miércoles, julio 23, 2014

“La diuca”, de Lorenzo Aillapan Cayuleo







Es el Pájaro que sólo canta por temporadas
al igual que los trabajadores temporeros
de final de septiembre a mediados de marzo
este Pájaro lo reconocen como el ave madrugadora
y le dicen “la mañanera” en la cama de una pareja
el hombre se despide con tibio calor de su compañera.

Su erecto canto dice que amaneció
hay que levantarse, estirarse, bajarse de la cama
y ella le responde dulce al canto pajaril
de la diuca, su canto, si pues – ya amaneció
hay que pararse, estirarse, bajarse con cuidado
hay que trabajar y ganarse el pan del día.

La pareja mapuche es generalmente prolífera
entre cinco y diez hijos y no es por el canto de la diuca
más bien por la naturaleza de una raza y su cultura
pues nunca hubo control de natalidad
ni anticonceptivo para disminuir la humanidad
se va a la suerte del espíritu que nazcan los seres.


en Uñumche: Hombre Pájaro, 2003






martes, julio 22, 2014

"Actas de medianoche", de Víctor Rodríguez Núñez

Fragmento



Cuatro


Para Antonio Eligio Fernández (Tonel) y Debora Vanessa Kam


la noche que se mira,
no tiene nada que ver con la noche
Jaime Sáenz

La estrella mal herida
                                          de una sola mirada
Iris vertiginoso
números al revés
                              azul de reciclaje
La noche posmoderna
con vísceras de estaño
                                         un loco cablerío
Veo por mis heridas
que se cierran y abren
                                        como cifras
La estrella toda ve como te miro
Sola la sombra acude
                                       a beber su cristal

Lo preparé con tus mejores uvas
mis ánimos maduros
                                        y fermentó de sed
Se lo sirvo en la palabra copa
disuelto en aguanieve
que aún conserva la huella de los ciervos
Y se abrasa los labios
con la oración a Lázaro incumplida
Doble espía
                     voy a radiar mi informe
Todo lo que se va por el caño del alba
regresa en el desborde
                                          impuntual de la luz
No omitiré detalles

porque una sola noche explica el mundo
El lenguaje los números
que se deben encajar en el cielo
Hilachas que armonizan
con tu conversación áspera de silencio
Peldaños de una escalera que no
sirve para caer
y que da vértigo a la misma sombra
La estrofa cruje
                             nos recuerda ser
algo más que materia organizada
El caserón en nervio
que atravesó la noche
                                        sin ritmo del ciclón

Mas nos defiende contra ese viento sin norte
que amuela sus navajas en el quicio
Y muere por tajar
la fracción de esquina hasta la médula
Ante ti el vacío que repele la sombra
Esa nada que arde
                                 como sudor de luz
en los ojos tachados
La poca sal que soy y de ti se sacude
La vela con que vengo
alumbrando los ánimos se apaga
Noventa y nueve céntimos de lumbre
azul de Yemayá
                             amarillo de Ochún

Una semana entera sobre todos los libros
tiznando el cielo raso
Llama que seguirá quemando besos
cuarteados por su tersa lucidez
Con toda mi piel oigo
cómo rasga la luz las fibras de la noche
Sonido que confirma
mi torpe desnudez y que te viste
de espalda a las estrellas
                                            Noche sin estampar
cundida por esos claveles vagos
que aún huelen a luz
Tu obsesión con lo oscuro
es solo la obsesión de lo abierto conmigo

Malas artes poéticas
A pedrada limpia entresaco ondas
al fulgor estancado
Hay aguas más profundas que la fe
y el fango de cordura
La noche es lucidez mas compasiva
sin los brazos en cruz
Un nudo marinero
hecho con el haz de rayos cegados
La sombra calculada
                                      arrugando el papel
Ya no hay trazas de ti
y el ansia de la nieve contenida
impide respirar

Hasta de las ramas más bajas gotea el cielo
residuo de imagen que se evapora
Tedio recién pulido
                                    con borras de relámpago
Nubes por escanciar
La tristeza en los músculos
                                                  tu fractura en el alma
Ni la noche ni yo
podemos sin esta reflexión que nos enciende
Cómo hacerlo sin anular las huellas
que lo han bordado todo
                                             con un sentir abstracto
Ni la noche ni tú consiguen derramarse
descarnados en luz

En mi balcón simbólico
garabateo la sombra
                                      Un sueño
del que me han despojado los vecinos
Una página en blanco que me ensucia
Una luz sin usar envuelta por el ser
Unos ciervos sedientos que me afano en rayar
Este plano del otro donde soy omitido
Se acumulan insomnios
todo huele a reseda
                                    Cadencia en cada nudo
sentido imprevisible
Mas entonces el viento desordena
lo que esconde la luz

Hasta las piedras más sensuales son
desvelo acumulado
Y las sombras desnudas nos alumbran
Me pregunto noche despabilada
sin luceros ni bronca de vecinos
La tormenta en el vaso de palabras
¿amainará conmigo?
¿Solo un magro papel que reverbera
junto al hueso soñado?
¿Se fundirá el soneto en tu carbón?
No sabes que la vida
ha pasado otra vez sin recordarme
Clérigo infiel
                        yo solo sigo un ritmo

Algo lo opaca con el corazón
que acecha entre jardines por tejer
Algo lo deja azul
con la idea que hace oler a las rosas
Un lirio que desafía a la aurora boreal
Un otoño que el viento nos está echando en cara
El ritmo irregular
que al cabo restablece la armonía
A escondidas de mí
he robado tus sílabas contadas
Todos vamos sin prisa como cebras
camino del pesebre inmaculado
Y la noche incurable
de pronto se encabrita con los números

¿Quién recoge conmigo la armonía en el polvo?
Oscuridad dialógica
que no escucha a la luz despotricar
No se discuta más
La sombra siempre tiene la razón
Vuelvo a medir el tajo del vacío en tu cuerpo
a ver si me equivoco
                                     De ninguna manera
la noche son tres números impares
el ritmo que te extraña
El pulso atento
                            el insomnio más afilado
Nadie ha podido doblegar la sombra
ponerla de rodillas ante una sola luz







2011-2014











lunes, julio 21, 2014

“Palestina pertenece a los árabes en el mismo sentido que Inglaterra pertenece a los ingleses o Francia a los franceses”. Carta de Gandhi a Martin Buber








Todas mis simpatías están con los judíos. Los he conocido íntimamente en Sudáfrica. Algunos de ellos se hicieron compañeros de toda la vida. A través de estos amigos vine a aprender mucho acerca de su persecución a lo largo de la Historia. Ellos han sido los intocables (1) de la Cristiandad. Hay un cerrado paralelismo entre la forma en que han sido tratados por los Cristianos y el tratamiento a los intocables por los Hindúes. En ambos casos, se ha invocado la sanción religiosa para justificar el tratamiento inhumano al cual se los ha sometido. Entonces, aparte de las amistades, mi simpatía hacia los judíos está fundamentada en la razón universal más común. (2)

Pero mi simpatía no me ciega a los requisitos de la justicia. El reclamo de un hogar nacional para los judíos no me convoca para nada. La justificación para ello se busca en la Biblia y en la tenacidad con la cual los judíos han persistido después de su retorno a Palestina. Pero, ¿por qué no pueden, como otros pueblos de la tierra, convertir en hogar al país donde han nacido y donde ganan su sustento? (3)

Palestina pertenece a los árabes (4) en el mismo sentido que Inglaterra pertenece a los ingleses o Francia a los franceses. Es incorrecto e inhumano imponer los judíos a los árabes. Lo que está sucediendo actualmente en Palestina no se puede justificar por ningún código moral de conducta. Los Mandatos no tienen ninguna otra sanción que la de la guerra pasada (5). Sería seguramente un crimen contra la humanidad reducir a los orgullosos árabes para poder restaurar Palestina a los judíos en parte o enteramente como su hogar nacional. (6)

El camino más noble sería perseverar en un tratamiento justo para los judíos dondequiera que nazcan y se críen. Los judíos nacidos en Francia son franceses en exactamente el mismo sentido en que los cristianos nacidos en Francia son franceses. ¿Si los judíos no tienen ningún hogar además de Palestina, estarán de acuerdo con la idea de ser forzados a abandonar los otros lugares del mundo donde están asentados? ¿O quieren un hogar doble en donde pueden permanecer según su voluntad? Este reclamo por el hogar nacional proporciona una justificación bien coloreada para la expulsión alemana de los judíos. (7)

No estoy defendiendo los excesos árabes. Yo quisiera que hubiesen elegido el camino de la no-violencia para resistir lo que miran correctamente como usurpación injustificable sobre su país. Pero según los cánones aceptados de lo correcto y lo incorrecto, no se puede decir nada contra la resistencia árabe frente a las abrumadoras perspectivas que afrontan. (8)

Dejemos a los judíos que proclaman ser la raza elegida que prueben su título eligiendo el camino de la no-violencia para justificar su posición en la tierra. Cada país es su hogar, incluyendo Palestina, no por medio de la agresión sino por medio del servicio amoroso (9). Un amigo judío me ha enviado un libro llamado La contribución judía a la civilización, de Cecil Roth. El libro proporciona un registro de lo que han hecho los judíos para enriquecer la literatura, la música, la ciencia, la medicina y la agricultura. A partir de su voluntad, el judío puede rechazar ser tratado como el descastado de Occidente, puede rechazar ser detestado o patronizado. Puede conducir la atención y el respeto del mundo siendo ser humano (10), la creación elegida de Dios, en vez de ser el ser humano que va siendo hundido rápidamente por Dios en la monstruosidad y el abandono. Puede agregar a sus muchas contribuciones la sobresaliente contribución de la acción no-violenta. (11)


Segaon, 20 de noviembre de 1938



Notas

[1] Se refiere aquí a la casta de los intocables, ubicada en la parte inferior de la estructura socio-cultural con sanción religiosa, característica del sistema sociocultural hindú. Gandhi, aunque profundamente hindú y religioso, sostenía enfáticamente que el tratamiento hacia los intocables debía ser completamente modificado. Creía fervorosamente en la igualdad de derechos de todos los seres humanos.
[2] Es interesante verificar en este párrafo como Gandhi, un pensador y político indudablemente asiático -y como tal no occidental- se ubica claramente en la posición de un pensador y político de la Humanidad (como era en ese entonces por ejemplo, también el caso de Martín Buber, judío sionista). Pese a estar orgulloso de profesar y cultivar su particularismo cultural (el Hinduísmo), era un universalista. El caso de Gandhi es particularmente interesante porque además era el indiscutido máximo líder de un movimiento de liberación nacional contra el colonialismo inglés.
[3] La pregunta tiene una visible carga retórica. Con toda seguridad, Gandhi sabía que en esa época cientos de miles de judíos habían emigrado de sus países natales en Europa. No solamente a Palestina, un destino cuantitativamente menor en esas migraciones: el principal destino fueron las dos Américas, Norte y Sur. Lo que Gandhi posiblemente no sabía es que el Sionismo –la idea según la cual Palestina era una “tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, según había establecido en su famosa frase Theodor Herzl a fines del siglo XIX- era un movimiento marginal en el judaísmo, adoptado solamente por una minoría. Tampoco podía saber hasta qué punto, ya en 1938, los judíos se habían asimilado en sus sociedades de adopción en las Américas.
[4] Repárese en que Gandhi dice árabes, y no palestinos. Es que árabe era la identidad por la cual eran reconocidos (y auto-reconocidos) los pueblos de ese territorio –por oposición a los turcos dominantes hasta mediados de la década de 1910 y a los ingleses y franceses dominantes después-. La palabra palestinos fue apareciendo para designar a los habitantes de Palestina, el nombre que la Sociedad de las Naciones dio a una de las porciones asignadas a Inglaterra, en mandato, del territorio arrebatado al Imperio otomanos por los países triunfantes en la Primera Guerra Mundial. Se trataba de un arreglo visiblemente colonial. Ver también la Nota siguiente.
[5] Se refiere aquí al estatuto legal que tenía Palestina en la época en que el escribió esta carta. Palestina había sido establecida en 1919 por la Sociedad de las Naciones como un territorio de los que habían sido desagregados del Imperio Otomano después de la Primera Guerra, sobre el cual se otorgaba “mandato” a Gran Bretaña. Esta recibió en mandato también Jordania, mientras que Francia recibía Siria y Líbano. La situación se mantuvo hasta después de la Segunda Guerra, cuando la recién establecida ONU estableció diversos arreglos neo-coloniales, entre los cuales la partición de Palestina en tres territorios y dos Estados: uno Palestino (con dos territorios, Cisjordania y Gaza) y el otro Judío, establecido entre los dos territorios de la así creada –y nunca concretada- Palestina.
[6] Fue el Estado de Gran Bretaña el que, en ejercicio de su Mandato sobre Palestina, el que reconoció el derecho de los judíos a establecer su Hogar Nacional en Palestina y luego permitió la inmigración ilimitada de judíos hasta que una gran rebelión árabe en Palestina -1936-1939- hizo cambiar de política –oficialmente- al gobierno colonial. En el momento en que Gandhi escribía su carta a Buber, la inmigración seguía abierta, y los judíos estaban entrando entonces por decenas de miles en la pequeña Palestina, entonces todavía poblada por una abrumadora mayoría de árabes.
[7] El argumento es fuerte, e impecable. El judío de ultraderecha Stern, desgajado del grupo guerrillero Irgun, parece haber estado activamente involucrado dos o tres años después en una negociación con el Gobierno nazi de Alemania, para promover una “solución final” al “problema de los judíos” en el mundo germánico, consistente en su ¡emigración masiva a Palestina, organizada por el Gobierno Nazi de Alemania, en acuerdo con los judíos ya residentes!
[8] Seguramente, Gandhi se refiere en este párrafo a la gran rebelión árabe contra los ingleses en Palestina y a otros episodios anteriores. Es posible que también supiera de las masacres de algunas decenas de judíos perpetradas en Palestina. No se puede dejar de comparar esa cifra con los más de mil doscientos palestinos muertos por el Ejército israelí a principios de 2009 en Gaza -más de la mitad de ellos civiles-, en un “conflicto” durante el cual hubo solamente trece muertos israelíes, diez soldados y tres civiles -muertos por los famosos cohetes Kassan-. Así como en la actualidad, tampoco justificamos a la violencia que mata algunos judíos, el texto de la carta de Gandhi en 1938 ilumina un aspecto importante de la cuestión: los “árabes” de fines de la década de 1930 estaban resistiendo a la opresión británica, mientras que los “palestinos” de fines de la década de 2000, están resistiendo a la opresión israelí.
[9] Este es el párrafo central del argumento de Gandhi sobre la cuestión judía. A mí, como judío (que es un particularismo del universalista ser humano) me convoca completamente la perspectiva de que cada país pueda ser mi hogar por medio del servicio amoroso.
[10] Man en el original. Dada la fecha de la carta, esa palabra en esa época admitía la traducción española hombre, como sustantivo bi-genérico. Hoy la traducción literal sería inadmisible, porque traicionaría el sentido de la expresión. Por eso prefiero traducirla como ser humano.
[11] Como sabemos perfectamente, los judíos de Palestina no siguieron el consejo de Gandhi, salvo pocas y notables excepciones. Martín Buber fue una de las más notables de esas excepciones.


Traducción y notas: Mario Rabey










domingo, julio 20, 2014

"El tormento de Gaza y los crímenes de Israel son nuestra responsabilidad", de Noam Chomsky





A las tres de la madrugada del 9 de julio, en medio del más reciente ejercicio de la barbarie israelí, recibí la llamada telefónica de un joven periodista palestino en Gaza. Al fondo podía escuchar los gritos de su hijo pequeño en medio de las explosiones y el rugir de los jets que disparaban contra cualquier civil que se moviera, y también contra hogares.

Este joven acababa de ver estallar por los aires a un amigo suyo, quien circulaba en un vehículo claramente marcado como de prensa. Alcanzaba a escuchar los gritos que provenían de la casa vecina, tras la explosión, pero no pudo salir por temor a convertirse en blanco.

Se trata de un barrio tranquilo. No hay objetivos militares... a excepción de los palestinos, quienes son el blanco de la maquinaria de alta tecnología que Israel posee gracias a que Estados Unidos se la proporciona.

Mi amigo dijo que 70 por ciento de las ambulancias fueron destruidas, y que de todos los muertos y heridos cerca de dos tercios son mujeres y niños. Muy pocos activistas de Hamas han sido víctimas de los bombardeos. Siempre son las víctimas acostumbradas.

Es importante entender lo que es la vida en Gaza cuando Israel se comporta de manera moderada entre una crisis y otra. Una buena representación de esto la reportó el representante de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, Mads Gilbert, el valiente físico experto de nacionalidad noruega, quien ha trabajado mucho tiempo en Gaza y vivió la cruel y asesina operación Plomo endurecido. En todos aspectos, la situación es desastrosa.

Sólo en lo que respecta a los niños, Gilbert reporta: “Los niños palestinos en Gaza sufren inmensamente. Gran cantidad padece desnutrición por las condiciones impuestas por el gobierno israelí, debido al bloqueo al territorio palestino de Gaza. La anemia es común en todos los mayores de dos años, a los que afecta en 72.8 por ciento. Desnutrición, baja talla y bajo peso afecta, respectivamente, a 34.3, 31.4 y 31.45 por ciento de todos los niños del territorio. Estos índices empeoran, según cada nueva medición.

Cuando Israel se porta bien al menos dos niños palestinos son asesinados cada semana, y este patrón se ha mantenido durante los últimos 14 años.

La causa de fondo es la ocupación criminal de los territorios palestinos y todas las medidas que se adoptan en Gaza para que su población sobreviva apenas, mientras los palestinos de Cisjordania son obligados a mantenerse dentro de cantones inaccesibles, todo lo cual pone a Israel en una violación flagrante del derecho internacional y resoluciones explícitas del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, por no hablar de una mínima decencia humana.

Y así continuará mientras Israel sea apoyado por Washington y tolerado por Europa, para nuestra vergüenza eterna.




en La Jornada, 16 de julio 2014









Traducción de Gabriela Fonseca
















sábado, julio 19, 2014

“Desolación”, de Wang Wei






Una colina desierta
y nadie a la vista;
Sólo el eco de unas voces
llega a mis oídos.
El oblicuo sol del atardecer
penetra en los espesos bosques
y se refleja en los verdes musgos.



en Poetas chinos de la Dinastía Tang, 1961











viernes, julio 18, 2014

"Apache", de Antonio Gil

Fragmento



Mientras caminaba dando largas zancadas de legionario pensó en la sal, en la sal de la Tierra. Recordó las salinas de Añana, a su padre curtidor y a su abuelo doblado sobre la blancura sucia del sodio, los manchones de yodo, y pudo ver el vapor que brotaba del agua empozada por los salineros hambrientos que cargaban palas y rastrillos. De golpe Santiago ya no fue más Santiago, la ciudad buscona que bailaba en el filo de la catástrofe, sino un inmenso erial salpicado de matojos, San Yago, el valle purgatorio infestado de purgaciones, y esos olivos, esos olivos raquíticos, esos arbustos achaparrados que estaban secos y estériles, de cuyas ramas colgaban los cuerpos de decenas de recién nacidos amoratados, azules, amarillos de ictericias, los cordones umbilicales convertidos en dogales, en horcas. Y sintió resbalar sus pies en retazos de placentas, en vérnix, en meconio negro que los olivos supuraban como aceite. La otra mejilla, la otra mejilla, pensó palpando la calibre 45, que percibió como lo único vivo y cálido en cientos de kilómetros a la redonda. ¿Él? Él ya era un muerto y lo sabía. Vio reptar entonces por el suelo fuetes, látigos y fustas que serpenteaban entre los arbustos muertos. El valle de ceniza mojada se le presentó de golpe como un gigantesco lodazal gris de donde los poderosos del mundo habían moldeado su propio Yassel, el Golem que les hacía las veces de gendarme, ocupado día y noche en sembrar destrucción y ruina entre los pobres de espíritu. Lentamente la ciudad comenzó a volver paulatinamente a sus ojos. Entró en un tugurio a medio desguazar –o a medio manifestarse, no lo sabemos– y tomó un café anémico. La ciudad volvía y volvía a su retina como una ilusión, un truco escénico que alzaba sobre la ciénaga de cenizas el reino de los cielos.




Sangría Editora, 2014















jueves, julio 17, 2014

“El río”, de Julio Cortázar








Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo. Entonces está bien, qué me importa si te has ido, si te has ahogado o todavía andas por los muelles mirando el agua, y además no es cierto porque estás aquí dormida y respirando entrecortadamente, pero entonces no te has ido cuando te fuiste en algún momento de la noche antes de que yo me perdiera en el sueño, porque te habías ido diciendo alguna cosa, que te ibas a ahogar en el Sena, o sea que has tenido miedo, has renunciado y de golpe estás ahí casi tocándome, y te mueves ondulando como si algo trabajara suavemente en tu sueño, como si de verdad soñaras que has salido y que después de todo llegaste a los muelles y te tiraste al agua. Así una vez más, para dormir después con la cara empapada de un llanto estúpido, hasta las once de la mañana, la hora en que traen el diario con las noticias de los que se han ahogado de veras.

Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y adjetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón ridículo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme.

Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estaría tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis manos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchar, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como en un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo. Tengo que dominarte lentamente (y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos.



en Final del juego, 1956