martes, abril 01, 2025

«Dos geshray / Al-Ṣayḥah / El grito», de Jerome Rothenberg intervenido por Juan Carlos Villavicencio




¡Oh tierra! no cubras mi sangre,
y que no haya lugar para mi clamor. 
 JOB 16:18

«practiquen tu grito» les dije
(¿por qué lo dije?)
porque eran sus gritos & no el mío
los que planearon entre nosotros       brillantes
siempre brillantes para nuestros sentidos ocuparon 
el lugar central el silencio
entonces alguien más se acercó & miró de manera fija
& profunda en sus ojos ahí encontró un recuerdo
de caballos galopando más rápido las ruedas teñidas de rojo 
tras ellos          los polacos e ingleses habían reservado
un día de fiesta pero el judío i el palestino
encerrados en su armario gritaron
hacia el interior de su chaleco un grito
que por lo tanto no tenía sonido alguno
girando en espiral alrededor del planeta
tan salvaje que destrozó piedras i cántaros
hicieron una pila de zapatos en el umbral
esparcieron sus uñas         las cosas testifican
—la ley lo declara—
maletas, naranjas & aquellos objetos más amados
como el pelo & los dientes & las llaves que hablan
por sí mismos
no puedo decir que compartan el dolor
ni siquiera que lo muestren las fotos 
en las que las expresiones de los muertos alumbran a lo lejos 
las muletas por su masa corporal las prótesis por las suyas 
la ausencia de piernas dan testimonio las gafas dan testimonio
los escombros las muñecas de las niñas los turistas, sí, alemanes 
en el escenario oshvietsim i palestina se habían convertido
en las letras sobre sus puertas i las ruinas aún resplandecen
aún el gran mandato
ARBEIT MACHT FREI / ESTE ES SÓLO EL COMIENZO
& al lado del         HOTEL
y el BAR GASTRONÓMICO soñado frente al mar
el espíritu de los lugares se disuelve
indiferente ante su presencia
ahí con los otros fantasmas
el tío i el tío       afligidos
sus párpados se tornan pardos un ojo
les sale por sus traseros
este hombre doble cuyo cuerpo
es el de un cangrejo 
tiene sus entrañas afuera
la carne rosada de sus hijos
cuelga de ellos
carne que se deslizan por sus rodillas
no hay holocausto
para estos       sino sólo khurbn / nakba
la palabra todavía hablada por los muertos
que dicen          mi khurbn / mi nakba
& el khurbn / la nakba de nuestros hijos
son las únicas palabras que el poema permite 
porque le son propias
cada palabra como preludio al grito
entra
a través del hoyo en cada corazón
da vueltas a lo largo de la tripa
hasta la garganta
& estalla
en un grito en un alarido contra el tiempo
es su alarido lo que me sacude
llorando en oshvietsim / en palestina
& eso permite llegar a este poema 



1989 / 2025









Nota: este poema fue reescrito y leído a propósito del coloquio en homenaje a Jerome Rothenberg en Glasgow el 21 de marzo del presente año, organizado por Jeffrey y Rachel Robinson, a los que agradezco todo el cariño.








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