veo cruzar muy lenta la luna sorprendida
sobre el áureo ramaje de copas emergentes.
A lo lejos el mar airado ruge y se alza
mientras en la atalaya de la azul cetrería
el halcón enigmático en su grito se anuncia.
Me fundo en el abismo de la noche.
El viento del oriente se consume en las rocas.
La luna y los olivos van hacia Palestina.
Y descubro el pasado de toda mi existencia.
Peregrino, me encuentro en los ancestros,
son huellas indelebles.
Su anacarada luna, oracular espejo,
insinúa los milenios junto al sensual laúd
besando las leyendas de héroes y de genios.
Soy río, laberinto, ojos, danza,
la exuberante atmósfera de aromas vegetales,
las arenas, los dátiles, los mármoles, la cítara
y sus poetas claros en la insondable noche de la noche
atizando el recuerdo de su sangre
en la fragua.
en Orígenes, 2015

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