viernes, junio 26, 2009

“Danza ferviente, entre las briznas de eucaliptus…”, de Juan Carlos Basualto






Another day has gone
I'm still all alone
How could this be
You're not here with me
You never said goodbye
Someone tell me why
Did you have to go
And leave my world so cold.

Michael Jackson





En ese paseo por la pradera, junto a los niños,
poco antes de la caminata en quiebre;
rostro, estatua, inclina, arena.
En el cementerio, envuelto en rojo y negro,
y entonces los dientes crecidos y las uñas,
y luego el pelaje, el lobo, la luna llena, los aullidos,
esa risa que estruendó toda inexperiencia;
los cuatro o cinco pasos que aprendimos, más o menos,
la luz estroboscópica, las caricias en medio de la noche…

En un cuarto de hotel, a los catorce, a dos cuadras de los trenes
en Chillán, despedazándonos al ritmo de tu voz,
de tus melodías, de esa extraña forma de decir las cosas.
Noches eternas de paseos lánguidos,
la lluvia, el norte, la primera desnudez;
mi primo practicando débiles coreografías que después,
torpemente, reproduciríamos sin ningún pudor
en una disco habilitada en su garaje.
La Carolina, la Evelyn, la Sandra, la Verónica,
todas embobadas ante nuestro estilo
mezcla de Travolta parodiado entre bemoles, y aquel otro,
el de los calcetines a la vista, blancos, por supuesto,
entre saltitos, manotazos y entrañables giros;
nuestros brazos, esa luz y el campo que atraviesa ante la sombra
de inocencia que nos queda.

Esa turba enloquecida que el 93 fue a verte al Nacional.
Ya existía un poco el morbo, ya la envidia,
pocos te tildaban de manojo retirado, sobre el escenario ante la duda
de los dobles, de los clones que lanzabas a comprar, cantar, follar,
cumplir con los tediosos shows tercermundistas.
Clones fieles y obedientes, como esos guardias,
tu entelequia eterna y fantasía, liderando grupos de la fuerza armada,
policías que circundan tu fragilidad,
tu soledad, tu inocencia progresiva, antisocial.

Esa tarde en el cine Lido te buscamos en la imagen, pero no llegaste;
te escondiste en el baúl, atemorizado, quizás, de tantos ojos sobre ti,
de la visión absurda, incomprendida,
de ese paradigma esquivo que sólo tú entendiste;
de esa imagen zigzagueante, entre el fragor de una batalla imaginaria
y el ansia oculta, absurda, de ser la señorita Ross.

Tantas ocasiones que el recuerdo hace imposible sostener,
tu voz agónica de tela suave, ensimismado en los juguetes y lagunas,
en tu parque al sol, sobre el tren haciendo el tipo de silencio al que
acostumbraste ser, pertenecer.
Silencio zen. Silencio sufí. Silencio sostenido.

La secuencia rápida, el género rasgado, bipolar, cansado,
timbre o bocina, resentimiento. No hay posible encanto.
La rima aparatosa. Un bebé en los aires de Alemania.
Máscara. Afección. Vacío.
Madre. Enfermera. Hija. Reyes a un lado y otro.
Monarquía de esplendor y decadencia.
Una apreciación confusa. Ilusión. Visión desde cualquier ángulo.
Incisión y movimiento angelical. Gravedad imposible.
Zapatos negros. Calcetín dorado. Un guante. Pantalón negro.
Camiseta blanca desgarrada y el sombrero entreverado.

Ya no dormirás de lado, en el aerómetro.
Ya no soñarás con mundos subterráneos, ríos congelados de color plateado,
ni animales que se escapan de las jaulas.
Ya no buscarás el borde antiguo de las cosas, donde el tiempo se hace polvo
y se fragmenta el pensamiento.
Ya no escindirás tu cuerpo, imagen, proyección, talento.
Ya no exigirás el espectáculo vacío en Londres.
Ya no te rodearás de gente que atosiga, de esa chusma que reclama
un gesto mínimo en su ídolo.

Ya no estás más solo porque estás lejos,
observando el parque desde arriba,
tu mansión dorada, esos discos que jamás mostraste a nadie,
esa música entonada, y olvidada de inmediato,
en los paseos sobre el bote.

En ese risco abandonado en el que ahora te acomodas,
la siguiente melodía no nos llega, sólo muy despacio.

Es el destino, se podrá decir, una vida al margen
de lo que se excusa, ampara en la normalidad.

Sin pudor,
sin más que el genio que hace luz y sombra al mismo tiempo.
Sin temor,
más que a la gente extraña que se goza en la costumbre.
Sin espacio,
más que para el genio que se fue, que está dormido,
ese niño azul que duerme entre juguetes que no hieren
y que sueña entre celestes nubes de algodón.





Jueves 25 de junio, 2009





Michael Jackson en Münich, 1997: "You are not alone"

http://www.youtube.com/watch?v=R9DDTiPzJCk











1 comentario:

Anónimo dijo...

Si alguna vez miras hacia atrás
y no te gusta lo que ves
hay una cosa de debes saber
tú tienes un lugar a donde ir,
tienes un lugar a donde ir.....