miércoles, abril 28, 2010

"Mary & Max ante un espejo", de Juan Carlos Villavicencio

Análisis de la película Mary & Max, 2009





En ningún caso la lotería ganada por Max Jerry Horowitz refiere a un mero adorno o punto de fuga dentro de la enrabiadamente real -en su fantasía- Mary & Max. Con un severo despliegue especular, la pregunta por el azar o el destino se reitera dentro de este laberinto que en apariencia refiere a la amistad por correspondencia entre los dos protagonistas. Nada queda en el plano de lo casual, ya que hay tras todo el despliegue narrativo un autor que refleja una historia que fue real, que reflejaría entonces un plan dado ¿por quién entonces?: para Mary Dinkle –en un principio- sí cabe un Dios diseñando las cosas (como la idea tan bien aceptada de que su marca de nacimiento fuera a la vez su destino en los cielos), mientras en Max la idea nace en la ficcionalización de un Dios en el que ya no cree. El plan, el diseño, prefigura el encuentro entre ambas soledades, entre la necesidad de Mary de buscar cosas color café en la oficina postal, el hallazgo de la guía de Nueva York, la poietomansia que inclina su dedo hasta el nombre exacto de su contraparte antípoda. Y éste, en un entendimiento extraordinario de la lógica del mundo, guardando toda ansiedad y dolor ante la separación que vive de éste, decide responder a esta niña de 8 años, creando un vínculo que –cual agujero de gusano- atraviesa un espacio oscuro, una distancia que allá por 1976 no era de la cercanía a la que internet ahora invita, entre dos dimensiones opuestas de soledad distintas que se complementan para evitarla, a la vez. Entonces, ¿qué hace que al ganar la lotería Max no haya corrido a comprar un boleto de avión para ir a conocer o mandar a buscar a su amiga? No el síndrome padecido, sino la necesidad de mantener la frontera entre los dos: su distancia, su existencia en la lejanía los prefigura, los justifica, los hace ser quienes son. Es el paroxismo del individualismo, sin duda, no ser con el otro por más que su otredad lo defina como quien es. La vida de Mary se eleva a categorías inimaginables de éxito ante la muerte de sus padres, luego de una infancia en donde sólo las cartas de Max justificaban la fe en que no todo podía ser sólo lágrimas caídas. De ahí el salto, el matrimonio, la universidad para terminar haciendo la tesis sobre el Síndrome de Asperger de su amigo al otro lado de la esfera y el error: compartir su amistad con el mundo al publicarla. Max sabe en su caótica furia que eso es perderse entre la multitud que él sabe no ha sido capaz de entender(lo), apartado desde su biología, hasta su religión por la que es amedrentado cuando niño. La reiteración del modus vivendi de su madre por Mary sólo demuestra el abismo existencial al que se vuelve la mirada tras perder lo más valioso y puro que había conseguido en su vida, acaso lo imposible: que dos almas se encontraran menos solas a la distancia, vinculadas ya por la necesidad del otro. De ahí que tras 45 años de agorafobia, el anciano al que Mary le entregaba la correspondencia desde niña, haya sido capaz de devolver la mano ante la ausencia de la joven: reflejo de un pasado perdido, ahora él le venía a tocar la puerta para avisarle a Mary acerca de su correo. La M ausente ahora de la Underwood de Max fue la marca de la traición: la M como letra que al ser partida verticalmente nos muestra una misma figura reflejada en un espejo [1]: la necesidad de esos dos fragmentos para ser una unidad que entre estos dos se configura como amistad. La M ausente ahora daría fin en su “ ary” con la colección de Noblets de Max al silencio demoledor y a la nueva vida de Mary. Un año después la visita al departamento de Max reflejaría el último de los espejos: la muerte de Max a la espera de Mary y su hijo como imposibilidad de un encuentro en vida, cuando sí su punto de fuga fue mirando el techo en donde estaban todas las cartas que Mary le había escrito, como paraíso presente en su existencia ya, como la sonrisa de Mary al tomarle la mano muerta y descubrir que –dentro de todo- no estamos condenados a morir (tan) solos.











[1] Me refiero a la 'M' como un '1' y su reflejo, a uno (mismo) en el espejo, versionado, invertido, revertido.













1 comentario:

FemenineFolly dijo...

Muy buena la descripcion de la peli, de las que lei la que mas me guto, vi la peli y es super recomendable, saludos!