jueves, mayo 07, 2026

«Velázquez (o la expulsión de los moriscos)», de Raúl Ruiz

Instalación de Raúl Ruiz recuperada por Francisca García




Una gran sala recuerda el salón de embajadores del Escorial.

Pocos muebles. Dos grandes ventanales. Tres espejos ubicados frente a los ventanales. Seis Cuadros que representan retratos de personajes de época:

Felipe segundo, Carlos V. Un gran cuadro que representa una batalla. Un enorme cuadro que muestra un paisaje bucólico.

Todos estos cuadros, más los espejos y ventanales, son proyecciones animadas de video en pantalla plana.

La totalidad de la instalación está ubicada patas arriba, es decir en el techo e invertida, lo que pone a los visitantes en la situación de las moscas caminando por el techo un día de verano.

El lugar está en semi penumbra y solo destacan, al comienzo, el paisaje que se divisa desde las ventanas y su reflejo en los espejos. Durante una hora veremos al sol levantarse y ponerse seis veces y a cada amanecer, el paisaje habrá cambiado, puesto que un siglo habrá transcurrido: veremos, por lo tanto evolucionar el paisaje desde el siglo XVI hasta el siglo XXI.

El paisaje reflejado en el espejo, refleja además, personajes de diferentes épocas, de las que escuchamos las voces. Estamos en plena reunión de consejo y el tema a tratar es la expulsión total de los moriscos de los territorios españoles. A esas voces se mezclan a veces las voces de turistas de otros siglos, de visitantes y de otros reyes.

Si nos detenemos el tiempo suficiente, observaremos que las sombras de grupos de turistas invisibles atraviesan el lugar y que durante las cinco noches (de 5 minutos cada una), se oirán las voces de los poetas árabes de la corte de los Omeyas y que, a la luz de la luna, el lugar se transfigurará en un palacio del tiempo de Abderraman II.

Durante la noche vemos claramente que los cuadros se iluminan yseias figuras representadas discuten entre ellas, de un cuadro a otro, a veces parten hacia el fondo y hacen su entrada en el otro cuadro, y nuevos personajes hacen su aparición en cada cuadro: árabes, judíos, cristianos, indios.

Adivinamos procesos, escenas de tortura, pero también momentos de paz, de comunión de diferentes culturas.

La segunda habitación es mucho más pequeña.

Al entrar, el publico descubre al rey durmiendo en su cama. Es la hora de la siesta. Por una pequeña ventana vemos un paisaje de las antípodas: Machupichu hoy en día, visitado por turistas. Por la otra un paisaje del norte de Africa: el desierto y a lo lejos pasa una caravana. El primer paisaje es diurno, el otro nocturno. Cuando amanece en el uno, anochece en el otro. El público descubre el lugar, frente a él, como si estuviese parado en una muralla y mirando hacia abajo.

La tercera habitación es aún más pequeña que la segunda.

Ahora, finalmente el público se encuentra pisando tierra firme. Frente a él, una muralla que tiene una abertura de cuatro por tres metros. Es el marco del cuadro encargado a Velázquez por Felipe IV: «La expulsión de los moriscos». El publico está por lo tanto «del otro lado del cuadro». La sala está vacía, es el minúsculo gabinete de trabajo de Felipe II.

Tras su mesa de trabajo vemos el cuadro que representa a Felipe IV con su corte. El cuadro se anima y una larga discusión comienza sobre los pro y los contra de la expulsión de los moriscos. Poco a poco las luces se apagan y el público se ve, semi-reflejado, en el espejo sobre el que reconocemos ahora, el cuadro perdido de Velázquez al cual el publico se confunde. 

Es, en todo caso lo que los visitantes debieran descubrir en un primer recorrido. Pero, espero, varias visitas permitirán descubrir los lazos existentes entre los diferentes fragmentos de conversación, las diferentes imágenes proyectadas y los juegos de sombras.





[Siendo un exiliado]


Siendo un exiliado, he sido en cierto modo expulsado.

Así, la historia de España y su séquito de horrores y absurdidades constituye una parte de mi herencia. La famosa autenticidad española es un crimen porque se ha opuesto a las pasarelas entre religiones contradictorias.

La expulsión de los moriscos es más singular que la de los judíos, común a toda Europa. Los moriscos fueron expulsados más lentamente y esta sutil y progresiva subida de la intolerancia entre dos comunidades me ha impactado.

Concebí un catalogo que procurara no serlo. Quería que en el libro no hubiera imágenes para ser fiel al rechazo islámico de la representación del cuerpo humano; me sirvo de espejos para sortear esta interdicción.

Estos espejos revelan textos invertidos, símbolos que aluden a registros misteriosos en los cuales cristianos y musulmanes reencuentran un orden común.



en Pensar & Poetizar n°17
revista de teoría del arte y poesía,
Instituto de Arte, 
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso,
Viña del Mar, 2022









Tapa de la revista Pensar & Poetizar n°17, 2022
Editada por Bruno Cuneo y diseñada por Catalina Porzio















 

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