jueves, septiembre 09, 2021

“La voluntad de poder desaparecer”, de Hakim Bey





Foucault, Baudrillard, etc., han discutido en gran extensión las formas diversas de la desaparición. Aquí quiero sugerir que la TAZ (zona temporalmente autónoma) es de alguna manera una táctica de desaparición.

Cuando los teóricos hablan de una desaparición de lo social se refieren en parte a la imposibilidad de una revolución social, y en parte a la imposibilidad del Estado; del abismo de poder, el fin del discurso del poder. La pregunta anarquista en este caso debería ser entonces: ¿Por qué molestarse en enfrentar un poder que ha perdido todo su significado y se ha convertido en pura simulación? Confrontaciones tales solo han de resultar en grotescos y peligrosos espasmos de violencia por parte de los cretinos cabezamierda que han heredado las llaves de todos los arsenales y prisiones. (Quizás sea esta una tosca malinterpretación norteamericana de la sutil y sublime Teoría franco-alemana. Pues si es así, estupendo ¿quién ha dicho que haga falta entender una idea para hacer uso de ella?).
 
Tal como yo lo leo, la desaparición se muestra como una muy lógica opción radical de nuestro tiempo, en absoluto un desastre o la muerte del proyecto radical. A diferencia de la mórbida interpretación nihilista maníaca de la muerte de la teoría, la nuestra intenta minarla con estrategias útiles en la continua revolución de la vida cotidiana: lucha que no ha de cesar ni con el último fracaso de la revolución política o social, porque nada excepto el fin del mundo puede traer ni el fin de la vida cotidiana, ni nuestra aspiración por las cosas buenas ni por lo maravilloso. Y como dijo Nietzsche, si el mundo pudiera acabarse, lógicamente lo hubiera hecho ya; no lo ha hecho, por tanto no lo hace. Y así, como uno de los sufíes dijo: no importa cuantos vasos de vino prohibido bebamos, nos llevaremos esta sed rabiosa a la eternidad.
 
John Zerzan y Bob Black han señalado independientemente ciertos elementos de rechazo (en palabras de Zerzan) que quizás puedan ser considerados de alguna forma como síntomas, en parte inconscientes pero en parte conscientes, de una cultura radical de la desaparición, que influyen a mucha más gente que ninguna idea izquierdista o anarquista. Estos gestos se hacen contra las instituciones, y en ese sentido son negativos; pero cada gesto negativo también sugiere una táctica alternativa positiva más allá de un mero rechazo de la institución condenada.
 
Por ejemplo, el gesto negativo contra la escolarización es un analfabetismo voluntario. Dado que no comparto la adoración liberal por el alfabetismo en aras de la mejora social, no puedo enteramente compartir los suspiros de desmayo que se oyen por todas partes frente a este fenómeno: uno simpatiza con los niños que rechazan los libros al igual que la basura que contienen. Hay, sin embargo, alternativas positivas que hacen uso de la misma energía de desaparición. La escolarización casera y el aprendizaje de oficios, como formas posibles de hacer novillos, eluden la mazmorra de la escuela. El pirateo informático es otra forma de educación con ciertos rasgos de invisibilidad.
 
Un gesto negativo a gran escala contra la política consiste simplemente en no votar. La apatía (es decir, un sano aburrimiento del cansino espectáculo) mantiene a más de la mitad del país apartado de los comicios. ¡El anarquismo nunca consiguió tanto! (Tampoco tuvo el anarquismo nada que ver con el reciente fiasco del censo). Una vez más, hay paralelismos positivos: la creación de tramas como alternativa a la política se practica en muchos niveles en la sociedad, y las formas de organización no jerárquica han obtenido popularidad incluso fuera del movimiento anarquista, simplemente porque funcionan ACT UP [1], y Earth First! [2] son dos ejemplos. (Alcohólicos Anónimos es, curiosamente, otro).
 
El rechazo al trabajo puede tomar las formas del ausentismo, la ebriedad en el empleo, el sabotaje, y la pura desidia; pero igualmente puede dar lugar a nuevos modos de rebeldía: más autoempleo, participación en la economía sumergida y el lavoro nero [trabajo no declarado], fraude fiscal y otras opciones criminales, cultivo de maría, etc.; actividades todas ellas más o menos invisibles en comparación con las tácticas izquierdistas de confrontación tradicionales como la huelga general.
 
¿Rechazo a la iglesia? Bueno, el gesto negativo por excelencia aquí probablemente consiste en ver la televisión. Pero las alternativas positivas incluyen todo tipo de formas antiautoritarias de espiritualidad, desde el cristianismo no eclesiástico al neopaganismo. Las Religiones Libres como me gusta llamarlas -cultos pequeños, creados e influenciados por corrientes tales como el Discordianismo y el Anarcotaoísmo- se pueden encontrar a lo ancho de la América marginal, y proveen una cuarta vía en crecimiento fuera de las iglesias mayoritarias, los televangélicos, y la insipidez y consumismo new age. También puede decirse que el rechazo principal a la ortodoxia consiste en construir morales privadas en el sentido nietzscheano: la espiritualidad de los espíritus libres.
 
El rechazo negativo del hogar es la falta de hogar, que la mayoría considera una forma de victimización, al no desear ser forzada a la nomadología. Pero la falta de hogar puede ser en un sentido una virtud, una aventura; o así se lo parece, al menos, al inmenso movimiento internacional de okupas, nuestros vagabundos modernos.
 
El rechazo negativo de la familia es claramente el divorcio, o algún otro síntoma de avería. La alternativa positiva brota de la conciencia de que la vida puede ser más dichosa sin la familia nuclear, sobre la que florezcan cien flores; de la maternidad soltera al matrimonio en grupo o al grupo de afinidad crética. El Proyecto Europeo libra una intensa acción de retaguardia en defensa de la familia; la miseria edípica anida en el corazón del Control. Las alternativas existen; pero deben permanecer veladas, especialmente desde la guerra contra el sexo de los ochenta y los noventa.
 
¿Cuál es el rechazo del arte? El gesto negativo no lo habremos de encontrar en el tonto nihilismo de una huelga artística o en el vandalismo contra algún cuadro famoso; lo encontramos en el aburrimiento casi universal de ojos vidriosos que hace presa en la mayoría de la gente con la sola mención de la palabra. ¿Pero en qué consistiría el gesto positivo? ¿Es posible imaginar una estética que no esté comprometida? ¿Que se emancipe de la historia e incluso del mercado? ¿O al menos tienda a hacerlo? ¿Que quiera reemplazar la representación con la presencia? ¿Cómo se hace sentir la presencia a sí misma incluso en, o a través de la representación?
 
La lingüística del caos irradia una presencia que está continuamente desapareciendo de todos los órdenes del lenguaje y de los sistemas de significado; una presencia fugaz, evanescente, sutil, (un término de la alquimia sufí); el atractor extraño alrededor del que los átomos de significado se acumulan, formando órdenes caóticamente nuevos y espontáneos. Aquí tenemos una estética de la frontera entre el caos y el orden, el margen, el área de catástrofe donde la avería del sistema puede significar la iluminación.
 
La desaparición del artista ES la superación y realización del arte en los términos situacionistas. Pero ¿de dónde nos desvanecemos, y se verá u oirá de nosotros jamás? Nos vamos a Croatan; ¿cuál es nuestro destino? Todo nuestro arte consiste en una nota de adiós a la historia -Nos vamos a Croatan- ¿pero dónde está, y qué es lo que haremos allí?
 
Primero: aquí no estamos hablando de desaparecer literalmente del mundo y de su futuro: ni escape hacia atrás en tiempo a la sociedad original del ocio paleolítica; ni utopía eterna, ni escondite entre las montañas, ni isla; ni tampoco de utopía postrevolucionaria; ¡preferiblemente ninguna revolución en absoluto! Tampoco VONU [3], ni estaciones espaciales anarquistas; tampoco aceptamos una desaparición baudrillardiana en el silencio de una hiperconformidad irónica. No tengo nada en contra de Rimbaud ni de ninguno que escape del arte en busca de cualquier Abisinia que pueda encontrar. Pero no podemos construir una estética, siquiera una estética de la desaparición, sobre el simple acto de no volver jamás. Diciendo que no somos una vanguardia y que no hay vanguardia, hemos escrito nuestro nos vamos a Croatan -la pregunta entonces es ¿cómo imaginar la vida cotidiana en Croatan?
 
En particular, si no podemos decir que Croatan existe en el tiempo (edad de piedra o postrevolución) o el espacio, ya como utopía o como algún pueblo olvidado del medio oeste o como Abisinia: ¿dónde y cuándo se encuentra el mundo de la creatividad inmediata? Si puede existir, entonces existe; pero quizás solo como una especie de realidad alternativa que hasta ahora no hemos aprendido a percibir. ¿Dónde buscar las semillas -la mala hierba creciendo en las grietas de la acera- entre ese otro mundo y el nuestro? ¿Dónde están las pistas, las indicaciones correctas para buscar? ¿Un dedo apuntando a la Luna?
 
Yo creo, o al menos me gustaría proponer, que la única solución a la superación y realización del arte reside en la emergencia de la TAZ. Yo rechazaría categóricamente la critica de que la TAZ en sí misma no es más que una obra de arte, bien que pueda tener algunos de sus entrampamientos. Sugiero que la TAZ es el único tiempo y lugar posible para que ocurra arte por el puro placer de la acción creativa, y como contribución efectiva a las fuerzas que dan coherencia a la TAZ para manifestarse.
 
El arte se ha convertido en mercancía en el mundo del arte, pero por debajo de eso aún yace el problema mismo de la representación, y el rechazo a toda mediación. En la TAZ el arte como mercancía se hará simplemente imposible; será más bien una condición de vida. La mediación es más difícil de superar, pero la extracción de todas las barreras entre artistas y usuarios del arte llevará las trazas de una condición en la que (como A. K. Coomaraswamy [4] ha descrito) el artista no es un tipo determinado de persona, sino cada persona es un tipo determinado de artista.
 
En suma: la desaparición no es necesariamente una catástrofe; excepto en el sentido matemático de un cambio topológico repentino. Todos los gestos positivos esbozados aquí parecen implicar varios grados de invisibilidad como alternativa a la confrontación revolucionaria tradicional. La nueva izquierda nunca creyó realmente en su propia existencia hasta que se vio a sí misma en el noticiario de la noche. La Nueva Autonomía, en contraste, bien se infiltrará en los medios y los subvertirá desde dentro; o bien nunca será vista en absoluto. La TAZ no solo existe más allá del Control sino también más allá de definiciones, más allá de miradas y nombres y actos de esclavitud, más allá de las entendederas del Estado, más allá de la capacidad de ver del Estado.



Notas
[1] Action Coalition to Unleash Power (Coalición de Acción para Liberar el Poder, o “Actúa”) un colectivo internacional de activistas contra el SIDA.
[2] Un colectivo abierto de saboteadores ecologistas norteamericanos. Conocidos por sus golpes teatrales, sabotajes de instalaciones mineras y madereras, colocación de piezas metálicas en los árboles para romper las sierras mecánicas, “desviación” de vallas publicitarias, echar arena en los depósitos de combustible de las excavadoras, etc.
[3] Retiro voluntario, generalmente a la naturaleza, practicado por los anarcosurvivalistas en los año setenta.
[4] Ananda Kentish Coomaraswamy (1877-1947). Pionero historiador del arte indio y primer intérprete en Occidente de la cultura de la India. Estableció el marco de estudios para contextualizar la historia del arte.



en Utopías piratas, 1995















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