Acaso sea el más horripilante de los monstruos. Nadie ha podido abarcar su estatura prodigiosa con una mirada; hirsutos pelos le nacen por todo su cuerpo deforme y repugnante. Tiene muchos pies y muchos brazos, y garras de cuervo y testículos de mono arracimados por todo el cuerpo. Posee órganos de distintos animales y sus llameantes ojos nadie ha podido mirarlos sin desplomarse muerto. Pero hay quien dice que es una sombra y que nadie puede verdaderamente verlo. No camina, más bien se desliza por la tierra dejando un rastro de árboles destrozados y animales muertos a su paso. Su voz (que la tiene) es un grave sonido gutural y monocorde que deja sordos o paralizados a los hombres. En realidad, su aterradora cercanía la perciben todos los sentidos a la vez y lo más prudente será alejarse cuanto antes del lugar para no respirar el vaho mortífero de su aliento ponzoñoso.
Sale por las noches, ciertas noches que le parecen apropiadas para descuartizar a los hombres, cuya carne devora, y para beberse la sangre de los niños. Su presencia inficiona las plantas, convierte en polvo las cosechas y provoca las pestes y la desolación. Leonardo da Vinci casi dirá lo mismo del Basilisco: «Echa a perder los trigos y los sembrados, pero no solamente a los que toca: en todo lo que alcance su aliento seca las hierbas y parte las piedras».
Cuando ya ha perpetrado su carnicería, el Kakasbal se reintegra a lo oscuro y a la nada antes de que salga el sol. Se cuenta que desde los tiempos viejos transmitió al hombre la parte mala que todo ser humano posee en su naturaleza.
Tiene el Kakasbal ilimitado poder de transfiguración y así se convertirá en un pájaro de mal agüero como en un insecto diminuto o en un ser humano perfectamente dotado. Pudiera ser, en cierto momento, todos los monstruos que aterrorizan al hombre maya, a la vez.
¿Existe algún elemento de inteligente sarcasmo en la desquiciada personalidad del Kakasbal, cuanto que, devoradas ya las carnes de sus víctimas, acude a la casa de estas, sólo para dejar a las puertas y para horror de los familiares, la constancia de su carnicería, es decir los huesos sobrantes del banquete?
Los poetas y los storytellers de Yucatán aprovecharon libremente el tema truculento del Kakasbal en sus narraciones durante el siglo pasado y a los comienzos del presente, lo mismo que las madres y las nanas mayas de esa época que hallaron muy práctica la amenaza de hacer venir al Kakasbal para escarmentar a los niños rebeldes. Rosado Vega, que a veces confunde al Kakasbal con el Uay poop, dice, que a veces canción de cuna:
Duérmete, mi niño, duérmete,
si no vendrá el Kakasbal
y en sus alas de petate
consigo te llevará...
Los niños de Yucatán le tenían más miedo al Kakasbal local que al ya entonces desgastado coco español.
en Fantasmas mayas, Prelasa, 1982

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