miércoles, enero 26, 2022

"Talca”, de Cecilia Gajardo





Debajo de una alfombra
de pasto irregular,
sitio eriazo,
cemento trizado por un terremoto
insectos con uñas alertas,
uñas de guerra
gusanos salen de la madera podrida
de las bancas de la plaza central.
 
Levantar la alfombra es sentir
el aire putrefacto.
Los gusanos se retuercen,
se erizan,
chillan,
algunos tienen rostro.
 
¿Me podré reencarnar en un gusano?
¿Podrá ese pobre hombre reencarnarse
en un pedazo de tierra?
No se lo merece
lo estoy mirando
lo he mirado por siglos,
desde que no tuve más memoria.
 
Voy a recoger todas las piedras del campo,
me voy a sentar a orillas del Maule
y las voy a ir lanzando una a una
hasta que encuentre la que tiene su rostro
hijo de puta,
te voy a hacer polvo.
“Polvo eres,
en polvo te convertirás”.
 
Mi casa
la casa
mi cama
mis olores
mis oídos confusos.
No sé si son gusanos
o perros comiendo gatos con tiña.
No sé si mi ventana da hacia el sur
o hacia el oriente.
 
La terraza,
el olor a carne quemada,
la leña húmeda
el humo no me deja ver quién es quién,
sé que son adultos
escucho risas, puñetazos
vasos cayendo al suelo.
 
Bajo mi cama, todo sube de volumen.
Oigo risas, llantos, recriminaciones
las cuecas repetidas...
“Déjame que te llame La consentida”,
me dice un hombre que está dentro del clóset.
 
Cuecas de un salón hecho trizas,
héroes republicanos.
Comenzar a no creer.
 
La mesa de los hombres es circular
(estoy segura de que hay mujeres bajo el mantel,
rodeando los pies y haciendo relucir
las espuelas de sus maridos).
 
El mensaje se deforma
las ofensas son flores artificiales
mi mamá dice que se usan
que la gente no se da cuenta del valor real
de la naturaleza muerta.
 
Confundo esas flores con
el pelo de mi madre
tieso
inamovible
intachable.
 
Una sonrisa es la respuesta al ataque oculto.



en Talca, 2021




















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