Traducción de Miguel Ángel Petrecca
Desde hace cinco años toma
cada día el micro desde la bahía de Tongluo
hasta la autopista central para ir al trabajo,
a la vuelta desde la autopista otra vez el micro
hasta la bahía, hojeando a veces un diario,
cambiándose la ropa cada dos días,
en una semana tres veces los zapatos,
en un mes un corte de pelo;
su expresión no ha cambiado en cinco años,
la contextura de su cuerpo tampoco,
en vez de 28 ahora tiene 33,
y al parecer no ha sufrido otro cambio;
el paisaje también más o menos el mismo,
salvo por algún hecho ocasional
como un desagüe que revienta,
el arreglo de una calle o una tubería,
carteles de «estamos trabajando»
o algunos banners de liquidación,
eslóganes de protesta o de demanda,
algunos negocios, carteles y ventanas
percibidos sólo durante un embotellamiento,
o la escena ya vacía de algún accidente;
podés pensar, por todo eso, que lleva una vida monótona,
una vida inmutable y rígida,
derrochada entre días repetidos,
y pensar que la tuya es mucho más feliz,
ya que, al fin y al cabo, sentiste amor y odio,
te caíste y te levantaste, al borde del precipicio:
tendrías razón, y a la vez estarías equivocado:
en estos cinco años él se enamoró
y se casó, tuvo un hijo, y luego se divorció.
Todas tus experiencias afortunadas él ya las pasó:
las que él atravesó todavía te esperan a vos.
en Un país mental. 150 poemas chinos contemporáneos,
Gog y Magog, 2023

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