¡Oh, saludad a Lautaro, joven y valiente,
cuya fuerza desafió a las huestes enemigas
que acecharon con furor:
el horror de la matanza
ante la mirada atónica de nuestros mayores!
Al atardecer el rugido de la guerra
había terminado;
cinco mil luchadores insignes
yacían fríos y ensangrentados
mientras Lautaro invencible
aún se mantenía en pie, al frente de sus hombres,
en aquel cruento campo de batalla.
en aquel cruento campo de batalla.
Así como la tempestad
sacude la nieve de las montañas,
el terremoto de la muerte
sobre el hombro blanco ha cesado;
¡Gritad, Chile, jubilosamente! La batalla ha sido ganada.
en The Missionary, 1816
Traducción de Armando Roa Vial
Fragmento publicado en La invención de Chile,
de Jorge Teillier y Armando Roa Vial
Traducción de Armando Roa Vial
Fragmento publicado en La invención de Chile,
de Jorge Teillier y Armando Roa Vial
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