Como la huidiza estela de los remos,
como el rumor del cable de telégrafos,
como el ansioso grito de las aves
que se despiden hasta primavera
como esas radios que ninguno capta,
como ruta de palomas mensajeras,
como estos versos que respiran lasos,
igual que yo, pensando en ti por siempre.
Todo ello no es sino una viva angustia
de la que ya no puedo separarme.
Tal vez me pidas: Habla más sencillo.
Y yo hablaré según lo pidas.
Si digo que es de estoicos separarse
lo hago para reprimir las lágrimas.
No caigas en la cama, atribulada,
más blanca que la tiza.
Pero tú, mi zozobra deliciosa,
dirás alguna vez mirando al cielo:
¡El ve la misma senda de la luna
y las mismas estrellas como hechas de hielo!
1922

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