domingo, mayo 18, 2014

"Soliloquio final del amante interior", de Wallace Stevens

© Traducción de Juan Carlos Villavicencio




Enciende la primera luz de la noche, como en un cuarto
En el que descansamos y, por alguna razón, piensa
Que el mundo imaginado es el bien último.

Éste es, por lo tanto, el encuentro más intenso.
Es en esta idea en la que nos recogemos,
Lejos de toda indiferencia, en una sola cosa:

Dentro de una sola cosa, una sola manta
Nos envuelve con firmeza, pues somos pobres, un calor,
Una luz, un poder, la influencia milagrosa.

Aquí, ahora, nos olvidamos de los demás y de nosotros mismos.
Sentimos la oscuridad de un orden, un todo,
Un conocimiento, lo que arregló el encuentro,

Dentro de sus límites vitales, en la mente.
Decimos que Dios y la imaginación son uno…
Qué tan alto la más alta vela ilumina la oscuridad.

Fuera de esta misma luz, de la mente central,
Hacemos una morada en el aire nocturno,
En la que ahí estar juntos es bastante.





en Collected poems, 1954














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