Traducción de Ernesto Hernández Busto
A ti, cuyos hermosos rasgos
no deberían temer marchitarse,
a mi Roma que sigue, como tú, inmutable
desde que nos vimos por última vez,
le escribo desde el mar. En su orilla. Las naves
han recalado aquí luego de la tormenta,
confirmando que estamos en el confín del mundo.
Y no es la libertad lo que hay en sus bodegas.
1965

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