jueves, septiembre 20, 2018

“Carta de resistencia”, de Martín Cinzano





El no sentirse en casa en el propio hogar forma parte de la moralidad.

Theodor Adorno, Minima Moralia


Ahora voy a hablar de leyes. No se asusten, apenas son un par y, al menos una de ellas, es más o menos inofensiva.

Como ustedes saben aquí va la primera ley Aristóteles dijo que la poesía es superior a la historia, vale decir: “más filosófica y elevada que la historia; pues la poesía dice más bien lo general, y la historia, lo particular”. La superioridad de la poesía radicaría en que dice lo posible, lo que podría suceder, y no lo que ha sucedido, como la historia. Entonces, en esta primera legislación de la literatura, en algún sentido se reconoce la potencia ilimitada de la palabra de la poesía al compararla con la limitación del discurso de la historia.

Segunda ley: como ustedes saben, o debieran saber, el artículo 33 del capítulo III de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dice así: el Ejecutivo de la Unión tendrá la facultad exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional, inmediatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo extranjero cuya permanencia juzgue inconveniente. Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país”.

Pues bien: estas dos leyes las quiero dejar en suspenso un momento, para regresar a ellas armado de Paraíso Inc.

Porque, como ustedes saben, o sabrán cuando lean este libro, Manuel Illanes pregunta: “¿De qué arcilla está amasada esta lengua? ¿Cuál de todas las palabras arrancadas / a ese español que es como un escupitajo / lanzado a la vereda que pisas / sirve para nombrar extrañeza / en la extrañeza, exilio en el exilio?”.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, voy a ser bastante esquemático, quiero decir, muy poco poeta para hablar de Paraíso Inc. En primer lugar, retomaré dos palabras de dos de los anteriores títulos de Manuel: crónica y memorias. Crónica de Tollan (2012) y Memorias del inframundo (2016). Las retomo para poner en entredicho, o quizá para confirmar, la normativa de Aristóteles.

Tanto crónica como memorias dan cuenta de un registro, o al menos de una voluntad por historizar con poesía. Es decir que la superioridad de la poesía sufre aquí una abrupta caída hacia la inferioridad de la historia, que en ocasiones suele ser mucho más sucia y maldita que la poesía. Sin embargo, este registro jamás deja de escribirse como poema: entre el plano de la historia, o más bien de la historiografía (de la cual, dicho sea de paso, Manuel es un estudioso permanente), se cuelan los recursos propios del lenguaje poético, en ocasiones asumiendo una rigurosidad lírica cuya superioridad, la verdad, ya poco importa.

Hay un título muy bueno (hay varios) en Paraíso Inc: “DICEN QUE ESTE POEMA HABLA DE UNA FUNDACIÓN”. Me parece bueno porque, por un lado, simula una recepción que ya supuestamente sucedió, vale decir, se anuncia una historia; y por otro, al mismo tiempo se anuncia su desmentido: es como si el título se retractara de sí mismo, degradando su presunto valor épico para pasar directamente a la calle. Asimismo, el poema “Hidalgo” también se dispone así, aunque de manera mucho más abrupta; ahí la celebración de la Independencia de México “arrastra su cola embetunada de vómito” y el grito de Hidalgo “se funde con el alarido de las patrullas que recorren Iztapalapa”, por ejemplo.

Ahora bien, estos versos, esta caída o más bien esta sola degradación de semejante símbolo patrio, puede ser motivo de aplicación inmediata del Artículo 33. Porque eso es meterse en política interna; es, como dice la Constitución con una palabra muy precisa, “inmiscuirse”. (Los presentes pueden aprovechar para despedirse, aquí y ahora, de Manuel).

Así las cosas, voy a aventurar, de forma harto rimbombante, es decir ahora sí como poeta, que la expulsión de México ocurre en este libro como correlato de la expulsión del Paraíso. El poema es el lugar donde se decreta la expulsión y el exilio. Desde luego “Paraíso Incorporated” constituye una empresa gigantesca, a veces inmaterial, una cara del infierno y una aspiración de nuestro subdesarrollo, la sucursal central del Capital o de Ciudad Capital, como diría Manuel. Pero la notificación de la expulsión propiamente dicha, creo yo, se resuelve en el poema, así como la expulsión de México, o la migración obligada de la población latinoamericana, no se resuelve sino en Latinoamérica: la precariedad, nuestra precariedad, es algo así como un estandarte de la soberanía continental.

El exilio entonces aparecerá de manera recurrente en este libro. El exilio de haitianos en Chile, por ejemplo, esos “cités llenos de migrantes”, o el camino de La Bestia hacia Estados Unidos. Pero también se lee aquí una forma particular de exilio, una forma que en la poesía chilena se presenta ya de forma rotunda, desde luego en otro contexto, con los poemas setenteros de Enrique Lihn: la del meteco, la del extranjero rezagado que llega tarde a todo, especialmente a una cultura otra, en este caso, ya arruinada; es el que no comprende el lenguaje ni los gestos de su nueva tierra, incluso abastecido de la misma lengua. Esa es, diríamos, su “Carta de residencia”, tal cual dice un poema de Paraíso INC: “Eres el que entiende todo a medias / o malinterpreta los gestos, las frases. / Eres el que aún no deja de asombrarse / de ver a los muchachos enterrar/ su cabeza y brazos sobre una sábana / de vidrios molidos para ganar / unos cuantos pesos mientras el rugido / del metro en movimiento despedaza / su frágil discurso”. Quizá el más complejo de los aspectos de la mirada asombrada de la extranjería en la Ciudad de México se presenta en el momento del choque silencioso contra la indiferencia de los mexicanos en cuanto espectadores de números cotidianos como el descrito en el poema (del cual el poeta extranjero no logra, y se resiste, a apartar la vista); tenemos así una doble sorpresa, un asombro aún más profundo: el provocado por el espectáculo en sí mismo y el provocado por los indiferentes, como si éstos, a los ojos del extranjero, también formaran parte de aquel número fallido).

Pero el meteco es el que también no olvida, no puede olvidar de dónde viene. “Santiago” aún está “tatuado en tus huesos”, dice el mismo poema de Manuel. “Nunca salí de nada”, escribe Enrique Lihn en un poema escrito en Manhattan; y también, en un poema escrito en Madrid: “El español con el que me parieron / padre de tantos vicios literarios / y del que no he podido liberarme / puede haberme traído a esta ciudad / para hacerme sufrir lo merecido: / un soliloquio en una lengua muerta”.

Entonces, para terminar, la pregunta de Manuel Illanes por la arcilla de esa lengua, permanece. Estamos en una lengua muerta, en una lengua que casi no logra desentumecerse de lo circundante (y digo casi, pues creo que aquí esa lengua aparece y vive); y eso es un exilio permanente, el exilio de la poesía en la historia, el exilio de latinoamericanos en Latinoamérica, o como diría Bolaño, de mexicanos perdidos en México. Un exilio en la propia tierra; un exilio que se redobla, o se repliega, al leer una larga, interminable carta de resistencia escrita muy lejos de casa.



Texto leído durante la presentación de Paraíso Inc., de Manuel Illanes

México, Ojo de Golondrina, 2018











miércoles, septiembre 19, 2018

"Una visión de los Bodhisattvas", de Philip Whalen

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




Pasan delante mío montando animales
«Qué estás esperando», quieren saber

Z—, joven como es (& loco por añadidura) me dice
«Algún día dejarás todo y te convertirás en un rishi, ¿sabes?».

Lo sé
el bosque está ahí, he vivido en él
       ¿ciertamente más que en este pueblo? Irrelevante —

       ¿Qué estoy esperando?
¿Un cambio en las costumbres que tomará 1000 años en llegar?
¿Quién va a lograr ese cambio sino yo?

       «Volver una y otra vez», dice Amida

¿Por qué es tan necesario ese sueño? Largarse solo de cualquier casa
sin nada más que mis ropas en la espalda, con o sin dinero
por el camino hasta donde la carretera nos lleva a las montañas
desde donde por supuesto debo volver

¿Qué derecho tengo para hacer eso?
Conozco al mundo y lo amo demasiado y no
es el mismo el que encontraría afuera de esta puerta.














martes, septiembre 18, 2018

“Fotografía de mi padre en su vigésimo segundo aniversario”, de Raymond Carver





Octubre

En esta cocina húmeda y tan poco acogedora
examino el desconcertado rostro de mi padre cuando era joven.
Sonríe tímidamente, sujeta con una mano una cadena
de percas doradas y con la otra
una botella de cerveza Carlsbad.
En vaqueros y con una camisa de algodón, se apoya
contra el guardabarros delantero de un Ford de 1934.
Le gustaría aparentar fuerza y decisión para la posteridad,
con su viejo sombrero inclinado sobre la oreja.
Toda su vida mi padre quiso ser un tipo seguro.
Pero los ojos lo delatan, y las manos,
al mostrar blandamente las percas y la botella de cerveza.
Padre, te quiero, pero ¿cómo puedo darte las gracias, yo,
que tampoco sé tolerar el alcohol, y que ni siquiera
conozco los sitios donde se pesca?



en Todos nosotros (antología), 2006











lunes, septiembre 17, 2018

"Noche payasa", de Pedro Lemebel







Esto le ocurrió a una loca patinadora, incansable en su búsqueda de cumbia cachera, a quien no le importaba el terrorífico toque de queda en algún septiembre de la patria ochentera. Esos septiembres de dictadura con tantas fechas y conmemoraciones y barricadas y el resplandor de la protesta en el cielo tenso de la represión. Pero a la loca nunca la intimidaron estas turbulencias políticas. Menos ese día en que juntando sus ahorros, salió a comprarse su par de soñadas zapatillas de marca que le costaron un ojo de la cara. Pero ese lujo se lo podía dar caminando bien cuica por Estación Central abajo, al borde de la hora de paralización nacional.

Una hora precisa para atrapar un macho errante con quien tener un refregón en algún sitio eriazo. Y anduvo elástica en sus zapatillas Adidas nuevitas, mientras la gente corría tomando la última micro que, con cueva, agarraban para irse al hogar. Ella andaba fresca en sus aladas Adidas, mientras la gente neurótica pasaba de prisa mirando la hora. Santiago se ponía brígido cuando las calles quedaban desiertas y lo único que zumbaba en la noche era el aullido policial alterando el pulso cardiaco de la urbe. En ese tiempo, algunas mariquillas hambrientas de culeo express, peinaban la ciudad crispada del toque de queda en busca de semen fresco. Y ese era el desafío, agarrar algo justo al borde del peligroso callejeo. Entonces la loca en sus flamantes Adidas, flotaba por Alameda poniente viendo que no pasaba nada, ni un alma se distinguía en el peludo silencio nocturno. Sólo a lo lejos, cerca de General Velásquez, se veían brillar las guirnaldas de ampolletas que anunciaban la presencia de los grandes circos, que siempre en esas fechas levantan sus carpas en el baldío de esa concurrida esquina. Y hacia allá se dirigió la loca atraída por el fulgor de los carteles. Y nada más encontró la infinita soledad cuando solo faltaban cinco minutos para el toque. ¿Tiene un cigarro?, la sobresaltó la voz gruesa de un cuidador del circo que vigilaba las carpas. Ufff, por fin algo, suspiró la loca con alivio. Y luego a la luz del fósforo vio el destello lujurioso en la mirada del macho man, que sin mediar conversa, la hizo pasar a la pequeña cabina de lona donde dormía en un catre de campaña. Allí no había nada más que esa cama plegable, y para qué más, pensó la loca desatando sus preciosas Adidas que las dejó con delicadeza en el suelo. Luego, se entregó a los fragores orangutanes del cuidador que se la comió viva ensartándola una y otra vez en su mástil cirquero. Aquella agitada contorsión sexual dejó agotado al potente hombre que al instante se quedó dormido a raja suelta roncando el relajo de la evacuación. Eso sería todo, se dijo la loca, bajándose silenciosamente del catre para buscar en la oscuridad sus flamantes zapatillas. Y buscó y buscó a tientas bajo la cama sin encontrar ni rastros del calzado. Entonces se dio cuenta, que la carpa quedaba corta y no llegaba al suelo, y desde afuera alguien las vio y solo tuvo que estirar la mano para cogerlas, mientras ellos estaban en la combustión sodomita.

Sin duda, era una tragedia haber perdido sus incomparables Adidas, pero era más terrible tener que irse en plena madrugada a pata pelá caminando por la noche negra del toque de queda. Algo habrá por aquí, pensó hurgueteando bajo la cama, algo que ponerme aunque sean chancletas viejas, entonces palpó algo parecido a unos zapatos, pero tan grandes. Y al sacarlos se encontró con un par de enormes zapatos de payaso. Bueno, y qué voy a hacer, se dijo calzándose las puntudas lanchas en sus patitas de reina. Con mucho cuidado, salió de allí, y arrastrando los pies, llegó hasta la entrada del circo donde se escondió unos minutos detrás de un cartel al escuchar el motor de una patrulla.

Cuando hubo retornado el silencio, corrió atravesando la Alameda provocando estampidos con sus gualetazos de tony. Ahí se detuvo detrás de un árbol esperando que se callaran los ecos de su carrera. Y así se fue la loca en la noche payasa, de árbol en árbol, corriendo y zapateando, escondiéndose y temblando, mientras cruzaba la ciudad sitiada con el corazón en la mano y el culo sucio goteando las calles fúnebres de la dictadura.




en Adiós mariquita linda, 2004













domingo, septiembre 16, 2018

“Plaza de la estación”, de Roberto Bolaño





Bajo el cielo gris –pero nada es permanente
cercada o protegida por alerces desnudos
la plaza se introduce en la realidad.
Del surtidor cubierto de musgo apenas sale
un chorro de agua y un arco de hierro
en el otro extremo compone un gesto
vagamente escultórico, el soporte perdido
de algo que ya no veremos. Ni la lluvia
es necesaria ni las sombras femeninas
de la mente. La plaza se recompone al alejarse,
su quietud es mérito del viajero. Aquí
en el páramo quedan las líneas, apenas
los bocetos de su clara disposición agónica.



en Los perros románticos, 1993











sábado, septiembre 15, 2018

"Sueño con una mujer adorable", de Shen Yüe

Traducción de Ruth Berg




Por la noche oigo suspiros prolongados
y sé que tu corazón recuerda.
Luego las puertas del Cielo se abren de par en par,
nuestras almas se besan y yo contemplo tu rostro.
Tú me ofreces una almohada del monte Wu,
humildemente me sirves la comida.
Nos ponemos de pie y nos miramos; nos tendemos en la cama.
Me despierto de golpe, te has ido de mi lado.
¿Sabes si mi espíritu está herido?
Un torrente de lágrimas humedece mi pecho.









viernes, septiembre 14, 2018

“Se despiertan, se iluminan”, de Aciro Luménics





Supongamos que en el último avatar, una pareja baila el tango del adiós. Con desmedida fuerza la acaricio entre pieles amarillas. Caminamos por un parque, recogemos flores, cantamos, me cuenta sus historias de la infancia, sus anhelos de vida, entramos en un bar y pedimos dos martinis. Es extraño, pero no sabemos lo que vino antes, tal vez no exista; tampoco sabemos lo que vendrá. Se aferra de mis manos y me sonríe, entre lujuriosa y tierna. Su desnudo pie masajea mi tobillo. Le digo alguna cosa y la imagino sobre mí, deslizándose en silencio; su lengua acariciando mi vientre y más abajo, sus nalgas blancas como nieve, abiertas al espacio y al deseo que intentamos sofocar en tan sólo un par de exiguas horas. Me habla al oído, me dice el nombre de su hija, nombre de mujer, nuestra hija, ya no importa: Catalina, Anastasia o Viracocha. Su cabello esconde cuerpos, vidas, vientres; arcanos como dioses del antiguo Egipto que, en el baile apasionado, muestran levemente el tono del apego, de imposible olvido.



en Intitled, 2017

Pintura: “American Gothic”, de Grant Wood, 1930












jueves, septiembre 13, 2018

"Tanatorio", de Juan Soros

Tres poemas







Moneda de los muertos

28 de febrero de 1995


Hoy llegué a mi casa.
Hace cinco días
Tú llegaste a casa.

Yo, Caronte, te llevé.







Carretera rural

Este camino oscuro
cicatriz en piel y tierra.

De regreso a la noche las voces se alejan,
por la acequia corre tibia sangre
y se lleva el alba

Por el margen de este camino oscuro.

En las latitudes del osario
cada sobra fugitiva es animita,
losa de tumba vagabunda,
o el lugar donde nos abandonaste.

En este camino oscuro
donde ya no amanece.







Mastaba

Necrópolis de Pamukkale, Julio 2001


He tallado y tallaré aún
veinte columnas para alzar tu nombre
(pregunta que oculta su respuesta)
por sobre los escombros del olvido.







en Luto (1995-), Amargord Ediciones, 2014


























miércoles, septiembre 12, 2018

“Canto del amor fiel”, de Pedro Prado





Contemplad a los hombres que besaran mil bocas
y aún persiguen labios y labios que encender:
¡tienen la risa triste, las alegrías locas;
en turbia mezcla, todo y nada en qué creer!

Sólo sé de la boca de una misma mujer,
nunca tuve otro nido de alegría y dolor;
emigro cada otoño, y siempre sé volver;
regreso palpitando, traspasado de amor.

Con polvo de la tierra se amasara ese nido,
es breve y es eterno, como Dios, circular:
por los bordes de un beso veinte años he seguido,
¡veinte años en hoguera, sin poderlo agotar!

Hacen el nido suave, plumas que allí dejara;
besa besos que diera, beso que ahora doy;
el pasado distante con besar despertara;
¡anudo en él, eterno, lo que fui y lo que soy!

En árbol de mujer yo labrara ese nido;
más sereno y más alto en cada regresar;
el cielo penetrando su crecer sostenido
¡ya viento de Dios viene, en su copa a cantar!



en El llamado del mundo (antología), 1971











martes, septiembre 11, 2018

"Letanía en contra de las dictaduras", de Stephen Vincent Benét

Traducción de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal






Por todos los derrotados, por las cabezas rotas,
los desamparados, los simples, los oprimidos,
los fantasmas de la ciudad en llamas de nuestro tiempo…

Por los capturados en autos rápidos al edificio y son golpeados
por los muchachos hábiles, los muchachos con los puños de goma,
retenidos en el suelo y golpeados, en la mesa cortando sus entrañas,
o pateados en la ingle y dejados, con los músculos estirados
como una gallina descabezada en el piso del matadero
mientras traían al siguiente con sus ojos blancos mirando fijamente.
Por los que todavía decían «¡Frente Popular» o «¡Dios salve a la Corona!»
y por los que no eran valientes
pero fueron golpeados de todos modos.
Por los que escupen pedazos sangrantes de sus dientes
en silencio en el corredor,
duermen bien sobre hierro o piedras, aguardan el momento
y matan al guardia en el retrete antes de morir a su vez,
aquellos con los ojos hundidos y la lámpara ardiendo.

Por los que llevan cicatrices, los que cojean, por aquellos
cuyas tumbas anónimas se cavan en el patio de la prisión
y se les nivela la tierra antes de amanecer y les echan cal.

Por los asesinados de una sola vez. Por los que viven meses y años
soportando, alertas, esperando, yendo cada día
al trabajo o a la fila del pan o al club secreto,
y viven entretanto, engendran niños, contrabandean armas
y son encontrados y muertos al fin como ratas en el desagüe.

Por los que logran escapar
milagrosamente al destierro y deambulan ahí,
por los que viven en pequeños cuartos de ciudades extranjeras
y quién piensa todavía en el país, la verde y larga hierba,
las voces de la infancia, el lenguaje, el olor del viento entonces,
la forma de los cuartos, el café bebido en la mesa,
la charla con los amigos, la ciudad amada, el rostro del mesero,
las lápidas, con nombre, donde no serán enterrados
ni en ninguna tumba en esa tierra. Sus hijos ya son extranjeros.

Por los que hacían planes y eran líderes, y fueron derrotados,
y por aquellos, humildes y estúpidos, que no tenían plan,
pero fueron denunciados, pero se enfurecieron, pero contaron un chiste,
pero no pudieron explicar, pero fueron enviados al campo de concentración,
pero sus cuerpos fueron embarcados de vuelta en ataúdes sellados,
«Muerto de pulmonía». «Muerto tratando de escapar».

Por los cultivadores de trigo a los que dispararon junto a sus propias pilas
            de trigo,
por los productores de pan desterrados a los desiertos cercados
            por el hielo,
y sus carnes recuerdan sus trigales.

Por los denunciados por sus propios engreídos y horrendos hijos,
a cambio de una estrella de menta y el elogio del Estado Perfecto,
por todos los estrangulados, los castrados o simplemente hambrientos
para formar estados perfectos; por el sacerdote ahorcado con su sotana,
el judío con el pecho aplastado y sus ojos agónicos,
el revolucionario linchado por los guardias privados;
para formar estados perfectos, en nombre de los estados perfectos.

Por los traicionados por sus vecinos con quienes estrechaban las manos,
y por los traidores, sentados en la dura silla,
con el sudor suelto reptando por su pelo y los dedos inquietos
mientras dicen la calle y la casa y el nombre del hombre.
Y por los que estaban sentados a la mesa en su casa
con la lámpara encendida y los platos y el olor de la comida,
hablando tan tranquilamente; cuando oyen los autos
y el golpe en la puerta y de prisa se miran los unos a los otros.
Y sale la mujer a la puerta con la cara rígida,
alisando su vestido.
«Todos aquí somos buenos ciudadanos.
Creemos en el Estado Perfecto».
Y aquella fue la última vez
que Tony o Karl o Shorty vinieron a la casa
y la familia fue liquidada más tarde.
Fue la última vez.
Oímos los disparos en la noche;
pero al siguiente día nadie sabía lo que había sucedido,
y un hombre tiene que ir a su trabajo. Así que no lo vi
por tres días, entonces, y yo cerca de perder la cabeza
y todas las patrullas en las calles con sus sucias armas
y cuando volvió, parecía borracho y cubierto de sangre.

Por las mujeres que lloran a sus muertos en la noche secreta,
por los niños a los que se les enseñó a guardar silencio, niños envejecidos,
los niños escupidos en las escuelas.
Por el laboratorio destruido,
la casa saqueada, la pintura cagada, el pozo meado,
el desnudo cadáver del Conocimiento arrojado en la plaza
sin que nadie levante la mano, sin que nadie hable.

Por el frío del mango de la pistola y el calor de la bala,
por las sogas que asfixian, los grilletes que maniatan,
la enorme voz, metálica, que miente a través de mil canales
y la tartamuda ametralladora que responde a todo.

Por el hombre crucificado en las ametralladoras en cruz,
sin nombre, sin resurrección, sin estrellas,
su cabeza oscura bajo el peso de la muerte y su carne hace tiempo amarga
con el olor de sus muchas prisiones —Juan Pérez, Juan Sin Nombre,
Juan Nadie— ¡oh, rómpete la cabeza para dar con su nombre!
Sin rostro como el agua, desnudo como el polvo,
deshonrado como la tierra que las bombas de gas envenenan,
y bárbaro entre portentos.
Este es él.
Este es el hombre que se comieron en la mesa verde,
se pusieron los guantes y tocaron la carne.
Este es el fruto de la guerra, el fruto de la paz,
la madurez de la invención, el nuevo cordero,
la respuesta a la sabiduría de los sabios.
Y todavía está colgado y no muere todavía,
y todavía, en la ciudad de acero de nuestros días,
la luz se apaga y la espantosa sangre no deja de fluir.

Creímos que habíamos terminado con estas cosas pero nos equivocamos.
Creímos que, porque tuvimos el poder, tuvimos sabiduría.
Creímos que el largo tren llegaría hasta el fin de los Tiempos.
Creímos que la luz aumentaría.
Ahora el largo tren está descarrilado y los bandidos lo saquean.
Ahora el jabalí y el áspid tienen poder en nuestro tiempo.
Ahora la noche retrocede hacia Occidente y la noche es espesa.
Nuestros padres y nosotros mismos sembramos dientes de dragón.
Nuestros hijos conocen y sufren a los hombres armados.
















lunes, septiembre 10, 2018

“Sin Dios”, de Dennis Cooper





A veces voy a un cine porno
y examino las películas intentando dar con un rostro
que recuerde de mi juventud.
Luego pierdo el hilo, y conduzco por ahí
hasta que lo encuentro envuelto en sombras,
en otra cara. Entonces abro la puerta de mi auto
y tomo amor por la fuerza.
Mi Mercedes aún huele a vacío
siete años después. El polvo
de mil enormes botas de excursionista,
de zapatillas de tenis y sandalias,
se va difuminando poco a poco en la tapicería
a los pies del asiento de al lado, donde los tipos
se han plantado como si de un tronco se tratase
durante largos proyectos, repantigados en el vinilo,
después de haber ojeado el interior desde la acera,
como el que mira dentro del pozo de los deseos.
Esta noche me abrí paso por el tráfico,
merodeé en busca de un hombre joven
que fuese parecido a una sombra,
y entonces vi a ese tipo mirando a través de mí
como si no estuviera, meneando las caderas
dentro de sus jeans holgados, de camino al centro,
con una imprecisa idea en su cabeza.
Vendrá conmigo y hará lo que yo hago.
Nada más le interesa a este lado de la muerte.
Él también se está marchando lejos, como yo.
Y lo puedo llevar hasta allá
porque mi ruta conduce hasta esa zona,
como si fuese aquel hombre que, hace muchos años,
tras reunir a su ganado perdido en la nieve,
se quedó sin gasolina
y acabó helándose de camino a casa.
Ahora nos acariciamos en este auto negro,
en una carretera secundaria, hasta el entumecimiento.



en Dream Police (antología), 2002

Traducción: Jesús Llorente Sanjuán












domingo, septiembre 09, 2018

"El fuego y el lago", de Kurt Folch







Escucha caer al interior del hierro
rojo sobre el paisaje lunar
aquí no ha habido visiones
ni nacidos con estrella en la frente
enjambre en completo silencio
bosque de relámpagos pulveriza
un fruto alrededor de cada letra
dispersión-gravedad
relave que enciende o se deja
como cualquier naufragio
incrustado en jeroglífos
caligrafía que talla la superficie
a distintos niveles simultáneos.




en Paisaje lunar, 2009











sábado, septiembre 08, 2018

“Canto del río en crepúsculo”, de Po Chü-I





El sol moribundo
extiende su luz
por el agua del río,
mitad roja, mitad verde.
¡Qué encantadora noche
la de hoy, tres de septiembre!
Gotas de rocío brillan como perlas,
y la luna, como un arco.



en Poesía clásica china, 2001
Edición de Guojian Chen











viernes, septiembre 07, 2018

"El reverso de las cosas", de Carlos Drummond de Andrade

Algunos aforismo / Traducción de Óscar Limache y Ohmar Cachay Limache







Ahorcado

El ahorcado tiene la pretensión de balancearse por encima de todos.

La lengua del ahorcado continúa hablando cosas que no entendemos.


Amor

El amor enseña igualmente hay bien y a ser herido.

Amar sin inquietud es amar sin amor.

Nuestra capacidad de amar es limitada y el amor, infinito; este es el drama.


Antropofagia

Los métodos modernos de negocio han vuelto obsoleta la antropofagia.


Arte

La obra de arte es el resultado feliz de una angustia continua.


Beso

La boca besaba no guarda marca de éxtasis; él queda en la boca de quien la besó.


Blanco

El blanco es una forma de silencio.


Carnaval

Cerramiento el carnaval como resurrección de la vida, sofocada el resto del año.


Celos

Los celos, hijos del amor, se vuelven parricidas.


Cementerio

Nuestros muertos está sepultados en nosotros, más preferimos visitarlos en el cementerio.


Cero

Prueba concluyente de la existencia de la nada.


Cinema

La antigua «estrella», las películas vueltas a exhibir, es un fantasma al revés.


Cristo

Cristo se expresa tanto por por parábolas como por el silencio.

Cristo enseño a Pilatos que no toda pregunta debe ser respondida.


Culinaria

La culinaria es el arte de hacer obras maestras que luego sabes hacer.


Dante

Prueba de la existencia del paraíso son los tercetos de Dante.


Danza

La danza inocula música en nuestros tejidos.

El bailarín sueña con abolir la ley de la gravedad.


Democracia

Democracia es la forma de gobierno en que pueblo pueblo imagina estar en el poder.


Derechos del hombre

Vista desde la luna la declaración universal de los derechos del hombre es inmejorable.


Desnudez

El desnudo ideal no depende del cuerpo; está en la mente del observador.


Diablo

Es cada vez más difícil vender el alma al diablo por exceso de oferta.


Dictador

El dictador no necesita atrasar el reloj; el mismo atrasa la Historia.


Dios

Es triste reconocer que de los dioses restan solamente vestigios artísticos y literarios.


Dudas

Cultivamos nuestras dudas como rosas del jardín que no poseemos.


Elegancia

La elegancia verdadera ve en la moda su principal enemigo.


Esperanto

Las numerosas lenguas del mundo, peleando, se convertirán en esperanto, sin alcanzar la paz.


Esqueleto

Es el esqueleto, y no el cuerpo, el que retiene la esencia de la belleza.


Estrella

Para las estrellas, nosotros somos los que estamos atrasados millones de años luz.


Filosofía

Ni la filosofía consigue explicar el mundo ni este consigue suprimir la filosofía.


Gato

Nuestra indolencia en vano intenta imitar la elegante indolencia del gato.


Gramática

Hay un incomparable belleza en la gramática, para los gramáticos.


Guerra

Un país sin guerras en su historia es un país de hombres sin imaginación.

La guerra asume tantos disfraces que a veces es llamada paz.


Kafka

Parte del prestigio de Kafka resultó de la fascinación por la letra K.


Muerte

Los vivos continúan siendo gobernados por los muertos, pero mal.


Noé

Andar en parejas: fórmula de Noé que raramente sale bien.


Novela

La novela vuelve aún más irreal la realidad.


Ojo

El ojo es fiscal y víctima de la realidad.


Oposición

La oposición política es un purgatorio que raramente conduce al Paraíso.


Partido

Agrupación para la defensa abstracta de principios y encubrimiento concreto de algunos ciudadanos.


Paz

La ambición de vivir en paz termina reduciéndose al deseo de morir en paz.


Pene

El pene, cazador que a veces no hace fuego delante de la presa.


Perdón

El perdón puede ser la forma más refinada de la venganza.


Pesadilla

Realidad sin censura.


Planta

El único medio real de conversar con las plantas es comprenderles el silencio.


Poder

El Poder está siempre explicando que no puede tanto.


Poesía

La poesía es un juego en que los poetas manejan cartas desconocidas para ellos mismos.


Pornografía

La pornografía es una segunda escritura del sexo.


Pueblo

El pueblo no suele perder la paciencia, porque es su único bien.


Sexo

Ese minúsculo punto del sexo femenino, en torno al cual gira la maquinaria del mundo.

El clítoris tiene razones que la mujer desconoce.


Tabaco

Enemigo que da felicidad al hombre.


Teatro

Ir al teatro es como ir a la vida sin comprometernos.


Terrorismo

El camino de la felicidad, que los terroristas intentan abrir, está obstruido por los cuerpos de las víctimas.


Tiempo

Vivir y morir, dos formas de perder tiempo.


Amotape Libros, Lima, 2014











El libro puede comprarse aquí























jueves, septiembre 06, 2018

“Teología del hambre”, de Eduardo Llanos Melussa





Cada día aplastaba su rostro de niño contra la vitrina de la panadería, cuya chimenea encañonaba el cielo y tiznaba la túnica de San Pedro y la otra mejilla de los ángeles. El dueño le decía que el pan era el rostro de Dios: “Hay que aprender a ganarlo con el sudor de la frente”.

Ahora es hombre flaco... y ateo.



en Cien microcuentos chilenos, 2002

Juan Armando Epple, antologador