lunes, febrero 09, 2015

"De vuelta a casa", de Sharif S. Elmusa

© Versión de Juan Carlos Villavicencio




Quedándome dormido en el tardío tren de la noche,
pierdo mi parada. Estoy cansado
y apenas puedo caminar escaleras arriba
al otro lado.
Pienso en el anciano que me contaba
cómo solía caminar por tres o cuatro horas
en el campo, luego se tomaba las pantorrillas
y nos preguntaba a cada uno si podíamos hacer más.
Mis piernas sienten sus piernas mientras suben.
Deambulo alrededor de la plataforma gris.
Un hombre inspecciona una colilla de cigarro
casi con actitud de estar admirado
y luego la aplasta suavemente bajo su zapato.
Un hombre y una mujer hablan de hacer
un largo viaje al Sur, tal vez inspirado
por la luna llena del desierto.
En esta estación lejana del centro
no hay atónitas estatuas
de los Antiguos Egipcios
recordándote cómo todo está marchando mal.
Tratando de caminar por una pared
veo una fila de hormigas corriendo ferozmente
arriba y abajo a lo largo de una grieta en el cemento.
Las que se arrastran hacia abajo acarrean pequeñas piezas
de paja; las que suben apuntan a la tienda.
Sus oscuros cuerpos, brillantes bajo una luz fuerte,
se tocan mientras corren. Ninguna se aparta o se detiene.
¿Qué las impulsa, la paciencia o la esperanza?
¿No se resisten sus piernas?
El cuerpo le da un toque a la entrometida mente
para que se ocupe de sus propios asuntos. Aguzan
sus oídos para escuchar el dulce rumor
del tren. Se anhela la cama amplia,
y la mujer ausente
para arrastrarse a su lado.













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