lunes, septiembre 14, 2026

«Cosmonauta», de Victoria Herreros Schenke





Alzo la vista sobre el eje de atlas, 
la vértebra que sostiene el universo 
que llevo dentro del cráneo.
mientras observo el que está afuera, 
en lo oscuro,
donde la noche está llena de ojos.
cada estrella es uno de ellos, 
han de ser la omnipresencia de algún Dios, 
cuyo nombre no recuerdo, 
y en cuya existencia no creo, 
porque no creo en nada, 
no existe ninguna verdad, 
y si hubiera alguna, tampoco creo en ella.
Me convertí en cosmonauta 
de las constelaciones que ella tenía en los párpados abiertos
cuando observaba fijo esas estrellas, 
que le apuntaron con sus pupilas como puñales, 
y el último de ellos, 
le atravesó la frente.
Alzo la vista,
el humo de mi cigarro es una nebulosa en expansión, 
la primera cervical se va a romper 
por el torque de mirar al cielo, 
para no ver esto que llevo dentro, 
la última vez que le eché una mirada 
habían dos soles viejos a punto de extinguirse.
y un vacío cenagal,
en el que sé que me voy a hundir,
y que se me van a vaciar las andrómedas, 
los planetas, los asteroides, la inmensidad, 
y hasta el universo mismo 
va a desaguar cuánticamente por el foramen magno, 
porque tampoco creo en él.




en Beatriz, editorial signo, 2017















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