jueves, diciembre 21, 2017

"Y si todo fuera lo que es". Presentación de Poesía Cero, antología de Carlos Cociña, de Carlos Soto Román







Hace algunas semanas el poeta Jaime Pinos presentó en Arica un texto sobre la poesía como investigación de la realidad. Literatura en base a hechos, al contrario de la angustia y la nostalgia románticas. Una poesía que en vez de expresar sentimientos busca la relación entre los hombres y lo factual. La realidad es el único libro que nos quita el sueño, decía Lihn. Poesía entonces para enfrentar esa realidad y no para escapar de ella. Dentro de los poetas que según Pinos caen en este registro: Gonzalo Millán, Rodrigo Lira, José Ángel Cuevas, Elvira Hernández y Carlos Cociña.

“El compromiso con la realidad está en que la utilización de la lengua sea una verdad. En que su contemplación y su inteligibilidad sean parte de la realidad, para contemplarla, entenderla, para tener una nueva capacidad de auscultarla e intervenir en ella” dice el propio poeta.

Entro en el epílogo. Tomo prestado de él.

El trabajo de Carlos Cociña ha sido desde sus inicios uno de los mejores ejemplos de poesía documental en Chile, por cuanto se sirve de fuentes ajenas a la literatura para así construir, entretejer, un relato que impresiona por su pulcritud, elegancia y profunda sonoridad. Estableciendo un concubinato con un lenguaje anterior, su materia prima es lo nombrado, lo que ya existe en otros campos. Allí el autor usa y abusa. Recicla, reutiliza. Roba palabras, discursos, ideas, estructuras y las pone al servicio del acto creativo, actualizando el léxico poético con términos técnicos, científicos y especializados los que le otorgan a sus poemas extraños sabores y texturas, además de una particular funcionalidad.

Según Albert Einstein, el secreto de la creatividad consiste en saber cómo esconder las fuentes. Carlos no tiene nada que ocultar. La maestría de Cociña en el tratamiento de sus materiales puede describirse de la misma forma en que Milton Hindus explica la de Charles Reznikoff en Holocaust. Dicha maestría es triple y se observa en la selección, en el estilo y en la atenuación. Carlos sabe los riesgos de escribir con tijeras: la poda si no da vida, mata. Pero también es consciente de que un máximo de simplificación puede resultar en un máximo de insinuación. Nunca apropiarse de una fuente como tal, sino que editarla severamente, reducir la historia a su esencial dramático.

Vuelvo al texto, vuelvo brevemente a la seguridad de la palabra impresa.

Llevando al extremo máximas como “todo es poesía”, sopesando lo medible y lo no cuantificable y con un oficio cuyo secreto no es más que el rigor, la minuciosidad y la devoción, Cociña navega siempre por aguas turbulentas, recorre los confines más remotos y desterrados de la patria en su afán de atrapar en la página todo lo que es absolutamente irregular. Demostrando como el lenguaje vela y revela alternadamente y reformándolo para encontrar nuevas maneras de expresar lo inexpresable.

Pero no todo es frio y calculado. Hace algunos años atrás, Felipe Cussen, en su presentación aleatoria de El margen de la propia vida manifestó que resultaba “extraño decir que estaba muy emocionado de presentar la obra de un poeta que se caracteriza precisamente por la contención de sus emociones”. Hoy me pregunto ¿Carlos Cociña contiene sus emociones? Teniendo en cuenta que las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos y si consideramos que los diversos estados emocionales son causados por una descarga química que luego origina una corriente eléctrica en la membrana de las células pre-sinápticas y una vez que este impulso alcanza el extremo del axón, la propia neurona segrega neurotransmisores, los que se depositan en el espacio sináptico excitando o inhibiendo la acción de la célula post-sináptica para luego convertir esa respuesta en emociones, esas emociones en sentimientos y esos sentimientos en lenguaje. Considerando, de acuerdo a lo que plantea Maturana, que el acto del lenguaje no es más que coordinaciones de coordinaciones de haceres y que la emoción es el fundamento de todo hacer, vuelvo a preguntar ¿realmente Carlos Cociña contiene sus emociones? No hay que olvidar, y acá vuelvo a entrar en el epílogo, que en El origen del hombre, Charles Darwin menciona “la sobrevivencia del más fuerte” solo dos veces, mientras que del amor habla 95 veces.

Salgo del epílogo, entro a lo real, llego a esta mesa, escapando de lo irrevocable. Carlos a mi lado o casi. Observando en silencio. La insistencia temporal de la existencia, como en Gertrude Stein. There is no such thing as repetition. Only insistence. No hay repetición sino insistencia. Insistencia como obstinación y permanencia. Como porfía. La poesía de Carlos, tenaz y certera, operando siempre desde los bordes, no busca describir la naturaleza abstracta de los objetos y los sujetos, sino que la encarna y es ese convencimiento el que le da esa fuerza inusitada y el sabor de lo eternamente contemporáneo a su obra. Después de todo, moverse es estar siempre al límite.

Vuelvo al epílogo, esta vez para no salir.

No me queda más que celebrar esta antología, celebrar todo el trabajo del poeta Carlos Cociña. Mentor, modelo, par, compañero, amigo. Celebrar la instancia de ver esta monumental obra reunida y la posibilidad que nos brinda no solo de asegurar las palabras de la tribu sino también la de que cada vez más lectores se familiaricen y regocijen con la belleza y profundidad de su poesía.





Texto leído el 12 de diciembre, 2017
en la Casa Central de la Universidad de Chile


















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