viernes, diciembre 19, 2014

"Poemas para Michael Jordan", de Francisco Ide Wolleter

Fragmento



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piensa en esto: un enjambre de avispas
devora a un tigre de bengala medio descompuesto

dos simetrías enfrentadas

la sinestesia de la avispa con un tigre
en su aparato digestivo

es un préstamo, una especie de desdoblamiento
negociación y plasticidad de la materia

no se me ocurre un ejemplo mejor

algo así pasa cuando vistes el toro de los Chicago Bull’s

cuando los poros de tus manos tocan los poros del balón

cuando el resorte de los músculos te despega de la tierra
y te mezcla con el aire





Ajiaco Ediciones, 2014











jueves, diciembre 18, 2014

“Alesbiánate Esopo”, de Mario Santiago Papasquiaro








La contracción de la coneja en el hocico del zorro
Ese meneíto que desquicia al mismo fuego
¿Quién vomita la miel / la luz
los dientes del túnel cuando el cielo es el rey & el coito
            es primero?
No confundamos la arcangélica historia
con los sudores terrenos
Coger maremoto es eyaculación & no sueño
No hay mayor incienso que el del clítoris bonzo
¿La música de las esferas?
/ OK /
pero abierta: chorreada
El cuello de la tortuga
dibujado en la explosión de la flecha
La fábula sobra
& no faltan las reinas
Lengua & pellejo cosidos al viento
Es noche de lluvia de estrellas
Arde la arcilla del mundo
El Edén vuelve a fugarse con los kilos a cuestas


en Jeta de santo, 2008








miércoles, diciembre 17, 2014

"Fogón", de Jaime Huenún





Menos que el silencio pesa el fuego, papay, tu
gruesa sombra que arde
entre leños mojados;
menos que el silencio a la noche
y al sueño,
la luz que se desprende
de pájaros y ríos.

"Hermano sea el fuego", habla, alumbra
tu boca,
la historia de praderas y montañas
caídas,
la guerra entre dioses, serpientes
de plata,
el paso de los hombres
a relámpago y sangre.

Escuchas el galope de las generaciones,
los nombres enterrados
con cántaros y frutos,
la lágrima, el clamor de lentas caravanas
escapando a los montes de la muerte y la vida.

Escuchas el zarpazo del puma
al venado,
el salto de la trucha en los ríos
azules;
escuchas el canto de aves adivinas
ocultas tras helechos
y chilcos florecidos.

Respiras ahora el polvo de los nguillatunes,
la machi degollando al carnero
elegido;
respiras ahora el humo ante el rehue, la hoguera
donde arden los huesos del largo sacrificio.

"Hermano sea el fuego", dices retornando,
el sol ancho del día
reúna a los hermanos;
hermano sea el fuego, papay, la memoria
que abraza en silencio la sombra
y la luz.


en Poemas para náufragos y viajeros, 2014








Edición y selección de Natalia Figueroa








martes, diciembre 16, 2014

“De por qué escribo… Mollfvñ pu nvtram…”, de Adriana Paredes Pinda








Fragmento

Fue la lengua castellana que nos ultrajó en primer lugar y en último (la lengua y el pensamiento), pero no solo ella, por supuesto, la lengua hispana nos ha violentado, lo confieso, nos ha socavado, por eso escribo; la lengua castellana me ha perdido, sin retorno tal vez, me ha mordido los pensamientos y yo “pecadora”, pobre de mí, me he enamorado de la lengua castellana meretriz, me ha robado el mapuzungun, me ha robado el chezungun y el ce sumun, me ha robado el espíritu, el aliento, el sentido, me ha robado a Kallfv Llanka Lican, me ha robado el lican, por eso escribo bajo estado hipnótico y no logro zafarme; esta lengua meretriz me pesa, me quema, esta weñefe este pensar weñefe de mí…



en Kümedungun / Kümewirin,
Antología poética de mujeres mapuches, 2010








lunes, diciembre 15, 2014

"Pellaifa", de Damsi Figueroa






Para llamar a los cisnes hay que mecer un junquillo en la orilla del lago
Para llamar al huillín hay que golpear dos piedras azules
Para llamar al pangui hay que esperar a que hielen los cerros
y soltar la oveja mansa. Hay que esperar,
hay que saber esperar por los prodigios de la noche. Kalfumalen
se enciende, la niña azul, la estrella venerada, el buen augurio.
Hay que esperar y soltar el asombro como un canto
para que trepe a los árboles y encienda la luna
Hay que esperar por los fuegos silvestres
con el corazón encendido y en silencio
Hay que saber esperar
a que se hagan visibles las puertas selladas del bosque
y entrar en el rene de los duendes…
sin perder la cordura, esperar y agradecer al sendero,
a su mano oscura que nos regresa siempre.



en Poemas para náufragos y viajeros, 2014








Edición y selección de Natalia Figueroa















domingo, diciembre 14, 2014

“Todo está salvo”, de Kenneth Patchen








Fluye, agua, el agua azul
Pequeñas avecitas de espuma
Cantan en ti
Oh, fluye, agua, agua azul

Estrellitas quedándose dormidas

A tu vaivén
Oh, fluye, agua, el agua azul
Qué importa alguna pena
Ella se pierde en ti

Mínimos tiempos, menudos hombres

Qué importa
Están a salvo en ti
Oh
Fluye, agua, agua azul
Todo está a salvo en ti
Pequeñas avecitas
Las sombras de las doncellas

A salvo en tu cantar


en 19 poetas de hoy en los Estados Unidos, 1966











sábado, diciembre 13, 2014

"Magnífico que un bote pintado...", de Ouyang Xiu

© Versión de Juan Carlos Villavicencio




Magnífico que un bote pintado lleve vino al lago del poniente.
Urgentes los ritmos y tantas melodías,
imperiosa la cita con una taza de jade,
mientras suaves flotan en tranquilas olas y se atiende al borracho
            que ya duerme.

Las nubes que se mueven de alguna manera están bajo el barco
            que se mueve
donde el agua vacía es clara y fresca.
Busco, miro hacia abajo, persisto
y siento como si hubiera otro cielo en este lago.













viernes, diciembre 12, 2014

"Escenas del derrumbe de Occidente", de Andrés Morales









EL SILENCIO COMO ÚNICO ALIMENTO. LITURGIA DE LAS NOCHES SIN DESNUDO, SIN HÁBITOS NI ESCENAS, SIN DESLICES. EL SILENCIO COMO CRUEL SOMETIMIENTO. EL SILENCIO DE LOS ROSTROS: EL DESIERTO.
 

Nosotros desdichados desde siempre:
águilas, a veces, cada hora,
negros en el híbrido secreto
que no tiene razón y nos aprieta
queriendo descifrar este destino
de nota discordante en la caída;
pausadamente quietos y pequeños,
nosotros los solemnes sin aliento.



en Escenas del derrumbe de Occidente
(segunda edición, Descontexto Editores), 2014










jueves, diciembre 11, 2014

"En medio del camino", de Carlos Drummond de Andrade

© Traducción de Juan Carlos Villavicencio




En medio del camino había una piedra
había una piedra en medio del camino
había una piedra
en medio del camino había una piedra.

Nunca me olvidaré de ese incidente
en la vida de mis tan cansadas retinas.
Nunca me olvidaré de que en medio del camino
había una piedra
había una piedra en medio del camino
en medio del camino había una piedra.




en Revista de Antropofagia, 1928











miércoles, diciembre 10, 2014

“Para una tumba sin nombre”, de Juan Carlos Onetti







Fragmento


Reí un poco y entonces me llegó el turno de caminar hasta la ventana. Vi la noche muerta, alumbrada apenas por cuatro faroles desleídos, el resplandor velado de la marquesina del Plaza. El reloj de la intendencia dio una campanada; pero no podía saberse qué hora era porque el carrillón no funcionaba desde hacía unos meses. Me volví diciendo, sin burla, sin otro deseo que ayudar, como si la historia fuera un trabajo que íbamos haciendo entre los dos: —Ahora estamos mucho mejor. En todo caso, es usted quien acaba de ver, personalmente, a la mujer manejando al chivo. No Godoy ni Tito. Ahora, el resto tiene que ser mucho más fácil. Se trata de unir esa escena con la del entierro, rellenar los ocho o nueve meses que las separan.

 Pero Jorge no me estaba escuchando. Se había levantado y sonreía con fatiga, desencantado. No pude recordar en qué cara había visto yo una vez aquella mirada azul un poco atónita, aquel rabioso brillo de juventud, un mechón, cobrizo, colgando hacia la sien. Sopló en la pipa y la guardó en la cadera.

 —Un trago y me voy —dijo mirando la noche por encima de mi hombro—. Mañana vamos a pasar el día en Villa Petrus, desde muy temprano. Nunca puede saberse. Estaba pensando que acaso yo no me vacié totalmente de mi rencor aquella noche cuando la espiaba simulando leer un diario. Y sin embargo no mentí al hablarle de la piedad. Esta vez se equivocó: no era el final de un capítulo sino el final del prólogo.

 No volví a hablar con Jorge aquel verano; no quería acercarse; me saludaba de lejos alzando la pipa, exagerando la alegría de verme.



1959