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jueves, enero 30, 2025

«A la puta que se llevó mis poemas», de Charles Bukowski

Traducción de Umberto Cobo




Algunos dicen que debemos eliminar del poema
los remordimientos personales,
permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero
¡POR DIOS!
¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!
¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores!
¡Es intolerable!
¿Tratas de joderme como a los demás?
¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero?
Usualmente lo sacan de los dormitorios y de los pantalones
borrachos y enfermos
en el rincón.
La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de 50,
pero no mis poemas.
No soy Shakespeare
pero puede ser que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros.
Siempre habrá dinero y putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba,
pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas:
veo que he creado muchos poetas pero no mucha poesía.












 

lunes, julio 12, 2021

«¿Tenemos que prenderle fuego al culo del Tío Sam?», de Charles Bukowski

Traducción de Cristóbal Koch




¿Tenemos que prenderle fuego al culo del Tío Sam?

¿O él nos va a quemar el culo a nosotros? En agosto cumpliré cincuenta, no confíen en mí. Eso es veinte años más que treinta, y me pregunto: ¿en quién van a confiar los muchachos de menos de treinta cuando tengan más de treinta? Quizás deberían confiar en mí un poquito —estoy desempleado, incluso tengo una barba de chivo, bebo cada noche hasta el amanecer, escribo mis pequeños poemas y sucias historias, todavía tratando de dar en el blanco, quizás fallo, levantándome a medio día a tomar un alka seltzer, encontrando acuarelas en el suelo junto a botellas de cerveza vacías y el programa de hípica de la semana pasada—. El Berkeley Tribe me manda gratis un ejemplar de su periódico cada semana, así es que deben saber que aquí estoy. También bebo con cualquiera y escucho. Mi puerta está abierta a los de izquierda y los de derecha, negros y blancos y amarillos y rojos y diferentes hombres, mujeres, lesbianas y homosexuales. Yo no enseño; yo aprendo. Fui antiguerra cuando ser proguerra era una moda popular. Creí que nos podríamos haber mantenido fuera de la Segunda Guerra Mundial y el curso de la historia hubiera sido tal cual como es ahora. Esa es una tremenda afirmación y, por supuesto, puede ser discutida. Todavía soy antiguerra. Aunque una guerra sea contra la izquierda o contra la derecha, todavía la considero una guerra. Entre los intelectuales estadounidenses una guerra «buena» es contra la derecha; una guerra «mala» es contra la izquierda. Esto es todo demasiado fácil. La lección es no dejarse engañar. Si van a sacrificar vidas humanas por una causa, sigan con ella. Reemplácenla con una nueva constitución o hagan que la actual funcione. Digan: «Hemos muerto. Esto es lo queremos ahora». En el momento en que un enemigo es eliminado en una guerra, se crea un vacío y un desequilibrio y un nuevo enemigo se forma a sí mismo. Si destruyes a la izquierda tiendes a transformarte en la izquierda; si destruyes a la derecha tiendes a transformarte en la derecha. Todo es un capricho, un columpio, y hombres grandiosos han sido atrapados y engañados por el vaivén del equilibrio. La política, la guerra, las causas —por miles de años— han terminado en un gran saco de mierda. Ya es tiempo de que hayamos aprendido a pensar.

Allá por los años 30 y yendo directo hacia la Segunda Guerra Mundial, había un fuerte sentimiento revolucionario en este país. Franco estaba a punto de tomarse España —los escritores estaban enganchados con esa «causa noble»— Hemingway, Koestler, que se dio vuelta después, de hecho El cero y el infinito fue uno de sus giros tempranos. Entonces también estaba Lillian Hallman; Irwin Shaw, el encanto de los intelectuales y querido del The New Yorker —lean el cuento «Sailor off the Bremen»…— y, por supuesto, estaban Steinbeck y Dos Passos —que se dio vuelta después—. Incluso William Saroyan, que dijo que nunca iría a la guerra, se vio atrapado y fue y escribió una novela muy mala sobre ello —Las aventuras de Wesley Jackson—. Hubo docenas, cientos de otros, simplemente no eras un escritor que valiera una mierda si no lo eras para la guerra. Yo era un escritor que no valía una mierda. Y, por supuesto, antes de la guerra hubo una gran recesión. La gente, los jóvenes y los viejos, solían reunirse en cocheras oscuras y hablaban de revolución. La Brigada Abraham Lincoln fue formada para ir a España a detener «el alza del fascismo. ¡Detenerlo ahora!». Bien, la Brigada estaba pobremente armada y gritaban a la multitud: «¡Únanse al partido, únanse a la Brigada, debemos detenerlos ahora, nuestras vidas están en juego!». En San Francisco fue lo mismo. Bailes del Partido Comunista, con buena concurrencia. Ninguno podía mantenerse al margen, decían. Cualquiera que no se involucrara de algún modo no era un ser humano pensante y sintiente. Tiempos emocionantes para algunos. ¿Pero adónde llegaron? ¿Qué le ocurrió a la izquierda después de que Hitler fue derrotado? ¿Qué ocurrió con Irwin Shaw, con Hemingway, Dos Passos, Steinbeck, Saroyan, la pandilla? Bueno, había una novela estúpida de Steinbeck, La luna se ha puesto y una novela estúpida de Hemingway, Al otro lado del río y entre los árboles, y no tengo idea si estas cosas fueron escritas después o durante o antes de la guerra —era parte del proceso—. Dos Passos se rindió. Los otros encontraron que no podían escribir más. Camus, que justificó la guerra en Cartas a un amigo alemán, Camus corrió dando discursos en las academias hasta que el accidente automovilístico lo salvo de ese tipo de vida.

Lo que quiero decir es que he escuchado los mismos gritos en las calles, y fueron desperdiciados. Hubo traiciones y torsiones a granel. La gente tenía comida en sus barrigas. La gente había hecho dinero de la guerra. Rusia el aliado se transformó en Rusia el enemigo. Joe Stalin, ahora que el mundo había sido salvado, estaba haciendo de Hitler con su pueblo. De nuevo —como siempre— los intelectuales habían sido engañados. La actualidad superó a la teoría. La codicia humana, la pequeñez humana se hizo historia. Los tan llamados hombres buenos acuchillaban bien. Traición. Documentos. Soploneos. Irwin Shaw lo vio y lo escribió —su mejor libro, aunque no recuerdo el título—. Joe McCarthy apareció a tiempo. Las medias sucias de Adolph. Tuvimos a los diez grandes expulsados de la industria cinematográfica. La derecha está de vuelta otra vez. ¿Pero cómo? ¿No habían sido destruidos en la Segunda Guerra Mundial? Cada hombre era sospechoso. «¿Alguna vez ha sido usted del Partido Comunista?». «¿No lo fuimos casi todos nosotros?». Pero nadie nunca dijo eso. Tenían órdenes desde arriba y, como niños buenos, obedecieron. Y ahora los hijos de los judíos que salvamos de los hornos, ellos son de derecha. Ellos insertan sus panzers y blitzkriegs y su rápido poder aéreo en contra de la IZQUIERDA. Es confuso.

Ahora una vez más los intelectuales están gritando «revolución». Queman un banco; una bomba en la IBM, una bomba en una compañía telefónica, y más… policías hechos mierda, sus autos incendiados; policías son asesinados, policías asesinan —siempre lo han hecho—. Entonces tenemos a los grandes siete de Chicago y un culo viejo senil increíble como juez (a todo esto, no quiero decir que los policías están hechos mierda de drogados, quiero decir que la multitud los hace mierda a piedrazos). Si Kunstler no hubiera advertido a los jóvenes que dejaran de joder en un discurso hace poco, podría haber ocurrido. Pero Kunstler sabía que habría sido una carnicería y habría terminado la revolución ahí mismo. Los salvó para otro día. Bien, dirán ¿Y qué quiero DECIR? Bueno, yo soy un fotógrafo de la vida, no un activista. Pero, antes de que se decidan a favor de una revolución, estén seguros de que tienen una buena chance de ganarla —y con esto quiero decir derrocar violentamente—. Antes de que esto pueda ser alcanzado deben tener algo de revolución entre las filas de la Guardia Nacional y la fuerza policial. Justamente esto no está pasando en ningún grado. Entonces deben hacerlo en las votaciones. Y les quitaron sus oportunidades con ambos Kennedys. En este momento hay demasiada gente asustada de perder su trabajo, hay demasiada gente comprando autos, televisores, hogares, educación a crédito. El crédito y la propiedad y la jornada de ocho horas son grandes amigos de la clase dirigente. Si debes comprar cosas, paga en efectivo y solo compra cosas de valor —no baratijas, sin cuentos—. Todo lo que posees debe poder caber en una maleta; entonces tu mente puede ser libre. Y, antes de que puedan enfrentar a las tropas afuera en la calle, DECIDAN y RECONOZCAN con qué van a reemplazarlas y por qué. Los lemas románticos no servirán. Tengan un programa decisivo, claramente expresado, cosa de que SI ganan tengan una forma de gobierno apropiada y decente. Pues recuerden: en todo movimiento hay oportunistas, acaparadores de poder, lobos vestidos en ropas revolucionarias. Estos son los hombres que derriban una causa. Yo estoy para un mundo mejor, para mi hija, para mí mismo, para ustedes, pero tengan cuidado. Un cambio en el poder no es una cura. El poder no es una cura. Todo el acento de su pensar no debe ser cómo destruir un gobierno sino cómo crear uno mejor. No sean atrapados y engañados de nuevo. Y si ganan tengan cuidado de gobernar autoritariamente con reglas que los vayan a amarrar peor que antes. Yo no soy precisamente un patriota, pero, a pesar de una tremenda cantidad de injusticias, ustedes todavía pueden expresarse y protestar y actuar dentro de ámbitos bastante amplios. Díganme: ¿podré escribir un texto antigobierno DESPUÉS de que ustedes tomen el poder? ¿Podré pararme en los parques y en las calles y decirles lo que pienso? Debería esperar que sí. Pero tengan cuidado, no sea que pierdan aunque sea eso en nombre de la justicia. Yo reclamo un programa que me permita elegir entre ustedes y ellos, entre la revolución y el gobierno que existe. ¿Me pondrán ustedes a trabajar cortando cañas de azúcar? Eso me aburriría. ¿Construirán ustedes nuevas fábricas? He pasado mi vida arrancando de las fábricas. ¿Tendrán que ser todos mis escritos, mi música, mis pinturas, para el bien del Estado? ¿Podré yacer en las bancas de los parques o en habitaciones pequeñas bebiendo vino, soñando, sintiéndome bien y cómodo? Háganme saber qué tienen para mí antes de que queme un banco. Necesito más que collares hippies, cintillos indígenas, hierbas legales. ¿Cuál es su programa? Estoy cansado de todos esos muertos. No los desperdiciemos de nuevo. Si debo enfrentar el fusil de un policía estatal quiero saber qué me darán si se lo quito de las manos.

Díganme.

















martes, octubre 20, 2020

«Causa y efecto», de Charles Bukowski

Traducción de Juan Carlos Villavicencio



 

los mejores mueren a menudo por su propia mano
solo para huir 
y aquellos que quedaron atrás 
nunca pueden entender eso del todo 
por qué a alguien 
podría ocurrírsele 
huir de 
todos 
ellos



en Septuagenarian Stew, 1990
 

















Cause and effect 

the best often die by their own hand / just to get away,  / and those left behind  / can never quite understand  / why anybody / would ever want to / get away / from / them














lunes, diciembre 09, 2019

«Vidas entre tachos de basura», de Charles Bukowski

Traducción de Juan Carlos Villavicencio






el viento sopla fuerte esta noche
y es un viento frío
y pienso en
los chicos en la calle.
espero que alguno de ellos tenga una botella
de tinto.

sucede cuando estás en la calle
que notas que
todo
es propiedad de alguien
y que hay cerraduras para
todo.
así es cómo funciona
la democracia:
tomas lo que puedes,
intentas conservarlo
y sumar algo
si es posible.

así es cómo funciona
también la dictadura
sólo que ella o esclaviza o
destruye a sus
indigentes.
sucede que sólo olvidamos
a los nuestros.

en cualquier caso
es un viento
arduo
y frío.



en You get so alone at times that it just makes sense, 1986










Trashcan lives

the wind blows hard tonight / and it’s a cold wind / and I think about / the boys on the row. / I hope some of them have a bottle of / red. // it’s when you’re on the row / that you notice that / everything / is owned / and that there are locks on / everything. / this is the way a democracy / works: / you get what you can, / try to keep that / and add to it / if possible. // this is the way a dictatorship / works too / only they either enslave or / destroy their / derelicts. / we just forgot / ours. // in either case / it’s a hard / cold / wind.











Contribución a DscnTxt de Aldo Biglia














martes, junio 21, 2016

“Mis amigos”, de Charles Bukowski







Éste da clases.
Ése vive con su madre.
Aquél lo mantiene su padre alcohólico,
tiene la cara enrojecida y el cerebro de mosquito.
Éste se mete anfetaminas y ha sido mantenido por
la misma mujer durante 14 años.
Ése escribe una novela cada diez días
y al menos paga la renta.
Éste va de un lugar a otro
durmiendo en sofás, bebiendo y
parloteando.
Éste imprime sus libros en una
fotocopiadora.
Ése vive en el baño
de un hotel abandonado en Hollywood.
Éste ha aprendido a conseguir una beca tras otra,
su vida es un constante llenar formularios.
Éste es simplemente rico y vive en los mejores
lugares y toca las mejores puertas.
Ése ha desayunado con William Carlos Williams.
Y éste enseña
y ése enseña
y éste sabe cómo hacer sus textos
y habla con una cruel y dominante voz.

Los hay en todos lados,
todos son escritores.
Casi cada escritor es un poeta.
Poetas poetas poetas poetas poetas poetas.
Poetas poetas poetas poetas poetas poetas

La próxima vez que suene el teléfono
será un poeta.
La próxima persona que toque la puerta
será un poeta.

Éste enseña,
ése vive con su madre
y éste escribe la vida de Ezra Pound.

Oh, hermanos, somos lo más asqueroso
y lo más bajo de la creación.



en El amor es un perro infernal, 1977







domingo, agosto 16, 2015

"Tira los dados", de Charles Bukowski

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




si lo vas a intentar, dale hasta el final
de lo contrario, ni siquiera empieces.
si lo vas a intentar, dale hasta el final.
esto podría significar perder novias,
esposas, parientes, empleos y quizás tu cabeza.

dale hasta el final
podría significar no comer durante 3 o 4 días.
podría significar congelarte en la banca de un parque.
podría significar cárcel,
podría significar escarnios,
burlas,
aislamiento,
el aislamiento es un regalo,
todos los demás son una prueba de tu resistencia,
de cuánto en realidad quieres hacerlo.
y lo harás
a pesar del rechazo y las peores posibilidades,
será mejor que
cualquier otra cosa
que puedas imaginar.

si lo vas a intentar,
dale hasta el final
no hay otra sensación como esa.
estarás a solas con los dioses
y las noches arderán en llamas.

hazlo, hazlo, hazlo, hazlo.

hasta el final
hasta el final

montarás a la vida directo a
la risa perfecta, es la única batalla justa
que hay.






en What Matters Is How Well You Walk Through the Fire, 1999




















miércoles, marzo 11, 2015

"Rapsodia de un amigo ebrio", de Charles Bukowski





Te veo bebiendo como un payaso de ojos tristes,
solías escribir poemas locos sobre ángeles y Dios.
Pensaba que Dios estaba muerto
pero escuchándote... no estaba seguro.
No había mentira en tu fuego.
Tus poemas se volvieron tristes,
tus amantes te traicionaban.
Después de andar por los bares
sólo la resaca y las paredes vacías.
Sin experimentar miedo por amar
o no ser amado.
Decías que sólo los hombres de suerte
carecían de imaginación para sufrir.
Te amé como un hombre ama a un amigo
que está lejos y extraña.
No había elección, estábamos unidos
por un destino singular.
La soledad es tan grande
que puedo verla en el lento movimiento
de las agujas del reloj.
Nunca nadie encuentra a quien busca.
Tenías un vaso de los lamentos
y te sentabas a beber con él
por las amantes que te habían herido.
Me enseñaste que no toda la gente
es buena con los demás... tenías miedo,
y nunca les pedirías que lo fueran.
Quizás si lo fueran, la muerte no sería tan triste.
Siempre juntando más odios que amantes.
Aprender a ganar es dificíl,
pero cualquiera, incluso uno mismo
podía ser un gran perdedor.
Cuantas botellas de cerveza, vino, whisky,
principalmente cerveza tomaste
esperando que las cosas mejorarán
o cuando te peleabas con una mujer...
y esperabas que el teléfono sonara
mientras te volvías loco...
Y la radio pasaba canciones de amor
y el teléfono permanecía silencioso,
y las paredes frías... y cerveza...
cerveza era todo lo que había.
Y cuando una botella caía
producía el único sonido de tu vida.
Mientras tanto los basureros de la ciudad se llenan,
las plazas de dragones se llenan,
los manicomios se llenan, los hospitales se llenan,
los cementerios se llenan, ninguna otra cosa se llena.
Y sientes el vacío...
Esperabas a la muerte, como a un gato
que salta por sorpresa sobre la cama
...y ella llegó.
Decías que yo era el próximo
y que quizás ya sabes algo
que todavía no sé...






Sin datos editoriales














miércoles, octubre 24, 2012

“Esto es lo que mató a Dylan Thomas”, de Charles Bukowski






Esto es lo que mató a Dylan Thomas.

Subo al avión con mi novia, el técnico de sonido, el cámara y el productor. La cámara está funcionando. El técnico de sonido nos ha colocado unos pequeños micrófonos a mi novia y a mí. Voy camino a San Francisco para dar una lectura poética. Soy Henry Chinaski, poeta. Soy profundo, soy magnífico. Cojones. Bueno, sí, tengo unos magníficos cojones.

El canal 15 quiere hacer un documental sobre mí. Llevo puesta una camisa nueva y limpia, y mi novia es vibrante, maravillosa, con sus treinta y pocos años. Ella esculpe, escribe y hace maravillosamente el amor. La cámara está encima mío, pegada a mi cara. Yo hago como si no estuviese. Los pasajeros miran. Las azafatas deslumbran, la tierra les ha sido robada a los indios, Tom Mix está muerto, y yo me he tomado un buen desayuno.

Pero no puedo dejar de pensar en los años de habitaciones solitarias, cuando las únicas personas que llamaban a mi puerta eran las caseras pidiendo el alquiler atrasado, o el FBI. Yo vivía con ratas y ratones y vino, y mi sangre se derramaba por las paredes en un mundo que no podía entender ni todavía puedo. Más que vivir, me moría de hambre; corría enloquecido entre mis propios pensamientos y me escondía. Cerraba todas las persianas y miraba fijamente al techo. Cuando salía, era para irme a algún bar, donde mendigaba algún trago, hacía recados y era golpeado en callejones por hombres seguros y bien alimentados. Bueno, gané algunas peleas, pero sólo porque estaba frenético. Pasé años sin mujeres, vivía de mantequilla de cacahuete y robaba pan y patatas cocidas. Era el imbécil, el bobo, el idiota. Quería escribir, pero la máquina estaba siempre jodida. Me rendía y bebía...



El avión despegó y la cámara seguía filmando. Mi novia y yo hablábamos. Llegaron las bebidas. Yo tenía la poesía, y una magnífica mujer. La vida estaba recuperándose. Pero las trampas, Chinaski, ten cuidado con las trampas. Luchaste por largo tiempo para poder tumbar al mundo del modo que deseabas. No dejes que una pequeña adulación o una cámara de cine te saquen de tu posición. Recuerda lo que dijo Jeffers: incluso los hombres más fuertes pueden caer atrapados, como Dios cuando pasó por la tierra.

Bueno, tú no eres Dios, Chinaski, relájate y toma otro trago. ¿Deberías quizá decir algo profundo para el técnico de sonido? No, déjale sudar. Déjales sudar a todos. Es su jodida película. Trata de adivinar el tamaño de las nubes. Estás volando con ejecutivos de IBM, de Texaco, de... Estás volando con el enemigo.

Al bajar del avión, en la escalerilla, un hombre me pregunta:

—¿Qué ocurre con todas esas cámaras? ¿Qué es lo que pasa?
—Soy un poeta —le digo.
—¿Un poeta? —pregunta él—. ¿Cómo se llama usted?
—García Lorca —digo...



Bien, North Beach es diferente. Son jóvenes y llevan pantalones vaqueros y andan dando vueltas por ahí. Estoy viejo. ¿Dónde están los jóvenes de hace veinte años? ¿Dónde está Joe, el tarambana? Bueno, estuve en San Francisco hace treinta años y evité pasar por North Beach. Ahora estoy paseando por ella. Veo mi cara en carteles por todas partes. Ten cuidado, viejo, la chupada ha comenzado. Quieren sacarte la sangre.

Mi novia y yo paseamos con Marionetti. Muy bien, aquí estamos, paseando con Marionetti. Es agradable estar con Marionetti, tiene unos ojos amables y las jovencitas le paran por la calle y hablan con él. Ahora, pienso, me podría quedar en San Francisco... pero no. Lo mejor es volver a L. A. con la ametralladora montada en la ventana delantera. Puede que atraparan a Dios, pero Chinaski va prevenido por el diablo. No les será fácil...

Marionetti se va y ahí hay un café beatnik. Nunca he estado en un café beatnik. Ahora estoy en un café beatnik. Mi chica y yo pedimos del mejor —60 centavos la taza—. Gran rato. No vale los sesenta centavos. Los chicos se sientan a las mesas, mirando fijamente sus cafés y esperando a que ocurra. No va a ocurrir.

Cruzamos la calle hacia un café italiano. Marionetti está de vuelta con el tío del S.F. Chronicle que dijo en su columna que yo era el mejor escritor de relatos que había aparecido desde Hemingway. Le dije que estaba equivocado; no sé cuál será el mejor desde que la palmó Hemingway, pero no es Henry Chinaski. Soy demasiado descuidado. No pongo suficiente esfuerzo. Estoy cansado.

Llega el vino. Mal vino. La señora trae sopa, ensalada y una fuente de raviolis. Otra botella de vino malo. Estamos demasiado llenos para comernos la monstruosa fuente. La conversación es floja. No tratamos de ser brillantes. Tal vez no podamos. Salimos fuera.

Camino detrás de ellos, subiendo la colina. Camino con mi hermosa novia. Empiezo a vomitar. Vino tinto malo. Ensalada. Sopa. Raviolis. Siempre vomito antes de dar una lectura. Es una buena señal. El borde está afilado. El cuchillo está en mi estómago mientras subo la colina.

Nos meten en una habitación, nos dejan algunas botellas de cerveza. Ojeo por encima mis poemas. Estoy aterrado. Vomito en el lavabo, vomito en el retrete, vomito sobre el suelo. Ya estoy listo.



El mayor lleno desde Yevtushenko... Salgo al escenario. Mierda caliente. Chinaski mierda caliente. Hay una neverita detrás llena de cervezas. La abro y saco una. Me siento y empiezo a leer. Han pagado dos dólares por cabeza. Buena gente, ésta. Algunos me son hostiles desde el principio. Un tercio del público me odia, un tercio me adora, y el otro tercio no sabe qué coño hacer. Tengo algunos poemas que sé que van a aumentar el odio. Es bueno sentir hostilidad, mantiene la cabeza despejada.

—¿Quiere levantarse Laura Day, por favor? ¿Quiere mi amor ponerse de pie?

Ella lo hace, agitando los brazos. Alguna gente aplaude.

Comienzo a interesarme más en la cerveza que en la poesía. Hablo entre los poemas, palabras secas y banales, mediocres. Soy H. Bogart. Soy Hemingway. Soy mierda caliente.

—¡Lee los poemas, Chinaski! —gritan ellos.

Tienen razón, claro. Trato de dedicarme de lleno a los poemas. Pero me paso gran parte del tiempo abriendo la puerta de la nevera. Hace el trabajo más fácil, y ellos han pagado ya. Me han dicho que una vez John Cage salió al escenario, se comió una manzana, se fue, y ganó mil dólares. Supuse que a mí todavía me faltaban unas cuantas cervezas.

Bueno, acabó. Vinieron a mi alrededor. Autógrafos. Habían venido desde Oregon, L. A., Washington. Había también jovencitas hermosas y encantadoras. Esto es lo que mató a Dylan Thomas.

Vuelvo a subir las escaleras hacia nuestra habitación, bebiendo cerveza y hablando con Laura y Joe Krysiak. La gente golpea la puerta allá abajo. «¡Chinaski! ¡Chinaski!». Joe baja a contenerlos. Soy una estrella de rock. Finalmente bajo y dejo entrar a unos cuantos. Conozco a algunos de ellos. Poetas muertos de hambre. Editores de pequeñas revistas. Se cuelan unos que no conozco. Está bien, está bien.

—¡Cerrad la puerta!

Bebemos. Bebemos. Bebemos. Es sólo otra fangosa borrachera de cerveza. Entonces el editor de una pequeña revista empieza a pegarse con un crítico. No me gusta. Trato de separarlos. Una ventana se rompe. Los echo por las escaleras. Echo a todo el mundo por las escaleras, excepto a Laura. La fiesta ha terminado.  Bueno,  no del  todo.  Laura y yo estamos en ella.  Mi amor y yo estamos dentro. Ella está cabreada, tengo una tormenta que capear. Me grita. Por nada, como siempre. Le digo que se vaya al infierno. Lo hace.

Me despierto horas más tarde y ella está de pie en medio de la habitación. Me levanto de la cama y me dispongo a besarla. Se me echa encima.

—¡Te mataré, hijo de puta!

Estoy bebido. Ella está encima mío en el suelo de la cocina. Mi cara está sangrando. Me muerde y me hace un agujero en el brazo. No quiero morir. ¡No quiero morir! ¡Que la pasión sea condenada! Corro dentro de la cocina y me vierto media botella de yodo sobre el brazo. Ella está echando fuera de su maleta mis calzoncillos y camisas, cogiendo su billete de avión. Otra vez se va por su camino. Hemos acabado para siempre otra vez. Vuelvo a la cama y escucho sus tacones bajando la colina.



En el avión de regreso la cámara está funcionando. Estos tíos del canal 15 quieren sacar mi vida hasta las tripas. Zooms hacia el agujero de mi brazo. Tengo dos profundos arañazos en la mano. Y por toda la cara.

—Caballeros —digo—. No hay manera de hacer nada con las mujeres. No hay forma.

Todos mueven la cabeza en señal de asentimiento. El técnico de sonido asiente, el cámara asiente, el productor asiente. Algunos de los pasajeros asienten. Yo bebo duro todo el viaje, saboreando mi pena, como se dice. ¿Qué puede hacer un poeta sin dolor? Lo necesita tanto como a la máquina de escribir.

Por supuesto, al llegar me paro en el bar del aeropuerto. Lo hubiera hecho de cualquier modo. La cámara me sigue. Los tíos del bar miran, cogen sus bebidas y hablan de lo imposible que es hacer nada con las mujeres.

Mis honorarios por la lectura son de 400 dólares.

—¿Para qué está esa cámara? —me pregunta el tío de al lado.
—Soy un poeta —le digo.
—¿Un poeta? —pregunta él—. ¿Cómo te llamas?
—Dylan Thomas —contesto.

Cojo mi bebida, la vacío de un trago y miro fijamente al frente. Estoy en mi camino.




en Se busca una mujer, 1987











sábado, mayo 05, 2012

“La tragedia de las hojas”, de Charles Bukowski







Amanecí seco y lo helechos habían muerto,
las plantas estaban amarillas como el maíz.
Mi mujer me había abandonado y las
botellas vacías, como cuerpos desangrados,
me rodeaban con su inutilidad;
el sol aún servía, sin embargo,
y la carta de la propietaria, agrietada
con su tinte amarillento fino y nada exigente;
ahora, que venga un buen cómico a la antigua,
un bufón, con chistes sobre el absurdo del dolor:
el dolor es absurdo porque existe, nada más;
con cuidado afeité, usando mi vieja navaja,
al hombre que había sido joven y,
según decían, genial; pero,
he aquí la tragedia de las hojas,
de los helecho muertos, de las plantas muertas;
entonces salí al pasillo, oscuro,
donde esperaba la propietaria
execradora y final,
mandándome al diablo,
agitando sus brazos gordos y sudorosos
y gritando,
gritando por el arriendo
porque el mundo nos había defraudado a los dos.




en 19 poetas de hoy en los Estados Unidos, 1966















viernes, noviembre 12, 2010

“Cómo ser un gran escritor”, de Charles Bukowski








Tienes que cogerte a muchas mujeres
bellas mujeres,
y escribir unos pocos poemas de amor decentes.
Y no te preocupes por la edad
y los nuevos talentos.
Sólo toma más cerveza, más y más cerveza.

Anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible.
Aprender a ganar es difícil,
cualquier pendejo puede ser un buen perdedor.

Y no olvides tu Brahms,
tu Bach
y tu cerveza.
No te exijas.
Duerme hasta el mediodía.
Evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa a plazo.
Acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares (en 1977).

Y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota,
ya sea por buenas o malas razones.
Un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.

Quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las arañas,
sé paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
Más el exilio,
la derrota,
la traición… toda esa basura.
Quédate con la cerveza,
la cerveza es continua sangre.
Una amante continua.

Agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.
Haz de esto una pelea de peso pesado.
Haz como el toro en la primer embestida.
Y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Céline, Dostoievski, Hamsun.
Si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres,
sin comida,
sin esperanza... Entonces no estás listo,
toma más cerveza.

Hay tiempo.
Y si no hay,
está bien
igual.





1920-1994














lunes, marzo 29, 2010

"Mujeres", de Charles Bukowski

Extracto



Mindy se apretó contra mí y me besó. Fue un largo beso. Se me paró la verga. Últimamente había estado tomando mucha vitamina E. Yo tenía mis propias ideas sobre el sexo. Estaba constantemente caliente y me masturbaba continuamente. Le hacía el amor a Lydia y luego por la mañana volvía a mi casa y me masturbaba. El pensamiento del sexo como algo prohibido me excitaba más allá de toda razón. Era como un animal aplastando a otro hasta la sumisión.

Cuando me corría sentía como si fuera en la cara de todo lo decente, blanca esperma resbalando por las cabezas y almas de mis padres muertos. Si hubiera nacido mujer seguro que hubiera sido una puta. Como había nacido hombre, anhelaba constantemente mujeres, cuanto más perras mejor. Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres, me daban miedo porque a veces querían tu alma, y lo poco que quedaba de la mía, quería conservarlo para mí. Básicamente deseaba prostitutas, porque eran duras, sin esperanzas, y no pedían nada personal. Nada se perdía cuando ellas se iban. Pero al mismo tiempo soñaba con una mujer buena y cariñosa, a pesar de lo que me pudiera costar. De cualquier manera estaba perdido.












1978









viernes, diciembre 19, 2008

"Las almas de animales muertos", de Charles Bukowski







después del matadero,
doblando la esquina, había
una cantina
donde me sentaba y veía caer el sol
a través de la ventana,
una ventana que daba a un sitio
lleno de hierbas altas y secas.

nunca me duchaba con los muchachos
en la fábrica
después de trabajar
así que olía a sudor y
sangre.
el olor a sudor disminuye después
de un rato
pero el olor a sangre empieza a fulminar
y ganar fuerza.

fumaba cigarrillos y tomaba cerveza
hasta que me sentía lo suficientemente bien
como para subirme al bus
con las almas de todos los animales muertos
que viajaban conmigo;
las cabezas volteaban discretamente
las mujeres se levantaban
y se alejaban de mí.

cuando bajaba del bus
sólo tenía que caminar una cuadra
y subir una escalera para llegar
a mi cuarto donde prendería la radio
y encendería un cigarro
y a nadie le importaría nada más de mí.






en Play the piano, Drunk..., 1979