viernes, marzo 13, 2026

«La merma», de María Moreno

Fragmento





¿Cómo puede hacerlo? ¿Crear un fantasma donde todavía, aunque pléjico, se mantiene conservado? Si estuviera ausente, el fantasma sería posible hasta el dolor mismo. Si me habré hecho ilusiones con ese muñón limpio que se soñaba hachando un árbol o disparando un arma. Pero no cuando era un miembro inútil. Deberé investigar si es posible o una alucinación. Mi mano derecha tiene su propia vida que yo no domino, pero puedo sentir. Duele a veces como si estuvieran oprimiéndola, aunque suelo pescarla quieta sobre su plataforma. También es fingidora y nueva rica: nunca siento que sostiene una plasta o una verdura cruda, o una escoba —esa acción no formaba parte de su experiencia habitual—. Solo plumas o papeles. Anteojos muy nítidamente. No inventa. Recrea su pasado. No todo. Nunca toca mierda aunque lo haya hecho, ni agua turbia del río que tantas veces ahuecó con su torpe brazada. Ni tocó el pomo de la cadena del váter en la casa vieja. La pobrecita nos da una lección de cómo recordamos: eligiendo lo que nos causa placer. Ella debe gritar bajo el efecto de un trauma cuando se pone a doler hasta hacerme llorar. Lo más pordiosero que le sentí fue un papelito arrugado, ¿un trozo de manuscrito desechado? ¡Si yo no desecho nada! Borro, mando a la basura virtual. ¿Interpreta mi deseo de ser de las antiguas? Colette, Virginia, Katherine. Un bollo pequeño y prolijo que podría ser de una novela, pero nunca norteamericana, que sería un bollo más grande, más macho, escrito y golpeado a máquina, varios bollos. ¿Cómo sé que es un bollo de dama? Porque es pequeño y discreto, no abollado con furia. Una lección de urbanidad para alguien como yo, que comía como un cerdo mucho antes del accidente, no hay fantasma de lo que todavía sobrevive.




Publicado por Random House, 2025














No hay comentarios.: