martes, octubre 31, 2006

"Solos", de Carlos Almonte






A
trapados en un tiempo que no llega, tibios soles se destruyen a sí mismos. Este fuego ya no quema; tampoco arde el río o la montaña que se viene abajo. Sin otro interés que el rocío en la mañana, observo el movimiento de tres sombras en la fila del que espera. Me reflejo en mil lagunas subterráneas, en estepas secas, en osarios de fachada. Guardo el testimonio de una gran mentira, o apariencia, y bajo al bosque y los árboles plateados me reciben esparciendo entornos y hojas secas, como si supieran, también ellos, el secreto de hace tanto. El incendio ha concluido. La magia encierra el trino de mi pensamiento, fulgurando en túneles de luz, caída libre y detonantes... A pesar del raudo avance, alcanzo el domo en el que un ser medita en posición de loto. En sus manos recupera rosas místicas y entre aquellos pétalos de sal, un escritor anciano adquiere la energía de los hielos. Mucho me place el alegre tiempo, Que hace nacer hojas y flores, Me place oír el dichoso ruido, De los pájaros que hacen resonar, Sus cantos por el bosque, Y me place ver sobre los prados, Tiendas y pabellones levantados. Recita un verso-mantra y en su voz reúne parte de la historia, a las tribus nómades y atlantes, al ardiente y rojo sol, a sabios ramtas y videntes, a sí mismo.

Los demás recorren playas solitarias y cavernas. Se complacen ante el espectáculo en declive, pero ignoran la presencia de las sombras en la nieve. Inocentes, reconstruyen inocentes órdenes. Lo fácil complementa a lo difícil. El antes y el después se suceden, porque el ser y el no-ser se engendran mutuamente. Nadie más observa. Nadie más escapa. Nadie restituye el caos. Sólo el escritor anciano, un ingente aroma a rosas y las sombras que me siguen donde vaya. No hay posible huida. No hay rescate. No hay señales. No existe vida, o ilusión, más allá del contorno de esta isla... Y en la puerta, no sé cómo, se grabó mi altanería: Dejad fuera la esperanza.













lunes, octubre 30, 2006

"Ejecuciones y represión. Un punto de vista de clase" (Primera parte), de Alan Woods y Roberto Sarti



La ejecución en abril de tres hombres que habían secuestrado un barco y las duras sentencias judiciales contra 74 oponentes del régimen cubano, han generado una condena casi universal, al menos por parte de los medios de comunicación y de la mayoría de los gobiernos. El portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Richard Boucher, dijo que EEUU estaba "escandalizado" y el Secretario de Estado, Colin Powell, exigió que Cuba liberase a los "prisioneros de conciencia".

Sin embargo, antes de analizar la situación debemos mirar los hechos reales. Los tres individuos ejecutados por secuestrar un barco de pasajeros intentaban llegar a EEUU. Este era el tercer intento de secuestro en Cuba en sólo dos semanas. Esta situación se ve favorecida por la ley estadounidense que garantiza asilo a todos los cubanos que lleguen por sus propios medios a EEUU, independientemente de los métodos utilizados.

En el mismo período el gobierno cubano comenzó a detener disidentes, incluidos algunos miembros del "Proyecto Varela". La demanda principal de este grupo es un referéndum, algo que consideran como parte de un "acercamiento gradual" hacia la eliminación del estado actual surgido en 1959 fruto de la revolución y también para terminar con la economía nacionalizada.

Los 74 "disidentes" fueron condenados a penas que van entre los seis y los veintiocho años de prisión.

La acusación formal contra la mayoría de los acusados era que habían cometido "crímenes contra la independencia o integridad territorial del estado". Había muchas pruebas que demostraban, más allá de cualquier duda, que la mayoría de los oposicionistas habían recibido grandes sumas de dinero del gobierno de EEUU a través de James Cason, el agregado comercial estadounidense en La Habana, de facto, la embajada estadounidense. Powell nunca ha negado esto, ni tampoco ningún otro portavoz estadounidense. En realidad, toda esta información está disponible en páginas web oficiales del gobierno de EEUU.

En el año 2000, la Agencia Internacional para el Desarrollo de EEUU (USAID) donó 670.000 dólares a tres organizaciones cubanas para ayudar en la "publicación en el extranjero de la obra de periodistas independientes de la isla... y distribuir sus escritos dentro de Cuba". (Informe USAID, Evaluation of the USAID Cuba Program, 2001).

Con estos métodos los imperialistas estadounidenses buscan promover el trabajo de fuerzas contrarrevolucionarias en Cuba y otros países. Constantemente interfieren en los asuntos internos de otros estados cuando no les gusta la política que están llevando a cabo. No hay duda de que la embajada estadounidense y la CIA están activamente implicados en los intentos contrarrevolucionarios de derrocar al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela.

El Departamento de Estado de EEUU describe oficialmente esta actividad como "prestaciones". Cuando alguien actúa de esta forma para defender los intereses del imperialismo estadounidense frente a un gobierno extranjero entonces es considerado como algo legitimo. Sin embargo, si una fuerza extranjera intenta aplicar los mismos métodos contra EEUU entonces es una historia diferente. Bajo el Código Penal estadounidense estas "prestaciones" por parte de un diplomático extranjero en EEUU pueden provocar la persecución criminal y diez años de prisión. Esto se aplica a todo aquel que "actúe dentro de los EEUU y esté sometido a la dirección o control de un gobierno o funcionario extranjero" (Título 18. Sección 951 del Código Penal de EEUU).

La hipocresía del gobierno estadounidense es incluso mayor cuando miramos la situación de cinco cubanos que actualmente están cumplimento largas condenas en prisiones (incluyendo dos cadenas perpetuas) federales de EEUU. Los cinco estaban intentado detener a grupos terroristas cubanos de ultraderecha exiliados en Miami y que iban a perpetrar actos violentos contra Cuba. EEUU dice que estaban implicados en "guerra global contra el terrorismo". Pero el gobierno estadounidense a través de la CIA ha proporcionado la mayor parte de la ayuda financiera, el entrenamiento y las armas a la alianza ultraderechista de la mafia cubana de Miami, que desde hace años está detrás de todos los ataques terroristas contra Cuba. Cuando el FBI capturó a los cinco agentes cubanos, en los medios de comunicación burgueses no apareció ninguna protesta hipócrita o artículos moralizadores y esto demuestra el doble rasero que tiene la administración estadounidense.


Ejecuciones en EEUU

La hipocresía del gobierno estadounidense es aún más clara cuando vemos cómo Washington llora por las penas de muerte en Cuba pero "olvida", convenientemente, que cada años cientos de hombres y mujeres son condenados a muerte en las prisiones estadounidenses. Desde 1976 EEUU ha ejecutado a más de 700 personas, 248 en el estado de Texas. Además, de los ejecutados desde 1973, 95 de ellos fueron más tarde exculpados completamente por los tribunales. El gobierno de EEUU no tiene ningún derecho a quejarse de que Cuba utilice la pena de muerte cuando su país tiene uno de los peores registros del mundo. Y George W. Bush, menos que nadie, tiene el derecho a protestar. Cuando era gobernador de Texas, que cuenta con casi un tercio de todas las ejecuciones de EEUU desde 1976, se hizo famoso por el uso indiscriminado de la pena de muerte y su negativa a responder a las peticiones de clemencia.

Esto también es una cuestión de clase. La gran mayoría de la población que está en prisión en EEUU y la gran mayoría de los que están condenados a muerte son personas pobres, principalmente negros e hispanos. EEUU es el único país del mundo, excepto Somalia, que se negó a firmar la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño. ¿Por qué? Porque en EEUU incluso los que cometieron crímenes cuando todavía no tenían dieciocho años pueden ser condenados a muerte; en dieciocho estados la ejecución puede realizarse a partir de los dieciséis años de edad. La Convención tiene una cláusula que dice que esto es ilegal.

El gobierno estadounidense tiene un largo record de apoyar intentos de golpe de estado contra el gobierno cubano. Incluso intentaron invadir el país en 1961 a través de sus mercenarios en el infame episodio de Bahía Cochinos. También impusieron un embargo a la isla prácticamente desde el principio de la revolución.

A la burguesía estadounidense no sólo le preocupa Castro. Lo que teme es la naturaleza del régimen que existe en Cuba. No pueden tolerar que a noventa millas de sus costas haya un país donde se ha abolido el capitalismo. La revolución cubana fue un punto de referencia para las masas oprimidas de América Latina. Por esa razón los imperialistas estadounidenses odian Cuba, no porque estén preocupados por los derechos humanos.

domingo, octubre 29, 2006

“Para Cenar”, de Tanya Victoria





L
a mejor palabra para definir mi vida es “frivolidad”. Me casé hace un par de años, así a secas, sin pasiones, ni fervores, ni romanticismos. Me casé con el marido perfecto: guapo y forrado de dinero. Mis padres lo escogieron como los suyos a ellos. Y es que a los 36 y soltera, los llené de dudas y temores. Entre mi marido y yo, nunca ha existido el intento de encendernos en la cama, mucho menos en otro lugar, o tan siquiera salir a caminar. Quizás exista cariño… No, no lo creo. Es una situación difícil cuando nuestros lánguidos y aburridos cuerpos se confrontan en la cama. Me siento sucia. En su rostro agitado he llegado a ver no sólo el de actores y vecinos, sino hasta el de amigas de la infancia. Nunca se lo he confesado a nadie, por vergüenza, miedo, o simplemente por mi bagaje cultural. Hasta que una amiga me introdujo al mundo cibernético. Jamás lo hubiera hecho. Tuve una conexión inmediata y me alejé de todo.

Así nació mi amor incondicional por los chats. Ahí es donde conocí gente menos plástica, con quien deliberadamente se puede conversar acerca de las frustraciones y complejos de la vida. No sé cómo ni a qué hora apareció un hombre. Se hizo llamar “Tritón del mar”. Después de varios orgasmos en seco, y sin habernos visto las caras me invitó dos días a la playa: hotel de tres estrellas y autobús de primera. Era el escape de mi vida: 38 años de vivir para otros… Estos eran dos días sin pensar en el mañana, un lugar cerca de Puerto Escondido, en la Playa Conde.

Mi esposo no me hizo muchas preguntas. Sólo se atrevió a hacer recomendaciones. “Cualquier cosa, llama. Viajar sola te ayudará a crecer… No le diré a tus padres, me parece que ya estás grandecita para hacer lo que quiera. ¿Cuánto dinero en efectivo necesitas? No puedo llevarte, deberías irte en avión... Bla bla bla”, y un beso frío en los labios.

Tritón y yo quedamos de encontrarnos en ese hotelito amarillento, descarapelado, limpio, como salido de un sueño. No había ningún huésped y sin pensarlo tanto me desnudé frente al mar. Tritón era un hombre hecho a mano, con cara mediterránea. Inútilmente, traté de cubrirme con la toalla. Se acostó a mi lado en la arena caliente, y sabiendo que me había perturbado con la mirada comenzó a deslizar sus manos en medio de mis muslos, así tan desnudos, tan extraños. Nos besamos en medio de una nube de arena que me volvió loca. No podía creer lo que estaba sucediendo. Mis piernas estaban temblorosas y mis ojos tan húmedos como mi cuerpo. Me pidió que me quedara ahí para siempre. Yo acepté de inmediato y nos metimos al mar. Bajo la luna llena, asombrosamente, pude nadar y respirar sin dificultad en medio del agua. Vi cómo sus piernas se llenaron de escamas convirtiéndose en una hermosa cola de pez. Llegamos al fondo, a ese lugar en el que habitaban otros tritones similares a él. También había sirenas. Una de ellas se acercó y me dijo al oído: “cada 28 días, con la luna llena, celebramos el rompimiento de esa barrera entre tu mundo y el nuestro, se escoge a uno para que salga a copular con la presa que esta noche cenaremos”.



sábado, octubre 28, 2006

"Con el sol de los avellanos", de Jorge Teillier



No creí nunca
Que vería brillar de nuevo a Venus
Sobre los techos lejanos del Regimiento
Ni que en la mañana
Reverdecieran los pasos de la infancia
Bajo esos pinos donde las ovejas lamen tiernamente el sol,
Ni que una voz adolescente
Me preguntara cómo se llaman las estrellas
A las que nunca me he preocupado de dar nombre.

Tú eres el mediodía misterioso
Del silencio de parque
Donde vemos luchar a un niño hace años con un ganso,
Allí el sol al abandonar los avellanos
Nos deja los relatos
De los muertos que amamos
Y se me reveló tu presencia
Con el mismo resplandor
Del hacha con que el amigo corta leña.

Alguien pasa silbando
Una canción que habla de nosotros.
Nunca me has preguntado qué será de nosotros:
Sólo me has preguntado el nombre de una estrella.

Junto a ti he sido quien debiera haber sido.



Publicado en Para un pueblo fantasma, 1978.

viernes, octubre 27, 2006

“Inquietudes sentimentales”, de Teresa Wilms Montt





VII

Dos senos de una blancura inquietante; dos ojos lúbricamente embriagados y una mano audaz de sensualidad, se han atravesado en mi camino. Una voz indefinible, como el hipo de un sollozo histérico, me ha dicho: Soy el erotismo: ¡Ven!

Y yo iba; iba siguiendo a esa bacante estrambótica, como sigue la hoja de acero al imán. Iba empujada por el misterio... Mis labios se helaban, y tenían en la garganta una opresión de hierro. Iba la mirada húmeda, los ojos claros como brillantes en alcohol...

Retorné, y mis labios estaban mustios, y mis ojos no veían, y mis manos enconadas contra ellas mismas, sólo querían destrozarse. Y en el alma, como una marca de fuego, traía la más horrible decepción. No estaba ahí; no llevaba esa bacante loca el remedio para mi mal de amor.



XXXI

Los sombreros me causan la sensación de cabezas cortadas y momificadas, y aquéllos de los cuales cuelgan bridas de colores, se me antojan cabezas arrancadas por mano brutal, donde ha quedado adherida una vena sanguinolenta.

Nunca puedo ver un par de guantes sin imaginar que son piel de manos disecadas y, en aquellos de color amarillo, encuentro algo repugnante de lo que empieza a podrirse.

Detesto las prendas de vestir olvidadas sobre la cama; hay entre ellas y los muertos mucha analogía.Vi una vez, en un asilo, a una loca muerta; y era lo mismo que ver un trapo violáceo tirado dentro del ataúd.



 

Buenos Aires, otoño 1917



jueves, octubre 26, 2006

"La Mirada de Ulises: intertextos de un siglo", de Federico García Morales


Love
Old
Sweet
Song
Comes love'old
It's a kind of a tour, don't you see? Mr Bloom said...


James Joyce, Ulysses, cap. "Lotus Eaters".


A la memoria de Reinaldo Moreno, viejo marino, que ya cruzó el mar.

Las Parcas tejen su red y cortan sus hilos con ojos ciegos. Buscan una mirada, una mirada perdida en una placa no revelada, primera y última reflexión, en un siglo repleto de desencuentros en formato de tragedia. Porque en la película La Mirada de Ulises la cámara reconstruye las tragedias históricas, las tragedias culturales, las tragedias políticas e individuales que echan a volar en la imaginación como en la apertura de una caja de Pandora. Este es cine inteligente, que sumó a un grupo talentoso: director, actores, guionistas, fotógrafos, músicos de casi toda Europa. Y desde lejos la aventura de Ulises, y sus versiones, en Homero, Kazantzakis y Joyce. La Mirada de Ulises debe mucho a cada uno. Y la profunda humanidad del héroe aqueo crea la distancia necesaria para un recorrido y la adquisición de un sentido sobre lo que está ocurriendo en estos días nuestros. Hay otra referencia muda: en el espacio ofrecido por los Balcanes y, sobre todo, por Sarajevo. Es, en su suma trágica, una elegía. Y como elegía un homenaje a estos pueblos desgarrados, al ser humano aventado a este exilio de la esperanza. Y a quienes quisieron construir algo diferente en este siglo. En el ciclo de nuestras vidas. En algún momento hay un brindis para todos ellos.

En este artículo vamos a elaborar sobre los créditos.

Primero está Ulises, "ese varón ilustre de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo, vio las poblaciones y conoció las costumbres de muchos hombres y padeció en su ánimo gran número de trabajos en su navegación por el ponto, en cuanto procuraba salvar su vida y la vuelta de sus compañeros a la patria. Mas, ni aun así pudo librarlos, como deseaba, y todos perecieron por sus propias locuras..." (La Odisea, 1, 1-8).

La Odisea se asoma de tantas maneras en esta película: en la sucesión de sus rapsodias, convertidas en episodios de la película; en su recuperación mítica de contradicciones que sobreviven los milenios; en el multiforme personaje femenino, una suerte de "eterno femenino", que encarna Maia Morgenstem, que ya es Penélope, una obsesión, un recuerdo y un fantasma, ya es Circe con sus embrujos y su afanada voluntad de retener al viajero en la casa de orillas del río, ya es Nausicaa en las brumas de Sarajevo . La cámara se embelesa en cada recodo recobrando pequeños objetos que se extraen del poema homérico, que retienen su valor simbólico original. Pero también se muestran versos enteros que recuperan una nueva significación. También aquí, hay una voz que pregunta por una identidad, y desde el barco que conduce a Lenin alguien responde "nadie". (Rapsodia IX 364: "¿Cíclope! Preguntas cual es mi nombre ilustre, y voy a decírtelo: mi nombre es Nadie.")

Para no dudar de una remitencia hacia esos otros textos está entre los episodios el aparecimiento constante de un sustrato viejo de la película primordial que muestra a las tejedoras. Queda allí su mirada. Que establece desde el inicio una lucha silenciosa con la mirada que sostiene la narración, la del viajero, y la cámara la refrenda, de frente, de perfil, en el fondo de los ojos, en la vigilia y el sueño. En el mitema de vida y muerte que trabaja la película se retiene ese aspecto vital del héroe griego encarnado en el director de cine "A", en la construcción del sujeto como exilio, en una dolida búsqueda de patria, de amor, de alianza con otros, de una continuidad negada, y de corresponsal de diálogos inconclusos. Algo que podría llamarse en una encarnación moderna, posagustiniana, el drama de la conciencia. Porque el tema de Ulises nos conduce en esta película hacia la conciencia de nuestro tiempo, y ya en este plan es pura historia, como ya fue la tentación del texto madre.

Luego viene La Odisea, la Secuencia Moderna, de Nikos Katzansakis, el gran escritor cretense que alguna vez realizó su propio periplo junto con Panait Istrati al corazón de una Unión Soviética que celebraba sus primeros diez años y que ya se caía en el abismo burocrático de donde ya no saldría nunca más. Es Kazantzakis el que inspira la modernización de la mirada de Ulises, ese traspasar por un mundo donde respira la tragedia y sobre todo los síntomas del alumbramiento de un tiempo que ojalá no podamos ver. Y es en Kazantzakis también en donde se puede refundar la vuelta de un Ulises que sostiene la condición humana en la conciencia revolucionaria y en el reclamo por los derechos del hombre, y sobre todo por espacios de libertad. Como contrapartida y exigencia de contexto, están esos viajes funerarios a lo largo de ríos donde no florece la esperanza y sólo hay humaredas, un viaje que en la secuencia es ese trayecto por el Nilo, en el comienzo, a través de un Egipto asolado por la guerra. Como se recordará, en la versión de Kazantzalús Ulises sufre un segundo exilio, luego de su regreso homérico a Ítaca, y persiguiendo el fantasma de Helena llega a Egipto donde se vincula a una rebelión de esclavos y vive de nuevo, pero en una más vasta escala, las condiciones de una guerra eterna en busca de la libertad. En esta obra el personaje Ulises, a través de sus andanzas mundiales nos da la prueba metafórico de su contemporaneidad y de que es capaz, en la bogada final junto a Caronte, de seguir alumbrando una visión utópica.

En la película, la conciencia y la humanidad se sostienen en esa voluntad de búsqueda. En la resistencia y en el rechazo al horror que florecen en A y en otros personajes. Las condiciones de la agresión las provee el mundo balcánico en un discurso ya centenario. Pero podría ser cualquier lugar de la tierra. La película no escatima para eso llamadas a la guerra de los Balcanes, a principios del siglo, a los episodios de la segunda guerra y sus secuencias inmediatas, al establecimiento de diversas dictaduras. Las escenas de los allanamientos policiales, pueden encontrar sus intertextos en la Rusia al Desnudo de Pana¡ Kazantzakis y de algún modo Victor Serge, y en la impronta de búsqueda y persecución que se aborda en la Secuencia Moderna.



La tercera aproximación intertextual inevitablemente proviene del Ulysses de Joyce, otra recomposición moderna del texto madre. De allí proviene sobre todo una capitulación, una atmósfera, diálogos, y la adaptación de algunas escenas, como por ejemplo la del capítulo "Eumeus" con el encuentro de Stehen Daedalus y Bloom y su conversación "acerca de sirenas y enemigos de la razón" y tantos homenajes, o el capítulo de los Lastrygonios que pone los términos "God wants blood victims" para el episodio de la matanza en la neblina. Las tomas de Sarajevo proveen los escenarios que arrancan de una novela que de algún modo "destruyó nuestra civilización". El personaje A, (Ulises para todos los efectos) y su amigo, tienen mucho de Stephan Daedalus/ Bloom. Sobre todo en esas operaciones oníricas y esos bruscos despertares que lo arrojan hacia corrientes encontradas de destino. La película mantiene la crítica joyceana a esta civilización, aunque James Joyce no alcanzó a imaginar la capacidad de representación de ese desastre que nos donaría la historia de todo lo que restaba de este siglo. Aquí el personaje múltiple de Morgenstem, nos conduce a presentar de nuevo la posibilidad vital que planteó Joyce en el discurso "inagotable" de Molly Bloom (con todos sus intertextos femeninos enlazados al texto madre), pero también la película no nos ahorra su macabro final: algo que está más de acuerdo con los tiempos de Auschwitz, Hiroshima, Ruanda, y Acteal. Quizás por eso, ni las palabras ni las imágenes pueden tener más sentido que el tremendo aullido de Keitel / A.

Esta obra del director griego Theo Angelopoulus, tiene una duración de cerca de tres horas y es una meditación. Y fue un indudable acierto suyo recurrir a Ulises, ese héroe que se negó a ser dios y dejar de ser hombre, para ponemos "en situación' a través de todos los tiempos. Muchas veces ese viaje interior in cámara pareciera resolverse en el puro placer de alguna visión sorprendente que no se puede interrumpir, y da a pensar en una intención de la suerte del fáustico "detente, eres tan bello". Pero es que la cámara extiende también su trabajo para elaborar esos momentos de meditación que tanto necesitamos. Y permitirnos atraer junto a la imagen otros materiales, los del contexto vivido y todavía recordado, por ejemplo. La cámara encuentra aquí una posibilidad analítica.

En la actuación destaca la solidez que sabe hacer uso del silencio, de Harvey Keitel, que ya habíamos sabido estimar en El Piano y en alguna obra de Tarantino. El argumento persigue el regreso de un director exiliado, A, que presenta una película que divide opiniones. Él lleva un designio en su regreso: rescatar tres rollos filmados por los hermanos Manakis a principios de siglo, y en donde supuestamente se habría capturado algún testimonio esencial del pasado balcánico, que podría tener alguna importancia explicativa "ahora que Grecia está muriendo". Pero a lo largo de su búsqueda irá descubriéndose en otros encuentros que definirán, darán con la verdadera densidad de su vida. Como decíamos, algo del contenido de las películas perdidas asoma entrelazando los tiempos y las escenas, marcando la importancia de la memoria y de los símbolos. Pero sólo así todo quedaría en arqueología si no fuera por las epifanías de los personajes de la Morgenstem que marcan la otra línea, el otro mensaje de este fílm, que lo empuja hacia el presente vivido.

La película se inicia con el primer encuentro con la Desconocida tras la escena que prefigura un mundo dividido entre la burguesía y un sector social integrista, para traspasarse al espacio de los exilios y de los registros policiales que ya no terminarán. En el trayecto, el héroe se encontrará con el embarque de una gigantesca estatua de Lenin que da ocasión para otros encuentros textuales, esta vez con la pintura de Margritte, y sus representaciones pétreas que levitan en el espacio. La frase de Morgenstem que comenta: "Es un largo viaje y habrá que comprar alimentos", parece referir una apuesta de resistencia y de algún término para ese viaje, alguna llegada. En la superficie se relata un hecho verdadero: la compra de una estatua de Lenin por un millonario de Occidente. El viaje por el río da lugar a otro espectáculo cargado de sentido, en el homenaje que el pueblo de las orillas va rindiendo al gigante. Un monstruo -comentaría un periodista- que a lo mejor no está tan muerto ni sepultado. De todos modos, es indudable que la película lo ubica en el centro del escenario, y por un largo tiempo. El suficiente como para establecer, ya se sabrá, si un resumen o una profecía.

"A" continúa sus viajes. Ya a través de Rumania, ya entrando a Yugoslavia. Se nos recuerda que es posible viajar por toda Europa, y en las edades medias se hacía, viajando por los ríos. Esta vez ríos estrechados por la guerra. Llega así a un lugar donde vive alguien, que es otra y es la misma, también encarnada por Maia Morgenstem, para todos los casos Circe, la encantadora, que trata de retenerlo. Pero todos sus caminos, y su voluntad lo dirigen hacia Sarajevo. Lo que origina una impresionante visión de una ciudad acribillada de impactos de misiles y morteros. En esa ciudad "A" encuentra a quien guarda todavía esas miradas griegas inocentes. El viejo cineasta, Personalizado por uno de los más notables actores bergmanianos, Erland Josephson, que guarda los rollos y podrá llegar a revelarlos, y su hija, también Morgenstem, para todos los casos y desde siempre Nausicaa, la hija del rey Alcinoo, una promesa de vida. El destino deseado nunca deberá cumplirse, como tampoco la promesa de esta civilización. Una tarde, en donde la música realza su belleza, pero una tarde de neblina, cede el espacio de la imagen a ordenes que en el nombre de la voluntad de Dios ejecutan a los amigos de "A", y destruyen un amor que nace. "El amor, esa vieja canción que vino de tan lejos" (Joyce).

Es impresionante el apoyo que rinde a estas escenas la música de Eleni Karaindrou, que ya había acompañado a Theo Angelopoulus en otras producciones (La Trilogía del Silencio). Será dificil encontrar otra película como ésta, quizás porque nos pone frente a un mundo, y a sus héroes que tampoco volveremos a ver. Aunque uno no sabe si sigue vigente la promesa de la Égloga IV de Virgilio: "habrá otra Argos, y otros esforzados navegantes..."


 27 de abril de 1935 - 24 de enero de 2012








miércoles, octubre 25, 2006

“Carta a los directores de asilos de locos”, de Antonin Artaud




Señores:

Las leyes, las costumbres, les conceden el derecho de medir el espíritu. Esta jurisdicción soberana y terrible, ustedes la ejercen con su entendimiento. No nos hagan reír. La credulidad de los pueblos civilizados, de los especialistas, de los gobernantes, reviste a la psiquiatría de inexplicables luces sobrenaturales. La profesión que ustedes ejercen está juzgada de antemano. No pensamos discutir aquí el valor de esa ciencia, ni la dudosa realidad de las enfermedades mentales. Pero por cada cien pretendidas patogenias, donde se desencadena la confusión de la materia y del espíritu, por cada cien clasificaciones donde las más vagas son también las únicas utilizables, ¿cuántas nobles tentativas se han hecho para acercarse al mundo cerebral en el que viven todos aquellos que ustedes han encerrado? ¿Cuántos de ustedes, por ejemplo, consideran que el sueño del demente precoz o las imágenes que lo acosan, son algo más que una ensalada de palabras?

No nos sorprende ver hasta qué punto ustedes están por debajo de una tarea para la que sólo hay muy pocos predestinados. Pero nos rebelamos contra el derecho concedido a ciertos hombres -incapacitados o no- de dar por terminadas sus investigaciones en el campo del espíritu con un veredicto de encarcelamiento perpetuo.

¡Y qué encarcelamiento! Se sabe -nunca se sabrá lo suficiente- que los asilos, lejos de ser “asilos”, son cárceles horrendas donde los recluidos proveen mano de obra gratuita y cómoda, y donde la brutalidad es norma. Y ustedes toleran todo esto. El hospicio de alienados, bajo el amparo de la ciencia y de la justicia, es comparable a los cuarteles, a las cárceles, a los penales.

No nos referimos aquí a las internaciones arbitrarias, para evitarles la molestia de un fácil desmentido. Afirmamos que gran parte de sus internados -completamente locos según la definición oficial- están también recluídos arbitrariamente. Y no podemos admitir que se impida el libre desenvolvimiento de un delirio, tan legitimo y lógico como cualquier otra serie de ideas y de actos humanos. La represión de las reacciones antisociales es tan quimérica como inaceptable en principio. Todos los actos individuales son antisociales. Los locos son las víctimas individuales por excelencia de la dictadura social. Y en nombre de esa individualidad, que es patrimonio del hombre, reclamamos la libertad de esos galeotes de la sensibilidad, ya que no está dentro de las facultades de la ley el condenar a encierro a todos aquellos que piensan y obran.

Sin insistir en el carácter verdaderamente genial de las manifestaciones de ciertos locos, en la medida de nuestra aptitud para estimarlas, afirmamos la legitimidad absoluta de su concepción de la realidad y de todos los actos que de ella se derivan.

Esperamos que mañana por la mañana, a la hora de la visita médica, recuerden esto, cuando traten de conversar sin léxico con esos hombres sobre los cuales, reconózcanlo, sólo tienen la superioridad que da la fuerza.



 

martes, octubre 24, 2006

"Amanecí de bala", de Víctor "El Chino" Valera Mora





Amanecí de bala
amanecí bien magníficamente bien todo arisco
hoy no cambio un segundo de mi vida por una bandera roja
mi vida toda la cambiaría por la cabellera de esa mujer
alta y rubia cuando vaya a la Facultad de Farmacia se lo diré
seguro que se lo diré asunto mío amanecer así
esta mañana cuando abrí las puertas con la primera ráfaga
alborotando tumbando todo entraron a mis pulmones
los otros poetas de la Pandilla de Lautréamont
grandes señores tolerados a duras penas por sus mujeres
al más frenético le pregunto por su libro vagancia city
como me gusta complicar a mis amigos los vivo nombrando
el diablo no me llevará a mí solo
ella antiguamente se llamaba Frida y estaba residenciada en Baviera
en una casa de grandes rocas levantadas por su amante vikingo
sus locuras en el mar de los sargazos
hay sol hasta la madrugada y creo que jamás moriré
sin embargo deseo que este día me sobreviva
soy desmesurado o excesivo y no doy consejos a nadie
pero hoy veo más claro que nunca y quiero que los demás participen
hermoso día me enalteces desenfrenada alegría
no tengo comercio con la muerte no le temo
llevo en la sangre la vida de cada día soy de este mundo
bueno como un niño implacable como un niño
guardo una fidelidad de hierro a los sueños de mi infancia
en este punto soy socrático él y yo elevamos volantines
restituimos la edad de oro el "qué habrá" al final del arco suspendido
ahora mismo se está mudando un río
hoy una morena de belleza agresiva me dijo pero si estás lindo
entonces yo le dije acaso no sucede cada dos mil años pierdo el hilo
día de advenimiento de locos combates de amor a altas temperaturas
desnudos nos hundimos en las aguas del mismo río







1971








lunes, octubre 23, 2006

Poemas de Ko Un




Monte Kyongho

¿Tú no serías tú
si no supieras todo
del vino y las mujeres?
Pero de lo demás nada sabrías,
así que mira
la pareja de urracas
que pusieron su nido en tu cabello.



Una sonrisa

Shakiamuni sostuvo un loto
y Shakiapa sonrió.
Mentira.
El loto sonrió
y Shakiapa sonrió.
¡No había Shakiamuni!



Ropa limpia

Ondea limpia al viento
y no sabe que es
un Boddhisattva.



En la nave del templo

¡Gran error!
Haberse vuelto antes de entrar
habría sido mejor.



El rollo del maestro

Ta hui, antiguo monje Sung,
quemó el rollo de su maestro:
los recuerdoos del risco Azul.
Bien hecho. Muy bien hecho.
Pero aquí está la obra referida.




de Poemas Zen (1988-1999)

 

domingo, octubre 22, 2006

"La obra y el poeta", de R.F.Burton



El poeta hindú Tulsi Das, compuso la gesta de Hanuman y de su ejército de monos. Años después, un rey lo encarceló en una torre de piedra. En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos y conquistaron la ciudad e irrumpieron en la torre y lo libertaron.




sábado, octubre 21, 2006

“Como ha de ser el Samurai”, de Yamamoto Tsunetomo





T
engo la impresión de que los jóvenes Samurais de hoy en día se han fijado objetivos lamentablemente bajos. Tienen la mirada furtiva de los ladrones. La mayoría sólo busca su interés personal o hacer gala de su inteligencia. Incluso los que parecen tener el alma serena sólo muestran una fachada. Esta actitud no es conveniente. Un Samurai sólo lo es verdaderamente en la medida que no tiene otro deseo que morir rápidamente -y de volverse puro espíritu- ofreciendo su vida a su amo, en la medida donde su preocupación constante es el bienestar de su Daimyo, al que rinde cuentas continuamente, sin cesar, de la manera mediante la cual resuelve los problemas para consolidar las estructuras del dominio. De este modo, Daimyo y servidores deben estar determinados de la misma manera. Es indispensable que nadie, ni siquiera los dioses y los Budas, puedan haceros desviar de la meta fijada.




de El Camino del Samurai



 

viernes, octubre 20, 2006

“Rashòmon", de Ryunosuke Akutagawa




Habiendo comenzado a llover a mediodía, todavía continuaba después del atardecer. Perdido en un mar de pensamientos incoherentes, buscando algo que le permitiera vivir desde el día siguiente y la manera de obrar frente a ese inexorable destino que tanto le deprimía, el sirviente escuchaba, abstraído, el ruido de la lluvia sobre la Avenida Sajaku. La lluvia parecía recoger su ímpetu desde lejos, para descargarlo estrepitosamente sobre Rashòmon, como envolviéndolo. Alzando la vista, en el cielo oscuro veíase una pesada nube suspendida en el borde de una teja inclinada. “Para escapar a esta maldita suerte” -pensó el sirviente-, “no puedo esperar a elegir un medio, ni bueno ni malo pues si empezara a pensar, sin duda me moriría de hambre en medio del camino o en alguna zanja; luego me traerían aquí, a esta torre, dejándome tirado como a un perro. Pero si no elijo...” Su pensamiento, tras mucho rondar la misma idea, había llegado por fin a este punto. Pero ese “si no elijo...” quedó fijo en su mente. Aparentemente estaba dispuesto a emplear cualquier medio; pero al decir “si no...” demostró no tener el valor suficiente para confesarse rotundamente: “no me queda otro remedio que convertirme en ladrón”. Lanzó un fuerte estornudo y se levantó con lentitud. El frío anochecer de Kyoto hacía añorar el calor del fuego. El viento, en la penumbra, gemía entre los pilares. El grillo que se posaba en la gruesa columna había desaparecido.


1915


jueves, octubre 19, 2006

“El vestido blanco”, de Felisberto Hernández





I

Yo estaba del lado de afuera del balcón. Del lado de adentro, estaban abiertas las dos hojas de la ventana y coincidían muy enfrente una de la otra. Marisa estaba parada con 1a espalda casi tocando una de las hojas. Pero quedó poco en esta posición porque la llamaron de adentro. Al Marisa salirse, no sentí el vacío de ella en la ventana. Al contrario. Sentí como que las hojas se habían estado mirando frente a frente y que ella había estado de más. Ella había interrumpido ese espacio simétrico llena de una cosa fija que resultaba de mirarse las dos hojas.


II

Al poco tiempo yo ya había descubierto lo más primordial y casi lo único en el sentido de las dos hojas: las posiciones, el placer de posiciones determinadas y el dolor de violarlas. las posiciones de placer eran solamente dos: cuando las hojas estaban enfrentadas simétricamente y se miraban fijo, y cuando estaban totalmente cerradas y estaban juntas. Si algunas veces Marisa echaba las hojas para atrás y pasaban el límite de enfrentarse, yo no podía dejar de tener los músculos en tensión. En ese momento creía contribuir con mi fuerza a que se cerraran lo suficiente hasta quedar en una de las posiciones de placer: una frente a la otra. De lo contrario me parecía que con el tiempo se les sumaría un odio silencioso y fijo del cual nuestra conciencia no sospechaba el resultado.


III

Los momentos más terribles y violadores de una de las posiciones de placer, ocurrían algunas noches al despedirnos.

Ella amagaba a cerrar las ventanas y nunca terminaba de cerrarlas. Ignoraba esa violenta necesidad física que tenían las ventanas de estar juntas ya, pronto, cuanto antes.

En el espacio oscuro que aún quedaba entre las hojas, calzaba justo la cabeza de Marisa. En la cara había una cosa inconsciente e ingenua que sonreía en la demora de despedirse. Y eso no sabía nada de esa otra cosa dura y amenazantemente imprecisa que había en la demora de cerrarse.


IV

Una noche estaba contentísimo porque entré a visitar a Marisa. Ella me invitó a ir al balcón. Pero tuvimos que pasar por el espacio de esos lacayos de ventanas. Y no se sabía qué pensar de esa insistente etiqueta escuálida. Parecía que pensarían algo antes de nosotros pasar y algo después de pasar. Pasamos. Al rato de estar conversando y que se me había distraído el asunto de las ventanas, sentí que me tocaban en la espalda muy despacito y como si me quisieran hipnotizar. Y al darme vuelta me encontré con las ventanas en la cara. Sentí que nos habían sepultado entre el balcón y ellas. Pensé en saltar el balcón y sacar a Marisa de allí.


V

Una mañana estaba contentísimo porque nos habíamos casado. Pero cuando Marisa fue a abrir un roperito de dos hojas sentí el mismo problema de las ventanas, de la abertura que sobraba. Una noche Marisa estaba fuera de casa. Fui a sacar algo del roperito y en el momento, de abrirlo me sentí horriblemente actor en el asunto de las hojas. Pero lo abrí. Sin querer me quedé quieto un rato. La cabeza también se me quedó quieta igual que las cosas que habían en el ropero, y que un vestido blanco de Marisa que parecía Marisa sin cabeza, ni brazos, ni piernas.




A María Isabel G. De Hernández


 

miércoles, octubre 18, 2006

"Verdes colinas de África", de Ernest Hemingway

-Fragmento-


Los buenos escritores son destruidos en su país y sus talentos marchitados por exceso de ambición, por los elogios desmedidos, por sus pretensiones de intelectualismo y de superioridad.
...
En cierta época de sus vidas, los escritores suelen convertirse en líderes. ¿ A quiénes conducen? Poco importa. Si no tienen discípulos los inventan. Y es inútil que aquellos que han sido escogidos como discípulos, protesten. En este caso se los acusa de deslealtad... Hay otros que ensayan salvar su alma con lo que escriben. Es un medio fácil. Otros, todavía se arruinan por la primera suma de dinero recibida, la primera alabanza, el primer ataque, la primera vez que descubren que no pueden escribir, o bien se asustan e ingresan a asociaciones que piensan en lugar de ellos.
...
Piojos de la literatura, gusanos para anzuelo, metidos en una botella, que tratan de derivar conocimientos y alimento de su propio contacto.




1935




martes, octubre 17, 2006

“Las tres carreras”, de Marcel Schwob






L
as higueras han dejado caer sus higos y los olivos sus aceitunas, porque algo extraño ha ocurrido en la isla de Scira. Una muchacha huía, perseguida por un muchacho. Se había levantado el bajo de la túnica y se veía el borde de sus pantalones de gasa. Mientras corría dejó caer un espejito de plata. El muchacho recogió el espejo y se miró en él. Contempló sus ojos llenos de sabiduría, amó el juicio de éstos, cesó su persecución y se sentó en la arena. Y la muchacha comenzó de nuevo a huir, perseguida por un hombre en la fuerza de su edad. Había levantado el bajo de su túnica y sus muslos eran semejantes a la carne de un fruto. En su carrera, una manzana de oro rodó de su regazo. Y el que la perseguía cogió la manzana de oro, la escondió bajo su túnica, la adoró, cesó su persecución y se sentó en la arena. Y la muchacha siguió huyendo, pero sus pasos eran menos rápidos. Porque era perseguida por un vacilante anciano. Se había bajado la túnica, y sus tobillos estaban envueltos en un tejido de muchos colores. Pero mientras corría, ocurrió algo extraño, porque uno después de otro se desprendieron sus senos, y cayeron al suelo como nísperos maduros. El anciano olió los dos, y la muchacha, antes de lanzarse al río que atraviesa la isla de Scira, lanzó dos gritos de horror y de pesar.



 

lunes, octubre 16, 2006

"Posmodernidad y perversidad política", de James Petras



No dejan de recordarnos nuestros líderes que vivimos en el mejor de los mundos posibles gracias a la capacidad de producción de unos pueblos libres que operan en un mercado libre. Con todo, hay un factor de perversidad en la lógica que acompaña a estas eufóricas declaraciones.

Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal norteamericana, declaraba recientemente que «Estados Unidos entra en el nuevo milenio con un sistema económico que ha producido la mayor prosperidad que ha visto el mundo». Sin embargo, los trabajadores norteamericanos laboran el mayor número de horas del mundo industrializado –2.000 al año–, casi 200 horas (el equivalente a cinco semanas) al año más que en España y 440 horas más que en Alemania (once semanas más). Trabajan más tiempo... pero reciben menos beneficios sociales. Las universidades públicas cuestan más de 3.500 dólares al año, 44 millones de personas carecen de cobertura médica y menos de un tercio de los norteamericanos dispone de algún tipo de pensión financiada por la empresa. Según Greenspan, la economía va estupendamente; son sólo las personas las que no van bien.

En un estilo parecido, el primer ministro inglés, Tony Blair, declara que la tercera vía representa el camino hacia una mayor prosperidad, al tiempo que propone elevar la edad de jubilación a los 70 años a fin de asegurarse de que el grueso de la clase obrera empleada en actividades de riesgo pague por unas pensiones que quizá nunca llegue a percibir. Mientras este charlatán portavoz de un nuevo laborismo recibe entusiastas vítores de los financieros de la City londinense, se disparan los beneficios de éstos y las mujeres de más edad se convierten en el grupo de más rápido crecimiento entre los pobres de las ciudades. La tercera vía parece que se refiere a las tres vías para enriquecer a los ya ricos: pagar salarios bajos, cobrar rentas altas y reducir las pensiones. En el área de los derechos humanos, el sangriento ex dictador chileno Pinochet es descrito por Margaret Thatcher como un “héroe del pueblo latinoamericano” que es objeto de una persecución política porque se le acusa de asesinatos y torturas en masa. Las más preclaras mentes de la abogacía británica, graduadas en Oxford y Cambridge, sostienen que, bajo Pinochet, la tortura en Chile “no obedecía a motivos políticos”. He aquí la razón por la que sólo se aplicaban tratamientos eléctricos de choque a los sindicalistas y no a los banqueros; por la que se ejecutaba sumariamente a los campesinos y no a los terratenientes. Por supuesto, cabe en lo posible que aquéllos de nosotros que no tenemos ni la más remota idea de las sutilezas de la legislación de Su Majestad confundamos lo que los abogados describen como “brutalidad policial” con los asesinatos masivos dirigidos desde el Estado, especialmente bajo una dictadura totalitaria.

Además, casi ninguno de nosotros tiene ni la erudición ni los conocimientos que nos permitirían entender cómo es posible que un dictador, cuya policía secreta controlaba hasta el mínimo detalle de la actividad civil y del Estado, no supiera lo que pasaba. Es más, sólo un picapleitos británico puede explicar con absoluta solemnidad que la aplicación de electrodos en los genitales constituye, de acuerdo con las leyes británicas, “maltrato político” y no “tortura”. Una pena para Mussolini que no sobreviviera a las iras de los partisanos y que se le sometiera a juicio en Inglaterra, pero, en fin, vivimos en un mundo posmoderno en el que las cosas no son como parecen.

Nos encontramos luego con que el gobierno checo de Vaclav Havel aprueba la construcción de muros alrededor de las comunidades romaníes (gitanos) y envía a los niños romaníes a escuelas para retrasados mentales. Con toda coherencia, el ministro checo de Asuntos Exteriores, Jan Kovan, solicitó de la Unión Europea que financiara unos proyectos de educación especial, no para reeducar a los checos racistas, sino para integrar a los romaníes en la sociedad checa. Estamos seguros de que el presidente Havel, en tiempos un héroe del humanismo occidental y crítico del Muro de Berlín, está en condiciones de ilustrarnos con una grandilocuente explicación acerca de esta perversa lógica política.

Y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que predica la austeridad a los países pobres del mundo y luego suelta alegremente 4.500 millones de dólares para consolidar la cleptocracia en Rusia. Al parecer, los yacimientos rusos de petróleo y gas ayudan a explicar la lógica perversa del FMI. Nos encontramos después con el caso de Indonesia y Timor Oriental. Según The Observer de Londres, consejeros militares norteamericanos entrenaron hasta 1999 a fuerzas paramilitares indonesias, las mismas fuerzas que han atacado salvajemente Timor Oriental.

Eso no le impide al presidente Bill Clinton proclamar solemnemente su “preocupación por el pueblo timorense” y defender la ausencia del ejército norteamericano como consecuencia de un excesivo número de compromisos en misiones humanitarias. “No podemos ser la policía del mundo”, declara Clinton con beatería. Y muy especialmente, podría añadirse, cuando a Washington se le invita a atacar a unos leales clientes terroristas que podrían resultar útiles en el futuro si los timorenses del Este se inclinan por emprender una vía de evolución independiente. Nos encontramos luego con el tema de la entrada de Turquía en la Comisión Económica Europea. Bajo la mirada complaciente de Europa, Turquía se prepara para la entrada mediante la invasión del norte de Irak y el envío de miles de soldados y helicópteros para machacar a los kurdos que han declarado unilateralmente un alto el fuego.

Éstas son las satisfacciones de vivir en la absoluta normalidad de los tiempos posmodernos. Cuando la tortura ya no es tortura, cuando las economías florecen y las personas nacen para trabajar y morir, cuando se considera normal el entrenar a asesinos paramilitares y el adoptar posturas humanitarias, cuando se envía a los hijos de las minorías perseguidas a escuelas para retrasados mentales, allí donde la tortura sistemática se reduce a simple «maltrato», en realidad vivimos en la lógica perversa de un sistema social perverso.

La lógica perversa que enseñorea el mundo occidental sólo puede entenderse en razón del cada vez mayor abismo entre la ideología democrática que legitima a Occidente y sus gobernantes y sus prácticas profundamente autoritarias e imperialistas. Y cuanto mayor es la distancia entre ideología y realidad, más perversa es la lógica con la que pretende salvarse esa diferencia.


Publicado en El Mundo, el 11 de noviembre de 1999.

sábado, octubre 14, 2006

"Tristeza", de Juan Carlos Villavicencio



a C.B.

There is a silence where hath been no sound
There is a silence where no sound may be in the cold grave
In the cold grave, under the deep deep sea.

Thomas Hood

Sabe que tras los desiertos están sus ojos húmedos, escapando a un sueño distante donde los gatos sonrientes la miraban i el viento bajaba a acariciarle el rostro con sus lluvias. Ahí ella está desnuda, escuchando breves huellas del piano junto al bosque, en la arena de mar que sería un paraíso. Ahí también un hombre con la cara tatuada la observa adivinando, ahí su pequeña hija baila blanca en el aire u otro sueño. Esto no ha sucedido aún. Él recuerda en el silencio de las cavernas que ha forjado el último de los sueños mutuos i aún la piel i el fuego de los labios rozando su cuello, en las horas perdidas que no vuelven i que insiste en reiterar.



De Breaking Glass, poemario escrito en colaboración con Carlos Almonte.








viernes, octubre 13, 2006

“El microrrelato: Ese arte pigmeo”, de Pedro de Miguel





Microcuento, minicuento, cuento minúsculo, cuento en miniatura, incluso cuentículo. Existen demasiadas denominaciones para dar cuerpo al cuento brevísimo, entre las que parece imponerse la de “microrrelato”.

Un fenómeno en absoluto nuevo en la literatura, que sin embargo parece ponerse de moda en el último medio siglo, de la mano de insignes cultivadores de la ficción hispanoamericana como Borges, Cortázar, García Márquez, Arreola, Denevi y Monterroso. Porque, aunque el microrrelato no es ajeno a todas las literaturas contemporáneas -basta recordar la extraña belleza de los cuentos breves de Kafka o el impagable humor de los de Slawomir Mrozek-, parece haber irrumpido con mayor fuerza al otro lado del Atlántico, donde también se ha intentado dotarlo de base teórica y distinguirlo de especies afines.

El microrrelato hunde sus raíces, como toda literatura, en la tradición oral, en forma de fábulas y apólogos, y va tomando cuerpo en la Edad Media a través de la literatura didáctica, que se sirve de leyendas, adivinanzas y parábolas. Algunos han visto el microrrelato como la versión en prosa del haiku oriental y otros lo han hecho derivar de la literatura lapidaria.

Pero es en la época moderna, al nacer el cuento como género literario, cuando el microrrelato se populariza en la literatura en español gracias a la concurrencia de dos fenómenos de distinta índole: la explosión de las vanguardias con su renovación expresiva y la proliferación de revistas que exigían textos breves ilustrados para llenar sus páginas culturales. Algunas de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna son verdaderos cuentos de apenas una línea, y también Rubén Darío y Vicente Huidobro publicaron minicuentos desde diversas estéticas. Junto a estos autores, la crítica señala también al mexicano Julio Torri y al argentino Leopoldo Lugones como decisivos precursores del actual microrrelato.

En la segunda mitad del siglo XX el microrrelato llega a su madurez. Ya no se trata de un ejercicio de estilo, de una pirueta de agudeza o de un retazo más o menos misterioso de prosa poética. El microrrelato se presenta como una auténtica propuesta literaria, como el género idóneo para definir, parodiar o volver del revés la rapidez de los nuevos tiempos y la estética postmoderna. Algo que tiene que ver con Italo Calvino y sus “Seis propuestas para el próximo milenio”, con sus “hibridaciones multiculturales”, como ha señalado Enrique Yepes, uno de los estudiosos de este arte pigmeo. El cuento brevísimo es la arena ideal donde se bate la moda de la destrucción de los géneros, hasta el punto de que resulte imposible -e inútil- tratar de definirlo, distinguirlo o envolverlo de legalidad.

Proliferan así estos “cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas” -según expresión del argentino David Lagmanovich- que, con su despojamiento, ponen a prueba “nuestras maneras rutinarias de leer”. Para diferenciarlos de los aforismos, las frases lapidarias o los miniensayos, deben cumplir los principios básicos de la narratividad, aunque de una forma extravagantemente concentrada. Son, casi siempre, ejercicios de reescritura, o minúsculo laboratorio de experimentación del lenguaje, o ambiciosa pretensión de encerrar en unas líneas una visión trascendente del mundo. Pero queda una sospecha: ¿no habrá en todo esto un poco de pereza?

Con su humor de siempre, Augusto Monterroso parece sembrar la duda cuando escribe: “Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos en que la imaginación no tenga que trabajar, en que hechos, cosas, animales y hombres se crucen, se busquen o se huyan, vivan, convivan, se amen o derramen libremente su sangre sin sujeción al punto y coma, al punto”.




 

jueves, octubre 12, 2006

"La pluma destapada", de Anthony Seidman



Entre estas palabras hay una selva: las lianas se anillan alrededor de la piedra diosa: la mitad serpiente, la mitad puta, con una corana de granito como plumas de colibrí y pies con garras. Insectos, y huecos en las sombras de los rayos del blanco sol, y la humedad apesta como los pies de los vendedores de queso en el mercado. Cada fronda de palmeras que abro revela el filo de un risco, y abajo las nubes ruedan lentamente arrastando la lluvia sin remedio. La diosa a veces me habla, aquí, en el pico de un Himalaya tropical. Yo retumbo y retumbo los tambores pero las nubes no me alcanzan. Yo descifro esta selva, piedra sobre piedra, porque solamente el miope puede mirar la estrella bajo el sol. Las lianas se mueven y el viento acaricia sus musgos de granito. Yo retumbo y retumbo los tambores, esperando las palabras llover. Cuando ellas caen el sol revienta en otro hemisferio, la nevada se deshiela y un siseo escapa de su boca de granito: una oración callada por la selva entre palabras.









Versión de Miguel Ángel Zapata.









miércoles, octubre 11, 2006

“Cómo escribo”, de Italo Calvino






Escribo a mano y hago muchas, muchas correcciones. Diría que tacho más de lo que escribo. Tengo que buscar cada palabra cuando hablo, y experimento la misma dificultad cuando escribo. Después hago una cantidad de adiciones, interpolaciones, con una caligrafía diminuta.

Me gustaría trabajar todos los días. Pero a la mañana invento todo tipo de excusas para no trabajar: tengo que salir, hacer alguna compra, revisar los periódicos. Por lo general, me las arreglo para desperdiciar la mañana, así que termino escribiendo de tarde. Soy un escritor diurno, pero como desperdicio la mañana, me he convertido en un escritor vespertino. Podría escribir de noche, pero cuando lo hago no duermo. Así que trato de evitarlo.

Siempre tengo una gran cantidad de proyectos pendientes. Tengo una lista de alrededor de veinte libros que me gustaría escribir, pero después llega el momento de decidir que voy a escribir ese libro.

Cuando escribo un libro que es pura invención, siento un anhelo de escribir de un modo que trate directamente la vida cotidiana, mis actividades e ideas. En ese momento, el libro que me gustaría escribir no es el que estoy escribiendo. Por otra parte, cuando estoy escribiendo algo muy autobiográfico, ligado a las particularidades de la vida cotidiana, mi deseo va en dirección opuesta. El libro se convierte en uno de invención, sin relación aparente conmigo mismo y, tal vez por esa misma razón, más sincero.



 

martes, octubre 10, 2006

"Mientras bebo solo a la luz de la luna", de Li Po / Li Bai

Versión de Juan Carlos Villavicencio




Una jarra de vino entre las flores.
No hay ningún camarada para beber conmigo,
pero invito a la luna,
y, contando a mi sombra, seremos tres.
Pero la luna no bebe,
y mi sombra se contenta con seguirme.

Festejemos, con mi amiga luna y mi sombra esclava:
la primavera es época propicia para el goce.
Canto y la luna prolonga su presencia;
bailo y mi sombra se enreda.
Los tres juntos, antes de beber, reposábamos;
ahora, ebrios, cada uno marcha por su lado.

¡Regocijémonos muchas horas todavía,
en nuestro extraño festín inanimado,
para encontrarnos al fin en el Río de Plata de los Cielos!











lunes, octubre 09, 2006

"Antólogos y antologías", de Manuel Rojas






* Hay personas que creen que hacer antologías es hacer obra literaria. Error. Una antología no es una creación; es un préstamo que se toma a muchas personas, muchas de las cuales, por estar muertas, no pueden negarse. Las vivas no se niegan por timidez o vanidad. El antólogo aprovecha estas debilidades y aquellas defunciones.

* Esos préstamos no rinden interés alguno. Tampoco se pagan.

* Sólo los profesores y los diletantes hacen antologías; los primeros, sinceramente, para venderlas; los segundos, por amor la literatura, aunque también las venden.

* Los antólogos no pagan derechos a nadie. No se olvidan, sin embargo, de cobrar los suyos.

* Los escritores, si son buenos, subsisten; los antólogos, por buenos que sean, mueren. Sólo los pésimos sobreviven; las maldiciones los mantienen. Es necesario elegir.

* Los antólogos creen que las antologías benefician a la literatura. No hay tal. Sólo le agregan fechas inexactas, erratas a granel y una iconografía digna de la Sección de Investigaciones.

* ¿Qué van a decir mis admiradoras cuando vean este retrato mío?

* Hay poetas que sólo existen en las antologías.

* Si no fuera por los antólogos, la lírica de todos los países sería, seguramente, más escasa, pero, indudablemente, mejor.

* Pero, ¿qué haría un antólogo en un país en que no hubiera sino media docena de buenos poetas?

* En Estados Unidos se publican decenas de antologías de escritores hispanoamericanos. ¿Para qué decir que en la mayoría de los casos esos escritores no ven jamás un céntimo y que rarísimas veces reciben un ejemplar de esas antologías? La Política de Buena Vecindad exige ciertos sacrificios. . . de parte de los escritores.

* Carta a un antólogo: “Señor: gracias a usted, la humanidad dispondrá, desde la fecha de la aparición de su antología, de dos versiones de mi poema Gato encerrado: la que yo tuve la insensatez de escribir y la que usted ha tenido la osadía de atribuirme”.

* Final de la carta: “...y, gracias a usted, que me hace nacer en 1876, siendo que en realidad sólo nací en 1896, tendré que estirar la pata antes de tiempo”.

domingo, octubre 08, 2006

"Octubre ocho", de Gonzalo Rojas



Así que me balearon la izquierda, ¡lo que anduve
con esta pierna izquierda por el mundo! Ni un árbol
para decirle nada, y víboras, y víboras,
víboras como balas, y agárrenlo y reviéntenlo,
y el asma, y otra cosa,
y el asma, y son las tres. Y el asma, el asma, el asma.

Así que son las tres, o ya no son las tres,
ni es el ocho, ni octubre. Así que aquí termina
la quebrada del Yuro, así que la Quebrada
del Mundo, y va a estallar. Así que va a estallar
la grande, y me balearon en octubre.

Así que daban cinco mil dólares por esto, o eran cincuenta mil,
sangre mía, por esto que fuimos y que somos,
¡y todo lo que fuimos y somos! Cinco mil
por mis ojos, mis manos, cincuenta mil por todo,
con asma y todo. Y eso, roncos pulmones míos,
que íbamos a cumplir los cuarenta cantando.

Cantando los fatídicos mosquitos de la muerte:
arriba, arriba, arriba los pobres, la conducta
de la línea de fuego, bienvenida la ráfaga
si otros vienen después. Vamos, vamos veloces,
vamos veloces a vengar al muerto.

Lo mío -¿qué es lo mío?-: esta rosa, esta América
con sus viejas espinas. Toda la madrugada
me juzgan en inglés. ¿Qué es lo mío y lo mío
sino lo tuyo, hermano? La cosa fue de golpe
y al corazón. Aquí
va a empezar el origen, y cómanse su miedo.

Así que me carnearon y después me amarraron.
A Vallegrande -a qué- ¡y en helicóptero!
Bueno es regar con sangre colorada el oxígeno
aunque después me quemen y me corten las manos,
las dos manos.
-Dispara sin parar
mientras voy con Bolívar, pero vuelvo.

Lota, 1967.


Publicado en Oscuro, de 1977.



sábado, octubre 07, 2006

“La caída”, de Albert Camus

-Fragmento-



El alcohol y las mujeres me procuraron, fuerza es confesarlo, el único consuelo del que yo era digno. Le confío este secreto, querido amigo, no tema hacer uso de él. Verá entonces cómo el verdadero libertinaje es liberador, porque no crea ninguna obligación. En el libertinaje uno no posee sino a su propia persona. Es, pues, la ocupación preferida de los grandes enamorados de sí mismos. El libertinaje es una selva virgen, sin futuro ni pasado y, sobre todo, sin promesas ni sanciones inmediatas. Los lugares en que se lo practica están separados del mundo; al entrar en ellos uno deja afuera el temor y la esperanza. La conversación no es allí obligatoria. Lo que uno va a buscar, puede obtenerse sin palabras y, a menudo, sin dinero. Ah, déjeme usted, se lo ruego, rendir un homenaje particular a aquellas mujeres desconocidas y olvidadas, que me ayudaron entonces. Aun hoy, con el recuerdo que guardo de ellas se mezcla algo que se parece al respeto.

En todo caso, hice uso sin medida de esta liberación. Hasta llegaron a verme en un hotel consagrado a lo que la gente llama pecado, viviendo simultáneamente con una prostituta madura y una joven de la mejor sociedad. Con la primera representaba el papel de caballero andante, y a la segunda la puse en condiciones de conocer algunas realidades. Desgraciadamente, la prostituta tenía un temperamento muy burgués; consintió por fin en escribir sus recuerdos para un periódico confesional, muy abierto a las ideas modernas. Por su parte, la muchacha se casó para satisfacer sus instintos desatados y dar un empleo a sus notables dotes. No estoy menos orgulloso de que en aquella época una corporación masculina, con demasiada frecuencia calumniada, me haya acogido como a un igual. Se lo diré al pasar: bien sabe usted que aun hombres muy inteligentes cifran su gloria en poder vaciar una botella más que su vecino. Por fin yo había podido encontrar la paz y la libertad en esa dichosa disipación. Pero así y todo hube de encontrar un obstáculo en mí mismo. Fue mi hígado y luego una fatiga tan terrible que todavía hoy no me ha abandonado. Uno juega a ser inmortal y, al cabo de algunas semanas, no sabe siquiera si podrá arrastrarse hasta el día siguiente.






viernes, octubre 06, 2006

"Tractatus de sortilegiis", de Óscar Hahn




En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye
unas rosas re-raras, oh,
y había un tremendo olor a incesto, a violetas macho,
y un semen volador de picaflor en picaflor.
Entonces entraron las niñas en el jardín,
llenas de lluvia, de cucarachas blancas,
y la mayonesa se cortó en la cocina
y sus muñecas empezaron a menstruar.
Te pillamos in fraganti limpiándote el polen
de la enagua, el néctar de los senos, ¿ves tú?
Alguien viene en puntas de pie, un rumor de pájaros
pisoteados, un esqueleto naciendo entre organzas,
alguien se acercaba en medio de burlas y fresas
y sus cabellos ondearon en el charco
llenos de canas verdes.
Dime, muerta de risa, adónde llevas
ese panal de abejas libidinosas.
Y los claveles comenzaron a madurar brillosos
y las gardenias a eyacular coquetamente, muérete,
con sus dureza y blanduras y patas
y sangre amarilla, ¡aj!
No se pare, no se siente, no hable
con la boca llena
de sangre:
que la sangre sueña con dalias
y las dalias empiezan a sangrar
y las palomas abortan cuervos
y claveles encinta
y unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh.








Publicado en Arte de morir, 1977.









jueves, octubre 05, 2006

"Los muslos sobre la grama", de Miguel Ángel Zapata




Escribo por la muchacha que vi correr esta mañana por el cementerio, la que trotaba ágilmente sobre los muertos. Ella corría y su cuerpo era una pluma de ave que se mecía contra la muerte. Entonces dije que en este reino el deporte no era bueno sólo para la alegría del corazón sino también para el orgasmo de la vista. Al verla correr con sus pequeños shorts transparentes deduje que los cementerios no tenían por qué ser tristes, el galope acompasado de la chica daba otra perspectiva al paisaje: el sol adquiría un tono rojizo, su luz tenue se clavaba dando vida a la piel, los mausoleos brillaban con su cabellera de oro, y volví a pensar que la muerte no era un tema de lágrimas sino más bien de gozo cuando la vida continuaba vibrando con los muslos sobre la grama.



Publicado en Lumbre de la letra, 1997.









miércoles, octubre 04, 2006

"Todos los temas con Fresán", de Roberto Bolaño





Con Rodrigo Fresán me une una amistad que se cimenta no sólo en la simpatía (que por mi parte está llena de cariño) sino también en nuestras inacabables conversaciones, que a menudo se convierten en discusiones sobre los temas más peregrinos, algo que no siempre podemos hacer en Barcelona, pues yo vivo en la Costa Brava, ni en la Costa Brava, más concretamente en la sala de mi casa de Blanes, pues él vive en Barcelona, y pese a que ambos viajamos bastante, él más que yo, ninguno de los dos tiene automóvil ni sabe conducir, y el tiempo nos está volviendo sedentarios.

En líneas generales se podría decir que hablamos de muchas cosas. Intentaré enumerarlas sin orden jerárquico. 1) Del infierno latinoamericano que se concentra, sobre todo los fines de semana, en algunos Kentucky Fried Chicken y Mc Donald’s. 2) De las andanzas del fotógrafo de Buenos Aires Alfredo Garófano, amigo de infancia de Rodrigo, y ahora amigo mío y de cualquier persona con un mínimo de sensibilidad. 3) De las malas traducciones. 4) De los asesinos en serie y de los asesinos de masas. 5) Del ocio proyectivo como antídoto del verso proyectivo. 6) De la cantidad ingente de escritores que deberían jubilarse tras escribir el primer libro o el segundo o el tercero o el cuarto o el quinto. 7) De la superioridad de la obra de Basquiat ante la de Haring, o viceversa. 8) De la obra de Borges y de la obra de Bioy. 9) De la conveniencia de retirarse a un rancho en México, cerca de un volcán, para terminar escribiendo “La trilogía del Zopilote”. 10) De los rizos espacio-temporales. 11) De algunas desconocidas majestuosas que se te acercan en un bar y te dicen al oído que tienen el sida (o no). 12) De Gombrowicz y de lo que éste entendía por inmadurez. 13) De Philip K. Dick, a quien ambos admiramos sin reservas. 14) De la posibilidad de una guerra entre Chile y Argentina, y de sus posibles e imposibles consecuencias. 15) De la vida de Proust y de la vida de Stendhal. 16) De lo que hacen algunos profesores en Estados Unidos. 17) De la actividad sexual de los monitos tití y de las hormigas y de los grandes cetáceos. 18) De los colegas a los que hay que evitar como si fueran bombas lapa. 19) De Ignacio Echevarría, a quien ambos queremos y admiramos. 20) De algunos escritores mexicanos que a mí me gustan y que a él no le gustan, así como de algunos escritores argentinos que a mí me gustan y a él no le gustan. 21) De los modales de los barceloneses. 22) De David Lynch y del palabrerío de David Foster Wallace. 23) De Chabon y Palahniuk, que a él le agradan y a mí no. 24) De Wittgenstein y de su habilidad como fontanero y carpintero. 25) De algunas cenas crepusculares, que en realidad, para sorpresa del comensal, se convierten en piezas teatrales en cinco actos. 26) De los concursos basura de la tele. 27) Del fin del mundo. 28) Del cine de Kubrick, que yo, ante el desmedido entusiasmo de Fresán, empiezo a detestar. 29) De la guerra increíble entre el planeta de los seres-novela y el planeta de los entes-cuento. 30) De la posibilidad de que cuando la novela despierte de su sueño de hierro, el cuento siga allí.

Por supuesto, estos treinta apartados no agotan, ni mucho menos, nuestros temas de conversación. Sólo un par de cosas que añadir. Me río mucho cuando hablo con Fresán. Raras veces hablamos de la muerte.









martes, octubre 03, 2006

"Desde la muerte al amor", de Dante Gabriel Rossetti





Al igual que las manos arduas, las nubes débiles huyen
De los vientos que arrasan el invierno de las aéreas colinas,
Como multiformes e interminables esferas
Que inundan la noche en una súbita marea;
Terrores de ígneas lenguas, de inarticulado mar.
Incluso entonces, en algún sombrío cristal de nuestro aliento,
Nuestros corazones evocan la imagen salvaje de la Muerte,
Sombras y abismos que bordean la eternidad.

Sin embargo, junto a la inminente Sombra de la Muerte
Se alza un Poder, que se agita en el ave o fluye en la corriente,
Dulce al deslizarse, encantador al volar.
Dime, mi amor. ¿Qué ángel, cuyo Señor es el Amor,
Agitando la mano en la puerta,
O en el umbral donde yacen las trémulas alas,
Posee la esencia flamígera que tienes tú?




en La casa de la vida, 1870


















lunes, octubre 02, 2006

"Patria y Nacionalidad”, de Mijail Bakunin




E
l Estado no es la patria; es la abstracción, la ficción metafísica, mística, política y jurídica de la patria. La gente sencilla de todos los países ama profundamente a su patria; pero éste es un amor natural y real. El patriotismo del pueblo no es sólo una idea, es un hecho; pero el patriotismo político, el amor al Estado, no es la expresión fiel de este hecho: es una expresión distorsionada por medio de una falsa abstracción, siempre en beneficio de una minoría explotadora. La patria y la nacionalidad son, como la individualidad, hechos naturales y sociales, fisiológicos e históricos al mismo tiempo; ninguno de ellos es un principio. Sólo puede considerarse como un principio humano aquello que es universal y común a todos los hombres; la nacionalidad separa a los hombres y, por tanto, no es un principio. Un principio es el respeto que cada uno debe tener por los hechos naturales, reales o sociales. La nacionalidad, como la individualidad, es uno de esos hechos; y por ello debemos respetarla. Violarla sería cometer un crimen; y, hablando el lenguaje de Mazzini, se convierte en un principio sagrado cada vez que es amenazada y violada. Por eso me siento siempre y sinceramente el patriota de todas las patrias oprimidas.

La esencia de la nacionalidad. Una patria representa el derecho incuestionable y sagrado de cada hombre, de cada grupo humano, asociación, comuna, región y nación a vivir, sentir, pensar, desear y actuar a su propio modo; y esta manera de vivir y de sentir es siempre el resultado indiscutible de un largo desarrollo histórico. Por tanto, nos inclinamos ante la tradición y la historia; o, más bien, las reconocemos, y no porque se nos presenten como barreras abstractas levantadas metafísica, jurídica y políticamente por intérpretes instruidos y profesores del pasado, sino sólo porque se han incorporado de hecho a la carne y a la sangre, a los pensamientos reales y a la voluntad de las poblaciones. Se nos dice que tal o cual región -el cantón de Tesino en Suiza, por ejemplo- pertenece evidentemente a la familia italiana: su lenguaje, sus costumbres y sus restantes características son idénticos a los de la población de Lombardía y, en consecuencia, debería pasar a formar parte del Estado italiano unificado. Creemos que se trata de una conclusión radicalmente falsa. Si existiera realmente una identidad sustancial entre el cantón de Tesino y Lombardía, no hay duda alguna de que Tesino se uniría espontáneamente a Lombardía. Si no es así, si no siente el más leve deseo de hacerlo, ello demuestra simplemente que la Historia real -la vigente de generación en generación en la vida real del pueblo del cantón de Tesino, y responsable de su disposición contraria a la unión con Lombardía- es algo completamente distinto de la historia escrita en los libros. Por otra parte, debe señalarse que la historia real de los individuos y los pueblos no sólo procede por el desarrollo positivo, sino muy a menudo por la negación del pasado y por la rebelión contra él; y que este es el derecho de la vida, el inalienable derecho de la presente generación, la garantía de su libertad.

La nacionalidad y la solidaridad universal. No hay nada mas absurdo y al mismo tiempo más dañino y mortífero para el pueblo que erigir el principio ficticio de la nacionalidad como ideal de todas las aspiraciones populares. El nacionalismo no es un principio humano universal. Es un hecho histórico y local que, como todos los hechos reales e inofensivos, tiene derecho a exigir general aceptación. Cada pueblo y hasta la más pequeña unidad étnica o tradicional tiene su propio carácter, su específico modo de existencia, su propia manera de hablar, de sentir, de pensar y de actuar; y esta idiosincrasia constituye la esencia de la nacionalidad, resultado de toda la vida histórica y suma total de las condiciones vitales de ese pueblo. Cada pueblo, como cada persona, es involuntariamente lo que es, y por eso tiene un derecho a ser él mismo. En eso consisten los llamados derechos nacionales. Pero si un pueblo o una persona existe de hecho de una forma determinada, no se sigue de ello que uno u otra tengan derecho a elevar la nacionalidad, en un caso, y la individualidad en otro como principios específicos, ni que deban pasarse la vida discutiendo sobre la cuestión. Por el contrario, cuanto menos piensen en sí mismos y más imbuidos estén de valores humanos universales, más se vitalizan y cargan de sentido, tanto la nacionalidad como la individualidad.

La responsabilidad histórica de toda nación. La dignidad de toda nación, como la de todo individuo, debe consistir fundamentalmente en que cada uno acepte la plena responsabilidad de sus actos, sin tratar de desplazarla a otros. ¿No son muy estúpidas todas esas lamentaciones de un muchachote quejándose con lágrimas en los ojos de que alguien lo ha corrompido y le ha puesto en el mal camino? Y lo que es impropio en el caso de un muchacho está ciertamente fuera de lugar en el caso de una nación, cuyo mismo sentimiento de autoestima debería excluir cualquier intento de cargar a otros con la culpa de sus propios errores.

Patriotismo y justicia universal. Cada uno de nosotros debería elevarse sobre ese patriotismo estrecho y mezquino para el cual el propio país es el centro del mundo, y que considera grande a una nación cuando se hace temer por sus vecinos. Deberíamos situar la justicia humana universal sobre todos los intereses nacionales. Y abandonar de una vez por todas el falso principio de la nacionalidad, inventado recientemente por los déspotas de Francia, Prusia y Rusia para aplastar el soberano principio de la libertad. La nacionalidad no es un principio; es un hecho legitimado, como la individualidad. Cada nación, grande o pequeña, tiene el indiscutible derecho a ser ella misma, a vivir de acuerdo con su propia naturaleza. Este derecho es simplemente el corolario del principio general de libertad. Todo aquél que desee sinceramente la paz y la justicia internacional debería renunciar de una vez y para siempre a lo que se llama la gloria, el poder y la grandeza de la patria, a todos los intereses egoístas y vanos del patriotismo.



domingo, octubre 01, 2006

"El paso del retorno", de Vicente Huidobro





A Raquel que me dijo un día:
«Cuando tú te alejas un sólo instante,
el tiempo y yo lloramos...»

Yo soy ése que salió hace un año de su tierra
Buscando lejanías de vida y muerte
Su propio corazón y el corazón del mundo
Cuando el viento silbaba entrañas
En un crepúsculo gigante y sin recuerdos

Guiado por mi estrella
Con el pecho vacío
Y los ojos clavados en la altura
Salí hacia mi destino

Oh mis buenos amigos
¿Me habéis reconocido?
He vivido una vida que no puede vivirse
Pero tú Poesía no me has abandonado un solo instante

Oh mis amigos aquí estoy
Vosotros sabéis acaso lo que yo era
Pero nadie sabe lo que soy
El viento me hizo viento
La sombra me hizo sombra
El horizonte me hizo horizonte preparado a todo

La tarde me hizo tarde
Y el alba me hizo alba para cantar de nuevo

Oh poeta esos tremendos ojos
Ese andar de alma de acero y de bondad de mármol
Éste es aquél que llegó al final del último camino
Y que vuelve quizás con otro paso
Hago al andar el ruido de la muerte
Y si mis ojos os dicen
Cuánta vida he vivido y cuánta muerte he muerto
Ellos podrían también deciros
Cuánta vida he muerto y cuánta muerte he vivido

¡Oh mis fantasmas! ¡Oh mis queridos espectros!
La noche ha dejado noche en mis cabellos
¿En dónde estuve? ¿Por dónde he andado?
¿Pero era ausencia aquélla o era mayor presencia?

Cuando las piedras oyen mi paso
Sienten una ternura que les ensancha el alma
Se hacen señas furtivas y hablan bajo:
Allí se acerca el buen amigo
El hombre de las distancias
Que viene fatigado de tanta muerte al hombro
De tanta vida en el pecho
Y busca dónde pasar la noche

Heme aquí ante vuestros limpios ojos
Heme aquí vestido de lejanías
Atrás quedaron los negros nubarrones
Los años de tinieblas en el antro olvidado
Traigo un alma lavada por el fuego
Vosotros me llamáis sin saber a quién llamáis
Traigo un cristal sin sombra un corazón que no decae
La imagen de la nada y un rostro que sonríe
Traigo un amor muy parecido al universo
La Poesía me despejó el camino
Ya no hay banalidades en mi vida
¿Quién guió mis pasos de modo tan certero?

Mis ojos dicen a aquéllos que cayeron
Disparad contra mí vuestros dardos
Vengad en mí vuestras angustias
Vengad en mí vuestros fracasos
Yo soy invulnerable
He tomado mi sitio en el cielo como el silencio

Los siglos de la tierra me caen en los brazos
Yo soy amigos el viajero sin fin
Las alas de la enorme aventura
Batían entre inviernos y veranos
Mirad cómo suben estrellas en mi alma
Desde que he expulsado las serpientes del tiempo oscurecido

¿Cómo podremos entendernos?
Heme aquí de regreso de donde no se vuelve
Compasión de las olas y piedad de los astros
¡Cuánto tiempo perdido! Éste es el hombre de las lejanías
El que daba vuelta las páginas de los muertos
Sin tiempo sin espacio sin corazón sin sangre
El que andaba de un lado para otro
Desesperado y solo en las tinieblas
Solo en el vacío
Como un perro que ladra hacia el fondo de un abismo

¡Oh vosotros! ¡Oh mis buenos amigos!
Los que habéis tocado mis manos
¿Qué habéis tocado?
Y vosotros que habéis escuchado mi voz
¿Qué habéis escuchado?
Y los que habéis contemplado mis ojos
¿Qué habéis contemplado?

Lo he perdido todo y todo lo he ganado
Y ni siquiera pido
La parte de la vida que me corresponde
Ni montañas de fuego ni mares cultivados
Es tanto más lo que he ganado que lo que he perdido
Así es el viaje al fin del mundo
Y ésta es la corona de sangre de la gran experiencia
La corona regalo de mi estrella
¿En dónde estuve en dónde estoy?

Los árboles lloran un pájaro canta inconsolable
Decid ¿quién es el muerto?
El viento me solloza
¡Qué inquietudes me has dado!
Algunas flores exclaman
¿Estás vivo aún?
¿Quién es el muerto entonces?
Las aguas gimen tristemente
¿Quién ha muerto en estas tierras?
Ahora sé lo que soy y lo que era
Conozco la distancia que va del hombre a la verdad
Conozco la palabra que aman los muertos
Éste es el que ha llorado el mundo el que ha llorado resplandores

Las lágrimas se hinchan se dilatan
Y empiezan a girar sobre su eje.
Heme aquí ante vosotros
Cómo podremos entendernos Cómo saber lo que decimos
Hay tantos muertos que me llaman
Allí donde la tierra pierde su ruido
Allí donde me esperan mis queridos fantasmas
Mis queridos espectros
Miradme os amo tanto pero soy extranjero
¿Quién salió de su tierra
Sin saber el hondor de su aventura?
Al desplegar las alas
Él mismo no sabía qué vuelo era su vuelo

Vuestro tiempo y vuestro espacio
No son mi espacio ni mi tiempo
¿Quién es el extranjero? ¿Reconocéis su andar?
Es el que vuelve con un sabor de eternidad en la garganta
Con un olor de olvido en los cabellos
Con un sonar de venas misteriosas
Es éste que está llorando el universo
Que sobrepasó la muerte y el rumor de la selva secreta
Soy impalpable ahora como ciertas semillas
Que el viento mismo que las lleva no las siente
Oh Poesía nuestro reino empieza

Éste es aquél que durmió muchas veces
Allí donde hay que estar alerta
Donde las rocas prohíben la palabra
Allí donde se confunde la muerte con el canto del mar
Ahora vengo a saber que fui a buscar las llaves
He aquí las llaves
¿Quién las había perdido?
¿Cuánto tiempo ha que se perdieron?
Nadie encontró las llaves perdidas en el tiempo y en las brumas
¡Cuántos siglos perdidas!

Al fondo de las tumbas
Al fondo de los mares
Al fondo del murmullo de los vientos
Al fondo del silencio
He aquí los signos
¡Cuánto tiempo olvidados!
Pero entonces amigo ¿qué vas a decirnos?
¿Quién ha de comprenderte? ¿De dónde vienes?
¿En dónde estabas? ¿En qué alturas en qué profundidades?
Andaba por la Historia del brazo con la muerte

Oh hermano, nada voy a decirte
Cuando hayas tocado lo que nadie puede tocar
Más que el árbol te gustará callar.






del libro Últimos poemas, publicado póstumante en 1948.