jueves, abril 11, 2019

«El libro único», de Velimir Jlébnikov

Traducción de Javier Lentini






Veía los oscuros Vedas,
El Corán y el Evangelio
Y los libros de los mongoles
De tapas de seda,
Con la ceniza de las estepas,
El kizäk olorífero
Lo mismo que hacen
Los kalmucos a cada amanecer,
Que encienden una hoguera
Las viudas blancas se han ocultado tras una nube de humo
Para acelerar la llegada
Del libro único
Cuyas páginas son amplios mares
Que agitan sus alas de mariposa azul,
Y la señal
Donde el lector ha detenido la mirada, es de seda.
Los grandes ríos de torrente azul:
El Volga donde de noche se canta a Razin,
El Nilo amarillo donde se reza al sol,
El Yang-Tse-Kiang donde se halla el espeso limo de los hombres,
Y tú, Mississippi, donde los yanquis
Tienen por pantalón el cielo estrellado,
Y el Ganges donde los hombres morenos son los árboles del espíritu,
El Danubio donde, de blanco, los hombres blancos
Con camisas blancas, se sostienen sobre el agua,
El Zambeze donde los hombres son más negros que una bota,
El Obi impetuoso donde el dios es azotado
Y colocado con los ojos vueltos hacia un lado
Cuando se come carne,
Y el Temza donde está el tedioso gris.
El género humano es el lector del libro
Y la cubierta lleva la inscripción del creador,
Mi nombre, en letras azules.
Mas tú lees con indolencia.
Sé más atento,
Estás demasiado distraído y tu mirada es perezosa
Como si esas cordilleras y esos anchos mares
¡Fuesen lecciones de catecismo!
Este libro único
Pronto, muy pronto lo leerás.
En sus páginas salta la ballena
Y el águila, plegando el ángulo de la página,
Se posa sobre las olas marinas, senos de los mares,
Para reposar en el nido del pigargo.







1920





















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