sábado, agosto 29, 2026

«En el monasterio de la montaña dorada», de Su Tung P’o

Versión de Carlos Manzano de la traducción de Kenneth Rexroth




Mi tierra natal está allá arriba, 
Lejos, junto a la cabecera 
Del río. Como burócrata itinerante 
Que soy, me han enviado al punto 
En que el río entra en el mar. He oído 
Decir que aquí, a diez metros de 
Profundidad en la marisma de sal, se 
Pueden encontrar vestigios de la 
Arena, aún fría, que salía borboteando
En la fuente de Chong Ling en 
Lo alto de la meseta rocosa, junto al 
Sendero Meridional. He llegado
Aquí siguiendo las corrientes y las 
Olas. Ahora, en lo alto de la 
Torre, diviso todo el paisaje. Al sur 
Del río y al norte del río, hay 
Innumerables montañas azules. La 
Belleza del atardecer no puede
Disipar mi pena. Vuelvo a montar en 
Mi barca para el regreso. Los 
Monjes, en su solitario monasterio, 
Contemplan, sentados, la puesta 
Del sol. La suave brisa, sobre cuatro
Mil hectáreas, forma un elegante 
Brocado con las aguas. Con los últimos
Rayos del ocaso los bancos 
De peces titilan en el agua. En este
Momento el alma material 
De la luna nace del río. Luego, tras 
La segunda ronda, después 
De que se haya puesto la luna, los 
Cielos quedan sumidos en una 
Profunda tiniebla. Después brillan 
Por entre la corriente las
Antorchas de los pescadores. Sus
Luces van y vienen reluciendo
Recortadas en el cielo y espantando 
Las aves dormidas sobre el 
Agua. Intento dormir, pero tengo 
El corazón agitado y la cabeza 
Distraída. Ni hombres ni espectros
Acuden aquí. ¿Qué es entonces?
¿Me habrá mostrado el espíritu del
Río una visión para avisarme?
Como la desembocadura del río y las 
Islas me afectan así, no volveré 
A este monasterio. Se lo agradezco al
Espíritu del río, pero, ¿de qué 
Ha servido? Así como las aguas no 
Pueden regresar a su fuente,
Nunca podré yo volver a mi tierra.



en Cien poemas chinos, 1966


















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