Deja que otro cante la paz,
la amistad, la fraternidad y la armonía.
Deja que otro cante acerca de los cuervos.
Alguien va a aullar por las ruinas en mis poemas
por el oscuro búho que acecha los restos de las palomas.
Deja que otro cante la paz,
mientras murmura el grano con el viento en el campo,
anhelando el eco de la canción de los segadores.
Deja que otro cante la paz,
Mientras allá, tras las cercas de púas,
en el corazón de las tinieblas,
los campamentos se acobardan.
Sus habitantes
se refugian en la tristeza y en la ira
y en la tuberculosis de la memoria.
Mientras allá, la vida se apaga
para nuestro pueblo,
para los inocentes que nunca hicieron daño en su vida.
Y mientras tanto, aquí,
tanto ha llovido… con tanta abundancia…
Sus antepasados plantaron tanto para ellos,
como, por desgracia, también para los demás.
Esta herencia –los dolores de tantos años– les pertenece ahora.
Así que dejen que los hambrientos coman hasta hartarse.
Y dejen que los huérfanos coman las sobras del banquete del mal.
Deja que otro cante la paz.
Porque en mi país, en sus valles y colinas
la paz ya ha sido asesinada.
1964

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