sábado, abril 18, 2015

"Subiendo en otoño la montaña de las orquídeas para ver a Zhang", de Meng Haoran

© Versión de Juan Carlos Villavicencio




En una cumbre del norte entre nubes blancas
has encontrado la ermita que guarda tu paz;
y ahora, mientras subo esta montaña para verte,
alto vuela mi corazón junto a los gansos salvajes.
El tranquilo anochecer puede parecer un poco triste
si el clima de este otoño no fuese tan fresco y cristalino;
miro abajo la orilla del río, a los aldeanos volviendo a casa
mientras descansan en la arena esperando que vuelva el ferry;
hay árboles en el horizonte como si fueran césped
y contra el borde del río una isla como la luna.
Espero que vengas, nos encontremos y traigas una cesta con vino,
para que celebremos juntos la fiesta de esta montaña











viernes, abril 17, 2015

“Los leones”, de Edgar Allan Poe







...Todo el mundo caminaba maravillado
sobre los diez dedos de sus pies.
 Sátiras del Obispo Hall



Yo soy, es decir, fui un gran hombre; pero no soy ni el autor de Junius, ni el «hombre de la máscara», porque mi nombre, según creo, es Robert Jones y nací en algún lugar de la ciudad de Fum-Fudge.

El primer acto de mi vida consistió en cogerme la nariz con las dos manos. Mi madre lo vio y me llamó «genio»; mi padre lloró de alegría y me regaló un tratado de Nasología. Lo conocí bien a fondo antes de que me pusieran pantalones.

Por entonces comencé a vislumbrar cuál era para mí el camino del saber, y muy pronto llegué a comprender que, con tal de que un hombre tuviese una nariz bastante notable, podía, con sólo seguir su dirección, llegar a obtener el señorío de la moda. Pero mi atención no se limitaba solamente a las teorías. Cada mañana yo le propinaba a mi «proboscis» un par de tirones y me tragaba media docena de dramas.

Cuando llegué a la mayoría de edad, mi padre me preguntó un día si quería ir con él a su despacho.

—Hijo mío —me dijo en cuanto tomamos asiento—, ¿cuál es el fin principal de tu existencia?
—Padre, el estudio de la Nasología —le respondí.
—¿Y qué es la Nasología, Robert? —preguntó.
—Padre —respondí—, es la ciencia de las narices.
—¿Y puedes decirme, hijo, qué significa una nariz?
—La nariz, padre mío —respondí, muy sereno—, ha sido definida de formas muy diversas por casi un millar de diferentes autores...

Me detuve y extraje mi reloj del bolsillo para añadir a continuación:

—Ahora son poco más o menos las doce del día. Tendremos tiempo para recorrerlos todos antes de que sea medianoche. Así, pues, veamos, para comenzar: la nariz, según Bartolinus, es esa protuberancia, esa corcova, esa excrescencia que...
—Basta, Robert —interrumpió el bondadoso viejo—, me siento anonadado, asombrado, por la gran extensión de tu saber, realmente asombrado por mi vida...

Y al decir esto, se llevó una mano al corazón. Luego dijo:

—Ven aquí.

Acto seguido me tomó por el brazo, añadiendo:

—Tu educación puede considerarse ya terminada... Es ya hora de que te las arregles tú solo, y no podrás hacer nada mejor que seguir la dirección de tu nariz, así, así y así...

Y al pronunciar estas últimas palabras me echó a puntapiés, escaleras abajo, hasta la calle, concluyendo:

—¡De forma que vete de mi casa y que Dios te bendiga!

Como sentía en mi interior la inspiración «divina», aquel incidente me pareció más feliz que desgraciado. Resolví, pues, seguir el consejo paternal. Decidí seguir a mi nariz. Allí mismo le apliqué un tirón o dos, y escribí acto seguido un folleto sobre Nasología.

Todo Fum-Fudge se conmovió.

«¡Genio maravilloso!», dijo el Quaterly.
«¡Soberbio fisiólogo!», comentaba el Westminster.
«¡Inteligente compañero!», decía el Foreign.
«¡Excelente escritor!», dijo el Edimburgh.
«¡Profundo pensador!», dictaminó el Dublin.
«¡Gran hombre!», publicaba el Bentley.
«¡Alma divina!», aseguraba el Fraser.
«¡Uno de los nuestros!», aseveraba Blackwood.

—¿Quién será? —preguntó la señora Bas-Bleu.
—¿Quién será? —preguntó también la gruesa señorita Bas-Bleu.
—¿Dónde se encuentra? —inquirió la pequeña señorita Bas-Bleu.

Pero yo no hice caso de aquella gente y subí al taller de un artista.

Estaba pintando el retrato de la duquesa de Bendita Sea Mi Alma quien posaba pacientemente; el marqués de Así guardaba el perrillo de lanas de la duquesa; el marqués Esto Y Lo Otro jugueteaba con el frasquito de sales de la duquesa, y Su Alteza Real No Me Toques se inclinaba sobre el respaldo de la silla de la duquesa.

Me aproximé al artista y alcé la nariz.

—¡Oh, qué hermosura! —suspiró la excelentísima señora.
—¡Vaya! —murmuró el marqués.
—¡Oh, qué indecencia! —gimió el conde.
—¡Oh, abominable! —gruñó Su Alteza Real.
—¿Cuánto quiere usted por su nariz? —preguntó el artista.
—¡Por su nariz! —gritó la excelentísima señora.
—Mil libras —respondí, tomando asiento.
—¡Magnífico! —replicó el artista, extasiado.
—Mil libras —repetí yo.
—¿Me la garantiza usted? —preguntó, volviendo mi nariz hacia la luz.
—Se la garantizo —contesté, expulsando por la nariz una fuerte racha de viento.
—¿Es completamente original? —inquirió el artista.
—¡Hum! —murmuré yo, volviéndola hacia arriba.
—¿No se ha tomado ninguna copia de ella? —preguntó el artista, examinándola con un microscopio.
—Ninguna —dije yo, dándole un suave tirón.
—¡Admirable! —exclamó desarmado totalmente por la belleza de aquella maniobra.
—Mil libras —dije yo.
—¿Mil libras? —interrogó él.
—Exactamente —respondí.
—¿Un millar de libras? —volvió a preguntar.
—Eso es —dije.
—Las tendrá usted —respondió—. ¡Qué obra maestra!

Y a continuación allí mismo me extendió un cheque y tomó un boceto de mi nariz. Alquilé habitaciones en Jermyh Street y envié a Su Majestad la noventa y nueve edición de la Nasología, con un retrato de mi «proboscis». Aquel infeliz de Príncipe de Gales me invitó a comer.

Todos los que asistimos al banquete éramos hombres de moda, muy solicitados.

Allí estaba un Platónico moderno. Citaba a Porfirio, a Jámblico, a Plotino, a Proclo, a Jercles, a Máximo Tirio y a Siriano.

Estaba allí un apóstol de la perfección humana; hablaba de Turgot, Price, Priestley, Condorcet, de Stäel y del «Ambicioso Estudiante de Mala Salud».

Estaba el señor Paradoja Positiva. Sostenía que todos los locos son filósofos y todos los filósofos locos.

Estaba Estético Ethix. Hablaba del fuego, de la unidad y de los átomos; del alma doble y del alma preexistente; de afinidad y discordancia; de la inteligencia primitiva y de la homeomería.

Estaba Teólogos Teología. Hablaba de Eusebio y Arriano; de la Herejía y del Concilio de Nicea; del puseísmo y del consustancialismo; de Homusios y Homoouisios.

Estaba Fricassé du Rocher de Concake. Mencionaba el Muritón o Lengua a la Escarlata; coliflores con salsa velouté, ternera a la Saint Menehoult; escabeche a la Saint Florentin; y de las jaleas de naranja en mosaiques.

Estaba Borrachín del Vaso Lleno. Se refirió al Latour y al Markbrünen; al Espumoso y al Chambertin; al Richebourg y al Saint George; al Haubrion, al Leonville, y al Medoc; al Barac y al Preignac; al Grave y al Saint Peray. Movió la cabeza al hablar del Clos de Vougeot, y ya, cerrándosele los ojos, estableció la diferencia entre el Jerez y el Amontillado.

Estaba el señor Tintonlintino de Florencia. Discutió acerca de Cimabue, Arpino, Carpaccio y Argostino, de la tristeza de Caravaggio, de la amenidad de Albano, de los colores de Ticiano, de las matronas holandesas de Rubens, y de las jocosidades de Jan Steen.

Estaba el presidente de la Universidad de Fum-Fudge. Era de opinión que la Luna se llamaba Bendis en Tracia; Bubastis en Egipto; Diana en Roma, y Artemis en Grecia.

Estaba el Gran Turco de Estambul. No podía menos de pensar que los ángeles eran caballos, pollos y toros; que en el sexto cielo todo el mundo tiene mil cabezas; y que la Tierra estaba sostenida por una vaca de color azul celeste con incalculable cantidad de cuernos verdes.

Estaba Delfínus Políglota. Contó lo que había sido de las ochenta y tres tragedias perdidas de Esquilo; de las cincuenta y cuatro oraciones de Iseo; de los trescientos noventa y un discursos de Lisias; de los ciento ochenta tratados de Teofrasto; del octavo libro acerca de las Secciones Cónicas de Apolonio; de los himnos y Ditirambos de Píndaro; y de las cuarenta y cinco tragedias de Hornero el Joven.

Allí estaba Fernando Fitz-Fósil Feldespato. Nos informó acerca del fuego central y de las formaciones terciarias; acerca de los aeriformes, fluidiformes y solidiformes; acerca del cuarzo y de la greda; del esquisto y de la turmalina; del yeso y de la marga; del talco y el calcáreo; de la blenda y la hornablenda; de la micacita y la malaquita; de la cianita y la lepidocita; de la hematites y la tremolita; del antimonio y la calcedonia; del manganeso y de todo lo que ustedes quieran.

Estaba yo. Hablé de mí; de mí, de mí, de mí..., de Nasología, de mi folleto, de mí. Alcé la nariz altivamente y hablé de mí.

—¡Hombre maravilloso y agudo! —dijo el príncipe.
—¡Soberbio! —exclamaron sus invitados.

Y a la mañana siguiente. Su Excelencia la duquesa de Bendita Sea Mi Alma, vino a visitarme.

—¿Vendrá usted a casa de Almack, adorable criatura? —me preguntó, aplicándome un suave golpecito en la mejilla.
—Palabra de honor que iré —respondí.
—¿Con nariz y todo?
—Tan cierto como que estoy vivo —contesté.
—Pues bien, aquí está mi tarjeta, vida mía. ¿Puedo decir que irá usted?
—Querida duquesa, con todo mi corazón.
—¡No diga usted eso! Pero, ¿vendrá con toda su nariz?
—Sin que le falte nada, mi amor —dije yo.

Y aplicando un par de tirones a mi nariz, me encontré en casa de Almack. Las salas estaban completamente abarrotadas.

—¡Ya viene! —gritó alguien en la escalera.
—¡Ya viene! —dijo alguien más cerca.
—¡Ya viene! —dijo alguien más cerca todavía.
—¡Ha venido! —exclamó la duquesa—. ¡Aquí está mi cariño!

Y asiéndome fuertemente con ambas manos, me besó tres veces en la nariz. Acto seguido se produjo una gran sensación.

—Diavolo! —exclamó el conde Capricornutti.
—¡Dios nos guarde! —rezongó don Stiletto.
—¡Mil diablos! —exclamó el príncipe De Grenouille.
—Tausend Teufel! —refunfuñó el Elector de Bluddennuf.

No pude contenerme. Me puse furioso. Me volví bruscamente hacia Bluddennuf.

—¡Caballero, es usted un mandril! —le dije.
—¡Caballero! —replicó él, tras ligera pausa—. Donner und Biltzen!

Aquello era lo que yo deseaba. Cambiamos nuestras tarjetas. En la Granja del Yeso, a la mañana siguiente, le arranqué la nariz de un disparo. Y él acudió a mis amigos.

—Bête! —dijo el primero.
—¡Estúpido! —exclamó el segundo.
—¡Mastuerzo! —dijo el tercero.
—¡Asno! —dijo el cuarto.
—¡Badulaque! —gritó el quinto.
—¡Mentecato! —vociferó el sexto.
—¡Fuera de aquí! —ordenó el séptimo.

Al escuchar aquello me sentí abochornado y acudí a mi padre.

—Padre, ¿cuál es el principal fin de mi existencia? —le pregunté.
—Hijo mío —respondió—, sigue siendo el estudio de la Nasología; pero al convertir en blanco de tiro la nariz del Elector te has pasado de la raya. Tienes una hermosa nariz, verdad es; pero ahora, Bluddennuf ya no tiene ninguna. Tú has sido reprobado y él se ha convertido en el héroe del día. Te concederé que en Fum-Fudge la grandeza de un hombre de moda está en proporción con el tamaño de su «proboscis»... Pero, ¡cielos!, no hay manera de competir con un hombre de moda que no tiene «proboscis» en absoluto.



1835








jueves, abril 16, 2015

"Paisaje con la caída de Ícaro", de William Carlos Williams

© Traducción de Juan Carlos Villavicencio




Según Brueghel
era primavera
cuando cayó Ícaro

un granjero araba
su campo
toda la pompa

del año fue
un despierto hormigueo
cerca de

la orilla del mar
preocupado
de sí mismo

sudando bajo el sol
que derretía
la cera de las alas

significativamente
cerca de la costa
hubo

un chapoteo tan inadvertido
este era
Ícaro que se ahogaba





en The Hudson Review, 1960
y en Pictures from Brueghel and Other Poems, 1962



















miércoles, abril 15, 2015

“Te escribí un poema pero no sé cómo mandártelo”, de Álvaro Bisama






(Mensajes de texto encontrados en un celular que no era de Marcelo Bielsa)






Marcelo, un amigo tuyo me dio este número de teléfono. Te llamé pero no contestaste. Te lo digo por acá, por mensaje de texto:

TE ADMIRO.

Le ganaste a Argentina en el Nacional, me hiciste llorar.

MARCELO BIELSA, SOS EL MÁS GRANDE.

¿Recibiste mi mensaje?

Ya poh, contesta. Este es tu número.
¿Por qué no contestai?
¿Te llegó mi mensaje?
Acá no sale que te llegó.
Mala onda, erís mala onda.
Yo solo te estoy tirando buenas vibras.

Igual te voy a escribir.

Hablái bonito porque hablái bonito y no porque erís argentino.

Hablái bonito porque erís argentino, CTM.

Erís puro tollo, Marcelo.
¿Vas a responderme o no?
¿X qué no me respondes?

No te conozco mina, ¿te gustan las patas de chancho?
¿Erís maraco, Bielsa?

Estoi curao, no me pesques.

Te creís la raja porque ganaste un partido.

Disculpa por lo que te escribí.

Mi señora me dice que me acueste y que apague el teléfono.
Sé que me lees. Este es tu número. El real.

Contesta, CTM.

No te tomís en serio lo que te escribo.
Contesta alguna vez que sea.

El Guatón Santibáñez, ese sí que era un entrenador.

Mi opinión del Mati: saco de huevas.
Mi opinión de Valdivia: tiene cara de mongolito.

Te mando una foto mía por acá.
Yo soy el de la polera roja.
No soy colocolino, pero el Colo me gusta un poco.

¿Te llegó la foto?

Te mandé otra foto.

Yo soy el que sale al lado del Coca Mendoza, un jugadorazo.
Una vez soñé que el Cóndor Rojas era Cristo.
Cachái al Cóndor Rojas, Marcelo.

No te hagái el leso. Contesta.
Sé que este es tu número.

Nosotros fuimos los romanos del Cóndor Rojas.

Igual la estái rompiendo.
Chile no parece Chile.
Es tarde, mejor me duermo.
No soi curado, no pensís mal de mí.

Te llamé por teléfono y no me contestaste.
Por qué no me contestas.

Solo quería decirte que los cabros jugaron a toda raja.
Le cambiaste el rostro a Chile.

Te voi a escribir igual, me da lo mismo tu mala onda.
Alguien tiene que decirte la verdad.
Qué bueno que no llamaste al Loco Valdivia,
vale hongo ese CTM. Igual se come puras locas filete.

Te llamé de nuevo, contesta, guatón culiao.

Yo no creo que seái loco, te hacís el loco no más.
Te creís bacán porque ganái partidos, pero no erís nadie, argentino culiao.

Sorry por el mensaje del otro día, estaba mal porque me había peleado con mi señora.
Tú erís mi único amigo y ni te conozco.

Si el Mago Valivia te ofreciera a su señora para entrar a la selección, ¿te la comeríai?

¿Te agarraste a la Bachelet o no?

No llamís al Pinilla. Está entero cagao ese culiao.
Tu hermano conoció a Ronald Reagan.
Era bacán ese loco, ojalá tu hermano lo haya conocido.
¿Has conocido a famosos?
Los futbolistas no valen.

Una vez me saqué una foto con el Negro Piñera en el Seriatutix.
Bacán ese local.

Ahí te la mandé.
Yo soy el del gorro con la bandera chilena.

Fue lindo el 98. Los zasa. Épico.

CONTESTA, POH.
CONTESTA, CTM.

☹☹☹☹☹☹☹☹
☹☹☹☹☹☹☹
☹☹☹

Me estái agarrando pal hueveo.

Es bien bueno el Gary, pero se agarra puras camboyanas

Te escribí un poema pero no sé cómo mandártelo, me podríai dar tu correo electrónico.

Sorry por no escribirte, han pasado los años, tuve problemas.

Estoy bien, no te preocupes por mí.

Bonito lo de Colombia, gracias por ese 4-2, lloré de nuevo.
Fui a la Plaza Italia a celebrar. Me curé raja con champaña, te encargo la caña.

¿Te curaste? ¿Tomái copete?
Me hiciste olvidar quién era. No te lo dije: mi señora me dejó.
Yo las cagué.

Te querís juntar conmigo, Marcelo.
Contesta, poh.
Contesta, CTM.

Ya poh. Te escribo y te escribo y no pasa nada.
Ya, poh. Yo sé que me leís.

El otro día me dijeron que ibai a ganar 1500 millones de pesos, puta el wn artista.

Estoi curao. No pesques.

Creo que te vi en la calle. Te grité. Pero era un hueón igual a ti nomás.

¿Creís que Chile se llenó de hueones iguales a ti?
Te pedí amistad en Facebook, pero no erai tú.

¿Qué pensái de Pellegrini, Marce?
Yo lo encuentro ahueonao.
Contesta, CTM.

No me pescái. Pero igual me querís, yo creo.

¿Qué hacís el sábado? Acá tenemos un asado con unos amigos. Nos trajeron un chanchito del sur. Está adobadito.

Tuve un problema. No te voy a poder escribir en un tiempo. Después te cuento.

No pasó nada. Me tuve que arrancar. Un negocio salió mal.
A veces uno gana, a veces uno pierde.
He seguido tus pasos.

¿Te da miedo Sudáfrica?
¿Qué pensái de Nelson Mandela?
Igual esos locos eran brígidos. Como nazis africanos.
Qué lata que el Mundial sea ahí.
¿Hablái africano?

Quería ir a Sudáfrica pero no tengo las lucas.

Marcelo, por qué no me contestái, CTM.

Te tengo un negocio súper bueno.
Tenís que poner dos palos nomás.
Contesta, poh.
Es una movida de salmones ahumados de Angelmó, de un cabro que era compañero mío en el colegio.

¿Comís pescado?
O puros bifes de chorizo.

YA, POH, RESPONDE. ¿ENTRÁI EN EL NEGOCIO O NO?
SON DOS PALOS NOMÁS.

¿Qué pensái que es el miedo?
Yo creo que es algo que te come la piel, que te deja sin piel.
¿Tenís miedo de Sudáfrica?

Feliz Navidad, Marcelo. Gracias.

Fue lindo Sudáfrica, hueón.

Puta, no te pude escribir. Me fui al norte, a una pega.

Me arreglé con mi señora.
Vi todos los partidos.
Gracias, Marcelo.

¿Ricas las negras?

Dejé de ver los partidos cuando dejó de jugar Chile. Ya no tenía sentido.
Lloré, hueón.
¿Lloraste, Marcelo?
¿Sabís llorar?
¿Qué es una lágrima para ti?

Al final nos volaron la raja.
Pero dejamos el nombre de Chile bien puesto.

Igual fue cuático.

Contesta.
Contesta, CTM.
Te apuesto que te estái sirviendo una minita, por eso no contestái.
¿Encontrái rica a la Bachelet?

No te tomís en serio lo que te escribo.
¿Es verdad lo de la Bachelet?
Contesta alguna vez que sea.

No me creen que hablo contigo. Me piden que les muestre tus mensajes, pero no me mandái ni uno.
Mándate un mensajito, para que los cabros de la pega me crean que somos amigos.

Igual tendríai que haber saludado al Piñera.
Él es el presidente de todos los chilenos.
Es feo el culiao y habla raro.
Pero igual es el presidente.
Igual fuiste roto.
Entero roto. No cachaste nada.
Es una crítica constructiva la que te hago.

Nadie te dice la verdad, yo nomás.

Contesta.
Contesta, CTM.
¿Somos amigos o no somos amigos?

Yo te apoyo, Marcelo.
Soy tu perro.
Te escribí un poema pero no pude mandártelo.
Era como el avemaría pero salíai tú.

¿Es verdad?
Me dijeron que te vai.
Prendí la radio y escuché esa huevada.
Por eso volví a escribirte.

No te vayái. No seái maricón.
Chueco culiao.

El Harold es bacán, pero igual se lo cagaron.
¿Dónde estái? ¿Te querís tomar un copete para conversar lo que está pasando?
No te vayái.
Te podís desahogar conmigo.
¿Somos amigos o no somos amigos?

Segovia culiao.
Jadue culiao.
Ratas culiás.

Marcelo, no te vayái.
Yo te voy a ayudar a que no te vayái.
Si no te ayudái tú, yo te voy a ayudar.

Yo fui. Ya te lo contaron. Yo fui.
Yo le tiré una gallina sin cabeza al auto del Jadue.
Se cagó de miedo.

Compré la gallina en el mercado.

Vudú, CTM. Como los negros de Sudáfrica.
Hacían vudú en África.
Lo vi en la película, lo de la gallina sin cabeza.

Era para ayudarte.
Contesta.
Contesta, CTM.
Dime que sirve de algo.

¿La Bachelet no te puede ayudar?
Que te ayude, la loca.
O el Piñera.
Deberían prestarte ropa.
Media mariconada que te hicieron.

Yo creo que lo de la gallina sin cabeza va a resultar.
No es hueveo, yo tengo ojo para estas cosas.
Tengo un talento.
Don de gentes.

Igual te vai.
Mala onda.
Te estoy viendo en la tele ahora.
La media conferencia.
TENÍS VERSO.

Gracias, loco Bielsa.
Vas a ver estos mensajes después.
Estoy emocionado. Estás diciendo puras verdades.
Yo te grabaría y haría un libro con lo que decís.
En serio.
Te escucharía hablar siempre.
Hablái y entiendo el fútbol.
Los odio a todos por echarte.

¿Por qué te vai?
¿Por qué nos dejas solos?

EGOÍSTA CULIAO.
TE VOY A IR A TIRAR UNA GALLINA, HUACHO CULIAO.
CTM.

No te vayái.
Ya, poh, recapacita.
No me hablís nunca, pero no te vayái.
En serio.

LOS CHILENOS NO SOMOS NADA SIN TI.
YO NO SOY NADA SIN TI.
SOLO SOY UN CHILENO.
CRÉEME, CTM.

Puta la hueá triste.
Arrugaste, CTM.

Mala onda.
Erís mala onda.
Te dejaste ganar por los corruptos, por los delincuentes.

¿Qué vai a hacer ahora?
¿Dónde te vai a ir?
¿Le vai a pedir pololeo o no a la Michelle?

Te cagó el gobierno.
PIÑERA CULIAO.
Fue él. Eso no me lo saca nadie.

Voy a matarlo.
Voy a matar al presidente por cagarnos.
Un presidente que se caga en el fútbol no puede ser presidente.
Eso es no tener corazón, no tener sangre.

¿Dónde te vai a ir?
Mándame la dirección.
Tengo ese poema que te escribí y quiero mandártelo.

Ya, poh, contesta una vez que sea.
Este es tu teléfono.
Ya son cuatro años hueviando.
No dai nada, Marcelo.
Erís ingrato.
Qué bueno que te vi.

No tenís corazón.
No te vayai.
No nos dejís solos.
ARGENTINO CTM.

Sorry, estaba raja de curao la otra noche.
El trago me pone mal. No debería tomar fuerte.

¿Qué hacemos?
Me cansé. Ya no te escribo más.
¿Dónde te vai a ir?
Mándame la dirección.
Tengo ese poema que te escribí y quiero mandártelo.
Ya, poh, atina.
No me dejís hablando solo.

No me dejís hablando solo.

CONTÉSTAME, CTM.



en Todo es cancha
(Antología de cuentos de fútbol), 2014