viernes, febrero 12, 2016

“No”, de Draupadí de Mora







no buscar incesantemente nada
no mirar las costras de la escenografía
ni hacer comentarios de ningún tipo acerca de ningún tipo de agujero
no tardar demasiado en el baño
no pasar el día en cama esperando el atardecer
no beber los restos de los vasos
no sentir pena por la pelusa
no creer que pelusa debería escribirse con zeta
no burlarse de los conejos
no tener la boca hacia abajo durante el sueño
no comer buscando formas de nubes en las rosetas
no llorar con la cebolla y el cuchillo en la mano
no despanzurrar el supuesto silencio
no divulgar su locura transitoria que no pasa ni deja de pasar
no saltar las líneas del pavimento
no buscar la mano de su camarada en la noche temible
no temer a la noche temible
no amar demasiado
no amar en absoluto
no escanciar la vida como si de mal vino se tratase
no derramar la sal en goterones sucesivos
ni relampaguear
ni tener la vanidad de escribir versitos
no no alcanzar la mayoría de edad
no sí sentirse un bicho de ocho o más cabezas
un argos cegado y paralítico

No agregar espacio entre párrafos del mismo estilo



Inédito, 2016

Ilustración: "I like myself", de Carlos Almonte







jueves, febrero 11, 2016

"La vuelta", de Ángel Crespo*






Por el camino se me van cayendo
frutas podridas de la mano
y voy dejando manchas de tristeza en el polvo
donde quiera que piso;
un pájaro amanece ante mis ojos
y en seguida anochece entre sus alas;
la asamblea de hormigas se disuelve
cuando en mí la tormenta se aproxima;
el sol calienta al mar en unas lágrimas
que en el camino enciende mi presencia;
la desnudez del campo va vistiéndose
según van mis miradas acosándole
y el viento hace estallar
una guerra civil entre las hierbas.

Noticia triste de mi cuerpo dictan
las verdes amapolas en capullo,
la codorniz se espanta
y asusta al macho con historias mías.
Vengo desnudo de la hermosa clámide
que solía vestirme cuando entonces:
clámide con las voces de los pájaros,
el graznido del cuervo, la carrera veloz de la raposa
–a la que llaman zorra mis parientes–,
del arroyo que un día se llevaba mis pasos
y de olores de jara y de romero
hace tanto tejida.

Días de mi ascensión, cuando el lagarto
solía conocer mis intenciones,
cuando solía la retama
pedirme venia para echar raíces,
cuando algún cazador me confundió
con una piedra viva entre las piedras.
Pero yo te conozco, campo mío,
yo recuerdo haber puesto entre tus brazos
aquel cuerpo caliente que tenía,
haber dejado sangre entre los surcos
que abrían los caballos de mi padre.
Yo te conozco y noto que tus senos
empiezan a ascender hacia mis labios.












* Nota DscnTxt: este poema fue subido a nuestro blog con fecha 19 de enero de 2016, dándose por error que era de la autoría del poeta español José Manuel Caballero Bonald. Esto sucedió ya que en internet está ampliamente difundido que el poema es creción de Caballeron Bonald, lo que aquí corregimos una vez que fuimos notificados de este error involuntario.







miércoles, febrero 10, 2016

“Resumen”, de Yenny Mastoraki








De niña, mi madre
ponía sobre mi piel el padrenuestro
y los talismanes azules de la isla de Tinos*.
Tomaba mis sueños y los encerraba
con doble vuelta de una gran llave.
Los recontaba por la mañana
asentándolos en un cuaderno,
me exorciza la canción en los labios
y todas las noches mi cama
se convierte en un lápiz bordado
que dice “Libertad o Muerte”**.



* En Tinos se encuentra un importante santuario cristiano.
** ”Libertad o Muerte” era el lema de los griegos en la guerra por su independencia, en 1821.




en La parentela, 1978







martes, febrero 09, 2016

"Ars poetica", de Archibald MacLeish

© Traducción de Juan Carlos Villavicencio




Un poema debe ser palpable y mudo
como un fruto redondo,

silencioso
como viejos medallones al tacto del pulgar,

silente como la piedra raída por las fundas
del alféizar donde ha crecido musgo–

un poema como el vuelo de los pájaros
debe ser sin palabras.

*

Un poema no debe moverse en el tiempo
como la luna cuando asciende,

dejando, como la luna libera
ramita por ramita a los árboles enredados por la noche,

dejando, como la luna tras las hojas del invierno,
recuerdo por recuerdo a la memoria–

un poema no debe moverse en el tiempo
como la luna cuando asciende.

*

Un poema debe ser igual a:
no es cierto.

Por toda la historia del dolor
una puerta vacía y una hoja de arce.

Por amor
los pastos inclinados y dos luces sobre el mar–

un poema no debe significar
sino ser.



1925/1926














lunes, febrero 08, 2016

“En la isla a veces habitada”, de José Saramago








En la isla a veces habitada de lo que somos,
hay noches, mañanas y madrugadas
en las que no necesitamos morir.

Entonces sabemos todo lo que fue y será.
El mundo aparece explicado definitivamente
y nos invade una gran serenidad,
y se dicen las palabras que la significan.

Levantamos un puñado de tierra
y lo apretamos entre las manos.
Con dulzura.
Ahí se encierra toda la verdad soportable:
el contorno, el deseo y los límites.

Podemos decir entonces que somos libres,
con la paz y la sonrisa de quien se reconoce
y viajó infatigable alrededor del mundo,
porque mordió el alma hasta sus huesos.

Liberemos lentamente la tierra donde ocurren milagros
como el agua, la piedra y la raíz.

Cada uno de nosotros es de momento la vida.
Que eso nos baste.



en Poesía completa, 2005



Dedicado a Miguel Concha, amigo que partió… antes.







domingo, febrero 07, 2016

"Apágame los ojos...", de Rainer Maria Rilke

© Versión de Juan Carlos Villavicencio




Apágame los ojos, que puedo verte,
tapa mis oídos, que te puedo oír,
y aún sin pies puedo alcanzarte,
y aún sin boca te puedo invocar.
Quiebra mis brazos y con mi corazón
te tomaré como con una mano,
detenme el corazón y mi cerebro latirá,
y si lanzas al fuego mi cerebro,
tendré que llevarte en mi propia sangre.




1899









Traducción dedicada a mi amada Fer acá en el Sur












Contribución a DscnTxt de Patricio Larrondo






sábado, febrero 06, 2016

“El arroyo de durazno”, de Zhou Bangyan








¡Cuánto me arrepiento
de no haberme quedado
en el Arroyo de Durazno!
La raíz de loto de otoño,
una vez rota,
ya no se junta.
Recuerdo que aquellos días
nos esperábamos uno al otro
en el Puente de Barandillas Púrpura.
Hoy, solo, la busco en vano
por el Camino de Hojas Amarillas.
Entre brumas se yerguen calladas
innumerables montañas verdes.
Gansos silvestres, bañados
por el rojo sol ponente,
se van a la lejanía.
Mientras mi amada se había esfumado
como una nube
llevada por el viento sobre el río.
Y mi sentir,
las pelusas del sauce llorón,
que, azotadas por la tormenta,
caen al suelo.


en Poesía clásica china, 2001







viernes, febrero 05, 2016

"Plainpalais", de Jesús Munárriz





—Lo reconozco en la humedad, María,
en olores y aromas
con los que reconstruyo los árboles y flores
de que me estás hablando
y que siento muy próximos.

Es aquel cementerio que descubrí en mi juventud,
cuyos verdes recreo en mi cerebro
ahora que lo recorro a oscuras, de tu brazo,
y en el que te he pedido descansar para siempre.

Que esta tierra que piso, silenciosa,
en la que descubrí las riquezas del mundo,
sus incontables escrituras,
guarde los restos ciegos, sordos, mudos
del cuerpo que el destino tuvo a bien asignarme.

En esta ciudad libre, regulada y pacífica,
en este campo santo acogedor
pasará inadvertida una tumba argentina
con unos viejos versos en sajón
apenas descifrables.

De lo que fui, lo más está en mis libros,
lo guardan bibliotecas.
Guarde Ginebra lo que a nadie importa.




en Material del asombro (1970-2015), Hiperión, 2016

























jueves, febrero 04, 2016

“Pérdida”, de Jorge Morales








No hay regreso.
No hay trenes invisibles,
rieles oxidados,
ni pasajeros extraviados
que vuelvan
al escenario del amor.

Sólo los culpables vuelven
al lugar del crimen.
Sólo los pobres y los exiliados
sueñan cada noche
con la patria de los desgarros.

Y yo no me olvido.

Y yo no perdono.


en Los frutos invisibles, 2012