La tarde es un amigo
que no existe, una novia.
A qué seguir diciendo «que no existe»:
La moza está desnuda en la ventana,
soy yo quien no la mira.
Y todo está llorando por verla o por asirla.
en Transeúnte pálido, Ediciones del joven laurel, 1954
Fotografía original de Hans Ehrmann
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