viernes, noviembre 06, 2026

«Noticia, 20 de marzo de 2007», de Sergio Infante



(1947-2026)


Dice el periódico que se mueren los grandes ríos.
Ya agoniza el Yangtzé.
El Mekong, el Salweem, el Ganges,
el Indo, el Danubio, el de la Plata,
el Bravo, llamado también Grande,
el Nilo-Lago Victoria
y el Murria Darling
agonizan.

Se mueren de verdad,
y no habrá mar para el morir de esos ríos.
Omite, no obstante, la noticia
que el entierro de cada río
siempre precede a su muerte.
No se cierra la tumba de un río,
el lecho cuarteado, polvoriento,
señala el curso de esa muerte.

Se despoblarán las ciudades a las orillas de esa muerte.

Y, por inercia, en las escuelas, los niños
aprenderán de memoria que los antiguos
construían sus viviendas junto a las frescas riberas,

y de no contarse con el registro
de viejas imágenes (el chorro luminoso
que arrastra hasta un telón el espectro
de un caudal: la tromba recostada
que penetra y perpetua gana la calma
entre el verde del océano y la espuma),
habrá que explicar, a esos niños,
lo que era la desembocadura de un río
como quien explica la noción
de la nada, del vacío o del vértigo.
















 

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