lunes, noviembre 30, 2009

“Devoción de un Peregrino en Llamas”, de Mario Spachiaro







Pareció volar sin dirección
en la cuerda de corrientes
suaves remolinos
tiemblan sobre el canto fijo de aves muertas.

Pareció cantar, reír, llorar
sin más tiempo que otro año,
y otro más,
jactancioso alud facineroso;
tiembla y cae sobre el frágil arrullo de las olas.

Pareció rezar
en la iglesia más pequeña de aquel pueblo,
pareció flectar sus piernas
y elevar al cielo una plegaria falsa.

Pareció que hablaba al aire,
a una anciana embelesada entre los cactus
y patinas de sudor.
Un poema recitaba en blanco,
sin poder decir
más que una rima triste, abandonada.

Pareció estar triste, decidido;
abandonaría aquel paraje insípido,
llamaría entre tormentas
y la arena que lo cubre todo.

Pareció marcar un número infinito,
conversar,
marcar la voz
en un acento inclaudicable,
convencido ya de su fracaso.

Pareció volver,
sin prisa, sin nuevas melodías en su alma fútil;
solo, cada vez más solo,
como antes, como siempre.






en Plegarias del olvido, 1956












domingo, noviembre 29, 2009

"Mensaje a la Juventud Socialista de Chile", de Salvador Allende

Originalmente llamado "Mensaje a la XX Conferencia de la Juventud Socialista de Chile"



Muy estimados compañeros de la Juventud Socialista:

Por compromisos internacionales ineludibles, he debido ausentarme del país y coincide con el importante evento de ustedes. Siento no poder concurrir personalmente a él.

He querido sí dejar un testimonio de mi pensamiento. (...)

Yo quiero, entonces, dirigirme a ustedes para señalar el papel trascendente que tiene la juventud en el proceso revolucionario que Chile está viviendo. Me refiero a la juventud elementalmente de la Unidad Popular y me refiero a la juventud chilena también, más allá de las fronteras de la organización que agrupa a los partidos que tienen la base política de la Unidad Popular.

La juventud debe ser base y motor del proceso de cambios.

Y digo esto porque somos un país esencialmente joven; por lo tanto, la juventud debe ser la base y el motor de un proceso de cambios en la sociedad chilena. Una y mil veces lo he dicho, y la juventud tiene conciencia de ello: no hay querella generacional ni en el país ni en el Partido.

Nos sentimos todos militantes de un gran movimiento destinado a realizar la revolución chilena. Nos sentimos todos ubicados en el plano teórico de los que saben que la sociedad capitalista divide a los hombres entre explotados y explotadores, entre oprimidos y opresores.

Por eso, jóvenes, adultos o ancianos que tenemos un mismo pensamiento ideológico, que estamos ubicados en la misma barricada, que luchamos dentro de nuestra realidad por los cambios que, repito, reclama y necesita.

La juventud debe tener conciencia que lo que se ha logrado en Chile –y puedo decirlo yo al margen de lo personal, mejor dicho despersonalizándome- representa un paso decisivo para las masas populares no sólo de nuestro país, sino que del continente.

La juventud, lógicamente, quisiera que los procesos de cambios fueran más acelerados. La juventud, por ser juventud, tiene derecho a la inquietud, pero no a afiebrarse. Pero ser joven implica también una gran responsabilidad: comprender las limitaciones que tiene todo proceso social y la realidad que tiene que enfrentar ese proceso.

Los compañeros de la Federación Juvenil Socialista y los delegados fraternales que vienen de distintos países deben tomar en cuenta que nosotros nos comprometimos frente a un país a poner en marcha un programa y que ese programa tenemos que realizarlo dentro de los cauces jurídicos de la democracia burguesa, y dentro de estas leyes hacer los cambios para establecer las nuevas leyes del pueblo. De allí que, indiscutiblemente, para nosotros haya mayores dificultades, pero también el costo social –y eso nos interesa profundamente- es y será mucho menor.

También la juventud debe entender que la "revolución" no es una palabra y que tentativas revolucionarias ha habido cientos y miles, en distintas latitudes, y son pocos los países que han alcanzado la Revolución.

La juventud debe entender que el socialismo no se impone por decreto, que es un proceso social en desarrollo. Y la juventud sabe que no hay posibilidad de acción revolucionaria sin teoría revolucionaria. De allí, entonces, que mi gran preocupación e interés es que los cuadros juveniles enfrenten la realidad tal como la vivimos y comprendan que ellos deben ser esencialmente el motor movilizador de las masas para el cumplimiento del programa.

Prepararse políticamente para ser guías de los sectores populares.

La juventud debe prepararse para enfrentar los obstáculos que encontraremos en el camino que hemos emprendido. Debe educarse políticamente más y más, para llevar su voz, su aliento y su crítica, de tal manera que los sectores populares encuentren precisamente en los cuadros juveniles, el guía que pueda indicarles cuál ha de ser el camino que tenemos que seguir.

Pienso que es indispensable, entonces, que haya concordancia entre la acción de la juventud y la de los partidos políticos que forman parte de la Unidad Popular. Y de la juventud, para captar, atraer a otros sectores juveniles que, no militando en nuestras agrupaciones políticas, pueden y deben contribuir al proceso de cambios que imperativamente Chile reclama.

Capacitarse, además, en el dominio de una técnica o profesión para la construcción de la sociedad socialista.

Muchas veces he sostenido que la juventud tiene una doble misión: actuar y prepararse para actuar.

La juventud tiene que capacitarse no sólo políticamente, sino en el conocimiento de una técnica, de una carrera, de una profesión. La juventud debe entender perfectamente bien que nosotros sabemos que ellos, los jóvenes, serán, en definitiva, los que tendrán en sus manos la construcción de la sociedad socialista.

Debe pensarse que los jóvenes ya actúan e influyen en sus propios partidos y en el seno del gobierno. He dicho que este país es un país con predominio de gente joven, y es esta misma gente joven la que pesa en los partidos; y la mayoría de los dirigentes de los partidos, especialmente en el caso de nuestro Partido, son hombres jóvenes.

Estar a la altura de nuestra tremenda responsabilidad sin perder el sentido de la táctica ni desconocer las dificultades.

Por eso es que yo llamo a mis compañeros militantes de la Federación Juvenil Socialista para que, como organización, estén a la altura de la tremenda responsabilidad que tienen. Son el partido mayoritario de gobierno –el Socialista- y la juventud debe ser, lo repito, el gran factor dinámico de las transformaciones. Pero no perdiendo el sentido de la táctica ni desconociendo las dificultades. Pensando que día a día, el enfrentamiento se hace en cada minuto, por así decirlo, entre los sectores que defienden el status y los que queremos abrir el camino al socialismo.

Autocrítica de verdadero contenido revolucionario.

La Juventud Socialista tiene una tremenda responsabilidad. Primero, la de cohesionar, la de mantener férrea su unidad, de no dejarse penetrar por personalismos, la de hacer imposible el trabajo de grupos que destruyan el concepto de la responsabilidad común que tiene la juventud. No concibo una Juventud Socialista que no tenga la fuerza moral de poder discutir los problemas con pasión, pero con respeto para cada uno de sus integrantes. No concibo una Juventud Socialista marcada por el recelo; pienso que no puede existir una Juventud Socialista en donde no haya la limpieza suficiente para que la autocrítica tenga el verdadero contenido revolucionario que debe tener, al margen de todo personalismo.

El futuro del proceso revolucionario descansa en la Juventud Socialista.

Si la Juventud Socialista comprende que en ella descansa el futuro del proceso revolucionario chileno -que este proceso tenemos que llevarlo, como lo decía hace unos instantes, por los caminos que voluntariamente hemos escogido, porque corresponden a la realidad de nuestro país-, nosotros podremos tener la certeza, entonces, de que los enemigos del pueblo se enfrentarán a una Juventud Socialista que, siendo férrea en su organización, en su concepción estratégica y táctica, y siendo muy firme en sus postulaciones ideológicas, sea también un factor de nexo, de vínculo, con el resto de las otras juventudes.

Nada de dogmatismo, de sectarismo, de tendencia hegemónica. Respeto, camaradería, aprecio, diálogo con las juventudes de los otros partidos y movimientos que integran la Unidad Popular.

Es por eso, compañeros, que al terminar mis palabras, quiero decirles una vez más: Lo que hemos alcanzado en Chile es un paso trascendental. Le interesa no sólo a los chilenos, fundamentalmente a los obreros, a los estudiantes, a las dueñas de casa, a los empleados, los técnicos y los profesionales.

El Gobierno Popular que el pueblo conquistó el 4 de septiembre de 1970 es un hecho de importancia más allá de las fronteras nuestras. Son millones y millones de seres humanos que miran la experiencia chilena, experiencia que indiscutiblemente tiene características propias, que rompe un poco los esquemas, pero cuyo contenido nadie puede negar: que es y será el de hacer las transformaciones; que las estamos haciendo dentro de un marco que nosotros mismos aceptamos, es cierto, pero que vamos al socialismo, también es cierto.

De allí, entonces, que yo reclame, como el Compañero Presidente, de parte de mis compañeros jóvenes, de parte de las juventudes, de la Federación Juvenil Socialista, cuya trayectoria de lucha y sacrificio constituye las páginas más trascendentales y heroicas de la vida partidaria, que comprenda perfectamente bien la gran responsabilidad que implica ser joven y ser joven socialista en este minuto de Chile y en esta hora del mundo.












Concepción, agosto de 1971











sábado, noviembre 28, 2009

"Dos primaveras", de Li Ch'ing Chao







La primavera ha llegado al desfiladero.
Una vez más la nueva hierba está
Verde como el martín pescador. Los
Rosados brotes de los pérsicos
Son aún bolitas sin abrir. Las nubes
Son de un jade blanco como la
Leche con bordes y motas de jade verde.
No se levanta polvo. Es un sueño
Demasiado fácil de interpretar, ya he
Vaciado y roto la copa de la
Primavera. Las sombras de las flores
Se recortan con nitidez en
Los translúcidos visillos. La luna llena
Y transparente se alza en el ocaso
Anaranjado. Tres veces en dos años mi
Señor se ha ido al Este. Hoy vuelve
Y mi gozo es ya mayor que la primavera.








Versión de Kennet Rexroth (traducción de Carlos Manzano), 2001














viernes, noviembre 27, 2009

"Paradoja de Tristam Shandy", de Bertrand Russell





Tristram Shandy, como todos sabemos, empleó dos años en historiar los primeros dos días de su vida y deploró que, a ese paso, el material se acumularía invenciblemente y que, a medida que los años pasaran, se alejaría más y más del final de su historia. Yo afirmo que si hubiera vivido para siempre y no se hubiera hartado de su tarea, ninguna etapa de su biografía hubiera quedado inédita. Hubiera redactado el centésimo día en el centésimo año, el milésimo día en el milésimo año, y así sucesivamente. Todo día, tarde o temprano, sería redactado. Esta proposición paradójica, pero verdadera, se basa en el hecho de que el número de días de la eternidad no es mayor que el número de sus años.









en Mysticism and Logic, 1917










jueves, noviembre 26, 2009

"Mangín", de María Isabel Lara Millapán







Bajo el agua
Duermen las flores en invierno.
La luna nueva
Me trae tu nombre de regreso,
Pero no tus ojos.
Llueve, llueve,
La lluvia dice lo que pienso
Y mi corazón está lejos.






en Puliwen Ñi Pewma - Sueños de un amanecer, 2002












miércoles, noviembre 25, 2009

"Claro de luna", de Louis Borno

© Traducción de Juan Carlos Villavicencio



Calma divinidad, entronizada en su columna,
sobre mi corazón esclavizado reina su oscura belleza.
Ella tiene suaves ojos grandes, negros como un cielo sin astro.
Ella tiene grandes ojos negros, dulces como un claro de luna
siempre sombrío, siempre suave. Y es como un claro
de luna que sería negro.






en Mapa de la poesía negra americana, 1946











Claire de lune

Calme divinité, trônant sur son pilastre,/ sur mon coeur asservi règne sa beauté brune./ Elle a de grands yeux doux, noirs comme un ciel sans astre./ Elle a de grands yeux noirs, doux comme un clair de lune/ toujours sombres, toujours doux. Et c’est comme un clair/ de lune qui serait noir.//








martes, noviembre 24, 2009

“Cuando lo Honesto es Siniestro y la Psicosis es Normal”, de Slavoj Žižek







Desde el principio de The Straight Story (Una historia sencilla)[1] de David Lynch, las palabras que introducen los créditos, “Walt Disney presenta: una película de David Lynch”, proveen, quizás, la mejor síntesis de la paradoja ética que marca el fin de siglo: el montaje de la transgresión con la norma. Walt Disney, la marca de los valores familiares conservadores, lleva bajo su paraguas a David Lynch, el autor que representa la transgresión, iluminando el submundo obsceno del sexo pervertido y la violencia que florecen debajo de la respetable superficie de nuestras vidas.

Hoy en día, cada vez más, el aparato cultural económico mismo, para reproducirse en las condiciones de competitividad del mercado, no sólo precisa tolerar, sino directamente incitar efectos y productos de choque cada vez más fuertes. Basta recordar las recientes tendencias en las artes visuales: ya pasaron los días en los que teníamos simples estatuas o cuadros enmarcados - lo que tenemos ahora son exposiciones de los marcos mismos sin pinturas, exposiciones de vacas muertas y sus excrementos, videos del interior del cuerpo humano (gastroscopías y colonoscopías), inclusión de olores en la exposición, etc., etc. (Esta tendencia lleva a menudo a la confusión cómica, cuando una obra de arte es confundida con un objeto cotidiano o viceversa.

Recientemente, en la Potsdamer Platz, el sitio de construcción más grande en Berlín, el movimiento coordinado de docenas de grúas gigantescas se organizó como un performance artístico - indudablemente percibido por muchos transeúntes desinformados como parte de una intensa actividad de construcción... Yo tuve la confusión opuesta durante un viaje a Berlín: noté a los lados y anteriormente que en todas las avenidas principales había un largísimo tubo azul y cañerías, como si fuera una telaraña intrincada de tubos de agua, teléfono, electricidad, etc., no estaba oculto bajo la tierra, sino expuesto al público. Mi reacción fue, por supuesto, que esto probablemente era otro de los performances de arte posmodernos cuyo objetivo era, en ese momento, hacer visible el intestino de la ciudad, su maquinaria interna oculta, en una especie de equivalente a la exhibición en video de la palpitación de nuestro estómago o pulmones - sin embargo, yo estaba equivocado, ya que unos amigos me señalaron que lo que yo veía era meramente parte del mantenimiento standard y la reparación de los servicios subterráneos de la ciudad de una red informática.) Aquí, de nuevo, como en el dominio de la sexualidad, la perversión ya no es subversiva: los excesos chocantes son parte del sistema mismo, el sistema se alimenta de ellos para reproducirse a sí mismo. Quizás esta sea una de las posibles definiciones del arte posmoderno como opuesto al arte moderno: en el posmodernismo, la transgresión excesiva pierde su valor escandalizante y esta totalmente integrado al mercado artístico establecido.

Así que, si los tempranos films de Lynch también hubiesen caído en esa trampa, ¿qué hay entonces con The Straight Story, basada en el caso verdadero de Alvin Straight, un viejo granjero lisiado que condujo a través de las praderas americanas en un tractor John Deere para ir a ver a su afligido hermano? ¿Implica esta lenta historia de persistencia, la renuncia a la transgresión, el regreso hacia la cándida inmediatez de la permanencia ética y directa de la fidelidad? El mismo título de la película de refiere sin duda a la obra previa de Lynch: esta es la honesta historia respecto de las “desviaciones” del submundo siniestro desde Eraserhead hasta Lost Highway. Sin embargo, ¿qué sucede si el héroe “honesto” del reciente film de Lynch es efectivamente mucho más subversivo que los excéntricos personajes que poblaban sus anteriores películas? ¿Y si en nuestro mundo posmoderno en el cual el compromiso ético radical es percibido como ridículamente fuera de tiempo, él es el verdadero marginal? Uno debería recordar aquí la vieja anotación de G.K. Chesterton en su A defense of Detective Stories, sobre como el relato de detectives “recuerda previamente en cierto modo que la civilización misma es el más sensacional de los comienzos y la más romántica de las rebeliones. Cuando el detective en una novela policial se queda solo y de algún modo tontamente valeroso entre los cuchillos y los puños de un hueco de rateros, sin duda sirve para recordarnos que es el agente de la justicia social aquel que representa la figura original y poética, mientras que los ladrones y salteadores son meramente plácidos y arcaicos conservadores, felices en la inmemorial respetabilidad de simios y lobos. La novela policial se basa en el hecho de que la moralidad es la más oscura y atrevida de las conspiraciones”.

¿Y qué sucedería si ESTE fuera el mensaje final de la película de Lynch –que la ética es “la más oscura y atrevida de las conspiraciones”, que el sujeto ético es aquel que efectivamente amenaza el orden existente, en contraste con la larga serie de excéntricos pervertidos lyncheanos (el Barón Harkonnen en Dune, Frank en Blue Velvet, Bobby Perú en Wild at Heart...) que finalmente lo sostienen? En este preciso sentido el contrapunto a The Straight Story es The Talented Mr. Ripley de Minghella, basada en la novela de Patricia Highsmith, novela del mismo nombre. The Talented Mr. Ripley cuenta la historia de Tom Ripley, un ambicioso joven neoyorquino en bancarrota, que es ubicado por el rico magnate Herbert Greenleaf, quien piensa erróneamente que Tom ha estado en Princeton con su hijo Dickie. Dickie se encuentra vagando en Italia y Geenleaf le paga a Tom el viaje a Italia para que haga entrar en razón a su hijo y tome el lugar correcto en los negocios de la familia. Sin embargo, una vez en Europa, Tom queda fascinado no sólo con Dickie mismo, sino con la brillante, canchera y socialmente aceptable vida adinerada en la que vive Dickie. Todo lo que se dice acerca de la homosexualidad de Tom está fuera de lugar: Dickie no es para Tom el objeto de deseo, sino su sujeto ideal deseable, el sujeto transferencial “que supone saber/cómo desear”. En pocas palabras, Dickie se convierte en el ego ideal de Tom, la figura de su identificación imaginaria: cuando repetidamente le mete una mirada de reojo a Dickie, no traiciona su deseo erótico para emprender un comercio erótico con él, para POSEER a Dickie, sino su deseo de SER como Dickie. De esta manera, para resolver ese problema, Tom concibe un elaborado plan: durante un viaje en bote, asesina a Dickie y luego, durante un tiempo, asume su identidad. Haciéndose pasar por Dickie, organiza las cosas de manera que luego de la muerte “oficial” de Dickie, herede su riqueza; una vez cumplido aquello, el falso Dickie desaparece, dejando tras de sí una nota suicida alabando a Tom, mientras éste reaparece evadiendo exitosamente a los suspicaces investigadores e incluso ganándose el agradecimiento de los padres de Dickie, para luego salir de Italia rumbo a Grecia.

A pesar de que la novela fue escrita a mediados de los 50s, uno puede decir que Highsmith se adelanta a la reescritura terapéutica actual de la ética en “recomendaciones” en la que uno no debe seguir las reglas demasiado a ciegas. “No cometerás adulterio – excepto si eres emocionalmente sincero y sirve a tu meta de tu plena autorrealización…”. O: “No debes divorciarte - excepto cuando tu matrimonio en los hechos haya fracasado, cuando sea experimentado como una carga emocional insufrible que frustra su vida plena” – en pocas palabras, ¡excepto cuando la prohibición para divorciarse haya justamente recobrado su pleno significado (ya que, ¿quién se divorciaría cuándo el matrimonio aún florece?)! No es ninguna sorpresa que hoy se prefiera al Dalai Lama que al Papa. Incluso aquéllos que “respetan” la posición moral del Papa, no obstante, normalmente acompañan esta admiración con la calificación de que él permanece desesperadamente anticuado, medieval incluso, pegado a los viejos dogmas, fuera de toque con las demandas de los nuevos tiempos: ¿cómo puede uno hoy ignorar los anticonceptivos, el divorcio, el aborto? ¿No son estos simplemente hechos de nuestra vida? ¿Cómo puede el Papa negar el derecho al aborto cuando una monja queda embarazada por una violación (como fue efectivamente el caso de las monjas violadas durante la guerra en Bosnia)? ¿No está claro que, incluso cuándo uno está en contra del aborto, uno debe en tales casos extremos torcer el principio y aprobar su transgresión? Lo qué nosotros encontramos aquí es un caso ejemplar de la ideología de hoy de “realismo”: nosotros vivimos en la era del fin de los grandes proyectos ideológicos, seamos realistas, dejemos las inmaduras ilusiones utópicas - el sueño del Estado de Bienestar ha terminado, uno debe seguir los términos del mercado global... Uno puede entender ahora por qué el Dalai-Lama es mucho más apropiado durante nuestros tiempos permisivos posmodernos: él se nos presenta con un vago buen espiritualismo sin ninguna obligación ESPECÍFICA: cualquiera, incluso la estrella de Hollywood más decadente, puede seguirlo mientras continúa con su promiscuo estilo de vida adinerado.

Ripley se detiene sencillamente en el último escalón en esta reescritura. No matarás – excepto cuando no haya otra manera de encontrar la felicidad. O, como la misma Highsmith declara en una entrevista: “Podría ser calificado de psicótico, pero no lo llamaría demente porque sus actos son racionales. /.../ Lo considero más bien una persona civilizada que mata porque tiene que hacerlo”. Ripley no se parece así en nada al “American Psycho”: sus actos criminales no son frenéticos passages a l’acte, estallidos de violencia en los que descarga la energía acumulada por las frustraciones de la vida cotidiana yuppie. Sus crímenes están calculados con un razonamiento pragmático sencillo: hace lo que es necesario para alcanzar su objetivo, la vida acomodada de los suburbios exclusivos de París. Lo que es realmente inquietante en él, por supuesto, es que de alguna manera parece perder el más elemental sentido ético: en la vida diaria, es en general amigable y considerado (aunque con un toque de frialdad), y cuando comete un asesinato, lo hace con el mismo remordimiento que uno siente cuando tiene que realizar una tarea desagradable pero necesaria. El es el psicótico final, la mejor ejemplificación de lo que Lacan tenía en mente cuando decía que la normalidad es la forma especial de la psicosis –de no estar atrapado traumáticamente en la telaraña simbólica, de mantener “libertad” respecto del orden simbólico.

Sin embargo, el misterio del Ripley de Highsmith trasciende el motivo ideológico norteamericano estándar de la capacidad del individuo de “reinventarse” a sí mismo, de borrar las huellas del pasado y asumir a fondo una nueva identidad, que trascienda el “yo proteano” postmoderno. Ahí reside la falla final de la película respecto de la novela: la película “gatsbyíza” a Ripley en una nueva versión del héroe norteamericano que recrea su identidad de manera sombría. Aquello que aquí se pierde se encuentra mejor ejemplificado por la diferencia crucial entre la novela y la película: en esta última, Ripley posee los meneos de una consciencia, mientras que en la novela, los síntomas de una consciencia están sencillamente más allá de su entendimiento. Es por eso que la explicitación de los deseos homosexuales de Ripley en la película también yerra en el punto. Lo que Minghella implica es que, para los años 50, Highsmith se vio obligada a ser más circuspecta para hacer al héroe más digerible respecto de un público masivo, mientras que hoy en día podemos decir las cosas de una manera más abierta. Sin embargo, la frialdad de Ripley no es el efecto de superficie de su postura gay, sino más bien lo opuesto. En una de las últimas novelas de Ripley, nos enteramos que le hace el amor una vez por semana a su esposa Heloise, como un ritual habitual –sin ninguna pasión de por medio, Tom es como Adán en el Paraíso previo a la caída, cuando, según San Agustín, Adan y Eva sí tuvieron sexo, pero realizado a la manera de un simple ritual instrumental, como quien siembra semillas en el campo. Una manera de leer a Ripley es decir que es angelical y que vive en un universo que precede a la Ley y sus transgresiones (el pecado).

En una de las últimas novelas de Ripley, el héroe ve dos moscas en la mesa de la cocina y al mirarlas de cerca y ver que están copulando, las aplasta con asco. Este pequeño detalle es crucial –el Ripley de Minghella NUNCA hubiera hecho tal cosa: el Ripley de Highsmith está de algún modo desconectado de las cosas relativas a la carne, disgustado con lo Real de la vida, de su ciclo de generación y corrupción. Marge, la enamorada de Dickie, da una adecuada caracterización de Ripley: “De acuerdo, tal vez no sea marica. Simplemente no es nada, lo cual es peor. No es lo suficientemente normal como para tener algún tipo de vida sexual”. Tanto como dicha frialdad caracteriza cierta postura lésbica, uno está tentado de alegar que, en vez de ser un homosexual reprimido, la paradoja de Ripley es que es un varón lésbico. La frialdad desentendida que subyace debajo de todas las posibles variables de identidad de algún modo desaparece de la película. El verdadero enigma de Ripley es por qué persiste en esta gélida conducta, manteniendo una psicótica falta de compromiso con cualquier apego humano pasional, incluso luego de alcanzar su meta y recrearse a sí mismo como el respetable art-dealer que vive en un rico suburbio parisino.

Quizás la oposición entre el héroe “honesto” de Lynch y el Ripley “normal” de Highsmith determina las coordenadas extremas de la experiencia ética del capitalismo avanzado de hoy - con el raro giro de que Ripley es misteriosamente “normal” y el hombre “recto/honesto” es misteriosamente siniestro, incluso pervertido. ¿Cómo vamos a salir entonces de este camino sin salida? Los dos héroes tienen en común la inclemente dedicación en alcanzar sus metas, de modo que una manera parece ser el abandonar este rasgo en común y rogar por una humanidad más “cálida” y compasiva lista para aceptar compromisos. Pero ¿acaso no es dicha “débil (es decir: sin principios) humanidad” el modo predominante de la subjetividad de hoy en día, al punto que ambas películas proveen sus dos extremos?

A fines de los años 20, Stalin definió la figura del bolchevique como la unión entre la apasionada obstinación rusa y el recurseo norteamericano. Tal vez, siguiendo las mismas líneas uno pueda alegar que la salida está más bien en la imposible síntesis de ambos héroes, en la figura lyncheana del hombre “honesto” que persigue su objetivo, junto al sabio recurseo de Tom Ripley.




Notas

[1] The Straight Story, la película de David Lynch fue titulada en español como Una historia sencilla, pero se debe acentuar que dado al uso que el autor da del término “Straight”, esté es traducido como “honesto”, aunque los sentidos del vocablo es más amplio y puede referirse a: directo, derecho, honesto, recto y también coloquialmente, heterosexual. [N. del T.]





Título Original: When Straight Means Weird and Psychosis is Normal. Extraído de: LACAN.COM http://www.lacan.com/ripley.html














lunes, noviembre 23, 2009

«El poeta de este mundo», de Jorge Teillier






a René—Guy Cadou (1920-1951)


Poeta de nombre claro como un guijarro en medio de la corriente
reunías palabras que eran pedernales
de donde nace un fuego que no es olvidado.
René-Guy Cadou, amigo del tonelero, el cartero, el aduanero y
            el contrabandista,
vivías en una aldea de seiscientos habitantes.
Allí eras profesor rural,
el peso del olor del jardín vecino sofocaba la sala de clases
como a la sala de clases donde tu padre había sido maestro.
Te gustaba hablar con la gente de cara parecida a ollas de greda,
caminar descalzo,
ver jugar a las cartas en la taberna.
En la noche a la luz de un fuego de espino
abrías un libro mientras Helena cosía
(«Helena como una gota de rocío en tu vaso»).
Tenías un poeta preferido para cada estación:
en otoño era Verlaine, la primavera te traía todas las rosas
            de Ronsard,
el invierno llegaba con el chirriar del carruaje del Grand Meaulnes
y la estación violenta
el ruido de espadas entrechocándose en una posada de
            Alejandro Dumas.
Tú nunca estabas solo,
te iluminaba el recuerdo de tu padre volviendo de caza en
            el invierno
Y mientras tus amigos iban al Café,
a la Brasserie Lipp o al Deux Magots,
tú subías a tu cuarto
y te enfrentabas al Rostro radiante.

En la proa de tu barco
te asomabas a ver los caminos de tu país de hadas y pantanos,
caminos trazados como las líneas de un cuaderno de copia.
Tus palabras llegaban
como pájaros que saben que siempre hay una ventana abierta
            al fin del mundo.
Y los poemas se encendían como girasoles
nacidos de tu corazón profundo y secreto,
rescatados de la nostalgia,
la única realidad.

Tú sabías que la poesía debe ser usual como el cielo
            que nos desborda
,
que no significa nada si no permite a los hombres acercarse
            y conocerse.
La poesía debe ser una moneda cotidiana
y debe estar sobre todas las mesas
como el canto de la jarra de vino que ilumina los caminos
            del domingo.
Sabías que las ciudades son accidentes que no prevalecerán frente
            a los árboles,
que la poesía no se pregona en las plazas ni se va a vender a
            los mercados a la moda,
que no se escribe con saliva, con bencina, con muecas,
ni el pobre humor de los que quieren llamar la atención
con bromas de payasos pretenciosos
y que de nada sirven
los grandes discursos tartamudos de los que no tienen nada
            que decir.
La poesía
es un respirar en paz
para que los demás respiren,
un poema es un pan fresco,
un cesto de mimbre.
Un poema
debe ser leído por amigos desconocidos
en trenes que siempre se atrasan,
o bajo los castaños de las plazas aldeanas.

Pocos saben aquí lo que es un poema,
pocos han puesto su cara al viento en medio de un trigal;
pocos saben lo que es un poeta
y cómo debe morir un poeta.
Tú moriste en un cuarto en donde se congregaba toda
            la primavera
mirando un cesto con manzanas.
«He visto morir a un príncipe»
dijo uno de tus amigos.

Y este Primero de Noviembre
cuando me rodean los muertos que siempre están conmigo
pienso en tu serena y ruda fe
que se puede comprender
como a una pequeña iglesia azul de pueblo
donde hay un párroco que no pide sino compartir su pan.
Tú hablabas con tu Dios
como al pobre hijo de un carpintero,
pues también sabías que se crucifica todos los días a un poeta
(Jesús tenía treinta y tres años,
Jean Arthur también era Cristo
crucificado a los treinta y siete).
Pero a ti no te importaba que te escupieran la cara o te olvidaran
porque como tú lo decías, nadie puede impedir a un pájaro que
cante en la más alta cima,
y el poeta derribado
es sólo el árbol rojo que señala el comienzo del bosque.





en Muertes y maravillas, 1971














domingo, noviembre 22, 2009

"9 de julio", de Leo Maslíah







Buenos Aires, Argentina. Día de sol. Avenida 9 de Julio. Semáforo rojo. Se junta gente que quiere cruzar. Enfrente también. El semáforo demora. Viene más gente por ambos bandos. Cada destacamento mira firmemente el semáforo opuesto, haciendo acopio de fuerzas. “Ánimo, muchachos”, dice un individuo a sus compañeros de acera, “ya llegará el día en que podamos cruzar”. Los demás lo reconocen inmediatamente como su líder. “Quizás algunos mueran en la empresa”, sigue diciendo él, “pero esos quedaran para siempre en nuestros corazones”. El semáforo continúa en el rojo. En frente, el bando contrario designó como líder a una mujer. Su aparatoso tren delantero la hace especialmente apta para violentos impactos frontales con peatones de sentido opuesto. “Estamos contigo, Tatiana” le gritan algunos. “Ese no es mi nombre” contesta ella, pero igualmente lo asume, como Wojtila el de Juan Pablo. Desde enfrente, el otro líder la mira, y le muestra el dedo medio de su mano derecha. Sus camaradas, hombres y mujeres, lo imitan. Algunos tienen binoculares y eligen contra quien van a chocar. Otros despliegan la navaja de su alicate, y la exhiben a modo de proa. De pronto, semáforo amarillo. Un estudiante, de los de Tatiana, pregunta si puede pintar de azul el vidrio amarillo del semáforo que está de su lado, para que quede verde y los del bando contrario, al tratar de cruzar, sean apisonados por los coches. La jefa le pide paciencia, y le asegura que a su debido tiempo ningún adversario quedará en pie. El estudiante recita a García Lorca “verde que te quiero verde”. Por fin el semáforo cambia. “A ellos”, grita el líder de enfrente, “hay que enterrarlos en el asfalto; el sol esta de nuestra parte y ya lo reblandeció un poco”. Ambas cohortes inician su marcha hacia la colisión. Tatiana se acomoda el corpiño. El otro líder acomoda a su gente por orden de altura. “Las mujeres y los niños primeros”, dice. Todos avanzan con paso resuelto. Los autos, inmóviles, observan el espectáculo, y una cuadrilla de niños marginales que habitualmente se dedica a limpiar los vidrios de los coches a cambio de monedas, está ahora levantando suculentas apuestas referidas al desenlace de la cruzada peatonal. Atención, faltan pocos metros. Ya está, ya está. Dos pasos, un paso. Y entonces, súbitamente, todos cambian radicalmente su actitud. Empiezan a pedirse permiso unos a otros y a esquivarse. Se acabó Tatiana. Apenas si se producen algunos roces totalmente inocuos. Nadie cae, nadie es aplastado. Todos llegan a destino, a las respectivas aceras de enfrente, y continúan los abúlicos trayectos que habrán de conducirlos al desempeño de sus estúpidas ocupaciones. Nadie recuerda su intención preliminar. Todos fingen civismo, que cagones.













sábado, noviembre 21, 2009

"A su retrato", de Sor Juana Inés de la Cruz

Soneto CXLV



Este que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;

éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,

es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:

es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.












viernes, noviembre 20, 2009

“Los inmortales”, de Leopoldo María Panero







Cada conciencia busca la muerte de la otra
Hegel




En la lucha entre conciencias algo cayó al suelo
y el fragor de cristales alegró la reunión.
Desde entonces habito entre los Inmortales
donde un rey come frente al Ángel caído
y a flores semejantes la muerte nos deshoja
y arroja en el jardín donde crecemos
temiendo que nos llegue el recuerdo de los hombres.

Llega del cielo a los locos sólo una luz que hace daño
y se alberga en sus cabezas formando
un nido de serpientes
donde invocar el destino de los pájaros
cuya cabeza rigen leyes desconocidas para el hombre
y que gobiernan también este trágico lupanar
donde las almas se acarician con el beso de la puerca,
y la vida tiembla en los labios como una flor
que el viento más sediento empujara sin cesar
por el suelo donde se resume lo que es la vida del hombre.

Del polvo nació una cosa.
Y esto, ceniza del sapo, broce del cadáver,
es el misterio de la rosa.

Debajo de mí
yace un hombre
y el semen
sobre el cementerio
y un pelícano disecado
creado nunca ni antes.

Caído el rostro
otra cara en el espejo,
un pez sin ojos.
Sangre candente en el espejo,
sangre candente
en el espejo
un pez que come días presentes
sin rostro.






en Poemas del manicomio de Mondragón, 1999













jueves, noviembre 19, 2009

"Gambito de rey", de Rodolfo Hinostroza





Y continué P4AR
“Jugada peligrosa”, dijo el Maestro, “de la escuela romántica.
            Andersen
sale así en La Inmortal. Cuide Ud. 4T y tal vez haga tablas”
            Y salieron mis escuadras imprecisas
transparente mediosueño bajo el canto del pájaro campana
y el árbol que todo lo sabe desplegando sentencias en románicas. PxP
aceptó el Negro. Y yo C3AR.
                        Y por entonces la Realidad era
una impetuosa fantasmagoría / cierto impulso
en la materia del ánima humana la conduce a negar el pasado.
   “Eh!”, insistí otra vez “Cómo voy a seguir?
Qué decir de la Historia si es licencia poética
decir que se repite, que el incesante error
de los vencidos se repite, que el Poder del Imperio se repite? “
Algo hay, yo te diré
que te conduce a afirmar el pasado y a repetir un acto equivocado
para sentir que existes /porque eres desdichado por ejemplo/
y es inútil el acto, pero no obstante obligado
de repetir, pudiera ser que en el siguiente ciclo se abran las puertas
            de la justicia
o de la paz

Ah! Esa repetición spengleriana! /Espanto lúdico
perdido en sus orígenes.
                        Gigantesca esfera de leyes implacables
Nunca nadie jugó dos partidas iguales: así creer
en la repetición histórica es. pura necedad. Mira bien:
ahora el Negro
llevará el Alfil a 2D, y esa es
Defensa Cunningham
de largas consecuencias.
-Supuse que volviendo
agradaría a todos si es que hablaba de amor y alegría
aunque malditas las ganas que me quedaban, pero aquí
huyen
del melancólico como del apestado en el s. XIV
y todo se ha perdido, aunque haya bautizado este regreso
con un sonoro nombre griego: NOSTOS
                                    Extraño
en
   Ecbatana, como dice
Mc Leish. Adiós, culeados sueños, adiós tu pulso, tallador
            de brillantes
el regreso no significa nada, la miserable comunión de los cielos
con cualquier otra cosa jamás se ha producido, y hay algo
que acelera la fuerza de las cosas: una quieta barbarie de los tuyos
oculta entre palabras y unos gestos ambiguos. Nostos:
destierro del amor. Adiós gran árbol que ibas a florecer y
            te quemaste;
adiós frutas enanas, parábola de Anteo, cte. que las gentes
echan tierra a tus ojos, y esa es toda la tierra que te han dado.
Cuídate del ridículo.
Cuídate del epíteto.
Cuídate de la verdad en boca de los niños.
“Audacia, más audacia, siempre audacia”, recordé
haciendo A4AD. El Maestro insistió.- “4T está desamparada”.
Y se siguieron una serie de golpes:
su A5T jaque (+) mi CxA y el suyo DxC y nuevamente jaque.
Así llegó la hora de velar al gran amor. Los manjares del banquete
            nupcial sirvieron
para el banquete de difuntos Hamlet, act 1, viceversa, y grité. “Eh?
            Quién ha muerto?
En esta casa no se muere nadie! Es la casa del amor, del olvido,
            de la re- conciliación!
“Eso dije y los pájaros picotearon mis rifíones y creo que el pórtico
            de una casa en mi
espíritu se derrumbó crujiendo como el hueso de un ave.
El Maestro
salmodiaba en un tablero lejano: “Hablemos de dialéctica
viviente, o alquimia del espíritu, como se llamaba
hace 8 siglos.- una fuerza que se opone a otra fuerza
actúa sobre la contradicción del enemigo. Enroque Ud.
consolídese/conózcase a sí mismo/no juegue ningún rol
sea Ud. todas las piezas del tablero/sienta la amputación
de un miembro cuando cae un peón. Un Yo compacto, un Yo
visible, si no revierte sobre la propia Historia es un poder
            desperdiciado, una pura
metáfora hedonista. Observe Ud. la armonía
de la Defensa India del Rey”.
Pero quieren decirme de qué juego me hablan?
Los últimos cisnes cantaron con horribles aullidos de castrati.
Una mano indecisa sacrificó el P en 3C, y PxP, la
rápida respuesta D2R, y el Negro
siguió P7C, jaque descubierto.
   Y todo fue arriesgado
y todo fue perdido.
Así ellos los audaces sobre un punto de una esfera bruñida
quisieron encender lo que se dice el fuego incorruptible.
Pero no hubo movimientos alados, ni ayuda, ni piedad.
Oh
descomedidos campesinos! Ah, las brutales manadas
            de los satisfechos
que imaginan tomar parte en el banquete! Mala peste al país
que abandona a sus héroes, que caen como una estampa bíblica
con la sal en el rostro.
      Y un hombre
se apoya contra un árbol, disponiéndose a acabar su vida
            con dignidad:
escucha: K.550 entre el murmullo de las ametralladoras
el minuet se enfrenta al infinito
sabiendo de antemano que será derrotado
      y así fue el canto
de la revolución, amor, amor.
Así pues
      devoraron bellotas
haciendo lo que se llama el recuento de muertos.
Y siguió mi fatal RID y el PxT coronando
abrió la persecución implacable
crucé
mi D en IA.
“Sabes lo que jugamos?” preguntó el Negro
“Qué?” dije estúpidamente. “Tu fe. Y tu futuro.”
Utopía se cae, se cae.
Los sueños ruedan a las alcantarillas
      ángeles incoloros vagan
sin ruta y sin objeto entre las agujas de los templos
ruedas ardientes giran con los descabezados
      Mi escuadra!
Mi orgullosa escuadra!
      Mi querido Yo Mismo!
Entre la música de los escupitajos y los murmullos
            de los paterfamiliae.
   DSC (+). Una fangosa eternidad de espera; luego
el lento movimiento al A2R. Y DTXD
“Mate!” aulló el Negro
derribando las sillas escarlata. / Act. V. Telón/
La implacable esfera
las leyes implacables. 64 escaques
y el universo se comba sobre sí mismo. No hay afuera,
no hay
escape hacia otra dimensión donde todo esto sea
la historia del reptil, la historia del anfibio, la pura prehistoria.
“Pero vuelva a jugar” dijo el Maestro “una partida
es sólo una partida. La especie humana
persiste en el error, hasta que sale
una incesante aurora
fuera del círculo mágico”.
Entonces
a la partida siguiente
jugué en 3) A5C.
“¿Ruy López?” observó el Maestro
“Usted aprende”.










en Contranatura, 1971












miércoles, noviembre 18, 2009

“Desenredo”, de Joao Guimaraes Rosa







Del narrador a sus oyentes:

—Juan Joaquín, cliente de quien cuenta, era apacible, respetado, bueno como aroma de cerveza. Señor de lo debido para no ser célebre. ¿Quién puede empero con ellas? Dormido Adán, nació Eva. Llamábase Liviria, Rivilia o Irlivia, la que, en esta ocasión, a Juan Joaquín se le apareció.

Tirando a bonita, ojos de carbón vivo, morena miel y pan. Casada por lo demás. Sonriéronse, viéronse. Era infinitamente mayo y Juan Joaquín se enamoró. Sumariando el asunto, se entendieron; volando lo demás con ímpetu de nave tendida a vela y viento. Pero muy teniendo todo, claro está, que ser secreto, a siete llaves. Porque en el marido, cuando celoso, se hacía notar la valentía y ya se sabe que los pueblos son la ajena vigilancia. De modo que al rigor los dos se sujetaron, conforme al clandestino amor y según aconseja el mundo desde que es mundo. No hay, empero, abismos infranqueables en barquitos de papel.

No se veía cuándo y cómo se veían. Juan Joaquín, por lo demás, era pura, calculada retracción. Esperar es reconocerse incompleto. Depen­dían ellos de enormes milagros. El embriagado engaño, quiero decir. Hasta que se produjo el derrumbe. Lo trágico no viene en cuentagotas. Sorprendió el marido a la mujer con otro, un tercero... Sin muchas vueltas, pistola en mano, la asustó y lo mató. Se dice también que levemente la hirió, cosa ligera.

Juan Joaquín, doliente sorprendido, en lo absurdo se negaba a creer, y barrido por dolores fríos, calores, lágrimas quizá, cayó en decúbito dorsal devuelto al barro, a medio estar entre lo inefable y lo nefando. Jamás la imaginara con el pie en tres estribos; llegó a maldecir sus propios y gratos abusufructos. Se contuvo para no verla, prohibiéndose ser pseudo-personaje, en circunstancias de tan sangrienta y negra magnitud.

Ella —lejos— siempre y más que nunca hermosa, ya repuesta y sana. Él, ejercitándose en resistir, siervo de penosas emociones.

Los porvenires, mientras tanto, maduraban, ¿qué no hay fin que sobrevenga? Desafortunado fugitivo, y como a la Providencia place, el marido falleció, ahogado o de tifus. El tiempo se las ingenia.

De inmediato lo supo Juan Joaquín, sumido en su franciscanato, dolorido pero ya medicado. Fue, pues, con la amada a encontrarse —ella sutil como alas leves, pantanal de engaños, la firme fascinación. En ella creyó, en un abrir y no cerrar de oídos. Y así fue como, de repente, se casaron. Alegres y mucho, para feliz escándalo popular.

Pero hubo peros.

¿Llega siempre imprevisible lo abominable? ¿O es que los tiempos se siguen, parafraseándose? Prodújose el arribo de los demonios.

Esta vez fue Juan Joaquín quien con ella se deparó y en mala hora: traicionado y traicionera. De amor no la mató, que no era hombre de remontarse a tamaños leonismos ni tigreces tales. La expulsó apenas, apostrofándose, como inédito poeta y hombre. Y viajó huida la mujer a ignoto paradero.

Todo aplaudió y reprobó el pueblo, repartido. Por el hecho, Juan Joaquín se sintió heroico, casi criminal, reincidente. Triste, al fin, y tan callado. Sus lágrimas corrían detrás de ella, como blancas hormiguitas. Pero, en la frágil barca del consenso, de nuevo pudo verse respetado. Se pierde la camisa, cuando no lo que ella viste. Era el suyo un amor meditado, a prueba de remordimientos. Se dedicó a resarcirse.

Pero hubo peros.

Pasaban los días y, pasándolos, Juan Joaquín iba aplicándose, en progresivo, empeñoso afán. La bonanza nada tiene que ver con la tempestad. ¿Creíble? Sabio siempre fue Ulises, que empezó por hacerse el loco. Deseaba él, Juan Joaquín, la felicidad —idea innata. Se consagró a remediar, redimir la mujer, a pulmón pleno. ¿Increíble? Cabe notar que el aire viene del aire. De sufrir y amar uno no se desacostumbra. Él quería apenas los arquetipos, platonizaba. Ella era un aroma.

¿Amantes, ella? ¡Nunca los tuvo! Ni uno ni dos. Díjose y decía Juan Joaquín. A embustes atribuía la leyenda, falsas patrañas escabrosas. Cabíale descalumniarla, y a todo se obligaba. Trajo a flor de escena del mundo lo que, del caso bajo, fuera tan claro como agua sucia. Demostrándolo, amatemático, contrario al público pensamiento y a la lógica, desde que Aristóteles la fundó. Lo que no era tan fácil como refritar albóndigas. Sin malicia, con paciencia, sin insistencia, principalmente.

El punto está en que lo supo del modo que sigue: por antipesquisas, acronología menuda, charlitas secreteadas, entrecogidos testimonios. Juan Joaquín, genial operaba el pasado —plástico y contradictorio borrador. Creaba una nueva transformada realidad, más alta. ¿Y más cierta?

La celebraba, ufanático, dándola por justa y averiguada, con rotunda convicción. Haya el absoluto amar y no habrá injuria que aguante.

De modo que surtió efecto. Desaparecieron los puntos suspensivos, el tiempo secó el asunto. Diluíase la tiniebla, anteriores evidencias, sus siniestras brumas. Lo real y válido en ascenso y hacia arriba. Y todos lo creían. Juan Joaquín antes que todos.

Por fin hasta la propia mujer. Le llegó la noticia adonde se encontraba, en ignota, defendida, perfecta distancia. Se supo desnuda y pura. Volvió sin culpa, con dengues y titubeos, desplegando su bandera al viento.

Tres veces se roza la felicidad. Juan Joaquín y Viliria se retomaron y compartieron, transmutados, lo verdadero y mejor de su útil vida.

Y archívese el asunto.






en Tutaméia, 1967











martes, noviembre 17, 2009

“El lector”, de Wallace Stevens





Me senté a leer un libro toda la noche
Me senté a leer como en un libro
De páginas sombrías.

Era otoño y estrellas fugaces
Cubrían las formas marchitas
Encogidas en la luz de la Luna.

Ninguna lámpara ardía al leer,
Una voz murmuraba: “Todo
Vuelve al frío.

Aún los almizcleños moscateles,
Los melones, las peras bermejas
Del deshojado jardín”.

Las páginas sombrías no imprimían
Sino el paso de ardientes estrellas
En el cielo escarchado.










Traducción de Hernán Galilea







en Revista Árbol de letras, N°2, Santiago, 1968.










lunes, noviembre 16, 2009

"Virgen arcabucera", de Odi González







No soy espantapájaros de los trigales, de mis papales en flor
¿danzante de las pandillas de Caracoto?
A la muerte de mi marido, de mis hijos degollados
como carneros / matanza de los santos inocentes
me hice cabecilla del grupo de ronderas
de la zona de emergencia
Lucho contra los matarifes de ambos bandos

Carruajes de fuego me sobrevuelan. Mis batallones diezmados
bullen en mi cabeza. Almas en pena
Mi marcha termina en humildes camposantos
fosas donde enterré a mis muertos. Allí sollozo
y limpio mi arcabuz







en Vírgenes urbanas, 2007













domingo, noviembre 15, 2009

Carta de Aristóteles a Alejandro Magno






En el crepúsculo de mi vida, tuve oportunidad de entrar en conversación con un sabio judío. No me llevo mucho tiempo darme cuenta de su gran sabiduría, y él me llevó a comprender cuan grande es la Torá que fue dada en el Monte Sinaí. Tomé conciencia de lo necio que había sido por no haberme dado cuenta de cómo Dios es capaz de manipular las leyes de la naturaleza. Mi querido discípulo Alejandro, si tuviera la posibilidad de reunir todos los libros que he escrito, los quemaría. Me avergonzaría mucho que algunos de ellos perdurara... me doy cuenta de que he de recibir un castigo Divino por haber escrito libros tan engañosos. Hijo mío, Alejandro, te escribo esta carta para decirte que la gran mayoría de mis teorías a la ley natural son falsas. Siento que he salvado mi alma al admitir mi error. Espero que no se me considere culpable por el pasado, pues he actuado por ignorancia. Sé que tu me alabas y me dices que soy famoso en todo el mundo a causa de los libros que he escrito. Aquellos que se consagran a la Torá obtendrán la vida eterna, mientras los que se dedican a leer mis libros obtendrán el sepulcro. No te escribí antes porque temí que te enfadaras conmigo y tal vez hasta me hicieras daño. Pero ahora he tomado la decisión de decirte la verdad. Sé que cuando recibas la carta ya estaré muerto y enterrado, pues soy consciente de que se acerca el fin.

Me despido con saludos de paz, Alejandro de Macedonia, gran emperador y soberano.
Tu maestro,

Aristóteles







NOTA DESCONTEXTO: Consideramos este texto de carácter apócrifo y -probablemente- falso, pero no deja de ser llamativo el sutil y -a la vez- brutal intento de invalidar de esta manera la base aristotélica de buena parte del desarrollo cultural de occidente.









sábado, noviembre 14, 2009

"La Novela De Mosiú Tabarie", de Álvaro Cunqueiro






Je luy donne ma librame, et le
Romman du Pet au Diable,
lequel maistre Gui Tabarie
grossoya, qu'est hom verítable.
Par cayers est soubz une table.
Combien qu'íl soit rudement faíct,
la matiére es sí tres notable,
qu'elle amende tout le meffaict.

François Villon: Grand Testament




Pues este verano encontré —iba el río seco, y la gente y el ganado pasaban enjutos por los pasos de la Valifia, yo tuve la barca amarrada en el padrón, y me sobró tiempo para holgar en la casa—; encontré, digo, dos entregas de la "Novela del Pedo del Diablo" que me regaló el moro Alsir, y leyéndolas, puestos los anteojos que ahora cotidianamente preciso, me eché a reír, y me vienen ahora ganas de contar lo principal de esta novela, que del demonio que en ella se habla, Cobillón titulado, nos llegaron noticias a Miranda cuando tuvo mi amo que viajar a Gaula a quitarle el aroma de azufre a un condado de aquel reino, y fue que primero creyeron que dieran con una mina, e inquiriendo, inquiriendo, salió que no era más que una bandería de demonios que Lucifer Mayoral mandara vaciar sobre Inglaterra, y que dejara allí, en una cueva, la ropa vieja. Con el azufre que tenían aquellos harapos se podía azufrar medio Ribeiro. Este Cobillón era un demonio muy fino, que estudiara para perfumista en Florencia de Italia, donde tomó la costumbre de bañarse en agua franchipana. Contaba la novela que había en Soria una viuda moza muy devota de San Ciríaco, y siendo rica por su casa, y bien heredada del difunto, quería levantar al santo una ermita justamente en una montiña donde acostumbraban pasar los calores del tiempo de la siega las brujas de tierra de Osma. Requirieron estas toledanas para volver a la viuda del acuerdo a un demonio bostezador y aragonés, pero pronto supo la viuda que quien la tentaba era el demonio, porque tenía un olfato sutil y venteador, y cazaba los olores malignos que pasaban volando. Se buscó entonces en toda la Satanía un demonio que no diese señales de azufre y tuviese humano perfume, y no había otro preparado sino Cobillón, que estaba por aquella estación en París perfumando francesas. Ya había buscado albañiles la viuda, y corría prisa torcerle la intención. Llegó a Soria, pues, Cobillón, vestido de cuatro puntillas, haciéndose pasar por pariente de los linajes sorianos, dando propinas y limosnas, y anunciando que por un casual traía en el bolsillo un pomo con agua destilada de la barba de San Ciriaco. Saberlo la viuda y convidarlo a chocolate todo fue uno, y Cobillón iba de levita verde y bastoncillo de plata, cadena de oro en el chaleco, y colgado de ella, el pomito con el agua de San Ciríaco. La viuda, este es el caso, se enamoró en un repente de aquel dionisio, que le dio a oler el agua de San Ciríaco y le prometió teñirle con camomila de Malta un lunar con pelo que tenía en la barbilla, y la invitaba, sin más demoras, a partir para Tarragona, donde tenía su palacio, y los podría casar su capellán, que era primo del señor primado. Doña Florínda, que así se llamaba aquella viuda, pidió un día para contestar, que Cobillón le concedió de grado. Y en aquel día de plazo, un ama seca que fuera del difunto y que andaba en las labores de la casa, le sopló a la viuda si no sería otro demonio el pretendiente. Doña Florinda se confesaba que sólo venteaba rosas, agua franchipana y licor del Polo en aquel galán, cuyas miras de casamiento le derretían las mantecas, que en verdad eran lucidas, blancas y apetitosas, pero no dejaba de imaginar cómo descubrir el engaño, si de verdad lo había en aquel trato. Cobillón, por la chimenea, oyera la conversación de la viuda con el ama seca, y dispuso de todos sus perfumes para no delatarse: se bañó en agua franchipana como solía, lavó los pies con secante de lirio, engomó los rizos con miel de rosas, y para disfrazar los alientos, bebió un frasco de vino de nardo. La viuda le contó a Cobillón el caso del demonio bostezador, y cómo andaban las brujas trastornando sus planes de hacer la ermita de San Ciríaco, y el miedo que ella tenía de ser tentada del demonio mayor y su selección de cornudos. Y con lágrimas en los ojos, y pidiéndole perdón por estar tan enamorada, requirió la viuda a Cobillón a que soltase un viento, a ver a qué olía, Cobillón se hizo rogar, pero viendo que la viuda seguía llorando, y suponiendo él, con su saber de demonio, que el vino aromado que bebiera ya estaría en las tripas bajas, juntó fuerzas y soltó un grande y sonoro meteoro, que tal tamborileó en sus bragas ceñidas como redoble de parada. Y toda aquella cámara se llenó de un dulcísimo aroma de nardo florido, con lo cual la viuda se echó en los brazos del demonio Cobillón. Cobillón la llevó en carroza a Tarragona, y en la espuerta de la carroza iba en dos arcas el oro de la viuda, y ya se veían a lo lejos las torres primadas, cuando Cobillón, entre beso y beso le pidió a doña Florinda que atendiese a un nuevo perfume, y mismo en la nariz aquella tan sutil le soltó una vaharada de azufre, gritándole entre risas que se acostaba con un maligno adoctrinado. La viuda se murió de dolor, sin apearse de la carroza, y Cobillón, con el oro se volvió a París de perfumista.

Cuento esta novela porque fue la primera que leí, y mucho le gustaba a mi amo que la contase, máximo cuando habíamos comido al almuerzo castañas, y en llegando al viento de la carroza yo decía: ¡con perdón de los presentes!, y hacía mi gracia. También la cuento para que se vea en qué fiestas pasábanlos los inviernos en Miranda, cuando venía el tiempo de las nevadas, se cegaba de agua el camino de la vega, y los perros ladraban al lobo que pasaba de día al pie de las casas. ¡Ojalá volvieran tiempos idos!





en Merlín y familia, 1955











viernes, noviembre 13, 2009

"Los de Chile y los holandeses", de Francisco de Quevedo





Dio una tormenta en un puerto de Chile con un navío de holandeses, que, por su sedición y robos, son propiamente dádiva de las borrascas y de los furores del viento. Los indios de Chile que asistían a la guarda de aquel puerto, como gente que en todo aquel mundo vencido guarda belicosamente su libertad para su condenación en su idolatría, embistieron con armas a la gente de la nave, entendiendo eran españoles, cuyo imperio les es sitio y a cuyo dominio perseveran excepción. El capitán del bajel los sosegó, diciendo eran holandeses y que venían de parte de aquella República con embajada importante a sus caciques y principales, y acompañando estas razones con vino generoso, adobado con las estaciones del norte, y ablandándolos con butiro y otros regalos, fueron admitidos y agasajados. El indio que gobernaba a los demás fue a dar cuenta a los magistrados de la nueva gente y de su pretensión.

Juntáronse todos los más principales y mucho pueblo, bien en orden, con las armas en las manos. Es nación tan atenta a lo posible y tan sospechosa de lo aparente, que reciben las embajadas con el propio aparato que a los ejércitos.

Entró en la presencia de todos el capitán del navío, acompañado de otros cuatro soldados, y por un esclavo intérprete le preguntaron quién era, de dónde venía y a qué y en nombre de quién. Respondió, no sin recelo de la audiencia belicosa:

- Soy capitán holandés; vengo de Holanda, República en el último occidente, a ofreceros amistad y comercio. Nosotros vivimos en una tierra que la miran seca con indignación debajo de sus olas los golfos; fuimos, pocos años ha, vasallos y patrimonio del grande monarca de las Españas y Nuevo Mundo, donde sola vuestra valentía se ve fuera del cerco de su corona, que compite por todas partes con el que da el sol a la tierra. Pusímonos en libertad con grandes trabajos, porque el ánimo severo de Felipe II quiso más un castigo sangriento de dos señores que tantas provincias y señorío. Armónos de valor la venganza desta venganza, y con guerras de sesenta años y más, continuas, hemos sacrificado a estas dos vidas más de dos millones de hombres, siendo sepulcro universal de Europa las campañas y sitios de Flandes. Con las vitorias nos hemos hecho soberanos señores de la mitad de sus Estados, y, no contentos con esto, le hemos ganado en su país muchas plazas fuertes y muchas tierras, y en el oriente hemos adquirido grande señorío y ganándole en el Brasil a Pernambuco, la Parayba, y hecho nuestro el tesoro del palo, tabaco y azúcar, y en todas partes, de vasallos suyos, nos hemos vuelto su inquietud y sus competidores. Hemos considerado que, no sólo han ganado estas infinitas provincias los españoles, sino que, en tan pocos años, las han vaciado de tan innumerables poblaciones y poblándolas de gente forastera, sin que de los naturales guarden aún los sepulcros memoria, y que sus grandes emperadores y reyes, caciques y señores, fueron desaparecidos y borrados en tan alto olvido, que casi los esconde con los que nunca fueron. Vemos que vosotros solos, o sea bien advertidos o mejor escarmentados, os mantenéis en libertad hereditaria y que en vuestro coraje se defiende a la esclavitud la generación americana. Y como es natural amar cada uno a su semejante, y vosotros y mi república sois tan parecidos en los sucesos, determinó enviarme por tan temerosos golfos y tan peligrosas distancias a representaros su afecto, buena amistad y segura correspondencia, ofreciéndoos, como por mí os ofrece, para vuestra defensa o pretensiones, navíos y artillería, capitanes y soldados, a quienes alaba y admira la parte del mundo que no los teme, y para la mercancía, comercio en sus tierras y estados, con hermandad y alianza perpetua, pidiendo escala franca en vuestro dominio y correspondencia igual en capitulaciones generales, con cláusula de amigos de amigos y enemigos de enemigos, y, por más demostración, en su poder grande os aseguran muchas repúblicas, reyes y príncipes confederados.

Los de Chile respondieron con agradecimiento, diciendo que para oír bastaba la atención; mas, para responder, aguardaban las prevenciones del Consejo; que a otro día se les respondería a aquella hora.

Hízose así, y el holandés, conociendo la naturaleza de los indios, inclinada a juguetes y curiosidades, por engañarles la voluntad, les presentó barriles de butiro, quesos y frasqueras de vino, espadas, y sombreros, y espejos y, últimamente, un cubo óptico, que llaman antojo de larga vista.

Encarecióles su uso, y con razón, diciendo que con él verían las naves que viniesen a diez y doce leguas de distancia y conocerían por los trajes y banderas si eran de paz o de guerra, y lo propio en la tierra, añadiendo que con él verían en el cielo estrellas que jamás se han visto y que sin él no podrían verse; que advertirían distintas y claras las manchas que en la cara de la luna se mienten ojos y boca, y en el cerco del sol una mancha negra, y que obraba estas maravillas porque con aquellos dos vidrios traía al ojo las cosas que estaban lejos y apartadas en infinita distancia. Pidiósele el indio que entre todos tenía mejor lugar. Alargóse el holandés en sus puntos, doctrinóle la vista para el uso y diósele. El indio le aplicó al ojo derecho, y, asestándole a unas montañas, dio un grande grito, que testificó su admiración a los otros, diciendo había visto a distancia de cuatro leguas ganados, aves y hombres, y las peñas y matas tan distintamente y tan cerca, que aparecían en el vidrio postrero incomparablemente crecidas. Estando en esto, los cogió la hora, y zurriándose en su lenguaje, al parecer razonamientos coléricos, el que tomó el antojo, con él en la mano izquierda, habló al holandés estas palabras:

- Instrumento que halla mancha en el sol y averigua mentiras en la luna y descubre lo que el cielo esconde es instrumento revoltoso, es chisme de vidrio, y no puede ser bienquisto del Cielo. Traer a sí lo que está lejos, es sospechoso para los que estamos lejos: con él debistes de vernos en esta gran distancia, y con él hemos visto nosotros la intención que vosotros retiráis tanto de vuestros ofrecimientos. Con este artificio espulgáis los elementos y os metéis de mogollón a reinar: vosotros vivís enjutos debajo del agua y sois tramposos del mar. No será nuestra tierra tan boba que quiera por amigos los que son malos para vasallos, ni que fíe su habitación de quien usurpó la suya a los peces. Fuistes sujetos al rey de España, y, levantádoos con su patrimonio, os preciáis de rebeldes, y queréis que nosotros, con necia confianza, seamos alimento a vuestra traición. Ni es verdad que nosotros somos vuestra semejanza, porque, conservándonos en la Patria que nos dio la naturaleza, defendemos lo que es nuestro, conservamos la libertad, no la robamos, Ofrecéisnos socorro contra el rey de España, cuando confesáis le habéis quitado el Brasil, que era suyo. Si a quien nos quitó las Indias se las quitáis, ¿cuánta mayor razón será guardarnos de vosotros que dél? Pues advertid que América es una ramera rica y hermosa, y que, pues fue adúltera a sus esposos, no será leal a sus rufianes. Los cristianos dicen que el Cielo castigó a las Indias porque adoraban a los ídolos, y los indios decimos que el Cielo ha de castigar a los cristianos porque adoran a las Indias. Pensáis que lleváis oro y plata y lleváis invidia de buen color y miseria preciosa.

Quitáisnos para tener que os quiten: por lo que sois nuestros enemigos, sois enemigos unos de otros. Salid con término de dos horas deste puerto, y si habéis menester algo, decidlo, y si nos queréis granjear, pues sois invencioneros, inventad instrumento que nos aparte muy lejos lo que tenemos cerca y delante de los ojos, que os damos palabra que con éste, que trae a los ojos lo que está lejos, no miraremos jamás a vuestra tierra ni a España. Y llevaos esta espía de vidrio, soplón del firmamento, que, pues con los ojos en vosotros vemos más de lo que quisiéramos, no le habemos menester. Y agradézcale el sol que con él le hallaste la mancha negra, que si no, por el color intentárades acuñarle y de planeta hacerle doblón.













Capítulo XXXVI en La hora de todos y la fortuna con seso, 1636









jueves, noviembre 12, 2009

“Mañana difunta”, de Ciro Alegría







Tal vez llegarían mejores tiempos. Porque todo tiene su hora justa y nadie debe quedarse sin su ración de bienandanza. Los momentos buenos llegan de pronto, llegan algún día. Nítido cielo azul arriba. Esplendían los techos rojos y pardos de las casas. Un pájaro cruzó raudamente, con su antigua sabiduría de avión edénico, volando hacia las zonas de la dicha. Por la ventana entraba un aire diáfano. De la de una vecina, colgaban ropas de niño puestas a secar. Amarillas, verdes, violetas, blancas. Un niño se llamaba Charlito. Había llorado la noche pasada pero ahora todo estaba en silencio. Y la paz tenía esa tranquilidad germinal de las mujeres grávidas. Algo anunciaba la propicia donación que, en un lugar impreciso, preparaba la vida. Esa antena de radio, fina y gallarda, debía saber. Tenían un gesto atento sus oídos metálicos. Lo callado se hacía en ellos voz. Porque el hombre conoce únicamente cierta parte de la vida de la materia. Debe estar llena de energías y voces ocultas, latentes, que no se esquivan y sólo esperan que el índice presione el botón exacto, que la mano acierte con el nítido pulso de sus venas y el oído descubra el ritmo de su maravilloso corazón.

Mientras tanto, ella sabe y da. Conjugando todas sus fuerzas, las aprehensibles e inaprehensibles, en alguna latitud, quizá a la vuelta de la esquina, estaría gestando su bello presente. Para el cuerpo y para el alma. Para el cuerpo y el alma de Nicolás Rivera. Para él. Sin duda para él mismo, como para tantos. En verdad, siempre había esperado vagamente eso y sin duda ahora iba a llegar. Lo sentía en el ambiente, en el hálito luminoso y potente de los anchos espacios y en el fácil ritmo de su sangre. También en la hebilla del cinturón y en los botones del chaleco y en el nudo de la corbata. (Se encontraba vistiéndose). Su buen humor obedecía seguramente a una razón. El corazón tiene, a veces, adivinaciones inexplicables. Y además estuvo silbando alegremente. Silbando alegremente un aire viejo y nuevo siempre y siempre renovado como el oxígeno del aire. No podía recordar si fue acaso el Preludio VIII de Bach. La brisa llevaba un grato olor a jabón. Toda la vida se había levantado y estaba limpia y apta. Iniciábase un magnífico día. Adelante, Nicolás Rivera. Salió.

En la esquina, el mismo diario le dijo que el mundo continuaba siendo el mismo. Por las calles trotaban los mismos tranvías ahítos y desvencijados. En la oficina, el mismo libro de cuentas le mostró los mismos números insospechablemente rígidos. ¿Qué fue de lo sorprendente, lo bueno y lo hermoso? Nicolás Rivera vaciló. Sus ojos aún buscaron sobre la mesa. Después, con el gesto de quien se rinde, cogió la pluma y se puso a alinear cifras mudas. Así murió una promisora mañana.






en Siete cuentos quirománticos, 1978











miércoles, noviembre 11, 2009

"Invierno para beber", de Vicente Huidobro

Traducción de Juan Carlos Villavicencio





El invierno ha llegado invitado por alguien
Y las miradas migran hacia el calor conocido
Esta noche el viento arrastra sus bufandas de viento
Mis queridas aves tejen un techo de cantos en las avenidas

Oigan crepitar el arcoíris mojado
Se ha sometido bajo el peso de las aves

La amargura teme a las inclemencias del tiempo 
Pero nos queda un poco de ceniza del atardecer 
Cómo te duelen las golondrinas de mi pecho 
Sacudiendo todavía ese silencio vegetal

Seducciones de vestíbulo en grados de aguardiente 
Vamos a alejarnos del carruaje de las nieves
Bebo tus miradas lentamente en exactas calorías

El salón se infla con el vapor de las bocas 
Cuelgan de la lámpara las miradas congeladas 
Y hay moscas
En los suspiros petrificados

Los ojos están llenos de un líquido viajero
Y cada ojo tiene un perfume especial
El silencio es una planta que crece desde el interior 
Si el corazón mantiene constante el calor que emana

Afuera se acerca el carruaje de nieve 
Llevando su termómetro de ultratumba
Y me duermo con el ruido del piano lunar 
Cuando las nubes se retuercen y la lluvia cae

Cae

Nieve con gusto a universo 
Cae
Nieve que huele a alta mar
Cae

Nieve perfecta de los violines 
Cae
La nieve sobre las mariposas

Cae
Nieve hecha de copos de olores 
La nieve en un tubo inconsistente

Cae
Nieve al paso de una flor
Está nevando nieve en todos los rincones del tiempo

Simiente de sonidos de campanas
En los naufragios más lejanos 
Reconforten sus lamentos en los bolsillos 
Porque el cielo peina sus nubes antiguas 
Siguiendo los gestos de nuestras manos

Lágrimas astrológicas sobre nuestras miserias
Y sobre la cabeza del patriarca guardián del frío 
El cielo pinta de blanco nuestra atmósfera
Entre las palabras a mitad de camino congeladas

Ahora que el patriarca duerme
La nieve se desliza 
                                                     se desliza
De su refinada barba






en Automne régulier, 1925



Traducción en Una tumba en otro mar
Descontexto Editores, 2023













martes, noviembre 10, 2009

“Autorretrato”, de Pablo Neruda







Por mi parte, soy o creo ser duro de
nariz, mínimo de ojos, escaso de pelos
en la cabeza, creciente de abdomen,
largo de piernas, ancho de suelas,
amarillo de tez, generoso de amores,
imposible de cálculos, confuso de
palabras, tierno de manos, lento de
andar, inoxidable de corazón,
aficionado a las estrellas, mareas,
maremotos, administrador de
escarabajos, caminante de arenas,
torpe de instituciones, chileno a
perpetuidad, amigo de mis amigos,
mudo de enemigos, entrometido entre
pájaros, mal educado en casa, tímido
en los salones, arrepentido sin objeto,
horrendo administrador, navegante de
boca, y yerbatero de la tinta, discreto
entre los animales, afortunado de
nubarrones, investigador en mercados,
oscuro en las bibliotecas, melancólico
en las cordilleras, incansable en los
bosques, lentísimo de contestaciones,
ocurrente años después, vulgar
durante todo el año, resplandeciente
con mi cuaderno, monumental de
apetito, tigre para dormir, sosegado en
la alegría, inspector del cielo nocturno,
trabajador invisible, desordenado,
persistente, valiente por necesidad,
cobarde sin pecado, soñoliento de
vocación, amable de mujeres, activo
por padecimiento, poeta por maldición
y tonto de capirote.







en Antología Fundamental, 1988