No confundan.
Nosotros fuimos naturaleza muerta
en el territorio de Chile.
Allegados permanentes
y cruzados de amor bajo las espigas.
Nos hacíamos el injerto para sabernos,
pero la piel nos acusaba.
Rozadas las muñecas al fervor del gentío,
nada nos era candoroso, ni siquiera nuestras sombras
que de ti y de mí nos buscaban.
Fuimos proclives en la hora nuestra,
hasta silabarios de tantas preguntas nos prodigaron
para seguir de poste en poste,
de muro en muro, como suponiendo
que tanta fábula era necesaria.
Lo fortuito era devastado y las consignas
resignadas al diluvio en la cavidad del estadio, circo,
manusterio o fogón en el recinto donde fuimos
coludidos a marchar al son de las fisgas
que basaron nuestros cuerpos.
Se supo al fin, nos llamaron por nuestros nombres.
M254, H247.
Libres por falta de méritos.
en Revista La Mancha 15/UNO, julio 2010
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