sábado, agosto 18, 2018

"El Sur", de Wang Chien

Versión de Juan Carlos Villavicencio






Muchos pájaros cantan en la tierra del Sur.
La mitad de los pueblos y las ciudades no tienen muros.
Los mercados del campo están atestados de tribus salvajes,
Las aldeas de las montañas cargan nombres de ríos.
Nieblas venenosas se levantan de las húmedas arenas.
Extraños incendios relucen a través de la lluvia nocturna.
Y nadie pasa salvo el solitario pescador de perlas
año tras año en su camino hacia el Mar del Sur.











viernes, agosto 17, 2018

“El árbol”, de Jerónimo Lagos Lisboa





De la luz ha caído nuestra humilde semilla
y es en vano empinarnos desde la oscuridad;
del corazón al peso se curva nuestra arcilla...
Esponja henchida es nuestra sentimentalidad.

Yo apenas a las cumbres voy con mis pensamientos;
tú floreces el alma y la dejas fluir.
Juntos vamos sufriendo los divinos tormentos
de amar. Los dos sentimos la inquietud de morir.

Ávido de infinito tu ramaje se espacia
y mis brazos se alargan soñando florecer.
En tus cálices rubios y en mis pupilas, vacía

sus lágrimas azules la noche. Y nuestro ser,
como va del Enigma tocado con la gracia,
bajo la tierra yerma se volverá a encender.



en Antología de la poesía chilena, 1961

Ginés de Albareda y Francisco Garfías











jueves, agosto 16, 2018

“El accidente”, de Pedro Guillermo Jara





El hombre es atropellado por un vehículo que se da a la fuga. El alma del hombre se va al cielo –es muy tradicionalista- en busca de la paz definitiva, mientras escucha a sus espaldas gritos y susurros, y alguien que cubre su cuerpo con periódicos.

Al llegar al cielo descubre a muchas almas que esperan pacientemente el llamado a viva voz. El hombre se impacienta, consulta su reloj, se empina, trata de observar por entre la multitud y de pronto, hastiado por la larga espera, opta por moverse bajo los periódicos de la mañana.



en Para Murales, 1988











miércoles, agosto 15, 2018

"Más allá de la tortura", de Aristóteles España







Fuera del espacio y la materia
en una región altiva (sin matices ni colores)
llena de un humo horizontal
que atraviesa pantanos invisibles,
permanezco sentado
como un condenado a la Cámara de Gas.
Descubro que el temor es un niño desesperado,
que la vida es una gran habitación
o un muelle vacío en medio del océano.
Hay disparos,
ruidos de máquinas de escribir,
me aplican corriente eléctrica en el cuerpo.
Soy un extraño pasajero en viaje a lo desconocido,
Arden mis uñas y los poros, los tranvías,
en la sala contigua golpean a una mujer embarazada,
las flores del amor y la justicia crecerán más adelante
sobre las cenizas de todas las dictaduras de la tierra.




en Dawson, 1985












martes, agosto 14, 2018

“In aeternum”, de Luis Correa-Díaz





Adán se dormía a propósito todas las santas noches, cada vez más temprano y hasta más tarde, para soñar siempre el mismo sueño. En realidad habían pasado varios años y el jardín daba pena. Hasta que Dios, harto del asunto –aunque quizás también algo conmovido por la mala suerte de esa criatura que le había estado ayudando desde entonces con los nombres de las cosas-, le arrancó el sueño del cuerpo y se lo dejó como una flor palpitante entre las sábanas. Estaba seguro de que ahora sí lo haría feliz y que se lo iba a agradecer in aeternum, que así volvería a hablarle y a trabajar por su paraíso en la tierra. Pero Adán esa misma noche, mientras soñaba profundamente aquel único sueño que tenía, sufrió un fulminante ataque al corazón y no pudo despertar ya nunca más para ver que enroscada a él por fin estaba durmiendo, fragante y desnuda, Eva.



en Cien microcuentos chilenos, 2002











lunes, agosto 13, 2018

"Acantilado", de Gladys Gonzáles






La noche
es una botella
envuelta en papel azul
que va amargamente
de un lado a otro de la habitación

el sonido de la lluvia y el viento
dibujan en el gastado papel mural
sombras de pequeños pájaros
que se lanzan desde el ciruelo
al vacío de los acantilados



en Calamina, 2014











Contribución indirecta a DscnTxt de Diego Alfaro Palma















domingo, agosto 12, 2018

“Hay noches en que vemos pasar al diablo...”, de Yeny Díaz Wentén





Hay noches en que vemos pasar al diablo
con su hocico lleno de nombres, baila
y su sombra la enciende la luna.

Por las noches nos colgamos del brazo
            de algún caminante
y lo dejamos en su casa, para que vuelva
todos los días por el mismo caminito.



en Animitas, 2015

Gramaje Ediciones












sábado, agosto 11, 2018

"Orgullo de los pescadores", de Fan Zhongyan

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Cuando llega el otoño a la frontera, la escena se ve triste
Los gansos salvajes del Sur no se van a quedar
Ni siquiera un solo día
Un clamor se levanta por los cuernos que soplan cerca y lejos
Cercado por cumbres, el humo se eleva de manera recta
Al atardecer sobre la ciudad aislada con las puertas bien cerradas

Sostengo una copa de vino, pues el hogar está muy lejos
El Noroeste no ha ganado y estoy obligado a decir
En el triste sonido de las flautas
Sobre el suelo cubierto de escarcha
Que nadie se vaya a dormir
El cabello del general se pone blanco mientras lloran los soldados









viernes, agosto 10, 2018

“Fragmento 6”, de Jorge Etcheberry





Camino por las calles festoneadas de cafés y bares, orladas de bazares pequeñísimos, donde apenas cabe de un pie un dependiente libanés. Aparto con la mano a las prostitutas jóvenes que me sujetan del brazo, de los faldones. Escucho diez canciones distintas y reparto mis últimas monedas entre los vendedores de cancioneros, entre las cigarreras y borrachos. Un pentecostal de negro vocifera a voz en cuello, enarbolando la biblia. Me mira con ojos llameantes y camino por las calles festoneadas de cafés y bares, orladas de bazares pequeñísimos, en busca de un callejón para ocultarme a su mirada.



en América joven 48, 1986










jueves, agosto 09, 2018

"Límites", de Jorge Luis Borges







De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido

a Quien prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?

Tras el cristal ya gris la noche cesa
y del alto de libros que una trunca
sombra dilata por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.

Hay en el Sur más de un portón gastado
con sus jarrones de mampostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.

Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigila, cuadrifronte, Jano.

Hay, entre todas tus memorias, una
que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.

No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando al ocaso, ante la luz dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.

Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son lo que me ha querido y olvidado;
espacio y tiempo y Borges ya me dejan.





en El otro, el mismo, 1964














miércoles, agosto 08, 2018

“La calle escarlata”, de Germán Arestizábal





Siempre llueve en esa calle, la gente lleva sombrero, hay olor a pizza y florerías, altas veredas, como las inalcanzables mujeres que descienden de brillantes coches con chofer.

Edward G. Robinson camina despacio, masticando recuerdos, aquí encontró al amor que trastornó su vida, duró muy poco y con triste final, por unos días se sintió amado, alto, audaz, juvenil y vivaz. Esto fue hace mucho tiempo, hoy arrastra los pies, hablando solo por esta calle, esperando tal vez volver a verla una vez más.



en Caballo de Proa Nº 38, enero 2001











martes, agosto 07, 2018

"Sobre el intelecto", de Averroes

Fragmento




Y solamente es posible que estos universales no se apoyen en sus sujetos en el caso de que fueran existentes en acto fuera del alma, tal como lo concibió Platón. Y es una de las cosas evidentes el que estos universales no tienen existencia fuera del alma, según lo que hemos dicho. Y que lo que de ellos existe fuera del alma no es nada más que sus individuos. Y ya enumeró Aristóteles en la Metafísica los absurdos que se seguirían necesariamente de esta hipótesis. Y por el apoyo de estos universales en los fantasmas de sus individuos se hacen multiplicables con su multiplicidad. Y así, por ejemplo, lo que llega a ser en mí el inteligible del hombre, no es el mismo que el inteligible del hombre para Aristóteles. Puesto que el inteligible del hombre para mí únicamente se apoya en los fantasmas de unos individuos que no son los individuos en cuyos fantasmas se apoya el inteligible del mismo hombre para Aristóteles. Y al unirse estos inteligibles con las formas mediante una unión esencial, se les sigue el olvido al ausentarse las formas imaginativas. Y a nosotros se nos sigue el cansancio, cuando pensamos en ellos, y se perturba la percepción de aquél cuyo fantasma se ha corrompido. Y en general, desde este punto de vista, se les sigue a los inteligibles las notas con las cuales vemos que son materiales, y no el confusionismo que defendieron Temistio y otros, de los que afirman su existencia siempre en acto. Ya que este razonamiento únicamente tiene como oficio ayudar a la percepción de dar a la causa de estas conclusiones la dimensión para la que sirven las expresiones poéticas.










lunes, agosto 06, 2018

“Otros tiempos”, de Marco Antonio de la Parra





Éramos jóvenes.

Acaricié tus tetas bajo la camisa granate del partido. Nos besamos largamente, apoyados en una muralla pintada con grandes letras que decían que éramos la única esperanza del pueblo.

No supe nunca más de ti.

Ahora, a veces, cuando salgo del banco en que trabajo, me acuerdo que esa misma mañana me habías insultado. “Eres un chancho burgués”, dijiste.

Eran otros tiempos.



en Sueños eróticos/Amores imposibles, 1986











domingo, agosto 05, 2018

"La vida es un sueño", de John Ashbery

Traducción de Rodolfo Rojo





Un talento para la auto realización
te llevara sólo hasta el espacio vacío
próximo a la leñera, donde se pasa lista.
Mi nombre empieza con una A,
así que es de los primeros en leerse.
No atino donde pararme –¿puede que ese grupo de tres
o cuatro tipos sea el comienzo de la fila?

Antes de que tenga tiempo para averiguarlo, un hombre
con aspecto de roedor me empuja por los hombros, “Es por allí”, sisea.
“¿Es que no te enseñaron nada en la escuela? ¿Que una fotografía
            o cualquier
cosa puede ser real, o quizás no? El rincón del refrigerador,
una nube de mosquitos al anochecer”.

Sé que tendré oportunidad de aprender más
más adelante. El esperar es lo que se pide, mientras tanto.
Es verdad que la vida puede ser cualquier cosa, pero ciertas cosas
definitivamente no lo son. Esta mano enguantada,
por ejemplo, que se desliza
con tanta seguridad dentro de la mía, como si intentara quedarse.




en Your Name Here, 2000










Fotografía original de Gerard Malanga,
The New York Times, 1971











sábado, agosto 04, 2018

“Al abandonar el monasterio, por la mañana temprano”, de Lu Yu





Dormido, en la cama, sueño
Con que soy una mariposa.
El canto de un gallo
me despierta de un golpe.
El sol se eleva entre las montañas brumosas.
La neblina oculta las cimas lejanas.
Mi largo retiro llega a su fin, y
vuelven las zozobras.
Los monjes sonrientes recogen ramas
del albérchigo en flor
para decirme adiós con un presente.
Pero ni una copa de despedida animará mi viaje
de regreso a un mundo de infortunios.



en Cien poemas chinos, 2001

Kenneth Rexroth, antologador

Traducción de Carlos Manzano