jueves, mayo 31, 2018
"Niños", de Eleonora Finkelstein
1.
Igual que Ginsberg, Patti Smith,
yo también pensé que eras un chico.
Fue la primera vez que te vimos:
Allen en el Chelsea Hotel, en los 70, creo.
Yo, en una foto, la década siguiente.
Soñé que dormíamos juntas.
Me pegaba a tu espalda
y era la noche, como siempre,
algo parecido a una cabalgata.
Entonces, me despertaba para dibujar
un retrato tuyo con un lápiz negro.
Un lápiz como una rienda, que cuando quería
se volvía blanco para iluminarte el cuello.
Era un camino largo donde pasaban los caballos
galopando hacia tu cabeza sin salida:
en uno iba montada yo.
En ese mismo sueño me salía del cuerpo
y miraba de lejos mi nuca rubia con el pelo revuelto.
Estaba dormida sobre un papel que tenía tu cara de chico.
Al otro día y al otro, repetía tus gestos y tus actos.
Por ejemplo, me corté el pelo frente al espejo
con una tijera desafilada y un cuchillo de cocina.
El efecto fue grandioso: escribí algunos poemas.
2.
Por aquel tiempo besé a dos mujeres
las únicas de toda mi vida
(éramos solo niñas),
Blanca e Inmaculada se llamaban.
—Una de las dos afirmaciones anteriores es falsa—
También, para andar a tu ritmo,
tuve un novio gay tan guapo.
Un artista trágico, el más guapo.
Sus ojos eran igual de verdes
y abiertos como lagos.
Bautista se llamaba (vaya nombre)
y andaba traficando agua bendita.
—Una de las dos afirmaciones anteriores es verdadera—
Me adoraron, pero nunca fue suficiente.
Ellas lloraron por mí. Pidieron
por la salvación de mi cuerpo (¿o de mi alma?).
Él, como prueba de su amor, pasó una noche entera
acariciándome los brazos destrozados.
—Todo lo que afirmo es verdadero y falso al mismo tiempo—
3.
Estas son de las buenas historias de mi vida
y digo sus nombres para que me crean a pesar de todo.
Porque no era fácil seguir aquellos pasos.
El arte nos fregó, dijo Bautista en su lecho de muerte.
Blanca asintió: triste pero cierto. Inmaculada
se volvió negra, así, frente a nuestros propios ojos.
—Es verdad, lo juro, es falso—.
Éramos niños, querida, claro
y todavía no ha cambiado nada.
Seguimos creyendo en los milagros y somos
inestables como sueños. Hipersensibles:
estamos hablando de caballos.
miércoles, mayo 30, 2018
“Hermosos cadáveres a la hora de la comida”, de Sergio Mansilla Torres
Quiero hacer el traslado de la vida
a su menos muerte, pues a cada rato
damos tumbos en lo cotidiano,
y al fin ya nada es para nosotros.
Quiero pensar y creer que de tanto siempre no moriremos.
Quiero estar un poco conmigo mismo
y un mucho con todos.
Esto tiene ya mucho tiempo
de andar de casa en casa
como un pobre y abandonado extranjero.
Cada día nos servimos hermosos cadáveres
entre las 4 paredes de la usura.
1980
en
Noche de agua, 1986
martes, mayo 29, 2018
“Puedo, podría, debo”, de Marianne Moore
Traducción de Juan Carlos Villavicencio
Si me dices por qué el pantano
parece infranqueable, entonces
te diré por qué pienso que
puedo atravesarlo si lo intento.
I May, I Might, I Must
If you tell me why the fen / appears impassable, I then / will tell you why I think that I / can get across it if I try.
Si me dices por qué el pantano
parece infranqueable, entonces
te diré por qué pienso que
puedo atravesarlo si lo intento.
1909
I May, I Might, I Must
If you tell me why the fen / appears impassable, I then / will tell you why I think that I / can get across it if I try.
lunes, mayo 28, 2018
“La imagen, como en un Hexagrama”, de Lew Welch
La imagen, como en un Hexagrama:
El eremita cierra la puerta contra la tormenta.
Mantiene la cabaña tibia.
A lo largo del invierno ordena todo lo que tiene.
Lo que tuvo un buen comienzo, debe ser finalizado.
Lo que no, debe ser desechado.
En la primavera aparece con una prenda
y un solo libro.
La cabaña está muy limpia.
Si no fuese por eso, nunca sospecharías
que alguien vivió allí.
en
Círculo de hueso (Antología
1950-1971), 2013
Traducción
de Benito del Pliego y Andrés Fisher
domingo, mayo 27, 2018
“Me importa una mierda el presente, siempre he vivido en el pasado”, entrevista a James Ellroy, de David Morán
«¡Estoy como un tigre!», brama James Ellroy (Los Ángeles, 1948)
mientras despacha periodistas y repite a quien quiera escuchar que no hay casi
nadie que le pueda hacer sombra como escritor. ¿Como escritor de novela negra?
No. Como escritor. A secas. «He escrito 19 libros y todos son obras maestras.
Soy el rey de la ficción negra», dirá horas después, justo antes de recoger
ayer el premio Carvalho. «Como ve, no sólo soy un gran escritor, también soy
muy humilde», bromea durante una entrevista en la que, lejos de las salidas de
tono y titulares hiperbólicos de la rueda de prensa, exhibe su cara menos
histriónica y amenazante. Sigue siendo, al menos a ratos, «el perro diabólico
de las letras estadounidenses», pero la edad parece haber amansado aquella
brutalidad que palpitaba en novelas como La
Dalia Negra y L. A. Confidential
y a la que el propio Ellroy buscó explicación en Mis rincones oscuros. El libro, publicado originalmente en 1996 y
reeditado ahora por Literatura Random House, no sólo revive las pesquisas para
intentar arrojar luz al crimen sin resolver de su madre, asesinada en una
cuneta de Los Ángeles en 1958, sino que también airea los desmanes de una
adolescencia entregada al pillaje, los vicios al por mayor y el voyerismo
militante. Un relato de «formación» que, a falta de mayor novedad, se presenta
como la relectura ideal para entretener el año largo que falta hasta que vea la
luz la continuación de Perfidia,
novela con la que el más más ambicioso y desmesurado de los autores estadounidenses
estrenó su segundo Cuarteto de Los
Ángeles.
¿Qué supone reencontrarse con
un libro tan personal como Mis rincones
oscuros casi dos décadas después?
Es aburrido y cansador. Escribí el libro hace más de 20 años,
así que ya he pasado la página. Estoy muy contento con esta edición, pero no
hay nuevas noticias sobre la muerte de mi madre. Se acabó. Ya está. Finito.
En cualquier caso, ¿existe
algún tipo de diferencia entre sus novelas y los libros de corte más
biográfico?
Es mucho más fácil escribir un libro como este. El hecho de que
sea sumamente personal y que trate sobre un elemento traumático de mi pasado no
me exige la misma preparación que una novela. Además, desde muy al principio me
di cuenta de que era muy poco probable que acabáramos descubriendo al asesino
de mi madre, así que el libro tenía que servir para encauzar el cambio en la
relación con mi madre.
¿Fue necesario pasar por
todo lo que narra en Mis rincones oscuros
para convertirse en el escritor que es?
Nunca pienso en hipótesis. Si pasó así es que solo podía pasar
así. No puedo dar marcha atrás ni cambiar la vida que he vivido. ¿Qué puedo
decir? Todo ha salido bien.
Le cito: «Quería dejar los
estudios definitivamente y vivir dedicado a mis obsesiones». ¿Escribir es,
sobre todo, una cuestión de obsesión?
Para mí sí. Busco la perfección. Soy muy perseverante y
metódico. Escribo novelas de obsesión con policías obsesivos, historias de amor
obsesivas… Los libros son cada vez mejores porque yo soy cada vez más maduro.
Mi carrera abarca casi cuatro décadas y supone unos avances significativos en
la novela negra, y eso sólo lo podía haber hecho yo.
En el libro apunta a que
fue su apetito voraz por la lectura lo que despertó sus ganas de escribir.
Aprendes a escribir leyendo, pero en realidad no le puedo decir
cómo aprendí yo. Simplemente creo que Dios me dio un don. No fue la muerte de
mi madre lo que me dio el talento para escribir, sino que llegó de forma
misteriosa a partir de los libros que leí.
¿Alguna lectura de aquellos
tiempos que recuerde con especial cariño?
Las primeras novelas de Joseph Wambaugh, los libros de Ed
McBain, algunos libros sobre crímenes reales, Libra de Don DeLillo…
Está en Barcelona como la
gran estrella de un festival de novela negra, pero siempre defiende que lo suyo
tiene más que ver con lo histórico.
Veamos: el Cuarteto de
Los Ángeles mezcla novela negra e historia; la Trilogía de los Bajos Fondos de Estados Unidos fusiona novela
negra, historia y política. Y el segundo Cuarteto
de Los Ángeles, el que estoy escribiendo ahora, son romances históricos.
La historia es la
constante.
En efecto. Estoy muy contento de estar en Barcelona en el año
2018, pero realmente mi vida está en Los Ángeles en 1942. Me importa una mierda
el presente, siempre he vivido en el pasado. Para mí, la historia y el pasado
es un lenguaje en sí mismo, y no tiene nada que ver con el presente.
¿Qué tiene el crimen para
que le haya dedicado toda su carrera literaria?
No me pregunto el porqué de mis obsesiones: vivo en ellas.
Cuando era un niño de seis o siete años miraba las fotos de las revistas de
justo después de mi nacimiento, durante la Segunda Guerra Mundial, y me sentía
transportado. Y ahí es adonde me sigo transportando.
En ese sentido, ¿se puede
desligar la historia americana de la historia del crimen?
Eso son grandes preguntas que es mejor dejar a los académicos e
intelectuales. Lo que hacen mis libros es retratar la infraestructura humana
que se esconde en acontecimientos globales.
Entonces, ¿qué historia de
Estados Unidos escriben sus novelas?
Mis libros no pretenden hablar del hombre medio americano;
retratan a hombres y mujeres americanos atrapados en momentos impetuosos.
«Saqueé la cultura popular
y con el botín que obtuve amoblé mi mundo interior», escribe en Mis rincones oscuros. ¿Se ha convertido
ya James Ellroy en otro ingrediente más de la cultura popular?
Sin duda mis libros son populares y yo tengo una sensibilidad
popular. No soy muy refinado excepto en lo que respecta a la música así que,
sí, soy una figura de la cultura popular.
¿Por qué esa fama de
escritor duro y peligroso?
Porque mis libros son peligrosos. Son obsesivos, retratan los
dramas del mundo y son difíciles de leer. También están llenos de riesgos y
giros lingüísticos. Piense que aquí los leen traducidos, aunque mucha gente que
habla inglés tampoco los podría leer en versión original.
Algo así pasó cuando
tuvieron que subtitular episodios de «The Wire» en Inglaterra.
¡Oh, no! «The Wire» está tan llena de mierda... No entiendo
cómo la gente puede ver eso.
Hablando de cosas que no le
gustan, creo que no se quedó muy contento cuando le dieron el Nobel a Dylan.
Es que no es un novelista. Escribe canciones. Y tiene esta vocecilla
(imita a Dylan)... Además, parece una rata. ¡Es un hombre rata! Se lo podrían
haber dado a Philip Roth o a Don DeLillo. ¡O a mí, claro! (ríe).
en
ABC Cultura, 2 de febrero de 2018
sábado, mayo 26, 2018
«Viendo la ola de la marea subir», de Liu Young
Versión de Juan Carlos Villavicencio
La esplendorosa escena al sureste del Río Azul
y de la capital del antiguo Reino de Wu,
muestra al Qiantang tan floreciente como siempre.
Sauces con forma de humo funcionan como cortaviento
y adornado con puentes pintados y cortinas verdes,
hay cien mil casas paradas aquí y allá.
Sobre los bancos a lo largo de la arena
se levantan árboles coronados de nubes.
Grandes olas se extienden como blancas laderas de nieve,
mientras el río se dilata hasta perderse de vista.
Joyas y perlas se exhiben en la Feria,
telas de seda y satín de una variedad espléndida:
la gente compite en opulencia
y esplendor.
El lago en el lago refleja la cima en la cima que destaca,
la fragancia con flores del olivo dulce el otoño tardío,
las flores de loto que florecen por millas y millas.
Las flautas al noroeste tocan bajo los rayos del sol,
tonadas sobre castañas de agua fueron cantadas bajo el sol también,
viejos pescadores y doncellas jóvenes irradian sonrisas por doquier.
Con banderas por delante y guardias tras de ti,
borracho, puede que escuches tambores y flautas,
cantando alabanzas a viva voz
a toda la tierra bajo las nubes.
Otro día puedes describir la escena de la feria
y presumir ante la Corte dónde despliegas tu orgullo como quieres.
La esplendorosa escena al sureste del Río Azul
y de la capital del antiguo Reino de Wu,
muestra al Qiantang tan floreciente como siempre.
Sauces con forma de humo funcionan como cortaviento
y adornado con puentes pintados y cortinas verdes,
hay cien mil casas paradas aquí y allá.
Sobre los bancos a lo largo de la arena
se levantan árboles coronados de nubes.
Grandes olas se extienden como blancas laderas de nieve,
mientras el río se dilata hasta perderse de vista.
Joyas y perlas se exhiben en la Feria,
telas de seda y satín de una variedad espléndida:
la gente compite en opulencia
y esplendor.
El lago en el lago refleja la cima en la cima que destaca,
la fragancia con flores del olivo dulce el otoño tardío,
las flores de loto que florecen por millas y millas.
Las flautas al noroeste tocan bajo los rayos del sol,
tonadas sobre castañas de agua fueron cantadas bajo el sol también,
viejos pescadores y doncellas jóvenes irradian sonrisas por doquier.
Con banderas por delante y guardias tras de ti,
borracho, puede que escuches tambores y flautas,
cantando alabanzas a viva voz
a toda la tierra bajo las nubes.
Otro día puedes describir la escena de la feria
y presumir ante la Corte dónde despliegas tu orgullo como quieres.
viernes, mayo 25, 2018
“Territorio del tiempo”, de Carlos Alberto Trujillo
Maulla el tiempo sobre los techos en todas las estaciones
de la historia
El tiempo es la interacción de todos los ayeres y mañanas
borboteando al unísono en el mismo tubo de ensayo
escondido hasta la última rotura de la eternidad
flameando como una bandera sin color
en ignoradas
dimensiones
más allá de los polos del nacer y el morir
deshilachandose en burbujas de incontables carretes
El tiempo se mueve en todos los territorios
corriendo caminando moviendo la cola silencioso
olvidado del ayer
olfanteando sigiloso habitaciones y desiertos
desmenuzando las horas de un collar sin fin ni principio
El tiempo es el altar suntuoso
al que todos llevamos
nuestras grandezas y miserias
por los territorios del tiempo navegamos
así sea.
en
Los territorios, 1982
jueves, mayo 24, 2018
"El padre", de Ana Blandiana
Traducción de Costel Drejoi
No soy yo la que decide.
Los átomos se convierten en arena,
El arena forma guijarros,
Los guijarros se convierten en letras,
Las letras germinan, brotan,
Procrean palabras,
Las palabras se convierten en animales
Y paran.
No soy yo la que decide.
Cuando veo una palabra embarazada
Yo nunca
Sé quién es el padre.
No soy yo la que decide.
Los átomos se convierten en arena,
El arena forma guijarros,
Los guijarros se convierten en letras,
Las letras germinan, brotan,
Procrean palabras,
Las palabras se convierten en animales
Y paran.
No soy yo la que decide.
Cuando veo una palabra embarazada
Yo nunca
Sé quién es el padre.
miércoles, mayo 23, 2018
“La taza de café”, de David Rosenmann-Taub
La
taza de café, la cafetera,
el
vapor que mitiga mi esqueleto,
la
obediente sartén, el amuleto
tiznado,
la mostaza, la nevera,
el
roto lavaplatos, la sopera
pimpante,
los melindres del coqueto
jarrón
versicolor, el parapeto
de
vainilla, azafrán y primavera.
Lugar
de integridades, mi albedrío...
Oh
dichosa cocina: cuando muera
y
mi tiempo –sin tiempo- vibre y crezca,
en
ronroneo fiel todo lo mío
claro
retorne a tu silvestre estera
y
tu vapor –sin fin- lo desvanezca.
en El soneto chileno, 2010
Antología a cargo de Juan
Cristóbal Romero
Ediciones Tácitas
martes, mayo 22, 2018
"dado que el sentimiento es lo primero", de e. e. cummings
Traducción de Juan Carlos Villavicencio
dado que el sentimiento es lo primero
quien preste algo de atención
a la sintaxis de las cosas
nunca te va a besar completamente;
mi sangre está de acuerdo
con ser un tonto por entero
mientras que la primavera está en el mundo
y los besos son un destino mejor
que la sabiduría
señora por todas las flores yo lo juro. No llores
–el mejor gesto de mi cerebro es menor que
el aleteo de tus párpados que dice
que somos el uno para el otro: ríe
entonces, recuéstate en mis brazos
pues la vida no es un párrafo
y creo que tampoco un paréntesis la muerte
since feeling is first
since feeling is first / who pays any attention / to the syntax of things / will never wholly kiss you; // wholly to be a fool / while Spring is in the world // my blood approves, / and kisses are a better fate / than wisdom / lady i swear by all flowers. Don’t cry / —the best gesture of my brain is less than / your eyelids’ flutter which says // we are for each other: then / laugh, leaning back in my arms / for life’s not a paragraph // And death i think is no parenthesis
dado que el sentimiento es lo primero
quien preste algo de atención
a la sintaxis de las cosas
nunca te va a besar completamente;
mi sangre está de acuerdo
con ser un tonto por entero
mientras que la primavera está en el mundo
y los besos son un destino mejor
que la sabiduría
señora por todas las flores yo lo juro. No llores
–el mejor gesto de mi cerebro es menor que
el aleteo de tus párpados que dice
que somos el uno para el otro: ríe
entonces, recuéstate en mis brazos
pues la vida no es un párrafo
y creo que tampoco un paréntesis la muerte
1926
since feeling is first
since feeling is first / who pays any attention / to the syntax of things / will never wholly kiss you; // wholly to be a fool / while Spring is in the world // my blood approves, / and kisses are a better fate / than wisdom / lady i swear by all flowers. Don’t cry / —the best gesture of my brain is less than / your eyelids’ flutter which says // we are for each other: then / laugh, leaning back in my arms / for life’s not a paragraph // And death i think is no parenthesis
lunes, mayo 21, 2018
“No le pude decir nada nada, solamente pensé en la maldad”, de Febronio Zatarain
Viste que me caía
y me dejaste
te fuiste haciendo pequeña
allá
en la nube
Yo caía
caía
cerré los ojos
y me entregué a ese atemorizado goce
de la infancia
en la rueda de la fortuna
Me quedé dormido
y unas manos hechas de viento
acariciaban mi cara
Abrí los ojos
y una mujer transparente
se disponía a cargarme
Me recostó en una cama flotante
me preguntó que de dónde caía
Me quedé callado
miré hacia arriba
y antes de que me invadiera el gris
me arrejuntó a su pecho
me arrulló cantando
y de nuevo me quedé dormido
en
Veinte canciones en desamor y un poema
sosegado, 2015
domingo, mayo 20, 2018
"La tercera dimensión", de Denise Levertov
Traducción de Juan Carlos Villavicencio
Quién me creería si
dijiera: «Me tomaron y
rajaron desde
el cuero cabelludo a la entrepierna, y
todavía estoy viva, y
camino agradada por
el sol y toda
la generosidad del mundo». La honestidad
no es tan simple:
una simple gesto de honestidad no es
nada más que una mentira.
¿No esconden
los árboles el viento entre
sus hojas y
hablan susurrando?
La tercera dimensión
se esconde.
Si los canteros
parten piedras, las
piedras son piedras:
pero el amor
me partió en dos
y estoy
viva para
contar la historia, pero no
honestamente:
las palabras
la cambian. Déjala ser
–aquí bajo el dulce sol–
una ficción, mientras
respiro y
voy cambiando el paso.
Quién me creería si
dijiera: «Me tomaron y
rajaron desde
el cuero cabelludo a la entrepierna, y
todavía estoy viva, y
camino agradada por
el sol y toda
la generosidad del mundo». La honestidad
no es tan simple:
una simple gesto de honestidad no es
nada más que una mentira.
¿No esconden
los árboles el viento entre
sus hojas y
hablan susurrando?
La tercera dimensión
se esconde.
Si los canteros
parten piedras, las
piedras son piedras:
pero el amor
me partió en dos
y estoy
viva para
contar la historia, pero no
honestamente:
las palabras
la cambian. Déjala ser
–aquí bajo el dulce sol–
una ficción, mientras
respiro y
voy cambiando el paso.
1957
sábado, mayo 19, 2018
“Enviado a un taoísta de la montaña Quanjian”, de Wei Yingwu
Es
de madrugada.
Sentado
en mi estudio,
tiemblo
de frío.
De
pronto me viene a la memoria
el
ermitaño de la montaña.
Estoy
viendo a mi amigo
recogiendo
leña en los barrancos,
junto
a un arrollo.
Regresando
luego a su choza
para
cocinar
en
su fogón de piedra blanca.
Se
me ocurre llevarle
una
calabaza llena de vino,
para
aliviar su frío
en
este crepúsculo de tormenta.
Pero
las hojas caídas
habrán
cubierto la tierra.
¿Cómo
encontraré la senda?
en Poesía clásica china, 1961
viernes, mayo 18, 2018
"Paisaje para un poema (o anotaciones en una libretita)", de Carlos Surghi
Fragmento
El paisaje no canta, no fija, no marca un ritmo animado; a lo sumo eleva una traducción en sus nubes erizadas de periodos silábicos que se evaporan; a lo sumo arrastra frases que disuelven lo real-inmediato –hace del mar un acuario para el poema, del campo, un corral para la prosa. Pero, ¿existe el paisaje? ¿No es resultado de lo ilimitado? ¿No es el paisaje en el poema un límite a lo ilimitado?
En su cama, Frost, antes de que caiga, escucha la nieve en el azul profundo de la partitura que el cielo, con sus instrumentos invisibles en las ramas, interpreta como una voz de noche. Y mentalmente, sobre el puente de su respiración, anota: ¿salir al frío paisaje de una tormenta sentimental, o pesar el miedo de las palabras que tampoco, bajo la tormenta, en los bosques de Nueva Inglaterra, quieren ser el centro de toda expectativa antes de dormir, y en sueños, escribir The way a crow / Shook down on me / The dust of snow / From a hemlock tree // Has give my heart / A change of mood / And saved some part / Of a day I had rued?*
Si se camina el paisaje, por caso a lo largo de un paseo de invierno, se sortea –inevitablemente, en ese dejarse ir– la suerte de sus sendas perdidas, los laberintos mentales de ramas, el estero del propio ánimo en espejo que hace al estar ahí del invierno. Hasta que en el ritmo de esa suerte, suerte de toda aventura –y no de la traslación a todo poema– se encuentra la conversación ininterrumpida de un zorro y una liebre explicándose la fábula de una hormiga y una cigarra bajo la nieve. Y todo –todo lo que podríamos oír en ese ir y venir de nuestra atención– se transforma en el oído atento al paisaje.
–¿Cómo suspender la atracción, el deleite propio de la especie, la alegría de la música, todo lo que hace del verano la estación perdida para el ocio, y no atender a la recolección, el índice acumulado de más y más ganancias que capitalicen en la cuenta del invierno, si el poeta no cuenta con la perseverancia, el trabajo, las antenas necesarias de la hormiga que sentencia a la cigarra? –¿Y cómo hacer para vivir sin la nostalgia de ese tiempo invertido en la pura distracción de los sentidos que hace a la voz del verano? ¿Con qué melancolía alimentar el invierno? ¿Cómo cambiar tan sólo un momento de trabajo por un momento de aflicción en la voz de la cigarra que también, alecciona a la hormiga al señalar que, solo siguió la enseñanza del paisaje?
Ser puro paisaje, pura atención a él; y así vencer la expectativa, el ansia, el mandato de la acumulación, la preocupación del hacer; y así también llegar al poema que explica qué vio en el verano la cigarra, qué añoró en el invierno la hormiga.
Seguir una forma a todo lo invisible, pero presente aunque se disuelva en su anticipación, ya sea como tormenta o nieve, a través del paisaje que levanta el poema.
El poema como lugar de las fabulaciones de la mente, como un paisaje interior sin adentro ni afuera.
en Orientaciones invisibles, Ediciones Dianus, Córdoba (Argentina), 2016
* “El modo en que un cuervo / Sacudió sobre mí / El polvo de nieve / Desde un abeto // Le ha infundido a mi corazón / Un nuevo ánimo, / Salvando una parte / De un día de pesar”. Todas las traducciones de Frost pertenecen a Enrique Luis Revol.
jueves, mayo 17, 2018
“Enamorado del enamoramiento”, de Sakutarō Hagiwara
Con
la boca pintada, yo
besé
el tronco de un tierno abedul blanco.
Yo,
por más guapo que sea,
no
tengo pechos como pelotas.
Mi
cutis no esparce la fragancia de polvos finos.
Soy
un infeliz marchitado.
Ay,
¡qué hombre tan pobre!
En
este campo de estío temprano aromado,
en
la arboleda fulgurante,
me
puse ajustados guantes de color del cielo.
Me
puse en la cadera algo parecido a un corsé,
me
enhariné la nunca con polvo.
Así
coqueteando sigilosamente
como
hacen las muchachas
incliné
la cabeza levemente,
besé
el tronco de un joven abedul blanco.
Pintada
la boca con el color de las rosas
abracé
al alto árbol blanco.
en Antología de la poesía moderna del Japón,
2010
miércoles, mayo 16, 2018
"Estos versos, lector mío...", de Sor Juana Inés de la Cruz
Estos versos, lector mío,
que a tu deleite consagro,
y sólo tienen de buenos
conocer yo que son malos,
ni disputártelos quiero,
ni quiero recomendarlos,
porque eso fuera querer
hacer de ellos mucho caso.
No agradecido te busco:
pues no debes, bien mirado,
estimar lo que yo nunca
juzgué que fuera a tus manos.
En tu libertad te pongo,
si quisieres censurarlos;
pues de que, al cabo, te estás
en ella, estoy muy al cabo.
No hay cosa más libre que
el entendimiento humano;
¿pues lo que Dios no violenta,
por qué yo he de violentarlo?
Di cuanto quisieres de ellos,
que, cuanto más inhumano
me los mordieres, entonces
me quedas más obligado,
pues le debes a mi musa
el más sazonado plato
(que es el murmurar), según
un adagio cortesano.
Y siempre te sirvo, pues,
o te agrado, o no te agrado:
si te agrado, te diviertes;
murmuras, si no te cuadro.
Bien pudiera yo decirte
por disculpa, que no ha dado
lugar para corregirlos
la prisa de los traslados;
que van de diversas letras,
y que algunos, de muchachos,
matan de suerte el sentido
que es cadáver el vocablo;
y que, cuando los he hecho,
ha sido en el corto espacio
que ferian al ocio las
precisiones de mi estado;
que tengo poca salud
y continuos embarazos,
tales, que aun diciendo esto,
llevo la pluma trotando.
Pero todo eso no sirve,
pues pensarás que me jacto
de que quizá fueran buenos
a haberlos hecho despacio;
y no quiero que tal creas,
sino sólo que es el darlos
a la luz, tan sólo por
obedecer un mandato.
Esto es, si gustas creerlo,
que sobre eso no me mato,
pues al cabo harás lo que
se te pusiere en los cascos.
Y a Dios, que esto no es más de
darte la muestra del paño:
si no te agrada la pieza,
no desenvuelvas el fardo.
1682
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)















