sábado, febrero 07, 2015

"Verso improvisado", de Su Tungpo

© Versión de Juan Carlos Villavicencio




Mi escarchado pelo vuela libre en el viento,
en este pequeño pabellón yazgo enfermo en una cama de mimbre.
El médico da cuenta de mi hermoso sueño esta primavera,
el taoísta hace sonar con cuidado la campana del quinto reloj.










viernes, febrero 06, 2015

“La llave maestra”, de Braulio Arenas








Detención
De la luz que sale
Con su instinto de párpado
Un bello segundo
nada más que un pasajero rumor atribuido
al mármol que lucha interrogante
a las buenas frutas al mar
primeramente espeso
Al horizonte que por hábito
se cruza con gacela y se hace noche
Entrégame
el ser perdido el ser del rumor propio
El ser que se viste de relámpago furioso
de fósforo blanco y de selva sedienta
Nada más que yo pido un bello segundo
una mujer que abre sus brazos al enigma
o los ojos a esa mina abandonada.

Entrégame
el fénix que prepara su fogata
que no camina más lejos de su cielo
de su delirio de su detención de flores
Ese sentido irreal que mezcla el tumulto
esa palabra con la fuerza de una esfinge
Entrégame
la mañana con su lanza verdadera
la noche donde crecen helechos de luz indicadores
hacia fascinante escala donde los pies
las manos el cuerpo desciende como si fuera un talismán
en éxtasis perdido
propio Ajeno
Salen de sus sentidos los más extraños seres
los que miran pájaros representantes de la fatiga
los que escuchan un carro marítimo
Ellos pedirán la entrega del misterio.



en El mundo y su doble, 1940








jueves, febrero 05, 2015

"Tal vez no hay planeta suficiente para el capitalismo". Entrevista a Bruno Latour, de Diego Milos y Matías Wolff





Su libro Políticas de la Naturaleza propone hacer una asamblea para crear una nueva Constitución que deje de considerar lo social como algo independiente de la naturaleza. ¿Por qué necesitamos ese cambio?
“Constitución” es una palabra un poco metafórica, lo importante es que hay un cambio en la definición del mundo. En el siglo XV se agregó el Nuevo Mundo al Viejo Mundo, es decir, se agrandó el mundo existente hasta la fecha. Hoy pasa lo contrario: descubrimos que este mundo nos está quedando chico. Son descubrimientos distintos pero en ambos casos las personas están confundidas y no saben qué hacer con esta nueva imagen. Estábamos huyendo de un pasado horrible y repentinamente nos sorprende un futuro que puede ser aún peor. Hay algo que se nos acerca, que es tremendamente preocupante: una mutación ecológica y la crisis del antropoceno.

¿Qué es el antropoceno?
Los científicos usan este concepto para referirse a esta época en que el hombre es una fuerza que actúa 24 horas al día sobre la Tierra. No es una catástrofe puntual como los terremotos o las erupciones volcánicas, sino nuestro rol en las transformaciones terrestres, en la historia geológica del mundo. Y la crisis del antropoceno nos está marcando los límites de la Tierra, ya que el planeta está reventando y no queda espacio para la actividad humana. Es como una cinta de Moebio: la naturaleza afecta a la acción humana, y la acción humana a la naturaleza.

¿Esa es la noción que necesitamos integrar a la política?
Sí, porque la sensación política que tenemos es la de estar inmersos en esta cinta de Moebio y no saber cómo cortarla. Sabemos que la naturaleza cambió de estatus: ya no está afuera, pero no sabemos cómo incluirla. Y la política –y la ciencia– están lejos de poder actuar frente esta situación. No tenemos una definición de política que pueda circundar la Tierra ni una institucionalidad que abarque la escala planetaria de esta transformación. Hoy no sabemos qué sería un “parlamento” o una “asamblea” capaz de articular demandas contradictorias sobre pedazos de naturaleza.

Aunque se han creado algunas…
Sí, hay miles de asambleas y parlamentos y foros, de distintos formatos. Algunos vienen de las ciencias, otros son híbridos entre ciencia y política, como las conferencias climáticas (GIEC, APCC), y otros son activistas que quieren representar los intereses tanto de los ciudadanos humanos como de los no-humanos (los peces, los volcanes, el agua, la atmósfera, etc.). Estas no son asambleas representativas en el sentido de que los árboles y los castores vayan a enviar a ellas a sus representantes. Aunque en cierto sentido eso suceda…

¿Sucede?
Sí. Los castores de Tierra del Fuego, por ejemplo, están siendo representados por ecologistas, artistas, empresarios industriales, que están hablando en nombre de ellos. Ahí nadie habla de sí mismo ni en su propio nombre, sino en nombre de estos castores canadienses introducidos que están causando fuertes alteraciones en Chile y Argentina. Ahí existe una representación colectiva de los seres no humanos, lo que pasa es que por lo común no se la entiende como “política”. Yo sí la llamo política porque se trata de “componer” el mundo común.

Usted insiste en la palabra “composición”.
Es que la política no trata sobre discursos armados, sino sobre la composición progresiva de algo que no está armado: no vivimos en un mundo común, debemos componerlo. Y para eso hay que entender que lo social no solo tiene que ver con lo humano, es más bien la asociación de entidades muy variadas, algunas humanas y otras no.

¿Podría graficarlo con algún ejemplo?
Por ejemplo, cuando la gente habla del ébola todo el mundo entiende que este virus transforma la manera en que estamos asociados y pone ciertas distinciones entre nosotros: nos meten en cuarentena, nos obligan a llevar guantes, nos tratan según la cercanía con el virus, cierran fronteras, etc. También se puede ver eso en el caso de los castores en Tierra del Fuego: son animales y puede decirse que vienen de la naturaleza, pero han sido introducidos artificialmente por el hombre y están generando todo tipo de conexiones: represas, etc., que afectan las relaciones sociales. Entonces necesitamos una definición de lo social para representar a estos ecosistemas que luchan entre sí, en un mundo común compuesto por los humanos pero también por los virus, los hospitales o los castores.

Aún así es difícil no pensar a la política y la naturaleza como dos cuestiones distintas.
La “naturaleza” es una expresión que proviene del siglo XVII. Es una noción fantasmagórica. Hobbes menciona muchas veces el Estado de Naturaleza como una especie de utopía: América y sus “habitantes”, los salvajes que luchaban unos con otros. De ahí que la política es un ejercicio de soberanía que se hace fuera de la naturaleza, como una asociación más allá de los hábitos naturales que asegura la paz mediante el control de la violencia por parte del Estado. Pero cuando entramos en nuestro siglo aparece una nueva pregunta sobre una soberanía diferente a la que pensó Hobbes. Hoy se trata de algo que ejerce el ciudadano y es tan poderoso que debemos tomarlo en cuenta.

¿Cómo concebir esa “soberanía diferente”?
Bueno, en América Latina se ha estado experimentado con palabras que la describen. La noción boliviana de Pachamama es una diosa, pero también un principio de derecho constitucional. Es una aproximación interesante. Pero hay otras soberanías: el mercado, Gaia, el territorio (Mapu) de los mapuche, etc. Son nociones que desvían la atención hacia una soberanía que no es la clásica, coercitiva, del Estado nación, sino una que requiere respeto, atención, cuidado. Algo similar a una visión más tradicional de lo que es un cuerpo político.

A ese cuerpo político usted le ha llamado Gaia. ¿Qué es Gaia?
Gaia es una entidad de la mitología griega que fue reinventada científicamente por James Lovelock. Como figura mitológica tiene una historia compleja y cruel, es la diosa de las múltiples facetas y de la metamorfosis, lo que describe muy bien su carácter y su personalidad. Y Lovelock recurrió a ella para imaginar una forma de prestarle atención al planeta no como algo inerte pero tampoco como una forma acabada, completa. Gaia significa Tierra, sistema, planeta, pero no es una definición holística, es más bien un set de conexiones entre la acción humana y la natural. Historia humana e historia planetaria se reúnen en un proceso que yo llamo “geohistoria”. Nuestros predecesores nunca imaginaron que íbamos a tener que tomar al planeta completo, con sus edades geológicas, como parte de nuestra historia.

¿Cómo ve a las Conferencias Climáticas, que supuestamente son el punto de encuentro entre ciencia y política?
Es muy difícil hacerse preguntas sobre el clima y sobre lo que pueda venir en el futuro próximo. El IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático) escribió un informe y los periodistas dijeron “ah, ok”, y nadie hizo nada. No estamos haciendo nada. Vemos algo que se nos viene encima y nos quedamos mudos y estupefactos. El año 2015 se va a realizar en París la próxima conferencia climática y es probable que sea un desastre mayor que la de Varsovia en 2013. Las elecciones parlamentarias en EEUU dieron resultados desfavorables para el tema, el nuevo Ministerio del Medioambiente de Brasil no es muy activo, tampoco el de India y ni hablemos de Australia, que es una catástrofe. Hay que interesar a los estudiantes jóvenes, que van a llevar adelante este mundo en los próximos años. En París vamos a tratar de inventar algo como un parlamento del Estado de la Naturaleza, pero por nuestra cuenta, sin pasar por el marco de las Naciones Unidas.

¿La sociedad todavía es insensible a esta situación?
Muchos están comprometidos y discuten por la negación o aprobación de una mina de cobre o de una represa, o sobre la manera en que se va a pescar en el mar. Me hablaron de hecho de una ciudad al norte de Valparaíso [Quintero] que está sometida a una cantidad increíble de contaminación, pero también a un gran silencio respecto a esta contaminación. Creo que todo el mundo está imaginando otro futuro, pero no sabemos cómo representar las posturas en este ecosistema tan conflictivo.

¿Se trata de superar el capitalismo?
Sea como sea, el capitalismo no tiene futuro y no tiene nada que ver con el futuro. Es una definición de lo que sucede ahora y sobre todo de lo que sucedió en el pasado. Creo que en todas partes, no sé en Chile, cada ser humano está tratando de encontrar una alternativa al capitalismo y de salir de la visión apocalíptica de la izquierda del siglo XX, que todavía mantiene la idea de subvertir el capitalismo… El capitalismo nunca será subvertido, no está hecho para eso. El capitalismo será aspirado hacia abajo, por así decirlo, por las alternativas que aparecerán en todas partes del mundo. Y porque tal vez no hay planeta suficiente para el capitalismo.




Los consultores y Varela

Como académico, usted ha contribuido a entender la relación entre la sociedad y el capitalismo. Pero eso también ha tenido efectos “no académicos”, como el uso que hacen empresas consultoras de sus técnicas de gestión de controversias. Ocurre en Chile, por ejemplo. ¿Lo sorprende?
No lo sé… La Teoría del Actor–Red se usa de muchas formas y una de sus limitaciones es que suele utilizarse en una forma muy simplificada. Es fácil “refuncionalizarla”, por así decirlo. ¿Qué puedo hacer con eso? Cuando uno escribe sabe que su pensamiento dará sus propias vueltas. Pero con mi investigación actual sobre los Modos de Existencia, creo que estaré protegido contra el mal uso. No creo que hayan nacido todavía los que puedan ocuparla en una empresa consultora.

Las investigaciones de Humberto Maturana y Francisco Varela también han ido más allá de la academia, hacia prácticas de desarrollo personal y de management. ¿Ahí la ciencia pierde seriedad?
Ni Varela creía ni yo creo que la ciencia sea algo serio. La ciencia puede ser interesante o no interesante. La seriedad es una capa superficial de imitación social. Lo interesante en Varela es que su ciencia se interesa por una multitud de otras aproximaciones, y ahí no importa la seriedad sino la originalidad de los seres con los que cohabitan los científicos.

Usted le escribe un poema a Varela donde lo define como un hombre justo y “lejos del equilibrio”.
Ahora que estoy en Chile entiendo mejor el ecosistema en que vivió Varela. Hay una combinación chilena de activismo, sensibilidad política y ciencias que es bastante particular. Todo un mundo que en Francia desapareció, y del cual Varela es un heredero. La “justeza” –no la justicia– de Varela es lo que me impactó mucho cuando lo conocí hacia el final de su vida, aunque no sabíamos que era el final de su vida. Y “lejos del equilibrio” refiere a que él mismo agregó otra serie de tradiciones, como la budista, que no es ni chilena ni francesa, con las que construyó una idiosincrasia muy notable.

¿Esos saberes “no científicos” también son relevantes para construir una Política de la Naturaleza?
Creo que sí, porque necesitamos un esfuerzo conjunto que gire alrededor de una noción estética. No en el sentido de “bonito”, sino en su sentido etimológico, que tiene que ver con ser sensible a la llegada de nuevas entidades. La ciencia, que también es una estética, inventa instrumentos para captar y entregar una sensibilidad colectiva a muchas otras áreas, pero también las formas y procedimientos artísticos nos vuelven sensibles a la composición de entidades no humanas.




en The Clinic, 4 de febrero 2015















miércoles, febrero 04, 2015

“Habitar nubla”, de David Villagrán








Tres poemas


Lo importante es la rosa

Vivir solo es mostrarse brutal con uno mismo.

Demasiadas visitas al cielo del gato.
Demasiado taoísmo de cínico emperador.

Recordar es de la inteligencia,
por eso comienzo.

Contar es el mínimo gesto de amor.





Moneda

Me dijo, pensaba en carreteras
lejanas y aletargadas de venidas,
circunnavegación de una moneda.

No sé qué siglo corría,
pero a las vías sumaba las velas
y la fatiga de los hombres
se nos devolvía.

Era el valor, eran los riesgos
filosofía especulativa
donde nuestros rostros fueron acuñados,
con un nombre que a las cosas consumía.

No sé qué siglo corría, me dijo.
Pensaba en carreteras.
Pero nos reunía un fuego en torno
al vidrio oscuro por donde pasaba la vida.

Las acciones
no tocaron al ángel azul tras la vitrina,
pero escrutaba
que no aquilataba las lilas.

El jardín era de todos y ninguno.





Hipódromo

a mi Padre


Aurora es la cabeza del caballo
listo para el sacrificio.
El sol es su ojo, su hálito el viento.
El fuego la boca y el año su cuerpo.

El cielo es su espalda, el vientre el firmamento.
Su pecho la tierra, la arena su digestión.
Son ríos sus intestinos. Hígado y pulmones las montañas.
Su pelambre, árboles y hierba.

Mataduras
las cuatro direcciones del tiempo.
Carne y músculos las nubes. Sus huesos estrellas.
Otoño, verano, invierno y primavera
se llaman sus extremidades.

El sol se levanta y es su frente,
el sol se pone y son sus ancas.

Cuando da coces cimbra entero el cielo.
Cuando orina llueve en el silencio.
Cuando escucha una palabra
el animal entra en la voz.




Inédito, 2015







martes, febrero 03, 2015

"¡No soy nadie! ¿Quién eres tú?", de Emily Dickinson

© Traducción de Juan Carlos Villavicencio



¡No soy nadie! ¿Quién eres tú?
¿También no eres nadie?
Entonces somos dos – ¡no lo cuentes!
Nos han desterrado, bien lo sabes.

¡Qué deprimente ser alguien!
¡Qué impudicia repetir tu nombre
todo el santo día como una rana
a un pantano que te admira!




1891









lunes, febrero 02, 2015

“Mi sermón”, de Michael Palmer








Mi sermón. Comenzó en sueños,
los temas entremezclándose.

Pintores y bailarines,
he olvidado sus nombres

así como ustedes el mío.
Estábamos juntos

en ese vasto salón,
y debíamos el arriendo.

Nos movíamos con cautela,
como para no ofender.

Hablamos hacia el final,
sotto voce, sobre los pórticos

que debemos sortear
y las ruinas que hay más allá,

movimiento como tiempo,
gesto como luz,

los patrones que se rompen,
todas esas fricciones y miedos

y los años,
el arriendo que todavía se debe.


 Traducción: Marcelo Pellegrini

en Figuras del original, 2006











domingo, febrero 01, 2015

"La 'Infiltración intrigante' de la política chilena: el caso Penta", de Eda Cleary





Según la Sociología de la Intriga, los procesos políticos sufren de “infiltración intrigante” cuando los mecanismos democráticos de resolución de conflictos, tales como el Parlamento o el Congreso, se transforman en plataformas al servicio de intereses particulares, ya sean personales o partidarios.

Su característica fundamental es utilizar todo el aparataje público para hacer aparecer estos intereses particulares como intereses colectivos en bien de las mayorías y, esencialmente, permanecer en el poder.

Las condiciones para la “infiltración intrigante” de la política suelen surgir cuando hay un vaciamiento ideológico de la política y las asociaciones partidarias son conducidas no por líderes idealistas, sino que por camarillas de operadores que viven de la política y no para la política, al decir de Max Weber. Su estilo es eminentemente utilitario y apunta a un objetivo exclusivo: resguardar los intereses que considera legítimos para su grupo. Estos operadores se especializan en construir redes de influencia para manipular y dominar tanto dentro de sus asociaciones partidarias como fuera de ellas. Con este fin recurren al secretismo, a la manipulación de sus propios partidarios, a las presiones indebidas o, lisa y llanamente, al reclutamiento de ayudantes dispuestos a servirlos. La esfera pública es reemplazada por la esfera privada y la acción política al servicio del interés público se hace cada vez más escasa o tiende a desaparecer. El juego de la intriga y contraintriga infiltra sistemáticamente el modo de gobernar, y se maneja a la ciudadanía con la política de “pane e circo” como política de contención de conflictos sociales, tal cual lo describiera Niccolò Machiavelli cuando le daba consejos al príncipe para mantenerse en el poder.

El caso Penta es producto genuino de este proceso de “infiltración intrigante” de la política chilena. La grotesca relación entre dinero y política sólo se pudo confirmar en su máxima expresión porque esta intriga fue develada, pues cuando las intrigas logran permanecer encubiertas, su accionar adopta la apariencia de normalidad y la mentira aparece como verdad.

Las alarmas se prenden si las instituciones no logran establecer la legalidad vigente y/o son permeables total o parcialmente a los bandos intrigantes que ahora han sido puestos en evidencia. Los efectos sobre la convivencia social en la cotidianeidad suelen ser corrosivos, ya que la subversión de los valores universales resultantes de la “infiltración intrigante”, tales como la honradez, la sana competencia, los méritos, la laboriosidad, el amor al país, se convierten en meros cascarones vacíos. Frente a este espectáculo, los ciudadanos optan usualmente por dos caminos: imitar a la élite intrigante y “aprovechar” sus ocasiones para beneficiarse a través del atajo, pues si no lo hicieran se sentirían estúpidos, o bien distanciarse de estos sectores para refugiarse en la vida privada en la ilusión de “salvarse” del contagio. Estas son señales preocupantes, pues representan una tendencia desorganizadora de la sociedad y dan espacio a lo que el sociólogo norteamericano Richard Sennett calificó como “escasez de respeto”, una situación donde, en el caso de la élite intrigante, les quita las bases al prestigio, al honor y al reconocimiento social ganados dignamente por la mayoría sobre la base de sus esfuerzos, profundizando aún más la desigualdad reinante en el país.

Los teóricos de la “intriga” (Utz, Pourroy, Von Matt, Fuld, Michalik) han definido este fenómeno como una “pelea secreta en tríada”, donde a menudo hay tres actores: el intrigante, el asistente, ya sea voluntario o involuntario, y las víctimas. Una intriga en política, y también en otras esferas, es una lucha secreta donde el intrigante decide combatir a sus enemigos sin que éstos lo sepan a ciencia cierta. Para ello utilizan a terceros como intermediarios (estén o no al tanto del secreto y los fines intrigantes), operando desde el mundo de las mentiras o ficciones, con el fin de alcanzar objetivos que de manera legal o formal nunca podrían conseguir. El “instrumentario intrigante” va desde la mentira, la difamación, la burla, la deformación, el ocultamiento, el encubrimiento, la bagatelización de conflictos, la adulación interesada, el favoritismo, los escándalos infamatorios, el acoso laboral y/o de género, los despidos o traslados, la información tendenciosa y la utilización de información privilegiada hasta el estricto secretismo, entre muchos otros. Las intrigas se presentan como golpe de billar (multitáctica indirecta), golpe al talón de Aquiles (ataque directo y preciso) o bien como complot. Este último incluye a las dos primeras.

Cuando la intriga permanece encubierta, los roles tradicionales usualmente no cambian y el instigador intrigante logra sus objetivos o “premio intrigante” burlando todo tipo de reglas. Pero cuando la intriga, como en el caso Penta, logra ser descubierta, entonces la tríada se desordena y puede ser que las víctimas sean los ganadores, o bien que un intermediario asistente cambie de bando y se transforme en instigador de una contraintriga para sobrevivir el proceso, o bien que el “premio intrigante” vaya a parar a manos de personas no esperadas o incluso a manos del bando contrario.

La “infiltración intrigante” es la versión moderna de la mentira tradicional en la política, pues se transforma en un método de dominación ilegítimo al margen del rechazo o apoyo de la ciudadanía por sobre cualquier institucionalidad vigente sin tener que recurrir al choque frontal. Justamente en ello consiste su alta eficacia en todo tipo de regímenes: es silencioso, flexible, anónimo y por ello da lugar a la política “irresponsable” que no rinde cuentas a nadie.

La “infiltración intrigante” de la política chilena comenzó sistemáticamente en tiempos de dictadura y luego mutó hacia formas más sofisticadas durante el proceso de transición a la democracia hasta expandirse por todo el aparato de gobierno. A partir de 1989 se inauguró el ejercicio de una suerte de política altamente favorable al mantenimiento de este fenómeno, que consistía en mentir de cara a la población. Se trataba de una especie de “contubernio a plena luz del día”, como lo describió el filósofo francés Alexander Koyré ya en 1945 en sus reflexiones sobre la mentira en la política. El doble estándar entre el discurso y la praxis política fue el sello principal de la “política de los acuerdos”: la derecha golpista se erigía en adalid de la recuperación democrática y de la superación de la pobreza a pesar de que todo el mundo sabía que habían sido colaboradores de la dictadura militar e impulsores de un modelo económico ultraneoliberal que puso al Estado al servicio de los privados, y la Concertación ganaba votos con un discurso reformador de centroizquierda prometiendo justicia en todos los ámbitos, mientras consolidaba el proyecto económico pinochetista que gran parte de sus seguidores rechazaba, argumentando que era la única garantía de desarrollo para Chile. El proceso de convergencia de estos dos bloques políticos, por su parte, sentó las bases para acuerdos cupulares extrainstitucionales por sobre el Parlamento y el Congreso. Por otro lado, el fuerte presidencialismo generó las condiciones óptimas para la “pelea secreta en tríada” entre los mismos políticos, con el fin de conquistar los mayores grados de cercanía al o la presidente(a) y así poder granjearse de privilegios honoríficos y/o materiales. La expresión máxima de esta convergencia fue la disposición al “blanqueo” mutuo, para usar un concepto acuñado por Tomás Moulian en relación al atropello de los derechos humanos, pero ahora en casos de corrupción y de abusos empresariales. A esta conducta se le llamó “altura de miras” y aquellos que la practicaban se sentían como “hombres de Estado”.

Este modo de hacer política se realizaba de cara a la ciudadanía y utilizando los medios de comunicación modernos hasta que se fue borrando la línea entre la verdad y la mentira, quedando el espacio libre para lo que se conoció como “opinología” y que terminó por reemplazar a la verdad. Pero, como dice Hannah Arendt, la opinión es una manera de mentir y la verdad fáctica siempre se impone. La cuestión es cuándo y cómo.

La fuerza centrífuga de la macrointriga política ha logrado neutralizar hasta ahora cualquier conflicto social tendiente a criticarla, cooptando a sus dirigentes, fortaleciendo las políticas de contención y no de solución a las demandas sociales, lanzando amenazas soterradas, practicando un secretismo antidemocrático y simulando renovaciones políticas bajo otras denominaciones partidarias. El caso Penta es sólo una expresión, entre muchas otras, del proceso de “infiltración intrigante” que sufre la política chilena. El mayor riesgo consiste en que esta crisis caiga por su propio peso y no como producto de una acción democratizadora real desde la ciudadanía organizada y la rebelión de los poderes del Estado, porque de lo contrario esta infiltración volverá a mutar a nuevas ediciones de más de lo mismo.





en El Mostrador, 27 de enero, 2015