jueves, mayo 19, 2022

«Vangelis y el misterio Blade Runner», de Julián Ruiz




(1943-2022)


Esta es la verdadera historia de la banda sonora de la película de Ridley Scott, posiblemente una de la más influyentes y decisivas de la historia del cine.

En noviembre del año 1979, Ridley Scott está impactado por una serie de jingles para anuncios de todo tipo, que siempre llevaban la firma de Producciones Nemo. Ridley descubre que el músico que estás detrás de esos extractos de temas no es otro que un tal Vangelis, que en los años sesenta había tenido cierto éxito con un grupo griego llamado Aphrodite´s Child, creado con su primo carnal Demis Roussos.

Scott localizó a Vangelis y le pidió música para un spot, un anuncio que rodaba en aquellos días para Channel Nº5, el famoso «Share the fantasy» y que es tan recordado en estos días, porque al final del anuncio se oye la voz de Leonard Nimoy, que dice la famosa frase «Share the fantasy». Así fue como Ridley Scott y Vangelis se conocieron para crear más tarde el fenómeno indescifrable llamado Blade Runner.

Cuatro años antes, Vangelis había podido reunir el suficiente dinero para crear un estudio ultramoderno en el último piso, en el tejado de los Hampden Gurney Studios, muy cerca de Marble Arch, en Londres. Vangelis había invertido más de millón de libras esterlinas en el estudio, gracias a su nuevo contrato con la discográfica RCA.

Vangelis hubiera preferido comprar los Command Studios, donde Roxy Music habían grabado su primer disco, pero los dueños no le dieron opción para el local, pero sí que compró muy barato mucha tecnología que estaba en el estudio desaparecido.

Vangelis tuvo la suerte de que compró el estudio justo cuando aparecieron los primeros sintetizadores polifónicos. El músico griego, poco a poco, pudo hacerse con el sintetizador Oberheim de cuatro voces, el Roland SH3A y su favorito, el Yamaha CS80. Todos ellos aparecen en sus muy interesantes álbumes de los años setenta, como Heaven and Hell (1975), Albedo o.39 (1976), Spiral (1977), Beaubourg (1978) y China (1979), Todos ellos grabados en Nemo Studios (Marble Arch) y antes de empezar con Blade Runner .



El maravilloso cielo e infierno

Escucho ahora, sobre todo, Heaven and Hell (1975). Es una obra maestra de música clásica con sintetizadores. Todo está en ese álbum fantástico de hace cuarenta años. Allí se sugiere, se escucha, casi el tema central de Carros de Fuego y, desde luego, el preludio del tema de amor de Blade Runner, que en Heaven and Hell es una canción maravillosa, cantada por Jon Anderson, el cantante de Yes y que marcó su colaboraciones posteriores.

Esa canción trascendental es solemne y mágica. Se llama «So long ago, so clear», un tema futurista. Recordar también que otro de los temas de «Heaven and Hells», el etéreo «Movement 3» fue utilizado como la sintonía del programa de televisión Cosmos de Carl Sagan.

Vangelis vivía sin duda sus mejores días creativos. Poseía toda la fuerza imaginativa por crear algo diferente, como una manera de volar y recuperar la fortuna que se había gastado en su recién inaugurado estudio llamado Nemo.

Cuando Ridley Scott volvió a llamar a Vangelis en el mes de noviembre de 1979, el músico griego acababa de terminar una de sus obras tan queridas, Opera Sauvage, un documental de Frederick Rossif. Una banda sonora importantísima, porque por primera vez Vangelis se había atrevido a ponerle música  a un film con las imágenes puestas en el monitor. Su primera experiencia con la horrorosa película Sex Power de Henry Chapier, con Jane Birkin de protagonista, siempre le había noqueado con el cine. Y no un simple anuncio.

Vangelis era muy quisquilloso. Pertenecía al club de los que creían que la imagen «sin un buen ruido» no era nada, como decía Hitchcock. Y esa misma técnica la desarrolló hasta grados superlativos, inspirándose en tiempo real y acostumbrándose a un time code en el monitor que tenía enfrente de su teclado master.

Así pudo hacer la banda sonora de Carros de Fuego. Casi artesanal, casi compás por compás, Con mucho sacrificio, porque en aquellos días no había sincronía, un midi entre el video de la película que veía en el monitor de su estudio y su modesto magnetófono de 24 pistas Lyrec, más barato que el Studer. Así que para inspirarse en el famoso tema central de Carros de fuego quizá no se sepa demasiado que Vangelis grabó a tiempo real, al piano, mientras veía el maravilloso tema «L'Enfant» de la Opera Sauvage. En aquellos días, el talento de Vangelis era incontenible. Todo ello con una técnica instintiva. Vangelis nunca estudió música ni sabía leerla ni escribirla.



El primer Oscar de sintetizadores

Chariots of Fire fue la primera banda sonora en ganar un Oscar con música realizada exclusivamente por sintetizadores. Ridley Scott, animado por el éxito de Vangelis y porque sabía que las máquinas eran las perfectas para hacer música para su siguiente película de ciencia-ficción, tras haber acabado Alien, decidió reunirse con Vangelis. Él tenía que ser el creador del sonido Blade Runner.

El editor Terry Rawlings ya había montado Carros de Fuego y cuando se le nombró editor también de Blade Runner, Vangelis pasó a ser el número uno en la lista de candidatos elegibles por la Warner. Aunque lo cierto es que el estudio, tras el éxito de Jerry Goldsmith con Alien para la Fox, se había pensado en el veterano músico como el compositor ideal de Blade Runner.

Cuando Ridley Scott le contó la película a Vangelis no le costó ningún trabajo convencerle de que hiciera la música de su nuevo gran proyecto. Era octubre del año 1981. Vangelis tuvo que pasar por algunas pruebas adicionales. Por ejemplo, certificar que en Nemo podía grabar o ser aceptado para Dolby Stereo para el cine. Otros ingenieros de Warner viajaron a Londres para ponerle Dolby, reducción de ruido, a su magnetófono de 4 pistas para las mezclas que se hacían en aquella época para el cine. Luego, más tarde, firmaría un contrato infame con la Warner, del que se arrepentiría toda su vida.



El «copión» de Pinewood

Un crudo día de frío del mes de diciembre londinense del año 1981, en la pomposa sala de proyección de los estudios Pinewood, Vangelis vió un «copión» más o menos recurrente de Blade Runner. Vangelis se impresionó de la imágenes que vio. Al mismo tiempo se asustó de la responsabilidad. Quedó cautivo de la violencia, de la desesperación por sobrevivir de los «replicantes». La cinta que vio Vangelis se proyectaba sin diálogos ni sonido. Pero Vangelis quedó atrapado emocionalmente por las imágenes. Justo desde el primitivo inicio de ese Los Angeles de lluvia ácida hasta el final del vuelo de la paloma, cuando muere el jefe replicante Roy Batty.

Vangelis sonrió de alguna manera a Scott y le dijo que empezaría a trabajar con un loco. A cambio de la sonrisa, Ridley le dio una cinta de VHS, la vieja cinta de video de aquellos días, con parte del copión de lo que habían visto. Vangelis aún conserva la cinta en su casa no muy lejana del Parlamento Helénico.

Y Vangelis empezó a trabajar en su pequeña sala de los estudios Nemo. Sin horarios. Normalmente, prefería la soledad nocturna, el silencio sepulcral de las ánimas de la oscuridad, sólo alterado por las imágenes del videocasete que le entregaban poco a poco, a medida que Scott editaba Blade Runner.

Musicalmente, Vangelis no tardó mucho en buscar la tonalidades menores y el estilo de una belleza triste que inunda la música de la película. La belleza intangible de los nuevos sintetizadores.

Vangelis tomó varios referentes de música en películas de ciencia ficción. Quizá la más empírica fue la música de Clockwork Orange, el maravilloso trabajo de Walter Carlos en la pre-historia de los sintetizadores. Aquellos increíbles sintetizadores analógicos, los de síntesis de tanto aprecio y técnica de Walter Carlos. La banda sonora de Cloclkwork Orange con Stanley Kubrick era del año 1971 y había tenido un éxito descomunal. Walter era un genio con la atomización y maravillosos prodigios de los sintetizadores iniciales de Robert Moog, o después con los increíbles Synergy. Walter Carlos, con el éxito del disco como banda sonora, utilizó parte del dinero para una operación de cambio de sexo. Fue en mayo de 1972. Desde ese momento pasó a llamarse Wendy Carlos.



Crear la música del futuro próximo

Clockwork Orange fue una enorme referencia para Blade Runner, aunque no tan decisiva. Desde luego, Vangelis también se fijó del trabajo de Wendy Carlos en El resplandor, que no hacía mucho había visto con absoluta envidia por el trabajo de Wendy Carlos, aunque sólo habían sido dos temas de la banda sonora.

De vez en cuando, Ridley Scott aparecía por el estudio de Marble Arch. Vangelis se desesperaba. Todas las visitas estaban casi siempre relacionadas con los cambios de la edición y por tanto, de la música de la película. Vangelis en el mes de febrero de 1982 estuvo a punto de dimitir. Le hizo entrar en razón su ingeniero Raine Shine, advirtiéndole de que iban a perder mucho dinero y quizá una demanda por parte de la Warner.

Como en el caso de Carros de Fuego, Vangelis compuso la música y «sus ruidos» escena a escena. Un trabajo meticuloso que en estos días apenas se hace. Porque para una banda sonora «nunca hay tiempo», como decía Vangelis.

Para los que somos profundos amantes de los «sintetizadores analógicos» y toda clase de aparatos musicales con tecnología de sintetizador de síntesis, especificaremos sin que sea muy aburrido, los aparatos y sintetizadores que mayoritariamente utilizó Vangelis en su trabajo en Blade Runner.

El famoso Yamaha CS-80 fue siempre la señal de identidad de Vangelis. Sobre todo, por ese sonido imponente de brass, un sonido apabullante de algo que se parecía a los metales en una orquesta sinfónica. El otro instrumento mágico en la película fue el Roland VP-330 Vocoder Plus. Vangelis, normalmente, sólo lo utilizaba para cuando tenía que insertar una sección cuerda. La cuerda del Vocoder de Roland era mágica, diferente. Luego, para esa profundidad, utilizaba el Prophet 10, el de los dos teclados. Esos eran fundamentales. Como por aquella época Vangelis era un loco de la percusión también trabajaba con la Linn 1, como batería electrónica y con el Emulator para toda clase de samplings de efectos o percusión, al igual que el Yamaha Gs-1 para los sorprendentes golpes de percusión, aquellos tan impresionantes del inicio de la película.



Los colaboradores humanos

Como colaboradores humanos utilizó a su primo Demis Roussos para cantar en «Tales of the Future», al impresionante Dick Morrisey para el saxo en el «Love Theme» y a su amigo Don Percival para la canción «One more kiss, Dear», al estilo de los años veinte. Y se me olvidaba la English Chamber Choir en «La muerte del Dr. Tyrell».

Nunca sabremos si fue decisión de Vangelis o de Ridley Scott incluir al tema japonés «Ogi No Mato» del grupo nipón Ensemble Nipponia. Pero creo que la idea fue Ridley, como se demostró años después, cuando filmó la película policíaca, Black Rain con Michael Douglas, en Osaka. Ridley también había incluido «Quran» de Brian Eno & David Byrne, pero en los sucesivos problemas de edición, ese tema desapareció de la película.

A Vangelis le volvieron loco con tantos cambios, tantas dudas de Ridley Scott, pero necesito remarcar un detalle de su excepcional sentido musical en la banda sonora. Cuando la replicante Rachel toca el piano el «Nocturno 13» de Chopin, en el apartamento de Rick Deckard (Harrison Ford) y, a continuación, se oye a través de la radio del apartamento, esa versión de «One more Kiss, Dear». Los dos temas está en la mismísima tonalidad.

Vangelis terminó su trabajo en abril de 1982. Incluía las mezclas en Dolby 4 pistas como exigía Hollywood en aquella época. Ahora, normalmente, se realizan en un diez punto dos. Es decir, una mezcla para doces altavoces diferentes. El músico griego incluso supervisó las mezclas de sus cuatro pistas al formato de sonido-cine en los estudios CTS de Wembley, donde normalmente trabajaba John Barry. Hasta fue muchas veces a los estudios Pinewood donde montaban el sonido definitivo en la película. Pero ni Vangelis ni Scott estuvieron contentos de lo que se hacía en Pinewood. Acabaron el trabajo en los más baratos, pero más eficaces estudios para sonido: los estudios Twickenham.

La guerra por la banda sonora sólo acababa de empezar. Warner Records se puso en contacto con Vangelis para que él mismo eligiera los temas que aparecerían en el famoso soundtrack del film, que sólo es una simplificación del trabajo de un músico. Vangelis se negó rotundamente. Se agarró al hecho de que no hacía mucho había firmado un nuevo contrato discográfico que le obligaba a publicar todos sus trabajos en el sello Polydor. Pero es que además, Vangelis quería darle un escarmiento a Ridley Scott, que le había torturado durante cuatro meses.



Copia pirata

Los derechos discográficos los tenía Warner, pero si Vangelis o, en su particular guerra contractual, Polydor, no querían o se negaban en ceder al artista, entonces no había nada que hacer.

A comienzos del mes de junio de 1982, unas pocas semanas antes del estreno del film, circulaba por Hollywood una copia pirata de los temas que Warner tenía preparados para una hipotética aparición discográfica. El rumor era que un ingeniero del estudio de la Warner, había hecho una copia y como Vangelis estaba de moda por su Oscar con Carros de Fuego, el disco pirata pasó de mano en mano. En realidad, era una cassette de aquellos tiempos, para ser más exactos. El CD todavía no había desarrollado la técnica para poder crearse en privado. Aquella copia primitiva es difícil de encontrar, aunque algunos fanáticos de Vangelis la tienen. En la actualidad, sí circulan copias en CD de aquel primitivo asalto pirata.

Como había que sacar una banda sonora, el estudio de la Warner decidió que se hiciera una versión lo más exacta posible de los temas de Vangelis y así apareció Blade Runner: The New American Orchestra. El disco era un timo para los grandes hoolligans del film, pero si se escucha en la actualidad, no estaba tan mal hecho.

Siete años después, Vangelis le dio a su discográfica Polydor tres temas, los que considera Vangelis como los mejores de Blade Runner para una recopilación de sus mejores obras que llevaba el título de Themes. Es decir, «Love Theme», «End Titles» del final de la versión de la Warner, y «Memories of Green».

Más adelante, en el año 1994, Vangelis, que ya no estaba preso por su contrato con Polydor, accede a que Warner, a través de su sello East/West publique una especie de «banda sonora», con muchos temas de la película y con algunos otros inéditos, como venganza a Ridley Scott. Justos eran los que el cineasta se había cargado en la película.

En el año 2000, circulaba un nuevo disco pirata de la banda sonora de Blade Runner, en el que se incluía el tema inicial de John Williams para el logo de la Ladd Company, que había producido el film.

Finalmente, en el año 2007, coincidiendo con el 25 aniversario de Blade Runner cuando la música de Vangelis ya se había convertido en objeto de culto, se publica la versión definitiva de Blade Runner, con 3 CDs. Por fin Warner había doblegado a Vangelis. En su rendición entrega todos los masters originales, todo lo que grabó para la película. Warner Records también contó con el apoyo de Ridley Scott, que se atrevió incluso a escribir y recordar sus funestas visitas a los estudios Nemo, en Marble Arch, en las notas del disco. Del triple álbum, el primero es impecable. Pero el segundo y el tercer disco son un poco pesados. Es lo que tienen estas ediciones tan estrictas.



El disco rumano

Para decir la verdad, a mí la versión con la que más disfruto es una joya de las catacumbas de la piratería discográfica. Un ingeniero rumano, probablemente un loco de Blade Runner, tuvo la paciencia de separar del celuloide la música que va por su parte en las cuatro pistas del film. Directamente. Así que nada más que se trata de una versión completa de toda la música que estrictamente suena en la película. Son setenta y dos minutos de música para decirlo con precisión. Como se trata de un disco pirata rumano, tenía los sugestivos títulos de «Titlurile și Prologurile Principale», «Fiul Multiubit Aduce Moartea», etc. Un documento impagable.

Blade Runner, en definitiva, es una fascinante historia de principio a fin. Todavía posee el misterio de cómo se equilibró esa intrigante magia entre la imagen y el sonido, en una sincronización perfecta. Imposible de repetir. Todo encaja con las imágenes, la música, los replicantes, etc.. Vangelis, que no da ni un puñetera entrevista, salvo de vez en cuando, asegura que siempre escribió la música de Blade Runner pensando en que Deckard (Harrison Ford) era también un pobre replicante más.

Aunque Carros de Fuego ganara el Oscar, el trabajo más exquisito y espectacular de Vangelis es la banda sonora de la película de Scott. ¿Por qué? Porque nadie ha sentido tanto con ruidos y música el futuro más cercano. Y sin aspavientos, con simples sintetizadores analógicos. La imágenes son una pura invitación a la música de Vangelis. Encajan como si una cosa hubiera estado pensado para la otra.

Vangelis recibió la noticia de la muerte de su primo Demis Roussos en Londres. El propio Vangelis se declara un viajero en la vida. Normalmente, desde que cumplió 60 años –en la actualidad tiene 71 años– pasa más tiempo en Atenas y no es difícil verlo pasear por su calle favorita, la que es ahora peatonal, Dionisio Areopagita. Para Vangelis la «calle más bella del universo». Aunque jamás se queda quieto en Atenas. Siempre se escapa a su casa de París o Londres.

Hace poco le pusieron el nombre de una calle en Volos, donde nació, pero no quiere vivir allí. Últimamente se ha atrevido con la pintura, como en el caso de Bob Dylan. Incluso expuso sus cuadros en Valencia, hace ya diez años, gracias a la amistad de Consuelo Ciscar con el genio griego. Su último trabajo es la banda sonora del film argelino Crescule des Ombres del cineasta Mohamed Lakhdar-Hamina, estrenada hace un par de meses. Pero todavía no ha aparecido discográficamente.

Es muy posible que su tema favorito de Blade Runner sea «Memories of Green». Vangelis dice que, con las destrucción de este planeta, algún día sólo nos quedarán memorias de nuestra vegetación, recuerdos de un mundo verde con aquella maravillosa vida de plantas y árboles. Serán «nuestras memorias sobre lo verde».

Pero como decía Roy Batty, el líder de los replicantes:

«No haré nada por lo que el dios de la biomecánica no te deje entrar en su cielo».





en Plást
icos y decibelios, marzo 2015















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