sábado, diciembre 09, 2006

"La sociedad del espectáculo: I. La separación consumada", de Guy Debord

Fragmentos



1
Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación.

2
Las imágenes que se han desprendido de cada aspecto de la vida se fusionan en un curso común, donde la unidad de esta vida ya no puede ser restablecida. La realidad considerada parcialmente se despliega en su propia unidad general en tanto que seudo-mundo aparte, objeto de mera contemplación. La especialización de las imágenes del mundo se encuentra, consumada, en el mundo de la imagen hecha autónoma, donde el mentiroso se miente a sí mismo. El espectáculo en general, como inversión concreta de la vida, es el movimiento autónomo de lo no-viviente.

3
El espectáculo se muestra a la vez como la sociedad misma, como una parte de la sociedad y como instrumento de unificación. En tanto que parte de la sociedad, es expresamente el sector que concentra todas las miradas y toda la conciencia. Precisamente porque este sector está separado es el lugar de la mirada engañada y de la falsa conciencia; y la unificación que lleva a cabo no es sino un lenguaje oficial de la separación generalizada.

6
El espectáculo, comprendido en su totalidad, es a la vez el resultado y el proyecto del modo de producción existente. No es un suplemento al mundo real, su decoración añadida. Es el corazón del irrealismo de la sociedad real. Bajo todas sus formas particulares, información o propaganda, publicidad o consumo directo de diversiones, el espectáculo constituye el modelo presente de la vida socialmente dominante. Es la afirmación omnipresente de la elección ya hecha en la producción y su consumo corolario. Forma y contenido del espectáculo son de modo idéntico la justificación total de las condiciones y de los fines del sistema existente. El espectáculo es también la presencia permanente de esta justificación, como ocupación de la parte principal del tiempo vivido fuera de la producción moderna.

10
El concepto de espectáculo unifica y explica una gran diversidad de fenómenos aparentes. Sus diversidades y contrastes son las apariencias de esta apariencia organizada socialmente, que debe ser a su vez reconocida en su verdad general. Considerado según sus propios términos, el espectáculo es la afirmación de la apariencia y la afirmación de toda vida humana, y por tanto social, como simple apariencia. Pero la crítica que alcanza la verdad del espectáculo lo descubre como la negación visible de la vida; como una negación de la vida que se ha hecho visible.

13
El carácter fundamentalmente tautológico del espectáculo se deriva del simple hecho de que sus medios son a la vez sus fines. Es el sol que no se pone nunca sobre el imperio de la pasividad moderna. Recubre toda la superficie del mundo y se baña indefinidamente en su propia gloria.

18
Allí donde el mundo real se cambia en simples imágenes, las simples imágenes se convierten en seres reales y en las motivaciones eficientes de un comportamiento hipnótico. El espectáculo, como tendencia a hacer ver por diferentes mediaciones especializadas el mundo que ya no es directamente aprehensible, encuentra normalmente en la vista el sentido humano privilegiado que fue en otras épocas el tacto; el sentido más abstracto, y el más mistificable, corresponde a la abstracción generalizada de la sociedad actual. Pero el espectáculo no se identifica con el simple mirar, ni siquiera combinado con el escuchar. Es lo que escapa a la actividad de los hombres, a la reconsideración y la corrección de sus obras. Es lo opuesto al diálogo. Allí donde hay representación independiente, el espectáculo se reconstituye.

19
El espectáculo es el heredero de toda la debilidad del proyecto filosófico occidental que fue una comprensión de la actividad dominada por las categorías del ver, de la misma forma que se funda sobre el despliegue incesante de la racionalidad técnica precisa que parte de este pensamiento. No realiza la filosofía, filosofiza la realidad. Es vida concreta de todos lo que se ha degradado en universo especulativo.

20
La filosofía, en tanto que poder del pensamiento separado y pensamiento del poder separado, jamás ha podido superar la teología por sí misma. El espectáculo es la reconstrucción material de la ilusión religiosa. La técnica espectacular no ha podido disipar las nubes religiosas donde los hombres situaron sus propios poderes separados: sólo los ha religado a una base terrena. Así es la vida más terrena la que se vuelve opaca e irrespirable. Ya no se proyecta en el cielo, pero alberga en sí misma su rechazo absoluto, su engañoso paraíso. El espectáculo es la realización técnica del exilio de los poderes humanos en un más allá; la escisión consumada en el interior del hombre.

21
A medida que la necesidad es soñada socialmente el sueño se hace necesario. El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada que no expresa finalmente más que su deseo de dormir. El espectáculo es el guardián de este sueño.

24
El espectáculo es el discurso ininterrumpido que el orden presente mantiene consigo mismo, su monólogo elogioso. Es el autorretrato del poder en la época de su gestión totalitaria de las condiciones de existencia. La apariencia fetichista de pura objetividad en las relaciones espectaculares esconde su índole de relación entre hombres y entre clases: una segunda naturaleza parece dominar nuestro entorno con sus leyes fatales. (...)

25
La separación es el alfa y el omega del espectáculo. La institucionalización de la división social del trabajo, la formación de las clases, había cimentado una primera contemplación sagrada, el orden mítico en que todo poder se envuelve desde el origen. Lo sagrado ha justificado el ordenamiento cósmico y ontológico que correspondía a los intereses de los amos, ha explicado y embellecido lo que la sociedad no podía hacer. Todo poder separado ha sido por tanto espectacular, pero la adhesión de todos a semejante imagen inmóvil no significaba más que la común aceptación de una prolongación imaginaria para la pobreza de la actividad social real, todavía ampliamente experimentada como una condición unitaria. El espectáculo moderno expresa, por el contrario, lo que la sociedad puede hacer, pero en esta expresión lo permitido se opone absolutamente a lo posible. El espectáculo es la conservación de la inconsciencia en medio del cambio práctico de las condiciones de existencia. (...)

29
El origen del espectáculo es la pérdida de unidad del mundo, y la expansión gigantesca del espectáculo moderno expresa la totalidad de esta pérdida: la abstracción de todo trabajo particular y la abstracción general del conjunto de la producción se traducen perfectamente en el espectáculo, cuyo modo de ser concreto es justamente la abstracción. En el espectáculo una parte del mundo se representa ante el mundo y le es superior. El espectáculo no es más que el lenguaje común de esta separación. Lo que liga a los espectadores no es sino un vínculo irreversible con el mismo centro que sostiene su separación. El espectáculo reúne lo separado, pero lo reúne en tanto que separado.

32
El espectáculo en la sociedad corresponde a una fabricación concreta de la alienación. La expansión económica es principalmente la expansión de esta producción industrial precisa. Lo que crece con la economía que se mueve por sí misma sólo puede ser la alienación que precisamente encerraba su núcleo inicial.

34
El espectáculo es el capital en un grado tal de acumulación que se transforma en imagen.








Extractos de la primera parte de La sociedad del espectáculo, 1967.








viernes, diciembre 08, 2006

“Medio Levante”, de Sergio Badilla




Nos atábamos las manos para no darnos más golpes en la cara
había necesidad de destrucción como en toda guerra
sentimientos bajos de quien mata primero
lo miré de soslayo para no verle el rostro en sangre
allá afuera en el subterráneo del cosmos
una melodía me recordó a Chopin
tal vez el Concerto #3 para piano de Rachmaninoff
o sólo la presión arterial trepada en mis oídos o el linaje
chorreando de mis labios
con los que había dicho te quiero a esa mujer en la cantina
muy curtido, curtido como sarraceno
allí se rompió la tregua con unas bombas racimo
con ese traje de centurión romano de Ermenegildo Zegna
en el ágora de La Matriz
bien en marcha cabalgamos de vergüenza
hacia la oscuridad del muelle frente al malecón
cuando cayó otro obús en la residencia de los viejos santos
y salieron gritando los de la otra tribu
sionistas y siouxs
como si Gaza no fuera suficiente para sentirse enfermo
desvistiendo a sus transferidos tal fueran escombros de combate.
No entiendo qué fugaz virulencia me dejó medio muerto
o a medio morir saltando
pero fue beneficiosa esa noche
si bien nos dimos de golpes para esperar la madrugada.




jueves, diciembre 07, 2006

"Cuadros de viaje", de Heinrich Heine

Fragmento



La vida y el mundo son el sueño de un dios ebrio, que escapa silencioso del banquete divino y se va a dormir a una estrella solitaria, ignorando que crea cuanto sueña... Y las imágenes de ese sueño se presentan, ahora con una abigarrada extravagancia, ahora armoniosas y razonables... La Ilíada, Platón, la batalla de Maratón, la Venus de Médicis, el Munster de Estrasburgo, la Revolución Francesa, Hegel, los barcos de vapor, son pensamientos desprendidos de ese largo sueño. Pero un día el dios despertará frotándose los ojos adormilados, sonreirá, y nuestro mundo se hundirá en la nada sin haber existido jamás.



1826-1831










miércoles, diciembre 06, 2006

“El almohadón de plumas”, de Horacio Quiroga



 Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, aunque a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer. Durante tres meses -se habían casado en abril-, vivieron una dicha especial. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor; más expansivo e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.

La casa en que vivían influía no poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia. En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. Había concluido, no obstante, por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.

No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de su marido. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó muy lento la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente, todo su espanto callado, redoblando el llanto a la más leve caricia de Jordán. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni pronunciar una palabra. Fue ése el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.

-No sé- le dijo a Jordán en la puerta de calle-. Tiene una gran debilidad que no me explico. Y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy, llámeme en seguida.

Al día siguiente Alicia amanecía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin que se oyera el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, deteniéndose un instante en cada extremo a mirar a su mujer.
Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche quedó de repente con los ojos fijos. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

-¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia lanzó un alarido de horror.

-¡Soy yo, Alicia, soy yo!

Alicia lo miró con extravío, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, volvió en sí. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola por media hora temblando. Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.

Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio, y siguieron al comedor.

- Pst... - se encogió de hombros desalentado el médico de cabecera -. Es un caso inexplicable.. Poco hay que hacer...
- ¡Sólo eso me faltaba! - resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.

Alicia fue extinguiéndose en subdelirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas oleadas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aun que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaban ahora en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama, y trepaban dificultosamente por la colcha. Perdió luego el conocimiento.

Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el sordo retumbo de los eternos pasos de Jordán.

Alicia murió, por fin. La sirvienta, cuando entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañado el almohadón.

-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre. Jordán se acercó rápidamente y se dobló sobre aquél. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.
-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó, pero en seguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.
-Pesa mucho -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón sin duda había impedido al principio su desarrollo; pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había el monstruo vaciado a Alicia.

Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.





martes, diciembre 05, 2006

lunes, diciembre 04, 2006

"El viaje", de Madame Blavatsky




C
uando nací todos quedaron asombrados porque mis ojos no miraban hacia afuera sino hacia adentro. Pero fue mi bautizo, el presagio de lo que más tarde ocurriría. De pronto, la llama de uno de los cirios incendió por completo el lugar. El fuego y el pánico se propagaron tan rápido que menos de la mitad de los presentes logró escapar con vida. Creo que fue desde ese momento que la gente comenzó a murmurar cosas extrañas sobre mí.

Sonámbula desde niña. Vagué por las habitaciones de la oscura casa, conversando con las ánimas de mis familiares ya muertos. Mis padres y mis hermanos muchas veces fueron testigo de esto, pero lo callaron para protegerme. A los diecisiete años dejé los estudios. Siempre supe que carecía de cualquier tipo de gracia o encanto. Quizás ese fue el motivo por el cual me casé con un viejo militar de casi ochenta años. Pero el enlace no duró mucho, al poco tiempo lo abandoné, detestaba su olor, su piel contorsionada y el espanto que le provocaba cuando notaba que mis ojos observaban mirando hacia adentro. Ya libre y con dinero suficiente, comencé un singular itinerario de viajes a través del Estigia, el río con las aguas más oscuras y cansadas de todo el planeta. En la Región del Tártaro conocí a un mago musulmán que me enseñó a dilucidar entre el mundo real y el reino de los muertos. Pude atravesar sin dificultad ambos territorios y fue mío el conocimiento de otros mundos superiores y el hallazgo de la sabiduría más hermética. A cambio, tuve que eliminar de mi mente el espejismo de mi propio yo y engañar a los tres jueces inmaculados para no beber el agua que me haría perder toda la memoria.

A mi regreso se produjo otro acontecimiento. Una noche, mientras paseaba a orillas del lago Lhéete, me vi rodeada de príncipes ataviados con curiosos ropajes. Entre ellos reconocí de inmediato, al Gran Sabio, a quien tantas veces había llamado. Estuvimos conversando durante varias horas. Antes de marcharse me acarició con su cabeza derecha, encomendándome una misión que no puedo revelarles. Luego vinieron más mensajes sobre la secreta doctrina, y la creación de un gobierno invisible. Completamente fascinada veía como distintas personas llegaban a mi casa para adherirse a esta nueva ciencia. Deseaba tanto no defraudarlos, pero el gran misterio no podía ser entregado a cualquiera. Entre cientos de candidatos, apenas dos no fracasaron en su intento y solo uno fue bañado por entero. Iniciarse en este camino demanda rigor e inteligencia. Muchos de quienes se lo propusieron debieron haber meditado antes de someter su voluntad.

Con el tiempo mis habilidades fueron aumentando, pudiendo incluso prescindir de todo mi cuerpo. Esta cualidad me permitió trasladarme hasta las regiones más herméticas. Ahí descifré lo indescifrable, empleando un conjunto de textos que he encontré en las puertas de un templo subterráneo. En estos se narra la horrible historia de la humanidad, en una sola palabra. Una palabra prohibida e impronunciable. Esta palabra se contrae constantemente para no ser oída ni tocada. Pero él me ha premiado con la posibilidad de transmitirles en nuestro lenguaje su significado:

"Al inicio el hombre original y su terror subsistían sólo como una diminuta esfera de luz a la espera de transformarse en carne y miedo. Fueron seis las razas en el ciclo de la evolución humana, seis sus fuegos y seis sus angustias. La primera raza era solo una sombra de luz sobre el plano ardiente de la tierra. Las otras pasaron de células transparentes y volátiles hasta llegar a convertirse en seres sin forma, que eligieron la tierra imperecedera para desarrollarse. Esa que los falsos textos nombran como Edén, se convirtió así en el continente de la penúltima raza: El hombre condenado por el conocimiento. El hombre condenado por Dios. O sea, el hombre maligno”.

Todavía queda tiempo para que la sexta raza se asome entre nosotros. Cuando eso ocurra ya todos ustedes se habrán extinguido. Mientras tanto yo me quedaré aquí, dormida a los pies del único filósofo verdadero. A la espera, a la infinita, pero paciente espera.



 

domingo, diciembre 03, 2006

"Espantapájaros", de Oliverio Girondo



8


Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades. En mi, la personalidad es una especie de forunculosis animica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad. Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W. C. ¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera! Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan. ¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo - me pregunto - todas estas personalidades inconfesabIes, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora? El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues mís profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un egoísmo... de una falta de tacto... Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas. Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.











1932








sábado, diciembre 02, 2006

"Las creaciones de los enfermos mentales", de Hans Prinzhorn

Extracto



Nos encontramos frente a este hecho sorprendente: el parentesco entre el sentimiento del mundo esquizofrénico y el que se manifiesta en el arte contemporáneo no puede sino ser evocado en los mismos términos. Esta comprobación nos obliga sin embargo a mostrar de inmediato las diferencias, lo cual no es difícil. Para el esquizofrénico, se trata de una experiencia semejante a un destino. El mundo sensible se le torna extraño y sufre la ruptura como un destino cruel, ineludible, contra el cual lucha, a menudo mucho tiempo antes de resignarse y sentirse poco a poco como en su casa, en este mundo autista enriquecido por el delirio. En el artista contemporáneo, en el mejor de los casos, el alejamiento de la realidad también se ha realizado bajo el peso de una experiencia; pero, a pesar de todo, este alejamiento surge más o menos de un juicio y una resolución. Es el resultado de la dolorosa toma de conciencia de un ser cuyas relaciones tradicionales con el mundo se han vuelto insoportables. (...)

No queremos vincularnos más a la desintegración del sentimiento del mundo tradicional a partir de la cual se ha desarrollado esa actitud excéntrica, de manera a menudo grandiosa, pero más a menudo aún bajo la forma de una convulsión colectiva. En todo caso este fenómeno no es exclusivo del expresionismo, como, todavía hoy, ciertas personas cortas de vista se empeñan en seguir creyendo. El expresionismo es, al contrario, la traducción de esa desintegración y un intento de sacarle provecho. Si obviamos la confusión de manifiestos y tratamos de tomar la idea que impulsa y no cesa de provocar nuevas exaltaciones, encontramos el deseo ardiente de una creación inspirada, tal como aparece en los primitivos y tal como la conocemos por las grandes épocas de la cultura. Tocamos aquí el lado enfermo de nuestra época, su tragedia y su mueca. (...)

Con sólo prestar algo de atención a las formas contemporáneas de expresión, descubrimos en todas ellas, tanto en las artes plásticas como en los diferentes géneros literarios, una serie de tendencias que sólo culminarán en un verdadero esquizofrénico. Nuestra intención, sin embargo, no es en absoluto encontrar síntomas de enfermedad mental en estas formas de expresión. Simplemente, sentimos por doquier una afición instintiva por particularidades que conocemos bien entre los esquizofrénicos. Así se explica el parentesco de las producciones, y también la fascinación ejercida por las obras de nuestra colección. (...)

Las tendencias que se manifiestan en esta afición por los sentimientos del mundo “esquizofrénico” son esencialmente las mismas que, hace veinte años, empezaron a buscar la salvación en las formas de expresión y los sentimientos del mundo infantil y del primitivo, como reacción al racionalismo tentacular de las generaciones precedentes, en el cual los mejores creen que se asfixian.




Pintura: "Horse and gun", Martín Ramírez
 


viernes, diciembre 01, 2006

"Hora de la ceniza", de Roque Dalton




Finaliza septiembre. Es hora de decirte
lo difícil que ha sido no morir.

Por ejemplo, esta tarde
tengo las manos grises
libros hermosos que no entiendo,
no podía cantar aunque ha cesado ya la lluvia
y me cae sin motivo el recuerdo
del primer perro a quién amé cuando niño.

Desde ayer que te fuiste
hay humedad y frío en la música.

Cuando yo muera,
sólo recordarán mi júbilo matutino y palpable,
mi bandera sin derecho a cansarse,
la concreta verdad que repartí desde el fuego,
el puño que hice unánime
con el clamor de piedra que exigió la esperanza.

Hace frío sin ti. Cuando yo muera,
cuando yo muera
dirán con buenas intenciones
que no supe llorar.

Ahora llueve de nuevo.
Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto
como hoy.

Siento unas ganas locas de reír
o de matarme.










Contribución a Dscntxt de Raúl Porto





jueves, noviembre 30, 2006

"Siete sábados", de Carlos Almonte






a AA...



Sábado 1. Es una mañana fría. Las hojas amarillas cubren el extenso prado. Los pasillos aún están vacíos, al igual que las habitaciones, aulas y oficinas. Me siento en la escalera y enciendo un cigarrillo. Abro un libro pero no lo leo; dejo pasar las hojas lentamente, mientras veo llegar a los demás. No saludo a nadie. No hablo con nadie. Permanezco en total silencio, entreverado en la excusa de unas páginas sin nombre y una actitud arisca, que desde mi más tierna infancia acompañó mis pasos inseguros y primeras rebeldías. Hasta que la veo aparecer, de kefia albinegra en la cabeza y unos veinte libros en las manos. Su perfil, tan sólo su perfil, su disfrute lento, descansado, podría haber significado guerras o peleas de navajas entre compadritos ebrios, o arrabales. No le digo nada. Desde mi estratégica vigilia, no la miro más allá de lo que indica el protocolo de hombre solitario, sin vergüenzas contenidas ni ofrecidas. Espero a que el tabaco se consuma sin fumarlo y recién entonces lo expulso lejos de mi mano. Huele el aire a flores árabes, y el sonido de caballos que huyen o persiguen me desvela de tan pulcra ensoñación. Ha ocurrido, esta escena, la ilusión, en menos de un minuto y ya comienzo a recordarla. Hace frío, tal vez demasiado para ser otoño.

Sábado 2. Las hojas han caído y, ya desde la grava, sincronizan sus pequeños pasos de avecilla enternecida. Aunque esta imagen no comforme realmente su libérico carácter -hecho de fucsias filigranas y enraizados formidables-. Me contengo al adherirme a ella, tal como lo haría un cirio a un plato arcano de metales. Labro, surco e imagino un pliegue a un costado de su espalda. La protejo de sus enemigos; canto estrofas de batallas y triunfales alegrías: Allahu Akbar, Allahu Akbar, Allahu Akbar. Me seduzco en la agonía de su ausencia. No es lo mismo un día sin verla aparecer; no es la misma entrega, no es la misma paz. Ya ha dejado de llover.

Sábado 3. El invierno ha transcurrido en diez mañanas de observarla sin decirle nada. El sol entibia las flores y seca la tierra. A pesar del tiempo y su curso indesmentible, no decido aún si quiero enrevesar aquel ligero y cándido rubor. No sé si quiero enviar papeles, documentos, mapas o códigos que nadie entenderá; y escuchar su voz aguda, o restregarme en su piel áspera y rugosa. Ni siquiera entiendo el espectáculo del lado, una entidad rebota versos lúgubres, airados discursos que claman por justicia, prosa de filosofías decandentes, bustos cercenados, enmohecidos, y su mirada esquiva, hacia atrás, hacia un costado, que ni sonríe ni complace. Todavía falta un próximo periodo de tristeza, cuatro bombas y misiles, improperios, invasiones, lo de siempre. Me resulta fácil ver aquel final; aún así no creo ser capaz de tolerarlo. Ella ríe sin saber, canta por costumbre; los hermanos caen junto al río, el agua llena de su sangre. Ella toma un arma sin saber, mata por costumbre...

Sábado 4. Hoy lo he comprobado: El deseo embauca a la razón, le hace trampas. Aunque en este caso no se trate de un deseo físico, aunque lo incluye. Nuestra dependencia, hoy he concluido, se basa en el intercambio, en la inacción, en la telepatía, en el casual encuentro a la hora del café. Romper esta dinámica, sin su consentimiento, sería un acto burdo, anacrónico e invasivo. Más bien esperaré sus instrucciones, o que el tiempo, llamado acá un sensato devenir, nos induzca al siguiente paso, al encuentro razonado, bajo álamos y arbustos desprovistos de pétalos y ramajes; junto al río que imagino, correntoso o congelado. Nos sentamos a observar el clima y comentar, desde el silencio, el vuelo triangular de las aves migratorias.

Sábado 5. Es la medianoche. Las fogatas comienzan a apagarse y el ganado, intranquilo por los astros que no entregan el fulgor acostumbrado, se reparte en las colinas como si se despidieran entre ellos. Nadie más, en todo el campamento, advierte el hecho. Sin la experiencia de la noche del desierto, camino entre las tiendas hasta tropezar con una piedra de color azul, ubicada entre dos tiendas amarillas. Oigo risas, música de las montañas, el rasgueo de las cuerdas; huelo el suave aroma del vino y su voz, entre cortada y sorpresiva, me reprende una vez más. El viento del norte me esconde de mi propia sombra y al tornarse huracanado logra desviar mis pensamientos, entreabrir mis ojos y volver a unos pasos de ella, que aún sigue riendo y describiendo las bondades de su laúd.

Sábado 6. He dormido varios días con sus noches. Su recuerdo se entremezcla en sueños y memorias desveladas. No es cierto aquello que soñé, me insisto una y otra vez, pero su andar y levitar... Creo en el siguiente sueño, me repito como un sura de elegante sabiduría, ante su figura hecha de piedra: sus muslos cubiertos por el velo y su rostro suave como el horizonte en el desierto. Le hablo como si estuviera al lado y sus manos descubrieran mis cabellos. La extraigo, la reemplazo, la devasto, el pensamiento, la arena se levanta y cae en lluvia, la observo caminar, hablar, pisotear las hojas secas, la oigo en el tiempo de la paz, la imagino sosteniendo espadas, un revólver, cobrando la justicia que no llega de otra forma, rebelando el pacto negro de la historia, la verdad en un espacio de delirio. La recuerdo, la adoro, la espero...

Sábado 7. Hoy la veré por última vez. Pasado el mediodía me iré antes que ella, perdiéndome entre bajos edificios y araucarias jóvenes, aspirando alergias orientales y experimentando una leve y tal vez sutil tristeza, que no se apagará ni aún el día de mi muerte. No haré nada por hablarle, por intercambiar aunque sea un adiós definitivo. Sé que ella tampoco hará nada por hablarme o acercarse. Así es ella. Así soy yo. Así somos nosotros, el uno para el otro, juntos en esta analogía. Sé que la recordaré, extrañándola, viendo apenas su cabeza girar mientras observa el brillo que refleja el ventanal izquierdo. Sé que pensaré en ella más de lo que indica la distancia y cercanía. Es absurdo, acaso para alguno, o para todos, pero sé que entenderé este amor en pocos días, y, lo que es peor, sé que no la buscaré entonces; seguiré aquel rumbo prefijado entre piedras y montañas secas. Alguna vez la encontraré, quizás, sin intención, una soleada tarde, y la cruzaré sin saludar ni realizar gesto alguno; al igual que hará ella. Y me perderé de nuevo, nos perderemos, en la sombra fija de los días, en la extraña gelidez de nuestro olvido.










miércoles, noviembre 29, 2006

"La voz del Demonio", de William Blake



Todas las Biblias o códigos sagrados han sido causa de los errores siguientes:

1.- Que el hombre tiene dos principios reales de existencia: un cuerpo y un alma.
2. - Que la Energía, llamada Mal, no procede si no del cuerpo; y que la Razón, llamada Bien, no procede si no del alma.
3. - Que Dios atormentará al hombre durante la Eternidad por seguir sus energías.
Pero los siguientes contrarios son verdaderos:
1. - El hombre no tiene un Cuerpo distinto de su Alma. Aquello que llamamos cuerpo es una porción de alma percibida por los cinco sentidos, pasajes principales del alma en esta edad.
2. - La Energía es la única vida y procede del Cuerpo. La Razón es el límite o circunferencia externa de la Energía.
3. - La Energía es la Delicia Eterna.

Quienes contienen su deseo, lo hacen porque su deseo es lo bastante débil como para poder ser contenido. De este modo, quien contiene, o la Razón, usurpa el lugar del deseo y gobierna a los abúlicos.

Y una vez contenido, se vuelve gradualmente pasivo hasta ser apenas la sombra del deseo.

La historia de esto se halla escrita en el Paraíso Perdido, y el Dominador o Razón es llamado Mesías.

Y al primitivo Arcángel, capitán de la armada celeste, es llamado Demonio o Satán, y sus hijos son llamados Pecado y Muerte.

Mas en el libro de Job, el Mesías de Milton es llamado Satán.

Porque esta historia ha sido adoptada por ambos partidos.

A la Razón le parece que el Deseo ha sido expulsado, pero la versión del Demonio fue que el Mesías cayó y construyó un cielo con lo que había hurtado al Abismo.

Así está revelado en el Evangelio donde lo vemos implorar al Padre que le envíe al que reconforta o al Deseo, sobre el cual la Razón pueda concebir Ideas para con ellas construir. El Jehová de la Biblia no es sino aquel que mora en la fogosa llama. Sabe que, después de su muerte, Cristo se transformó en Jehová.

Pero en Milton el Padre es el Destino, el Hijo la Razón de los cinco sentidos y el Espíritu Santo es la Nada.












Nota: Milton escribió prisionero cuando habló de los Angeles y Dios, y en libertad cuando habló del Infierno y los Demonios, porque fue un verdadero Poeta y del partido de los Demonios, sin saberlo.










Del Matrimonio del Cielo y del Infierno, 1790 (aprox).










martes, noviembre 28, 2006

"Ezra Pound", de Homero Aridjis

Fragmentos




- E
n emisión radiofónica desde Roma expresó: "La descomposición del Imperio Británico viene de adentro, y si toda esa organización sifilítica declara la guerra a Canadá, o Alberta, no veo motivo alguno para que no le declare la guerra a los judíos de Londres. Sea que hayan nacido judíos o hayan elegido la judería por predilección".


- El 10 de diciembre de 1943 reanudó sus transmisiones dirigidas desde Milán a las tropas norteamericanas en Europa y Africa del Norte. "Cualquier ser humano que no sea un gusano idiota perdido, debe darse cuenta que el fascismo es superior en todo a la judeocracia rusa, y que el capitalismo apesta", les decía.


- Me tocó conocer a Ezra Pound en el festival de los Dos Mundos en Spoleto, en junio de 1967. Conocí a los dos Pounds a la vez: al poeta de Personae y de las traducciones del chino al inglés, y al hombre que llegó a firmar sus cartas con la swástika nazi, a elogiar Mein Kampf y a dar una conferencia sobre los "principios del fascismo italiano".




Extractos del artículo publicado por el escritor mexicano en el suplemento “El Angel” del periódico Reforma, 8-10-1995


 

lunes, noviembre 27, 2006

"El infierno tan temido", de Juan Carlos Onetti

-Fragmento-



La primera carta, la primera fotografía, le llegó al diario entre la medianoche y el cierre. Estaba golpeando la máquina, un poco hambriento, un poco enfermo por el café y el tabaco, entregado con familiar felicidad a la marcha de la frase y a la aparición dócil de las palabras.
...
Risso la miraba desde arriba. El pelo claro, teñido, las arrugas del cuello, la papada que caía redonda y puntiaguda como un pequeño vientre, las diminutas, excesivas alegrías que le adornaban las ropas. Es una mujer, también ella. Ahora le miro el pañuelo rojo en la garganta, las uñas violentas en los dedos viejos y sucios de tabaco, los anillos y pulseras, el vestido que le dio en pago un modisto y no un amante, los tacos interminables tal vez torcidos, la curva triste de la boca, el entusiasmo casi frenético que le impone a las sonrisas. Todo va a ser más fácil si me convenzo de que también ella es una mujer.
...
Intacta a veces, con bigotes de lápiz o desgarrada por uñas rencorosas, por las primeras lluvias otras volvía a medias la cabeza para mirar la calle, alerta, un poco desafiante, un poco ilusionada por la esperanza de convencer y ser comprendida. Delatada por el brillo sobre los lacrimales que había impuesto la ampliación fotográfica de Estudios Orloff, había también en su cara la farsa del amor por la totalidad de la vida, cubriendo la busca resuelta y exclusiva de la dicha.








1962







sábado, noviembre 25, 2006

"El secreto", de Gabriel Ferrater




Llegará el día más largo de algún larguísimo
verano. Muy de mañana, antes que el teléfono
llame a la playa o al bosque, nos iremos.
Entre el vaho de las calles recién regadas
atravesaremos la ciudad, hasta tomar
el tren más lento que salga. Bajaremos
en la tercera estación, en un pueblo
de tierra sin verdes. El disco rojo
de una taberna nos dará la señal.
Creeremos. Nos sentaremos, y todo el día,
sin mirar mientras nos miran, beberemos
la tibia cerveza del silencio.
Volveremos bien seguros de que ningún recuerdo
ha entrado en nosotros. Cuando encontremos
al primer amigo y, dentro de un bar encendido
de voces y manos, comprendamos que ese día
ha sido el del prodigio, que se han dicho
la palabra sencilla de los justos, y que los unos
han sabido creer a los otros cuando negaban
las horas de tantos años, y todos ríen,
reiremos también, y guardaremos el secreto.
Y más que nunca, cuando les llegue el tormento
del desgarrón del puro anochecer (cuando pisaran
caretas, y la piel al descubierto
les dijera todo el asco de cómo eran
antes: tal como habrán vuelto a ser)
y se hermanen todos dentro del odio mutuo,
callaremos. Que no sepa nadie
que no dijimos ni sentimos nada. Que puedan
odiarnos también, fraternalmente.



Versión de José María Valverde


 

viernes, noviembre 24, 2006

"El gesto de la muerte", de Jean Cocteau



Un joven jardinero persa dice a su príncipe:
-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.




miércoles, noviembre 22, 2006

"Celebrando al Profeta, que Dios le bendiga y le dé paz", de Yusuf Islam

Charla dada por Yusuf Islam (Cat Stevens) en Abu Dhabi, EAU, el 21 de abril de 2005
Traducido al español por Omar Ribas





El regalo de la Paz y la Luz del Islam; celebrando al Último de los Mensajeros de Dios al-hamd wa salawat-. Agradezco a aquellos implicados en que la invitación sea en esta bendita ocasión. En un mundo en el que la gente está rodeada por la oscuridad, la ignorancia y el miedo, es un signo de esperanza estar celebrando el mensaje de paz y luz del Islam, y el último gran Mensajero, que Dios le bendiga y le dé paz, nacido y escogido para entregarlos a toda la humanidad.

Mi visión del Islam y Muhámmad, que Dios le bendiga y le dé paz, antes de leer el Corán

Yo era como mucha gente en Occidente; bendito con unos avances materiales inmensos, una tecnología magnífica y unos sistemas políticos altamente evolucionados, pero criado casi en un estado de embarazosa pobreza respecto al conocimiento e información sobre el Islam. Imágenes de los musulmanes como extraños raciales, con extrañas costumbres religiosas, genios, alfombras mágicas, lunas y estrellas, guerra y derramamiento de sangre, las cruzadas, dominaban mi punto de vista; era lo que se me había presentado, lo que se podría decir que representaba al Islam, hasta que realmente lo descubrí cuando me dieron una traducción inglesa del Corán en 1976.

Unificación de la escritura de la humanidad bajo Dios Único

La primera lección que aprendí del Corán fue el mensaje de unidad y paz. Esta no era esa religión oscura, extranjera, que había esperado. Primero hablaba de la creencia en Dios Único Señor de toda la gente, creaciones y acontecimientos en este universo incomparable, hablando de nosotros como de naturaleza adánica; hijos de la humanidad de los mismos padres, Adán, la paz sea con él, y Eva, pertenecientes a la misma familia. Los versos hablaban de los demás Profetas como hermanos que predicaron la unificación de la escritura del género humano, mostrando a cada hombre y a cada mujer el camino al Paraíso. Vi los nombres de Jesús, de Moisés, de Abraham, de Jacob, de Noé, y por supuesto, crucialmente, el nombre de su último mensajero, el último mensajero de Dios, Muhámmad, que la paz de Dios sea con todos ellos. No había división que pudiera ver entre la enseñanza esencial de todos los Profetas y los hombres sabios de religión. El Corán indicó una declaración universal que definió a la verdadera fe y religión, dijo: “La virtud no consiste en volver el rostro hacia Oriente u Occidente; el que tiene virtud es el que cree en Al-lah, en el Último Día, en los ángeles, en los Libros y en los profetas, el que da de su riqueza, a pesar del apego que siente por ella, a los parientes, huérfanos, necesitados, hijos del camino, mendigos y para liberar a esclavos; el que establece el salat y entrega el zakat; el que es fiel a los compromisos cuando los contrae; el paciente en la adversidad y en la desgracia y en los momentos más duros de la lucha. Esos son los veraces y esos son los temerosos” (Sura al-Báqara, 2:177)

Descubrí que la palabra “Islam” significaba entrar en “paz” con Dios y con toda Su creación

Como no había signo de racismo o separación entre los Profetas, conocí que este libro era verdaderamente una Revelación del Dios Único. Desde ese momento me di cuenta que no me quedaba nada por hacer excepto ser un musulmán, y eso fue lo que hice hace veintiocho años atrás.

Después de aceptar el Islam, mi descubrimiento de la Sunna, el ejemplo vital del Profeta, que Dios le bendiga y le dé paz

Una de las cosas más maravillosas después de abrazar el Islam fue descubrir la vida única y la historia del bendito Profeta, que Dios le bendiga y le dé paz, que explicaban y enseñaban con el ejemplo práctico las palabras y las enseñanzas del Glorioso Corán, la Sunna. En la historia humana, hay miles de hombres que han influido el curso de la humanidad; todos han dejado su marca en las páginas del tiempo. Reyes, guerreros, filósofos, escritores, poetas… Pero ¿cuántos nos han pasado sin dejar ningún registro e imagen de su personalidad o ejemplo? ¿Cuántos nos han dejado una documentación tan perfecta de sus dichos y conducta, que continúa contribuyendo al bienestar presente y futuro de la humanidad? Por eso hoy, en Medina, en la Península de Arabia donde estamos ahora, encontramos un flujo sin fin de personas que visitan y dan los saludos de paz, y que invocan las bendiciones de Dios sobre el Mensajero de la Misericordia, Muhámmad al-Mustafá, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sál-lam. Desde cómo peinaba su pelo hasta la manera en que caminaba, de los detalles de sus momentos íntimos con su familia a los pronunciamientos y declaraciones del Profeta, que Dios le bendiga y le dé paz, referentes al discurso entre religiones y naciones, cada momento de su vida y enseñanzas proféticas han sido escrupulosamente guardados, puestos por escrito, y seguidas. El mayor legado es que beneficia al más amplio número de personas durante el período más prolongado de tiempo ilimitadamente. A nadie excepto el Profeta Muhámmad, que Dios le bendiga y le dé paz, le fue dado este papel como Sello del ensaje de Dios. El Corán lo confirma, “Realmente en el Mensajero tenéis un hermoso ejemplo para quien tenga esperanza en Al-lah y en el Último Día y recuerde mucho a Al-lah” (Sura al-Ahzab, 33:21).

Una de las cosas más importantes de su vida y misión fue la llamada a la humanidad a la unidad de propósito del universo. El hecho de que el Profeta, que Dios le bendiga y le dé paz, cuidara de cada ser humano e intentara con la mejor disposición asegurar su seguridad en el más allá, debe ser la más elocuente de sus característica compasiva y misericordiosa. “Una vez el Enviado de Al-lah, que Al-lah bendiga y le dé paz, dijo: “No hay nadie que atestigüe sinceramente que no hay más dios excepto Al-lah y que Muhámmad es su mensajero, que Al-lah lo salve del fuego del Infierno”. Su compañero Mu’ad dijo: “¡Oh Mensajero de Dios! ¿No debería informar a la gente de esto para que puedan tener buenas nuevas?” Replicó con vacilación: “(Quizás) Cuando la gente lo oiga, ellos sólo dependerán de esto”. (Sahih al-Bujari, 1:130)

Mientras que el Islam es proyectado hoy como enemigo y hostil al cristianismo, judaísmo y demás religiones, la verdad es que el Profeta, que Dios le bendiga y le dé paz, fue el gran educador, que enseñó a la gente el significado y la explicación de su propia religión, que corrigió y los asistió en seguir el camino recto, tal como enseñaron los Profetas y mensajeros previos. “Di: ¡Oh gente del Libro! Venid a una palabra común para todos: Adoremos únicamente a Al-lah, sin asociarle nada, y no nos tomemos unos a otros por señores en vez de Al-lah” (Sura Ali Imrán, 3:64)

Amor y Misericordia

Termino con una conclusión, que el Profeta, que Dios le bendiga y le dé paz, enseñó para aquellos que quieren aprender el Islam, y beneficiarse de la Misericordia que el Profeta, que Dios le bendiga y le dé paz, distribuyó a toda la gente, dijo: “No entraréis en el cielo hasta que creáis; y no creeréis hasta que os améis unos a otros. Extended “As-salam”. (La paz).



 

martes, noviembre 21, 2006

"Casa de muñecas", de Henrik Ibsen

-Fragmento-


CRISTINA: Krogstad, tenemos que hablar.
KROGSTAD: ¿Nosotros dos? ¿Qué podremos decimos todavía?
CRISTINA: Muchas cosas.
KROGSTAD: No lo hubiera creído jamás.
CRISTINA: Es que usted no me ha comprendido bien nunca.
KROGSTAD: No había mucho que comprender; esas cosas ocurren diariamente. La mujer sin corazón despide al hombre con quien está en relaciones cuando encuentra otro partido más ventajoso.
CRISTINA: ¿Me cree usted, pues, falta de corazón enteramente? ¿Supone que no me costó nada el rompimiento?
KROGSTAD: Sin duda.
CRISTINA: ¿Ha creído eso realmente, Krogstad?
KROGSTAD: Si no era así, ¿por qué me escribió usted como lo hizo?
CRISTINA: No podía actuar de otro modo. Decidida a romper, debía arrancar de su corazón todo lo que sintiera por mí.
KROGSTAD (Frotándose las manos): ¡Ah! ¡Eso es!... Y todo por el vil interés.
CRISTINA: No debe usted olvidar que yo tenía entonces que sostener a mi madre y a dos hermanos pequeños. No podíamos esperar a usted, que sólo tenía entonces esperanzas tan remotas...
KROGSTAD: Aún suponiendo que fuera así, usted no tenía derecho a rechazarme por otro.
CRISTINA: No lo sé. Muchas veces me lo he preguntado.
KROGSTAD (Bajando la voz): Cuando la perdí a usted, creí que me faltaba el suelo. Míreme: soy como un náufrago asido a una tabla.
CRISTINA: Quizás esté próxima la salvación.
KROGSTAD: La tenía ya, y usted ha venido a quitármela.
CRISTINA: Yo he sido ajena a la cuestión, Krogstad. Hasta hoy no he sabido que la persona a quien iba a substituir en el Banco era usted.
KROGSTAD: Lo creo, puesto que me lo dice; pero ahora que lo sabe, ¿no renunciará al cargo?
CRISTINA: No, porque a usted no le serviría de nada.
KROGSTAD: ¡Ah! ¡Bah! Yo, en el lugar de usted, lo haría de todos modos.
CRISTINA: He aprendido a obrar juiciosamente. Me lo han enseñado la vida y la dura necesidad.
KROGSTAD: Pues a mí la vida me ha enseñado a no dar crédito a las palabras.
CRISTINA: En eso le ha dado a usted una sabia lección, pero ¿cree usted en los hechos?
KROGSTAD: Tengo buenas razones para hablar así.
CRISTINA: Yo también soy un náufrago asido a una tabla; no tengo a nadie a quien consagrarme, a nadie que necesite de mí.
KROGSTAD: Usted lo ha querido.
CRISTINA: No podía elegir.
KROGSTAD: ¿Adónde quiere usted ir a parar?
CRISTINA: ¿Qué le parece a usted si esos dos náufragos se tendieran la mano?
KROGSTAD: ¿Qué dice usted?
CRISTINA: ¿No vale más juntarse en la misma tabla?
KROGSTAD: ¡Cristina!
CRISTINA: ¿Cuál supone usted que es el motivo que me ha traído a esta ciudad?
KROGSTAD: ¿Habría usted acaso pensado en mí?
CRISTINA: Necesito trabajar para poder soportar la existencia. Toda mi vida, hasta donde alcanzan mis recuerdos, la he pasado trabajando. Era mi mayor y mi única alegría. Ahora me encuentro sola en el mundo, y advierto un vacío horrible. No pensar más que en sí misma quita todo atractivo al trabajo. Vamos, Krogstad, dígame usted por quién y por qué voy a trabajar.
KROGSTAD: No le creo; eso no es más que orgullo de mujer que se exalta y desea sacrificarse.
CRISTINA: ¿Me ha visto usted alguna vez exaltada?
KROGSTAD: ¿Sería usted capaz de hacer lo que dice? ¿Conoce todo mi pasado?
CRISTINA: Sí.
KROSTAD: ¿Conoce usted mi reputación, lo que se dice de mí?
CRISTINA: Sí, lo he comprendido bien hace poco. Usted supone que yo habría podido salvarlo.
KROGSTAD: Estoy seguro de ello.
CRISTINA: ¿No se puede reparar todo?
KROGSTAD: ¡Cristina! ¿Ha pensado usted bien lo que dice? Sí, lo veo en su cara. ¿De modo que tendría el valor ...?
CRISTINA: Yo necesito alguien a quien servir de madre, y los hijos de usted necesitan madre. Nosotros también nos sentimos inclinados el uno hacia el otro. Tengo fe en lo que hay en el fondo de usted, Krogstad... Con usted nada me asustará.
KROGSTAD (Estrechándole las manos): ¡Gracias, Cristina gracias!... Ahora es preciso que me levante a los ojos del mundo, y sabré hacerlo. ¡Ah! Pero me olvidaba... (La música ejecuta la tarantela).
CRISTINA (Escuchando): ¡Silencio! ¡La tarantela! ¡Váyase usted, váyase en seguida!
KROGSTAD: ¿Por qué?
CRISTINA: ¿Oye usted esa música? Es que concluye el baile, y van a volver.
KROGSTAD: Bien, me marcho. Ya todo es inútil. Usted no sabe, por supuesto, el paso que he dado contra los Helmer.
CRISTINA: Por lo contrario, Krogstad, lo conozco.
KROGSTAD: ¿Y tenía el valor de ...?
CRISTINA: Sé lo que puede la desesperación en una persona como usted.
KROGSTAD: ¡Oh! ¡Si pudiera deshacer mi obra!
CRISTINA: Puede usted: su carta está todavía en el buzón.
KROGSTAD: ¿Está usted segura?
CRISTINA: Lo sé, pero...
KROGSTAD (Mirándola fijamente): ¿Es ésa la explicación? ¿Desea usted salvar a su amiga a todo precio? Haría usted mejor en confesarlo francamente. ¿Es así?
CRISTINA: Krogstad, cuando una persona se ha vendido una vez por salvar a alguien, no reincide.
KROGSTAD: Voy a pedir mi carta.
CRISTINA: Nada de eso.
KROGSTAD: ¡Vaya! No faltaba más. Espero la vuelta de Helmer para decirle que deseo recuperar mi carta.... que no trata más que de mi cesantía..., que no necesita leerla...
CRISTINA: No, Krogstad, no pida usted la carta.
KROGSTAD: Pero, sin embargo..., ¿no es por eso realmente por lo que me ha hecho usted venir aquí?
CRISTINA: Durante las últimas 24 horas han ocurrido aquí cosas increíbles, y es conveniente que Helmer lo sepa todo; ese fatal misterio debe disiparse. Hace falta que se expliquen: basta de embustes y de evasivas.
KROGSTAD: Bien, si usted lo toma por su cuenta... Pero hay algo que hacer en todo caso y que importa hacer en seguida...
CRISTINA (Escuchando): ¡Despáchese usted! Váyase!... El baile ha terminado, y no estamos ya seguros.
KROGSTAD: La espero a usted abajo.
CRISTINA: Conforme. Me acompañará usted hasta la puerta de mi casa.
KROGSTAD: Jamás he sido tan feliz. (Sale por la puerta exterior. La del recibidor sigue abierta hasta el fin).




Acto Tercero, Escena I.
1879.

lunes, noviembre 20, 2006

"El manifiesto blanco", de Lucio Fontana




El arte se encuentra en un período de latencia. Hay una fuerza que el hombre no puede manifestar. Nosotros la expresamos en forma literal en este manifiesto. Por eso pedimos a todos los hombres de ciencia del mundo que saben que el arte es una necesidad vital de la especie, que orienten una parte de sus investigaciones hacia el descubrimiento de esa sustancia luminosa y maleable y de los instrumentos que producirán sonidos, que permiten el desarrollo del arte tetradimensional. Entregaremos a los experimentadores la documentación necesaria. Las ideas no se refutan. Se encuentran en germen en la sociedad, luego los pensadores y los artistas las expresan. Todas las cosas surgen por necesidad y son de valor en su época... La plástica consistió en representaciones ideales de las formas conocidas, en imágenes a las que idealmente se les atribuía realidad. El espectador imaginaba un objeto detrás de otro, imaginaba la diferencia entre los músculos y las ropas representadas.

Hoy, el conocimiento experimental reemplaza al conocimiento imaginativo. Tenemos conciencia de un mundo que existe y se explica por sí mismo, y que no puede ser modificado por nuestras ideas. El materialismo establecido en todas las conciencias exige un arte en posesión de valores propios, alejado de la representación que hoy constituye una farsa. Los hombres de este siglo, forjados en ese materialismo nos hemos tornado insensibles ante la representación de las formas conocidas y la narración de experiencias constantemente repetidas. Se requiere un cambio en la esencia y en la forma. Se requiere la superación de la pintura, de la escultura, de la poesía, de la música. Se necesita un arte mayor acorde con las exigencias del espíritu nuevo.

La era artística de los colores y las formas paralíticas toca su fin. El hombre se torna de más en más insensible a las imágenes clavadas sin indicios de vitalidad. Las antiguas imágenes inmóviles no satisfacen las apetencias del hombre nuevo formado en la necesidad de acción, en la convivencia con la mecánica, que le impone un dinamismo constante. La estética del movimiento orgánico reemplaza a la agotada estética de las formas fijas. Invocando esta mutación operada en la naturaleza del hombre en los cambios psíquicos y morales y de todas las relaciones y actividades humanas, abandonamos la práctica e las formas de arte conocidas y abordamos el desarrollo de un arte basado en la unidad del tiempo y del espacio.

Concebimos la síntesis como una suma de elementos físicos: color, sonido, movimiento, tiempo, espacio, integrando una unidad físico psíquica. Color, el elemento del espacio, sonido, el elemento del tiempo, y el movimiento que se desarrolla en el tiempo y en el espacio, son las formas fundamentales del arte nuevo, que contiene las cuatro dimensiones de la existencia. Tiempo y espacio.




1946

 

domingo, noviembre 19, 2006

"Compromiso y Contra-insurgencia", del Coronel Walter E. Kurtz




Mientras nuestros funcionarios y tropas realicen excursiones en servicio limitadas a un año, seguirán siendo diletantes en la guerra y turistas en Vietnam. Mientras haya cerveza fría, comida caliente, rock & roll y todos los otros encantos sigan siendo lo esperado, nuestra conducta sobre la guerra ganará sólo en impotencia. El uso de poder de fuego indiscriminado y al por mayor sólo aumentará la efectividad del enemigo y fortalecerá su resolución de demostrar la superioridad de una cultura agraria por sobre la tecnocracia más grande del mundo... La tragedia central de nuestro esfuerzo en este conflicto ha sido la confusión de una tecnología sofisticada con el compromiso humano. Nuestras bombas pueden destruir la geografía a tiempo, pero ellas nunca ganarán la guerra... Nosotros necesitamos menos hombres, y mejores; si ellos fueran comprometidos, esta guerra podría ganarse con una cuarta parte de nuestra presente fuerza.



En Apocalipsis Ahora, 1979.








sábado, noviembre 18, 2006

"Himno a Satán", de Leopoldo María Panero





Ten piedad de mi larga miseria
Charles Baudelaire




Tú que eres tan sólo
una herida en la pared
y un rasguño en la frente
que induce suavemente a la muerte:
tú ayudas a los débiles
mejor que los cristianos
tú vienes de las estrellas
y odias esta tierra
donde moribundos descalzos
se dan la mano día tras día
buscando entre la mierda
la razón de su vida;
yo que nací del excremento
te amo
y amo posar sobre tus manos delicadas mis heces.
Tu símbolo es el ciervo
y el mío la luna:
que caiga la lluvia sobre
nuestras faces
uniéndonos en un abrazo
silencioso y cruel en que
como el suicidio, sueño
sin ángeles ni mujeres
desnudo de todo
salvo de tu nombre
de tus besos en mi ano
y tus caricias en mi cabeza calva
rociaremos con vino, orina y sangre
las iglesias
regalo de los magos
y debajo del crucifijo
aullaremos.





de Poemas del manicomio de Mondragón, 1987