lunes, agosto 03, 2009

"Las Aventuras del Capitán Tanguito i su Astuto Secuaz Don Escarabajo", de Juan Carlos Villavicencio

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Prólogo

Resguardado bajo su verde cobija de musgos en el templo
            –herencia del color de los olivos–,
el eco en fuga de un placer de otros tiempos
            provenía del naranjo Capitán Tanguito,
                        Gato de todas nuestras noches,
descendiente de un cosmos herido i desenfados.

Tras el fuego de una era más antigua,
            su Astuto Secuaz Don Escarabajo
                        sostenía los últimos silencios
            i recordaba las escenas
                        velando contra el viento,
navegando bajo toda luna
junto al ya cansado Capitán.




I. Al amanecer de un verano tibio terminando...

Al amanecer de un verano tibio terminando
            fue traído a bordo de cuatro lunas
                        un pequeño felino sin temores que guardar.
Su madre oscura
            como la noche i sus mostos más serenos,
fue sólo traicionada por su sonrisa al delatar
            el bello fuego de su interior de colores
                                                                  i orquestas resonando.
Su hijo cargaba la huella de la nobleza
            en sus grandes bigotes,
            que lo hacían parecer un equilibrista
                        caminando por la vida.
Su mirada cautivada
            de desenfado i ternura eterna,
la gallardía saltando
            desde el hombro de un pirata que ha caído
o subiendo a enfrentar el viento i rapidez
            de ese desafío empujado por los dioses.
Aquellos se turnaban para entregarle en sus garras
            el destino i el calor de sus afectos.
Fue desde su arribo el centro de las proas i los templos,
por generosidad,
por hambre,
por esquivar la soledad
            de toda preciada brújula en el olvido.




II. Una oscura golondrina ya cansada cae....

Una oscura golondrina ya cansada
            cae aburrida de soles i dolor.
Joven i nombrado Capitán no pudo apartar el fuego
                                                                  que su sangre despedía,
como delirio del mascarón de proa colmando de magia
            sus visiones.
El escarmiento i tempestad se grabaron contra el mástil,
acaso el destierro donde nadie lo vería tras el caos
            i las pinturas rasgadas de aquel templo,
las velas que perdonaban el paso del aire frío
            por sus garras laceradas i el dolor de las ausencias,
la peste en sus jardines
i sobre el altar
los gritos desmedidos i la desazón de los breves dioses
            que olvidaron sus tormentos.
Mientras uno abandonó barlovento
            irrumpiendo en aquel río,
Don Escarabajo miraba desde lejos triste al joven felino
            perder su propio Sur
i comenzar a sufrir los pesares por elegir aquella ruta
i una flor decapitada sin perdón
i un espejo como nunca en la caída
reflejando la honda cicatriz de aquel destino.




III. Mirando arriba las estrellas cruzar....

Mirando arriba las estrellas cruzar
            frente al faro de la nueva quietud,
el Capitán aprehendía
            los misterios de todo lo Creado ante sus ojos,
la suave caricia de aquel sol que lo enfrentaba
o la devoción a las frescas vertientes
            que guardaban su sed
i plagaban de verdor sus fantasías junto al mar.

He ahí el comienzo de la sabiduría,
de esa luz que aún en sus últimos momentos
            marcaba del universo el reflejo i su propio ritmo.




IV. Como si lloviera sobre un campo de batalla en el otoño....

Como si lloviera sobre un campo de batalla en el otoño,
esferas de fuego fueron lanzadas por los dioses
            para el Capitán i el despliegue de todos sus talentos.
El vuelo cortando el aire para alcanzar
            los cometas que caían
o humillar el avance de los perros que de nuevo
            atacarían las aldeas.

Era el suave tiempo de la sangre.

Arriba,
en medio de la noche,
varias lunas encendían su mirada
mientras las oscuras sombras entraban a romper
            el silencio del templo abandonado.










3 de agosto, 2009








Fotografía de Ignacia Viñes














2 comentarios:

roberto marconi dijo...

Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.

(un abrazo)

V i l l a v i c e n c i o dijo...

Gracias, hermano.