Frío y calor, ocaso y aurora, la rueda gira sin cesar.
Antes de advertirlo, han pasado dos años desde mi llegada a Chungchow,
En mi apartada morada, sólo escucho el tambor de la mañana
y de la noche.
Desde la glorieta contemplo navíos yendo y viniendo.
La canción de la oropéndola me induce a pasear bajo las flores.
El color de la verba me invita a sentarme junto al estanque.
Lo único que se me otorga como perenne delicia es contemplar
el torrente del río remolineando en derredor de guijarros y de rocas.
Publicado por Vallejo & Co., 10 de febrero, 2015

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