Gracias sean dadas
por la existencia del espino
por la hierba quemada por el sol
por la quietud de la roca en el cerro.
Mi ojo ciñe este paisaje
y pienso que sí, que sería bello
dejarse acunar por esta ruta muerta
y contemplar un minuto largo
tu futuro sin miedo, en blanco
y todo tu pasado, sin remordimiento
sólo estar allí, no ahí
clavado a un presente eterno
la mano desasida de todo
la dura tregua del deseo.
Publicado en el poemario En fin, Lecturas Ediciones, 2024
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