miércoles, mayo 06, 2020

“Singapur”, de Mary Oliver





En el aeropuerto de Singapur,
una oscuridad fue barrida de mis ojos.
En el baño de mujeres, un compartimento permanecía abierto.
Una mujer estaba de rodillas allí, lavando algo
en la pileta blanca.

El disgusto argüía en mi estómago
y palpé, en mi bolsillo, mi pasaje.

Un poema debería tener siempre pájaros en él.
Alciones, dije, con sus ojos temerarios y sus alas llamativas.
Los ríos son agradables, y por supuesto árboles.
Una cascada, y si eso no es posible, una fuente
que se alce y caiga.
Una persona quiere estar en un lugar feliz, en un poema.

Cuando la mujer se dio vuelta no pude resolver su cara.
Su belleza y su molestia peleaban entre sí, y ninguna ganaba.
Ella sonrió y yo sonreí. ¿Qué sinsentido es este?
Todo el mundo necesita un trabajo.

Sí, una persona quiere estar en un lugar feliz, en un poema.
Pero primero debemos observarla del mismo modo
            en que ella está absorta en su trabajo,
lo que es bastante monótono.
Está lavando las tazas de los ceniceros del aeropuerto,
            tan grandes como
llantas, con un trapo azul.
Sus pequeñas manos hacen girar el metal, frotan y lavan.
No trabaja despacio ni rápido, sino como un río.

Su cabello oscuro es como el ala de un pájaro.
No dudo por un momento de que ama su vida.
Y deseo que se levante del sarro y el cieno
Y vuele sobre el río.
Esto probablemente no sucederá.
Pero quizá suceda.
Si el mundo fuera solo dolor y lógica, ¿quién lo querría?

Por supuesto, no lo es.
Ni tampoco quiero decir nada milagroso, sino solo
la luz que puede irradiar vida. Quiero decir
el modo en que ella plegaba y desplegaba el trapo azul,
el modo en que su sonrisa fue solo para mí; quiero decir
el modo en que este poema se llenó de árboles, y de pájaros.



Singapore

In Singapore, in the airport, / A darkness was ripped from my eyes. / In the women’s restroom, one compartment stood open. / A woman knelt there, washing something in the white bowl. // Disgust argued in my stomach / and I felt, in my pocket, for my ticket. // A poem should always have birds in it. / Kingfishers, say, with their bold eyes and gaudy wings. / Rivers are pleasant, and of course trees. / A waterfall, or if that’s not possible, a fountain rising and falling. / A person wants to stand in a happy place, in a poem. // When the woman turned I could not answer her face. / Her beauty and her embarrassment struggled together, / and neither could win. / She smiled and I smiled. What kind of nonsense is this? / Everybody needs a job. // Yes, a person wants to stand in a happy place, in a poem. / But first we must watch her as she stares down at her labor, / which is dull enough. / She is washing the tops of the airport ashtrays, as big as hubcaps, / with a blue rag. / Her small hands turn the metal, scrubbing and rinsing. / She does not work slowly, nor quickly, like a river. / Her dark hair is like the wing of a bird. // I don’t doubt for a moment that she loves her life. / And I want her to rise up from the crust and the slop and / fly down to the river. / This probably won’t happen. / But maybe it will. / If the world were only pain and logic, who would want it? // Of course, it isn’t. / Neither do I mean anything miraculous, but only / the light that can shine out of a life. I mean / the way she unfolded and refolded the blue cloth, / The way her smile was only for my sake; I mean / the way this poem is filled with trees, and birds.



en Constéstame, baila mi danza (Antología), 2019
Traducción de Diana Bellessi











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