viernes, diciembre 14, 2018

Hoy: Presentación de "Y habrá fuego cayendo a nuestro alrededor", poemario de Mario Pera, por Librería Ulises Lastarria







Librería Ulises Lastarria los invita a la presentación
de Y habrá fuego cayendo a nuestro alrededor
poemario de Mario Pera, publicado por Amargord Ediciones.
Presentarán la obra Julieta Marchant y Enrique Winter.
Viernes 14 de diciembre de 2018 · 19:00 hrs.
José Victorino Lastarria 70, Santiago Centro












jueves, diciembre 13, 2018

Hoy: Presentación de "Antología de la Poesía Norteamericana" de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal, "El guardador de rebaños" de Alberto Caeiro / Fernando Pessoa y "Llegarán suaves lluvias" de Sara Teasdale





Lectura poética y presentación de los libros:

Antología de la Poesía Norteamericana 
(José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal, antologadores)

Llegarán suaves Lluvias, de Sara Teasdale
Antología
(Edición y traducción de Juan Carlos Villavicencio)

El guardador de rebaños, de Alberto Caeiro / Fernando Pessoa
(Edición y traducción de Juan Carlos Villavicencio)

Hoy 13 de diciembre a las 20 horas, en el Café Colmado
Merced 346, Santiago Centro


Habrá vino de honor, gentileza de la Viña Von Siebenthal










miércoles, diciembre 12, 2018

"Tierra negra", de Kurt Folch

Dos poemas





La estela


debemos probar técnicas heredadas
la memoria prende en cada detalle
sin cariño sin atención en lo que fija
si desarman la secuencia
brotan relieves como esto
y lo otro se sorprende con su imagen
familiar en una escena
inesperada después de la fila o de pagar
la verdad no interesa demasiado pero
si llegamos a puerto nos ahorramos
las explicaciones los intercambios inútiles
sacados de una noche repetida al fondo
con silencio entre cavernas bajo el hielo
había dibujos trozos de cerámica huesos
el conjunto significa también otra cosa






Reciclado


ardiendo a veces con cada paso cerro arriba en la lluvia
deja marcas en las ruinas que avanzan que cruzamos
contra el oleaje y las espigas de a uno o era un paisaje
de árboles que hasta el paradero escucho
no son nubes que restan en cambio un sonido
de ramas con charcos o amebas dibujados
desde la base soñábamos lo mismo si los ríos perdían
o daban revelaciones torcidas con un poco de tierra
un verdadero oleaje petrificado bajo la nieve o el polvo






Publicado por Editorial Una casa de cartón, 2018





















martes, diciembre 11, 2018

Hoy: Presentación de "De este Lado del Cielo. Nueva Antología de la Poesía Peruana", a cargo de Mario Pera, por Descontexto Editores





  Descontexto Editores los invita a la presentación
de De este Lado del Cielo. Nueva Antología de la Poesía Peruana,  
a cargo de Mario Pera, poeta y editor de Vallejo & Co.

Presentarán la obra Paz López, Thomas Harris y Mario Pera.

  Martes 11 de diciembre de 2018 · 19:00 hrs. 
Embajada de Perú en Chile
Av. Andrés Bello 1751, Providencia

Habrá vino de honor, gentileza de 
Viña Von Siebenthal










domingo, diciembre 09, 2018

“Poema cerca del fin”, de Thiago de Mello





Es indolora la muerte.
Lo que en ella duele es la nada
que la vida hace del amor.
Soplo la flauta encantada,
que ya no emite ningún sonido.
Me llevo una pena leve:
la de no haber sido bueno.
Y nieve en el corazón.



en Está oscuro, pero yo canto, 1964











sábado, diciembre 08, 2018

"Rompiendo el descanso", de Yan Shu

Versión de Juan Carlos Villavicencio






Cuando las golondrinas vuelven, adoramos a los dioses de la primavera;
luego caen las flores mientras lloramos a nuestros queridos muertos.
Oímos cantar a las oropéndolas por entre medio de las hojas;
junto al estanque se despliega el musgo verde.
Las candelillas de los sauces vuelan como cuando se alarga el día.

La hija de mi vecino y sus amigas son adorables.
El camino de moras les da la bienvenida.
Anoche ella se preguntaba, ¿por qué mis sueños son tan felices?
Ellos predicen que ganará el juego de las cien hojas.
Una sonrisa chispeante brilla ahora en su rostro.













viernes, diciembre 07, 2018

“Canción desde un aeroplano”, de Manuel Maples Arce





Estoy a la intemperie
de todas las estéticas;
operador siniestro
de los grandes sistemas,
tengo las manos
llenas
de azules continentes.

Aquí, desde esta borda,
esperaré la caída de las hojas.
La aviación
anticipa sus despojos,
y un puñado de pájaros
defiende su memoria.

Canción
florecida
de las rosas aéreas,
propulsión
entusiasta
de las hélices nuevas,
metáfora inefable despejada de alas.

Cantar
                       Cantar.
Todo es desde arriba
equilibrado y superior,
y la vida
es el aplauso que resuena
en el hondo latido del avión.

Súbitamente
el corazón
voltea los panoramas inminentes;
todas las calles salen hacia la soledad de los horarios;
subversión
de las perspectivas evidentes;
looping the loop
en el trampolín romántico del cielo,
ejercicio moderno
en el ambiente ingenuo del poema;
la Naturaleza subiendo
el color del firmamento.

Al llegar te entregaré este viaje de sorpresas,
equilibrio perfecto de mi vuelo astronómico;
tú estarás esperándome en el manicomio de la tarde,
así, desvanecida de distancias,
acaso lloras sobre la palabra otoño.

Ciudades del norte
                       de la América nuestra,
tuya y mía;
            New York,
            Chicago,
            Baltimore.

Reglamenta el gobierno los colores del día,
puertos tropicales
del Atlántico,
azules litorales
del jardín oceanográfico,
donde se hacen señales
los vapores mercantes;
palmeras emigrantes,
río caníbal de la moda,
primavera, siempre tú, tan esbelta de flores.

País donde los pájaros hicieron sus columpios.
Hojeando tu perfume se marchitan las cosas,
y tú lejanamente sonríes y destellas,
¡oh novia electoral, carrusel de miradas!
lanzaré la candidatura de tu amor
hoy que todo se apoya en tu garganta,
la orquesta del viento y los colores desnudos.
Algo está aconteciendo allá en el corazón.

Las estaciones girando
mientras capitalizo tu nostalgia,
y todo equivocado de sueños y de imágenes;
la victoria alumbra mis sentidos
y laten los signos del zodíaco.

Soledad apretada contra el pecho infinito.
De este lado del tiempo,
sostengo el pulso de mi canto;
tu recuerdo se agranda como un remordimiento,
y el paisaje entreabierto se me cae de las manos.



en Poemas interdictos, 1927











jueves, diciembre 06, 2018

«Dentro de la caja no hay un cordero», de Alan Vargas Mariscal







Dentro de la caja está el más bello poema jamás
construido. Fue encontrado en una cueva en el desierto
del Namib. Según los expertos, su autor llegó a la cúspide
en el desarrollo del lenguaje, pues su simpleza, vivacidad,
la carencia del ritmo y la belleza de sus metáforas,
constituyen la expresión más genuina del alma humana.
Aunque la lengua en la que fue construido aún no se
ha identificado plenamente, los expertos creen que puede
tratarse de un lenguaje ancestral hablado por hombres y pájaros.





en Poesía mexicana, 2015




















miércoles, diciembre 05, 2018

Hoy: Presentación de "Oscuros ríos", poemario de Juan Carlos Villavicencio, por Descontexto Editores






  Descontexto Editores los invita a la presentación
de Oscuros ríos, poemario de Juan Carlos Villavicencio.
Presentarán la obra Kurt Folch y Rebeca Errázuriz.
  Miércoles 5 de diciembre de 2018 · 20:00 hrs. 
Café Colmado
Merced 346, Santiago Centro

Habrá vino de honor, gentileza de 
Viña Von Siebenthal










martes, diciembre 04, 2018

"Despilfarro", de Rafael Cadenas







Es recio haber gastado días, meses, años en defenderse sin saber de quién.
Recio no poder ver el rostro del que asedia.
Recio ignorar lo que nos devasta.





en Memorial, 1977







Fotografía original de Marina Gasparini La Grange













lunes, diciembre 03, 2018

"Prosigue el mismo asunto y determina que prevalezca la razón contra el gusto", de Sor Juana Inés de la Cruz






Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata,
y mato al que me quiere ver triunfante.

Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
de entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo, por mejor partido, escojo
de quien no quiero, ser violento empleo,
que, de quien no me quiere, vil despojo.








domingo, diciembre 02, 2018

“Último deseo”, de José Lezama Lima





De la fe que de la nada brota
y de la nada que en la fe hace espino,
ileso salto de mágica pelota
que paga en sangre el buen camino.

Y si rebota más, sólo nos toca
al desempedrar los bordes del destino,
la mágica epidermis que rebota
en el coral de un arenal divino.

En el murmullo de pinos siderales
las nubes a bien medido engaño
del cuerpo, flor del viejo espacio.

Previa al no ser envía sus cristales
a la ciudad de amanecer extraño,
y sigue hilando sus nubes muy despacio.



en Poesía completa, 1970











sábado, diciembre 01, 2018

«Arena del arroyo donde se lava seda», de Yan Shu

Versión de Juan Carlos Villavicencio





Escribo una nueva canción y bebo una copa de vino
en la misma pérgola del año pasado cuando está así de grato el clima.
¿Cuándo volverás ahora que el sol entra en su declive?

Suspiro hondo por las flores caídas en vano;
Ligeramente me parece saber que las golondrinas vuelven otra vez.
Vagando por el sendero del jardín me voy quedando solo.










viernes, noviembre 30, 2018

“Mal educada”, de Leila Guerriero





Leí últimamente -por algún motivo que desconozco- varios artículos acerca de cómo conviene despertar la sensibilidad de los niños en torno a la música, la literatura, el cine, el teatro, el arte en general. Descubrí, leyéndolos, que he sido pésimamente educada: que he visto y leído y escuchado cosas que, al parecer, no ayudan a desarrollar la sensibilidad de ningún niño. Es cierto que esos artículos tampoco dicen lo contrario: que esas cosas que vi, leí y escuché no ayuden o impidan desarrollarla. Más bien, no las mencionan.

Esos artículos recomiendan poner al alcance de los niños La isla del tesoro, de Stevenson; El libro de la selva, de Rudyard Kipling; adaptaciones de cuentos de Chejov; Alicia en el país de las maravillas. Aconsejan hacerles escuchar a Debussy, llevarlos a ver La flauta mágica y conciertos de grupos de música antigua. Me parece bien. Son cosas lindas, finas. Pero una lombriz oscura y mugrienta se retuerce dentro de mí y se pregunta si esas cosas no parecen pensadas para diseñar, antes que seres sensibles, seres capaces de sostener la clase de conversación que se escucha en un cóctel de embajada: "Qué notable la novela de Sándor Márai que acaba de publicarse". "Uhú. Notable".

Si acotamos la "sensibilidad" a la sensibilidad literaria, ¿nadie la desarrolló leyendo, como yo lo hice cuando era chica, no solo pero también todo aquello que suele llamarse "mala literatura": best sellers de Wilbur Smith (África febril y violenta), libros de Arthur Hailey: Aeropuerto, Hotel. La biblioteca de la casa de mis padres estaba repleta de libros así, que convivían con Pedro Páramo, de Juan Rulfo; El perseguidor, de Cortázar; la poesía de sor Juana y Quevedo y Lorca; la obra completa de Horacio Quiroga; los cuentos de Bradbury y de Poe. No había nada tan extremo como libros de Corín Tellado, hay que decirlo. Pero sí de Frederick Forsyth, de Morris West, de Mario Puzzo. Todo eso circulaba entremezclado con historietas de aventuras -D'Artagnan, El Tony, Fantasía, Asterix y Obelix, El Corto Maltés, El Eternauta, La pequeña Lulú-, Víctor Hugo y Gabriel García Márquez.

La primera vez que decidí escribir algo largo fue después de leer La noche de los tiempos, de René Barjavel, un mega best seller de la época que, en términos de estimulación, fue el equivalente a una sobredosis tóxica. Yo leía a Kipling, Mark Twain, Poe y Quiroga, pero, también, el Reader's Digest. Y lo hacía con la misma naturalidad con que escuchaba a Serrat, José Luis Perales, Abba, Wagner, Beethoven, María Elena Walsh y Les Luthiers, y con la que veía películas de vaqueros, de Orson Welles y de la Hammer. ¿Nadie más hacía eso? ¿Todo el mundo "desarrolló su sensibilidad" leyendo a Shakespeare para niños?

Cada vez que leo esos artículos que aconsejan iniciar a los infantes en la literatura con La historia interminable, de Michael Ende, o en el cine con la película -encantadora- El viaje de Chihiro, me recuerdo a mí misma en el cine aullando de placer con El hombre cobra, y sentada a la mesa de la cocina de mi casa, la nariz hundida en una novela de James Bond, de Ian Flemming.

¿En qué consiste el gusto por leer (o de escuchar música o de ir al cine) sino, antes que nada, en ese ensimismamiento total, en ese borramiento del mundo? ¿Y se puede obtener y desarrollar eso a los 9 años leyendo a Chejov? Sí. Pero les pasa a pocos. La sensibilidad es un músculo que se entrena, y empezar a entrenarlo con una rutina para atletas puede aniquilar las ganas para siempre. Podía ver esa sensación de impotencia y fracaso en el rostro de mis compañeros de colegio, cuando tocaba leer, por ejemplo, a Góngora. Gente que nunca se había topado con un poema se encontraba de pronto con esa salvajada, ese retorcimiento sublime. Quedaban humillados, abominaban la poesía para siempre jamás.

Supongo que es poco correcto decirle a un padre que, para que su hijo lea, lo mejor que puede hacer es regalarle una pila de cómics y otra de los buenos y viejos best sellers de los años 70. Supongo, también, que subyace el temor a que, si un chico empieza leyendo a Morris West, permanezca leyendo a Morris West toda la vida. Ese no debería ser, en principio, un temor: alguien que lee a Morris West toda la vida puede pasarlo supremamente bien, mucho mejor que alguien que no lee nada en absoluto. Pero, además, quedarse toda la vida leyendo a Morris West no es lo que suele suceder. De muy chica me atormentaba esta pregunta: ¿cómo iba a darme cuenta, por las mías, de qué libros eran mejores que otros? Estaba claro que Bradbury no era lo mismo que Wilbur Smith, que Lovecraft no era lo mismo que Ian Flemming. Pero, ¿por qué no eran lo mismo? Mis padres estaban ahí para aclarar las dudas -eran críticos literarios con frases muy cómicas: Stevenson era "bueno, pero pesado"; Dickens era "medio lento"-, pero insistían en que yo me iba a dar cuenta sola. Que, con el tiempo, iba a adquirir criterio propio, iba a desarrollar mi propia sensibilidad. Y, en efecto, muy pronto libros que me habían parecido fascinantes empezaron a parecerme infumables.

No funciona igual en todas las disciplinas artísticas. El método de consumirlo todo -lo bueno, lo malo y la basura-, está, por ejemplo, muy bien visto entre los cineastas que, para hablar de su prehistoria cinematográfica, suelen mentar con orgullo toneladas de cine clase B y películas que son el equivalente fílmico del Big Mac. Pero la gran mayoría de los escritores parece haber empezado a leer por La montaña mágica, de Thomas Mann. Para decirlo corto: un día, a los 14 años, yo llegué a Flaubert. Pero jamás lo hubiera hecho si me hubieran obligado a empezar por él.



en Frutos extraños, 2009