domingo, enero 26, 2020

«El tiempo perdido», de Jacques Prévert

Traducción de Juan Carlos Villavicencio






Frente a la puerta de la fábrica
el trabajador se detiene de repente
el buen tiempo le ha tirado la chaqueta
y cuando se vuelve
y mira al sol
todo rojo todo circular
sonriendo en su cielo plomo
le hace un guiño
con familiaridad
Dime camarada Sol
¿no encuentras
que es bastante imbécil
regalarle a un patrón
un día como este?



en Paroles, 1946





Fotografía de André Villers













Le temps perdu

Devant la porte de l'usine / le travailleur soudain s'arrête / le beau temps l'a tiré par la veste / et comme il se retourne / et regarde le soleil / tout rouge tout rond / souriant dans son ciel de plomb / il cligne de l'œil / familièrement / Dis donc camarade Soleil / tu ne trouves pas / que c'est plutôt con / de donner une journée pareille / à un patron?









Contribución indirecta a DscnTxt de Jorge Velásquez








sábado, enero 25, 2020

“La luna en medio del otoño”, de Su Tung-Po





Por la tarde las nubes se dispersan,
desaparecen,
el cielo es cada vez más puro y frío.

Silenciosamente, la Vía Láctea
gira en la bóveda de jade.

Si hoy, en esta noche, no nos regocijamos
ampliamente,
el mes próximo, el año próximo...
¿estaremos aquí para mirar?



en Poesía china, 1960

Rafael Alberti y María Teresa León, antologadores












viernes, enero 24, 2020

“Post Scriptum”, de Roberto Bolaño





De lo perdido, de lo irremediablemente perdido, solo deseo recuperar la disponibilidad cotidiana de mi escritura, líneas capaces de cogerme del pelo y levantarme cuando mi cuerpo ya no quiera aguantar más. (Significativo, dijo el extranjero). A lo humano y a lo divino. Como esos versos de Leopardi que Daniel Biga recitaba en un puente nórdico para armarse de coraje. Así sea mi escritura.



en La Universidad Desconocida, 2007












jueves, enero 23, 2020

“Críticas de la vida política”, de Armado Uribe Arce



Armando Uribe Arce (28 de octubre de 1933 – 23 de enero de 2020)


      1
Henos aquí, en la ratonera
del país que es un gato arestiniento
a la espera de vernos
acercarnos al queso y roerle la cáscara
para el zarpazo darnos en el cuello
y en seguida comernos, y al osario.


      2
Estamos no pertenecemos
al país donde estamos ¡esta no es Norteamérica!
y sin embargo hay edificios de Wall Street
(se pronuncia güólstrit), este es el caso:
se produjo la quiebra de todo, el golpe universal
de Estado, estamos entre los escombros
que quedaron, las féminas con cintas de colores
se pasean con tacos aguja, sus abuelas con palillos
tejen cartílagos y sus amantes de camisa con rayas
ya no usan pantalones y lucen espinillas atractivas
y los sexos se creen carismáticos.


      3
La dictadura
no fue un error, tiene apellidos,
como colas de rata o lagartija,
y su elenco de honor para asesinos
los regocija todavía, y dura
indefinidamente; no fue un malentendido
sino la voluntad de pasar una lija
de hierro por encima de los niños.


      4
El siniestro, el grotesco, el que conjuga
palabras al revés, y convierte a los hombres
en mujercitas asustadas de las sombras
de la noche, en siluetas recortadas
con tijeras negruzcas homicidas,
y las mujeres en mujer con barba,
ése no muere. Mueren los poetas, los artistas
y los adolescentes inocentes. Posan
para su pésima posteridad los torpes
ridículos y sórdidos malvados con su murga.


      5
Pellejos de testículo en la cara
cayendo en pliegues de mejillas
tiemblan mientras conversa el benemérito
con el agente al que le sobran
nalgas floridas de entre los cachetes
de su borroso rostro de rastrero.


      6
Ganaron los pederastas, dirigidos
por el tirano, y los homosexuales
se retiraron a sus retretes
derrotados, donde plegaron sus pañuelos
de narices, se soplaron los mocos,
bebieron sus orinas, los orines
en placas les cubrieron de la nuca a las nalgas,
y los grandes pederastas se cerraron el marrueco.


      7
Viejas atrocidades: novedosas
ex abominaciones: las componen:
latigazos del muslo al coxis: bandas
de acero al rojo blanco en los tobillos:
tatuajes de ideogramas en los senos:
sean de hombre o mujer: así se hicieron
las fortunas que hoy sirven a los hijos
de los torturadores y a las santas
madres para las lápidas que ponen
sobre sus tumbas repletas de rosas.


      8
Los políticos gesticulaciones
y taparse los ojos con las manos
torcer la boca en rictus o en sonrisa
y con los dedos de los pies poruña.
Dar de codazos y sus corpulencias
aplastar a los moros y cristianos
hermanos suyos y elevarse encima
de todos presidente papa jibia.


      9
Cuando se bota la ceniza
del cigarrillo si se mira
la brasa brota un monstruo
de fuego transitorio
pero feroz que quema
los ojos la garganta
las alfombras la casa
y el bosque y la pradera.


      10
La alcahueta política le saca punta al lápiz
jurídico, se lava los dientes y las uñas se escarba
y toda se adonosa, con enaguas
de encajes en el rodeo de abajo y en el margen
del escote. Toma su cartapacio con escritos
en defensa del monstruo psicópata político
y asiste a las sesiones de la Cámara.
Pasa tarjeta donde dice: Madama P., su casa.


      11
A los que se declaran católicos cristianos,
se hacen capillas en sus casas,
a ustedes los muy vanos,
que tienen experiencias místicas pero públicas,
nosotros les decimos, los pobres que retrucan
en el silencio: espérense no más
algunos años y verán, verán.


      12
Es un pañuelo de narices
mal doblado y arrúgase y aríscase
como las vísceras las víscidas
barbadas de los interiores
una modesta prótesis del hombre
arréase al bolsillo, están vencidas
sus tropas y lo reconocen.


      13
Pasa una infinidad de tiempo en las escuadras
proletarias y un día, viejo gastado, se percata
que siempre fue un burgués pequeño y dócil,
se afeita como todas las mañanas
con máquina gillete mellada y en el cutis
se hace una infinidad de cortes y no estanca
la sangre, y se da cuenta de que todo fue un equívoco.


      14
Tenía treinta y nueve
y se acabó mi vida.
Resucitado hacia clases
de lo que no sabía.
En país extranjero Extranjerías
visitaba, y compases
parecían las calles por las que uno se mueve
después de muerto, lejos, calles desconocidas.


      15
La mujer puerperal y el niño apenas
niño: ella se reclina y él se deja
acariciar sin saber quién es quiénes;
se oyen unos gruñidos: son las flemas
que lo dominan ya; su vida entera
recordará sin saberlo los tales parabienes.


      16
Los inmundos se ufanan
se refocilan los carnales
psíquicos, se abutagan,
se dicen que no hay Dios, que toda carne
es mortal y que muera el inocente
(pero ellos están vivos y envejecen
cortando flores y mandando
matar o con sus manos
limpiándose o rezando) a un dios de pana.


      17
Dicen los necios en su corazón
«no hay Dios», y es un descubrimiento
que en sí los regocija en el secreto
del corazón. Piensan los necios
-si tienen pensamiento- que no hay Dios
y se frotan las manos de contento.



en Las críticas de Chile, 1999 











miércoles, enero 22, 2020

«Antuco», de Carlos Cardani Parra y Carlos Soto Román

Fragmento





Los días dieciocho de cada mes las madres de los conscriptos se reúnen
Prenden velas afuera del regimiento Nº 17 de Montaña
Las acompañan amigos de los fallecidos, angelinos al paso
Se integran quienes hacen la guardia
Sobrevivientes o sus soldados de la misma edad
Hay armas en sus manos, pero no hay marcialidad posible
La disciplina, la instrucción militar es cambiada por momentos
          de recogimiento

Mes a mes la ceremonia va siendo menos concurrida
La actividad es reducida al núcleo familiar

La última reunión se realiza días antes a la sentencia del único condenado
Luego se hará una vez al año, dirigida por las autoridades locales





2019












martes, enero 21, 2020

“Economía”, de W. H. Auden





En los Hambrientos Años Treinta
los chicos solían vender sus cuerpos
por una buena comida.

En los Opulentos Sesenta
aún lo hacían
para afrontar los pagos a plazo.



en Gracias, niebla, 1996



Economics

In the Hungry Thirties / boys used to sell their bodies / for a square meal. // In the Affluent Sixties / they still did / to meet Hire-Purchase Payments.












lunes, enero 20, 2020

«Inglaterra en 1819», de Percy Bysshe Shelley

Traducción de Juan Carlos Villavicencio






Un rey viejo, loco, ciego, despreciado y moribundo;
Los príncipes, la escoria de su aburrida raza, fluyen
A través del desprecio público – son fango de un manantial fangoso;
Aquellos que gobiernan ni ven ni sienten ni saben nada,
Pero se aferran como sanguijuelas a su país derruido
Hasta que caen llenos de sangre, sin golpe alguno.
Un pueblo muerto de hambre y apuñalado en un campo que no ha sido cultivado;
Un ejército, que para los que abusan y destruyen la libertad,
Es una espada de doble filo para todos los que la empuñan;
Hay reglas de oro y leyes de sangre que provocan y producen muerte;
Religión sin Cristo, sin Dios – un libro sellado;
Un senado, el peor decreto del Tiempo, jamás revocado –
Son tumbas de las cuales un glorioso Fantasma puede
Desatarse, para iluminar nuestros tempestuosos días.



1819
















domingo, enero 19, 2020

“Tal vez deberíamos atrevernos a no hablar de gobierno y oposición y deberíamos hablar de gobierno y colaboración”. Entrevista a Humberto Maturana, de Andrés Gómez Bravo





Cuando era una niña, la madre de Humberto Maturana (1928) vivió entre comunidades aymaras. Una vez mayor, su hijo y prominente biólogo le preguntó qué era lo más importante que había aprendido entre los indígenas del altiplano. Ella lo pensó y le dijo: “A compartir y a colaborar”. Ambas ideas impregnaron la sensibilidad y el pensamiento del Premio Nacional de Ciencias 1994 y autor de El sentido de lo humano. Doctor en Biología de Harvard y fundador de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, Maturana es autor de significativos aportes a la teoría del conocimiento. Desde su perspectiva, lo que distingue al ser humano es el lenguaje. El lenguaje no como un sistema simbólico, sino como una serie de interacciones o coordinaciones de haceres y emociones. Desde la familia ancestral, observa, esa red de coordinaciones posibilitó “un convivir en el placer de estar juntos”, en el bien-estar y la protección del grupo. “Todo este modo de vivir no es tan diferente al modo de vivir actual; la única diferencia en este presente es que hemos perdido la espontaneidad del cuidado por el otro y la otra, y nos hemos sumergido en la competencia como un modo de vivir y convivir tan natural”, escribe en Historia de nuestro vivir cotidiano, libro que firma junto a la epistemóloga Ximena Dávila, con quien fundó el centro de pensamiento Matrística. Recién publicado, el libro propone una reflexión en torno a la convivencia y la democracia, basada en el respeto y la idea de colaborar.

“Nosotros pensamos que la democracia es un modo de convivir, no una teoría política, filosófica ni social, y se asocia a si queremos o no queremos convivir. Si queremos convivir, se cambia la pregunta a cómo queremos convivir, pero no desde la teoría. Y eso exige por sí mismo mutuo respeto. Las teorías nos atrapan, son constructos racionales, pero la democracia no es un constructo lógico racional, es un modo de convivir que surge del deseo de la convivencia”, dice.

El libro subraya el modo en que la cultura de la competencia afecta nuestra convivencia...
HM: Esa cultura se funda en una teoría económica, el libre mercado. Cuando se invita a la competencia es siempre una actitud de negación del otro, y es también una negación de sí mismo, porque para crecer tengo que ser mejor que el otro, entonces el otro es mi referente.

¿Cree que esta cultura influyó en la crisis que vivimos?
HM: Claro que sí. ¿Qué se entiende por libre competencia? Que yo tengo libertad para hacer las cosas de modo que el otro fracase, porque tengo que hacerlo mejor. Pero la actitud no es hacerlo mejor en la calidad histórica del hacer, sino para que el otro fracase y yo tenga presencia. Entonces la competencia es siempre negativa.
XD: La selección natural de Darwin dice que se adapta el más apto, el mejor. Hay que mirar la historia y aparece la esclavitud, la raza pura, la conquista, el genocidio indígena. Es una cultura en la que sometemos al otro, una cultura de control que genera desconfianza e inseguridad.
HM: Cuando usted era chico y veía una murallita en la calle, se subía a ella y se deslizaba tan lejos como conservaba el equilibrio. Los seres humanos nos deslizamos conservando el equilibrio de nuestro bienestar y nos morimos, pero no es un cuento de quién es mejor o peor, sino de las circunstancias que nos permiten conservar el bienestar.

Siempre se destaca que la competencia es buena y permite mejores servicios y productos.
HM: Pero no, lo que genera es que yo haga algo que se pueda ver mejor en el mercado, no necesariamente que haya progreso. Puede que sí, que lo haya, pero va a ser por la calidad propia de lo que hago, no por la competencia.

La desigualdad ya existía, pero de pronto estalló. ¿Qué ocurrió?
HM: La desigualdad se hizo extrema, los abusos se hicieron extremos.

Se dice que Chile despertó.
HM: Chile se dio cuenta de que había abuso, pero ¿por qué se despertó? Porque ese abuso se hizo extremo, más allá de lo que uno consideraba tolerable. Chile despierta con enojo, porque durante mucho tiempo hubo un fondo de enojo frente a esa discrepancia. En la televisión muestran el mundo maravilloso del libre mercado y muchos no tienen acceso a eso, muchos viven con una comida al día. ¿Quiere decir que estas personas no son aptas o no tienen habilidades? No, ellas tienen habilidades, el problema son las oportunidades.

¿Qué piensa de la violencia en las calles?
HM: Yo creo que la violencia no se justifica nunca, tampoco el vandalismo. El problema con los anarquistas es que supuestamente son contrarios al ordenamiento de la convivencia. Y necesitamos un ordenamiento para convivir.

Contra la competencia, ustedes proponen una cultura de la colaboración, ¿cuán posible ven un cambio en ese sentido?
HM: Somos distintos, tenemos sensibilidades diferentes, pero podemos tener un proyecto común. Y ese es el punto. Pero para tener un proyecto común tenemos que respetar las diferencias y encontrar espacios de convivencia en el mutuo respeto. Pero si tenemos la ideología que excluye al otro, no podremos hacerlo.
XD: Somos mamíferos, de contención, de pecho, de cariño, de colaborar. Es constitutivo de los seres humanos el colaborar, pero como hemos estado en una cultura tan patriarcal eso fue quedando de lado y hoy se quiere recuperar.

¿Cómo valora el acuerdo logrado entre los partidos políticos en torno a una nueva Constitución?
HM: Me parece que cualquier acuerdo entre los elementos políticos, que surja en el entendido de que queremos coexistir y convivir en el mutuo respeto, la equidad y la honestidad que hace posible ese convivir, permitirá salir de cualquier dificultad de convivencia en que nos encontremos en nuestro devenir histórico, si en verdad queremos un convivir democrático, que es precisamente ese convivir.

¿Es partidario de una nueva Constitución?
HM: Cualquiera sea el mecanismo que ahora adoptemos será aceptable si estamos dispuestos a revisar su aplicación cada vez que nos parezca necesario en el presente histórico en que nos encontremos, porque lo que nos guía es el deseo y compromiso de convivir en el mutuo respeto y en la honestidad de querer ese convivir.

¿Es optimista entonces respecto de este nuevo acuerdo para salir de la crisis?
HM: Tal vez deberíamos atrevernos a no hablar de gobierno y oposición y deberíamos hablar de gobierno y colaboración. Y tal vez deberíamos atrevernos a no hablar de derechos humanos y hablar mejor de “acuerdos de convivencia”. Si se cumple lo acordado y hay honestidad, soy optimista.



en La Tercera, 16 de noviembre de 2019












sábado, enero 18, 2020

«La rata del granero oficial». Anónimo chino

Versión de Juan Carlos Villavicencio





Las ratas del granero municipal están gordas como sacos repletos.
Ellas no temen a persona alguna.
Los soldados no tienen nada que comer
y el pueblo pasa hambre.
¡Hey, rata!
¿Quién te deja devorar tantos granos cada día?











viernes, enero 17, 2020

«Colores del cielo...», de América Merino





Esta vez,
escoge los colores del cielo
una imagen pasajera.

Las nubes y solo
eso sobre mi país devastado.

En el fondo de la noche
permanecen únicamente
la memoria y su inútil eternidad.



en Liberoamericanas (Antología), 201













jueves, enero 16, 2020

«La realidad y la ficción», de José Carlos Mariátegui







La fantasía recupera sus fueros y sus posiciones en la literatura occidental. Oscar Wilde resulta un maestro de la estética contemporánea. Su actual magisterio no depende de su obra ni de su vida sino de su concepción de las cosas y del arte. Vivimos en una época propicia a sus paradojas. Wilde afirmaba que la bruma de Londres había sido inventada por la pintura. No es cierto, decía, que el arte copia a la Naturaleza. Es la Naturaleza la que copia al arte. Massimo Bontempelli, en nuestros días, extrema esta tesis. Según una bizarra teoría bontempelliana, sacada de una meditación de verano en una aldea de montaña, la tierra en su primera edad era casi exclusivamente mineral. No existían sino el hombre y la piedra. El hombre se alimentaba de sustancias minerales. Pero su imaginación descubrió los otros dos reinos de la naturaleza. Los árboles, los animales fueron imaginados por los artistas. Seres y plantas, después de haber existido idealmente en el arte, empezaron a existir realmente en la naturaleza. Amueblado así el planeta, la imaginación del hombre creó nuevas cosas. Aparecieron las máquinas. Nació la civilización mecánica. La tierra fue electrificada y mecanizada. Más, después de que el maquinismo hubo alcanzado su plenitud, el proceso se repitió a la inversa. Minerales, vegetales, máquinas, etc., fueron reabsorbidos por la naturaleza. La tierra se petrificó, se mineralizó gradualmente hasta volver a su primitivo estado. Esta evolución se ha cumplido muchas veces. Hoy el mundo está una vez más en su período de mecánica y de maquinismo.

Bontempelli es uno de los literatos más en boga de la Italia contemporánea. Hace algunos años, cuando en la literatura italiana dominaba el verismo, su libro habría tenido una suerte distinta.

Bontempelli, que en sus comienzos fue más o menos clasicista, no los habría escrito. Hoy es un pirandelliano; ayer habría sido un d'annunziano.

¿Un d'annunziano? ¿Pero en D'Annunzio no encontramos también más ficción que realismo? La fantasía de D'Annunzio está más en lo externo que en lo interno de sus obras. D'Annunzio vestía fantástica, bizantinamente sus novelas; pero el esqueleto de éstas no se diferenciaba mucho de las novelas naturalistas. D'Annunzio trataba de ser aristocrático; pero no se atrevía a ser inverosímil. Pirandello, en cambio, en una novela desnuda de decorado, sencilla de forma, como El Difunto Matías Pascal, presentó un caso que la crítica tachó en seguida de extraordinario e inverosímil, pero que, años después, la vida reprodujo fielmente.

El realismo nos alejaba en la literatura de la realidad. La experiencia realista no nos ha servido sino para demostrarnos que sólo podemos encontrar la realidad por los caminos de la fantasía. Y esto ha producido el suprarrealismo que no es sólo una escuela o un movimiento de la literatura francesa sino una tendencia, una vía de la literatura mundial. Suprarrealista es el italiano Pirandello. Suprarrealista es el norteamericano Waldo Frank, suprarrealista es el rumano Panait Istrati. Suprarrealista es el ruso Borís Pilniak. Nada importa que trabajen fuera y lejos del manípulo suprarrealista que acaudillan, en París, Aragón, Bretón, Eluard y Soupault.

Pero la ficción no es libre. Más que descubrirnos lo maravilloso, parece destinada a revelarnos lo real. La fantasía, cuando no nos acerca a la realidad, nos sirve bien poco. Los filósofos se valen de conceptos falsos para arribar a la verdad. Los literatos usan la ficción con el mismo objeto. La fantasía no tiene valor sino cuando crea algo real. Esta es su limitación. Este es su drama.

La muerte del viejo realismo no ha perjudicado absolutamente el conocimiento de la realidad. Por el contrario, lo ha facilitado. Nos ha liberado de dogmas y de prejuicios que lo estrechaban. En lo inverosímil hay a veces más verdad, más humanidad que en lo verosímil. En el abismo del alma humana cala más hondo una farsa inverosímil de Pirandello que una comedia verosímil del señor Capus. Y El Estupendo Cornudo del genial Fernando Crommelynk vale, ciertamente, más que todo el mediocre teatro francés de adulterios y divorcios a que pertenecen El Adversario y Ña Falena.

El prejuicio de lo verosímil aparece hoy como uno de los que más han estorbado al arte. Los artistas de espíritu más moderado se revelan violentamente contra él. «La vida —escribe Pirandello— para todas las descaradas absurdidades, pequeñas y grandes, de que está bellamente llena, tiene el inestimable privilegio de poder prescindir de aquella verosimilitud a la cual el arte se ve obligado a obedecer. Las absurdidades de la vida tienen necesidad de parecer verosímiles porque son verdaderas. Al contrario de las del arte que para parecer verdaderas tienen necesidad de ser verosímiles».

Liberados de esta traba, los artistas pueden lanzarse a la conquista de nuevos horizontes. Se escribe, en nuestros días, obras que, sin esta libertad, no serían posibles. La Jeanne d'Arc* de Joseph Delteil, por ejemplo. En esta novela, Delteíl nos presenta a la doncella de Domremy dialogando, ingenua y naturalmente, como con dos muchachas de la campiña, con Santa Catalina y Santa Margarita. El milagro es narrado con la misma sencillez, con el mismo candor que en la fábula de los niños. Lo inverosímil de esta novela no pretende ser verosímil. Y es, así, admitiendo el milagro —esto es lo maravilloso— cómo nos aproximarnos más a la verdad sobre la Doncella. El libro de Joseph Delteil nos ofrece una imagen más verídica y viviente de Juana de Arco que el libro de Anatole France.

De este nuevo concepto de lo real extrae la literatura moderna una de sus mejores energías. Lo que la anarquiza no es la fantasía en sí misma. Es esa exasperación del individuo y del subjetivismo que constituye uno de los síntomas de la crisis de la civilización occidental. La raíz de su mal no hay que buscarla en su exceso de ficciones, sino en la falta de una gran ficción que pueda ser su mito y su estrella.



en Perricholi, Lima, 25 de marzo 1926






* Léase el ensayo que José Carlos Mariátegui dedicó al libro de Joseph Delteil, en Signos y Obras.













Contribución indirecta a DscnTxt de Manuel Ugalde