domingo, julio 19, 2026

«Un puñado de espuma», de Gabriela Balbontín

Dos poemas




3.

Una posibilidad sería
dibujar no tu pie sino tu zapato 
enterrado en un monte de nieve
A lo lejos un conejo que huye
de lo blanco a lo blanco

Una posibilidad sería
hablar de las antípodas 
de los animales extintos
de Siberia y ese pájaro azul
Decir no creo más en ti

La imposibilidad serías tú y mi padre muerto
en Mersin, en Sofia, en Montevideo, 
en cualquier ciudad imaginada

Escuchar una lección imposible:
tomar un café cargado en verano
una ducha fría una mañana de julio

dormir profundamente.







5. 

Son como caballos furiosos
dice mientras mira el mar de Pucatrihue 
y las olas son un puñado de espuma 
que todo lo que toca se lo lleva. 

Ella le da la espalda
Con su torso pegado a la arena 
busca las ágatas que no distingue 
porque todas las piedras brillan 
de la misma manera para un ojo hipermetrópico. 
Dice: tengo frío, abrázame.

Desde allí se puede ver la roca sagrada
donde vive el Tata Huentellao, 
sobre esa piedra 
que de este lado del río
es el lomo de un gato que acecha.

La risa permanece 
tiene gusto a destilado a lluvia a tortilla de rescoldo. 
Suena a botellas quebrándose en el cemento.

A lo lejos 
la melena colorina de su prima 
centellea con la luz propia del agua salada, 
se aleja hacia las rocas
bajo la lengua carga las piedras diminutas.



2026
















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