miércoles, septiembre 16, 2026

«Antígona furiosa», de Griselda Gambaro

Fragmento


(1928-2026)


CORIFEO: Seré inflexible.

ANTÍGONA: Lo sé.

CORIFEO: Nada modificará mi decisión.

ANTÍGONA: No intentaré cambiarla.

CORIFEO: Me alegro. Uno desea hijos sumisos que devuelvan al enemigo de su padre mal por mal y honren a los amigos.

ANTÍGONA: Es justo.

CORIFEO: La anarquía es el peor de los males. Quien transgrede la ley y pretende darme órdenes, no obtendrá mis elogios. Sólo confío en quienes obedecen.

ANTÍGONA: No osaría decir que tus palabras no son razonables. Sin embargo, también otro puede hablar con sensatez. Tu mirada intimida. Yo puedo oír lo que dice la gente. ¿No merece ella recompensa y no castigo?

CORIFEO: Esa mujer se te subió a la cabeza.

ANTÍGONA: Hablo con mi razón.

CORIFEO: Que tiene voz de hembra. No hay abrazos más fríos que los de una mujer perversa, indómita.

ANTÍGONA: ¿Perversa? Indómita.

CORIFEO: Como esa. Escupile en la cara y que busque un marido en los infiernos.

ANTÍGONA: Le escupiré. (Un silencio. Se lleva la mano a la cara) No me escupió, Creonte.

CORIFEO (sale de su carcasa y enfrenta a ANTÍGONA): Debieras estar orgullosa.

ANTÍGONA: ¿De qué?

CORIFEO: De que un mocito como Hemón pretenda dar lecciones a su padre, ¡el rey!

ANTÍGONA: Si soy joven, no atiendas a mi edad sino a mis actos. Del orgullo de Hemón, estoy orgullosa.

CORIFEO (se aparta hacia la mesa, ultrajado): ¡Juventud!

ANTINOO: Ahora pasa todo liso, pero ¡qué discusión! Se oía hasta en la esquina.

CORIFEO: Si levantó la voz, estaba justificado.

ANTINOO: Dijiste, ¡qué juventud!

CORIFEO: ¿Y qué? No me refería a Hemón. Habló por nosotros. Dijo lo que todos pensábamos.

ANTINOO (turbado): ¿Qué? (Se toca la cabeza)

CORIFEO: La condenaste injustamente.

ANTINOO: ¡Eso!

CORIFEO: ¿Qué abogados tuvo? ¿Qué jueces? ¿Quién estuvo a su lado?

ANTINOO: ¿Su padre?

CORIFEO: ¡No tiene!

ANTINOO: ¿Su madre? (Señal rápida de negación del CORIFEO) ¿Sus hermanos? (Idem) ¿Sus amigos? La agarró y decidió: a ésta la reviento.

CORIFEO: Y nosotros decimos: ¿Cómo? ¿Precisamente ella condenada? No toleró que su hermano, caído en combate, quedara sin sepultura. ¿No merece esto recompensa y no castigo?

ANTINOO (contento): ¡Eso decimos!

CORIFEO: De lo que decimos, Creonte se... (gesto)

ANTÍGONA: El clamor público nace siempre de palabras secretas. Quien cree que sólo él piensa o habla como ninguno es puro vacío adentro.

ANTINOO: ¡Habló muy bien Hemón!

CORIFEO: ¡También Creonte! Dijo: Sólo confío en quienes obedecen. No quebrantarán la ley.

ANTINOO (muy turbado): ¡Sólo uno debe hablar bien para que no tengamos indecisiones!

CORIFEO: Yo las resuelvo. (Majestuoso, avanza hacia la carcasa, pero se detiene a mitad de camino. Se vuelve hacia ANTÍGONA) La ciudad pertenece a quien la gobierna.

ANTÍGONA: Solo, podrías mandar bien en una tierra desierta.

CORIFEO: ¡Ahí está! La frase.

ANTINOO (muy turbado): ¡Sigo en lo mismo! ¿A quién pertenece la razón?

CORIFEO: Y se insultaron. Creonte lo llamó estúpido, ¡y Hemón le dijo que hablaba como un imberbe!

ANTINOO: ¿Al padre?

CORIFEO: ¡Al padre! ¡Jamás la desposarás viva!, dijo Creonte.

ANTINOO: ¡Bien!

CORIFEO: Morirá, pero no morirá sola, contestó Hemón.

ANTINOO: ¡Qué audacia!

CORIFEO: ¿Cuál? ¿Refutar palabras tontas?

ANTINOO: ¡No eran tontas!

CORIFEO (lo mira amenazador: Bruscamente sonríe): Puede ser... Mi defecto es conmoverme fácilmente.

ANTÍGONA: Creonte me mandó a llamar —yo, engendro aborrecido para que muriera en presencia de Hemón y bajo sus ojos.

CORIFEO: No lo consiguió. ¡Hemón no quiso!

ANTÍGONA: Sé que no quiso.

CORIFEO: ¡Ella no morirá en mi presencia —dijo Hemón— y tus ojos jamás me volverán a ver! (Se levanta) Con amigos complacientes podrás librarte a tus furores. ¡Jamás m e volverás a ver!

ANTINOO: ¡Sentate! ¡No me dejés solo!

CORIFEO: ¿Por qué? ¿De qué tenés miedo?

ANTINOO: ¡De nada! (Confidencial) Me atreví a decirle a Creonte que Hemón estaba muy desesperado. Cosa grave a su edad.

CORIFEO: ¿Y eso qué vale? ¿Qué arriesgaste? ¡Yo, yo le pedí por Ismena! ¿Cuál era su culpa? Haber escuchado a la loca. No tocó el cadáver.

ANTINOO: Creonte no es insensato.

CORIFEO: La perdonó.

ANTINOO: Sí, ¿y después?

CORIFEO: Después, ¿qué?

ANTINOO: La arreglaste. Qué muerte tendrá Antígona, preguntaste amablemente.

CORIFEO: Ya estaba decidido. ¿Qué podía cambiar? La ocultaré en una cueva cavada en la roca, con alimentos para un día.

ANTÍGONA: Hice mi último viaje.

CORIFEO: Allí, ella podrá invocar a la muerte, pidiéndole que no la toque.

ANTÍGONA: Que no me toque. ¡No me toqués, oh, muerte!

CORIFEO: O se dará cuenta, un poco tarde, cómo es superfluo irle con peticiones de vida.

ANTÍGONA: Y sin embargo, yo pido.

CORIFEO (tristemente): Superfluo, ¡pero gratis!

ANTÍGONA: Pedí por la luz del sol. Mis ojos, no saciados por la luz.

CORIFEO: ¡Amor, amor! ¡Qué desastre! Lo digo por Hemón. Vence el deseo, ¿y dónde quedan las leyes del mundo?

ANTINOO: Sí, sí, ¿pero qué tienen que ver las leyes con Antígona? La miro y…

CORIFEO: Avanza hacia el lecho donde todos tenemos que acostarnos.

ANTÍGONA: Hice mi último viaje. Decir «la última vez». (La voz se le deforma) Última vez. Saber... que más allá no hay luz, ninguna voz. La muerte, que duerme todo lo que respira, me arrastra hacia sus bordes. No conocí noche de bodas, cantos nupciales. Virgen voy. Mi desposorio será con la muerte.

CORIFEO: Te olvidás de las ventajas: te encaminás a las sombras con gloria, ensalzada.

ANTINOO: ¡Todo el mundo te aprueba!

CORIFEO: ¡Sin enfermedades, sin sufrimientos!

ANTINOO: ¡Sin achaques de vejez!

CORIFEO: Por propia voluntad, podría decirse, entre todos nosotros, descenderás libre y viva a la muerte. ¡No es tan trágico!

ANTÍGONA: Como Niobe, el destino va a dormirme bajo un manto de piedra.

CORIFEO: Pero Niobe era una diosa y de dioses nacida. Nosotros mortales y nacidos de mortales.

ANTINOO: ¡Es algo grandioso oírle decir que comparte el destino de los dioses!

(Ríen)

ANTÍGONA: ¡Se ríen de mí!

CORIFEO: ¡No, no!

(Ríen)

ANTÍGONA: ¿Por qué ultrajarme antes de mi muerte, cuando respiro todavía?

CORIFEO: Bueno, ¡fue una broma! ¡No te ofendas! (Tentados, ríen apretando los labios, tragándose la risa)

ANTÍGONA: Oh, ciudadanos afortunados, sean testigos de que nadie me acompaña con sus lágrimas...

CORIFEO: ¡Dios mío, empieza a compadecerse!

(Intenta huir)

ANTÍGONA: Que las leyes, ¡qué leyes!, me arrastran a una cueva que será mi tumba. Nadie escuchará mi llanto, nadie percibirá mi sufrimiento. Vivirán a la luz como si no pasara nada. ¿Con quién compartiré mi casa? No estaré con los humanos ni con los que murieron, no se me contará entre los muertos ni entre los vivos. Desapareceré del mundo, en vida.

CORIFEO (bondadosamente): El castigo siempre supone la falta, hija mía. No hay inocentes.

ANTINOO (bajo): ¿Nunca? (Se recompone) Lo apruebo: ¡muy bien dicho!

CORIFEO: Y si el castigo te cayó encima, algo hiciste que no debías hacer. ¿Qué pretendés? Llevaste tu osadía al colmo, te caíste violentamente.

ANTINOO: ¡Pum! 

ANTÍGONA: ¡Ay, qué aciaga boda conseguiste para mí, hermano! Con tu muerte me mataste cuando te sobrevivía.

ANTINOO: ¡Me parte el corazón!

CORIFEO: A mí también. Pero el poder es inviolable para quien lo tiene. ¿Cómo se le ocurrió oponerse? No te quejes, amiga mía, no se puede pagar un destino tan dentro y tan fuera de la norma con moneda de cobre.

ANTINOO: La perdió su carácter.

CORIFEO: Hubiera escuchado consejos. ¡Nuestros consejos!

ANTÍGONA: ¡El sol! ¡El sol!

CORIFEO: Ahí está. Míralo por última vez.




1988





Foto original de Sara Facio, 1970
















 

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