miércoles, febrero 24, 2010

“Canto I”, de Ezra Pound







Y bajamos a la nave,
Enfilamos quilla a los cachones, nos deslizamos en el mar divino, e
Izamos mástil y vela sobre aquella nave oscura,
Ovejas llevábamos a bordo, y también nuestros cuerpos
Deshechos en llanto, y los vientos soplaban de popa
Impulsándonos con hinchadas velas,
De Circe esta nave, la diosa bien peinada.
Nos sentamos luego en medio de la nave,
Mientras el viento hacía saltar la caña del timón,
Así con velas reventando, navegamos hasta el fin del día.
El sol a su descanso, las sombras en el océano.
Llegamos entonces al confín del mar más hondo,
A las cimerias tierras, y ciudades pobladas
Cubiertas por la niebla de tejido espeso, jamás penetrado
Por luz de los solares rayos
Sin toldo estrellado, ni por los ojos desde el cielo vueltos
La noche más negra envolvía a los infelices deste suelo.
Y en el reflujo del océano, llegamos después al sitio
Predicho por Circe.
Aquí los ritos de Perimedes y Euríloco[1],
Y de mi cadera retirando espada
Cavé la fosa midiendo un ana en cuadro;
E hicimos libaciones sobre cada muerto,
Primero alojas y luego dulce vino, agua mezclada con harina alba.
Dije entonces muchas oraciones a las pálidas cabezas muertas;
Como es costumbre en Ítaca, toros estériles de los mejores
Para el sacrificio, levantando una pira con efectos,
Una oveja para Tiresias sólo, negra y con cencerro.
Sangre negra se derramó en la fosa,
Fantasmas del Érebo, cadavéricos muertos, de novias[2]
De mancebos y ancianos que mucho habían sufrido;
Ánimas manchadas por recientes lágrimas, muchachas tiernas,
Muchos hombres, desgarrados por las broncíneas puntas
          de las lanzas,
Despojos de batalla, con armas manchadas de sangre todavía,
Esta muchedumbre me cercaba; gritando,
Palideciendo, requerí más bestias de mis hombres;
Degollamos los rebaños, ovejas muertas por el bronce;
Escanciando aceite, clamé a los dioses,
A Plutón el fuerte, y elogios a Proserpina;
Desenvainé la espada angosta,
Me senté para esquivar los impetuosos muertos impotentes,
Hasta que oyera a Tiresias.
Mas el primero en llegar fue Elpénor, Elpénor nuestro amigo[3],
Insepulto, lanzado sobre la tierra vasta,
Extremidades que abandonamos donde Circe,
Sin derramar lágrimas por él, sin amortajar su cuerpo,
Porque cosas urgentes nos llamaban.
Lastimoso espíritu. Y grité con palabra apresurada:
“Elpénor, ¿cómo llegaste a esta costa oscura?
¿Viniste a pie, acaso, más veloz que los marinos?”.
Y entonces, él, con palabras graves:
“El adverso hado y el abundoso vino.
En el hogar de Circe pernocté.
Bajando descuidado las altas escaleras,
Caí de golpe sobre el contrafuerte,
Rompiéndome la nuca, el alma voló en busca del Averno.
Mas a ti, ¡Oh Rey!, te pido recuerdes, a mí, el no llorado,
El insepulto,
Amontona mis armas y sea mi tumba la orilla del mar
Y mi epitafio:
Un hombre desgraciado, con su fama en el futuro.Y caval vertical el remo que blandía entre mis compañeros”.

Y Anticlea, de quien me defendí, vino, y luego Tiresias tebano[4],
Levantando su vara dorada, me reconoció, y habló el primero:
“¿Por segunda vez? ¿Por qué? ¿Hombre de mala estrella,
Ante los muertos en la sombra y en esta región triste?
Sal de la fosa, déjame la bebida sangrienta
Para mis vaticinios”.

Y di un paso atrás,
Y él, fortalecido con la sangre, dijo entonces: “Odiseo
Regresará a través del rencoroso Neptuno, por oscuros mares,
Perdiendo todos sus hombres”. Y entonces vino Anticlea.
Cepos quedos, Divus. Quiero decir, es decir, Andrés Divus[5],
In oficina Wecheli, 1538, tomado de Homero
Y navegó desoyendo Sirenas y de allí lejos y hacia adentro
Y hasta Circe.

Venerandam[6],
En frase del cretense, con dorada corona, Afrodita,
Cypri munimenta sortita est, alegre, oricalchi, con doradas[7]
Fajas y cintas en los pechos, tú, la de párpados oscuros
La de la rama dorada de argicida. Para que…[8]





Notas
[1] Euríloco es el fiel compañero y lugarteniente de Odiseo; Perimedes es otro miembro de su tripulación. Circe, diosa hechicera, hija del sol y de Perseis. En la Odisea y en las leyendas de los argonautas. Habitaba en la isla de Ea, hoy, según algunas versiones, la península de Circeo, cerca de Gaeta.
[2] El Érebo, nacido del Caos, es un espacio de tinieblas a través del cual deben pasar las almas en su camino a los Hades.
[3] Elpénor es el miembro más joven de la tripulación de Odiseo. Su muerte accidental, mientras se hallaba bebido, le convierte en un símbolo de la mala suerte (Odisea, XI).
[4] Anticlea, seducida por Sísifo, dio a luz a Odiseo, según algunas versiones del mito. Otra versión considera a éste hijo legítimo de Anticlea y su esposo Laertes.
[5] Andreas Divus, de Justinopolis, es el autor de la traducción latina en la que se basa Pound: “In 1906 he had bought Andreas Divus’s translation of Homer” (“En 1906 había comprado la traducción de Homero por Andreas Divus”. Forrest Read, en Eva Hesse, editor, New Approaches to Ezra Pound, Berkeley y Los Angeles, University of California Press, 1969, pág. 126). Fue publicada en la imprenta de Wechelus, París, 1538.
[6] Venerandam: digna de ser venerada.
[7] Cypri: que domina todo Chipre, la isla que se considera centro del culto a Afrodita, diosa del amor, de la belleza y de la fertilidad. Oricalchi: de cobre.
[8] Argicida: el matador de Argo. Se dice de Hermes, que le mató de una pedrada por orden de Zeus. Sus características son la juventud, la astucia, la elocuencia. Es el inventor de la lira y de la flauta. Los humanos le consideran un verdadero amigo divino.






en Cantares completos, 1994













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