no me supieron decir una palabra. Pero en cambio me aseguraron que la causa de su brusca fuga se debía a la aparición de un puma. El tigre, a quien se cree rey incon­testable de la selva, tiene terror pánico a un gato cobardón como el puma.

¿Han visto, chiquitos míos, cosa más rara? Cuando le llamo gato al puma, me refiero a su cara de gato, nada más. Pero es un gatazo de un me­tro de largo, sin contar la cola, y tan fuerte como el tigre mismo.

Pues bien. Esa misma mañana, los dos cazadores habían hallado cua­tro cabras, de las doce que tenían, muertas a la entrada del monte. No es­taban despedazadas en lo más mínimo. Pero a ninguna de ellas les queda­ba una gota de sangre en las venas. En el cuello, por debajo de los pelos manchados, tenían todas cuatro agujeros, y no muy grandes tampoco. Por allí, con los colmillos prendidos a las venas, el puma había vaciado a sus víctimas, sorbiéndoles toda la sangre. Yo vi las cabras al pasar, y les aseguro, chiquitos, que me encendí tam­bién en ira al ver las cuatro pobres cabras sacrificadas por la bestia sedien­ta de sangre. El puma, del mismo modo que el hurón, deja de lado cual­quier manjar por la sangre tibia. En las estancias de Río Negro y Chubut, los pumas causan tremendos estragos en las majadas de ovejas.

Las ovejas, ustedes lo saben ya, son los seres más estúpidos de la crea­ción. Cuando olfatean a un puma, no hacen otra cosa que mirarse unas a otras y comienzan a estornudar. A ninguna se le ocurre huir. Sólo saben es­tornudar, y estornudan hasta que el puma salta sobre ellas. En pocos mo­mentos, van quedando tendidas de costado, vaciadas de toda su sangre. Una muerte así debe ser atroz, chiquitos, aun para ovejas resfriadas de miedo. Pero en su propia furia sanguinaria, la fiera tiene su castigo. ¿Saben lo que pasa? Que el puma, con el vientre hinchado y tirante de sangre, cae rendido por invencible sueño. Él, que entierra siempre los restos de sus víc­timas y huye a esconderse durante el día, no tiene entonces fuerzas para moverse. Cae mareado de sangre en el sitio mismo de la hecatombe. Y los pastores encuentran en la madrugada a la fiera con el hocico rojo de san­gre, fulminada de sueño entre sus víctimas. ¡Ah, chiquitos! Nosotros no tuvimos esa suerte. Seguramente cuatro cabras no eran suficientes para saciar la sed de nuestro puma. Había huido después de su hazaña, y forzoso nos era rastrearlo con los perros.

En efecto, apenas habíamos andado una hora cuando los perros eriza­ron de pronto el lomo, alzaron la nariz a los cuatro vientos y lanzaron un corto aullido de caza: habían rastreado al puma. Paso por encima, hijos míos, la corrida que dimos tras la fiera. Otra vez les voy a contar con detalles una corrida de caza en el monte. Básteles saber por hoy que a las cinco horas de ladridos, gritos y carreras desesperadas a través del bosque quebrando las enredaderas con la frente, llegamos al pie de un árbol, cuyo tronco los perros asaltaban a brincos, entre deses­perados ladridos. Allá arriba del árbol, agazapado como un gato, estaba el puma siguiendo las evoluciones de los perros con tremenda inquietud.

Nuestra cacería, puede decirse, estaba terminada. Mientras los perros "torearan" a la fiera, ésta no se movería de su árbol. Así proceden el gato montés y el tigre. Acuérdense, chiquitos, de estas palabras para cuando sean grandes y cacen: tigre que trepa a un árbol, es tigre que tiene miedo. Yo hice correr una bala en la recámara del winchester, para enviarla al puma entre los dos ojos, cuando uno de los cazadores me puso la mano en el hombro diciéndome: No le tire, patrón. Ese bicho no vale una bala siquiera. Vamos a darle una soba como no la llevó nunca.

¿Qué les parece, chiquitos? ¿Una soba a una fiera tan grande y fuerte como el tigre? Yo nunca había visto sobar a nadie y quería verlo.

¡Y lo vimos, por Dios bendito! El cazador cortó varias gruesas ramas en trozos de medio metro de largo y como quien tira piedras con todas sus fuerzas, fue lanzándolos uno tras otro contra el puma. El primer palo pasó zumbando sobre la cabeza del animal, que aplastó las orejas y maulló sor­damente. El segundo garrote pasó a la izquierda, lejos. El tercero, le rozó la punta de la cola, y el cuarto, zumbando como piedra escapada de una hon­da, fue a dar contra la cabeza de la fiera, con fuerza tal que el puma se tam­baleó sobre la rama y se desplomó al suelo entre los perros.

Y entonces, chiquitos míos, comenzó la soba más portentosa que ha­ya recibido bebedor alguno de sangre. Al sentir las mordeduras de los pe­rros, el puma quiso huir de un brinco. Pero el cazador, rápido como un ra­yo, lo detuvo de la cola. Y enroscándosela en la mano como una lonja de rebenque comenzó a descargar una lluvia de garrotazos sobre el puma. ¡Pero qué soba, queridos míos! Aunque yo sabía que el puma es co­bardón, nunca creí que lo fuera tanto. Y nunca creí tampoco que un hom­bre fuera guapo hasta el punto de tratar a una fiera como a un gato, y zu­rrarle la badana a palo limpio.

De repente, uno de los garrotazos alcanzó al puma en la base de la na­riz, y el animal cayó de lomo, estirando convulsivamente las patas traseras. Aunque herida de muerte, la fiera roncaba aún entre los colmillos de los perros, que lo tironeaban de todos lados. Por fin, concluí con aquel feo es­pectáculo descargando el winchester en el oído del animal.

Triste cosa es, chiquillos, ver morir boqueando a un animal, por fiera que sea, pero el hombre lleva muy hondo en la sangre el instinto de la ca­za, y es su misma sangre la que lo defiende del asalto de los pumas, que quieren sorbérsela.








miércoles, diciembre 12, 2007

“Máximas y pensamientos”, de Chamfort (1741-1794)






- E
l mundo físico parece la obra de un ser pode­roso y bueno que se vio obligado a abandonar la ejecución de una parte de su plan a un ser malig­no. Pero el mundo moral parece ser el producto de los caprichos de un diablo que se volvió loco.


- Los azotes físicos y las calamidades de la natu­raleza humana hicieron necesario el gobierno, y el gobierno se agregó a los desastres de la naturaleza. Los inconvenientes de la sociedad hicieron nece­sario el gobierno, y el gobierno se agregó a los de­sastres de la sociedad. Esta es la historia de la naturaleza humana.


- Hace siglos que la opinión pública es la más malvada de las opiniones.


- La esperanza no es más que un charlatán que nos engaña incesantemente. Para mí, la felicidad sólo comienza una vez que se la ha perdido. Yo pondría con mucho gusto sobre la puerta del Pa­raíso el verso que el Dante puso sobre la del In­fierno: Lasciate ogni Speranza, voi ch'entrate.


- Para tener una idea justa de las cosas, hace falta dar a las palabras una significación opuesta a aque­lla que les da el mundo. Misantropía, por ejemplo, quiere decir filantropía; mal francés quiere decir buen ciudadano, que denuncia ciertos abusos mons­truosos; filósofo, hombre simple, que sabe que dos y dos son cuatro, etcétera.


- El matrimonio y el celibato tienen sus inconve­nientes. Es conveniente preferir a aquel cuyos in­convenientes no son irremediables.


- El amor gusta más que el matrimonio, por la misma razón que hace que las novelas sean más entretenidas que la historia.


- Cuando se considera que el producto del tra­bajo y de la inteligencia de treinta o cuarenta siglos ha servido para entregar trescientos millones de hombres repartidos sobre el planeta a una treintena de déspotas, en su mayoría ignorantes e imbéciles, cada uno de ellos gobernado por tres o cuatro per­vertidos, algunas veces estúpidos, ,qué pensar de la humanidad, y qué esperar de ella para el por­venir?


- Los reyes y los sacerdotes han proscrito la doc­trina del suicidio, tratando de asegurar la duración de nuestra esclavitud. Nos quieren tener encerra­dos en una cárcel sin salida. Como ese malvado, en el Dante, que hace amurallar la puerta de la prisión que encierra al infeliz Ugolin.









martes, diciembre 11, 2007

"Casa tomada", de Julio Cortázar





Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.

Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.

Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.

Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.

Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.

Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.

Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:

-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.

Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.

- ¿Estás seguro?

Asentí.

-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.

Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.

-No está aquí.

Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.

Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.

Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:

-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?

Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.

(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.

Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)

Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.

No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.

-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.

-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.

-No, nada.

Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.

Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.




En Bestiario, 1951 .






lunes, diciembre 10, 2007

"Prefacio a la primera edición de Iluminaciones", de Paul Verlaine





Este libro que ofrecemos al público fue escrito de 1873 a 1875, en viajes tanto por Bélgica como por Inglaterra y toda Alemania.

La palabra Illuminations es inglesa, y quiere decir grabados en color -coloured plates; y tal es el subtítulo que el señor Rimbaud había puesto al manuscrito.

Este se compone, como puede verse, de composiciones cortas, prosa exquisita o versos falsos adrede. Idea principal no tiene, o por lo menos, no se la encontramos. Alegría evidente de ser un gran poeta, paisajes de cuentos de hadas, adorables amores esbozados y la más alta ambición (conseguida) de estilo: tal es el resumen que creemos poder dar de la presente obra. Quizá no resulten muy bien unas breves notas biográficas.

Arthur Rimbaud pertenece a una familia de la buena burguesía de Charleville (Ardenas), lugar donde hizo estudios excelentes, pero un tanto indómitos. A los dieciséis años, ya había escrito los versos más hermosos del mundo, de los cuales no hace mucho di yo un extracto en un libelo titulado Los poetas malditos. Debe tener ahora treinta y siete años y viajar por Asia, donde se ocupa de trabajos de arte. ¡Diríase el Fausto del Segundo Fausto, ingeniero genial después de haber sido el inmenso poeta vivo de Mefistófeles y dueño de la blonda Margarita!

Se ha dicho varias veces que había muerto. De ello no sabemos detalle, pero si fuera cierto nos apenaría mucho. ¡Que lo sepa, caso de que no le pase nada! Yo fui su amigo, y desde lejos, sigo siéndolo.

En un cuadro muy bello de Fantin-Latour, titulado Ángulo de mesa, que creo que actualmente está en Manchester, existe un retrato de busto de Rimbaud a los dieciséis años.

Las Iluminaciones son algo posteriores a esa época.








1886







domingo, diciembre 09, 2007

"In memoriam", de Eduardo Molina Ventura





Al poeta Rosamel del Valle



No olvides a los muertos que jamás olvidan
y son tu sombra viva
Todo cuanto le des te lo agradecen y devuelven
ellos    los delicados    los generosos muertos
Dales una sonrisa    una simple mirada
y ellos te darán un cerezo florido    una pradera de nieve
Dale al muerto una rosa    una sola rosa
húmeda aún del temblor de tu corazón
y él te la devolverá
pero rodeada de un tiempo puro
de un espacio sin mácula
Dale al muerto un guijarro    uno solo
y él te devolverá el interior de una montaña




en Eduardo Molina, un poeta mítico, o mejor llamado Del otro lado del espejo (Poemas de los cuadernos del poeta Eduardo Molina Ventura), 1996.


Contribución a Dscntxt de Carmen Contreras





sábado, diciembre 08, 2007

“Las ruinas circulares”, de Jorge Luis Borges






And if he left off dreaming about you...

Through the Looking-Glass, VI




Nadie lo vio desembarcar en la anónima noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los labradores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.

Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatrocircular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.

A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatía contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.

Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa que componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.

Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor vivencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorceava rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.

En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo, era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las Criaturas excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviara al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.

El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Intimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido... En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: «Ahora estaré con mi hijo». O, más raramente: «El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy».

Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer. Tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanquean río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.

Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre, ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña en mil y una noches secretas.

El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Estos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.









viernes, diciembre 07, 2007

"La utilidad de los grandes hombres", de Ralph Waldo Emerson

Extractos




Es natural creer en los grandes hombres. No nos sorprendería que los compañeros de nuestra infancia se convirtiesen en héroes o fueses como reyes. Toda mitología se inicia con semidioses, y el ambiente es sublime y poético; es decir, que su genio es lo principal. En las leyendas de Gautama los hombres primitivos comen tierra y la encuentran deliciosamente sabrosa.

La naturaleza parece existir para los excelentes. El mundo se sostiene por la veracidad de los hombres buenos: ellos hacen saludable la tierra.
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La investigación de todo lo que se refiere al gran hombre constituyen el sueño de la juventud y la ocupación más sería del adulto. Viajamos por países extraños para encontrar sus obras y, si es posible, para echar una mirada a sus personas, pero a veces desaprovechamos esa suerte. Se dice que los ingleses son prácticos, que los alemanes son hospitalarios, que el clima de Valencia es delicioso y que en las colinas del Sacramento se puede recoger oro. Sí, pero yo no viajo para encontrar gente cómoda, rica y hospitalaria, o un cielo claro, o lingotes que cuestan demasiado. Mas si existiese alguna aguja magnética que señalase los países y las viviendas en que residen las personas que son intrínsecamente ricas y poderosas, lo vendería todo y compraría esa aguja magnética y hoy mismo me pondría en camino.

La raza se beneficia con su fama. El conocimiento de que en la ciudad vive un hombre que inventó el ferrocarril eleva la reputación de todos los ciudadanos. Pero las poblaciones enormes, si están compuestas de mendigos, son repugnantes, como el queso lleno de gusanos, como un hormiguero, como un montón de pulgas.

Nuestra religión consiste en amar y apreciar a esos patronos. Los dioses de la fábula son los momentos brillantes de los grandes hombres. Fundimos todos nuestros vasos en un solo molde. Nuestras teologías colosales del Judaísmo, el Cristianismo, el Budismo, el Mahometanismo son la acción necesaria y estructural de la mente humana. El estudiante de historia es como un hombre que entra en un almacén para comprar paños o tapices. Se imagina que ha conseguido un nuevo artículo. Si va a la factoría descubrirá que su nueva mercadería reproduce las cintas y las rosetas que se han encontrado dentro de los muros de las pirámides de Tebas. Nuestro teísmo es la purificación de la meta humana. El hombre no puede pintar, no hacer, ni pensar más que al hombre. Cree que los grandes elementos materiales se originan en su pensamiento.
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El hombre es esa noble planta endógena que crece, como la palmera, de dentro afuera. Puede desarrollar con celeridad y sin esfuerzo su propio espíritu, aunque sea imposible para otros. Le es fácil al azúcar ser dulce y al salitre ser salado. Nos tomamos un gran trabajo en acechar y atrapar aquello que debe caer por sí mismo en nuestras manos. Considero como un gran hombre al que vive en una esfera más alta del pensamiento, a la cual los otros hombres se elevan con trabajo y dificultad; no tiene más que abrir sus ojos para ver las cosas a la luz verdadera y en amplias relaciones, mientras que los demás hombres deben hacer penosas correcciones y mantener un ojo vigilante sobre las numerosas fuentes de error. El servicio que nos presta es de esa clase. A una persona hermosa no le cuesta esfuerzo alguno grabar su imagen en nuestros ojos, y, no obstante, ¡cuan espléndido es el beneficio que nos produce! A un espíritu prudente no le cuesta más transmitir esa cualidad a los demás hombres. Y todos pueden hacer con más facilidad aquello para lo que están mejor dotados. Peu de moyens, beaucoup d'effet. Es grande aquel que es lo que es por naturaleza y que nunca nos recuerda a otros.
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Un hombre responde a alguna pregunta que no ha hecho ninguno de sus contemporáneos, y queda aislado. Las religiones y filosofía presentes y pasadas responden a preguntas muy distintas. Ciertos hombres nos impresionan como ricas posibilidades, pero son inútiles para sí mismas y para su época, fruto quizá de algún instinto que prevalece en el ambiente; no responden a nuestra necesidad. Pero los grandes están más cerca de nosotros; los conocemos a simple vista. Satisfacen la expectación y aparecen a su debido tiempo. Lo bueno es eficaz, fecundo: se abre por sí mismo su lugar y encuentra alimento y aliados. Una manzana sana produce semilla, pero una híbrida no la produce. Cuando un hombre ocupa su lugar es constructivo, fértil, magnético, inunda a las muchedumbres con su voluntad, que de este modo se cumple. Así como el río forma sus propias orillas, así también cada idea legítima forma sus propias canales y encuentra cosechas para alimentarse, instituciones para expresarse, armas para luchar con ellas y discípulos que la siguen. El artista verdadero tiene como pedestal al planeta; el aventurero, tras años de lucha, no tiene más que la tierra que pisa con sus zapatos.
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El hombre es endógeno y se desarrolla por medio de la educación. La ayuda que obtenemos de los demás es mecánica si se compara con lo que la naturaleza descubre en nosotros mismos. Lo que aprendemos de este modo es estimular al placer de la acción y su efecto es permanente. La verdadera ética es central y va del alma al exterior. La dádiva es contraria a la ley del universo. Servir a los demás es servirnos a nosotros mismos. Debo justificarme a mí mismo. “Acuérdate de ti mismo -dice el espíritu-. Fatuo: ¿por qué te preocupas de los cielos o de los demás hombres?” Queda por explicar la audaz indirecta. Los hombres poseen una cualidad pictórica y representativa y nos ayudan con el intelecto. Behmen y Swendeborg observaron que las cosas son representativas. También los hombres son representativos: primero de cosas y después de ideas.
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Un hombre es un centro para la naturaleza, que sirve para relacionar todo lo existente, fluido y sólido, material y elemental. La Tierra gira y llega un momento en que todas las nubes y todas las piedras coinciden con el meridiano; del mismo modo, todo órgano, toda función, todo ácido, todo cristal, todo grano de polvo se relaciona con el cerebro. Tiene que esperar mucho tiempo, pero le llega su turno. Cada planta tiene su parásito y cada criatura su amante y su poeta.
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Cada cosa material tiene su lado celestial: se traslada, a través de la humanidad, a la esfera espiritual y necesaria donde desempeña un papel tan indestructible como cualquier otro. Y todas las cosas ascienden continuamente a ellos, sus fines propios.
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Las cualidades del hombre determinan el curso de su vida y él puede hacer públicas de diversos modos sus virtudes, porque está distinguido por ellas. El hombre, hecho de polvo del mundo, no olvida su origen, y todo lo que es todavía inanimado hablará y razonará algún día. La naturaleza inédita publicará todo su secreto.
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Así que nos sentamos junto al fuego y nos apoderamos de los polos de la Tierra. Esta cuasi omnipresencia suple la imbecilidad de nuestra condición. En uno de esos días celestiales en que el cielo y la tierra se encuentran y se hermosean mutuamente, se siente una pobreza al no poder disfrutar más que una vez ese espectáculo; quisiéramos tener mil cabezas, un millar de cuerpos para poder celebrar su inmensa belleza de muchas maneras y en muchos lugares. ¿Es esto una fantasía? Pues bien, si hablamos de buena fe diremos que en realidad nos hallamos multiplicados por nuestros semejantes. ¡Con qué facilidad adoptamos sus actividades! Todo navío que llega a América sigue la ruta abierta por Colón. Toda novela es deudora de Homero. Todo carpintero que cepilla con su garlopa lo debe al genio de su inventor olvidado. La vida está coronada por un zodiaco de ciencias, tributos de los hombres que se sacrificaron por añadir sus rayos de luz a nuestro cielo. El ingeniero, el comerciante, el jurista, el médico, el moralista, el teólogo, todo hombre de ciencia es un defensor y un cartógrafo de las latitudes y longitudes de nuestro mundo. Esos constructores de comunicaciones nos enriquecen. Gracias a ellos podemos extender el aérea de nuestra vida y multiplicar nuestra relaciones. Ganamos tanto al adquirir una nueva propiedad en la tierra vieja como al adquirir un nuevo planeta.
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...aprendemos a elegir a los hombres por sus características más verdaderas; aprendemos, como decía Platón, "a escoger a aquellos que pueden, sin ayuda de los ojos ni de ningún otro sentido, avanzar hacia la verdad y el ser". En primera línea entre esas actividades se hallan los asaltos mortales, los hechizos y las resurrecciones forjados por la imaginación. Cuando ésta se despierta se diría que el hombre multiplica su fuerza. Nos ofrece la sensación deliciosa de las magnitudes indeterminadas y nos inspira el hábito de pensar con audacia. Somos tan elásticos como el gas de la pólvora, y una frase de un libro o una palabra deslizada en la conversación dejan en libertad a nuestra fantasía y al instante nuestras cabezas se bañan en vías lácteas y nuestros pies se hunden en el abismo. Y este beneficio es real, porque tenemos derecho a esas liberaciones y una vez que hayamos cruzado los límites nunca volveremos a ser los miserables pedantes que fuimos.

Las altas funciones de la inteligencia están tan ligadas entre sí que suele aparecer cierto poder imaginativo en todas las inteligencias eminentes, incluso en los aritméticos de primera clase, pero especialmente en los hombres meditativos que poseen un hábito de pensamiento intuitivo. Esta clase de hombre nos es útil, puesto que poseen la percepción de la identidad y la percepción de la reacción. Los ojos de Platón, de Shakespeare, de Goethe, nunca se cerraron a esas leyes, la percepción de ellas es una especie de medida de la mente. Las mentes pequeñas son pequeñas porque no pueden verlas.

Aun estos festines tienen sus empachos. Nuestra complacencia en la razón degenera en idolatría de su heraldo. Especialmente cuando una inteligencia de método poderoso instruye a los hombres encontramos ejemplo de tiranía. Tales son las influencias de Aristóteles, la astronomía de Ptolomeo, el crédito de Lutero, de Bacon y de Locke; y en la religión la historia de las jerarquías, de los santos y de las sectas que han tomado el nombre de sus fundadores. ¡Oh dolor, todo hombre es víctima de esos genios! La imbecilidad de los hombres invita constantemente a los abusos de poder. El talento vulgar se complace en deslumbrar y cegar al espectador. Pero el verdadero genio trata de defendernos de sí mismo. El verdadero genio no nos empobrece, sino que nos libera y nos proporciona nuevos sentidos. Si nuestra ciudad apareciera un hombre sabio crearía en aquellos que conversan con él una nueva conciencia de la riqueza, abriendo sus ojos a ventajas no percibidas; establecería un sentido de igualdad inmutable, tranquilizándonos con la seguridad de que no podemos ser engañados, y cada uno podría discernir los límites y las garantías de su condición. El rico se daría cuenta de sus errores y de su pobreza y el pobre de sus remedios y de sus recursos.

Pero la naturaleza produce todo eso a su debido tiempo. Su remedio es la rotación. ...Somos tendencias o más bien síntomas y ninguno de nosotros es completo. Tocamos la superficie y pasamos de largo y sorbemos la espuma de muchas vidas. La rotación es la ley de la naturaleza. Cuando la naturaleza suprime a un gran hombre, la gente explora el horizonte en busca de un sucesor. Pero este no viene ni vendrá. Su clase se ha extinguido con él. El hombre esperado aparecerá en algún otro campo completamente distinto. Ya no será un Jefferson o un Franklin, sino un gran comerciante; luego un gran constructor de carreteras; después un especialista en peces; más tarde un explorador y cazador de búfalos o un general semisalvaje del Oeste. Casi nos defendemos contra los amos más duros; pero contra los mejores hay un remedio más excelente. El poder que comunican no les pertenece. Cuando nos sentimos exaltados por las ideas no se lo debemos a Platón, sino a las misma ideas, de las cuales también Platón era deudor.

No debo olvidar que tenemos una deuda especial con una clase única. La vida es una escala de grados. Entre fila y fila de nuestros grandes hombres hay amplios intervalos. En todas las épocas los hombres se han sometido a unas pocas personas que, ya sea por la calidad de la idea que encarnaban, ya por la amplitud de su receptividad, tenían un derecho a su puesto de guías y de legisladores. Ellos nos enseñan las cualidades de la naturaleza primaria, nos dan a conocer la constitución de las cosas. Nadamos diariamente en un río de ilusiones y nos divierten realmente los castillos en el aire que embaucan a los hombres que nos rodean, pero la vida es sinceridad. En los intervalos lúcidos decimos: “Déjame entrar en el mundo de las realidades; ya he hecho el tonto durante demasiado tiempo”. Queremos conocer el significado de nuestra economía y de nuestra política. Désenos la clave, y si las personas y las cosas son las partituras de una música celestial, déjesenos leer la melodía. Hemos sido engañados por nuestra razón; no obstante, ha habido hombres sanos que han gozado de una existencia rica y bien coordinada. Lo que saben, lo saben para nosotros. Cada nueva inteligencia recela un nuevo secreto de la naturaleza; esta Biblia no puede cerrarse hasta que nazca el último gran hombre. Estos hombres corrigen el delirio de los espíritus violentos, nos hacen considerados y nos inducen a nuevos ideales y a la conquista de nuevos poderes.





1850







jueves, diciembre 06, 2007

"Democracia", de Jean Arthur Rimbaud





"La bandera va al paisaje inmundo, y nuestra jerga
ahoga el tambor.

"En los centros alimentaremos la más cínica prostitución.
Masacraremos a los lógicos rebeldes.

"¡A los países de pimienta y humedad!
-al servicio de las más monstruosas explotaciones industriales
o militares.

"Hasta la vista, aquí, no importa dónde.
Reclutas de buena voluntad, nuestra filosofía será feroz;
ignorantes de la ciencia, hábiles para el confort;
que este mundo reviente.
Es la verdadera senda. ¡Adelante, en marcha!".





Versión de Cintio Vitier

Fotografía: Rimbaud en Harar, 1883









miércoles, diciembre 05, 2007

Carta de Una Madre de Plaza de Mayo

Carta de Enriqueta Maroni, madre de María Beatriz y Juan Patricio Maroni





Soy madre de cuatro hijos, dos de los cuales son detenidos desaparecidos. Pertenezco a la Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora.

A 22 años del golpe, sigue vigente el reclamo de verdad y justicia y se hace imprescindible la reivindicación del "detenido-desaparecido" ya que no se le dio derecho a defensa.

¿Qué significaron las desapariciones en el pasado y en el presente?

Se quiso instaurar un plan de horror junto a un plan económico de marginalidad creciente, castigando al que pensaba distinto, siendo las fuerzas de seguridad los "mesiánicos" que salvarían a la patria.

Aquí hubo un plan siniestro hecho por individuos que hicieron del secuestro, detención, tortura y luego desaparición un "modo de vida" durante varios años, los más oscuros de la historia argentina y una generación que se comprometió con la historia de su tiempo y de su pueblo.

La categoría del "detenido-desaparecido" sigue aún vigente y cobra toda su dimensión, cuando esa categoría, la personaliza, tiene nombre y apellido, no un N.N., y más aún ese nombre y apellido es el de tu hijo.

A nivel oficial nadie nos ha dicho que pasó con ellos, el ¿cómo, porqué, quien y cuándo?

El grave problema de los desaparecidos golpeó a la conciencia de toda la comunidad, los principales afectados son sin duda los familiares y entre ellos los hijos, hace 21 años niños y hoy adolescentes, jóvenes.

Nosotras las madres exigimos permanentemente verdad, justicia y castigo para todos los culpables.

Tenemos todo el derecho del mundo a saber que ha sido de nuestros seres queridos, desde ese mundo del silencio a la que los han condenado a "vivir", golpean a nuestra conciencia y les decimos que no claudicaron nuestros reclamos de justicia, nuestra búsqueda de verdad, nuestra memoria y nuestro amor por ellos.

Juan Patricio y Maria Beatriz, junto a su esposo, fueron secuestrados de sus respetivas casas, en horas de la madrugada por fuerzas de seguridad pertenecientes al 1er cuerpo de ejército al mando del general Suárez Mason. Supimos que estuvieron en el Club Atlético uno de los tantos centros clandestinos de detención.