lunes, octubre 31, 2011

“Hace apenas días”, de Hugo Mujica







hace apenas días murió mi padre,
hace apenas tanto.

cayó sin peso,
como los párpados al llegar
la noche o una hoja
cuando el viento no arranca, acuna.

hoy no es como otras lluvias
hoy llueve por vez primera
sobre el mármol de su tumba.

bajo cada lluvia
podría ser yo quien yace, ahora lo sé,
ahora que he muerto en otro.





en Al fin del mundo, 2011



Desde el VI Encuentro Internacional de Poesía del Valle de Colchagua
















viernes, octubre 28, 2011

"Las fechas negras", de Luis de Paola





hay días como hoy que no quisiéramos
ejercer el oficio de estar vivos
y por si fuera poco
llueve alevosamente
sobre los tejados rojos
del madrid de los austrias
sobre sucias paredes con dibujos obscenos
llueve
llueve monótona
lenta
penosamente

desde mi buhardilla
oigo la musiquita del violín del otoño
(que diría verlaine)
repitiendo su queja sin fin
y es como si dijera que todo se acabó
que no hay nada que hacer

hay días (hoy es uno) que dan ganas
de cerrar de un portazo
el universo
y decirle a la vida que no insista
que no podemos atenderla










jueves, octubre 27, 2011

"La hora del lobo", de Leonora Vicuña





Es la hora del lobo.
La madre cierra suavemente las persianas.
Salen de sus oscuros escondites las polillas,
las baratas.
Puertas adentro la ciudad se recoge
en su desesperanza.
En el silencio total que nos inunda
un suspiro puede ser una amenaza.

Los lobos rondan las calles abandonadas.

De pronto: disparos y un grito a la distancia.
El corazón se agita.
Los ojos se dilatan.
Nadie se mueve.
Nadie dice nada.
Pero todos sabemos
en la tibia oscuridad de la casa
que alguien esta noche ha caído en una trampa.





1982






Fotografía: Ricardo Becerra







miércoles, octubre 26, 2011

“Diario secreto de Laura Palmer”, de Jennifer Lynch






31 de agosto de 1988

Querido diario: Acabo de leer lo que escribí ayer y de pronto me siento muy avergonzada de estar viva. La chica que recibió este diario el día en que cumplía doce años murió hace muchos años, y yo, que ocupo su sitio, no he hecho más que burlarme de los sueños que ella tuvo una vez. Tengo dieciséis años, soy una cocainómana impenitente, y una prostituta que se folla a los patrones de su padre, por no mencionar a la mitad del pueblo, y la única diferencia con la semana pasada es que ahora me pagan por hacerlo. Mi vida es lo que la otra persona que esté en el cuarto quiere que sea. Por lo tanto, cuando estoy sola, mi vida no es nada. Anoche soñé que estaba en el bosque, delante de la cabaña de Jacques, y que trataba de entrar. No había puerta principal, sólo una ventana, idéntica a la del dormitorio. Yo miraba por la ventana y veía a Waldo volar de un lado a otro pero muy despacio. Era como si se moviera a cámara lenta, pero se le notaba que estaba asustado. Gritaba «Laura, Laura» como si quisiera advertirme... De repente, BOB apareció en el hueco de la ventana y agarró a Waldo. BOB se volvió hacia mí sonriendo, después apretó con fuerza y mató a Waldo. Me alejé de la ventana y salí corriendo con todas mis energías. Fuera adonde fuese, la casa aparecía siempre delante de mí y cada vez BOB estaba más cerca de salir por la ventana. Caí de rodillas. Todo estaba en silencio. Miré hacia arriba y a diez metros de donde me encontraba vi un búho gigantesco. Ahora que lo revivo, todavía no sé si era amigo o enemigo. Nos quedamos ahí mirándonos un rato largo. Daba la impresión como si quisiera decirme algo, pero no se movió. Desperté pensando que ojalá que lo que la Señora del Leño me había dicho, «Algunas veces los búhos son grandes», se refiriera a lo de esta noche y que significara que algo bueno iba a ocurrirme pronto. Ahora que trabajo en Jack el Tuerto me vendría bien un buen augurio. Prestaré atención a todo, tal y como me aconsejó la Señora del Leño. Sospecho que éste es el primero de muchos signos a los que tendré que prestar mucha atención.

P.D.: Creo que para asegurar mi intimidad tendré que comenzar un segundo diario. Un diario que si llega a ser encontrado, le haga ver al intruso «la Laura» que todo el mundo cree que vive dentro de mí. Tendré que dedicar un tiempo a llenar sus páginas. Me pregunto si la vida sigue siendo algo que puedo inventar.





en Diario secreto de Laura Palmer, 1990





















martes, octubre 25, 2011

"Cuando llueve en julio", de Jorge Torres






Cuando llueve en julio
me preocupo por el bosque de mi infancia.
Ese bosque del que no recogí
ni moras, ni murtas,
del que no traje
ni el olor de los eucaliptos,
los sorpresivos hongos.
Ese bosque de dudosa fisonomía
en el que tal vez nunca estuve
y del que trato ahora de salir,
buscando algunas marcas en los árboles,
las piedras que guiaron mi posible entrada,
temeroso de sus aviesas sombras,
empapado de lluvia,
enterrado en el lodo,
soy un árbol más.







en Graves, leves y fuera de peligro, 1987






lunes, octubre 24, 2011

“Las brujas de uniforme”, de Armando Uribe

Fragmento






Ahora las de Mácbeth
de Macbéth.
Las brujas con sus lujos,
sus malas artes,
sus ganchudos pies.
Del negro vino de la sangre
de malas uvas los orujos.
De las rijosas viejas las burbujas.

Ahora hablan las brujas
con carcajadas. Se arrebujan
en sus paños de reglas, y prosperan
bailando alrededor de la caldera.

(No soy capaz. No sé lo que me espera.
O lo que se me espera. Y no me abran la puerta.
Que ya lo sé; es la muerta
Muerte mi compañera.
Yo morí en la Moneda.
Y no tengo moneda
para pagar el tránsito
de la calle Moneda
donde mi compañera está a la espera
de mí para irnos en el trance
de morir con el tranco
inseguro adonde ellas ya no dancen.
Soy ciego y sordo y de ambos brazos manco
y este pasaje no es de doble tránsito).

Las brujas le tienen envidia a la Muerte.
No pueden, muerte, verte.
Y se tapan con vendas
(trapos de reglas) los legañosos ojos
y bailan con pies cojos
para que no las venda
su temor a la Muerte
en los mercados entre los abrojos
y los huesos quebrados.
A la parca usurera,
la Reina del Mercado,
con negocio marcado
por cruz suástica,
al perro de cabeza
triple y de piel overa
que a la mujer del otro lado,
la del país helado,
las revenda, y permutas
infinitas los hados
más negros, alelados,
en el país donde nadie se inmuta,
negocien, y el futuro es el pasado
de todas estas hechiceras putas.
¡Basta!




en Las brujas de uniforme, 1998

















domingo, octubre 23, 2011

"Arribo", de Antonia Pozzi





Un crujido sordo
sobre el lago
sepulto:

desaparece
a nuestras espaldas en remolinos de nieve
el sendero angosto recto.

Ahora se alza
la voz del ataque en el paso.

Chillido rítmico:
y es quizás llanto frío de fogatas,
grito de tormentas espantosas;
o lamento de pájaros,
jadeo ronco
de zorros gráciles que se ven morir.

¿No vamos a los confines de la tierra?

¿Y cuándo me detendré con otra apariencia
frente a cálidas vitrinas?
(el trineo me habrá raptado
entre sus campanillas,
quedarán a mis espaldas
lámparas rostros cantos)

mi sombra
estará sobre el lago,
mi prenda inmóvil
afuera, en el triste
fabuloso atardecer.





en Parole, 1939





Versión de Rosemarie Heyn y Lorenzo Peirano







sábado, octubre 22, 2011

“Meditación”, de Richard Eberhart





Cuando pueda sostener una piedra en mi mano
Y sentir cómo el tiempo la transforma en polvo y arena,
Y ver las raíces de cosas vivientes creciendo en esta tierra,
Empujando entre mis dedos, flores y árboles...
Entonces seré tan sabio como la muerte,
Pues ella ha hecho esto y lo hará también conmigo
Al dar su soplo para cocer mi arcilla, cuando quede inmóvil.




en 19 poetas de hoy en los Estados Unidos, 1966

Traducción de Carlos Almonte

















viernes, octubre 21, 2011

«La soledad y el humo», de Victoriano Vicario






Tú no has sabido nada, pero la luz tan vieja me persigue
Y apenas hay alguna puerta, apenas,
Si tú me has dicho: el sol ha muerto.
Hay que encender linternas.
Nadie ha tenido tanto oro hoy día
Y tanta muerte. Llenas
Las manos de jazmines, me has besado
Y te has dormido entre mi voz, apenas.

Si supieras como el mar me llama
Con sus cóleras grises y sus negras
Historias de naufragios, estarías
Modificando el sol, por una hebra
De soledad te arrimas a mi sombra
Y es un sollozo de ámbar tu melena.

Había tantos días para amarse
Y tantos soles rotos en la arena
Que te perdiste bajo un rubio esmalte
De caracoles musicales. Era
Mi antiguo amor la soledad, y estabas
Con un ángel y un ancla en la diestra.

Porque si el regresar hubiera sido para morir,
¿Qué río de aguas lentas me llevaría ahora?
Si tus manos no han conocido el lino ni la rueca
Mi corazón insomne te diría
Que se muere en el mar. Y muere apenas.




en Fabula de Prometeo, 1942







Pintura original: Versinkende Sonne (1913), de Egon Schiele







jueves, octubre 20, 2011

“Para Dios mientras duermo”, de Anne Sexton







Durmiendo afiebrada, no puedo muy bien
darme exacta cuenta de quién eres:
colgado como un cerdo en exhibición,
los delicados puños,
la barba chorreando sangre y vinagre;
enganchado bajo tu propio peso,
sacudiéndote la muerte bajo el epitafio.

Todos aquí necesitamos un baño.
Yo visto harapos.
La madre viste de azul.  Tú rechinas los dientes
y con cada nuevo aliento
tus mandíbulas se abren y los pañales caen.
Yo no soy la culpable
de esto. Ni siquiera sé tu nombre.

Hombre enjuto, tú eres la culpa de alguien.
Cabalgas sobre oscuros palos,
un pájaro de madera que un comerciante construyó.
para algún iluso que creyó
que podría alzar el vuelo. Ahora te revuelves
en tu sueño, mareado
con tu propio aliento, pobre presidiario.




en To Bedlam and Part Way Back, 1960

















miércoles, octubre 19, 2011

"Para que se abran las anchas alamedas", de Eduardo Galeano




1

No le reconocía la voz ni el nombre. Me dijo que me había visto en 1971, en el café Sportman de Montevideo, cuando ella estaba por viajar a Chile. Yo le había dado unas líneas de presentación para Salvador Allende. “¿Te acordás?”.
-Ahora quiero verte. Tengo que verte sin falta –dijo.
Y dijo que me traía un mensaje de él.
Colgué el teléfono. Me quedé mirando la puerta cerrada. Hacía meses que Allende había caído acribillado a balazos.
No pude seguir trabajando.



2

En el invierno de 1963, Allende me había llevado al sur. Con él vi nieve por primera vez. Charlamos y bebimos mucho, en las noches larguísimas de Punta Arenas, mientras caía la nieve al otro lado de las ventanas. El me acompañó a comprarme calzoncillos largos de frisa. Allá los llaman patapasiones.

Al año siguiente, Allende fue candidato a la Presidencia de Chile. Atravesando la cordillera de la costa, vimos juntos un gran cartel que proclamaba: “Con Frei los niños pobres tendrán zapatos”. Alguien había garabateado, abajo: “Con Allende, no habrá niños pobres”. Le gustó eso, pero él sabía que era poderosa la maquinaria del miedo. Me contó que una mucama había enterrado su único vestido, en el fondo de la casa del patrón, por si ganaba la izquierda y venían a quitárselo. Chile sufría una inundación de dólares y en las paredes de las ciudades los barbudos arrancaban a los niños de los brazos de sus mamás para llevárselos a Moscú.

En esas elecciones de 1964, el Frente Popular fue derrotado.

Pasó el tiempo; nos seguimos viendo.

En Montevideo lo acompañé a las reuniones políticas y a los actos; fuimos juntos al fútbol; compartimos la comida y los tragos, las milongas. Lo emocionaba la alegría de la multitud en las tribunas, el modo popular de celebrar los goles y las buenas jugadas, e estrépito de celebrar los tamboriles y los cohetes, las lluvias de papelitos de colores. Adoraba el panqueque de manzanas en el Morini viejo y el vino Cabernet de Sant Rosa le hacía chasquear la lengua, por pura cortesía, porque bien sabíamos los dos que los vinos chilenos son mucho mejores. Bailaba con ganas pero con un estilo de caballero antiguo, y se inclinaba para besar la mano de las muchachas.



3

Lo vi por última vez antes de que asumiera la Presidencia de Chile. Nos abrazamos en una calle de Valparaíso, rodeados por las antorchas del pueblo que gritaba su nombre.

Esa noche me llevó a Concón y a la madrugada nos quedamos solos en el cuarto. Sacó una cantimplora de whisky. Yo había estado en Bolivia y en Cuba. Allende desconfiaba de los militares nacionalistas bolivianos, aunque sabía que iba a necesitarlos. Me preguntó por nuestros amigos comunes de Montevideo y Buenos Aires. Después me dijo que no estaba cansado. Se le cerraban los ojos de sueño y seguía hablando y preguntando. Entreabrió la ventana, para oler y escuchar el mar. No faltaba mucho para el alba. Esa mañana tendría una reunión secreta, allí en el hotel, con los jefes de la Marina.

Unos días después, cenamos en su casa, junto con José Tohá, hidalgo pintado por el Greco, y Jorge Timossi. Allende nos dijo que el proyecto de Nacionalización del cobre iba a rebotar en el Congreso. Pensaba en un gran plebiscito. Tras la bandera del cobre para los chilenos, la Unidad Popular iba a romper los moldes de la institucionalidad burguesa. Habló de eso- después nos contó una parte de la conversación que había tenido con los altos oficiales de la Marina, en Concón, aquella mañana mientras yo dormía en el cuarto de al lado.



4

Y después fue Presidente. Yo pasé por Chile un par de veces. Nunca me animé a distraerle el tiempo.

Vinieron tiempos de grandes cambios y fervores, y la derecha desató la guerra sucia. Las cosas no sucedieron como Allende pensaba. Chile recuperó el cobre, el hierro, el salitre; los monopolios fueron nacionalizados y la reforma agraria estaba partiendo la espina dorsal de la oligarquía. Pero los dueños del poder, que habían perdido el gobierno, conservaban las armas y la justicia, los diarios y las radios. Los funcionarios no funcionaban, los comerciantes acaparaban, los industriales saboteaban y los especuladores jugaban con la moneda. La izquierda minoritaria en el Parlamento, se debatía en la impotencia; y los militares actuaban por su cuenta. Faltaba de todo, leche, verdura, repuestos, cigarrillos; y sin embargo, a pesar de las colas y la bronca, ochocientos mil trabajadores desfilaron por las calles de Santiago, una semana antes de la caída, para que nadie creyera que el gobierno estaba solo. Esa multitud tenía las manos vacías.



5

Y ahora terminaba el verano del 74, hacía seis meses que habían arrasado el Palacio de la Moneda, y esta mujer estaba sentada ante mí, en mi escritorio de la revista en Buenos Aires, y me hablaba de Chile y de Allende.
-Y él me preguntó por vos. Y me dijo: “¿Y dónde está Eduardo? Dile que se venga conmigo. Dile que yo lo llamo”.
-¿Cuándo fue eso?
-Tres semanas antes del golpe de Estado. Te busqué en Montevideo y no te encontré; estabas de viaje. Un día te llamé a tu casa y me dijeron que te habías venido a vivir a Buenos Aires. Después pensé que ya no valía la pena decírtelo.






en Días y noches de amor y de guerra, 1978





martes, octubre 18, 2011

“Vergüenza ajena”, de Felipe Bianchi







Vamos por partes. Lo primero es lo primero: ni la ANFP de ahora ni la de antes, ni los clubes de ahora ni los de antes, han sido capaces de controlar a las barras bravas. O terminar con ellas. Por años, entre la cobardía y la conveniencia, han sido manejados como monigotes. Los gobiernos de turno tampoco han querido ni sabido aplicar las leyes -vigentes- que ellos mismos crearon para terminar con la violencia en los estadios.

Llevan casi 30 años aceptando esa mediocridad y esa vergüenza. Y mintiendo descaradamente ("no les damos plata, no les damos entradas, no les pagamos los viajes"). Como si todos fuéramos tontones. Basta. O las barras bravas son parte del club, o no lo son. Y si lo son, los dirigentes deben ser responsables ante la ley por cualquier delito que cometan bajo su patrocinio.

Segundo: la UC siempre, pero siempre-siempre, debiera ser local en su estadio. No existe razón para que no lo sea. Es absurdo que no lo sea.

Deportiva e institucionalmente, es una aberración todo el tiempo que han dejado pasar para convencerse de ello. Aunque por años ellos mismos no hayan querido hacer las cosas bien, aunque no hayan invertido más que migajas en arreglar un estadio que se quedó en los ochenta, ya no hay excusas posibles. Se ha sentado jurisprudencia: no hay acuerdos válidos entre las partes (hay que llamarlos como son, arreglines ilegales) ni nada que preguntarle al alcalde de la comuna, y menos a los vecinos, que, entre otras cosas, llegaron al sector mucho después que el estadio existiera... Cosa que se repite con los vecinos de Pedrero, del Nacional y de Santa Laura.

"¿Plebiscitos convocantes?" Pamplinas. O no se toman en cuenta, porque nadie, ninguna comuna, ningún barrio, puede estar sobre las leyes generales de la República... O se convierte en ejercicio generalizado. Si los vecinos de San Carlos, muy orondos, "no quieren" que la UC juegue con Colo Colo o la U, al día siguiente los alcaldes de Macul, Ñuñoa o Independencia deben hacer lo mismo:

"Señor vecino, ¿usted aceptaría que la UC, por no jugar en su estadio, venga a jugar acá con Colo Colo o la U?". Si los vecinos dicen no, pregunto, ¿dónde jugaría la Católica?

Finalmente, y pese a que muchas voces marcadas por el temor, la urgencia o la ignorancia, han pretendido decir lo contrario, lo que se hizo con los hinchas de Colo Colo fue objetivamente inaceptable. No sólo no venderle entradas (lo que es antideportivo, no se hace hoy en ninguna parte del mundo y se soluciona fácilmente con la entrega de un porcentaje mínimo del total de aforo), sino por el trato en las calles.

Sean quienes sean, a nadie se le puede impedir caminar libremente por cualquier barrio de Chile si no está cometiendo delitos, y nadie puede ser maltratado o detenido por "la posibilidad de que lo cometa".

Menos por usar la camiseta de un club determinado. Y eso, exactamente, fue lo que pasó. Si fuéramos un país serio, esto debiera terminar con excusas de Carabineros, del Gobierno, de la Municipalidad de Las Condes y de la Intendencia. Y con una presentación ante alguna Corte Internacional. Todos sabemos -y vimos- que no sólo no dejaron pasar a los que no tenían entradas. No dejar pasar a cualquiera que oliera a colocolino. Y lo digo con su qué. Eso es patético, ilegal e inmoral.

¿Que todo resultó bien? Mentira. Resultó pésimo. A ese precio no se mantiene la seguridad de una ciudad. Es una derrota, no una victoria. Un fracaso. Porque, entre otras cosas, o Colo Colo (debido a su barra) no puede jugar en ninguna parte de Chile, o puede jugar en todas. Así de simple. El resto es pura y ordinaria discriminación.




en El Mercurio blogs, 18 de octubre de 2011


















lunes, octubre 17, 2011

«Última frontera entre Santiago de Chile y Santiago de Chile», de Juan Carlos Villavicencio





No puedo guardar silencio. Hoy ha pasado uno de aquellos acontecimientos que suceden tan pocas veces con una claridad indesmentible desde cualquier ángulo de análisis o pasión. Porque esto es pequeño, pero también más grande. Porque acá no son miles y miles de personas luchando por una educación mejor y gratuita, para tantas familias esclavizadas en deudas, hayan o no terminado sus estudios, hayan llegado o no al final con un mínimo de aprendizaje, para justificar haber tenido el real atrevimiento de estudiar en este Chile que ha mirado más a las personas como signo de peso, que como seres vivientes dignos y pares. Esa es una gran batalla, como punta de un iceberg de una guerra oscura en la hemos sido esclavizados hace casi cuarenta años.

Lo de hoy es algo más pequeño, pero también más grande. Acá vimos a un grupo de seguidores que no pudo acceder a cruzar una frontera gigante que hoy se hizo explícita. Tan simple como eso. Un grupo que no puede cruzar esa frontera dentro del mismo Santiago de Chile. El contexto es simple, finalmente, pero nunca se mostró el verdadero rostro evasivo del pasado: Universidad Católica, club de fútbol que tiene su estadio ubicado en la cota 1000 –en el sector oriente de la ciudad, el más acomodado de Chile– no ha podido ocupar casi nunca frente a clubes más populares, de seguidores con menos recursos, con peor educación, pero igualmente chilenos. En fin, ese club del sector más rico de Chile decide jugar en su cancha, pero sin dejar que participen de ese encuentro los seguidores del club popular, Colo-Colo. Entonces pasa que dignos de un fanatismo a veces insano, estos seguidores se suben al transporte público o, incluso, intentan caminar –literalmente– a «la punta del cerro», para por lo menos acercarse lo más posible a alentar a su equipo, a punta de gritos, a las afueras del estadio de San Carlos de Apoquindo. Un gesto. Burdo, sí, para algunos, pero un gesto.

Ellos no pudieron cruzar la frontera que sabemos ahí existe. Un grupo de chilenos se encontró con los protectores de una Constitución que más vela por cuidar los intereses de una clase social, por sobre la libertad de todo ciudadano de la República de Chile. Un metapaís: un país dentro de otro país diferente, donde la justificación es que «esa gente» podría causar desórdenes y molestar a los dueños del país (o de los países, del suyo y el nuestro). Entonces algo se quiebra más allá, porque aquí ya no importa «ser» o «hacer», sino lo que «podrías llegar a ser» o «a hacer»: acá lo relevante es que esos seguidores «manchan» la estética y el modus vivendi de gente que los quiere lejos, no aquí, no mezclando su aire con este aire finalmente más envenado por omisión, por estafas, por esclavitud, por sectarismo, por ser «los elegidos» por sobre «el resto», por realmente no amar a su prójimo: por ignorancia, por maldad, por ausencia de vergüenza o de poder realmente abrir los ojos.

Hoy deberíamos aprender a ser más fuertes, porque esto pequeño que ha sucedido, indesmentible desde cualquier ángulo de análisis o pasión, ha dado la posibilidad de ver por primera vez el rostro más nefasto y perverso de nuestro país. Porque si los que deberían guardar la Ley no permiten que un grupo de seguidores de un equipo de fútbol caminen libres por las calles, intentando cruzar aquella frontera que –por fin– nos grita en la cara y sin desenfado ¡Aquí estoy!, no puedo guardar silencio para gritarles a esos hipócritas que han esclavizado silenciosamente el mundo, que acá se acabaron las cadenas, porque prefiero que me maten traicioneramente a bajar la mirada.

Digo que no quiero su Ley. Digo que este mundo es de todos. Digo que no nos vencerán.






17 de octubre, 2011








domingo, octubre 16, 2011

“Declaración”, de Wen Yi To







No os miento, yo no soy poeta, bien que ame la soledad de las piedras blancas, los verdes pinos, el inmenso mar, el sol reposando en el lomo de los cuervos y el crepúsculo tejido por las alas de los murciélagos. Lo sabéis, amo a los héroes y a las altas montañas, la bandera del país agitada por el viento y los crisantemos de amarillo pálido o sombrío bronce. Recordad que yo vivo de té amargo.

Pero hay otro yo. Es mi pensamiento semejante a las moscas que se arrastran por los cajones de basura. ¿Me tenéis miedo?




en Poetas chinos, 1958













sábado, octubre 15, 2011

"Fuente", de Francisco Leal





Recostada bajo el alero del asilo
la anciana mira con sosiego
los rayos del sol que caen entre las hojas del naranjo
hacia la fuente de agua en la mitad del patio.

El intermitente reverbero del sol en el agua
(levemente encabritada por el viento)
la trasladan a una plaza con nombre de santo que ya
no existe o poco importa.

El paisaje se vuelve borroso como si de sus ojos bajara
un aceite espeso.

Vestida de blanco, el pelo trenzado y negro, después de misa
juega en la fuente a poner hojas secas o semillas grandes
para que floten
y mira muy de cerca (rozando la intimidad de su reflejo)
los cuerpos oscuros y amorfos de los insectos que encandilados
por el sol en agua flotan y se desmigajan en la fuente como
hormigas en la cáscara
vacía de un caracol.






en Naturalismo, 2006









viernes, octubre 14, 2011

"El enigma de Kaspar Hauser", de Floreal Peleato





«El cine no es un arte de escolares, sino de iletrados. Y la cultura fílmica no es análisis, es agitación de la mente. Las películas nacieron de las ferias y los circos, no del arte y del academicismo» [1]. Esas palabras lapidarias denotan una desconfianza para con el guión y los guionistas que puede despertar perplejidad en el lector. (…) El manifiesto de Herzog se fundamenta en el rechazo de la razón, la exaltación de las emociones primarias, la búsqueda de un camino solitario muy representativo de una tendencia de los cineastas de los años setenta. Eran buscadores cuya fe en la visión personal del mundo, el poder de las imágenes, narrativas o no, unas imágenes puras, nunca vistas y, en el caso de Herzog, próximas a los sueños se quebrantó en la siguiente década. "La verdadera fuerza del cine radica en que se trabaja con la realidad de los sueños. Cuando uno va a acostarse no planea tener tal sueño, tal estructura... Las secuencias de mis filmes carecen de lógica dentro del contexto. Son series irregulares de imágenes. Puede haber una lógica interna, pero no una lógica matemática." Al mismo tiempo Herzog confiesa que nunca sueña, él que ha ido surcando sueños y fraguando quimeras.

Cineasta del Génesis, en todas las acepciones de la palabra, y del fin del mundo —llámese Patagonia, Amazonía, Lanzarote, el Sahara, el desierto de Australia, el volcán de la Soufrière— es guionista inspirado cuando se alimenta de mitos. Cuanto más se acerca el guionista a los mitos, más sólido es el substrato, más secreto el significado de la historia pero más rico también, y también logra dirigirse tanto a la imaginación individual como al imaginario colectivo. Porque ocurre a menudo que el espectador desconozca el mito referido pero, no obstante, lo entienda de manera intuitiva. Herzog podría hacer suyo el lema del pintor de El muelle de las brumas [2]: "Pinto las cosas que están detrás de las cosas". El mito está siempre detrás de una cortina, unas rocas, unas nubes, al alcance de quien piense su guión en términos de fuerzas dramáticas, de ideas maestras y, por supuesto, no se limite a registrar lo real sino a interpretarlo. El guionista que bebe en la fuente de los mitos suele ser un constructor. En el mejor de los casos también es un narrador, aunque se trata de otra forma de talento. En Kaspar Hauser su autor, proclive a los desmanes y, alguna vez, a cierto descuido de escritura, ha obrado con tino.

Aquí Herzog convoca el mito del ángel exiliado entre los hombres. En 1828 aparece en Nuremberg un hombre sin edad definida con una carta en la mano, inmóvil como una estatua; surge de la nada. Es un recién nacido para la sociedad que se apresura a indagar los orígenes de ese "salvaje" sometido a las preguntas teñidas de compasión, de los policías, los aristócratas, los médicos. Las mentes inquisitivas no logran establecer con claridad, y les pesa, cómo pudo haber vivido en condiciones infrahumanas durante tanto tiempo y más aún cómo puede acceder al lenguaje y, por ende, a la condición de ser humano si jamás ha hablado. Aristóteles dijo: «La palabra es un lujo sin el cual la vida es posible». Ese lujo es una provocación en contra de los estamentos del poder. Kaspar es un ser subversivo. Dijo Herzog: «Lo que tanto molesta a la gente de Kaspar es que sea un ser humano absolutamente intacto. Es como si un hombre hubiera llegado de otro planeta y aterrizado en la Tierra... la gente obliga a Kaspar a tener una infancia y una adolescencia en dos años solamente». De hecho, los niños y Kaspar se entienden mutuamente. Pero los adultos le imponen poco a poco pautas estrictas en aras de la decencia y el bienestar general.

A lo largo de la obra de Herzog encontramos muchos seres que malviven al margen de un sistema social que exige el dominio del lenguaje vigente: El país del silencio y la oscuridad, Stroszek, Donde sueñan las verdes hormigas e incluso Woyzeck [3]. Todo aquel que no quiera o no pueda aplicar las normas sociales es un freak [4], un fenómeno que merece ser exhibido. Kaspar será exhibido en un circo y luego en la alta sociedad que lo tolerará mientras actúe como un animal domesticado. El castigo puede ser la exclusión. Son parias los enanos [5], Stroszek, y Kaspar lo es cuando desafía las autoridades. Las reta porque detrás de su obediencia hay un ser desprovisto de prejuicios y esto lo lleva a establecer relaciones de igualdad con todos, con independencia de su cargo jerárquico; trato considerado una falta de respeto. Se puede observar esa rebelión pasiva durante el encuentro con los profesores de lógica que ponen a prueba la capacidad de aprendizaje de Kaspar. La anécdota relativa al Pueblo de los mentirosos enfrenta dos concepciones del lenguaje y de la lógica. La pregunta formulada es: "Kaspar, si estuvieras en un cruce y llegara un viajero ¿cómo sabrías si llega del pueblo de los mentirosos o del pueblo de los que dicen la verdad?" Respuesta de Kaspar: "Le preguntaría si es una rana verde. Si contesta que sí, es un embustero." Kaspar propone una mirada distinta, cargada de humor, que es denegada de inmediato porque los profesores repiten desde hace siglos cierta teoría y su mayor argumento es magister dixit. Poco a poco Kaspar entiende que no hay sitio para él en un mundo tan cruel. El título original de la película ha de ser comentado. "El título surgió en cuanto terminé el guión. Estaba viendo Macunaima (Joaquim de Andrade, 1969); de golpe, en el diálogo, alguien dice muy rápidamente, casi sin nitidez: "cada uno para sí y Dios contra todos". Salté de la butaca porque supe que ése era el título de mi película. Debo explicar que tal título está constantemente en el filme, en el sentimiento de soledad, de haber sido olvidados por Dios e, incluso, de que Él es nuestro enemigo".

El guión de El enigma de Kaspar Hauser, tal vez el más bello de su autor, se enriquece de una tensión doble que, de un lado, ofrece las virtudes de unas primorosas miniaturas hilvanadas de una manera lineal, aunque poco dramatizadas en un sentido convencional ya que no constan de un planteamiento/nudo/desenlace (todo el principio en la cueva, el circo, el episodio con Lord Stanhope), y, de otro, en segundo término, la presencia latente de un mundo primigenio que descubrimos mediante la mirada virgen de Kaspar, que otorga a las secuencias los contornos de un sueño. (¿Qué pudo haber hecho Kaspar encerrado durante años en la cueva sino soñar?) Pero el sueño no es el delirio psicodélico y menos todavía una imagen vaporosa. Kaspar Hauser es una ensoñación porque cuenta retazos de un despertar desde una objetividad aparente que roza la frialdad. Si Herzog hubiera añadido una voz en off en primera persona, por ejemplo, o incorporado secuencias durante las cuales Kaspar relatara su cautiverio o si el hombre embozado que le trae la comida a la cueva monologara para dar información al espectador la película no sería emocionante. Por ejemplo, es mucho más turbador ver a Kaspar quemarse los dedos sin que profiera una palabra y que segundos después una lágrima derrame por su mejilla. En eso consiste el delicado equilibrio de la película, la dificultad para Kaspar en sintonizar emociones y palabras. Esta misma secuencia resalta con economía de medios dramáticos la idea maestra, a saber: que lejos del lenguaje no somos humanos o más bien sí lo somos pero condenados a ser percibidos como seres inferiores. Fernando Savater escribe: "El hombre llega a serlo a través del aprendizaje... Porque lo propio del hombre no es tanto el mero aprender como el aprender de otros hombres, ser enseñado por ellos... La vida humana consiste en habitar un mundo en el que las cosas no sólo son sino que también significan; pero lo más humano de todo es comprender que, si bien lo que sea la realidad no depende de nosotros, lo que la realidad significa sí resulta competencia, problema y en cierta medida opción nuestra" [6].

Después de su muerte, el "huérfano de Europa" fascinaría a los escritores desde Verlaine, [Trakl] y Jakob Wasserman hasta más recientemente Peter Handke que verían en él el misterio de la condición humana. Kaspar apenas había tenido tiempo de dar un nombre a las cosas cuando murió. Los médicos detectaron en su cerebro un tumor que ponía fin al enigma. O eso creían. ¿Por qué dar vida si es para matar tan pronto?




en miradas.net, sep 2006





Imagen: Escena de El enigma de Kaspar Hauser, 1974
Arte: Juan Carlos Villavicencio





Notas

[1] Todas las citas de Werner Herzog han sido extraídas del documento editado por el Goethe Institut en 1998 cuando programó películas del autor de Kaspar Hauser al tiempo que la Filmoteca de Madrid presentaba un ciclo dedicado a Herzog. El fascículo se titula Werner Herzog, una retrospectiva. Las citas proceden de entrevistas concedidas a lo largo de muchos años.

[2] El muelle de las brumas (Quai des brumes, 1938) de Marcel Carné.

[3] El país del silencio y la oscuridad (Land des Schweigens und der Dunkelheit,1972), Stroszek (1977), Donde sueñan las verdes hormigas (Wo die grünen Ameisen träumen, 1984), Woyzeck (1979).

[4] La parada de los monstruos (Freaks, 1932) de Tod Browning es una película admirada por Herzog.

[5] Ver También los enanos empezaron pequeños (Auch Zwerge haben klein Aangefangen, 1970).

[6] El valor de educar: Fernando Savater (Editorial Ariel, 1997, págs. 29-30-31)






jueves, octubre 13, 2011

"La señora Dalloway", de Virginia Woolf

Fragmento



¡Amor y religión!, pensó Clarissa, mientras volvía al salón, sintiendo un hormigueo por todo el cuerpo. ¡Qué cosas tan odiosas, tan terriblemente odiosas! Porque ahora que ya no tenía delante el cuerpo de la señorita Kilman, su idea de ella la abrumaba. El amor y la religión eran las cosas más crueles del mundo, pensó, cuando se las ve torpes, acaloradas, dominantes, hipócritas, indiscretas, celosas, infinitamente crueles y sin escrúpulos, recubiertas por un impermeable, en el descansillo. ¿Había tratado ella alguna vez de convertir a alguien? ¿Acaso no quería que todos fueran, sencillamente, ellos mismos? Y vio por la ventana cómo la anciana señora de enfrente subía las escaleras. Que suba las escaleras si es eso lo que quiere hacer; que se detenga; y luego que llegue a su dormitorio, como Clarissa se lo había visto hacer muchas veces, corra las cortinas y desaparezca de nuevo por el fondo. Por alguna razón, aquella sucesión de actos le inspiraba respeto: la anciana mirando por la ventana, sin saber en absoluto que alguien la contemplaba. Había algo solemne en ello, pero el amor y la religión destruirían aquella intimidad del alma, fuera lo que fuese. La odiosa Kilman lo destruiría. Y, sin embargo, al verlo sentía deseos de llorar.

El amor también destruía. Todo lo que era delicado, todo lo que era auténtico desaparecía.







1925







miércoles, octubre 12, 2011

“Historia de dos granjas”, de Jared Diamond






Hace unos cuantos veranos visité dos granjas productoras de leche, la granja de los Huls y la granja de Gardar, que, pese a distar miles de kilómetros entre sí, se parecían asombrosamente en lo que las hacía fuertes y en sus puntos más vulnerables. Ambas eran con diferencia las granjas más grandes, prósperas y tecnológicamente avanzadas de sus zonas respectivas. En concreto, ambas giraban en torno a un establo de última generación para guarecer y ordeñar las vacas. Aquellas grandes estructuras, claramente divididas en dos hileras de pesebres enfrentados, eclipsaban a todos los demás establos de la zona. Ambas explotaciones dejaban que las vacas pastaran libremente durante el verano en exuberantes prados, cultivaban su propio heno para cosecharlo a finales del verano con el fin de alimentar a las vacas durante el invierno, e incrementaban su producción de pienso para el verano y de heno para el invierno regando sus campos de cultivo. Las dos granjas eran similares en extensión (unos pocos kilómetros cuadrados) y en cuanto al tamaño de los establos; aunque la de los Huls tenía algunas vacas más que la de Gardar (200 frente a 165). A los propietarios de ambas granjas se les consideraba personas destacadas en sus respectivas sociedades. Ambos eran profundamente religiosos. Las granjas estaban situadas en escenarios maravillosos que atraían a turistas desde muy lejos, con el trasfondo de altas montañas coronadas de nieve que desaguaban en arroyos repletos de peces y que descendían hacia un conocido río (en el caso de la granja de los Huls) o fiordo (en el caso de la granja de Gardar).

Estos eran los puntos fuertes de las dos granjas. En lo que se refería a los puntos débiles que compartían, ambas estaban situadas en zonas económicamente poco rentables para la producción de leche, debido a que la alta latitud norte en que se encontraban suponía que la estación veraniega en la que crecían el heno y los prados para pastar era corta. Así pues, dado que incluso en los años buenos el clima dejaba bastante que desear en comparación con el de las granjas lecheras situadas en latitudes más bajas, las granjas eran susceptibles de verse perjudicadas por las variaciones climáticas, y eran la sequía o el frío, respectivamente, las principales preocupaciones de las regiones en que se encontraban la granja de los Huls o la de Gardar. Ambas zonas estaban lejos de centros de población en los que pudieran comercializar sus productos de modo que los costes y riesgos del transporte las situaban en desventaja comparativa con respecto a zonas situadas en una ubicación más central. Las economías de ambas granjas dependían de factores que escapaban al control de sus propietarios, como la desigual prosperidad y gusto de sus clientes y vecinos. A una escala mayor, la economía de los países en que se encontraban ambas granjas crecía o decrecía conforme aumentaban o desparecían las amenazas de lejanas sociedades enemigas.

La mayor diferencia entre la granja de los Huls y la de Gardar reside en su condición actual. La granja de los Huls, una empresa familiar propiedad de cinco hermanos y sus cónyuges del valle de Bitterroot del estado de Montana, en el oeste de Estados Unidos, está prosperando, al tiempo que el condado de Ravalli, en el que se encuentra la granja de los Huls, alardea de contar con una de las tasas de crecimiento de población mas altas de todos los condados estadounidenses. Tim, Trudy y Dan Huls que son alguno, de los propietarios de la granja, me guiaron personalmente en una visita a su nuevo establo de alta tecnología y me explicaron pacientemente los atractivos y las vicisitudes de la producción de leche en Montana. Resulta inconcebible que en Estados Unidos en general y la granja de los Huls en particular se vengan abajo en un futuro previsible. Pero la granja de Gardar, antigua hacienda del obispo noruego del sudoeste de la Groenlandia noruega [1] se vino abajo por completo: sus miles de habitantes murieron de hambre, en disturbios sociales o en guerras contra un enemigo, o emigraron hasta que no quedó nadie vivo. Aunque los sólidos muros de la piedra del establo de Gardar y de la cercana catedral de Gardar se mantienen todavía en pie, hasta el punto de que pude contar uno a uno los pesebres, a fecha de hoy no queda ningún propietario que pueda explicarme los antiguos atractivos y vicisitudes de Gardar. Sin embargo, cuando la granja de Gardar y la Groenlandia noruega estaban en su momento cumbre, su declive parecía tan inconcebible como lo parece hoy día el declive de la granja de los Huls y de Estados Unidos.

Me explicaré: al esbozar estos paralelismos entre las dos granjas no estoy afirmando que la granja de los Huls y la sociedad estadounidense estén destinadas a desaparecer. En la actualidad, lo cierto es más bien lo contrario: la granja de los Huls se encuentra en proceso de expansión, las granjas vecinas están estudiando sus avanzadas innovaciones tecnológicas para adoptarlas y Estados Unidos es hoy día el país más poderoso del mundo. Tampoco estoy diciendo que las granjas o las sociedades en su conjunto propendan a desaparecer: mientras que algunas como Gardar ciertamente han desaparecido, otras han sobrevivido de forma ininterrumpida durante miles de años. Más bien, mis viajes a las granjas de los Huls y de Gardar, distantes entre sí miles de kilómetros pero visitadas en un mismo verano, me hicieron caer vivamente en la cuenta de que hasta las sociedades más ricas y tecnológicamente avanzadas se enfrentan hoy día a problemas medioambientales y económicos que no deberían subestimarse. Muchos de nuestros problemas son a grandes rasgos parecidos a los que acechaban a la granja de Gardar y la Groenlandia noruega, y son problemas que también se esforzaron por resolver muchas otras sociedades del pasado. Algunas de estas sociedades fracasaron (como la Groenlandia noruega) y otras triunfaron (como la japonesa y la de Tikopia). El pasado nos ofrece una rica base de datos de la que podemos aprender con el fin de que continuemos teniendo éxito.

La Groenlandia noruega es solo una de las muchas sociedades del pasado que se vinieron abajo o desaparecieron dejando tras de sí ruinas monumentales como las que Shelley imaginó en su poema “Ozyrmndias”. Por colapso me refiero a un drástico descenso del tamaño de la población humana y/o la complejidad política, económica y social a lo largo de un territorio considerable y durante un período de tiempo prolongado. El fenómeno del colapso es por tanto una forma extrema de los diversos tipos de declive más leves, y acaba siendo arbitrario establecer cuán drástico debe ser el declive de una sociedad hasta reunir las características adecuadas que nos permitan calificarlo de “colapso”.

Algunos de estos tipos de declive más leves son los auges y decadencias secunda-rios corrientes o las reestructuraciones políticas, económicas y sociales menores de una sociedad determinada; la conquista de una sociedad por parte de otra sociedad vecina, o su declive vinculado al auge del vecino, sin que se altere el tamaño total de la población o la complejidad de la región en su conjunto; y la sustitución o derrocamiento de una elite gobernante por parte de otra. Bajo estos criterios, la mayor parte de la gente consideraría que las siguientes sociedades del pasado fueron famosas víctimas de declives absolutos más que de decadencias menores: los anasazi y los cahokia dentro de las fronteras del actual Estados Unidos, las ciudades mayas de América Central, las culturas moche (o mochica) y tiahuanaco de América del Sur, la Grecia micénica y la Creta minoica en Europa, el Gran Zimbabwe y Meroe en África, Angkor Vat y las ciudades harappa del valle del Indo en Asia y la isla de Pascua en el océano Pacífico.

Las ruinas monumentales abandonadas por esas sociedades del pasado ejercen sobre todos nosotros una fascinación romántica. Quedamos maravillados cuando de niños sabemos de ellas por primera vez a través de imágenes. Cuando crecemos, muchos de nosotros planeamos unas vacaciones que nos permitan contemplarlas de primera mano como turistas. Nos sentimos atraídos por su inquietante y a menudo espectacular belleza, así como también por los misterios que representan. La escala de las ruinas atestigua la antigua riqueza y poder de sus constructores; la jactancia de ese “considerad mis Obras; rabiad ¡oh Poderosos!”, en palabras de Shelley. Sin embargo sus artífices desaparecieron, abandonaron las enormes estructuras que con tanto esfuerzo habían erigido. ¿Cómo una sociedad que en otro tiempo fue tan poderosa pudo acabar derrumbándose? ¿Cuál fue el destino de sus habitantes? ¿Se mudaron, y (en ese caso) por qué, o perecieron de algún modo desagradable? Tras este romántico misterio se esconde una idea acuciante: ¿podría un destino semejante cernirse finalmente sobre nuestra sociedad opulenta? ¿Contemplarán algún día los turistas perplejos los herrumbrosos restos de los rascacielos de Nueva York como contemplamos nosotros en la actualidad las ruinas de las ciudades mayas cubiertas por la jungla?



[1] El adjetivo inglés norse significa específicamente «antiguo noruego». Por lo general, lo hemos traducido simplemente por «noruego» para evitar expresiones acaso más precisas pero demasiado engorrosas como «El florecimiento de la Groenlandia de los antiguos noruegos». No obstante, y para evitar reiteraciones, lo hemos sustituido en ocasiones por «vikingo», «escandinavo» o «nórdico», toda vez que el contexto ya establece con claridad que se trataba particularmente de los antiguos pueblos vikingos, escandinavos o nórdicos que con el transcurso de la historia acabarían por convertirse en lo que hoy conocemos como noruegos. (N. del T.)



en Colapso, 2004 (2006 en español)














martes, octubre 11, 2011

"Chica Vudú", de Tim Burton

© Traducción de Juan Carlos Villavicencio
 
Su piel es de tela blanca
y ella está en su totalidad cosida
y ella tiene muchos alfileres de colores
asomándose del corazón.

Ella tiene un hermoso conjunto
de ojos girando hipnóticos,
aquellos que usa
para hipnotizar tipos.

Ella tiene muchos zombis diferentes
que están profundamente en trance.
Ella incluso tiene un zombi
que era originario de Francia.

Pero sabe que carga una maldición sobre ella,
una maldición que no puede vencer.
Pues si alguien
se acerca demasiado a ella,

los alfileres se clavan más adentro.






en La melancólica muerte del Chico Ostra, 1997





Voodoo Girl

Her skin is white cloth, / and she’s all sewn apart / and she has many colored pins / sticking out of the heart. // She has a beautiful set / of hypno-disk eyes, / the ones that she uses / to hypnotize guys. // She has many different zombies / who are deeply in her trance. / She even has a zombie / who was originally from France. // But she knows she has a curse on her, / a curse she cannot win. / For it someone gets / too close to her, // the pins stick farther in. //




lunes, octubre 10, 2011

“Especies intencionales”, de Andrés Anwandter







Mientras estos ojos envejecen
el mundo permanece como nuevo.

Reluce en las mañanas
y difunde por la tarde su brillo

en todas direcciones. Mientras esta
mirada se curva hacia dentro

y forma una cuenca y recoge
la lluvia constante de escenas

el mundo permanece como un plano
inclinado y las imágenes resbalan

al abismo de la historia.
Mientras estos
ojos se licuan a nivel de las
pantallas

y se agitan y remansan bajo el cielo
estrellado de los párpados, el mundo

es un mar donde las luces tranquilas
se mecen y migran en círculos

concéntricos sin rumbo. Mientras esta
mirada abandona las órbitas

fijas del globo ocular, el mundo
recorre una elipse a la inversa.

Y retorna a su centro en el sueño.




en Especies intencionales, 2001











domingo, octubre 09, 2011

"La noche de un jueves negro", de Horacio Marotta

A propósito de la Represión en Chile y de Los Archivos del Cardenal




Ver Los Archivos del Cardenal (con una hora inexplicable y no anunciada de retraso) después de vivir este jueves negro que nos retrotrae a las peores épocas de nuestra historia, es como vivir una esquizofrenia. Una serie digna que -aunque para los que vivimos la historia real nos pueda parecer bastante fantasiosa, edulcorada y poco rigurosa- tiene el mérito de relatar hechos reales y terribles para una enorme masa de chilenos jóvenes que hasta hoy no se había enterado de esa negra parte de nuestra historia.

De ahí la histeria de los fanáticos de Pinochet que, obviamente, no quieren que esas historias se conozcan, menos justo ahora cuando la sociedad completa vuelve a despertar luego de décadas de adormecimiento, letargo, compromisos, consensos, componendas, credulidad, resignación…

Tal vez hoy, bajo este gobierno neo/pinochetista, comienza a acabarse el trauma, el miedo, el chantaje y el fantasma de un nuevo 11; se derrumba la tesis de “hacer lo posible”, en todos los planos: derechos humanos, reformas constitucionales, equidad…

Las generaciones jóvenes comienzan a derribar los muros, a demoler los mitos, a botar los monumentos, a desmoronar el sistema.

Y los poderes fácticos tiemblan. Gobierno empresarial, empresarios chupa sangre, transnacionales, especuladores, milicos, pacos, iglesias, clase política, fiscales y jueces, medios de comunicación, tiemblan. No saben vivir en democracia, menos gobernar en democracia. No saben dialogar ni les interesa. Se aferran a sus dogmas y a su prepotencia. Se aferran a sus privilegios ganados bajo una férrea dictadura que dejó al país amarrado por una constitución y leyes inamovibles, para seguir saqueando y para seguir explotando al 90 por ciento de la población, día a día e impunemente, en todos los planos.

Sueldos miserables, cesantía en niveles que permitan la sobre explotación. Isapres, AFPs, usura, educación para el endeudamiento y mano de obra barata. Servicios públicos monopolizados e incontrolados. Comercio devenido en gangsterismo tipo “La Polar”. Miles y miles de jóvenes desplazados y marginados en las periferias urbanas, sin real futuro y a merced de la droga, la prostitución y la delincuencia.

Y los poderes fácticos, hoy con el gobierno en sus manos, apelan a lo que saben. La receta ya es antigua y la conocemos. El discurso es el mismo desde hace ya casi dos siglos, o más. “A quien levante la cabeza, se la volamos”…

Campañas intensivas de prensa para embrutecer a la población y demonizar y convertir en delincuentes a los movimientos sociales y sus dirigentes. Defender sus mal ganados privilegios mediante campañas de mentiras y falsedades, intentar emobolar la perdiz con “reformas” llenas de letra chica para que todo siga igual, pero que parezca que se están haciendo cambios.

Y, claro, la represión. La brutalidad contra todo el que se manifieste en contra del injusto sistema y exija cambios. Más leyes represivas, impunidad a los represores, apoyo oficial a las tropelías de los uniformados. Infiltración de los movimientos sociales y protestas con provocadores para aumentar la sensación de caos y avalar la represión.

Y hablábamos de esquizofrenia porque ver Los Archivos del Cardenal, producto honorable de nuestra aberrante “televisión pública”, luego de este jueves negro en que volvió la represión más violenta a nuestras calles, no vistas desde esos tiempos negros, nos hizo pensar, de pronto, en un salto al vacío, en una pesadilla…

Y luego viene el corte comercial (que no es uno y son largos) y la realidad esquizofrénica de este país nos golpea en la cara… El retail… Cualquier banco le da crédito sin ni preguntarle el nombre (siempre que usted no pregunte cuanto le van a cobrar de intereses)… Jumbo tiene ofertas irresistibles, para que ahorre mientras come bien y sano: Esta semana estamos liquidando carne de cebú, langostas de Juan Fernández (gorditas y bien alimentadas), lleve 4 botellas de vino Machi, al precio de 2, sólo 20 lucas… Isapre (cualquiera) ha rebajado sus costos y le ofrece los mejores médicos y las mejores clínicas…

Y vuelve la serie, nos sumergimos nuevamente entre torturadores, chacales, locos, terroristas, pacifistas, torturados, muertos, asesinatos a sangre fría, montajes (como los de ahora, caso bombas, por ejemplo)…

Y se acaba, viene el último capítulo la próxima semana … Vamos viendo si les dan recursos para hacer una segunda temporada…

Y veamos las noticias de la noche, reiteración hasta el cansancio de las extensas trasmisiones de toda la mañana, los del mediodía y los centrales…

Se habla de enfrentamientos, mientras las imágenes muestran represión inmisericorde y unilateral contra estudiantes que querían manifestarse pacíficamente. Por una vez, ChileVisión, por ser afectada directamente, muestra in extenso la detención y la brutalidad de la policía contra sus periodistas. UCVTV muestra las torturas en público a las que la policía somete a un ciudadano anónimo. TVN, sin más remedio, muestra la represión y detención de un grupo artístico de la escuela de danza de la Universidad de Chile, cuyo “delito” era estar haciendo su arte frente a la Casa Central. Luego, el ministro Hinzpeter haciendo una apología de su Ley Maldita y llamando a la ciudadanía a apoyarla, porque “hay que impedir que el caos se apodere de nuestra democracia”… Y una Intendenta suche e indigna diciendo que los organizadores de la marcha son los responsables del caos, cuando todos vimos que los responsables fueron los pacos.

Y, entremedio, ¡Oh, sorpresa!… Para aumentar la esquizofrenia, y las sospechas, se destaca que la Iglesia ha abierto una investigación por presunta pedofilia del ex Vicario de la Solidaridad, precisamente en los días de Los Archivos del Cardenal

Alguien alguna vez dijo: “Porque esta gran Humanidad ha dicho basta, y ha echado a andar… Y su marcha de gigante, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia…” Y, lamentablemente, para los que se aferran a sus privilegios e intentan reprimir esa marcha de gigantes, hoy la historia y las condiciones del mundo son otras. Los indignados marchan por todas las ciudades de todos los continentes, exigiendo cambios drásticos, se coordinan, se comunican, intercambian experiencias, aúnan ideas y reivindicaciones, estrategias y tácticas.

Tiemblen los poderosos, que se viene una primavera llena de esperanza, fuerza, ganas, renovación… Implacable, imparable, verde, celeste, amarilla, roja, de todos los colores, más que los del arcoiris, todos juntos… La lucha recién comienza, será difícil y con altos costos, pero las metas a lograr valen esos costos.

Nadie sobra en esta batalla. Es hora de la unidad, de la coordinación, de la hermandad, del no sectarismo, del no personalismo, de la apertura, de la búsqueda de acuerdos, de amalgamar las luchas ciudadanas, todas ellas, con la lucha política, con la organización, con una mirada de futuro.



en ClariNet, 7 de octubre, 2011







1. Imagen: Escena de Los Archivos del Cardenal

2. Fotografía de Juan Carlos Villavicencio