La gran masa de los hombres sirve al Estado, pues así; no sólo como hombres principalmente, sino como máquinas; con su cuerpo. Son ejército permanente y milicia establecida, carceleros, guardias, posee comitatus etc. En la mayoría de casos no existe ejercicio alguno libre, sea del propio juicio o del sentido moral, sino relegamiento al nivel del leño, de la tierra o de las piedras; y quizás puedan construirse algún día hombres que cumplan con igual perfección este cometido. Tales no merecen más respeto que un fantoche o que basura. Su valor raya con el de los caballos y los perros. Sin embargo, incluso se les reputa buenos ciudadanos. Otros, como es el caso de la mayoría de legisladores, políticos, juristas, clérigos y funcionarios, ven al Estado principalmente con la cabeza; y como quiera que raramente establecen distinciones morales, son tan susceptibles de servir al mal sin intención, como a Dios. Unos pocos, muy pocos, muy pocos, héroes, mártires, reformadores -que no reformistas-, y hombres sirven al Estado también con su conciencia, y así, se le resisten las más de las veces; y éste los trata como enemigos. El hombre prudente sólo se revelará útil y no se avendrá a ser “barro” ni a “obturar un agujero para detener al viento”, sino que, por lo menos dejará esa tarea a su polvo.
1849
2 comentarios:
El de THOREAU es un escrito que resulta incitante y al que cabría felicitar por proponer un concepto de DEBER que se liga a la singularidad de cada individuo y a su sentido crítico y actividad rebelde...
Gracias por el guiño!
Aun cuando tiene mas de un siglo, ese texto resulta apropiado para hoy. No se si alli, pero si en mi relaidad latinoamericana. Parece haber sido escrito hoy, quiza en bolivia o Venezuela.
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